Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Grupo Literario El aprendiz de brujo,’

Nuevo libro Perlas de aprendiz – Apuntes de Diario


El Heródoto interior


Ángel Galeano Higua


Si se nos diera la oportunidad de escribir un diario conformado por una sola palabra infinita y continua, sin signos de puntuación, enganchada su grafía sin fisura alguna, ajena a la fragmentación y los títulos, urdida como un todo compacto e impenetrable, comprenderíamos mejor la inmensidad del lenguaje, del silencio y la interpretación.

Para los aprendices que transitamos el camino del arte de la palabra, un diario literario de esta naturaleza sería más que una herramienta hermética. Se nos revelaría como confidente incorruptible, lubricante de la memoria, laboratorio de transgresiones. Tal ejercicio sería, por necesidad, un baluarte de la observación y un tallador de soledades.

El diario surge como una recomendación para quienes ingresan al Grupo Literario, con la advertencia de que sin interiorizar su utilidad es imposible cultivarlo. No es sólo un receptáculo de tanteos enriquecido con tachones y subrayados, desordenadas confesiones reales o ficticias. Es también brújula y exploración, testimonio del desencanto y la ilusión, fruto del largo camino de la condensación.

Perlas de Aprendiz es un muestreo de las pequeñísimas joyas personales que varios aprendices han seleccionado de sus diarios, en un acto de sencilla confrontación con ellos mismos. Un riesgo valioso para su aventura y un acto de valentía inspirado en el juego creativo. 

Ellos saben que el tiempo es el escultor que pule las últimas aristas y que la persistencia es una virtud que se adquiere. Si se les diera la oportunidad de labrar ese diario con una sola palabra continua, serían una expresión viajera del Heródoto interior que los conjura con el ejemplo de sus pergaminos infinitos, y la vida no alcanzaría para descifrar la parrafada de miles de hojas resultantes.

Ser su editor me enorgullece y siento gratitud hacia ellos por permitirme, en tiempos de confinamiento planetario, vivir a su lado durante varios meses la experiencia de enhebrar este collar de trece perlas.


Autores

Leandro Alberto Vásquez Sánchez

Nubia Amparo Mesa Granda

Diana Patricia Álvarez Betancur

Giovany Arana Loaiza

Andrés Osuna Solar

Juan Felipe Franco

María Eugenia Velásquez

María Isabel García Osorio

Francisco Pinzón Bedoya

Hermes Rafael Pineda Santis

Ángela María Salazar Álvarez

Álvaro Jiménez Guzmán

Nidya Bedoya Castrillón

 

Read Full Post »

Nuevo libro de El Aprendiz de Brujo


En próximos días entrará en circulación el libro Perlas de aprendiz, constituido con apuntes de diario de trece autores participantes del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo de Medellín.
Se trata de una breve selección de los diarios literarios que cada autor lleva como herramienta de aprendizaje. Son fogonazos que cada uno considera significativos de su ejercicio en el arte de las palabras.
El nuevo libro, fruto del trabajo colectivo en lo que va corrido del presente año, en especial durante el confinamiento por la pandemia del Coniv-19, hace parte de la Colección El Aprendiz de Brujo en pequeño formato: “Letras móviles y marginales, ágiles historias… para el disfrute de sus lectores en movimiento que gustan de leer en cualquier lugar y a la hora signada por la imaginación”.
Perlas de aprendiz se suma a otros títulos de la colección, como La muñeca de sal, de Nubia Amparo Mesa Granda. Gambeta, de Leandro Alberto Vásquez Sánchez. Papá, de Claudia Restrepo Ruiz. La llegada del Chiminigagua, de Álvaro Jiménez Guzmán. La ninfa del aguá, de Andrés Osuna Solar. Los niños de Aquitania, de Ángel Galeano Higua.

Read Full Post »

¿Cuál sería la suerte de Colombia si todas las familias escribieran su historia?

 

El caballo de Álvaro y su prole

Ángel Galeano Higua

Reunir en un libro de cuentos algunos recuerdos de los hijos durante las festividades de navidad, es el ejercicio que ha hecho Álvaro Jiménez Guzmán en Un caballo en la sala, editado por la Fundación Arte & Ciencia de Medellín y presentado en el marco de la 13° Fiesta del Libro por el poeta, escritor y promotor de lectura, William Rouge. (foto archivo)

La familia que dio vida al libro de cuentos de navidad, Un caballo en la sala, comandada por la pluma de Alvaro Jiménez Guzmán, su padre (de camisa azul), a su izquierda, de blanco, Edilma Vélez, su esposa. (Foto archivo Fundación Arte & Ciencia)

Cuando el autor me pidió que le acompañara en ese propósito, dos años atrás, mientras almorzábamos en un restaurante de Laureles, comprendí el espíritu que lo imbuía de aglutinar en palabras una época vivida en su familia, con sus hijos, durante lo que antes llamábamos “nochebuena”. Él ya había dado pistas sobre este proyecto cuando en el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo publicamos El traído, cuentos de navidad, que obtuvo en 2013 el premio Vigías del Patrimonio de la Secretaría de Cultura de la Alcaldía de Medellín.

El proyecto consistía en que Álvaro Jiménez entrevistaría a sus hijos sobre el tema navideño y con ese material escribiría los cuentos que darían cuerpo al libro. Con persistencia, dedicó varios meses a ese trabajo que me encomendó editar, labor que asumí con entusiasmo porque consideré desde el primer momento que se trataba de dejar una huella, una herencia en la familia, en los hijos de sus hijos, en sus nueras a quienes también entrevistó. Involucró, también, a la ilustradora Sara Ruiz Arévalo, quien supo captar los relatos con su color. La portada corrió a cargo de la Fundación Arte & Ciencia.

