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Archive for the ‘Patrimonio Cultural’ Category

Aprovechamos que por estos días se celebra en Mompox el VI Festival de Jazz, para compartir con nuestros lectores este artículo de Álvaro Jiménez Guzmán, sobre el libro escrito por Bárbara Galeano Zuluaga, referente a ese bello e histórico puerto sobre el río Magdalena, Patrimonio de la Humanidad.

(Archivo Fundación Arte & Ciencia)

Mompox sí existe

Álvaro Jiménez Guzmán (*)

A casi doscientos cincuenta kilómetros de Cartagena, sobre la margen izquierda del brazo de Mompox del Río Grande de la Magdalena, se levanta una reliquia colonial, Santa Cruz de Mompox, ennoblecida con el título de “Ciudad Valerosa, Ilustre y Señorial”, con una gran riqueza arquitectónica, muchos de cuyos hijos han honrado la historia de Colombia, que habla de la calidad humana de sus habitantes, que han hecho de esta villa un centro cultural y artístico incomparable, entre ellos Candelario Obeso, el creador de la llamada poesía negra por su libro “Cantos populares de mi tierra”, donde recoge, con especial sentimiento de protesta y de nostalgia, el lenguaje peculiar de los bogas del Magdalena y de las gentes de raza negra de la región.
Sobre la base de este hecho, que configura lo que se conoce como patrimonio cultural, herencia propia del pasado de una comunidad con la que esta vive en la actualidad y que transmite a las generaciones presentes y futuras, fue que la antropóloga Bárbara Galeano Zuluaga realizó su tesis de grado que luego de diez años convirtió en el libro MOMPOX, una victoria sobre el tiempo, publicado por la Fundación Arte & Ciencia. Aída Gálvez Abadía, Profesora Titulada Jubilada del Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Antioquia, quien escribió el prólogo de la obra, consigna que Bárbara Galeano logra cohesionar, de manera acertada, los registros de viaje y trabajo de campo antropológico, por “la memoria de su primera infancia”, que le facilitó incubar el conocimiento primigenio de aquel patrimonio vivo del mundo de la cultura. Esta feliz circunstancia le abre el camino justo: “Viajar al pasado es vital para la configuración del presente y del futuro, porque sin memoria no hay creación”.
Aquí se contempla la “necesidad de identificar la otredad, la diferencia”. Está en consonancia con lo que plantea Eduardo Gonzáles Muñiz en el sentido de que la investigación científica, como una ineludible actividad social, está en constante transformación y determinada por múltiples factores. Tal concepción del análisis histórico de las ciencias abre un interesante ámbito de reflexión “en torno a la conformación del dominio de la investigación antropológica, y, en especial, al papel desempeñado por diversos valores en la constitución de la otredad cultural como su objeto de conocimiento”.
La tesis antropológica se estructura desde el “Prólogo”, “Presentación”,” Introducción”, y, al entrar en la almendra de su contenido, con “Un viaje hacia otras culturas”, se arma la historia de las instituciones “Hostal Doña Manuela”, “La casa del Artesano” y la “Ciudad como Escuela Taller”, para desembocar en “Derechos y Deberes de los momposinos”, en relación con el “Centro Histórico”, “Un caso de protesta Ante el incumplimiento de las normas”, “Reflexión final”, hasta “El calor del recuerdo”, como “Epilogo”, que asociados a las fotografías de sus antiguas casas coloniales, calles, plazas, hostal, vendedores, escuelas, ferry, centenario árbol de caucho, actividades artesanales, fiestas y otras reliquias de su pasado histórico, hacen de esta obra un hermoso libro, editado por la “Fundación Arte y Ciencia”, y que se constituye en otra reliquia cultural por recoger con fidelidad el transcurso centenario de un pueblo.
En el acápite del viaje hacia otras culturas, la Tesis trae a colación una sentencia desafortunada de Gabriel García Márquez, en su novela “El general en su laberinto”: “Mompox no existe, a veces soñamos con ella, pero no existe”. Ante lo que responde Martínez Manjarrez, de su patria: “Qué pena contradecirle a Gabo pero Mompox sí existe y en muchas ocasiones soñamos con ella, pero sigue existiendo y existirá por siempre en nuestras mentes y corazones”. Y en toda la obra destaca Bárbara Galeano el sentido de pertenencia de la comunidad con sus instituciones, el despliegue de la actividad cultural en aquel ámbito de Santa Cruz de Mompox, “casa grande de la depresión momposina, Ciudad hermosa de América Latina”, parafraseando al poeta momposino Alfredo Zambrano. Asociaciones, cooperativas, la ciudad como escuela, fueron el reto del pueblo luego de la “Declaratoria de Mompox como Patrimonio de la Humanidad”, en 1995, para ser consecuentes con la preservación de la memoria patrimonial. Diversas dificultades se han atravesado en este camino, pero la riqueza en la experiencia adquirida los ha hecho crecer como comunidad, con su tradición de vocación artística y grandeza en la actitud espiritual que les ha correspondido asumir.
En relación con los “derechos y deberes de los momposinos”, para proteger y preservar el “Centro Histórico”, el Programa Nacional “Vigías del Patrimonio”, se alza como una estrategia de grandes horizontes porque convoca a la participación para reconocer, valorar, proteger y divulgar el patrimonio cultural con brigadas voluntarias que, en el caso de Mompox, tendrá benéficos efectos por la apropiación colectiva que ha tenido la comunidad de este valor cultural declarado por la UNESCO en Berlín. Dentro de las reflexiones que suscitan esta declaratoria, de acuerdo con el libro de Bárbara Galeano, es que “La sociedad contemporánea tiene los ojos puestos en el turismo, convertido hoy en una necesidad que la reafirma como ‘sociedad moderna’.

