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Archive for the ‘Literatura’ Category

Los clásicos de un aprendiz

Los martes de tres a seis en Los Colores, tiene lugar un encuentro con la lectura, la historia y el arte. Nos ponemos de acuerdo para abordar un clásico y no es fácil. Que si Shakespeare, que si Conrad, Yourcenar o Harper Lee. Uno a uno vamos escudriñando personajes, oficios y estancias.

Claudia Restrepo Ruiz

Leer con El Aprendiz es una de las mejores experiencias que he vivido como escritora. (Foto archivo) Para más información sobre la autora haga clic en la imagen.

Nubia quiere leer a Hamlet, Álvaro La Odisea, Marta Cecilia Matar un ruiseñor y yo, El corazón es un cazador solitario. Para todos hay tiempo, hay disposición, hay entrega. Enamorarse de los clásicos es una relación de por vida. Sus personajes quedan anclados a nuestro ser y nuestra memoria con sus gestos y maneras. Scout Finch ya lee cuando entra a la escuela. Su padre nos recuerda la integridad. Marlow cabalga El Congo como Ulises su barco antisirenas.

Ángel nos propone analizar el ritmo, casi el vértigo de Stendhal mientras Sorel come páginas y escala posiciones. Leandro propone una pausa para leer un párrafo con una vegetación que le llamó la atención. Andrés toma notas que no pedimos compartir pero que sabemos llenas de magia y deslumbramiento. Ángela llega con el libro entre las manos, sudando la última frase que leyó, asombrada y alegre por ese compartir la lectura entre colegas. Nunca vamos a la par, cada quién lee a su ritmo. No hay afán, pero sí el sentido de una meta. No hay orden, podemos comenzar por el final. Italo Calvino nos sorprende con su estructura que de nuevo Ángel descose para nosotros: Lean los pares… y el invierno del viajero se hace primavera.

No queremos que nada se nos escape. Le prestamos especial atención a los comienzos, porque no es cierto que ningún buen fin tiene mal comienzo.

Un callejón trae milagros consigo y para recrearlo nos vestimos de árabes y tenemos una cena con arroz de almendras, tahine y tabule. Trasladamos el callejón a una terraza. Hablamos del destino de Hamida y lamentamos que su belleza haya sido su verdugo. Cada clásico es una revelación, un taller en sí mismo, una escuela. Todos ahondan en la naturaleza humana.

¿Cómo los escogemos? Quizás ellos nos escogen a nosotros. Y no sólo la novela es invitada. Hay espacio para la crónica, para el cuento, para la poesía. Sentimos el bálsamo de Aurelio Arturo, y las reflexiones de Una niña mala de Monserrat Ordoñez. El asombro, es innegable, inaplazable, y al final, indestructible.

Compartir los hallazgos de una lectura es como contar un encuentro con un amigo que no veíamos hace tiempo: estamos atentos a la luz, a la descripción del alba, el ocaso y el plenilunio. Desglosamos los colores, la estación, el sonido del ferrocarril. Nos preguntamos por la carpintería de cada autor, por la construcción de estructuras, por el narrador. Allanamos estancias, exprimimos miradas. Tomamos nota para no olvidar. Somos ávidos y dispuestos. Juntos somos fisgones y reveladores. No queremos que nada se nos escape. Le prestamos especial atención a los comienzos, porque no es cierto que ningún buen fin tiene mal comienzo. En la literatura, el comienzo es fundamental. De él se desprende todo lo demás. Tiene que tener la fuerza de un imperio. Y los repasamos en voz alta, para medir las palabras, la cadencia, la musicalidad. Admiramos la poesía en la prosa, porque no puede haber literatura sin poesía, sin belleza. Estamos presentes en el azar y la fortuna, en el destino y la filigrana de cada autor y su obra.

 

Leer para aprender a tejer nuestros escritos

Nuestras lecturas en el Grupo son para aprender a tejer los textos propios. Para soñar. Para viajar, porque la vida es un viaje y la literatura más. Estamos a bordo de un barco con Lord Jim, o cumpliendo una condena con Ulises. Singer visita a Antonapoulos y con ellos aprendemos del lenguaje de las señas.