Fue un arduo trabajo de corrección, diseño e impresión que terminó en diciembre de 2018, justo para que se lo entregara a sus hijos como regalo de navidad.

Más que un libro de cuentos, Un caballo en la sala es un esfuerzo para la memoria, no sólo de su familia, sino de una época, de una festividad que sobrepasa los meros rituales de los creyentes.

Al cierre de la Fiesta del Libro 2019, en el salón de La Piloto del Orquideorama del Jardín Botánico, vimos con admiración a una familia recogida alrededor de un libro en el que se plasman con intención literaria, sus recuerdos que también nos salpican a los demás. Fue un momento digno, de gran sentimiento, que nos regocijó a quienes estuvimos implicados de alguna manera en su parto.

Read Full Post »

Doris Aguirre (izq) conversando con la autora de “Algo tiembla por dentro”, Nubia A. Mesa. (foto archivo)

“La delicada irrupción de la catástrofe”

Doris Elena Aguirre Grisales

Algo tiembla por dentro, de Nubia Amparo Mesa, es una novela en la que se asiste a los descubrimientos en la vida de una mujer: descubrimientos del miedo, del dolor, del amor, del placer, de la decepción, de la pérdida y del encuentro de sí.
En Algo tiembla por dentro la narración nos lleva por los senderos lineales del relato literario (pero por los vericuetos insondables de la vida) a las distintas etapas de la vida de Paloma, la protagonista, a esas estancias y momentos cruciales de la existencia que determinan su transformación.
Aparentemente, sólo en apariencia, creemos encontrarnos en medio de un leve y calmo paisaje interior, pero en ese horizonte aparecen los nubarrones, la desazón, las conmociones que moldean la vida y modifican los caracteres.
Quizás los méritos más notorios de esta novela sean la cuidadosa construcción de los personajes, perceptibles e identificables en su diferencia, aun desde la impersonal narración en tercera persona; la morosa descripción de objetos, lugares, costumbres, momentos, como si de estampas y aguafuertes se tratara, y el suspenso y la tensión, anunciados, y hábilmente sostenidos, hasta el final.

Los Aprendices de Brujo, acompañando a la autora. (foto archivo)

No menor, y particularmente bien manejado, es un elemento ya empleado por Nubia Amparo en Las voces que trae la brisa, su libro de cuentos: la delicada irrupción de la catástrofe que, aun así, sin aspavientos, modifica el paisaje de los personajes y los entrega, otros, pero más vivos que nunca, al final.
Algo tiembla por dentro cuenta, en últimas, la historia de amor (y, por ende, e desamor) de la protagonista, el desovillar de sus ilusiones y el enigmático sentido de las pérdidas.
Es también una verdad, en últimas, que en esta novela se concreta una voz narradora, se identifican un tono y un ámbito literario conquistados, los de Nubia Amparo Mesa. Los lectores quedamos a la espera.

______________

Texto de presentación de la novela leído por Doris Elena Aguirre Grisales, Periodista, Editora y Docente de la Universidad de Antioquia.

Read Full Post »

Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.
____________

Carné de Aprendiz

“Siempre he sido muy preguntona”

Entrevista con la escritora Nubia Amparo Mesa Granda

Por Ángel Galeano Higua

Autora de más de una veintena de cuentos, varios de ellos publicados en libros, periódicos, revistas y blogs, Nubia Amparo Mesa Granda (Medellín), periodista egresada de la Universidad de Antioquia, ha dedicado varios años a la búsqueda de un estilo en su escritura, al pulimento de su prosa y a la profundización de sus personajes, lo que se puede percibir en cuentos como La tía Adela, Sombras sobre el puente, La despedida de Satulio, Piedra luna o La Duda, entre otros.
Con su primer libro Las voces que trae la brisa (Edit. Fundación Arte & Ciencia) mostró la fuerza narrativa que venía incubando, cerró una etapa y abrió otra más ancha y profunda en sus propósitos literarios.
La Colección El Aprendiz de Brujo, nuevo sello editorial de la Fundación Arte & Ciencia, se inició con su libro La muñeca de sal, constituido por tres cuentos de una exquisita factura: Giro a la derecha, Las hermanas y La muñeca de sal. Esa búsqueda de la claridad y precisión la ha llevado a explorar escritos de mayor aliento, como Hasta la próxima estación, novela de corte urbano contemporáneo que está a punto de concluir y en la cual recrea las vicisitudes de una mujer que lucha contra la soledad y el desencuentro.
Sin duda, Nubia A. Mesa nos demuestra que no basta con tener talento y herramientas lingüísticas, además son indispensables una férrea disciplina, constancia a toda prueba, y una imaginación abierta a toda pesquisa.

***

Nubia Amparo Mesa Granda, “Lo que me hace escribir es la necesidad de contar las luchas, las contradicciones, los sacrificios y los anhelos de tantos personajes que transitan ante mis ojos y cuyas vidas no pueden pasar desapercibidas”.

P. ¿Cuál es tu gracia?
R. Mis amigos dicen que soy comprometida pues procuro compartir con ellos los buenos y los malos momentos.
Yo considero que mi gracia es la fortaleza frente a las adversidades y mantenerme erguida, aunque me lancen un saco de piedras.

P ¿Avanzas o retrocedes?
R. Me gusta más la sensación de avanzar. Tal vez por eso salgo con frecuencia a caminar. Es como una necesidad de buscar algo nuevo. Sin embargo, uno no siempre avanza, más bien se mueve en círculo, como en un circuito que conduce al punto de partida. En todo caso, esa también es una manera de avanzar porque experimentas nuevas visiones.
Y si retroceder es replegarse, entonces lo hago frente a quien me plantea una batalla de egos. No me interesan las luchas de poder, y poco me importa ser ganadora en el juego.

