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Archive for the ‘Poesía’ Category

 Apuntes desordenados de un viaje

Ángel Galeano Higua

 

Partitura para guitarra, compuesta por el músico español Miguel Ángel Sanz para el poema “Euridice” de la colombiana Lucía Estrada. También escribió la partitura para “El río sin agua” de Luis Hernán Rincón, “El trompo de Rubén Darío Lotero, “Escrito en la espalda de un árbol” de Miguel Méndez Camacho, y “Hombre”, de Jorge Debravo (Costa Rica).

 Mi cuerpo ya está aquí, pero el compuesto inmaterial e invisible que me contiene sigue caminando por Barcelona y París. Deambulo como un fantasma entre la Rue Christine y el boulevard de Saint Germain y Saint Michel, buscando a Valjean y esperando a que pase la carroza en que viaja Balzac con su traje alquilado… En Barcelona sigo el rastro de la lagartija multicolor en el parque Güell y busco el Mediterráneo al final de las ramblas, donde han levantado bolardos contra los lunáticos. Y en Cerdanyola de Vallés escuchamos la guitarra de Miguel Ángel Sanz, que acaricia los poemas de Lucía Estrada, Rubén Darío Lotero, Luis Hernán Rincón, Miguel Méndez Camacho y Jorge Debravo, que descubrió en el libro La última página.

Maryuth Contreras, una de las protagonistas de “El río fue testigo”.

 Hicimos maletas a mediados de diciembre y en el equipaje incluimos nuestros libros para entregarlos a Maryuth Contreras, una de las protagonistas de El río fue testigo, que ahora vive en Barcelona, y a Anne Lise, una amiga investigadora de la Universidad de París.

Tenía que aprovechar este viaje, regalo con que mi esposa y mi hija me celebraban mis primeros 70 años, para llevar también la novela de los descalzos a mi hermano Andrés, que vino con su familia a pasar navidad con nosotros en la capital francesa. Para mis sobrinos Ana María y Juan Camilo: Palabras al viento. Y a Marta Lucía: Mompox, una victoria sobre el tiempo, el libro de Bárbara.

Maryuth, Carmen y Bárbara en Barcelona. Se conocieron en el Sur de Bolívar en los años 80.

 Corrí hacia el primer vagón para ver si ese tren se dirigía al Palacio de Versalles, cuando lo comprobé quise avisarle a mi esposa y a mi hija, pero ellas ya lo estaban abordando en ese instante y apenas si alcanzaron a hacerme señas de que subiera. Antes de que el metro cerrara las puertas salté al interior del primer vagón. A mis espaldas sentí el golpe al cerrarse la puerta. Carmen corrió a la ventanilla de su vagón para comprobar que yo sí había alcanzado a subir. Al verme, sonrío con tan dulce alegría que se me grabó su imagen como una de las más bellas. Dos estaciones más adelante cambié de vagón y me reuní con ellas.

 Las mujeres son incansables. Versalles les queda chiquito. No se cansan de mirar vitrinas, me

Juan Camilo, Bárbara y Ana María, los primos.

dirse zapatos y trajes, mirar espejos y bolsos… Así en Lafayatte o en las tiendas de Saint Germain…

 Lo mejor de Versalles son sus jardines, aún en esta época de invierno. Son un laberinto y a la vez una creciente ramificación. Los árboles duermen mientras nosotros tiritamos.

 Creo saber, Valjean, por dónde corriste, qué río te acompañó en tu desdicha. Qué edificios vieron tu dilatada fuga, qué callejones te protegieron… Ya lo sé.

 Al frío de París sólo se le puede derrotar recorriendo sus calles con la imaginación ardiendo, ancha y hambrienta. Beberse esta lloviznita pertinaz, este aguacero de medianoche…Mientras escucho una historia dolorosa y triste en un bar de Saint Michel…

Paisaje. Acuarela de Rodin

 No sabía de tus pinceles, Rodin, sólo de tus esculturas. Por eso, al descubrir tus acuarelas admiré aún más tu obra, como si hubieras guardado el secreto de tus pinturas para enseñármelas ahora. Y Camille ronda todos tus atrevimientos.

 Sólo estando adentro sentimos necesidad de estar afuera. Amanece tan tarde y anochece tan temprano, que uno se pregunta ¿dónde queda el día? ¿Dónde está el sol?, ¿qué se hizo el cielo? El gélido silencio de la neblina los contiene.

La multiplicación del mito… Venta callejera de Torres Eiffel, en los Campos Elíseos

 Y en la noche conocemos la famosa, empinada e inútil “chatarra” mitificada, que forma parte del mapa turístico de París. Faro de hierro, proscenio para las fotografías testimoniales, dama esbelta que rige los Campos Elíseos.