Calle de La Albarrada (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

Latinoamérica se ha caracterizado por un turismo, cuyo atractivo son las playas y el sol, y se ha dejado a un lado la posibilidad de reactivar elementos que parecen reservados a otros lugares del mundo. Para lograr ese salto a lo “cultural”, es necesario superar los modelos convencionales, muchas veces impuestos y no escogidos, recuperar el orgullo y la fuerza de la propia historia y de las tradiciones, para proponerlas en el mercado internacional, dar paso a sistemas integrados en los que sus elementos sean propuestos en conjunto y no de manera aislada”.
En el bello “Epilogo”, que se da “Al calor del recuerdo”, narra Bárbara: “Si los viejos se levantaran de las tumbas al menos encontrarían las casas, comenta Germancito, mientras yo escribo en mi cuaderno. Él es uno de los tantos personajes que se encontraron conmigo en este viaje hacia la memoria, hacia el olvido. Cuando uno deja la ciudad en la que vive y retorna la de la infancia cualquier cosa puede suceder…” Y de pronto se abrió ante los ojos de Bárbara “un pueblo cuyas edificaciones se detuvieron en la memoria de la historia pues como comentan los momposinos con orgullo, Mompox fue el primer pueblo que se declaró libre ante el yugo de los conquistadores”.
Y en efecto, así como Cartagena es llamada la “Ciudad Heroica” por su épica resistencia al asedio del ejército reconquistador en 1815, Mompox fue denominada la “Ciudad Valerosa” por tan esforzada acción, tres años antes, contra los ejércitos españoles, a los que derrotó y puso en fuga. Fue la primera ciudad en Colombia que declaró su independencia absoluta del dominio español. Desde mucho antes, Mompox sí existe.

NOTA: Información sobre el VI Festival de Jazz en Mompox:
 http://mompoxcolombia.blogspot.com.co/p/blog-page_9.html
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(*)  Álvaro Jiménez Guzmán es autor de varios libros de relatos (Grito en los pretiles, Una danza contra el viento) columnista y hace parte del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo.
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Desde el martes 13 de junio de 2017, se halla en la Sala Antioquia de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, el Archivo General de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, que comprende el periodo entre 1982 hasta 2014. El encargado de recibirlo fue Carlos Uribe, de la sección de valoración patrimonial. Con tal motivo recordamos la siguiente nota editorial.

Portada No 1Vuelta al puerto de la memoria

“Aquella cabeza que creaba, que vivía de la vida superior del arte, que reconocía y se había habituado a las exigencias sublimes del espíritu, esa cabeza fue arrancada de mis hombros. Quedaron la memoria y las imágenes que yo he creado pero que aún no he materializado… Sin embargo se ha conservado el corazón y la misma carne y la misma sangre que puede amar y sufrir y desear y recordar como antes”.