P. ¿En qué sentido avanzas o en qué sentido retrocedes?
R. Cuando logro vencer un temor siento que avanzo. Cuando vuelve el miedo, siento que retrocedo. Y, a veces, eso sucede en intervalos muy cortos. Por ejemplo, cuando escribo. Cada párrafo es una conquista, por lo tanto, un avance. Pero cuando me quedo sin palabras y desisto de seguir buscándolas, lo considero un retroceso.

Durante una sesión del Grupo en 2013, lectura y preparación de El traído, cuentos de navidad. Premio Vigías del Patrimonio, Medellín. (Foto de Ángel Galeano Higua)

P. ¿Cuándo comprendiste que eras una aprendiz?
R. Es difícil precisarlo. La vida es un constante aprendizaje y si no nos consideramos aprendices la arrogancia puede ahogarnos. Respeto a quienes se declaran expertos en algo, pero mucho más a quienes se aventuran por los campos misteriosos de lo que no puede ser medido ni encapsulado en fórmulas.
Siempre he sido muy preguntona. Para mi mamá y mis maestros era agobiante dar respuestas que derivaban en una nueva pregunta de mi parte. Como esas respuestas no me satisfacían empecé a buscar los libros y a perderme en los laberintos de las ideas que podía palpar en ellos. Un día empecé a plasmar en mis cuadernos mis percepciones e inquietudes sobre el mundo circundante. Y ese diálogo conmigo misma ha sido el impulso para seguir expandiendo mis búsquedas.

P. De tus textos publicados se nota una predilección por los relatos cortos. ¿A qué crees que se deba esa tendencia?
R. Puede ser una tendencia a buscar la precisión, a querer decir más con menos palabras. Me interesa buscar el detalle significativo y usar la sugerencia más que la confirmación, prefiero dejar la puerta abierta a las interpretaciones del lector.
O tal vez sea que dentro de uno se instala una medida, y empiezas a moverte en ese intervalo, de una manera inconsciente. Creo que el ejercicio del periodismo puede haber incidido en esa tendencia, puesto que uno se acostumbra a disponer de un espacio y un tiempo determinados.

Tienes media hora de programa en la radio o en la televisión, o dispones de una página en un periódico o en una revista. Entonces aprendes a condensar.
Es decir, no necesariamente es una predilección sino la capacidad de la que dispones. A alguien le escuché decir que uno no escribe como quiere sino como puede. Sin embargo, esa es una sentencia que se puede revertir, y por eso, hago mis intentos por desarrollar la capacidad de escribir relatos con más largo aliento.

P. ¿Cuál es tu cuento que más dificultades te dio? ¿Por qué? ¿Cómo lo percibes ahora?
R. Escribir es difícil. Uno puede tener una idea, pero plasmarla implica entrar en un laberinto con varias salidas, por lo que muchas veces te paralizas y tienes la tentación de desistir. Decir cuál es el más difícil es un reto complicado. Cada uno tiene una dificultad diferente. Algunos porque tienen una carga emocional muy grande y te confrontan con tus fantasmas más ocultos. Otros porque equivocas la ruta que te habías trazado, y en ocasiones porque cuando lo crees terminado te das cuenta de que es soso, que no tiene magia.
Escribí un cuento que se llama Una mujer en la ventana. Lo único que tenía era esa imagen, la de una mujer en la ventana que veía pasar la ciudad recostada contra el alféizar, perdida en sus quimeras.

Escribí dos o tres párrafos, pero me quedaba en las sensaciones, en el paisaje. Sabía que esa mujer experimentaba una gran desventura, pero no entendía por qué. Ella me persiguió por muchas semanas, pero no me hablaba, solo me miraba, y en sus ojos había súplica, como si necesitara que yo descifrara sus misterios. Por qué. Esa pregunta seguía rondándome, y cada que intentaba escribir se me arrugaba tanto el corazón que me paralizaba. Hasta que tuve un sueño, estaba en un funeral múltiple, los ataúdes aparecían flotando sobre una multitud de personas. Fue un sueño extraño donde se mezclaban los rostros de mi padre, de mi madre, de mi hermana, con los de otros desconocidos. Entonces lo supe, esa mujer lo había perdido todo en la guerra y su drama era haber sobrevivido. Encontrado el drama, lo que seguía era hallar el desenlace. Y ese fue otro tránsito largo, porque me cuestionaba sobre la posibilidad de seguir viviendo después de perderlo todo, ¿Cómo resarcir el dolor? A veces llegaba a la conclusión de que es imposible, de que esa desventura solo puede engendrar más destrucción. Pero la mujer de la ventana permanecía allí inquiriendo a las sombras, como si intentara desvanecerlas. Y decidí que la única manera de encontrar un camino era dejar que ella se metiera en mi piel, o yo en la de ella. En todo caso, ahuyentar la derrota juntas. Desde ese momento, las imágenes aparecieron más nítidas y pude vislumbrar el final.
Este cuento me enseñó muchas cosas. Por ejemplo, a no forzar nada en la historia, a dejar que los personajes se vayan revelando poco a poco, pero también a seguir sus pistas como con un radar, y a acompañarlos hasta el final, entendiendo su perspectiva. Una mujer en la ventana revela la fuerza interior de los seres humanos y me permitió fortalecer también mi capacidad de empatía.

Primer libro publicado por el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, noviembre de 2018. El diseño de portada es de Saúl Álvarez Lara.

