Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Patrimonio Cultural’ Category

El David Arango, un buque incendiado

GUSTAVO TATIS GUERRA
14 de Enero de 2018 12:30 am

Se cumplen 58 años del incendio del famoso buque en las aguas del río Magdalena y Antonio Botero conserva una réplica del David Arango / Foto Luis E. Herrán – El Universal.

El señor Antonio Botero Palacio, frente a la albarrada de Magangué, despachaba en aquel 19 de enero de 1961, en su almacén Comisariato, la mercancía para el barco David Arango, cuando la gente empezó a gritar que el barco se estaba incendiando.
Eran como las seis de la tarde. Una mujer que había planchado su ropa al mediodía, se le había olvidado la plancha ardiente en el camarote, y salió de compras, y el fuego devoró el más bello y lujoso de los barcos a vapor que había surcado las aguas del río Magdalena.
El barco de tres pisos era de una madera finísima del Oriente, y sus aspas iban salpicando música de viento de la orquesta de planta del barco, cuya llegada se anunciaba con un sordo silbato que parecía el lamento de una ballena, y luego, la música invadía el aire caliente bajo el sosiego de las ceibas. Fuimos a Magangué a buscar al señor Antonio Botero Palacio y lo encontramos muy cerca del lugar donde despachaba hace 58 años cuando ocurrió el desastre, y lo volvimos a ver, a sus 91 años, aún despachando en su almacén, y escribiéndole poemas al río, cuyas aguas arrastran la memoria de sus días y noches vividos en Magangué, desde que salió a pie y descalzo desde el corregimiento de Mesopotamia, en La Unión, Antioquia, y se quedó para siempre entre los nativos, inventando razones para no volver, mientras el río se convertía en su puntual confidente de los amaneceres. Así es.

En 1929 surcaron las aguas del río Magdalena, 121 barcos a vapor, y el más famoso y lujoso era el David Arango, que se incendió frente al puerto de Magangué el 19 de enero de 1961.

“El capitán del barco soltó las amarras de su bote cuando supo que ya no había nada que hacer ante aquel incendio, y vio aquel enorme esqueleto del barco, a la deriva, sumergiéndose en llamas, como un animal sobrecogido ante su propia destrucción”, dice con eufórica poesía, Antonio Botero Palacio, que conserva la memoria intacta, y guarda en su almacén una colección de réplicas del barco que era parte del paisaje de Magangué y en el que soñó viajar alguna vez, “pero es que el David Arango era un barco a vapor demasiado fino y elegante, muy sofisticado. Y su arribo al puerto era una verdadera fiesta. Se iluminaba todo con su llegada, como si fuera una orquesta flotante que irrumpía, apenas se divisaba la albarrada.
Yo llegué en un barco pequeño, llamado El Libertador. Ver quemar y hundir el David Arango es una de las tragedias de nuestra vida. Al día siguiente del desastre, al amanecer, descubrí que el barco, como un enorme esqueleto había ido a parar por los lados de Yatí, frente a la hacienda de Leocadio Puerta. Dicen los que se quedaron viendo el final del barco, que escucharon su último lamento al sumergirse en el río Magdalena, como si el espíritu de la orquesta retumbara en el maderamen quemado entre las taruyas”. El barco llegaba al Banco, Plato, Tenerife, Honda, Girardot y La Dorada. Los barcos a vapor surcaron las aguas del río Magdalena, cuando viajar por río o tren, eran dos maneras comunes y corrientes de viajar por el país. En 1929 navegaban por el Magdalena, 121 barcos a vapor, según Priscilla Burcher. El barco David Arango fue la memoria del Caribe y sus aguas. Por allí iba todo el mundo. Lo que llegaba y lo que salía. Por ese barco viajó la ilusión, el amor y el desengaño, la codicia de los viajeros y el espejismo de los aventureros.
Ahora, frente a la Albarrada de Magangué, Antonio Botero Palacio despierta temprano, con el primer sorbo de café, y emprende la aventura poética del día. Es uno de los seres singulares, laboriosos, imaginativos, sensibles y emprendedores que existe en este país. La vida le ha alcanzado para todo lo que ha soñado: es el autor del himno de Magangué y de una monografía histórica; autor de la novela autobiográfica Al final de la inocencia; del libro Los lagares del alma, una monografía de Magangué; y un ensayo histórico sobre la ruta de Uribe Uribe; y en la Guerra de Los Mil Días, La Batalla de Magangué; la historia de La Unión (Antioquia); del poemario Canción para una despedida, que reúne hermosísimos textos sobre el río Magdalena y su vivencia en Magangué. Vino descalzo de su pueblo y así a lomo de mula llegó a los corregimientos más recónditos de Bolívar, como maestro de escuelas rurales, luego de graduarse en la Normal de Varones de Manizales.
Su vida ha sido el magisterio encantador de la poesía, el habla iluminada y el servicio desinteresado a los demás. A él se le deben múltiples proyectos e iniciativas culturales en la región como la biblioteca pública, la academia de historia local, el Centro Cultural Casatabla, y obras de infraestructura en barrios, centros hospitalarios, ancianatos, entre otros. Su poesía ha ido al encuentro del río de la memoria, con el ser humano, y ha conjugado con amorosa devoción, la solidaridad entre sus semejantes, celebrando cada día, el milagro inagotable de la belleza del mundo.
Ahora acaricia la pequeña réplica del barco incendiado. Dice que a lo largo del tiempo ha visto los colores maravillosos, pero también siniestros, del río. Atrás quedó un perfume olvidado: “el perfume de los naranjeros que desparramaban danzas voluptuosas desde las lianas, que se columpiaban en el trapecio de las ceibas vetustas. Hoy el río Grande de La Magdalena, se ha tapizado de coronas náufragas que van flotando… hoy esas aguas tienen un sabor amargo de lágrima proscrita. Un sabor de sudario franciscano”. Siente que el corazón del río está achacoso como él y se está muriendo de pena cómo él. Me señala un punto del paisaje donde el barco se incendió. Muy cerca de él. Y ahora el río fluye aparentemente manso bajo la luz del verano. Y no suena ninguna orquesta. Está en la nostalgia y en la memoria del barco David Arango.