Compartir los hallazgos de una lectura es como contar un encuentro con un amigo que no veíamos hace tiempo: estamos atentos a la luz, a la descripción del alba, el ocaso y el plenilunio. (Foto archivo)

Clásicos para entender la importancia de los detalles en la construcción de un personaje y una atmósfera. Clásicos para viajar, para detenerse, para soñar despiertos y para equilibrar nuestros deseos de aprender a escribir. Es imposible escribir bien sin leerlos. Lo que los maestros nos han dejado con el tiempo son migas de pan en el gran bosque de la literatura universal. Con detenimientos recogemos las migas y armamos una biblioteca de hallazgos, reflexiones y verdades. Estamos tras los personajes de Dostovieski o acompañando a una madre de un ladrón a reclamar su cuerpo con García Márquez.

No siempre es fácil encontrar los títulos que nos proponemos. Es entonces cuando acudimos a mercaderes de libros antiguos para saciar nuestra curiosidad. Comparamos ediciones y hemos aprendido a detectar las buenas traducciones. No profundizamos en los prólogos porque sentimos que cada obra debe defenderse por sí misma.

Leer con El Aprendiz es una de las mejores experiencias que he vivido como escritora. Los comentarios de todos nutren mi visión. Celebrar el fin de una lectura es como haber vivido otra vida. Siempre está abierta la curiosidad de qué sigue y las propuestas sobre la mesa son todas vencedoras. Lento, sin afán, descubrimos que también podemos ser lo que leemos y para ello, siempre hay que estar dispuestos.

 

claudiaprestrepo@gmail.com

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Publicado en la Edición 102 de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, edición impresa.

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Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.
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Carné de Aprendiz

¡La pasión de viajar, vivir y escribir!

Entrevista con Juan Felipe Franco Barrera

Ángel Galeano Higua

La vitalidad que irradia Felipe es volcánica. Tanto si se encumbra en el Alto del Cocuy o en el legendario Himalaya, o si se sumerge en las profundidades del Pacífico o en los torrentosos ríos mayores de nuestra geografía. Al mejor estilo de los viajeros en la antigüedad, se lanza por caminos y trochas en busca de nuevos secretos de la naturaleza. Cuevas, desiertos, llanuras, todo lo devora con su poderosa hambre de vivir. De niño juicioso y obediente, mutó en un atrevido soñador que batalla por hacer realidad sus proyectos.

No es un aventurero. Al contrario, sus arrojos están atados a una búsqueda de la expresión estética mediante la palabra y la fotografía. La lectura ha sido uno de los tesoros descubiertos desde temprana edad en el seno de su familia y en el colegio. La escritura se tornó en una necesidad para reforzar y enriquecer su natural inclinación a compartir con los demás. Podría decirse que Felipe ha invertido todos sus esfuerzos en viajar para encontrarse a sí mismo. Y quienes lo conocemos en estas lides de aprendiz de lector y de escritor, podemos dar fe de ello. Ese despliegue de energías para conquistar las montañas colombianas o asiáticas, ese fajarse el traje de buzo para observar a los tiburones, lo lleva a ese otro campo de batalla donde se propone capturar esas vivencias mediante las palabras. Viajar para narrar. Sabe que no puede haber verdadero viaje si no hay narración. Y no sólo con las palabras. Ahí está la fotografía, de la cual echa mano también para atrapar el otro lado de la luz y de la sombra. En todo caso borboteo de imagen. @pipepaseos

La presente entrevista muestra algo de esta avalancha humana llamada Juan Felipe Franco Barrera. Sus cuentos, como él, también buscan su propio camino entre las breñas del tanteo que todo aprendiz debe hacer para acercarse a su objetivo. Un objetivo elusivo y sublime por lo mismo, que está más allá de los aplausos y los halagos. Un aprendizaje a fondo, que nos sirve de ejemplo en un mundo pervertido por la ambición, el egoísmo y la riqueza material. Como todo aprendiz sincero, termina por enseñarnos. Ya nos lo dirán sus escritos, su reto más formidable.