P. Háblanos de la experiencia de tu primer cuento publicado.
R. El primer cuento publicado se llama La tía Adela. Está en el libro Primer conjuro, un ejercicio que nos propuso Ángel Galeano para recopilar los trabajos del Grupo El Aprendiz de Brujo. Lo escribí para esa publicación y fue un reto muy bonito porque nos ponía frente al compromiso de exponer una creación que hasta ese momento solo habíamos compartido con los compañeros del grupo o con la familia.
Es un cuento muy vivencial donde hice acopio de mis recuerdos de infancia. Quería también rendir un homenaje a un oficio que practicó mi madre y que me gustaría ejercer algún día: el de costurera. Es un oficio de paciencia y donde la delicadeza y el detalle enriquecen la pieza de costura. Se asemeja a la escritura. En el cuento, la tía es quien le cose el vestido de la primera comunión a la niña, y este es una especie de objeto mágico que marca el giro en la historia.
Cuando lo leí en el grupo hubo buena recepción, y con los comentarios de los compañeros y la asesoría de Ángel como editor pude pulirlo. Me acuerdo que la carta del final, escrita por la tía Adela, parecía muy refinada para que ella la hubiese escrito. Son esos errores en los que se puede incurrir al crear un personaje. Y con este cuento lo descubrí.
Luego llegaría la emoción de tener el libro en las manos y saber que esa historia podría ser leída por otros que no conocieron su proceso de gestación. Y después, los comentarios de algunos lectores. ¿Cuál de tus tías es la tía Adela? Me preguntaron varias amigas. Y yo sonriendo y asegurando que ella es La tía Adela, nadie más, y es mi creación.

Primer libro de cuentos de Nubia A. Mesa. Diseño de portada Saúl Álvarez Lara.

P. Y del último.
R. El último se llama La duda. Podría decir que, en mi búsqueda, en este cuento he querido experimentar con una atmósfera oscura, escrutar el sentimiento de culpa y de angustia frente a un acto de crueldad. Primero aparecieron esas sensaciones, una ira incontrolable, impotencia y una carga de frustración muy grande, y luego se desencadenaron los acontecimientos con una violencia letal que no era fácil plasmar. Aparecieron las escenas, quizás influida por tantos hechos que nos narran los noticieros, o quizás porque muy dentro de uno exista un ser capaz de destruir y matar. Eso me inquietaba. ¿Yo sería capaz de matar? ¿En qué circunstancia? Empecé a leer algunos estudios sobre el homicidio y hasta me acordé de Thomas de Quincey cuando habló del crimen como hecho estético después de considerar que la moral no logra resolver ni detener un crimen y por eso hay que fijarse en él como un arte. Hice alguna revisión de ensayos sobre su obra. En fin, me perdí en una revisión documental sobre el tema y un día apareció el personaje. A partir de ahí él me fue llevando a su mundo y decidí que fuera él mismo quien narrara, para no entrar en valoraciones externas, sino que él examinara sus acciones y nos mostrara su propio infierno.
Como todos los ejercicios que uno realiza en la pretensión de escribir, por fin, un buen cuento, esta experiencia me aportó nuevas visiones sobre la condición humana y me obligó a escoger cada palabra, cada verbo que nos remitiera a las acciones del personaje. El resultado lo juzgarán los lectores.

P. ¿Te persigue algún tema en especial?
R. Si hago una revisión de los cuentos que he escrito, que pueden ser unos veinte, se pueden identificar algunas constantes, como la soledad, la incertidumbre, el anhelo de libertad. Sin embargo, creo que lo que me hace escribir es la necesidad de contar las luchas, las contradicciones, los sacrificios y los anhelos de tantos personajes que transitan ante mis ojos y cuyas vidas no pueden pasar desapercibidas. Me interesan los hechos cotidianos, esos aparentes pequeños dramas que vivimos, a veces sin darles mayor importancia, pero que al final son los que desencadenan los grandes problemas sociales.

Piedra luna es uno de los once cuentos del Grupo Literario que aparecen en este libro. Diseño de portada, Saúl Álvarez Lara.

P. Si tuvieras que viajar a la luna y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál sería? ¿Por qué?
R. Llevaría Piedra Luna, (incluido en el libro Aoketekete y otros relatos del río) porque la sola alusión a su luz es ya un viaje hacia ese misterio que ni las conquistas espaciales, ni los telescopios más potentes nos han logrado robar. Piedra Luna es un viaje frustrado, un intento por atrapar esa esfera desdeñosa que nos mira desde las alturas. Por lo tanto, llevar ese cuento es como hacerle un regalo de desagravio por querer atraparla.

P. Para evitar que te condenaran al infierno si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías? ¿Por qué?
R. ¿Cuándo merece uno el infierno? Los cánones cristianos establecen que allí deben ir los malvados, los incrédulos, los herejes. A juzgar por estos criterios, para que el autor de una obra literaria merezca el fuego eterno por una de ellas, esta ha debido escandalizar o representar un peligro para el establecimiento. En muchos momentos históricos se han quemado libros por la peligrosidad que representaban las ideas allí consignadas, y muchos autores quedaron sumidos en un infierno tras ser sometidos a la censura, el escarnio y la represión. No podría afirmarse que eso haga más grandes a estos escritores, pero sí más recordados, por el alto precio que tuvieron que pagar.
En mi caso, creo que aún no he escrito esa pieza literaria que merezca ser declarada como peligrosa y por la cual se me condene al tormento. Lo que hay son intentos, aproximaciones a experiencias humanas que me conmueven. Tal vez en manos de algunos, esas historias “mínimas”, como se ha dado en llamar a las referidas a la vida cotidiana, se conviertan en detonantes y generadores de una ruptura en su forma de pensamiento.

