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Posts Tagged ‘Angel Galeano Higua editor escritor y periodista’

¿Cómo sería Colombia si todas las familias escribieran su historia?

 

El caballo de Álvaro y su prole

Ángel Galeano Higua

Reunir en un libro de cuentos algunos recuerdos de los hijos durante las festividades de navidad, es el ejercicio que ha hecho Álvaro Jiménez Guzmán en Un caballo en la sala, editado por la Fundación Arte & Ciencia de Medellín y presentado en el marco de la 13° Fiesta del Libro que recién ha terminado con éxito.

La familia que dio vida al libro de cuentos de navidad, Un caballo en la sala, comandada por la pluma de Alvaro Jiménez Guzmán, su padre (de camisa azul) al cierre de la Fiesta del Libro. (Foto archivo)

Un caballo en la sala

Cuando el autor me pidió que le acompañara en ese propósito, dos años atrás, mientras almorzábamos en un restaurante de Laureles, comprendí el espíritu que lo imbuía de aglutinar en palabras una época vivida en su familia, con sus hijos, durante lo que antes llamábamos “nochebuena”. Él ya había dado pistas sobre este proyecto cuando en el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo publicamos El traído, cuentos de navidad, que obtuvo en 2013 el premio Vigías del Patrimonio de la Secretaría de Cultura de la Alcaldía de Medellín.

El proyecto consistía en que Álvaro Jiménez entrevistaría a sus hijos sobre el tema navideño y con ese material escribiría los cuentos que darían cuerpo al libro. Con persistencia, dedicó varios meses a ese trabajo que me encomendó editar, labor que asumí con entusiasmo porque consideré desde el primer momento que se trataba de dejar una huella, una herencia en la familia, en los hijos de sus hijos, en sus nueras a quienes también entrevistó.

Con la moderación del poeta, escritor y promotor de lectura, William Rouge, tuvo lugar el lanzamiento del nuevo libro. (foto archivo)

Fue un arduo trabajo de corrección, diseño e impresión que terminó en diciembre

Unas palabras del editor, recalcando sobre la lección que Álvaro Jiménez Guzmán nos ha dado. (foto archivo)

de 2018, justo para que se lo entregara a sus hijos como regalo de navidad.

Más que un libro de cuentos, Un caballo en la sala es un esfuerzo de memoria, no sólo de su familia, sino de una época, una festividad que sobrepasa los meros rituales de creyentes.

Por eso, al cierre de la Fiesta del Libro 2019, en el salón de La Piloto del Orquideorama del Jardín Botánico, vimos con admiración a una familia recogida alrededor de un libro en el que se plasman con intención literaria, sus recuerdos que también nos salpican a los demás. Fue un momento digno, de gran sentimiento, que nos regocijó a quienes estuvimos implicados de alguna manera en su parto.

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Al cumplirse los 25 años del fallecimiento del gran pensador y estratega político revolucionario, Francisco Mosquera Sánchez, reproducimos en su memoria un breve aparte del discurso que pronunció ante los campesinos delegatarios de las cooperativas del Sur de Bolívar, en la Serranía de San Lucas en 1984. (Ver texto completo en: https://angelgaleanoh.wordpress.com/2019/08/03/maldita-la-paciencia/) 

Nuestro sueño es inmenso:

“Construir una nación diferente”

Francisco Mosquera Sánchez

 

… ¿Por qué hemos tenido que construir un partido diferente al liberal y conservador? Sencillamente porque, a pesar de que estos dos viejos partidos han controlado al país por tanto tiempo, el balance que hoy le presentan a la república es de un fracaso total. Ninguno de los aspectos claves del país funciona: ni la producción, ni la cultura ni la agricultura, ni las comunicaciones ni la moral. Colombia necesita una industria próspera, comunicaciones fáciles, baratas, necesitamos un agro avanzado, necesitamos escuelas. Pero para eso tenemos que eliminar los obstáculos del atraso: la dominación extranjera y la explotación terrateniente, la extorsión de la gran banca y los parásitos que medran en la maquinaria del Estado. Todo el producto del trabajo nacional se dilapida, no nos queda absolutamente nada. Por eso tenemos que librar una batalla gigantesca para que las riquezas naturales, los medios de producción, y entre ellos la tierra, pasen a ser propiedad del pueblo. Cuando logremos tener en nuestras manos el poder, tendremos que empezar a construir con nuestro trabajo y nuestro esfuerzo, una nación diferente. Esto parece un sueño inmenso. Pues para la realización de este sueño es que un puñado de hombres y mujeres hemos construido un partido diferente…
Si yo no estuviera convencido de que estas tareas, desde las históricas, hasta poner a funcionar las cooperativas campesinas, yo no hubiera venido esta noche a Montecristo a hablarles… Siempre piensa uno que son más grandes los obstáculos que nuestras fuerzas, pero si logramos profundizar en la raíz de los problemas y resolvemos el gran asunto de la unidad nacional, creo que podremos arrasar con todos los obstáculos que se han interpuesto durante tantos años a la felicidad y a la prosperidad del pueblo…”