Dostoieski acababa de vivir su muerte y al mismo tiempo su renacimiento. Condenado a la pena capital por haber leído en público una carta crítica sobre las injusticias del zarismo, tras la farsa de la ejecución, llegó el indulto del zar. Doble tortura. Entonces vertió en una carta a su hermano Mijail la experiencia de la muerte. Hoy, 160 años después, al volver a leerla nos asombra que el novelista ruso hable de la memoria en el corazón, en la carne y en la misma sangre. Esta forma de conocimiento fue justamente lo que le permitió superar aquella experiencia límite y convertirse en uno de los escritores más profundos.

¿Para qué le sirve la memoria histórica al país?, le preguntaron hace poco a Gonzalo Sánchez, Director del Grupo de Memoria Histórica. Su respuesta permite arar en la espera de la que hablamos: “Colombia es un país de millones de víctimas. La memoria es una forma de reconocerlas… es, si se quiere, también una forma de justicia, si bien no sustituye a los procesos judiciales. Pero, por sobre todo, la memoria es una plataforma desde la cual se formulan reclamos de diverso orden. La memoria es hoy en Colombia una forma de inclusión y de participación”. (El Espectador, Nov. 2011)

Sí, inclusiva y activa, un tesoro que debemos cuidar como a la vida misma. Como al planeta que también tiene memoria. Nadie es dueño de los recuerdos de otro. Sólo los déspotas y dictadores sueñan con ello, como dice Kundera: “Para liquidar a las naciones lo primero que se hace es quitarles la memoria. Se destruyen sus libros, su cultura, su historia. Y luego viene alguien y les inventa una historia. Entonces la nación comienza lentamente a olvidar lo que es y lo que ha sido. Y el mundo circundante olvida mucho antes…”.

Pero los colombianos no estamos dispuestos a desperdiciar los sueños de un merecido futuro construido sobre las tumbas de nuestros muertos, que siguen vivos por siempre, porque al recordar su ejemplo fluye su memoria en nuestra sangre, que puede amar y sufrir y desear y recordar, como en la experiencia del condenado a muerte. Sólo que en nuestro caso nos corresponde indultarnos a nosotros mismos.

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El Pequeño Periódico, Editorial 95. Medellín, 2011

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Estuvimos en Urrao y además de la hospitalidad de sus habitantes y su bello paisaje, nos llamó la atención la vida cultural, en especial la obra del artista Humberto Elías Vélez Escobar: Homenaje al Cacique Toné (mural en la Alcaldía), y el Balcón del Indio, entre otros. Queda flotando en el aire cuáles serán los proyectos tanto a nivel local, como departamental, para proteger y preservar esa riqueza que, sin duda, hace parte del patrimonio cultural del país. En especial, El balcón del indio, que se halla en terrenos privados.

Homenaje al Cacique Toné, Mural Alcaldía de Urrao, Humberto Elías Vélez E. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

Habla el autor del Balcón del Indio

Uno de los mayores reproches que se hacen los artistas contemporáneos es que su obra no es admitida nada más que por una minoría de iniciados. El pueblo no puede comprenderlos. Varias razones explican esta situación. O estamos imponiendo nuestras realizaciones por encima del pensamiento del pueblo, o el arte es para una minoría privilegiada compuesta exclusivamente por personas que disponen de ratos de ocio, que pueden ver, mirar y desarrollar su sensibilidad.

El balcón del Indio. Humberto Elías Vélez. Si no se toman las medidas pertinentes pronto, esta escultura puede correr peligro. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

El mayor problema que se nos presenta es el de la integración. Preciso es advertir por anticipado que no se trata de integrar todas las artes en el molde ordenador de la arquitectura o del urbanismo, sino dentro de la vida misma y de verdadero servicio o deleite para la comunidad. Si nuestro pueblo vive en medio de objetos que juzga bellos, preciosos y magníficos como automóviles, aviones, máquinas, ¿por qué no va a ser capaz de entender el arte del momento? (…)

Reptiles y estrellas. Fragmento El balcón del indio.

En el momento actual, el juicio popular sólo se manifiesta con libertad ante el objeto cotidiano. Existe un drama profundo que separa al artista moderno del pueblo que, por su parte es instintivo y creador.