 Entro en una tienda de antigüedades en Montmartre atraído por el guiño de tres campanas exhibidas en la vitrina. Una en especial, sostenida por un pájaro liviano que está a punto de levantar el vuelo. Me atiende un hombre mayor, casi un anciano, de cabello blanco y pulcro chaleco de lana, me saluda con una sonrisa amistosa. Le pregunto que si habla español y me responde que un poco, reforzando sus palabras con una seña del índice y el pulgar dando la medida pequeña. Correspondo a su sonrisa y le digo que me interesa ver las campanas… Abre la vitrina y tomo la que más guiños me hace. Es de bronce, dice. Le he dejado la pátina porque hace parte de la historia de las cosas. Además, afirma, esa capa protege su brillo y el tiempo. El pájaro sujeta la campana con sus patas dando la sensación de un solo cuerpo aéreo. La hago sonar y el tintineo es claro, limpio, como si tuviera en él los sonidos de su cuna ancestral. La compro, digo. ¿Cuánto vale? Mira en un cuaderno: 15 euros. ¿Sabe de dónde procede? Es de algún país de África, pero no tengo el dato preciso, me responde. La envuelve despacio en un papel especial, como si fuera un regalo.

Músicos callejeros tocando jazz en Saint Michel – París

 Parecían, pero no lo estaban. Con sus instrumentos esperan en aquella acera a que un detonante los ponga en acción. Son hombres mayores, blindados contra el frío por sus chaquetas. Al comienzo pienso que están borrachos. ¿Qué los impulsa a salir de noche bajo aquella férula helada? Admiro su presencia que por sí sola alegra la calle, los restaurantes y cafés a esta hora repletos. El silencio con que pasan los transeúntes contrasta con nuestra espera. De repente, a una señal del trompetista, empiezan a tocar un jazz… Empiezo a grabarlos. Al momento aparecen varios turistas con sus celulares y los enfocan… La noche adquiere otro semblante y por unos minutos el frío de París sufre una deliciosa derrota. Más que borrachos, están embriagados de música.

Para no sucumbir en invierno, los árboles se despojan de sus hojas, flores y retoños. Jardines de Versalles.

 Para no sucumbir en invierno, los árboles se despojan de sus hojas, flores y retoños. Como esqueletos despeinados, impertérritos, recogen al máximo su ser para ahorrar energía y sostenerse de pie.

 

 Tanto fue lo que nos previnieron sobre el invierno en París que, confieso, llegué a sentir pánico por el frío. En los inconvenientes que tendría si me sucediera lo que en Lima, cuando una noche de viento y atmósfera amenazante, cuando visitamos el parque del agua, tuve necesidad de orinar una y otra vez… Pensaba también en mi garganta, la posibilidad de un resfrío como lo tuve en Suiza. O el peor caso: que se helaran mis pies hasta la hipotermia, como lo viví en Bogotá. Pero nada de esto sucedió y el paseo por Barcelona y París lo disfruté de lo lindo.

Los pintores en Montmartre

 Sí existe. París sí existe y está aquí, en París mismo, donde ha estado siempre, pero que nos parecía un sueño, un mito, una ficción. Sin embargo, algo de irreal permanece en sus calles y edificios, en el río y en sus gentes. En sus ruidos apagados por el frío invernal, en sus vitrinas y en sus bares y restaurantes nocturnos. Es como si nos moviéramos en una postal inviolable, como si la realidad se mantuviera fuera de nosotros y se resistiera a profanar la imaginación. Vinimos con nuestra idea de París a cuestas y de que el mundo se había estremecido con la revolución de 1789 y la Comuna de París. Algo de todo eso nos lo dice el exquisito sabor del vino, los crepes, el pan… y al digerirlos traspasamos a nuestra saliva y al estómago, la capacidad cognoscitiva. Ponemos la mente en la lengua, el olfato y el jugo gástrico, para que la vibración de ese nuevo mundo, entre en nosotros de manera más primigenia, sin el filtro empobrecedor de la razón.

Miguel Ángel Sanz (guitarra) y Ángel Galeano Higua, leyendo el libro de poesía “La última página”. (Foto Miguel Alfonso Sanz C.)

 El mundo detrás de una sonrisa. ¿Quién se ríe de quién? ¿El autor o su obra? ¿Da Vinci o La Gioconda? Miles de personas entran en oleadas al Louvre, como cumpliendo un ritual de sintonía.