Tomado de Navegantes de la utopía, “Maldita la paciencia”, Ángel Galeano Higua
Fundación Arte & Ciencia, 1997

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Giovanna Pezzotti

A blanco y negro

Ahora que Giovanna ha continuado su viaje cósmico, presentamos un perfil con el cual rendimos un homenaje a su memoria, como compañera y fotógrafa, arte al cual le entregó su vida. Se destacaron sus trabajos en el Barrio Moravia y la Cárcel La Ladera, y la ternura con que supo captar a los niños.

Ángel Galeano Higua

Giovanna Pezzotti

Cuando en una reunión del periódico vimos las fotografías que Giovanna Pezzotti había tomado en Moravia hacía más de 30 años, comprendimos que estábamos ante una mujer que sabía mirar más allá de la lente y que cada fotografía contenía una fuerza crítica que mostraba el drama humano desde otras perspectivas. Desde atrás de la cámara ha visto derrumbarse durante 40 años muchas de sus ilusiones y quizás por ello su desencanto lo expresa como polémica e irreverencia que a muchos incomoda.

A caballito – Fotografía de Giovanna Pezzotti

Giovanna es hija del conde italiano Francesco Antonio Giovanny Pezzotti nacido en Escalea y de Teresa Villegas oriunda de Aguadas. Se conocieron cuando Francesco vino a Colombia en 1900 a bordo de una embarcación del abuelo Pezzotti con el propósito de comprar oro. Visitó varias minas, entre ellas El Zancudo. Pernoctó en una hospedería del barrio Buenos Aires de Medellín donde conoció a Teresa. De los seis hijos que tuvieron Giovanna fue la única mujer.
Desde muy joven Giovanna se mostró poco amiga de la modorra liquidacionista que contiene la rutina. No hizo lo que otros querían y así llegó a Bayer, Alemania, para estudiar fotografía. A su regreso, un día cualquiera le dijo al director del periódico El Colombiano, de Medellín, que ella era fotógrafa y que le gustaría trabajar para ese diario. Entonces él le pidió que de inmediato fuera a cubrir un evento y de esa forma empezó su carrera profesional pero independiente, porque siempre trabajó así, independiente.

“Somos payasos pero nos creemos dioses”

El oficio del fotógrafo requiere atrevimiento de malabarista y curiosidad de investigador. Obra haciendo caso omiso de lo que no está en el encuadre, llegando a correr riesgos inesperados. Como le sucedió a Giovanna cuando cubría una manifestación de un reconocido cacique liberal de los años 80: buscando nuevos ángulos se subió a un muro y sin darse cuenta dio un paso atrás y cayó al vacío.

Niños de Moravia – Foto de Giovanna Pezzoti

Ella oía que al otro lado de la pared preguntaban ¿qué se hizo la fotógrafa?
“Los fotógrafos somos muy payasos. Nos tiramos al suelo, subimos a las paredes buscando ángulos y nos convertimos en centros de atención de la gente”, sostiene Giovanna. Según ella, los fotógrafos suelen creerse dioses que juegan con el tiempo y la distancia. Quieren eternizar lo efímero y lubricar la memoria. “Con la fotografía uno no olvida nada, uno se siente como un dios… Para mí la fotografía es un constante asombro, siempre corría a revelar las películas como si fuera a descubrir algo nuevo”.