P. En la actualidad escribes tu primera novela, ¿cómo va la experiencia?
R. Apelaré a un símil que he escuchado de varios escritores, el cuento es como correr los 100 metros y la novela como una maratón. Los 100 metros requieren de fuerza y potencia, mientras la maratón pide regular el esfuerzo, sabes que habrá cuestas y descensos y cada terreno pide estrategias diferentes.
Inicié esa novela hace más de siete años. Había un tema que me taladraba y quería darle un desarrollo mayor que el que exige un cuento. Empecé a esbozar a los personajes, y echamos a andar. El trabajo en la universidad no me dejaba mucho tiempo, pero procuré dedicar unas horas diarias a la tejedura de las ideas y las escenas, sin prisa, escribiendo y borrando, quitando aquí y poniendo allá. Muchas cosas iban apareciendo a lo largo del día, entonces apuntaba las ideas y luego volvía a repasar toda la historia para ver si esos apuntes tenían cabida. Cuando consideré que la había terminado la entregué a un amigo para que la leyera. Sus comentarios me permitieron hacer ajustes, descubrir los detalles que hacían falta, comprender que todavía faltaba mucho para la meta.
Ahora creo que está terminada. Por lo menos, que puedo dejarla ir para que inicie el tránsito hacia la lectura de otros.

Evento de presentación de Las voces que trae la brisa, Biblioteca Pública Piloto (Izq. a der.) Nora Ulloa, Claudia Restrepo Ruiz, Nubia Amparo Mesa G., Ángela Penagos Londoño y Eladio Ospina (Foto archivo).

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?
R. Escribir y leer son actividades solitarias, donde pones en juego lo más íntimo de tu ser; sin embargo, la compañía de los otros es como un bálsamo que suaviza la sensación de desamparo que te acomete frente al texto escrito, tanto el que tú escribes como el que intentas descifrar cuando lees. El Grupo Literario El Aprendiz de Brujo es ese oasis donde voy a beber de la generosidad de mis compañeros. Compartimos nuestros escritos y escuchamos las percepciones de cada uno. Qué mayor regalo que la escucha activa y el comentario certero.
Llevo diez años asistiendo cada martes a la sesión de tres horas. Son pocas las ocasiones en que he faltado. Si volvemos al ejemplo de los 100 metros y de la maratón, podría decir que esas son mis horas de entrenamiento, donde encuentro la experiencia de Ángel como coordinador, quien mantiene el ánimo arriba y el bisturí afilado para pulir las obras. Cómo no agradecer esa oportunidad de encuentro. Cómo no aprovechar esa complicidad para fraguar proyectos editoriales. Cómo no permearnos de entusiasmo y aceptar la mano del otro cuando crees que vas a desfallecer. Puede que no salgamos ganadores en la maratón, pero el camino se hace menos difícil y los más pequeños logros nos enaltecen a todos.

P. Te piden como pasaporte al paraíso que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?
R. Voy a intentarlo, aunque no suelo ser desabrochada. Me falta camino para deshacerme de las ataduras de la razón:
Camino por extramuros. Transito pasadizos penumbrosos. Las sombras se recuestan a los muros y la música reverbera entre las losas. Las voces arremeten como en una procesión de almas desarraigadas. Me acorralan. Me escabullo. Me refugio. Parpadeo. La hierba es blanda y fresca, crece entre mis dedos y rebosa el muro de mi fragilidad.

 


Del Diario Literario

P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario?

El diario literario permite recoger de manera rápida esas cosas que nos conmueven en el día a día. Es como hacer bosquejos para que la idea no se nos escape. Yo siento que al llevar un diario he ganado en fluidez y espontaneidad. Aunque desde niña acostumbraba escribir en los cuadernos o en una libreta que me regalaron y que llevaba el nombre de diario, como ejercicio literario empecé a hacerlo por insinuación de Ángel en las sesiones del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo. Me parece muy útil para atrapar momentos, imágenes, escenas, emociones, conversaciones. Es como saquear la vida, atacar su condición efímera, es un intento por atraparla y superar la fragilidad de la memoria. Algunas cosas consignadas ahí pueden ser luego material útil para un cuento o una novela. La revisión que uno hace después, de lo que ha escrito en el diario, llega a sorprenderle porque se hace de una manera muy desprevenida. Hay algunos textos que se quedarán guardados, otros que se transformarán al incluirlos en una obra y otros que tienen suficiente coherencia como para constituirse en una pieza en sí mismos.

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?

R. Claro que sí.

Agosto 23 de 2013
Hace unos minutos el murmullo de las conversaciones entre amigos parecía volar atravesando la plaza para sumergirse en el río. Ahora es posible escuchar el lento tránsito de las aguas que corren por un costado del pueblo. En el lugar solo quedamos nosotros con la sensación de que todo se expande, mientras nosotros somos cada vez más pequeños, casi invisibles.

Febrero 25 de 2014
El hombre lleva tatuado en su frente el número de la bestia. Camina arrastrando una carreta con hierros retorcidos, cartones y trozos de madera. Lo veo de frente, sonríe y tararea una canción. Su rostro enjuto delata su condición de consumidor de drogas. Imagina uno los excesos a los que ha sometido su cuerpo. ¿Decidió ser un discípulo del demonio? ¿Es esa la marca de su propio apocalipsis?

Agosto 21  2015
“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. Eso dijo Pavese, y yo me pregunto: En ese momento inaprensible y fugaz del auto al estrellarse ¿qué viste? ¿Alcanzaste acaso a presentir el final? La muerte llegó y su raudo vuelo te cegó para siempre. Quizás su mirada te estuvo siguiendo durante muchos días y no pudiste leer su anuncio. Ella entonces se paró de frente para fustigarte con la fuerza imantada de sus ojos. Llegó la muerte y se llevó tus sueños de mar y de montaña. Visiones al fin y al cabo, que solo a ti podían deslumbrar. Pero llegó la muerte y apagó tus ojos.