 Y de pronto, en los Jardines de Luxemburgo, aparece un muchacho en pantaloneta y camisilla, trotando. Unos metros atrás lo sigue una chica esbelta y de balaca, también en pantaloneta y blusa deportiva. En aquel frío parece ficción que haya quién trote, con aquella ropa más apropiada para el trópico. Sonreímos desde nuestro parapeto de trapos, gorros y guantes…

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Poemas sin prisa

Para leer en el semáforo

 

Este es un poemario contra el vértigo. Un llamado a detenerse, a explorar, a pensar, a vivir.
El ajetreo cotidiano obnubila y el trabajo absorbe todo, congela las sonrisas, enceguece el pensamiento. Somos esclavos del “ahora”, que Jonh Harold Giraldo Herrera denomina el “azote”. De repente, aparece ahí, frente a nosotros, el semáforo con sus luces demarcadoras para los vehículos. Pero la disposición de los transeúntes no se detiene, sigue girando en el carrusel impuesto por el consumismo y la frivolidad. El poeta lee las señales de otra manera y las riega en este libro fácil de llevar, justo para leer ante el peligro del rojo, en la espera del naranja y el paso libre del verde.
Este libro enriquece la colección que la Fundación Arte & Ciencia impulsa, para que los amantes de la poesía conozcan las nuevas voces que se abren camino.
Ángel Galeano Higua
Editor

El Autor

John Harold Giraldo Herrera. Nació en la ciudad de Pereira en Colombia en 1979. Es periodista y documentalista independiente, publica en varios medios locales y nacionales como: El Espectador, la Revista Semana, La Patria, El Meridiano, La Opinión, Sucesos y Opiniones, La Tarde,  Cronopios, El Diario del Otún, Miratón, igual en medios internacionales como Letralia de Venezuela, La revista Ñ de Argentina, entre otros. Se interesa por escribir sobre las comunidades originarias de su país, la política y temas relacionados con la cultura y en especial del séptimo arte. Dirige un grupo de periodismo llamado Enfokados, con quienes realiza periodismo radial, televisivo y digital. Es Licenciado en Español y Comunicación audiovisual, especializado en Periodismo Público y Magíster en Literatura de la universidad Tecnológica de Pereira. Doctorando en educación. Es también docente en la Universidad Tecnológica de Pereira, en las áreas de los Medios, la Pedagogía, la Literatura y el Periodismo.

En el 2011 ganó dos premios de Periodismo. El Hernán Castaño Hincapié, premio regional entregado en la ciudad de Pereira, por la crónica Camina cuatro días para estudiar dos (narra la vida de un indígena universitario que debe caminar por las montañas de Mistrató para llegar a su salón de clases) publicado en el portal semana.com, el periódico La Tarde y La Patria. Ganó la Beca de creación en Periodismo Cultural, otorgada por el Ministerio de Cultura, con La vida de tres gobernadores indígenas, texto publicado en el periódico El Espectador con el título Los guardianes de la tierra. Ha escrito: “Un doble en las rocas”, en coautoría. País al andar (crónicas con el Minsiterio de Cultura). Marginalia II con la Universidad del Quindío (2011).

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Rojo

En el momento de relativa

Quietud del pensamiento

Puede dar lugar

A la epifanía.

 

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Somos tan frágiles

como una mariposa entre los dedos

o un aletear truncado de colibríes

como el pájaro amenazado por el cazador

Pero somos tan fueres

cuando estamos los dos

que no hay dedos riesgosos

ni colibríes en peligro.

Ni pájaros perseguidos por cazadores.

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Mis habilidades de movilidad

Se limitan a desplazarme

Hacia las rutas de tus caminos ancestrales

En los que viajamos

Hacia las raíces.

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De las mujeres ausentes

La poesía que hoy leen los momposinos

portada-de-las-mujeres-ausentesSu autor, Dagoberto Rodríguez Alemán, es poeta y periodista. Nació en Barrancabermeja, Santander (1962), pero es tan momposino y costeño como el que más porque ama y siente la tierra que lo acogió. Estudió su primaria en el Colegio Alonso de Heredia y secundaria en el Colegio Nacional Pinillos de Mompox. Miembro fundador del Taller Literario “La Taruya” de Mompox, cuya revista dirige.
Ha colaborado en los medios nacionales El Espectador, El Tiempo, El Heraldo y El Universal, y regionales como El Valeroso, Prensa Nueva, La Noticia, Nueva Provincia, El Puerto, La Taruya, El Zapal y El Momposino. Miembro de la Asociación de Escritores del Caribe Colombiano, Fundación Cultural Candelario Obeso y de la Promotora Cívica y Cultural de Bolívar-Prosur. Libros publicados: Liturgia de las palabras (poesía 1999), Alegres auroras con aromas, (poesía 2004). La muerte de Aluminio y otros relatos (inédito). Poemas suyos han sido incluidos en Rostro del mar, 60 poetas del Caribe Colombiano (Antología, 2015) y Puentes de agua (Antología 2016).
En su blog: arcadiamomposina.blogspot.com publica comentarios literarios. Ha participado en varios encuentros del Parlamento de Escritores del Caribe Colombiano, Feria Internacional del Libro en Bogotá y Festival de poesía de Medellín.