“El matrimonio es un estorbo”

“A pesar de ser bajita no me faltaron los pretendientes”. Varias veces estuvo a punto de casarse. Pero los novios se oponían a que le dedicara más tiempo a la cámara que a ellos. Con uno de ellos rompió el compromiso porque la puso contra la pared ya que Giovanna quería cubrir la Vuelta a Colombia: o la vuelta o yo. Ella se fue con su cámara y nunca más supo de él.

Perfil de Mujer, crónicas y reportajes 30 Años de EL PEQUEÑO PERIÓDICO

Perfil de Mujer, crónicas y reportajes 30 Años de EL PEQUEÑO PERIÓDICO

Hoy no se arrepiente: “El matrimonio es una esclavitud para la mujer, yo nunca quise echarme encima esas preocupaciones de tener hijos”. Y hablando de la situación de la mujer en nuestra sociedad sostiene con vehemencia que “La suerte de la mujer no ha cambiado nada. Antes la mujer era bien vista por su saber, por sus conocimientos. Hoy está más esclavizada en todo sentido: sometida a la dieta, la silicona, las modas… Está peor”.
¿Tus fotografías ayudaron a alguien alguna vez?, le preguntamos. “Sí, varias veces. Había mujeres que se creían feas y vivían acomplejadas, pero cuando les tomaba fotografías y se las mostraba ya no se veían así”.

El compromiso del fotógrafo

“Con la fotografía aprendí a romper mitos. Me hice irreverente… La cámara da cierto poder y sin que uno se lo proponga siempre está al frente”. Con la doble ventaja de tener una cámara y ser mujer entró donde se lo propuso con el fin de hacer reportería. En esos gajes del oficio sentía necesidad de comprometerse con los más humildes. Ora en las luchas por la vivienda en Moravia, ora en las huelgas estudiantiles de la Universidad de Antioquia. Fue encarcelada varias veces, pero no por su oficio propiamente, sino porque no soportaba el deseo de hacer parte de lo que veía detrás de la lente. Así sucedió en una refriega entre la policía y los tugurianos de Moravia. Durante una manifestación estudiantil cometió el error de olvidar que era fotógrafa y se sumó a la protesta. Fue reseñada porque al ver una piedra que se dirigía directamente hacia ella, se agachó y la piedra se estrelló contra un capitán de la policía que estaba detrás. “Fui detenida por haberme agachado”.
Así como por su lente pasaron esas jornadas, también desfilaron los más diversos personajes desde Cortázar, García Márquez, Mario Benedetti, el Rey Hussein, Doménico Modugno, hasta presidentes y mafiosos como Pablo Escobar cuando echaba discursos en la plaza pública.
Cuando Colombia entró en la debacle de los años 80, muchos intelectuales, artistas y periodistas debieron abandonar el país. Giovanna tuvo que hacerlo en 1987 radicándose en Italia, su segunda patria, la que visitaba cada año, desde su infancia, para departir con su familia paterna. En Roma trabajó para diversos periódicos y revistas. Tuvo la oportunidad de conocer al Papa Juan Pablo II por casualidad en una calle de la capital italiana cuando el alto jerarca llegó para asistir a una reunión con personajes de la vida pública italiana, entre ellos el presidente. A Giovanna le causó gran impresión el hecho de que el Papa se hubiera salido del protocolo y la hubiera saludado a ella y otras personas que se hallaban en la acera. Cuando ella le dijo que era colombiana el Papa le puso la mano en la cabeza y le dijo: “Me duele la guerra del narcotráfico y la guerrilla”. “Vi que era un hombre sencillo y muy sensible”, dice la fotógrafa.
Pero en Italia también tuvo dificultades con ciertos personajes que la amenazaron y debido a ello sufrió un infarto que la llevó hasta el borde de la muerte. “Entonces colgué la cámara por miedo. Soy otra desde ese momento, entendí que había llevado una vida inconsciente y que por ello fui tan atrevida e irreverente. Decidí dedicar mi vida a escribir una novela”.

A blanco y negro

Para Giovanna la fotografía debiera ser a blanco y negro, porque “El color distrae la atención, en cambio a blanco y negro uno mismo le pone los colores”.
Hoy, la veterana fotógrafa gasta su tiempo haciendo gimnasia, escribiendo su novela y yendo al estadio a ver fútbol. Le gusta leer a los clásicos: “Goethe es fabuloso, Gabo me fascina, las novelas policíacas me atraen y, a aunque a muchos no les gusta, yo sí leo a Fernando Vallejo”.