______

Reproducido por El Pequeño Periódico – Medellín.

Tomado de El Universal, Cartagena
http://m.eluniversal.com.co/suplementos/facetas/el-david-arango-un-buque-incendiado-269906

Anuncios

Read Full Post »

Ser “descalzo” es una forma de vida

Ángel Galeano Higua

Algunos de los descalzos asistentes a la reunión de presentación del libro “El río fue testigo” (Bogotá, nov. 2017)

El río fue testigo es una especie de devolución de lo que tomé prestado a ese puñado de utopistas modernos conocidos como “los descalzos”. Durante 40 años les he seguido la pista a varios de ellos admirado por su entrega, por esa suerte de devoción casi religiosa con que construyeron a pedacitos un mundo nuevo en la década de los 80. Porque ellos alcanzaron a construir un mundo nuevo, aunque por poco tiempo, en algunos lugares de Colombia.

Francisco Mosquera, el estratega de los descalzos (Archivo El Pequeño Periódico, 1984)

Tuve la fortuna de enrolarme como cronista de esa odisea. De la mano del soñador mayor, Francisco Mosquera, una antorcha siempre encendida, y con mi corazón prendado de una mujer que lo dejó todo por entregarse al servicio de los más pobres de nuestro país, valiéndose no sólo de sus conocimientos y destrezas en el campo de la salud, sino echando mano de una infinita capacidad de trabajo y sacrificio: Carmen Beatriz, una auténtica descalza.
Un cronista con ínfulas de aprendiz de escritor, es decir, un hombre con su propio sueño, lo que equivale a algo inútil para la sociedad en términos económicos y prácticos. No obstante, esa aparente inutilidad puede proyectarse como una conciencia dispuesta a hablar. Está presente, vive, respira, fluye como un río y como un río es testigo, no sólo de lo que se extiende más allá de sus orillas, sino del torrentoso cauce que corre sin cesar.

Aquí funcionó el Centro Médico de Especialistas, desde donde los descalzos organizaron cientos de brigadas de salud al Sur de Bolívar (Foto archivo El Pequeño Periódico)

En ese tránsito y con la mirada cargada de curiosidad y asombro, comprendí que no podía guiarme por un solo pálpito, ni una sola voluntad, sino que existían muchos puntos de vista y que mi deber como periodista y escritor era aprender de todos ellos para poder contarlo después. Ser cronista de “los descalzos”, de sus acciones y reveses, de sus nostalgias y temores, y también de quienes en las comunidades recibían esa ofrenda como un milagro humano. Tomar atenta nota de quienes los combatían desde todos los niveles del poder, con el camuflaje de “insurrectos errantes” que combinaban “todas las formas de lucha”, o la tosca posición de la autoridad local o nacional, o parapetados en la sombra delincuencial de los narcos y otras pandillas.

Diseño de Cubierta: Saúl Álvarez Lara (Sílaba Editores y Fundación Arte & Ciencia)

A nombre de todos los credos conspiraron contra el sueño de los descalzos y en esa medida propiciaron un abigarrado cuadro de personajes y situaciones, de los cuales un aprendiz de escritor no puede darse el lujo de despreciar a ninguno. Al contrario, con el júbilo de quien encuentra un tesoro, los he querido recoger en mi morral de viajero, a donde van a parar todas las historias que me asaltan en los caminos.

***
Los primeros descalzos que conocí regaban su pregón en los barrios surorientales de Bogotá. Los vi desarrollar tareas de organización en los barrios de invasión y en una monumental refriega con la policía del Distrito cuando, luego de varios meses de meticulosa preparación, cuajó un multitudinario paro cívico exigiendo transporte público hasta Juan Rey, en la carretera a los llanos, que nos desbordó a todos. Tomé mis primeros apuntes y coleccioné recortes de prensa que aún conservo, con la idea de escribir un libro de cuentos. Recuerdo a líderes excepciones de esa zona como la liberal gaitanista, Cecilia Camacho de Orellanos. Eran los años del gobierno liberal de Alfonso López Michelsen. Entonces cursaba estudios de Ingeniería Eléctrica en la Universidad Nacional.

Los niños fueron siempre centro principal de atención de los descalzos. La foto corresponde a uno de los tantos eventos organizados alrededor de la Cooperativa campesina en Montecristo. (Foto archivo El Pequeño Periódico).

