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Archive for the ‘Patrimonio Cultural’ Category

Desde el martes 13 de junio de 2017, se halla en la Sala Antioquia de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, el Archivo General de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, que comprende el periodo entre 1982 hasta 2014. El encargado de recibirlo fue Carlos Uribe, de la sección de valoración patrimonial. Con tal motivo recordamos la siguiente nota editorial.

Portada No 1Vuelta al puerto de la memoria

“Aquella cabeza que creaba, que vivía de la vida superior del arte, que reconocía y se había habituado a las exigencias sublimes del espíritu, esa cabeza fue arrancada de mis hombros. Quedaron la memoria y las imágenes que yo he creado pero que aún no he materializado… Sin embargo se ha conservado el corazón y la misma carne y la misma sangre que puede amar y sufrir y desear y recordar como antes”.

Dostoieski acababa de vivir su muerte y al mismo tiempo su renacimiento. Condenado a la pena capital por haber leído en público una carta crítica sobre las injusticias del zarismo, tras la farsa de la ejecución, llegó el indulto del zar. Doble tortura. Entonces vertió en una carta a su hermano Mijail la experiencia de la muerte. Hoy, 160 años después, al volver a leerla nos asombra que el novelista ruso hable de la memoria en el corazón, en la carne y en la misma sangre. Esta forma de conocimiento fue justamente lo que le permitió superar aquella experiencia límite y convertirse en uno de los escritores más profundos.

¿Para qué le sirve la memoria histórica al país?, le preguntaron hace poco a Gonzalo Sánchez, Director del Grupo de Memoria Histórica. Su respuesta permite arar en la espera de la que hablamos: “Colombia es un país de millones de víctimas. La memoria es una forma de reconocerlas… es, si se quiere, también una forma de justicia, si bien no sustituye a los procesos judiciales. Pero, por sobre todo, la memoria es una plataforma desde la cual se formulan reclamos de diverso orden. La memoria es hoy en Colombia una forma de inclusión y de participación”. (El Espectador, Nov. 2011)

Sí, inclusiva y activa, un tesoro que debemos cuidar como a la vida misma. Como al planeta que también tiene memoria. Nadie es dueño de los recuerdos de otro. Sólo los déspotas y dictadores sueñan con ello, como dice Kundera: “Para liquidar a las naciones lo primero que se hace es quitarles la memoria. Se destruyen sus libros, su cultura, su historia. Y luego viene alguien y les inventa una historia. Entonces la nación comienza lentamente a olvidar lo que es y lo que ha sido. Y el mundo circundante olvida mucho antes…”.

Pero los colombianos no estamos dispuestos a desperdiciar los sueños de un merecido futuro construido sobre las tumbas de nuestros muertos, que siguen vivos por siempre, porque al recordar su ejemplo fluye su memoria en nuestra sangre, que puede amar y sufrir y desear y recordar, como en la experiencia del condenado a muerte. Sólo que en nuestro caso nos corresponde indultarnos a nosotros mismos.

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El Pequeño Periódico, Editorial 95. Medellín, 2011

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Estuvimos en Urrao y además de la hospitalidad de sus habitantes y su bello paisaje, nos llamó la atención la vida cultural, en especial la obra del artista Humberto Elías Vélez Escobar: Homenaje al Cacique Toné (mural en la Alcaldía), y el Balcón del Indio, entre otros. Queda flotando en el aire cuáles serán los proyectos tanto a nivel local, como departamental, para proteger y preservar esa riqueza que, sin duda, hace parte del patrimonio cultural del país. En especial, El balcón del indio, que se halla en terrenos privados.

Homenaje al Cacique Toné, Mural Alcaldía de Urrao, Humberto Elías Vélez E. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

Habla el autor del Balcón del Indio

Uno de los mayores reproches que se hacen los artistas contemporáneos es que su obra no es admitida nada más que por una minoría de iniciados. El pueblo no puede comprenderlos. Varias razones explican esta situación. O estamos imponiendo nuestras realizaciones por encima del pensamiento del pueblo, o el arte es para una minoría privilegiada compuesta exclusivamente por personas que disponen de ratos de ocio, que pueden ver, mirar y desarrollar su sensibilidad.

El balcón del Indio. Humberto Elías Vélez. Si no se toman las medidas pertinentes pronto, esta escultura puede correr peligro. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

El mayor problema que se nos presenta es el de la integración. Preciso es advertir por anticipado que no se trata de integrar todas las artes en el molde ordenador de la arquitectura o del urbanismo, sino dentro de la vida misma y de verdadero servicio o deleite para la comunidad. Si nuestro pueblo vive en medio de objetos que juzga bellos, preciosos y magníficos como automóviles, aviones, máquinas, ¿por qué no va a ser capaz de entender el arte del momento? (…)

Reptiles y estrellas. Fragmento El balcón del indio.

En el momento actual, el juicio popular sólo se manifiesta con libertad ante el objeto cotidiano. Existe un drama profundo que separa al artista moderno del pueblo que, por su parte es instintivo y creador.