Lectura en la cárcel La Ladera, 1970 –

También le gusta cocinar, comer chocolates, le encantan los vinos y los quesos. “Procuro aplicar lo que dijeron los griegos: mente sana en cuerpo sano. No voy donde los médicos porque son verdaderos matasanos, ellos lo enferman a uno”. Quizás por eso su mayor temor es a enfermarse.
Para Giovanna la fotografía atraviesa un momento muy difícil debido al endiosamiento de la tecnología digital. El buen gusto se ha visto afectado. Le sigue atrayendo esa relación entre la pintura y la fotografía, pues para ambas el tiempo no pasa. “El Coliseo romano, por ejemplo, tiene miles de años y encierra tanta información… Me gustó fotografiar ese tipo de construcciones antiguas por la abundante información histórica que tienen”.
Paradójicamente a la fotógrafa colombo-italiana no le gusta que la fotografíen. “Cuando me toman fotografías me destruyen”.
¿Qué le gustaría fotografiar hoy? “No sabría, porque el mundo se nos cerró, nos lo cerraron. Me parece muy triste el mundo de hoy, aunque puede ser un momento de transición y quizás vengan tiempos mejores”.

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Tomado de Perfil de Mujer, Edición 74, EL PEQUEÑO PERIÓDICO.

Luego apareció publicado en el libro de antología con motivo de los 30 años de vida del periódico. El cuento “Rosita“, escrito por Giovanna Pezzotti, hace parte del primer libro publicado por el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, Primer Conjuro, 2008, editado por FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA. Lo publicaremos en próximos días.

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Se ha vendido en el día de hoy el último ejemplar de Las siete muertes del lector, editado y publicado por la Fundación Arte & Ciencia en 2006 e impreso en los talleres litográficos de L. Vieco e Hijas Ltda de Medellín. El tiraje fue de 1000 ejemplares. Entonces la presentación estuvo a cargo de la escritora y editora Claudia Ivonne Giraldo. El evento tuvo lugar en el Auditorio Manuel Mejía Vallejo de la Biblioteca Pública Piloto. Reproducimos con gratitud el texto leído por Claudia Ivonne. El diseño de la portada fue obra del artista y escritor Saúl Álvarez Lara.

“Un valioso esfuerzo”

Claudia Ivonne Giraldo Gómez

Cada vez que un escritor presenta un nuevo libro, sus amigos y colegas asistimos a una ceremonia similar a la que hoy nos congrega, que no por común deja de ser significativa. He asistido a muchas en que la gente atesta este querido auditorio de la Biblioteca, otros auditorios; otras, menos ruidosas en las que al autor o autora, los acompañan un puñado de familiares y otro de buenos amigos. Cambian las obras y los autores, pero siempre, un oficiante y el autor repiten los gestos y hasta las palabras de tantos y tantas que desde hace siglos se esfuerzan por hilar una obra que tenga arraigo en sus posibles lectores, se esfuerzan por comunicar, acto sin el cual, la escritura no tendría sentido.

Cada obra, a su manera, se alza por encima de la ola de su generación, y peldaño a peldaño, construye un nuevo episodio, un paso adelante en ese proceso de pensarnos, recrearnos, representarnos y construirnos, que es el trabajo en el que ha estado empeñada la Humanidad. El libro que hoy tengo el honor de presentarles, Las siete muertes del lector de Ángel Galeano Higua, es un valioso ejemplo de este esfuerzo. Se trata de ocho textos, escritos en primera persona la mayor parte de ellos, que recogen las reflexiones de Ángel sobre diversos asuntos, especialmente sobre los que tienen que ver con lo que de verdad ama: la lectura, la escritura y la enseñanza.