Tiene nuestro pueblo una capacidad de admiración, de entusiasmo, que puede canalizarse y desarrollarse en el mismo sentido en que progresa el arte contemporáneo.

El problema es francamente difícil, como todos sabemos, y sus soluciones correctas estarán reservadas a la moral y buena fe de los que pertenecemos a esta masa comprometida, respaldada por la labor honrada y continua de todos los grupos, asociaciones, entidades y estado.

Humberto Elías Vélez (Urrao, 1943)

Tomado de: ACAP, Asociación del Artista Colombiano en las Artes Plásticas Carlos Castro Saavedra, Medellín

Fragmento circular, El balcón del indio

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Ahora que en un acto de justicia histórica se han reconocido sus aportes culturales en el marco de la Feria del Libro de Támesis (Antioquia), alguien nos ha preguntado desde España, ¿Quién es Luis Hernán Rincón?

Echamos mano de nuestros archivos para responder.

Reporte de Viaje
EL PEQUEÑO PERIÓDICO
Edición 96

Támesis tiene su faro

Por Ángel Galeano Higua

Son excepcionales las personas a quienes no les basta su obra para encarnar el espíritu de un pueblo, sino que precisan también dedicar su vida, sus energías en favor de los demás. Y no con titubeos, ni condiciones, sino con los trazos nítidos de su férrea personalidad. Luis Hernán Rincón Rincón, es uno de esos hombres aguerridos, estudiosos y nada egoístas, que ha logrado la proeza nunca antes vista en el Municipio de Támesis y quizás de todo Antioquia, de publicar con sus propias fuerzas un periódico semanal hasta llegar al No. 100.  (A 25 de sept. 2016 ha alcanzado el No.283)

Luis Hernán Rincón Rincón (Foto archivo de El Pequeño Periódico)

Luis Hernán Rincón Rincón (Foto archivo de El Pequeño Periódico)

Luis Hernán Rincón se ha convertido en un faro invaluable para los tamesinos y los pueblos vecinos, una autoridad moral y una voz firme y alegre en defensa de los pobladores y su territorio. Es decir, de sus derechos y sus riquezas.
Es tal la magnitud de su labor que se desborda más allá de la región suroeste del departamento y ya son muchas las personas que lo leen en internet y se mantienen informadas en la distancia. Cada semana, como un relojito, nos llega Támesis Asciende, fresco, vigoroso, rico en información local y hasta recetas de Mercedes Parra, su esposa y compañera de sueños. Los editoriales fogosos y altivos contra las injusticias y actos de corrupción de empleados públicos, son cartas de navegación. Es reconocida la forma elegante, profunda y sólida con que supo elevar su voz crítica hacia la administración anterior poniendo al desnudo sus desatinos y arbitrariedades.

Merceditas (de blusa roja), la inseparable compañera de Luis Hernán, es tan líder y propósitiva como su esposo.

Merceditas (de blusa roja), la inseparable compañera de Luis Hernán, es tan líder y propósitiva como su esposo. (Archivo El Pequeño Periódico)

A este esfuerzo que desarrollan los auténticos periodistas independientes, deben las comunidades el freno a mucha corrupción. Los riesgos que esta labor conlleva van desde los halagos interesados hasta las amenazas. Pero como un faro, enviando sus luces en medio de las oleadas adversas, Luis Hernán ha mantenido el periódico Támesis Asciende circulando con firmeza, creciéndose ante las dificultades.

Hombre universal

Luis Hernán Rincón Rincón nació en Támesis en 1941, se graduó como Ingeniero Agrónomo en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín y se especializó en comunicación científica en Estados Unidos donde obtuvo los títulos de Master of Science en Iowa State, y Doctor of Philosophy, en la Universidad de Purdue. Ha viajado en función de su trabajo por casi todos los países de América, varios de Europa, Asia y África. Vivió en Costa Rica y Perú, donde ejerció una importante labor científica en el agro como Jefe de la Unidad de Comunicación del Centro Internacional de la Papa (CIP). De su hogar formado con Mercedes tienen cuatro hijos, Diego, Juan Felipe, Juliana y Lizette.