 

Presentación en la Casa de la Cultura

 

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Dagoberto Rodríguez Alemán, autor del libro “De las mujeres ausentes”, que por estos días leen los momposinos.

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Daniela, hija del autor, fue la presentadora del evento.

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Aspecto del auditorio principal de la Casa de la Cultura de Mompox, durante la presentación del libro.

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La mesa principal que presidió el evento.

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Los asistentes escuchan el Himno de Mompox al inicio.

 

El libro me esconde

Estoy en los intaglios y los signos

al viajar a tierras ignotas

la compañía es un libro imperceptible

y el mejor vehículo es una página de nieve

de brillante poesía como una lámpara.

 

El más ignorante puede realizar este viaje indecible

sin pagar pasaje ni peaje al viento

en el camino del saber abandonado.

 

El libro es milagro que convoca

bajo la luz encendida de la sabiduría.

 

Qué maravillosa es la lectura oblicua

que emociona el alma y el follaje

el libro me esconde en su luz

y me purifica como una hoguera.

 

 

Intromisión

Por la calle de la Sierpe

el río de lava iba siempre al asfalto.

 

El extraño cauce

que siempre invade la historia.

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Tomados del libro De las mujeres ausentes, Dagoberto Rodríguez Alemán, Edit FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA.

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En próximos días la Fundación Arte & Ciencia pondrá en circulación el libro De las mujeres ausentesdel poeta momposino Dagoberto Rodríguez Alemán. El siguiente es el prólogo escrito por su Editor, Ángel Galeano Higua.

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Nuevos poemas desde Mompox

Ángel Galeano Higua

 

En uno de sus poemas, Dagoberto Rodríguez Alemán se pregunta:

¿Cuándo podré alcanzarla
hacer mía esa otra luz de agua
forjada de sueños?

En este tramo de su búsqueda queda plasmada la angustia que alimenta su asombro. La impotencia ante algo que ciñe sus sueños, sus anhelos, su natural armonía con el agua. Hombre afortunado sabe que el río lo acompaña y rige, juega con él desde siempre, conversa con su incesante flujo mientras quiere acariciarlo lanzándole piedritas. Pero el agua es más que el río, es un sueño perenne, inalcanzable por la luz que irradia, una luz húmeda, una luz líquida que moja, impregna e ilumina. Es, como dice en otro poema, “palabra clara como la lluvia”.portada-de-las-mujeres-ausentes

En varios de los poemas que conforman De las mujeres ausentes, laten preguntas que nos conmueven porque hurgan también nuestras incertidumbres.

Alguien se esconde en su poesía, alguien que tiene nombre de mujer, pero que él no puede ver. La llama, con la misma súplica que a la luz del agua.

Aliada del agua está la noche, con toda su carga de misteriosos gritos. Y son las sombras las que ahora reinan…

Y la noche hinchada de terror
hace estragos
en la ceremonia del sueño.

En ese peregrinaje de estaciones elementales, aparece el viento, “racimo de voces que se anuncia a sí mismo”. Y así como en el agua, sea río o lluvia, también en la noche busca, lo mismo que en el viento, las palabras. No las nombra cuando habla del libro, pero las sugiere porque el libro es un “viaje indecible”. No todo se puede decir con palabras. Justo el libro, materia inflamable de palabras, para Dagoberto Rodríguez Alemán es poderosa luz casi hermanada con el fuego, que en todo caso “me purifica como una hoguera”… “El libro es milagro que convoca”.

La fuerza en De las mujeres ausentes se percibe en la honradez de su autor, su esfuerzo sin límite de tiempo, su inocente búsqueda y a veces ingenua mirada. Como un niño que se asombra ante las revelaciones que cada día le prodiga la vida, con todo lo que la rodea de necesidades y sueños.

Pero no se crea, en esa ingenuidad palpita un reconocimiento de su historia, de las marcas que han tatuado su alma. Por eso testimonia sus admiraciones. Bardos que lo maravillaron, como Candelario Obeso y Gómez Jattin. La música de su legado lo imbrica con la sorpresa que le produce el mensaje telúrico del contrabajo, del clarinete, del saxofón. Y en esa, su epifanía, se desliza con natural donaire esa vibración de una garganta inmarcesible: Totó La Momposina. Pero ella no es sólo voz que electriza e invita, también es ritual, movimiento, danza,  elevamiento como decía Héctor Rojas Herazo.

Y detrás del homenaje a la reina del chandé y la cumbia, ingresan en el libro con su esplendor propio, Virginia Woolf, Alejandra Pizarnik, Silvia Plath, Emily Brontë, Camille Claudel, Marvel Moreno, Gabriela Mistral, Clarice Lispector… Es un homenaje que el poeta de Mompox no puede esquivar. Es el corazón del libro, en ellas se concentra su irresistible entrega. Ellas están, y nada ausentes, oímos en la tremulación su arpa delirante. Podría decirse que el título del libro expresa lo contrario: las hace presentes.