El autor y Claudia Ivonne Giraldo. (Foto archivo)

Se trata de ocho textos algunos de los cuales han aparecido en El PEQUEÑO PERIÓDICO, y en los que Ángel ha experimentado diferentes muertes también, pero en las que la pasión por la palabra lo salva y lo vivifica: en Las siete muertes del lector, ensayo que da título al libro, plantea cómo, frente a la lectura, a los jóvenes lectores especialmente los asedian distintas trampas mortales para su pasión y gusto por los libros y por sus historias. La lectura rápida indigesta, es una clara y contundente crítica a los métodos para leer rápido y fácil, es decir, una crítica a la rapidez, que se opone desde todo punto de vista a la lectura placentera. En Sin Dios ni ley, Ángel también defiende los espacios de los Talleres literarios como libres y abiertos, no formales y lúdicos, en oposición a quienes quieren encasillarlos y plantean un método único para dictarlos. La vergüenza de escribir, es un interesante texto sobre la construcción de su novela, El río fue testigo, texto que tiene la cualidad de ser honesto y conmovedor, pero que al mismo tiempo guarda esa emocionada lucidez de quien habla de su propia obra y de sus dificultades, a un amigo querido, a un discípulo, y no a un gran público anónimo ávido de novedades. El texto que introduce su trabajo sobre Débora Arango, La venganza que incendia, tiene el tono amoroso y apasionado de quien ama, y se ve que Ángel ama mucho a Débora, su trabajo, todo lo que una mujer de esa estatura espiritual significa y seguirá significando para todos nosotros. Finalmente, el texto, Literatura y periodismo: ¿Frontera borrosa?, es un inteligente ensayo sobre un asunto que la nueva literatura colombiana ha puesto sobre el tapete, y que es necesario pensar con seriedad, con la seriedad que Ángel le imprime a la reflexión.

Un inolvidable profesor del bachillerato me escribió, justo un 15 de agosto de hace años, hablando de su oficio:

Permanece el profesor en contacto, codo a codo, con las generaciones que han seguido a la suya…y aprende, a través de las lecturas y el estudio, los datos acerca de las generaciones que ya pasaron. Este contacto es el contacto con la Historia y con la angustia: el hombre flota sobre la nada, aunque detrás de las cosas haya dioses…

A ese profesor lo recordé en dos textos hermosos que quiero resaltar del libro: Escoja su propio viaje, una lección de ética y de valor comunitario, y en Eliseo encantado, en el que el escritor le gana al cronista, para ponerme a tono con su artículo, y nos hace ver a ese contertulio, a ese Eliseo ido y presente, encantado, recordado.

Saúl Álvarez Lara, diseñador de la portada del libro, espera que le firmen su ejemplar. (foto archivo)

Es pues un libro corto pero no por ello superficial o vano. La escritura de Ángel Galeano Higua, sencilla, directa y clara, demuestra aquí también, como en el resto de su obra, una sabiduría dada por el ejercicio de pensar a solas y de tener el valor de rebatir conceptos que nuestra sociedad ligera y chata, acata como innegables. Pero lo que me conmueve realmente es la honestidad de estos textos, sin pose intelectual, sin afectaciones innecesarias. El tono es el del maestro, el maestro que ama profundamente su trabajo, que ama profundamente a sus alumnos. La claridad, virtud del filósofo, es también virtud del maestro que se queda en nuestra memoria, junto con su palabra, dando sombra a través de los años, como diría Cortázar de un buen cuento, de un cuento amado.

Libro para muchachos y muchachas, libro para lectores avezados y para desprevenidos lectores, libro que debieran leer en los colegios, especialmente los maestros, a quienes puede servirles el contacto que este maestro y escritor ha hecho con las generaciones pasadas y con las generaciones que le siguen como si se tratara de una playa generosa y dispuesta a grabar algo más que signos en la arena.

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Texto leído por la escritora y editora Claudia Ivonne Giraldo en el auditorio Manuel Mejía Vallejo de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, el 15 de agosto de 2006.

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Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.

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Carné de Aprendiz

“No existo sin el Arte”

Entrevista con Diana Patricia Álvarez

Ángel Galeano Higua

Desde hace muchos años acostumbro conservar ciertos textos de los participantes en las sesiones literarias, tal vez por un prurito de editor que sin darme cuenta he cultivado. De Diana tengo varios, entre los que destaco uno fechado en octubre de 2002, en el cual ella se aventura en la exploración de un cuento leído en el grupo (¿Aló?, ¿Aló?) que recrea la intrincada atmósfera de violencia que cayó sobre Medellín en las décadas de los 80 y 90. Lo que atrajo mi atención fue el enfoque que ella hizo, no del aspavientoso retumbar de las bombas de los narcos, ni el espectacular traqueteo en las noches malditas, sino del silencio, que “tiene voz propia y juega un papel importante en este texto, es un personaje… Para mí, dice Diana, el silencio es un refugio, es el artífice de lo que nunca queremos escuchar…”.