 

Juan Felipe Franco Barrera. “Quizás lo más desabrochado de mí es que mi evolución personal consistió en ser poco arriesgado y muy convencional en la infancia y adolescencia, a ser un amante de los deportes de naturaleza, de aventura y adrenalina dicen algunos, y en preferir ser diferente y no seguir las masas en muchos temas cotidianos. De niño nunca me hubiera atrevido a tirarme en ningún vacío, escalar algún pico nevado, bucear un cenote, ni ir a “mochiliar” un país donde ni siquiera se hablara inglés… Pasé de ser de los mejores estudiantes de un colegio católico y disciplinado, a ser un buen estudiante siempre, pero también aprendiz de culturas, idiomas, caminos y rutas casi perdidas… Mis “atrevimientos” más atesorados: excursión a varias cumbres de nevados en Colombia, siendo la más dura el Cocuy. Haber estudiado y publicado sobre energía eólica en Colombia cuando era un tema prácticamente desconocido o quijotesco”. (Foto archivo)

P. ¿Cuál es tu gracia?

R. La intensidad que le pongo a la vida.  Mi conexión con la naturaleza, con los lugares que visito. Dejo un pedacito de corazón en cada lugar.  Me gusta viajar con la mente y mis escritos, invitar a otros a que viajen conmigo a través de las experiencias que plasmo. Quiero imprimir el mundo que veo y siento, en palabras, en bitácoras y en historias que me permitan viajar al leerlas, volar de nuevo con el recuerdo e invitar a otros. Mostrar por dónde paso, y en especial porqué vale la pena conocer, recorrer, saborear ese lugar.

 

P. ¿Y tu desgracia?

R. Que no hayan días de 27 horas, ni fines de semana de 3 ó 4 días. Quiero conocer más lugares, leer más libros, aprender sobre más temas. Ver más paisajes, compartir más culturas e historias, hacer más conjuros en El Aprendiz de Brujo, jeje, hay muchas cosas para hacer por uno mismo y por otros.

 

P. ¿Crees que has avanzado como lector, como escritor?

R. Definitivamente. El haber llegado a este Grupo Literario revivió mi amor por las letras. Avanzo como lector porque conozco obras de grandes maestros y no solo eso: ya son mis maestros, como decimos en el taller “aprender y capturar, de su saber, de su maestría, sus trucos también”.  Semana tras semana aprendo a ver y apreciar de manera diferente las grandes obras.  He adquirido herramientas que vienen de la teoría, de los análisis de textos.  El Diario literario propio y ajeno es una fuente de ideas, discusiones, opiniones constructivas; gracias al Aprendiz soy más consciente de lo que puedo lograr con las letras, que libero esa otra voz de escritor que siempre quise sacar de mí, un contador de experiencias, un cronista de la naturaleza y lugares que ahora visito más consciente; un cronista que narra desde sus capturas pasadas lo que me conmovió.  Tengo ahora el reto de escribir diferente, de acuerdo con mi nueva óptica del mundo.

 

P. ¿Recuerdas el primer libro que leíste?

R. Fue el Manual de los Cortapalos, en sí no es una obra literaria sino un libro didáctico de manualidades, juegos y creatividad.  Esa parte sí me mostró lo que es la lectura: mi primera impresión fue de aprendizaje, creación, y diversión.  Otro libro que me regalaron fue una historia real relacionada con la religión, “Elio y Flora, jóvenes héroes”.  Me impresionó un poco porque tenía que ver con los horrores de la Segunda Guerra Mundial, separación de familias, torturas. En esa historia dos niños pasaron muchos sufrimientos pero al final su fe los salvó. El libro me transportó, me hizo ver diferentes condiciones humanas, entre ellas la bondad y la maldad; también el aspecto histórico y el contexto de la guerra creo me marcaron, pues están dentro de mis temas favoritos hoy.

Aurita Berrío, la tía abuela paterna, ella fue una maestra, líder social, escritora y poeta. Dedicó mucho esfuerzo y amor en que sus sobrinos, alumnos y discípulos tuviéramos valores, en cultivarnos espiritual, humanamente. Nació en San Vicente Ferrer. En la foto junto al mural en que fue incluida en dicha población. (archivo familiar)

Ambos libros me los regaló mi tía abuela paterna Aurita Berrío, ella fue una maestra, líder social, escritora y poeta. Dedicó mucho esfuerzo y amor en que sus sobrinos, alumnos y discípulos tuviéramos valores, en cultivarnos espiritual, humana académicamente. Una mujer adelantada a su época en palabras de muchos, entre ellos su inmolado discípulo jericonano Héctor Abad Gómez.