Abril 14  2016
El orgullo y la resignación en el mismo renglón del poema de Kavafis. Quizás porque se suceden. El orgullo que blande espadas sabe también que su triunfo conlleva la derrota. Y ante la derrota solo nos queda la resignación, esa cuota de valor que se necesita para despedir la esperanza.

_____

Obras publicadas de Nubia Amparo Mesa Granda:

  • Un hombre solo. Actos de Palabra. FUNLAM. 2010.
  • La tía Adela. Primer Conjuro. Ed. Fundación Arte y Ciencia.
  • Sombras sobre el puente. La Palabra se baña en el río. 2011. Ed. Fundación Arte y Ciencia.
  • Pasajeros del mismo río. Cuando el río suena. 2012. Ed. Fundación Arte y Ciencia.
  • La despedida de Satulio.  El traído. 2013. Ed. Fundación Arte y Ciencia.
  • Colonizar despojos; Piedra Luna.  Aoketekete y otros relatos del río. 2014. Ed. Fundación Arte y Ciencia.
  • Una mujer en la ventana. Flores en la pared y otros relatos. 2015. Ed. Fundación Arte y Ciencia.
  • La casa amarilla. La Casa contada y cantada. Antología de cuentos Confiar. Selección y notas de Elkin Obregón. 
  • Florecer en otoño; Canción de mayo. Letras para vivir: relatos y cuentos. 2018. Fondo Editorial Universidad Católica Luis Amigó.

Libro de cuentos

  • Las voces que trae la brisa. 2014. Ed. Fundación Arte y Ciencia.

 

Medellín, Mayo de 2018

Read Full Post »

Visita a la exposición con la guía del autor

TEXTO TEXTURA

 

No hay ni ha habido, según parece, antecedentes en la ciudad de la presentación de un libro como lo hace el artista Saúl Álvarez Lara por estos días. Un libro abierto, página por página, texto a texto, ilustración a ilustración para que el curioso, aquel que busca algo mágico en esta ciudad tan predeterminada, lo pueda leer y preguntarse muchas cosas. Por ejemplo, el dibujo de este texto ¿por qué no me concuerda? Saúl nos reta a viajar más allá de la llamada realidad: “Todo es ficción”, sostiene desde el inicio de la visita que el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo hizo el martes pasado. Para él su búsqueda es un ejercicio en el que se amalgaman el trazo, el vacío, la palabra, el suceso en la calle, en el metro, en una cafetería, conformando la ficción. La realidad no existe, todo es ficción…

Como muestra del libro que Saúl Álvarez Lara expone estos días, en el 2° piso del Edificio de Extensión de la Universidad de Antioquia, y con la venía del autor, copiamos este texto aparecido en su libro bajo el número 14:

Un espejo es delirante. Es cierto. No conozco espejos reposados, tranquilos, que permitan el solaz. Un espejo está al acecho; mira lo que no se ve y muestra lo que nadie muestra. El hecho, en apariencia sencillo, de reproducir lo que tiene en frente es suficiente para evitarlos, sin embargo nadie los evita, son imanes que atrapan. El espejo lleva en su interior una segunda instancia: enmascara la posibilidad de otra presencia que vigila, se esconde o espía. Un espejo es sin piedad. Es solo ojos que no perdonan… (*)

 

Saúl Álvarez Lara y el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, al inicio de la Exposición TEXTO TEXTURA.

Saúl Álvarez Lara (fotografía Teresita Rivera Ceballos)

Al comienzo de la visita guiada. (foto de Teresita Rivera Ceballos)

 

____

(*) (Tomado de TEXTO TEXTURA, Saúl Álvarez Lara, Ficción la Editorial, Medellín. Pág.45)

Read Full Post »

primera-sesion

Read Full Post »

Cuento

El vendedor de biblias

Claudia Restrepo Ruiz

Claudia Restrepo Ruiz. "Era un emprendedor. La ciudad entera era su plaza, nunca se le vio triste o preocupado"

Claudia Restrepo Ruiz. “Era un emprendedor. La ciudad entera era su plaza, nunca se le vio triste o preocupado”

Las adquirió para hacer una obra de caridad a un vendedor ambulante que no se cansaba de repetir que en ellas estaba la salvación. Veinte biblias le compró. Dos meses después se quedó sin trabajo como mercaderista y comenzó a pensar qué negocio informal podía montar. De vez en cuando abría el clóset y las veía. Se preguntó qué tan difícil sería venderlas y dónde. Pensó en los hoteles y no se dijo más. Al día siguiente salió con un morral y la determinación de encontrar un nicho dónde ofrecerlas.

Las llevó a cuatro hoteles antiguos y dos nuevos. Le fue mejor con los nuevos. Las veinte que llevaba no dieron abasto. Le hicieron un pedido para surtir las cincuenta y dos habitaciones del Hotel Mariscal. No sabía bien el precio así que pidió un día para enviar la cotización. Bajó al Centro. Fue a Ediciones Paulinas y preguntó. Le dijeron que el Nuevo Testamento no sólo era más económico sino que venía en ediciones de lujo con pasta azul, verde o vino tinto. Cotizó. Sacó sus márgenes y luego envió al hotel lo convenido. Le confirmaron el pedido. De ahí en adelante ofreció y vendió la palabra de Dios puerta a puerta, y también en colegios durante junio y octubre, época de primeras comuniones, cuando los padres adquirían la Biblia para sus hijos.