En estos tres lustros Diana ha consolidado su búsqueda en el Arte, que marca su horizonte. En especial la música, hermanada con la palabra a través de la literatura. Por eso halla música en los silencios de ese cuento y la sigue hallando en las lecturas que hacemos de los grandes maestros. Por ese sendero, nada angosto, ha venido soltando sus escritos y alimentándose con lecturas sobre grandes compositores. La pintura, el cine, la fotografía son fundamentales en su diario vivir y los cultiva con la misma devoción.

Sus escritos suscitan asombro por su condensada fuerza, no es amiga de despilfarrar las palabras. Lo que tiene que decir procura hacerlo con el máximo de síntesis, incrementando la tensión. Los silencios deben estar ahí, jugando su prodigioso papel. “Significar sin palabras”. Sin pausas no hay voz, no hay sonido, no hay Arte. Si no tiene algo nuevo que decir, prefiere callar. Por eso en algunas preguntas de este entrevista no debe extrañarnos su silencio. (Cuando le pedí que reconsiderara dar alguna respuesta, me dijo: “Esas preguntas no las respondo porque apenas estoy empezando el proceso, aún no he enfrentado esos dilemas”). De esta afirmación se desprende también su convencimiento de que se halla en constante proceso de aprendizaje. Esa actitud la aparta de todo engreimiento y la impele por el silencioso camino de la curiosidad. Una voz así, suave y tierna, pero profunda y musical, enriquece el proceso de aprendizaje del Grupo.

 

Diana Patricia Álvarez. “El Arte ahhh… la vida. No me pienso, ni existo, sin el Arte. He sido y seré una rebelde”. (Foto archivo)

 

P. ¿Cuál es tu gracia?
R. Vivir mis experiencias con la mirada curiosa y espontanea del niño, con la pasión, el ímpetu y la rebeldía de la juventud. Tener la fortuna de estar siempre rodeada de maestros, que comparten sus saberes, me dejan ser y potencian mi individualidad.

P. ¿Y tu desgracia?
R. Vivir en resistencia entre lo sensible y lo racional con proyectos ambiciosos en el universo del arte, entre el deseo de conocer y experienciar las diversas manifestaciones y no contar con el tiempo para realizarlos, porque el campo laboral me consume.

P. ¿Consideras que has avanzado como lectora, como escritora?
R. He avanzado, porque cada proceso trae consigo mejoras, puedo darme cuenta del avance en mis ejercicios de escritura porque se han convertido en un acto más consiente, más responsable.

Conversando sobre un escrito de Diana en una sesión sabatina: “tengo facilidad para producir asociaciones sonoras cuando leo”.

P. ¿Cuándo comprendiste que eras una aprendiz?
R. Cuando descubro que el que me enseña es un maestro, en ese momento asumo otra postura, la de la esponja.

P. Hay cierta predilección en tus publicaciones por los textos cortos. ¿Qué piensas de ello?

R.

P. ¿Has publicado ya algún texto?
R. No he publicado.

P. ¿Te gustaría publicar uno de tus escritos?
R. Apenas estoy en proceso de aprendizaje. En estado de absorción.

P. ¿Cuál de tus textos te ha exigido más trabajo? 

R. … (no responde)

Los ensayos que realicé en el semestre (“Literatura y artes visuales”), fueron planteados bajo una óptica musical.