Con la primera oleada juvenil que abandonó la ciudad, tuve la oportunidad de conocer el trabajo pionero en la zona cafetera, en una apartada vereda de Neira a orillas del río Cauca, a donde se había descalzado Arnulfo Cifuentes, uno de los activistas de los cerros surorientales de la capital, en compañía de Olga Lucía Giraldo. Allí los vi intentando, por primera vez, cambiar sus manos de intelectuales por los de labriego. Esfuerzos infructuosos a la postre. Cabalgué con ellos por esas empinadas cumbres llevando mi proyector manual de filminas, para proyectar en un telón improvisado de una finca las imágenes de un encuentro campesino realizado en la vereda La María. Los campesinos lanzaban exclamaciones, entre incrédulos y asustados al verse plasmados en esa sábana prestada por la esposa del mayordomo.
Después viajé a la región tabacalera del Carmen de Bolívar y Ovejas, donde me establecí durante más de un año. A pesar de las condiciones muy difíciles escribí mi primer libro relacionado con esta gesta, una especie de novela de más de 200 páginas, que recogía la vida del carmero Rufino Tamayo y su familia campesina dedicada al cultivo del tabaco, y a una mujer hermosa a la que llamaban La Turca, ataviada casi siempre con un turbante de colores vivos y que vivía en una casita de palma en las afueras de Ovejas, quien no sólo me invitaba a almorzar cuando la visitaba en compañía de Tito, otro descalzo oriundo de San Juan Nepomuceno, sino que nos contaba historias de su oficio de leer el tabaco. Entre los personajes resaltaba un maestro del colegio cuyo nombre, por desgracia he olvidado, quien me abrió varias puertas de amistad con pobladores de aquel pueblo donde había nacido el gran músico Lucho Bermúdez. Cuando terminé de escribirla la envié a Bogotá para evitar que la policía me la incautara, ya que en cualquier momento podía ser interceptado como sospechoso: no era de la región, no tenía empleo, y para completar me reunía con campesinos y líderes de la población. Varios años después, en una visita a Bogotá me dirigí a la casa frente a La Rebeca de la calle 26, buscando al secretario regional a quien había confiado mi manuscrito, pero para mi sorpresa me dijo, con todo el desparpajo, que no recordaba dónde la había dejado. Retomé mis estudios de ingeniería, pero mi pensamiento estaba ya en otro viaje.

Bus escalera en la zona cafetera (Foto archivo El Pequeño Periódico)

En mi definitivo paso por Medellín y Antioquia, pude acompañar a varias delegaciones en campaña y comisiones del periódico, a diferentes poblaciones alejadas. Tomé apuntes de cuanto podía, entrevistas y anécdotas. En Medellín, por ejemplo, fui testigo de la marejada humana que llegó huyendo de la violencia, a lo que hoy se conoce como la Comuna 13. Esas montañas se poblaron de la noche a la mañana con miles de familias que buscaban donde detenerse en la desesperada carrera que habían iniciado en Urabá y otras poblaciones del noroccidente antioqueño por salvar su vida. Vi cómo esos compañeros se esmeraban día y noche por ayudarlos en la organización comunal, trazaban calles, establecían pilas de agua comunitaria, aunaban las fuerzas de los desplazados en medio de las contradicciones propias de aquel desorden.
De la mano de los dirigentes sindicales conocí los grandes centros de producción textilera en Itagüí, Bello y Medellín, los socavones de las minas de carbón de Amagá y Titiribí y estuve en el entierro de más de cien mineros que murieron achicharrados por la explosión del grisú, en una tragedia anunciada de la cual los responsables fueron la empresa y el gobierno. Asistí a muchos sindicatos en la elaboración de sus periódicos y aprendí de su coraje y su persistencia, pero también conocí de sus carencias culturales y las limitaciones impuestas por el establecimiento para dificultarles el acceso al mundo del libro, de la literatura, del arte y de la ciencia.
Y en todos estos trances, cada año, el “Día más luminoso de la tierra”, el Primero de Mayo, que sigo celebrando aunque sea en la intimidad de los recuerdos.

La huelga – Pintura de Clemencia Lucena

A finales de los años 70, estando radicado en Medellín como maestro del INEM, conocí a la descalza con quien he vivido desde entonces. Y con ella nos fuimos para el Sur de Bolívar, llevando con nosotros a nuestra pequeña hija Bárbara de dos años. Abandoné mis estudios que había retomado en la sede de la U. Nal en Medellín. Doble revolución para mí, desde entonces no he vuelto a ser el mismo. Fue una ruptura que tanto ella como yo quisimos que fuera total, hasta que a los 10 años de estar allí, se hizo imposible continuar por el grave peligro cernido en el Sur de Bolívar y en todo el país, por parte de los grupos armados, y tuvimos que regresar a Medellín para empezar de nuevo, desde cero.
El río fue testigo corresponde a este tramo y el puerto de Magangué como base principal desde donde irradiaron su acción más de 35 descalzos provenientes de diferentes regiones del país.

En este libro aparecen los hechos históricos tal como sucedieron y se constituye en mi alegato fundamentado y mi denuncia del asesinato de nuestros compañeros por parte de los grupos armados. Lo terminé de escribir por primera vez en el año 2000, fue publicado en el 2003, sin editar y ahora, con el concienzudo trabajo de relectura, corrección y edición que me llevó más de tres años, y el acompañamiento de mi mujer y mi hija, de algunos amigos y la mirada incisiva y crítica de Conrado Zuluaga, recorro el país entregándolo no solo a aquellos valientes e inolvidables descalzos donde quiera que estén, sino, y sobre todo, a las nuevas generaciones para que conozcan esta trascendental estrategia revolucionaria concebida y dirigida por Francisco Mosquera, única en el país y quizás en Latinoamérica.

Panorámica del puerto de Magangué en 1982, cuna de El Pequeño Periódico

Al contrario de lo que algunos puedan pensar, ésta no se ha agotado, sino que se proyecta como una necesidad para que Colombia ingrese, al fin, en el camino de la autonomía, la dignidad, la modernización y el auténtico desarrollo armónico fruto de la diversidad y las contradicciones. Ser descalzo es una forma de vida, una concepción y una ruta, sin importar dónde nos hallemos ni con quién. Los descalzos siempre dirigen su mirada hacia un horizonte en el que todos los colombianos disfrutaremos algún día con dignidad y en armonía, sin discriminaciones de ningún tipo, del gran misterio de la vida. ¿Cómo no escribir sobre esta generación y sus atrevimientos vigentes?