Tiene nuestro pueblo una capacidad de admiración, de entusiasmo, que puede canalizarse y desarrollarse en el mismo sentido en que progresa el arte contemporáneo.

El problema es francamente difícil, como todos sabemos, y sus soluciones correctas estarán reservadas a la moral y buena fe de los que pertenecemos a esta masa comprometida, respaldada por la labor honrada y continua de todos los grupos, asociaciones, entidades y estado.

Humberto Elías Vélez (Urrao, 1943)

Tomado de: ACAP, Asociación del Artista Colombiano en las Artes Plásticas Carlos Castro Saavedra, Medellín

Fragmento circular, El balcón del indio

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Ahora que en un acto de justicia histórica se han reconocido sus aportes culturales en el marco de la Feria del Libro de Támesis (Antioquia), alguien nos ha preguntado desde España, ¿Quién es Luis Hernán Rincón?

Echamos mano de nuestros archivos para responder.

Reporte de Viaje
EL PEQUEÑO PERIÓDICO
Edición 96

Támesis tiene su faro

Por Ángel Galeano Higua

Son excepcionales las personas a quienes no les basta su obra para encarnar el espíritu de un pueblo, sino que precisan también dedicar su vida, sus energías en favor de los demás. Y no con titubeos, ni condiciones, sino con los trazos nítidos de su férrea personalidad. Luis Hernán Rincón Rincón, es uno de esos hombres aguerridos, estudiosos y nada egoístas, que ha logrado la proeza nunca antes vista en el Municipio de Támesis y quizás de todo Antioquia, de publicar con sus propias fuerzas un periódico semanal hasta llegar al No. 100.  (A 25 de sept. 2016 ha alcanzado el No.283)

Luis Hernán Rincón Rincón (Foto archivo de El Pequeño Periódico)

Luis Hernán Rincón Rincón (Foto archivo de El Pequeño Periódico)

Luis Hernán Rincón se ha convertido en un faro invaluable para los tamesinos y los pueblos vecinos, una autoridad moral y una voz firme y alegre en defensa de los pobladores y su territorio. Es decir, de sus derechos y sus riquezas.
Es tal la magnitud de su labor que se desborda más allá de la región suroeste del departamento y ya son muchas las personas que lo leen en internet y se mantienen informadas en la distancia. Cada semana, como un relojito, nos llega Támesis Asciende, fresco, vigoroso, rico en información local y hasta recetas de Mercedes Parra, su esposa y compañera de sueños. Los editoriales fogosos y altivos contra las injusticias y actos de corrupción de empleados públicos, son cartas de navegación. Es reconocida la forma elegante, profunda y sólida con que supo elevar su voz crítica hacia la administración anterior poniendo al desnudo sus desatinos y arbitrariedades.

Merceditas (de blusa roja), la inseparable compañera de Luis Hernán, es tan líder y propósitiva como su esposo.

Merceditas (de blusa roja), la inseparable compañera de Luis Hernán, es tan líder y propósitiva como su esposo. (Archivo El Pequeño Periódico)

A este esfuerzo que desarrollan los auténticos periodistas independientes, deben las comunidades el freno a mucha corrupción. Los riesgos que esta labor conlleva van desde los halagos interesados hasta las amenazas. Pero como un faro, enviando sus luces en medio de las oleadas adversas, Luis Hernán ha mantenido el periódico Támesis Asciende circulando con firmeza, creciéndose ante las dificultades.

Hombre universal

Luis Hernán Rincón Rincón nació en Támesis en 1941, se graduó como Ingeniero Agrónomo en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín y se especializó en comunicación científica en Estados Unidos donde obtuvo los títulos de Master of Science en Iowa State, y Doctor of Philosophy, en la Universidad de Purdue. Ha viajado en función de su trabajo por casi todos los países de América, varios de Europa, Asia y África. Vivió en Costa Rica y Perú, donde ejerció una importante labor científica en el agro como Jefe de la Unidad de Comunicación del Centro Internacional de la Papa (CIP). De su hogar formado con Mercedes tienen cuatro hijos, Diego, Juan Felipe, Juliana y Lizette.

Desayuno tertulia en la Casa Campesina de Támesis, con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo

Luis Hernán Rincón durante un desayuno-tertulia en la Casa Campesina de Támesis, con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo (Archivo de El Pequeño Periódico)

En 1979 publicó su libro La Comunicación en Colombia. Trece años después daría vida a su primer libro de poesía, Pasaje a la vida siguiente, dedicado a su esposa. Le seguiría Plenitud Plenitud, en Lima, dedicado a sus hijas. Ciclo vital, bellamente ilustrado por Paula Andrea Rueda Peña, vio la luz viviendo en Medellín, en 2007, y en él recuerda a sus colegas y alumnos de HEARTH que velan por la reserva forestal Las Mercedes de Guácimo, en Costa Rica. A la Tierra vuelvo y sigo, editado por la Fundación Arte & Ciencia, en 2008, parafrasea a Jorge Debravo: “soy hombre, es decir, animal con palabras, y exijo, por lo tanto, que me dejen usarlas”.
Luego de este dilatado periplo decidió con su esposa volver a Támesis para compartir con los paisanos sus conocimientos y experiencias.