Completa, en páginas diversas, la conversación con sus padres, sus maestros, su familia, sus recuerdos. Los viajes a Macondo, a Medellín y cierra con un domingo melancólico, una atmósfera algo desolada como una página en blanco en la que el lápiz casi se mueve solo, como si siguiera un “ciego itinerario”.

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Prólogo al libro De las mujeres ausentes, Edit. Fundación Arte & Ciencia, Medellín, Dic. 2016.

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Marta Cecilia Cadavid

Medellín

 

Multiforme, pintoresca, despojada de velos

iluminas el valle anegado de sombras

con rutilantes espasmos de luciérnaga audaz

 

Bloques de cemento están pariendo las montañas

con agónicos aullidos del bosque y de los pájaros

es la polis de acero, de vidrio y de madera

que exprime la sangre y entrañas de la tierra

 

Espirales de eléctrico fluido

inundan las calzadas como remedos de sol

tus balcones y pórticos proyectan

geometría de sueños trenzados en el aire

 

Pasos de anónimas figuras

estremecen el asfalto

mastican ilusiones

revientan dolores,

fornican, agonizan, asesinan

 

Clamoroso corazón de la polis

combatiente de muchas contiendas

en tus catedrales y cúpulas de cobre

se reflejan miradas añosas, dulces balbuceos

 

Altiva se yergue tu acrópolis

en el cerro del Cacique

como una ruana frondosa

de guayacanes y almendros

tejida en cuatro puntas

con tierra y con canciones

 

Ciudad de verdeantes montañas

mutante ciudad

que pares parques, terrazas, estatuas

y acunas poetas

¿Por qué no engendras en tu seno la paz?

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Marta Cecilia Cadavid escribe cuentos y poemas. Ha publicado con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, del cual hace parte. Este poema salió a relucir en una sesión del Grupo, como uno de los ejercicios que los participantes acostumbran compartir.

 

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Contra toda esperanza

Por Álvaro Jiménez Guzmán

 

Nadezdha Mandelstam y Osip Maldenstam - La resistencia del Arte

Nadiezdha Mandelstam y Osip Maldenstam – La resistencia del Arte

En carta del poeta ruso Ósip Mandelstam a su hermano Alejandro y esposa Nadiezhda, les decía: “Estoy en Vladivostok, en los Campos de Trabajo colectivo del Nordeste, barraca número II. El tribunal especial me ha condenado a cinco años por actividad contrarrevolucionaria… Mi salud es muy mala. Estoy delgado y completamente agotado, casi irreconocible, pero no sé si merece la pena que enviéis ropa, comida y dinero…Nadia amada, ¿vives, querida mía? Shura, escríbeme inmediatamente sobre Nadia…”. Esto ocurría en octubre de 1938, y la causa de la primera detención, que desató toda la ulterior tragedia de persecución política hasta el destierro en Siberia y su muerte, fue el siguiente poema sobre Stalin, compuesto en noviembre de 1933:

 

“Vivimos insensibles al suelo bajo nuestros pies,
nuestras voces a diez pasos no se oyen.
Pero cuando a medias a hablar nos atrevemos
al montañés del Kremlin siempre mencionamos.
Sus dedos gordos parecen grasientos gusanos,
como pesas certeras las palabras de su boca caen.
Aletea la risa bajo sus bigotes de cucaracha
y relucen brillantes las cañas de sus botas.
Una chusma de jefes de cuellos flacos lo rodea,
infrahombres con los que él se divierte y juega.
Uno silba, otro maúlla, otro gime,
sólo él parlotea y dictamina.
Forja ukase tras ukase como herraduras
a uno en la ingle golpea, a otro en la frente, en el ojo, en la ceja,
Y cada ejecución es un bendito don
que regocija el ancho pecho del Osseta”.

 

Así comienza la epopeya contenida en este libro de Memorias: Contra toda esperanza, escrito por Nadiezhda Maldelstam como el más bello testimonio contra el régimen autocrático de Stalin que los persiguió toda la vida porque no se sometieron a su coyunda. Lo que vivió Nadia, como le decía con cariño el poeta Ósip, es un ejemplo palmario de lo que suelen hacer los regímenes comunistas, que hoy, por desconocer la historia, se repite en Cuba, Corea del Norte-tristes rezagos del pasado-, Venezuela y las otras cavernas socialisteras con sus dictadores de turno de la región. Nadiezhda, en su infancia, cuando leía libros sobre la Revolución francesa, se hacía con frecuencia la pregunta: “¿Es posible salvarse en una época de terror?”. Más tarde supo, con toda firmeza, que no era posible.