La peor desgracia que le puede pasar a una nación es que suceda una dislocación entre generaciones, una ruptura en esa cadena de la memoria. Por ello no debemos ahorrar ningún esfuerzo para contarles a los niños y a los jóvenes esta historia que sucedió, que es real, y que El río fue testigo recrea con la fuerza y la pasión propias de quienes la inspiraron. He venido a devolver lo que tomé de ustedes, los descalzos, con la vergüenza de no haber alcanzado la altura sublime que esta saga merece, pero con la alegría de haberlo intentado.

______

Palabras de Ángel Galeano Higua durante la presentación del libro El río fue testigo, ante un grupo de descalzos y amigos reunidos en Bogotá el 16 de noviembre de 2017.

Read Full Post »

Aprovechamos que por estos días se celebra en Mompox el VI Festival de Jazz, para compartir con nuestros lectores este artículo de Álvaro Jiménez Guzmán, sobre el libro escrito por Bárbara Galeano Zuluaga, referente a ese bello e histórico puerto sobre el río Magdalena, Patrimonio de la Humanidad.

(Archivo Fundación Arte & Ciencia)

Mompox sí existe

Álvaro Jiménez Guzmán (*)

A casi doscientos cincuenta kilómetros de Cartagena, sobre la margen izquierda del brazo de Mompox del Río Grande de la Magdalena, se levanta una reliquia colonial, Santa Cruz de Mompox, ennoblecida con el título de “Ciudad Valerosa, Ilustre y Señorial”, con una gran riqueza arquitectónica, muchos de cuyos hijos han honrado la historia de Colombia, que habla de la calidad humana de sus habitantes, que han hecho de esta villa un centro cultural y artístico incomparable, entre ellos Candelario Obeso, el creador de la llamada poesía negra por su libro “Cantos populares de mi tierra”, donde recoge, con especial sentimiento de protesta y de nostalgia, el lenguaje peculiar de los bogas del Magdalena y de las gentes de raza negra de la región.
Sobre la base de este hecho, que configura lo que se conoce como patrimonio cultural, herencia propia del pasado de una comunidad con la que esta vive en la actualidad y que transmite a las generaciones presentes y futuras, fue que la antropóloga Bárbara Galeano Zuluaga realizó su tesis de grado que luego de diez años convirtió en el libro MOMPOX, una victoria sobre el tiempo, publicado por la Fundación Arte & Ciencia. Aída Gálvez Abadía, Profesora Titulada Jubilada del Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Antioquia, quien escribió el prólogo de la obra, consigna que Bárbara Galeano logra cohesionar, de manera acertada, los registros de viaje y trabajo de campo antropológico, por “la memoria de su primera infancia”, que le facilitó incubar el conocimiento primigenio de aquel patrimonio vivo del mundo de la cultura. Esta feliz circunstancia le abre el camino justo: “Viajar al pasado es vital para la configuración del presente y del futuro, porque sin memoria no hay creación”.
Aquí se contempla la “necesidad de identificar la otredad, la diferencia”. Está en consonancia con lo que plantea Eduardo Gonzáles Muñiz en el sentido de que la investigación científica, como una ineludible actividad social, está en constante transformación y determinada por múltiples factores. Tal concepción del análisis histórico de las ciencias abre un interesante ámbito de reflexión “en torno a la conformación del dominio de la investigación antropológica, y, en especial, al papel desempeñado por diversos valores en la constitución de la otredad cultural como su objeto de conocimiento”.
La tesis antropológica se estructura desde el “Prólogo”, “Presentación”,” Introducción”, y, al entrar en la almendra de su contenido, con “Un viaje hacia otras culturas”, se arma la historia de las instituciones “Hostal Doña Manuela”, “La casa del Artesano” y la “Ciudad como Escuela Taller”, para desembocar en “Derechos y Deberes de los momposinos”, en relación con el “Centro Histórico”, “Un caso de protesta Ante el incumplimiento de las normas”, “Reflexión final”, hasta “El calor del recuerdo”, como “Epilogo”, que asociados a las fotografías de sus antiguas casas coloniales, calles, plazas, hostal, vendedores, escuelas, ferry, centenario árbol de caucho, actividades artesanales, fiestas y otras reliquias de su pasado histórico, hacen de esta obra un hermoso libro, editado por la “Fundación Arte y Ciencia”, y que se constituye en otra reliquia cultural por recoger con fidelidad el transcurso centenario de un pueblo.
En el acápite del viaje hacia otras culturas, la Tesis trae a colación una sentencia desafortunada de Gabriel García Márquez, en su novela “El general en su laberinto”: “Mompox no existe, a veces soñamos con ella, pero no existe”. Ante lo que responde Martínez Manjarrez, de su patria: “Qué pena contradecirle a Gabo pero Mompox sí existe y en muchas ocasiones soñamos con ella, pero sigue existiendo y existirá por siempre en nuestras mentes y corazones”. Y en toda la obra destaca Bárbara Galeano el sentido de pertenencia de la comunidad con sus instituciones, el despliegue de la actividad cultural en aquel ámbito de Santa Cruz de Mompox, “casa grande de la depresión momposina, Ciudad hermosa de América Latina”, parafraseando al poeta momposino Alfredo Zambrano. Asociaciones, cooperativas, la ciudad como escuela, fueron el reto del pueblo luego de la “Declaratoria de Mompox como Patrimonio de la Humanidad”, en 1995, para ser consecuentes con la preservación de la memoria patrimonial. Diversas dificultades se han atravesado en este camino, pero la riqueza en la experiencia adquirida los ha hecho crecer como comunidad, con su tradición de vocación artística y grandeza en la actitud espiritual que les ha correspondido asumir.
En relación con los “derechos y deberes de los momposinos”, para proteger y preservar el “Centro Histórico”, el Programa Nacional “Vigías del Patrimonio”, se alza como una estrategia de grandes horizontes porque convoca a la participación para reconocer, valorar, proteger y divulgar el patrimonio cultural con brigadas voluntarias que, en el caso de Mompox, tendrá benéficos efectos por la apropiación colectiva que ha tenido la comunidad de este valor cultural declarado por la UNESCO en Berlín. Dentro de las reflexiones que suscitan esta declaratoria, de acuerdo con el libro de Bárbara Galeano, es que “La sociedad contemporánea tiene los ojos puestos en el turismo, convertido hoy en una necesidad que la reafirma como ‘sociedad moderna’.