Támesis Asciende

Periodista por vocación y formación, su primera iniciativa fue crear un medio que diera cuenta del acontecer local, que desarrollara una labor educativa, recreativa, orientadora y crítica, y que comunicara a los pobladores de Támesis con los del Suroeste y el resto del departamento y el país.

Plaza principal de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Plaza principal de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Tamesis Asciende nació en 2009 inspirado en el convencimiento de que sin comunicación no hay democracia. Tampoco desarrollo, progreso, ni avances. Alejado del lenguaje chabacano y populista, Luis Hernán Rincón ha sabido abordar los asuntos de la buena vecindad, hasta los históricos, políticos, económicos y poéticos. Ha exigido la devolución de la campana de una institución educativa que desapareció sin dejar rastros, por su significación histórica y cultural. Un robo que él no puede dejar pasar porque tiene un precedente de corrupción y saqueo a las riquezas culturales de Támesis. Si hoy dejamos impune el robo de una campana que muchas generaciones recuerdan, mañana se robarán el presupuesto municipal, el paisaje, las fuentes de agua, los derechos y las libertades.
A través del periódico se ha convertido en uno de los más importantes Vigías del Patrimonio Cultural de Támesis y ha apoyado iniciativas de las veredas y corregimientos, a donde se ha desplazado para entrevistar personalmente a sus pobladores. img_2943El periódico ha dado voz a muchos que antes nadie tenía en cuenta. Ha promovido encuentros de músicos, poetas, líderes comunales. La Tertulia Fundadores, de la cual es animador incansable, ha dado a conocer sus proyectos y realizaciones a través del semanario.
Sus lectores han visto cómo ha expuesto argumentados debates sobre el medio ambiente, en especial el agua, la principal riqueza natural de Támesis, frente a quienes piensan que este recurso puede entregarse a manos privadas para el beneficio de unos pocos. Ha hecho seguimiento al debate cada día más intenso respecto a los proyectos de las grandes empresas mineras por convertir a Támesis en un enorme boquete a cielo abierto para saquear las riquezas del subsuelo y sembrar desierto.

No a la minería

Los tamesinos y sus vecinos se encuentran en estado de alerta ante la amenaza de grandes empresas mineras que, amparadas por leyes gubernamentales, pretenden cambiar la vocación agrícola de Támesis por el espejismo de la explotación en gran escala del oro que yace bajo tierra.

Patio central de la Casa de la Cultura de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Patio central de la Casa de la Cultura de Támesis donde se realizan los eventos culturales más importantes, como los foros sobre la minería y las sesiones de La Tertulia Fundadores que dirige Luis Hernán Rincón (Archivo de El Pequeño Periódico)

Del No. 100 de Támesis Asciende, tomamos lo siguiente sobre el tema:
“Las acciones de los tamesinos contra la minería en Támesis son hechos de los ciudadanos contra los explotadores multinacionales sobornadores de las altas esferas del gobierno nacional. Las manifestaciones son expresiones de un pueblo libre que luchará hasta morir para seguir siendo libre, por la vida y contra un gobierno con demasiados visos de corrupción y de traición a sus conciudadanos”.
“Estas acciones cívicas contra la pretensión de la minería internacional son movimientos legales y tiene apoyo nacional e internacional. Ya en el Gobierno y la prensa llaman ilegales a los mineros en pequeño, y la voluntad de imponer la minería a la fuerza, con la locomotora, es tal que los legisladores y ejecutivos cambian las leyes para que les sirvan a esas empresas explotadoras. En otros países como El Salvador y Guatemala, pero también en Colombia, se dan casos de que el ejército y los jueces son enviados por nuestro gobierno a defender a los explotadores extranjeros y a combatir a los colombianos”.img_2937
“Vamos avanzando en nuestra defensa contra lo que nos quieren imponer a la fuerza. El CODEATE (Comité por la Defensa Ambiental del Territorio) envió un mensaje sobre la importante y firme posición del Honorable Concejo Municipal y el significado de ella, el 9 de febrero de 2012. Una ONG amiga recogió esa información y la transmitió al mundo”.

Larga vida

Un hombre como Luis Hernán Rincón, que todo lo entrega por convicción e infinito amor a su pueblo, genera entre quienes lo conocen un sentido de amistad profundo de tal manera que uno desea que viva muchos años, junto con su esposa, y que obras como el periódico Támesis Asciende continué su labor encomiable y digna de admiración por varias generaciones.

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Tomado de El Pequeño Periódico No. 96, Abril de 2012.

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Excelente acogida

Para nuestros libros y nuestros autores.

María Eugenia Velásquez y Marta C. Cadavid, del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, al inicio de la Feria.

María Eugenia Velásquez y Marta C. Cadavid, del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, al inicio de la jornada.