En algunos lugares se extrañaban porque no era un predicador. No recitaba de memoria los versículos ni le ordenaba a Satanás que retrocediera. Por su presencia bien podría pasar por seminarista. De cabello negro, corto, tez blanca, sonrisa sincera, delgado, y alto, veía en las biblias su negocio. Era un emprendedor. La ciudad entera era su plaza, nunca se le vio triste o preocupado. No tenía una familia que alimentar y eso facilitaba las cosas. Comenzó a ahorrar. Se preguntó cuánto costaba editar una Biblia con una portada más sugestiva. Alguna escena de Noé o una bonita imagen de Jesús. El que no hablara de Dios no quería decir que lo desconociese. Por el contrario, tenía que conocer el producto que vendía de modo que se sabía algunos pasajes y tenía sus favoritos. Pensó que las biblias antiguas podían necesitar mantenimiento y aprendió a coserlas y revestirlas de cariño. Los hoteles antiguos le permitieron entrar a las habitaciones y buscar en los cajones. En varios sugirió poner la Biblia a la vista y muchos insomnes agradecieron su gesto.

Su tarjeta estaba marcada con su nombre y teléfono, y al reverso: “El vendedor de biblias”. Un martes cualquiera se encontró con uno de sus antiguos compañeros de trabajo que no dudó en preguntarle qué estaba haciendo. Soy vendedor de biblias, le contestó. Y su compañero no se cansó de reír hasta que vio que era en serio. ¿Y eso, viejo? Una salvación. Lo miró y no extrañó ni por un segundo el ajetreo de la oficina, los problemas con el superior, las mujeres coquetas con sus faldas cortas y medias de punto. No se molestó siquiera en enviarles saludos.
Su compañero llegó a la oficina diciendo en corrillo: No me lo van a creer. ¡Adivinen quién está vendiendo biblias!… ¡José Manuel Idárraga! Me lo encontré en la calle… ¿Y cómo lucía? El joven reflexionó. ¿La verdad?… mejor que nosotros.

____

 

Tomado del libro  Flores en la pared y otros cuentos,  del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, Editado por la Fundación Arte & Ciencia de Medellín.

Read Full Post »

Contra toda esperanza

Por Álvaro Jiménez Guzmán

 

Nadezdha Mandelstam y Osip Maldenstam - La resistencia del Arte

Nadiezdha Mandelstam y Osip Maldenstam – La resistencia del Arte

En carta del poeta ruso Ósip Mandelstam a su hermano Alejandro y esposa Nadiezhda, les decía: “Estoy en Vladivostok, en los Campos de Trabajo colectivo del Nordeste, barraca número II. El tribunal especial me ha condenado a cinco años por actividad contrarrevolucionaria… Mi salud es muy mala. Estoy delgado y completamente agotado, casi irreconocible, pero no sé si merece la pena que enviéis ropa, comida y dinero…Nadia amada, ¿vives, querida mía? Shura, escríbeme inmediatamente sobre Nadia…”. Esto ocurría en octubre de 1938, y la causa de la primera detención, que desató toda la ulterior tragedia de persecución política hasta el destierro en Siberia y su muerte, fue el siguiente poema sobre Stalin, compuesto en noviembre de 1933:

 

“Vivimos insensibles al suelo bajo nuestros pies,
nuestras voces a diez pasos no se oyen.
Pero cuando a medias a hablar nos atrevemos
al montañés del Kremlin siempre mencionamos.
Sus dedos gordos parecen grasientos gusanos,
como pesas certeras las palabras de su boca caen.
Aletea la risa bajo sus bigotes de cucaracha
y relucen brillantes las cañas de sus botas.
Una chusma de jefes de cuellos flacos lo rodea,
infrahombres con los que él se divierte y juega.
Uno silba, otro maúlla, otro gime,
sólo él parlotea y dictamina.
Forja ukase tras ukase como herraduras
a uno en la ingle golpea, a otro en la frente, en el ojo, en la ceja,
Y cada ejecución es un bendito don
que regocija el ancho pecho del Osseta”.

 

Así comienza la epopeya contenida en este libro de Memorias: Contra toda esperanza, escrito por Nadiezhda Maldelstam como el más bello testimonio contra el régimen autocrático de Stalin que los persiguió toda la vida porque no se sometieron a su coyunda. Lo que vivió Nadia, como le decía con cariño el poeta Ósip, es un ejemplo palmario de lo que suelen hacer los regímenes comunistas, que hoy, por desconocer la historia, se repite en Cuba, Corea del Norte-tristes rezagos del pasado-, Venezuela y las otras cavernas socialisteras con sus dictadores de turno de la región. Nadiezhda, en su infancia, cuando leía libros sobre la Revolución francesa, se hacía con frecuencia la pregunta: “¿Es posible salvarse en una época de terror?”. Más tarde supo, con toda firmeza, que no era posible.