Calle de La Albarrada (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

Latinoamérica se ha caracterizado por un turismo, cuyo atractivo son las playas y el sol, y se ha dejado a un lado la posibilidad de reactivar elementos que parecen reservados a otros lugares del mundo. Para lograr ese salto a lo “cultural”, es necesario superar los modelos convencionales, muchas veces impuestos y no escogidos, recuperar el orgullo y la fuerza de la propia historia y de las tradiciones, para proponerlas en el mercado internacional, dar paso a sistemas integrados en los que sus elementos sean propuestos en conjunto y no de manera aislada”.
En el bello “Epilogo”, que se da “Al calor del recuerdo”, narra Bárbara: “Si los viejos se levantaran de las tumbas al menos encontrarían las casas, comenta Germancito, mientras yo escribo en mi cuaderno. Él es uno de los tantos personajes que se encontraron conmigo en este viaje hacia la memoria, hacia el olvido. Cuando uno deja la ciudad en la que vive y retorna la de la infancia cualquier cosa puede suceder…” Y de pronto se abrió ante los ojos de Bárbara “un pueblo cuyas edificaciones se detuvieron en la memoria de la historia pues como comentan los momposinos con orgullo, Mompox fue el primer pueblo que se declaró libre ante el yugo de los conquistadores”.
Y en efecto, así como Cartagena es llamada la “Ciudad Heroica” por su épica resistencia al asedio del ejército reconquistador en 1815, Mompox fue denominada la “Ciudad Valerosa” por tan esforzada acción, tres años antes, contra los ejércitos españoles, a los que derrotó y puso en fuga. Fue la primera ciudad en Colombia que declaró su independencia absoluta del dominio español. Desde mucho antes, Mompox sí existe.

NOTA: Información sobre el VI Festival de Jazz en Mompox:
 http://mompoxcolombia.blogspot.com.co/p/blog-page_9.html
_____
(*)  Álvaro Jiménez Guzmán es autor de varios libros de relatos (Grito en los pretiles, Una danza contra el viento) columnista y hace parte del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo.

Read Full Post »

Desde el martes 13 de junio de 2017, se halla en la Sala Antioquia de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, el Archivo General de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, que comprende el periodo entre 1982 hasta 2014. El encargado de recibirlo fue Carlos Uribe, de la sección de valoración patrimonial. Con tal motivo recordamos la siguiente nota editorial.

Portada No 1Vuelta al puerto de la memoria

“Aquella cabeza que creaba, que vivía de la vida superior del arte, que reconocía y se había habituado a las exigencias sublimes del espíritu, esa cabeza fue arrancada de mis hombros. Quedaron la memoria y las imágenes que yo he creado pero que aún no he materializado… Sin embargo se ha conservado el corazón y la misma carne y la misma sangre que puede amar y sufrir y desear y recordar como antes”.

Dostoieski acababa de vivir su muerte y al mismo tiempo su renacimiento. Condenado a la pena capital por haber leído en público una carta crítica sobre las injusticias del zarismo, tras la farsa de la ejecución, llegó el indulto del zar. Doble tortura. Entonces vertió en una carta a su hermano Mijail la experiencia de la muerte. Hoy, 160 años después, al volver a leerla nos asombra que el novelista ruso hable de la memoria en el corazón, en la carne y en la misma sangre. Esta forma de conocimiento fue justamente lo que le permitió superar aquella experiencia límite y convertirse en uno de los escritores más profundos.

¿Para qué le sirve la memoria histórica al país?, le preguntaron hace poco a Gonzalo Sánchez, Director del Grupo de Memoria Histórica. Su respuesta permite arar en la espera de la que hablamos: “Colombia es un país de millones de víctimas. La memoria es una forma de reconocerlas… es, si se quiere, también una forma de justicia, si bien no sustituye a los procesos judiciales. Pero, por sobre todo, la memoria es una plataforma desde la cual se formulan reclamos de diverso orden. La memoria es hoy en Colombia una forma de inclusión y de participación”. (El Espectador, Nov. 2011)

Sí, inclusiva y activa, un tesoro que debemos cuidar como a la vida misma. Como al planeta que también tiene memoria. Nadie es dueño de los recuerdos de otro. Sólo los déspotas y dictadores sueñan con ello, como dice Kundera: “Para liquidar a las naciones lo primero que se hace es quitarles la memoria. Se destruyen sus libros, su cultura, su historia. Y luego viene alguien y les inventa una historia. Entonces la nación comienza lentamente a olvidar lo que es y lo que ha sido. Y el mundo circundante olvida mucho antes…”.

Pero los colombianos no estamos dispuestos a desperdiciar los sueños de un merecido futuro construido sobre las tumbas de nuestros muertos, que siguen vivos por siempre, porque al recordar su ejemplo fluye su memoria en nuestra sangre, que puede amar y sufrir y desear y recordar, como en la experiencia del condenado a muerte. Sólo que en nuestro caso nos corresponde indultarnos a nosotros mismos.