Cuando llegamos con nuestro cargamento a Carlosé, aquel corredor parecía un campo de refugiados pero sonrientes, animosos, hormiguitas moviéndose de un lado a otro, llevando, trayendo cajas, colgando emblemas, alistando estantes. Uno de los guías nos indicó el espacio donde debíamos montar nuestra mesa. Sabíamos que la literatura pesa, pero cada vez que tenemos que trastear con nuestro catálogo lo comprobamos como la primera vez. ¿Qué podrá pesar más: los cuentos, las novelas, la poesía, los ensayos y las crónicas? Nunca lo sabremos, cada uno tiene su peso específico, y juntos pues aumenta en forma geométrica.Lectores en el stand
Nos tocó en el túnel blanco, imponente y atractivo, junto al parque por el que los habitantes del Barrio Carlos E. Restrepo dieron una ardua y tesonera lucha, cuya victoria es ejemplo para las comunidades, no sólo de Medellín, sino de todo el país. Si no fuera por esa lección cívica organizada y combativa, esta Feria Popular del Libro hubiera tenido que recogerse en el bulevar de siempre. Nos esperaba una prueba interesante entre libreros de todos los estratos. Vender nuestros propios libros de la mano de nuestros autores. Qué bella jornada. Los escritores diciéndoles a los lectores compradores: mira, este libro, lo escribí yo y te lo vendo. Una bellísima simbiosis sin fronteras entre los hacedores y los lectores, sin intermediarios, con la ventaja de abaratar la oferta porque no teníamos intermediarios que encarecen los libros.

Cada autor tenía su turno. Claudia Restrepo Ruiz.

Cada autor tenía su turno. En la foto Claudia Restrepo Ruiz.

Cada autor tenía su turno. Unos más nerviosos que otros, pero allí estaban orgullosos de los títulos que cubrían nuestra mesa. A medida que transcurría la tarde el túnel iba entrando en calor. Calor de visitantes y calor del sol que se acumulaba. Todos sudábamos la feria, pero estábamos contentos de ver la respuesta del público que acudía en masa. Esto fue el viernes y la romería aumentó el sábado. Era un desfile constante y abigarrado, jóvenes de todas las edades con ese brillo de aventuras en los ojos tal cual son los lectores de verdad. Esculcando aquí y allí, buscando un título, husmeando solapas, hojeando, dudando hasta que se decidían: me llevo este. Al rato, este otro…

Stand de la Fundación 6

Nubia A. Mesa, Alvaro Jiménez G. y Ángel Galeano Higua, ofreciendo los libros de la Fundación Arte & Ciencia.

Al caer la tarde, tanto del viernes como del sábado, aquel túnel era “un sauna literario”. Para refrescar la garganta, reseca de tanto ofrecer los libros, teníamos que salir fuera del túnel para tomar un refresco. Y volvíamos con más bríos. El balance final fue positivo en todos los sentidos. No llovió, aunque el sol se hizo el odioso a ratos. La concurrencia superó lo que habíamos vivido en años anteriores. Las ventas de nuestros libros también superaron la de los años pasados y pudimos comprobar la sed, el hambre que los habitantes de Medellín tienen de leer, de que hayan más eventos culturales alrededor del libro, de la cultura, del conocimiento.
Hicimos una bonita tarea. Nuestros libros quedaron en manos de más lectores, aumentamos nuestra base de amigos a quienes les haremos información de nuestras actividades y nuevas publicaciones. El Grupo Literario El Aprendiz de Brujo se lució. Nos esperan mayores retos, escribir más y mejores libros para nuestro creciente círculo de lectores. Hermoso reto que aceptamos con entusiasmo.

Bárbara Galeano Zuluaga, autora del libro de Mompox, firma autógrafos.

Bárbara Galeano Zuluaga, autora del libro de Mompox, firma autógrafos.

Nuestras estadísticas

Los más vendidos

1. Mompox, Una victoria sobre el tiempo, de Bárbara Galeano Zuluaga.
2. Los Cuadernos de Saúl, de Saúl Álvarez Lara

Bitácora del cuerpo, de Claudia Restrepo Ruiz

Abro la noche, de David Marín Hincapié

3. El fin de la enfermedad, ensayo de la Dra. Silvia Casabianca Zuleta.
4. Colección Poetas Anónimos (Paquetes de promoción):

Los pasquines del infierno, de Álvaro Julián Moncada

La última página, Selección de El Pequeño Periódico 30 Años.

Canción para una despedida, de Antonio Botero Palacio.

A la Tierra vuelvo y sigo, de Luis Hernán Rincón.

5. Perfil de Mujer, selección de crónicas de El Pequeño Periódico 30 Años.
6. El traído – Cuentos de Navidad, del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo.
7. La palabra se baña en el río, Grupo Literario El Aprendiz de Brujo
8. Una danza contra el viento, cuentos de Álvaro Jiménez Guzmán
9. Las voces que trae la brisa, cuentos de Nubia. A. Mesa G.
10. Flores en la pared y otros cuentos, Grupo literario El Aprendiz de Brujo
11. Las siete muertes del lector, ensayos de Ángel Galeano Higua.