Nadezdha Mandelstam - Exiliada en su propio país

Nadiezdha Mandelstam – Exiliada en su propio país

El que haya respirado ese aire está perdido, decía, incluso si por casualidad conserva la vida. Los muertos están muertos, pero todos los demás, verdugos, ideólogos, ayudantes, adeptos entusiastas, los que cerraban los ojos y se lavaban las manos e incluso aquellos que por las noches rechinaban los dientes, todos ellos son también víctimas del terror. ¡Cuántas cosas escribieron contra aquellos que ya habían sido fusilados, para correr a continuación la misma suerte…! “Stalin no necesita cortar cabezas, ellas mismas se caen como los dientes de león”, decía Mandesltam. Como vivían errantes en su propio país, dependían de la mendicidad, y les resultaba insoportable porque todos huían de los mendigos y nadie quería dar limosnas, toda vez que aquello de lo que cada uno disponía era como una limosna que le otorgaba el Estado. Y la gente acabó por tenerles miedo. No sólo eran míseros, sino también apestados. Cuando la vida se hacía francamente insufrible, les parecía que el horror no acabaría jamás. Recuerda Nadia que las más increíbles fantasías, las acusaciones más monstruosas se convertían en un fin en sí mismo: centenares de personas eran enviadas a los campos de trabajos forzados acusadas de complot. Y los funcionarios de la policía se regocijaban de ello, gozando de su poder. El principio básico del sumario era: “Dadnos al hombre, que la acusación ya la encontraremos”.
Una profesora de lenguas occidentales le preguntó a Nadia por qué los estudiantes que buscaban el bien y el mal, amaban la poesía. Porque así era en Rusia, antes de que fuera sometida a la revisión de sus valores y al escarnio. Mandelstam sostenía que “en nuestro país, la poesía desempeña un papel especial; despierta a la gente y forma su conciencia”. Ella era una optimista incorregible. Estaba absolutamente segura de que se hallaban en vísperas de un nuevo triunfo del humanismo y de una gran alza de los valores humanos. Ella misma era portaestandarte de esta divisa humanitaria al acompañar a uno de los mejores poetas rusos en su vida de judío errante. Tan grande era su amor por él, que compartió toda su tragedia.

Osip Mandelstam - reseñado por Asuntos internos URSS

Osip Mandelstam – reseñado por Asuntos internos URSS

Después de la última detención de Mandelstam, Tatiana Vasiliévna, la que nunca sonreía, la abrazó y le dijo: “No llores, serán como santos mártires”, y su esposo añadió: “Tu marido no pudo hacerle daño a nadie, no podemos estar peor si se llevan a personas como él”. Nadiezhda escuchó de unos periodistas de Pravda que en el Comité Central no se había incoado causa alguna contra Mandelstam, poco después de la destitución de Yézhov, e ilustraban los desmanes de éste, Ministro de Seguridad. Dedujo que Mandelstam había muerto. Un tiempo después recibió un aviso de una estafeta, con la cual le devolvían un paquete “Por la muerte del destinatario”. “¡Qué poeta hemos destruido!”, dijo Fadéiev, ya ebrio, quien celebraba, con otros, una merced del gobierno. La fiesta de los nuevos condecorados-la chusma de cuellos flacos- adquirió un extraño matiz de exequias clandestinas. Todos ellos pertenecían a la generación que había revisado los valores y que luchaba por “lo nuevo”. Fueron los que abrieron el camino al hombre de la gran personalidad, al dictador que, obrando a su antojo, castigaba, premiaba, planteaba los objetivos y elegía los medios para conseguirlos, en medio del apogeo de sudictadura del proletariado.Y así actúan los dictadores, rodeados de infrahombres, tanto si son de izquierda como de derecha.
En el certificado de defunción de Mandelstam se indica que su muerte fue anotada en el Libro de Registros en mayo de 1940. Era lo único real de que disponía Nadiezhda. Nadie supo nada de lo ocurrido dentro de las alambradas, ni fuera de ellas. Nadie lo vio muerto. En la terrible promiscuidad de los campos, donde los muertos con una chapa atada al pie yacían junto a los vivos, nadie pudo aclarar nunca nada. “Solo sé una cosa: Mandelstam dejó de sufrir; su vida de mártir acabó en alguna parte”, se consoló Nadia.