____

El Pequeño Periódico, Editorial 95. Medellín, 2011

Read Full Post »

Estuvimos en Urrao y además de la hospitalidad de sus habitantes y su bello paisaje, nos llamó la atención la vida cultural, en especial la obra del artista Humberto Elías Vélez Escobar: Homenaje al Cacique Toné (mural en la Alcaldía), y el Balcón del Indio, entre otros. Queda flotando en el aire cuáles serán los proyectos tanto a nivel local, como departamental, para proteger y preservar esa riqueza que, sin duda, hace parte del patrimonio cultural del país. En especial, El balcón del indio, que se halla en terrenos privados.

Homenaje al Cacique Toné, Mural Alcaldía de Urrao, Humberto Elías Vélez E. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

Habla el autor del Balcón del Indio

Uno de los mayores reproches que se hacen los artistas contemporáneos es que su obra no es admitida nada más que por una minoría de iniciados. El pueblo no puede comprenderlos. Varias razones explican esta situación. O estamos imponiendo nuestras realizaciones por encima del pensamiento del pueblo, o el arte es para una minoría privilegiada compuesta exclusivamente por personas que disponen de ratos de ocio, que pueden ver, mirar y desarrollar su sensibilidad.

El balcón del Indio. Humberto Elías Vélez. Si no se toman las medidas pertinentes pronto, esta escultura puede correr peligro. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

El mayor problema que se nos presenta es el de la integración. Preciso es advertir por anticipado que no se trata de integrar todas las artes en el molde ordenador de la arquitectura o del urbanismo, sino dentro de la vida misma y de verdadero servicio o deleite para la comunidad. Si nuestro pueblo vive en medio de objetos que juzga bellos, preciosos y magníficos como automóviles, aviones, máquinas, ¿por qué no va a ser capaz de entender el arte del momento? (…)

Reptiles y estrellas. Fragmento El balcón del indio.

En el momento actual, el juicio popular sólo se manifiesta con libertad ante el objeto cotidiano. Existe un drama profundo que separa al artista moderno del pueblo que, por su parte es instintivo y creador.

Tiene nuestro pueblo una capacidad de admiración, de entusiasmo, que puede canalizarse y desarrollarse en el mismo sentido en que progresa el arte contemporáneo.

El problema es francamente difícil, como todos sabemos, y sus soluciones correctas estarán reservadas a la moral y buena fe de los que pertenecemos a esta masa comprometida, respaldada por la labor honrada y continua de todos los grupos, asociaciones, entidades y estado.

Humberto Elías Vélez (Urrao, 1943)

Tomado de: ACAP, Asociación del Artista Colombiano en las Artes Plásticas Carlos Castro Saavedra, Medellín

Fragmento circular, El balcón del indio

Read Full Post »

Ahora que en un acto de justicia histórica se han reconocido sus aportes culturales en el marco de la Feria del Libro de Támesis (Antioquia), alguien nos ha preguntado desde España, ¿Quién es Luis Hernán Rincón?

Echamos mano de nuestros archivos para responder.

Reporte de Viaje
EL PEQUEÑO PERIÓDICO
Edición 96

Támesis tiene su faro

Por Ángel Galeano Higua

Son excepcionales las personas a quienes no les basta su obra para encarnar el espíritu de un pueblo, sino que precisan también dedicar su vida, sus energías en favor de los demás. Y no con titubeos, ni condiciones, sino con los trazos nítidos de su férrea personalidad. Luis Hernán Rincón Rincón, es uno de esos hombres aguerridos, estudiosos y nada egoístas, que ha logrado la proeza nunca antes vista en el Municipio de Támesis y quizás de todo Antioquia, de publicar con sus propias fuerzas un periódico semanal hasta llegar al No. 100.  (A 25 de sept. 2016 ha alcanzado el No.283)

Luis Hernán Rincón Rincón (Foto archivo de El Pequeño Periódico)

Luis Hernán Rincón Rincón (Foto archivo de El Pequeño Periódico)

Luis Hernán Rincón se ha convertido en un faro invaluable para los tamesinos y los pueblos vecinos, una autoridad moral y una voz firme y alegre en defensa de los pobladores y su territorio. Es decir, de sus derechos y sus riquezas.
Es tal la magnitud de su labor que se desborda más allá de la región suroeste del departamento y ya son muchas las personas que lo leen en internet y se mantienen informadas en la distancia. Cada semana, como un relojito, nos llega Támesis Asciende, fresco, vigoroso, rico en información local y hasta recetas de Mercedes Parra, su esposa y compañera de sueños. Los editoriales fogosos y altivos contra las injusticias y actos de corrupción de empleados públicos, son cartas de navegación. Es reconocida la forma elegante, profunda y sólida con que supo elevar su voz crítica hacia la administración anterior poniendo al desnudo sus desatinos y arbitrariedades.

Merceditas (de blusa roja), la inseparable compañera de Luis Hernán, es tan líder y propósitiva como su esposo.

Merceditas (de blusa roja), la inseparable compañera de Luis Hernán, es tan líder y propósitiva como su esposo. (Archivo El Pequeño Periódico)

A este esfuerzo que desarrollan los auténticos periodistas independientes, deben las comunidades el freno a mucha corrupción. Los riesgos que esta labor conlleva van desde los halagos interesados hasta las amenazas. Pero como un faro, enviando sus luces en medio de las oleadas adversas, Luis Hernán ha mantenido el periódico Támesis Asciende circulando con firmeza, creciéndose ante las dificultades.

Hombre universal

Luis Hernán Rincón Rincón nació en Támesis en 1941, se graduó como Ingeniero Agrónomo en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín y se especializó en comunicación científica en Estados Unidos donde obtuvo los títulos de Master of Science en Iowa State, y Doctor of Philosophy, en la Universidad de Purdue. Ha viajado en función de su trabajo por casi todos los países de América, varios de Europa, Asia y África. Vivió en Costa Rica y Perú, donde ejerció una importante labor científica en el agro como Jefe de la Unidad de Comunicación del Centro Internacional de la Papa (CIP). De su hogar formado con Mercedes tienen cuatro hijos, Diego, Juan Felipe, Juliana y Lizette.