12. Aoketekete y otros relatos del río, Grupo Literario El Aprendiz de Brujo.

Avalancha de lectores.

Avalancha de lectores.

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Al calor del recuerdo

En la Feria Internacional del libro de Bogotá.

En la Feria Internacional del libro de Bogotá.

Bárbara Galeano Zuluaga

“Si los viejos se levantaran de las tumbas al menos encontrarían las casas”, comenta Germancito, mientras yo escribo en mi cuaderno. Él es uno de los tantos personajes que se encontraron conmigo en ese viaje hacia la memoria, hacia el olvido. Cuando uno deja la ciudad en la que vive y retorna a la de la infancia cualquier cosa puede suceder…

Albarrada - Mompox (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Albarrada – Mompox (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Y si, además, el viaje es de doce horas por tierra para llegar a un pueblo desvencijado pero clavado en los recuerdos, y luego montarse en los tradicionales Jeeps hasta llegar a un caserío llamado Yatí, para luego subirse en el ferry, ese gigante que comunica a Mompox con el resto del país, y de nuevo pasar del agua a la tierra, abordar un taxi mientras todos hablan al mismo tiempo: ¡Cachaca, compre el queso de capa! ¡Casabitos! ¡Uf! No puedo pensar en otra cosa: ¡Qué calor tan insoportable! “Llegamos a Mompox, donde se acuesta uno y amanecen dos”, aclara el taxista.

Hasta ahora uno no ve nada sorprendente, casas típicas de un pueblo costeño pero como yo ya sabía que cuando menos me lo imaginara todos mis recuerdos se agolparían en mi cabeza y ya nada podría detenerlos… Y de pronto se abrió ante nuestros ojos un pueblo cuyas edificaciones se detuvieron en la memoria de la historia pues como comentan los momposinos con orgullo, Mompox fue el primer pueblo que se declaró libre ante el yugo de los conquistadores.Campanario y tejados - círculo

A partir de ese momento comienzan a desfilar los personajes de mi viaje y a quienes tendré que dedicar más páginas. Pero ya no soy Bárbara a secas, soy la antropóloga, entonces la gente me mira con curiosidad y se sorprenden a su vez de mi curiosidad. ¡Y pa´que se va a quedá tanto tiempo, seño, se va a aburrí!, ¡en este pueblo no hay sino casa vieja! Pero a pesar de sus advertencias, soy terca. Al principio pensé que todo sería tan sencillo como hacer unas entrevistas, tomar nota y largarme. Pero a medida que iba transcurriendo el tiempo empecé a comprender que el antropólogo debía sentir y vivir, eso sí, sin dejar de ser turista e irremediablemente extranjero. Entonces comprendí que no podía abarcar a la gente con una hoja llena de preguntas y que además no podía tratar de adaptar mi supuesto “proyecto de tesis” a ellos, sino que mi trabajo se debía adaptar a esa tierra. Y de repente ocurrió. Todo el mundo me conocía, hice amigos, jugaba lotería en una casa grande que llevaba colgado un letrero: “Residencias Aurora”. Conocía el territorio. En fin, comencé a disfrutar de la vida momposina, de sus tiempos, a veces tan tremendamente calmados, de sus diversiones, de sus creencias, de su cultura.

Dulce de cáscaras de limón (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Dulce de cáscaras de limón (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Los pobladores de Mompox siempre han vivido en sus enormes casas de zaguán, sala, patio, cocina y de nuevo otro patio. Casas frescas y calmadas, allí nacieron y muchos nunca han salido. Y ahora llega alguien a tratar de averiguar si ellos “se apropian del patrimonio”. ¿Qué era eso?, ¿de qué se trataba? Tan sólo me dediqué a sentir, al lado de ellos, cómo viven su ciudad que lleva el peso, para muchos, la virtud para otros, de ser “Patrimonio de la Humanidad”. Todos tienen ligada su infancia a algún lugar que hoy se ha llenado de turistas y curiosos, han tenido que adaptarse al turismo que ha ido llegando más y más desde que la seguridad en las carreteras ha mejorado. Alguien comenta: “Mi padre tenía una refresquería en la Plaza de la Concepción y nos ponía a llevar el hielo, más grandes cuidábamos cuando mi padre se venía a almorzar. Allí aprendimos a gatear y nos salieron los dientes”. Detengo la grabación pues ante mis ojos, este personaje que me invita a conocer su historia, ha dejado de ser un funcionario de la Alcaldía, serio y elocuente, para convertirse en el niño que fue antes. No es el único, los jóvenes, aunque un poco despreocupados e indiferentes, convierten la plaza de Santa Bárbara en lugar de encuentro mientras sus viejos jubilados se reúnen a charlar a la sombra de un tamarindo. Cuando estos fueron niños corrían, brincaban y se lanzaban al río desde los árboles que dan sombra a la calle de La Albarrada, tal como lo hacen hoy sus nietos y hermanos.