Desayuno tertulia en la Casa Campesina de Támesis, con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo

Luis Hernán Rincón durante un desayuno-tertulia en la Casa Campesina de Támesis, con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo (Archivo de El Pequeño Periódico)

En 1979 publicó su libro La Comunicación en Colombia. Trece años después daría vida a su primer libro de poesía, Pasaje a la vida siguiente, dedicado a su esposa. Le seguiría Plenitud Plenitud, en Lima, dedicado a sus hijas. Ciclo vital, bellamente ilustrado por Paula Andrea Rueda Peña, vio la luz viviendo en Medellín, en 2007, y en él recuerda a sus colegas y alumnos de HEARTH que velan por la reserva forestal Las Mercedes de Guácimo, en Costa Rica. A la Tierra vuelvo y sigo, editado por la Fundación Arte & Ciencia, en 2008, parafrasea a Jorge Debravo: “soy hombre, es decir, animal con palabras, y exijo, por lo tanto, que me dejen usarlas”.
Luego de este dilatado periplo decidió con su esposa volver a Támesis para compartir con los paisanos sus conocimientos y experiencias.

Támesis Asciende

Periodista por vocación y formación, su primera iniciativa fue crear un medio que diera cuenta del acontecer local, que desarrollara una labor educativa, recreativa, orientadora y crítica, y que comunicara a los pobladores de Támesis con los del Suroeste y el resto del departamento y el país.

Plaza principal de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Plaza principal de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Tamesis Asciende nació en 2009 inspirado en el convencimiento de que sin comunicación no hay democracia. Tampoco desarrollo, progreso, ni avances. Alejado del lenguaje chabacano y populista, Luis Hernán Rincón ha sabido abordar los asuntos de la buena vecindad, hasta los históricos, políticos, económicos y poéticos. Ha exigido la devolución de la campana de una institución educativa que desapareció sin dejar rastros, por su significación histórica y cultural. Un robo que él no puede dejar pasar porque tiene un precedente de corrupción y saqueo a las riquezas culturales de Támesis. Si hoy dejamos impune el robo de una campana que muchas generaciones recuerdan, mañana se robarán el presupuesto municipal, el paisaje, las fuentes de agua, los derechos y las libertades.
A través del periódico se ha convertido en uno de los más importantes Vigías del Patrimonio Cultural de Támesis y ha apoyado iniciativas de las veredas y corregimientos, a donde se ha desplazado para entrevistar personalmente a sus pobladores. img_2943El periódico ha dado voz a muchos que antes nadie tenía en cuenta. Ha promovido encuentros de músicos, poetas, líderes comunales. La Tertulia Fundadores, de la cual es animador incansable, ha dado a conocer sus proyectos y realizaciones a través del semanario.
Sus lectores han visto cómo ha expuesto argumentados debates sobre el medio ambiente, en especial el agua, la principal riqueza natural de Támesis, frente a quienes piensan que este recurso puede entregarse a manos privadas para el beneficio de unos pocos. Ha hecho seguimiento al debate cada día más intenso respecto a los proyectos de las grandes empresas mineras por convertir a Támesis en un enorme boquete a cielo abierto para saquear las riquezas del subsuelo y sembrar desierto.

No a la minería

Los tamesinos y sus vecinos se encuentran en estado de alerta ante la amenaza de grandes empresas mineras que, amparadas por leyes gubernamentales, pretenden cambiar la vocación agrícola de Támesis por el espejismo de la explotación en gran escala del oro que yace bajo tierra.

Patio central de la Casa de la Cultura de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Patio central de la Casa de la Cultura de Támesis donde se realizan los eventos culturales más importantes, como los foros sobre la minería y las sesiones de La Tertulia Fundadores que dirige Luis Hernán Rincón (Archivo de El Pequeño Periódico)