Nadezdha Mandelstam - Autora de Contra toda esperanza

Nadeizdha Mandelstam – Autora de Contra toda esperanza

En el prólogo de esteépico testimonio, escrito por Joseph Brodsky, se puede leer que de sus 81 años de vida, Nadiezhda Mandelstam pasó 19 como la esposa del poeta ruso más grande de su siglo, Ósip Mandelstam, y 42 como su viuda. El resto fue niñez y juventud. Vivieron profundas privaciones, la Gran Guerra y el temor diario a ser arrestada por los agentes de la Seguridad del Estado por ser la esposa de “un enemigo del pueblo”. Por eso las grandes ciudades estaban prohibidas para ella. Durante décadas huyó deambulando por rincones perdidos y ciudades de provincias del gran imperio y asentándose en un lugar solo para seguir huyendo ante la primera señal de peligro. Era una fugitiva, “la amiga del mendigo”, como la llama el poeta en uno de sus poemas. Era una mujer pequeña, de constitución delgada, y con el paso de los años se fue arrugando más y más, como si se tratase de llegar a ser algo sin peso y fácil de introducir en un bolsillo antes de huir. Contra toda esperanzaElla sabía muy bien que el tren lanzado hacia el futuro se detenía en el campo de concentración o en la cámara de gas. Tuvo suerte de salvarse de eso, y nosotros tenemos la suerte de que ella nos contase su itinerario.Su obra es un Juicio Final contra su época y su literatura, con todo el derecho, puesto que fue esa época la que asumió la construcción del paraíso en la tierra. Un destacado disidente declaró sacudiendo su barba: “Cubrió de mierda a todos los de nuestra generación”. Escribió sus dos libros a la edad de 65 años, además con belleza literaria y profundo conocimiento del arte.Su deseo se cumplió y murió en su cama.

Medellín, Julio de 2015

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El autor, Álvaro Jiménez Guzmán, es autor del libro Grito en los pretiles, (Crónicas y reportajes). Varios de sus cuentos han obtenido el reconocimiento en diversos concursos. Este año publicó Una danza contra el viento y otros relatos, Editado por Fundación Arte & Ciencia. Es miembro cofundador del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo. Tiene dos novelas inéditas.

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Nuevo libro

Canción para una despedida

Antonio Botero Palacio - Canción para una despedidaLa vida de Antonio Botero Palacio está atravesada por la poesía en su estado más puro y espontáneo. El árbol que plantó en la rivera del río Magdalena y que se pobló de iguanas, el proyecto cultural Casetabla, el Himno de Magangué, su novela autobiográfica Al final de la inocencia, el libro Los lagares del alma, su interminable pesquisa tras la combativa ruta de Uribe Uribe y en la Guerra de Los Mil Días, La Batalla de Magangué, la historia de La Unión (Antioquia) su tierra natal, y el más reciente: Historia de Magangué para jóvenes, en coautoría con dos maestros veteranos, dan fe de su vena poética esparcida a lo largo de su prosa.

Estudió en la Normal de Varones de Manizales porque su vocación magisterial así se lo impuso. Pero la confluencia de varios factores sólo le permitieron ir a las aulas infantiles en los pueblos alejados de Antioquia por unos cuantos años. Después su existencia fue una larga fuga para salvarse de la persecución política en que cayó el país a raíz del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Así fue a parar al puerto de Magangué, sobre el río Magdalena donde halló respiro y se quedó por el resto de su vida ejerciendo el magisterio de forma singular.

Canción para una despedida, Editado por Fundación Arte & Ciencia, Colección Poetas Anónimos, 2015. Ya está en circulación

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Estampa siniestra

Hoy, el río Grande de La Magdalena
Se ha transfigurado:
El sabor de sus aguas, que era dulce,
Que resumía el perfume de los naranjeros,
Que desparramaba danzas voluptuosas
Desde las lianas
Que se columpiaban en el trapecio
De las ceibas vetustas;

Hoy, el río Grande de La Magdalena
Se ha tapizado de coronas náufragas
Que van flotando,
Teñidas de un azul de infinitos,
Sobre la búsqueda
De un septentrión que se pierde
Más allá de los signos de la nada.

Hoy, mientras llueve,
Sobre la inmensa desolación
De la taruyería,
Una garza muy blanca
Con las alas abiertas
Ha pintado una cruz
Y el angustiante grito
Del pájaro macuá
Ha recogido, en una, todas las despedidas
Y todas las ausencias
Que traspasan los lindes
De ese espacio infinito
Que llega al más allá.

Hoy, el río Grande de La Magdalena
Tiene un sabor amargo
De lágrima proscrita,
Un sabor de sudario franciscano,
Un penetrante olor a muerte,
Como si en lo más profundo de sus aguas
Se hubiesen enterrado
Las miserias humanas.

Hoy, el río Grande de La Magdalena
Está cargando sobre sus hombros
La imagen de la muerte
Que va flotando suavemente
Sobre un rito angustiante
Que ha venido manchado de escarlata
Desde los campos de la guerra.
En este mismo instante está pasando
Lentamente,
Frente a mi angustia y mi dolor
Y mi impotencia.