Ventorrillos en la Calle del Medio (Foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Ventorrillos en la Calle del Medio (Foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Sigo recorriendo sus calles y esculcando los rincones. Un olor a dulce de limón se cuela por mi nariz y descubro en una ventana la figura de una anciana, es doña Adalgiza Mejía, viuda de Caravallo: “Tengo 92 años y soy la única que hago aquí el dulce de limón, ninguno me ayuda… Ese dulce dura todo el tiempo que quiera, puede venir en el año 4000 y lo encuentra ahí. Si lo hace con poca azúcar se fermenta. Aquí se compran quince mil limones y se gasta más de un saco de azúcar”. Su fama es bien merecida pues el sabor es exquisito. La misma Adalgiza afirma: “¿A qué cachaco se le iba a ocurrir utilizar las cáscaras del limón?”.

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Publicado en el libro Mompox , Una victoria sobre el tiempo. (a su vez Tomado de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, Edición No. 65, marzo de 2004, p5, Apuntes de viaje, Medellín.)

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Invitac

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Mompox, En busca del tiempo detenido

Ángel Galeano Higua

Dos rutas desde Medellín para llegar a Mompox. (Google)

Dos rutas desde Medellín para llegar a Mompox. (Google)

La terminal del norte de Medellín era un hervidero humano. Miles de viajeros cargados de maletas, paquetes, talegos, cajas, niños… esperaban sentados, de pie, acuclillados, acostados en las bancas. De pronto, en la sección de la Costa, varios viajeros sacaron sus boletos porque el empleado anunció en voz alta la salida del bus rumbo a Magangué. Nosotros habíamos comprado los tiquetes varias semanas antes y teníamos nuestros puestos asegurados. Muchos se lanzaron a la entrada de la rampa con el tiquete en la mano. ¿Qué pasa? Siempre ha salido un solo bus, pero este año la demanda fue tal que la empresa tuvo que programar tres buses. El primero salía a las 7 y 15 de la noche.

Ése era el nuestro, pero en Magangué tomaríamos una chalupa hasta Bodegas y luego un carro directo a Mompox. Serían 13 horas de viaje.

Atardecer en el Brazo de Mompox

Atardecer en el Brazo de Mompox

Íbamos en una delegación cuyo propósito era acompañar a Bárbara Galeano Zuluaga, autora del libro Mompox, Una victoria sobre el tiempo, quien iba a presentar su obra en la Casa de la Cultura de esa ciudad y haría una donación de libros para todas las bibliotecas escolares, incluida la Biblioteca Pública ”Pedro Salzedo del Villar”, gracias al apoyo de “Eyes Wide Open holistic center”.

Viajar en ese bus de Rápido Ochoa no era nada placentero, pues fuimos sometidos a una brutal temperatura de enfriamiento que nos obligó a cubrirnos con sacos, cobijas, guantes, enrroscarnos para resistir semejante atropello que nadie sabe explicarnos y que los conductores se niegan a mermar. ¿Qué necesidad hay de torturar a los viajeros con los buses convertidos en congeladores? Viola los derechos de los usuarios. A pesar de este martirio un sol rojo nos saludó al amanecer. Llegamos al puerto de Magangué, un infierno de calor, apaciguado por la inmensurable presencia del río Magdalena, anchuroso y callado, no obstante sus aguas disminuidas por el “fenómeno del Niño”.

Puerto de Magangué, dentro de un tiempo dejará de ser paso obligado para ir a Mompox

Puerto de Magangué, dentro de un tiempo dejará de ser paso obligado para ir a Mompox

Después de este contraste de temperaturas nos encontramos con la novedad de una terminal de transporte y un puerto fluvial que enaltece un poco la maltrecha imagen de Magangué. Y casi de inmediato empezó la magia. Una vez nos pusimos el salvavidas, el motor rugió, la chalupa empinó su proa y nos aventuramos por las aguas de nuestro gran río. Juncos de “tapón” florecido, bandadas de garzas, varias canoas flotaban sobre la superficie achocolatada del Magdalena. Íbamos con la corriente hasta la desembocadura del río Chicagua, donde la chalupa viró a la derecha aguas arriba por un calmado espejo, hasta Bodegas.

Los balcones de Mompox

Los balcones de Mompox

Los pregoneros nos recibieron ofreciéndonos el servicio de transporte por la carretera hacia Mompox. Emprendimos el viaje en dos carros con aire acondicionado por una carretera en pleno mantenimiento. Nos topamos con las máquinas y los piquetes de trabajadores que “reconstruían” la vía. Jaime Alvear, el conductor del taxi en que voy yo, nos habló del futuro puente que se construirá entre Santa Fe y Bodegas (Isla Grande) y con el cual se ahorrará mucho tiempo de viaje, pero el ferry quedará herido de muerte. Nos informó que hace poco inauguraron el puente en Santa Ana abriendo el horizonte hacia la Costa. Seguimos de largo por Cicuco, Puente Cartagena, Talaigua, Tierra Firme.Los carros ya no entran como antes por la plaza principal de estos pueblos. Vemos muchos niños y el conductor, al ver nuestro asombro, dijo que la sobrepoblación se debía al bocachico. Tengo 50 nietos, dijo, por aquí las mujeres son muy prolíficas por efecto del bocachico, ese pez es el culpable, nosotros los hombres, no tenemos culpa ninguna… Creímos que era un chiste, pero él se quedó serio. Así es, no le busque, agregó. A las 9 y 15 de la mañana llegamos al Hostal Villa de Mompox, en la Calle del Medio, donde habíamos reservado habitaciones con un mes de antelación.