Del No. 100 de Támesis Asciende, tomamos lo siguiente sobre el tema:
“Las acciones de los tamesinos contra la minería en Támesis son hechos de los ciudadanos contra los explotadores multinacionales sobornadores de las altas esferas del gobierno nacional. Las manifestaciones son expresiones de un pueblo libre que luchará hasta morir para seguir siendo libre, por la vida y contra un gobierno con demasiados visos de corrupción y de traición a sus conciudadanos”.
“Estas acciones cívicas contra la pretensión de la minería internacional son movimientos legales y tiene apoyo nacional e internacional. Ya en el Gobierno y la prensa llaman ilegales a los mineros en pequeño, y la voluntad de imponer la minería a la fuerza, con la locomotora, es tal que los legisladores y ejecutivos cambian las leyes para que les sirvan a esas empresas explotadoras. En otros países como El Salvador y Guatemala, pero también en Colombia, se dan casos de que el ejército y los jueces son enviados por nuestro gobierno a defender a los explotadores extranjeros y a combatir a los colombianos”.img_2937
“Vamos avanzando en nuestra defensa contra lo que nos quieren imponer a la fuerza. El CODEATE (Comité por la Defensa Ambiental del Territorio) envió un mensaje sobre la importante y firme posición del Honorable Concejo Municipal y el significado de ella, el 9 de febrero de 2012. Una ONG amiga recogió esa información y la transmitió al mundo”.

Larga vida

Un hombre como Luis Hernán Rincón, que todo lo entrega por convicción e infinito amor a su pueblo, genera entre quienes lo conocen un sentido de amistad profundo de tal manera que uno desea que viva muchos años, junto con su esposa, y que obras como el periódico Támesis Asciende continué su labor encomiable y digna de admiración por varias generaciones.

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Tomado de El Pequeño Periódico No. 96, Abril de 2012.

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Excelente acogida

Para nuestros libros y nuestros autores.

María Eugenia Velásquez y Marta C. Cadavid, del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, al inicio de la Feria.

María Eugenia Velásquez y Marta C. Cadavid, del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, al inicio de la jornada.

Cuando llegamos con nuestro cargamento a Carlosé, aquel corredor parecía un campo de refugiados pero sonrientes, animosos, hormiguitas moviéndose de un lado a otro, llevando, trayendo cajas, colgando emblemas, alistando estantes. Uno de los guías nos indicó el espacio donde debíamos montar nuestra mesa. Sabíamos que la literatura pesa, pero cada vez que tenemos que trastear con nuestro catálogo lo comprobamos como la primera vez. ¿Qué podrá pesar más: los cuentos, las novelas, la poesía, los ensayos y las crónicas? Nunca lo sabremos, cada uno tiene su peso específico, y juntos pues aumenta en forma geométrica.Lectores en el stand
Nos tocó en el túnel blanco, imponente y atractivo, junto al parque por el que los habitantes del Barrio Carlos E. Restrepo dieron una ardua y tesonera lucha, cuya victoria es ejemplo para las comunidades, no sólo de Medellín, sino de todo el país. Si no fuera por esa lección cívica organizada y combativa, esta Feria Popular del Libro hubiera tenido que recogerse en el bulevar de siempre. Nos esperaba una prueba interesante entre libreros de todos los estratos. Vender nuestros propios libros de la mano de nuestros autores. Qué bella jornada. Los escritores diciéndoles a los lectores compradores: mira, este libro, lo escribí yo y te lo vendo. Una bellísima simbiosis sin fronteras entre los hacedores y los lectores, sin intermediarios, con la ventaja de abaratar la oferta porque no teníamos intermediarios que encarecen los libros.

Cada autor tenía su turno. Claudia Restrepo Ruiz.

Cada autor tenía su turno. En la foto Claudia Restrepo Ruiz.

Cada autor tenía su turno. Unos más nerviosos que otros, pero allí estaban orgullosos de los títulos que cubrían nuestra mesa. A medida que transcurría la tarde el túnel iba entrando en calor. Calor de visitantes y calor del sol que se acumulaba. Todos sudábamos la feria, pero estábamos contentos de ver la respuesta del público que acudía en masa. Esto fue el viernes y la romería aumentó el sábado. Era un desfile constante y abigarrado, jóvenes de todas las edades con ese brillo de aventuras en los ojos tal cual son los lectores de verdad. Esculcando aquí y allí, buscando un título, husmeando solapas, hojeando, dudando hasta que se decidían: me llevo este. Al rato, este otro…

Stand de la Fundación 6

Nubia A. Mesa, Alvaro Jiménez G. y Ángel Galeano Higua, ofreciendo los libros de la Fundación Arte & Ciencia.