Vedle:
Es la mútila estampa de lo que fuera un hombre;
Allá, lontano,
Sobre los cerros del Corcovado agreste
Quedó su testa desmelenada y sangrante,
Con el último grito, que fue una maldición,
Congelada en su boca.

Sobre su hinchado vientre
De riguroso luto
Un golero se harta de la carroña humana
Mientras el río Grande de La Magdalena
Va a perderse, allá lejos,
Sobre un septentrión hecho de lágrimas.

Esta cartica tuya

Esta cartica tuya
Con que comienzo el día
Está untada de ti,
Tiene tu rebeldía,
El discreto perfume
Que cerca los linderos
De tu carne morena;
Tiene sabor de pena
Y un poco la presencia
De un ayer tan lejano
Que se pierde en los lindes
Borrosos del arcano.

Esta cartica tuya,
Que desparrama el vuelo
De una inmensa bandada
De locas golondrinas,
La alindera el espacio
Que para mí cercaste
El día en que me amaste.

Esta cartica tuya
Más bien no dice nada
Pero lo dice todo
Mi siempre bienamada.

La he leído en mil veces
Para ver si te encuentro,
Pero tú estás ausente
Desde la fecha triste
En que tú la escribiste
Hasta el último instante
Que registró tu nombre.

No importa, amada mía:
Estrujaré el contexto de tu carta vacía
Y quedaré en el aire
Flotando tu perfume
En esta tarde triste,
Cuando ya no eres mía.

Me quedo con Manuel

Soy una loca suelta
Que comienzo a entender
Que me llama la vida
Para hacerme mujer
¡Qué pereza querida!
¡Qué pereza querer!,
Tan bueno que es ser niña,
Jugar a las muñecas,
Saltar la cuerda loca,
Y, si a uno le provoca
De pronto hasta querer,
Así, de mentiritas
A mi primo Manuel.

Me llamo Magdalena,
Pero me llaman “Nena”;
Me dicen mis amigas
Que voy estando buena,
Yo, inocente pregunto:
¿Para qué?
No lo preguntes niña,
Mírate en el espejo,
Así medio desnuda,
Y, no te quepa duda
Que sabrás para qué.

La buena de mi madre,
Pobre hasta no poder
Me dice que aproveche
Mis gracias de mujer:
“Búscate un viejo rico
Y pélale el colmillo,
Verás que poco a poco
Rondamos su bolsillo,
Y, si estamos de suerte
Y, él llegare a quererte,
Tendremos casa, carro
Y lujo y fantasía
Y, de pronto algún día
Puedas ser su mujer.

¡Por Dios mamita linda!
No digas esas cosas
Dolidas y asquerosas
Que yo también tengo alma
Y tengo corazón
Y, pobre y andrajosa
También tengo razón
Definitivamente
Mamacita querida
Me quedo con Manuel.

Magangué, marzo 22 de 2015

 Tus manos

Me encontré con tus manos
A la orilla del tiempo
Y eran profundamente mágicas
Tus manos de alabastro.

Se sabían de memoria
Los treinta y ocho pases del amor;
Habían aprendido
Todo el ritual de la caricia
Y conocían el recorrido
Que va desde ser bueno
Hasta los complicados puertos
Que marcan la pasión.

Suavidad de tus manos
Entretejidas
Con pétalos de rosa,
Con sedas del Oriente,
Pintadas al reflejo
De un rojo sol muriente;
Manos hechas de viento
Para romper la tarde
Y en ágil movimiento
Atrapar el momento
Preciso del amor.

Manos, tus manos blancas
Que cuando me aprisionan
Me quitan la razón
Y dejan prisionero
Mi propio corazón.

Canción para una despedida

Estás cerca de mí y estás ausente,
Hay un ser y un no ser en tu mirada,
Un saber que no estás y estás presente,
Un sentir que eres todo y eres nada.

Desde mi corazón y a la distancia
Te pierdes tras la imagen de un señuelo,
Mientras asido a mí dolida errancia
Se va muriendo en ti mi último anhelo.

Gracias por lo que fuiste en mi pasado,
Gracias por las sonrisas que me diste;
Todo lo que me diste ya está dado
Y, como es del pasado, ya no existe.

Casi estamos en paz: lo que me diste
Sin falsos regateos lo he pagado,
Ya el fuego del amor que en mí prendiste,
El viento del olvido lo ha apagado.

Te vas por un camino hecho de viento,
De nébulas, de locas fantasías;
Lo que puedas sentir, ya no lo siento,
Ya tus penas son tuyas, no son mías.

Y adiós por siempre examada mía,
Aún te queda una vida y un destino,
Nuestro amor fue un amor de fantasía
Que se quebró a principios del camino.

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Antonio Botero Palacio, Canción para una despedida, Edit. Fundación Arte & Ciencia, 2015. Colección Poetas Anónimos.

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