El Comedor costeño

Almuerzo en El Comedor costeño

Almuerzo en el Comedor costeño

Dejamos el equipaje en el hostal y nos dirigimos a la Albarrada, al Comedor costeño que nos recomendó doña Ana Cadena, la gerente del hostal. Fiesta del sabor, del gusto, a orillas del río: jugo de naranjas recién exprimidas, de corozo con hielo, patacones y yuca con suero costeño, huevos revueltos, café negro… Y en ese festín la conversación, la delicia de quedarse quieto un buen rato, impregnados ya del tiempo detenido. Los afanes quedaron atrás. Estábamos en Mompox. El calor era infernal aunque todavía faltaba más de una hora para el mediodía, la demoledora cita de la canícula. Cada uno debíamos mantener consigo una botella de agua para resistir los embates de la alta temperatura.

De regreso al hostal nuestra curiosidad aumentó, pero el calor no nos soltaba. La calle de la Albarrada,  ahora remozada, lo mismo la Plaza de la Concepción y otros lugares del centro histórico, nos indicaron que soplaban nuevos vientos para Mompox. Los portones entreabiertos nos permitían ver los exuberantes jardines interiores, las ventanas con sus enrejados y sus pretiles, los árboles hermanos de la sombra… ¿Existe en Colombia otro sitio así? Pregunta Diana. No, responde Bárbara, Mompox es único. Muchos residentes pasaban en su bicicleta o en las ruidosas motos. Las mo totaxis iban y venían como cucarrones que acercaban y llevaban a la gente, no había ni un sólo semáforo y, sin embargo, no vimos ningún accidente.

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Mototaxi en Mompox

Pasamos la tarde resguardándonos del fogaje. A las amigas de Bárbara les parecía increíble que existiera un lugar tan bello pero también tan caliente. Tatiana consultó en su termómetro: Mompox, 40º centígrados a la sombra. Con razón sudamos como caballos.

Al anochecer llegamos al restaurante de Yimi Alvarado, ubicado en una esquina de la Plaza de La Concepción, remodelada y acogedora, con la bella construcción de la Galería o Antiguo mercado cuyas escalinatas caen sobre el río, y en el costado opuesto la iglesia fundacional de La Concepción.

Ambiente nocturno en la Plaza de La Concepción

Ambiente nocturno en la Plaza de La Concepción

Los meseros de los restaurantes han dispuesto las mesas al aire libre para acoger a los turistas que llegan de diferentes partes del país y del extranjero. Se oye el saxofón en la esquina de Yimi. Un vientecillo delicioso corretea por la plaza. Hemos venido a refrescar el gaznate y a encontrarnos con el poeta Dagoberto Rodríguez Alemán, coordinador del evento de presentación del libro. Mientras yo converso con el poeta sobre los detalles del evento, Bárbara y sus amigas de la delegación: Juliana, Diana y Tatiana, así como Carmen Beatriz, se dejan llevar por el embrujo de los callejones, las vitrinas con artesanías y filigranas, acompañadas por el reflejo del río que titila como un sortilegio.

Vendedor del periódico El Mompoxino

Vendedor del periódico El Mompoxino

La conversación con el poeta adquiere nuevos acentos cuando llega Máximo Alemán, el Director del periódico El Mompoxino, en cuya edición de fin de año incluyó una reseña del libro escrita por el poeta, invitando al evento de lanzamiento.

Al día siguiente intentamos desayunar en la Albarrada de Santa Bárbara, con el estruendoso duelo de dos picós en los cuales reinaba el vallenato. De la legendaria Iglesia de Santa Bárbara se descolgaron varias campanadas, como si quisieran fusionar lo profano con lo sagrado. Picamos una carne a la parrilla con yuca y suero costeño en un improvisado asadero, pero nos puede más el Comedor costeño y hacía allí nos dirigimos a comer bocachico (reímos al recordar la teoría del taxista sobre la culpabilidad del bocachico en la sobrepoblación), pedimos arepa de huevo, los consabidos jugos de naranja y corozo, yuca y bollo de maíz con suero.

Casa de la Cultura

Es una de las construcciones más emblemáticas de Mompox, verdadera joya arquitectónica de la época colonial con sus jardines, altos tejados y amplios corredores. La visitamos antes del mediodía y nos alegró ver en la cartelera de entrada un afiche con la carátula del libro invitando al evento.

Casa de la Cultura de Mompox

Casa de la Cultura de Mompox

El director, Kevin Hamed Reinfstang Acuña, nos enseñó el auditorio donde tendremos la presentación. Nos presentó a la Secretaria de Educación, Cultura y Turismo de Mompox, Cielo Isabel Arias, a quien entregaremos, en dicho evento, 50 ejemplares en donación para que sean distribuidos en todas las bibliotecas existentes en Mompox.