Desayuno tertulia en la Casa Campesina de Támesis, con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo

Luis Hernán Rincón durante un desayuno-tertulia en la Casa Campesina de Támesis, con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo (Archivo de El Pequeño Periódico)

En 1979 publicó su libro La Comunicación en Colombia. Trece años después daría vida a su primer libro de poesía, Pasaje a la vida siguiente, dedicado a su esposa. Le seguiría Plenitud Plenitud, en Lima, dedicado a sus hijas. Ciclo vital, bellamente ilustrado por Paula Andrea Rueda Peña, vio la luz viviendo en Medellín, en 2007, y en él recuerda a sus colegas y alumnos de HEARTH que velan por la reserva forestal Las Mercedes de Guácimo, en Costa Rica. A la Tierra vuelvo y sigo, editado por la Fundación Arte & Ciencia, en 2008, parafrasea a Jorge Debravo: “soy hombre, es decir, animal con palabras, y exijo, por lo tanto, que me dejen usarlas”.
Luego de este dilatado periplo decidió con su esposa volver a Támesis para compartir con los paisanos sus conocimientos y experiencias.

Támesis Asciende

Periodista por vocación y formación, su primera iniciativa fue crear un medio que diera cuenta del acontecer local, que desarrollara una labor educativa, recreativa, orientadora y crítica, y que comunicara a los pobladores de Támesis con los del Suroeste y el resto del departamento y el país.

Plaza principal de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Plaza principal de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Tamesis Asciende nació en 2009 inspirado en el convencimiento de que sin comunicación no hay democracia. Tampoco desarrollo, progreso, ni avances. Alejado del lenguaje chabacano y populista, Luis Hernán Rincón ha sabido abordar los asuntos de la buena vecindad, hasta los históricos, políticos, económicos y poéticos. Ha exigido la devolución de la campana de una institución educativa que desapareció sin dejar rastros, por su significación histórica y cultural. Un robo que él no puede dejar pasar porque tiene un precedente de corrupción y saqueo a las riquezas culturales de Támesis. Si hoy dejamos impune el robo de una campana que muchas generaciones recuerdan, mañana se robarán el presupuesto municipal, el paisaje, las fuentes de agua, los derechos y las libertades.
A través del periódico se ha convertido en uno de los más importantes Vigías del Patrimonio Cultural de Támesis y ha apoyado iniciativas de las veredas y corregimientos, a donde se ha desplazado para entrevistar personalmente a sus pobladores. img_2943El periódico ha dado voz a muchos que antes nadie tenía en cuenta. Ha promovido encuentros de músicos, poetas, líderes comunales. La Tertulia Fundadores, de la cual es animador incansable, ha dado a conocer sus proyectos y realizaciones a través del semanario.
Sus lectores han visto cómo ha expuesto argumentados debates sobre el medio ambiente, en especial el agua, la principal riqueza natural de Támesis, frente a quienes piensan que este recurso puede entregarse a manos privadas para el beneficio de unos pocos. Ha hecho seguimiento al debate cada día más intenso respecto a los proyectos de las grandes empresas mineras por convertir a Támesis en un enorme boquete a cielo abierto para saquear las riquezas del subsuelo y sembrar desierto.

No a la minería

Los tamesinos y sus vecinos se encuentran en estado de alerta ante la amenaza de grandes empresas mineras que, amparadas por leyes gubernamentales, pretenden cambiar la vocación agrícola de Támesis por el espejismo de la explotación en gran escala del oro que yace bajo tierra.

Patio central de la Casa de la Cultura de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Patio central de la Casa de la Cultura de Támesis donde se realizan los eventos culturales más importantes, como los foros sobre la minería y las sesiones de La Tertulia Fundadores que dirige Luis Hernán Rincón (Archivo de El Pequeño Periódico)

Del No. 100 de Támesis Asciende, tomamos lo siguiente sobre el tema:
“Las acciones de los tamesinos contra la minería en Támesis son hechos de los ciudadanos contra los explotadores multinacionales sobornadores de las altas esferas del gobierno nacional. Las manifestaciones son expresiones de un pueblo libre que luchará hasta morir para seguir siendo libre, por la vida y contra un gobierno con demasiados visos de corrupción y de traición a sus conciudadanos”.
“Estas acciones cívicas contra la pretensión de la minería internacional son movimientos legales y tiene apoyo nacional e internacional. Ya en el Gobierno y la prensa llaman ilegales a los mineros en pequeño, y la voluntad de imponer la minería a la fuerza, con la locomotora, es tal que los legisladores y ejecutivos cambian las leyes para que les sirvan a esas empresas explotadoras. En otros países como El Salvador y Guatemala, pero también en Colombia, se dan casos de que el ejército y los jueces son enviados por nuestro gobierno a defender a los explotadores extranjeros y a combatir a los colombianos”.img_2937
“Vamos avanzando en nuestra defensa contra lo que nos quieren imponer a la fuerza. El CODEATE (Comité por la Defensa Ambiental del Territorio) envió un mensaje sobre la importante y firme posición del Honorable Concejo Municipal y el significado de ella, el 9 de febrero de 2012. Una ONG amiga recogió esa información y la transmitió al mundo”.

Larga vida

Un hombre como Luis Hernán Rincón, que todo lo entrega por convicción e infinito amor a su pueblo, genera entre quienes lo conocen un sentido de amistad profundo de tal manera que uno desea que viva muchos años, junto con su esposa, y que obras como el periódico Támesis Asciende continué su labor encomiable y digna de admiración por varias generaciones.