P. ¿Te persigue algún tema en especial?
R. Sí, el mundo sonoro.

P. Como estudiosa de la música, cómo consideras esa relación con la literatura.
R. La relación es muy pertinente porque ese componente musical me acerca más a la obra escrita, subraya compresiones, hay un período de la música que representa donde se codificaba el sonido para producir emociones, es un significar “sin palabras“, como decía Mendelssohn. Recuerdo que uno de los seminarios que tomé de mi licenciatura se llamaba “Literatura y artes visuales”, los ensayos que realicé en el semestre fueron planteados bajo una óptica musical, tengo facilidad para producir asociaciones sonoras cuando leo, por ejemplo reflexioné a Alicia en el país de las maravillas en relación a la música contemporánea, Alicia en el umbral al nivel de la sensibilidad, que cambia o desaparece para eventualmente volverse perceptible desde otro ámbito con elementos que son comunes que se pueden reconocer pero que están dispuestos de manera diferente, que pueden hacer por tanto que signifiquen o no, que operaran una apertura para la lectura y la experimentación.

P. Si tuvieras que aguardar en un bote sobre aguas tranquilas y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías?

R.

P. Para evitar que te condenen a conducir sin salario un bus urbano en Medellín si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías?

R.

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?
R. Porque hay resonancias en mí que se conjugan con los intereses de los miembros del grupo. Tienen activo el deseo de escribir.

P. Te piden como pasaporte al paraíso terrenal que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?
R. El Arte ahhh… la vida. No me pienso, ni existo, sin el Arte. He sido y seré una rebelde.

 


 

P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario? 
R. Me ha permitido hacer pescas milagrosas. Antes dejaba escapar pensamientos, ahora tengo dónde resguardarlos.

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?
R.Sus recuerdos enceguecen por un instante la pregunta por el código.
– El río pasa en calma, la corriente se lleva su mirada.

– Unos cuantos fragmentos y vestigios de sí mismo lo hacen desdibujar sus huellas.

– No ha retirado su mirada de la inscripción que está abierta, el sonido emerge de allí, rompe con lo codificado, extrae y pulveriza toda relación mental. Hay una cierta grafía sonora que no consigue plasmar en una partitura.

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Expedición Palabra

Editorial

Leemos y escribimos para buscarnos, porque no nos hallamos en la sociedad de hoy. Vamos al cine o al teatro, recreamos la mirada en las exposiciones o viajamos en la música. Nos buscamos a través del Arte que incluye también la palabra.
No nos vemos en la ciudad por más que la trasegamos. Y la recorremos justo para ello, esculcamos cuanto vericueto vemos pero son enormes las presiones desde todos los ángulos contra la individualidad. La intimidad, resguardo del individuo, se ha tornado en espectáculo, en mercancía. Lo importante son las minucias intrascendentes y frívolas, y no la obra que se lega. Si no hay obra tenemos que inventarla.
La masificación es avasalladora y no nos conecta con los demás sino en lo previsto por esos centros de poder. La masificación es domesticación, que no se corresponde con esa búsqueda de aire propio que pretendemos en las jornadas de lectura y escritura. Vivir la propia vida es sospechoso, mal visto, peligroso como dice Guimaraes, en algún lugar de su gran sertón. Quizás sea esta la razón que nos impele a publicar esta nueva edición del periódico.
Después de una pausa de cinco años y animados por la efervescencia creciente de contar lo que vemos e imaginamos, y aprovechando que el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo cumple sus primeros 10 años, henos aquí de nuevo en la palestra impresa. Nos ha sorprendido la gran acogida de nuestros lectores y amigos, cuando les anunciamos el propósito de retomar el hilo de esta aventura llamada EL PEQUEÑO PERIÓDICO.
Durante el lustro que ya pasó, nuestra presencia fue virtual y mantuvimos comunicación constante con cientos de lectores. Ahora, como se nos ha hecho imposible continuar así, retornamos a la palabra impresa en el papel, olorosa a tinta y esfuerzos, jubilosa y a la vez contundente, no efímera como en la pantalla, ni tan distante e impersonal.
Se trata de un ejercicio para responder a la avalancha de escritos y proyectos atesorados en el Grupo Literario, semillero y baluarte del periódico. Sentimos que llegó el momento de compartirlos. Y así como hemos escrito en las redes sociales sobre diversos asuntos culturales y sociales, y entregado nuevos libros de cuentos, crónicas y relatos, así mismo entregamos en esta ocasión la Edición 102, jalonada por ese espíritu de expedición hacia la palabra recogida en este riesgoso oficio que es vivir.

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Experiencias editoriales extraídas a la luz de 36 años de EL PEQUEÑO PERIÓDICO

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