Al caer la tarde, tanto del viernes como del sábado, aquel túnel era “un sauna literario”. Para refrescar la garganta, reseca de tanto ofrecer los libros, teníamos que salir fuera del túnel para tomar un refresco. Y volvíamos con más bríos. El balance final fue positivo en todos los sentidos. No llovió, aunque el sol se hizo el odioso a ratos. La concurrencia superó lo que habíamos vivido en años anteriores. Las ventas de nuestros libros también superaron la de los años pasados y pudimos comprobar la sed, el hambre que los habitantes de Medellín tienen de leer, de que hayan más eventos culturales alrededor del libro, de la cultura, del conocimiento.
Hicimos una bonita tarea. Nuestros libros quedaron en manos de más lectores, aumentamos nuestra base de amigos a quienes les haremos información de nuestras actividades y nuevas publicaciones. El Grupo Literario El Aprendiz de Brujo se lució. Nos esperan mayores retos, escribir más y mejores libros para nuestro creciente círculo de lectores. Hermoso reto que aceptamos con entusiasmo.

Bárbara Galeano Zuluaga, autora del libro de Mompox, firma autógrafos.

Bárbara Galeano Zuluaga, autora del libro de Mompox, firma autógrafos.

Nuestras estadísticas

Los más vendidos

1. Mompox, Una victoria sobre el tiempo, de Bárbara Galeano Zuluaga.
2. Los Cuadernos de Saúl, de Saúl Álvarez Lara

Bitácora del cuerpo, de Claudia Restrepo Ruiz

Abro la noche, de David Marín Hincapié

3. El fin de la enfermedad, ensayo de la Dra. Silvia Casabianca Zuleta.
4. Colección Poetas Anónimos (Paquetes de promoción):

Los pasquines del infierno, de Álvaro Julián Moncada

La última página, Selección de El Pequeño Periódico 30 Años.

Canción para una despedida, de Antonio Botero Palacio.

A la Tierra vuelvo y sigo, de Luis Hernán Rincón.

5. Perfil de Mujer, selección de crónicas de El Pequeño Periódico 30 Años.
6. El traído – Cuentos de Navidad, del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo.
7. La palabra se baña en el río, Grupo Literario El Aprendiz de Brujo
8. Una danza contra el viento, cuentos de Álvaro Jiménez Guzmán
9. Las voces que trae la brisa, cuentos de Nubia. A. Mesa G.
10. Flores en la pared y otros cuentos, Grupo literario El Aprendiz de Brujo
11. Las siete muertes del lector, ensayos de Ángel Galeano Higua.

12. Aoketekete y otros relatos del río, Grupo Literario El Aprendiz de Brujo.

Avalancha de lectores.

Avalancha de lectores.

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Al calor del recuerdo

En la Feria Internacional del libro de Bogotá.

En la Feria Internacional del libro de Bogotá.

Bárbara Galeano Zuluaga

“Si los viejos se levantaran de las tumbas al menos encontrarían las casas”, comenta Germancito, mientras yo escribo en mi cuaderno. Él es uno de los tantos personajes que se encontraron conmigo en ese viaje hacia la memoria, hacia el olvido. Cuando uno deja la ciudad en la que vive y retorna a la de la infancia cualquier cosa puede suceder…

Albarrada - Mompox (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Albarrada – Mompox (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Y si, además, el viaje es de doce horas por tierra para llegar a un pueblo desvencijado pero clavado en los recuerdos, y luego montarse en los tradicionales Jeeps hasta llegar a un caserío llamado Yatí, para luego subirse en el ferry, ese gigante que comunica a Mompox con el resto del país, y de nuevo pasar del agua a la tierra, abordar un taxi mientras todos hablan al mismo tiempo: ¡Cachaca, compre el queso de capa! ¡Casabitos! ¡Uf! No puedo pensar en otra cosa: ¡Qué calor tan insoportable! “Llegamos a Mompox, donde se acuesta uno y amanecen dos”, aclara el taxista.