Visitamos a algunos amigos para invitarlos, a otros les telefoneamos o les enviamos un mensaje por “whatsapp”. El poeta Dagoberto hizo lo mismo por su lado. Invitó a los dos alcaldes, el saliente y el entrante. Nos anunció que asistirán los personajes que aparecen en el libro. Ana Cadena, del Hostal donde nos hospedamos, nos anunció que también asistirá. Aunque es temporada decembrina se espera que asistan unas 50 personas interesadas en el tema del Patrimonio, Historia y Memoria de Mompox. Fue el cálculo que hicimos para los separadores que obsequiaremos y la copa de vino.

La autora con Janeth Meléndez y Jesús Gómez

La autora en compañía de Janeth Meléndez y su hijo Jesús Gómez, poco antes de iniciar la presentación del libro.

A las 6 de la tarde llegamos a la Casa de la Cultura: mejor esperar que ser esperados. Reubicamos algunas sillas, decidimos no utilizar la mesa, el micrófono se mostró reacio y el poeta se encargó de conseguir un técnico. Estaba listo el “videobim” para proyectar algunas de las fotografías que aparecen en el libro y que fueron tomadas por Bárbara. Los detalles, como el agua para los expositores, la mesa donde se expondrá el libro, el lugar que ocupará la autora…

Algo de nervios, no se niega. Pero estamos imbuidos del espíritu Caribe, de ese optimismo alegre y descomplicado. Todo saldrá bien, ya lo verán, nos dice el poeta.

Presentación del libroY así resultó. Poco antes de las siete damos inicio a la reunión. El poeta presentó su saludo y dio comienzo al conversatorio con la autora. Sus preguntas le permitieron a Bárbara exponer la secuencia del libro, los casos tratados de apropiación del patrimonio y la necesidad de que las leyes de preservación se cumplan para que Mompox siga siendo una singularidad, las experiencias en el trabajo de campo, el rigor de escribir la Tesis de grado con la cual optó el título de Antropóloga en la Universidad de Antioquia, sus recuerdos de infancia y esos viajes que le permitieron dar cuerpo a su tesis culminada en el 2005. Luego vino una década en la cual ella inició el proceso de adecuación del libro.

(izq a der) Yimi Alvarado, Bárbara Galeano Zuluaga, Álvaro Luis Castro Abuabara, María Bernarda Palomino y Ana Cadena.

Los personajes del libro: Yimi Alvarado, Bárbara Galeano Zuluaga, Álvaro Luis Castro Abuabara, María Bernarda Palomino y Ana Cadena.

Una victoria sobre el tiempo

Al final del evento, quienes compraron el libro hacen fila para que Bárbara se los autografíe. No hay afán, mientras tanto brindamos con vino de corozo, en Mompox se ha detenido el tiempo desde hace más de cuatro siglos.

La autora entrega un ejemplar del libro al director de la Casa de la Cultura

La autora entrega un ejemplar del libro al director de la Casa de la Cultura

En acta firmada por la Secretaria de Educación, Cultura y Turismo de Mompox, el Director de la Casa de la Cultura, el poeta Dagoberto Rodríguez Alemán, y yo como Director Editorial de la Fundación Arte & Ciencia, quedó plasmada la entrega de los libros, con el listado detallado de las instituciones a cuyas bibliotecas llegará un ejemplar.

El propósito de nuestro viaje se cumplió a cabalidad. Acompañamos a Bárbara en la misión de devolverle a los momposinos lo que les pertenece, pero sistematizado en una prosa pulcra y ágil, y una excelente diagramación, un libro de Arte porque tanto como objeto, como texto literario y arsenal fotográfico, el libro invita a admirarlo.

Paseo por el brazo de Mompox del río Magdalena

Paseo por el brazo de Mompox del río Magdalena a bordo de la “Valerosa Tours”.

Lo demás en los días siguientes fue deliciosa añadidura: las exploraciones por otros restaurantes, la visita a algunos talleres de orfebrería, el recorrido nocturno en bicicleta que hicieron Bárbara y sus amigas de la delegación por la albarrada y otros callejones legendarios, el paseo en la lancha “Valerosa Tours” por el Brazo de Mompox con sus oleadas de garzas al caer la tarde, y la degustación del dulce de cáscara de limón, los casabitos, las butifarras, el queso de capa, las visitas a varias iglesias y el inolvidable paseo a la luz de las farolas por la silenciosa Albarrada, remodelada y solitaria, todo ha quedado detenido en nosotros como un feliz recuerdo.

Una visita al Colegio Nacional Pinillos de Mompox

Una visita al Colegio Nacional Pinillos de Mompox

Al despedirnos, el último día, doña Ana Cadena nos entregó algo para el viaje. Es un paquete de casabitos: “Para que no nos olviden”, dijo sonriente. Las amigas de Bárbara, casi en coro, le responden que volverán. Ya lo verá, doña Ana, ya lo verá.

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