Nadezdha Mandelstam - Exiliada en su propio país

Nadiezdha Mandelstam – Exiliada en su propio país

El que haya respirado ese aire está perdido, decía, incluso si por casualidad conserva la vida. Los muertos están muertos, pero todos los demás, verdugos, ideólogos, ayudantes, adeptos entusiastas, los que cerraban los ojos y se lavaban las manos e incluso aquellos que por las noches rechinaban los dientes, todos ellos son también víctimas del terror. ¡Cuántas cosas escribieron contra aquellos que ya habían sido fusilados, para correr a continuación la misma suerte…! “Stalin no necesita cortar cabezas, ellas mismas se caen como los dientes de león”, decía Mandesltam. Como vivían errantes en su propio país, dependían de la mendicidad, y les resultaba insoportable porque todos huían de los mendigos y nadie quería dar limosnas, toda vez que aquello de lo que cada uno disponía era como una limosna que le otorgaba el Estado. Y la gente acabó por tenerles miedo. No sólo eran míseros, sino también apestados. Cuando la vida se hacía francamente insufrible, les parecía que el horror no acabaría jamás. Recuerda Nadia que las más increíbles fantasías, las acusaciones más monstruosas se convertían en un fin en sí mismo: centenares de personas eran enviadas a los campos de trabajos forzados acusadas de complot. Y los funcionarios de la policía se regocijaban de ello, gozando de su poder. El principio básico del sumario era: “Dadnos al hombre, que la acusación ya la encontraremos”.
Una profesora de lenguas occidentales le preguntó a Nadia por qué los estudiantes que buscaban el bien y el mal, amaban la poesía. Porque así era en Rusia, antes de que fuera sometida a la revisión de sus valores y al escarnio. Mandelstam sostenía que “en nuestro país, la poesía desempeña un papel especial; despierta a la gente y forma su conciencia”. Ella era una optimista incorregible. Estaba absolutamente segura de que se hallaban en vísperas de un nuevo triunfo del humanismo y de una gran alza de los valores humanos. Ella misma era portaestandarte de esta divisa humanitaria al acompañar a uno de los mejores poetas rusos en su vida de judío errante. Tan grande era su amor por él, que compartió toda su tragedia.

Osip Mandelstam - reseñado por Asuntos internos URSS

Osip Mandelstam – reseñado por Asuntos internos URSS

Después de la última detención de Mandelstam, Tatiana Vasiliévna, la que nunca sonreía, la abrazó y le dijo: “No llores, serán como santos mártires”, y su esposo añadió: “Tu marido no pudo hacerle daño a nadie, no podemos estar peor si se llevan a personas como él”. Nadiezhda escuchó de unos periodistas de Pravda que en el Comité Central no se había incoado causa alguna contra Mandelstam, poco después de la destitución de Yézhov, e ilustraban los desmanes de éste, Ministro de Seguridad. Dedujo que Mandelstam había muerto. Un tiempo después recibió un aviso de una estafeta, con la cual le devolvían un paquete “Por la muerte del destinatario”. “¡Qué poeta hemos destruido!”, dijo Fadéiev, ya ebrio, quien celebraba, con otros, una merced del gobierno. La fiesta de los nuevos condecorados-la chusma de cuellos flacos- adquirió un extraño matiz de exequias clandestinas. Todos ellos pertenecían a la generación que había revisado los valores y que luchaba por “lo nuevo”. Fueron los que abrieron el camino al hombre de la gran personalidad, al dictador que, obrando a su antojo, castigaba, premiaba, planteaba los objetivos y elegía los medios para conseguirlos, en medio del apogeo de sudictadura del proletariado.Y así actúan los dictadores, rodeados de infrahombres, tanto si son de izquierda como de derecha.
En el certificado de defunción de Mandelstam se indica que su muerte fue anotada en el Libro de Registros en mayo de 1940. Era lo único real de que disponía Nadiezhda. Nadie supo nada de lo ocurrido dentro de las alambradas, ni fuera de ellas. Nadie lo vio muerto. En la terrible promiscuidad de los campos, donde los muertos con una chapa atada al pie yacían junto a los vivos, nadie pudo aclarar nunca nada. “Solo sé una cosa: Mandelstam dejó de sufrir; su vida de mártir acabó en alguna parte”, se consoló Nadia.

Nadezdha Mandelstam - Autora de Contra toda esperanza

Nadeizdha Mandelstam – Autora de Contra toda esperanza

En el prólogo de esteépico testimonio, escrito por Joseph Brodsky, se puede leer que de sus 81 años de vida, Nadiezhda Mandelstam pasó 19 como la esposa del poeta ruso más grande de su siglo, Ósip Mandelstam, y 42 como su viuda. El resto fue niñez y juventud. Vivieron profundas privaciones, la Gran Guerra y el temor diario a ser arrestada por los agentes de la Seguridad del Estado por ser la esposa de “un enemigo del pueblo”. Por eso las grandes ciudades estaban prohibidas para ella. Durante décadas huyó deambulando por rincones perdidos y ciudades de provincias del gran imperio y asentándose en un lugar solo para seguir huyendo ante la primera señal de peligro. Era una fugitiva, “la amiga del mendigo”, como la llama el poeta en uno de sus poemas. Era una mujer pequeña, de constitución delgada, y con el paso de los años se fue arrugando más y más, como si se tratase de llegar a ser algo sin peso y fácil de introducir en un bolsillo antes de huir. Contra toda esperanzaElla sabía muy bien que el tren lanzado hacia el futuro se detenía en el campo de concentración o en la cámara de gas. Tuvo suerte de salvarse de eso, y nosotros tenemos la suerte de que ella nos contase su itinerario.Su obra es un Juicio Final contra su época y su literatura, con todo el derecho, puesto que fue esa época la que asumió la construcción del paraíso en la tierra. Un destacado disidente declaró sacudiendo su barba: “Cubrió de mierda a todos los de nuestra generación”. Escribió sus dos libros a la edad de 65 años, además con belleza literaria y profundo conocimiento del arte.Su deseo se cumplió y murió en su cama.

Medellín, Julio de 2015

____

El autor, Álvaro Jiménez Guzmán, es autor del libro Grito en los pretiles, (Crónicas y reportajes). Varios de sus cuentos han obtenido el reconocimiento en diversos concursos. Este año publicó Una danza contra el viento y otros relatos, Editado por Fundación Arte & Ciencia. Es miembro cofundador del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo. Tiene dos novelas inéditas.

Read Full Post »

Invitación BPP

Read Full Post »

Older Posts »