Hasta ahora uno no ve nada sorprendente, casas típicas de un pueblo costeño pero como yo ya sabía que cuando menos me lo imaginara todos mis recuerdos se agolparían en mi cabeza y ya nada podría detenerlos… Y de pronto se abrió ante nuestros ojos un pueblo cuyas edificaciones se detuvieron en la memoria de la historia pues como comentan los momposinos con orgullo, Mompox fue el primer pueblo que se declaró libre ante el yugo de los conquistadores.Campanario y tejados - círculo

A partir de ese momento comienzan a desfilar los personajes de mi viaje y a quienes tendré que dedicar más páginas. Pero ya no soy Bárbara a secas, soy la antropóloga, entonces la gente me mira con curiosidad y se sorprenden a su vez de mi curiosidad. ¡Y pa´que se va a quedá tanto tiempo, seño, se va a aburrí!, ¡en este pueblo no hay sino casa vieja! Pero a pesar de sus advertencias, soy terca. Al principio pensé que todo sería tan sencillo como hacer unas entrevistas, tomar nota y largarme. Pero a medida que iba transcurriendo el tiempo empecé a comprender que el antropólogo debía sentir y vivir, eso sí, sin dejar de ser turista e irremediablemente extranjero. Entonces comprendí que no podía abarcar a la gente con una hoja llena de preguntas y que además no podía tratar de adaptar mi supuesto “proyecto de tesis” a ellos, sino que mi trabajo se debía adaptar a esa tierra. Y de repente ocurrió. Todo el mundo me conocía, hice amigos, jugaba lotería en una casa grande que llevaba colgado un letrero: “Residencias Aurora”. Conocía el territorio. En fin, comencé a disfrutar de la vida momposina, de sus tiempos, a veces tan tremendamente calmados, de sus diversiones, de sus creencias, de su cultura.

Dulce de cáscaras de limón (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Dulce de cáscaras de limón (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Los pobladores de Mompox siempre han vivido en sus enormes casas de zaguán, sala, patio, cocina y de nuevo otro patio. Casas frescas y calmadas, allí nacieron y muchos nunca han salido. Y ahora llega alguien a tratar de averiguar si ellos “se apropian del patrimonio”. ¿Qué era eso?, ¿de qué se trataba? Tan sólo me dediqué a sentir, al lado de ellos, cómo viven su ciudad que lleva el peso, para muchos, la virtud para otros, de ser “Patrimonio de la Humanidad”. Todos tienen ligada su infancia a algún lugar que hoy se ha llenado de turistas y curiosos, han tenido que adaptarse al turismo que ha ido llegando más y más desde que la seguridad en las carreteras ha mejorado. Alguien comenta: “Mi padre tenía una refresquería en la Plaza de la Concepción y nos ponía a llevar el hielo, más grandes cuidábamos cuando mi padre se venía a almorzar. Allí aprendimos a gatear y nos salieron los dientes”. Detengo la grabación pues ante mis ojos, este personaje que me invita a conocer su historia, ha dejado de ser un funcionario de la Alcaldía, serio y elocuente, para convertirse en el niño que fue antes. No es el único, los jóvenes, aunque un poco despreocupados e indiferentes, convierten la plaza de Santa Bárbara en lugar de encuentro mientras sus viejos jubilados se reúnen a charlar a la sombra de un tamarindo. Cuando estos fueron niños corrían, brincaban y se lanzaban al río desde los árboles que dan sombra a la calle de La Albarrada, tal como lo hacen hoy sus nietos y hermanos.

Ventorrillos en la Calle del Medio (Foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Ventorrillos en la Calle del Medio (Foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Sigo recorriendo sus calles y esculcando los rincones. Un olor a dulce de limón se cuela por mi nariz y descubro en una ventana la figura de una anciana, es doña Adalgiza Mejía, viuda de Caravallo: “Tengo 92 años y soy la única que hago aquí el dulce de limón, ninguno me ayuda… Ese dulce dura todo el tiempo que quiera, puede venir en el año 4000 y lo encuentra ahí. Si lo hace con poca azúcar se fermenta. Aquí se compran quince mil limones y se gasta más de un saco de azúcar”. Su fama es bien merecida pues el sabor es exquisito. La misma Adalgiza afirma: “¿A qué cachaco se le iba a ocurrir utilizar las cáscaras del limón?”.

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Publicado en el libro Mompox , Una victoria sobre el tiempo. (a su vez Tomado de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, Edición No. 65, marzo de 2004, p5, Apuntes de viaje, Medellín.)

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Invitac

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