______

Tomado de El Pequeño Periódico No. 96, Abril de 2012.

Read Full Post »

Excelente acogida

Para nuestros libros y nuestros autores.

María Eugenia Velásquez y Marta C. Cadavid, del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, al inicio de la Feria.

María Eugenia Velásquez y Marta C. Cadavid, del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, al inicio de la jornada.

Cuando llegamos con nuestro cargamento a Carlosé, aquel corredor parecía un campo de refugiados pero sonrientes, animosos, hormiguitas moviéndose de un lado a otro, llevando, trayendo cajas, colgando emblemas, alistando estantes. Uno de los guías nos indicó el espacio donde debíamos montar nuestra mesa. Sabíamos que la literatura pesa, pero cada vez que tenemos que trastear con nuestro catálogo lo comprobamos como la primera vez. ¿Qué podrá pesar más: los cuentos, las novelas, la poesía, los ensayos y las crónicas? Nunca lo sabremos, cada uno tiene su peso específico, y juntos pues aumenta en forma geométrica.Lectores en el stand
Nos tocó en el túnel blanco, imponente y atractivo, junto al parque por el que los habitantes del Barrio Carlos E. Restrepo dieron una ardua y tesonera lucha, cuya victoria es ejemplo para las comunidades, no sólo de Medellín, sino de todo el país. Si no fuera por esa lección cívica organizada y combativa, esta Feria Popular del Libro hubiera tenido que recogerse en el bulevar de siempre. Nos esperaba una prueba interesante entre libreros de todos los estratos. Vender nuestros propios libros de la mano de nuestros autores. Qué bella jornada. Los escritores diciéndoles a los lectores compradores: mira, este libro, lo escribí yo y te lo vendo. Una bellísima simbiosis sin fronteras entre los hacedores y los lectores, sin intermediarios, con la ventaja de abaratar la oferta porque no teníamos intermediarios que encarecen los libros.

Cada autor tenía su turno. Claudia Restrepo Ruiz.

Cada autor tenía su turno. En la foto Claudia Restrepo Ruiz.

Cada autor tenía su turno. Unos más nerviosos que otros, pero allí estaban orgullosos de los títulos que cubrían nuestra mesa. A medida que transcurría la tarde el túnel iba entrando en calor. Calor de visitantes y calor del sol que se acumulaba. Todos sudábamos la feria, pero estábamos contentos de ver la respuesta del público que acudía en masa. Esto fue el viernes y la romería aumentó el sábado. Era un desfile constante y abigarrado, jóvenes de todas las edades con ese brillo de aventuras en los ojos tal cual son los lectores de verdad. Esculcando aquí y allí, buscando un título, husmeando solapas, hojeando, dudando hasta que se decidían: me llevo este. Al rato, este otro…

Stand de la Fundación 6

Nubia A. Mesa, Alvaro Jiménez G. y Ángel Galeano Higua, ofreciendo los libros de la Fundación Arte & Ciencia.

Al caer la tarde, tanto del viernes como del sábado, aquel túnel era “un sauna literario”. Para refrescar la garganta, reseca de tanto ofrecer los libros, teníamos que salir fuera del túnel para tomar un refresco. Y volvíamos con más bríos. El balance final fue positivo en todos los sentidos. No llovió, aunque el sol se hizo el odioso a ratos. La concurrencia superó lo que habíamos vivido en años anteriores. Las ventas de nuestros libros también superaron la de los años pasados y pudimos comprobar la sed, el hambre que los habitantes de Medellín tienen de leer, de que hayan más eventos culturales alrededor del libro, de la cultura, del conocimiento.
Hicimos una bonita tarea. Nuestros libros quedaron en manos de más lectores, aumentamos nuestra base de amigos a quienes les haremos información de nuestras actividades y nuevas publicaciones. El Grupo Literario El Aprendiz de Brujo se lució. Nos esperan mayores retos, escribir más y mejores libros para nuestro creciente círculo de lectores. Hermoso reto que aceptamos con entusiasmo.

Bárbara Galeano Zuluaga, autora del libro de Mompox, firma autógrafos.

Bárbara Galeano Zuluaga, autora del libro de Mompox, firma autógrafos.

Nuestras estadísticas

Los más vendidos

1. Mompox, Una victoria sobre el tiempo, de Bárbara Galeano Zuluaga.
2. Los Cuadernos de Saúl, de Saúl Álvarez Lara

Bitácora del cuerpo, de Claudia Restrepo Ruiz

Abro la noche, de David Marín Hincapié

3. El fin de la enfermedad, ensayo de la Dra. Silvia Casabianca Zuleta.
4. Colección Poetas Anónimos (Paquetes de promoción):

Los pasquines del infierno, de Álvaro Julián Moncada

La última página, Selección de El Pequeño Periódico 30 Años.

Canción para una despedida, de Antonio Botero Palacio.

A la Tierra vuelvo y sigo, de Luis Hernán Rincón.

5. Perfil de Mujer, selección de crónicas de El Pequeño Periódico 30 Años.
6. El traído – Cuentos de Navidad, del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo.
7. La palabra se baña en el río, Grupo Literario El Aprendiz de Brujo
8. Una danza contra el viento, cuentos de Álvaro Jiménez Guzmán
9. Las voces que trae la brisa, cuentos de Nubia. A. Mesa G.
10. Flores en la pared y otros cuentos, Grupo literario El Aprendiz de Brujo
11. Las siete muertes del lector, ensayos de Ángel Galeano Higua.

12. Aoketekete y otros relatos del río, Grupo Literario El Aprendiz de Brujo.

Avalancha de lectores.

Avalancha de lectores.

Read Full Post »

Older Posts »