 

P. ¿Cuándo comprendiste que eras un aprendiz?

R. En todos los campos de mi vida soy un aprendiz, y ésa es de las cosas que me mantiene de verdad vivo. Llegué a ser un Aprendiz, de Brujo, gracias a conocer uno de los libros del grupo: El traído, que fue un gran regalo para mí del colega Álvaro Jiménez Guzmán. Conocer su trabajo, y la posibilidad de contar historias de nuevo.

 

P. Varios de los textos que has compartido en las sesiones del Grupo tratan de viajes ¿A qué se debe?

El traído, cuentos de navidad. Grupo Literario El Aprendiz de Brujo. Diseño de portada, Saúl Álvarez Lara.

R. Una de mis pasiones de vida es viajar. Cuando estoy en contacto con la naturaleza, en una alta montaña, en lo profundo del mar siento una conexión tremenda con esa belleza natural, con la creación.  Comencé a plasmar esas sensaciones y a guardar lo más vívidos posible esos recuerdos a través de una bitácora, en correos para mi familia y amigos cercanos.  Con el tiempo descubrí que tanto ellos como yo podíamos volar y viajar a esos sitios donde estuve de paseo, “mochiliando”, o estudiando gracias a una beca.  Me gusta ir a nuevos sitios, desde pueblos hasta montañas y países, y captar todas las sensaciones que me cause el lugar gracias a mis bitácoras, que ahora estoy transformado en el diario literario.

P. ¿Has publicado ya algún texto? ¿Cuál fue? ¿Cómo brotó?

R. En el periódico del Colegio de la UPB fueron publicados algunos textos.  Un ensayo El gran depredador, donde cuestionaba la depredación que el ser humano ejerce sobre la naturaleza, y como eso es cotidiano en cualquier persona incluso en su vida normal, en la ciudad.  También dos cuentos donde comprendí que la narración corta es mi género favorito “Piedrasnegras” y “Americándida”. El primero un cuento con algo de imaginación, donde una tribu perdida en la amazonía colombiana era descubierta y su tecnología energética y ciencia ecológica eran ejemplo para el hombre blanco; Americándida fue una historia escrita para conmemorar el descubrimiento de américa, allí hago un homenaje a los campesinos, a las tribus indígenas, denuncio ese “descubrimiento” como una violación y barbarie, también resalto la vida de los nuevos mestizos.

Mención de Honor de  Mincultura, 2018.

Con el Aprendiz de Brujo publicaremos el libro de antología de cuentos La duda donde estará mi cuento Burbujas al cielo.  En principio fue mi exploración de escribir una historia sobre el buceo, pero en esos días, agosto de 2016, fue la tragedia de 5 buzos que se perdieron en la isla de Malpelo, dos de ellos nunca pudieron ser rescatados.  Ese incidente me conmovió mucho, entonces ese texto se convirtió en un escape a la tristeza por lo sucedido, también quise hacer un homenaje a Carlitos y Erika Vanessa que perecieron en el mar practicando una de las actividades más bonitas que se pueda hacer, el buceo recreativo. Ese cuento se alimenta de mis experiencias, todas muy bellas y de total admiración por la naturaleza marina, así como de la tragedia de esos buzos. Busco mostrar que un buzo es solo un extraño en el ecosistema, que es un visitante bienvenido pero que a su vez debe respetar, comportarse con la humildad necesaria para compartir de manera apropiada con las otras criaturas.

P. ¿Preparas alguna publicación próxima? ¿Podrías adelantar algo?

R. Sí, esto escribiendo sobre dos temas: un relato de viaje, con tintes de blog, parte mochilero, parte turista guiado en China y el Tibet. Es un escrito de retratos de paisajes, de sensaciones, de impresiones sobre un país tan inmenso y milenario; también quiero plasmar mis impresiones sobre la mística del Budismo en su cuna, la fe, los habitantes, los templos y ese marco tan imponente con son los Himalayas y el Everest.

Otros relatos que estoy trabajando se basan en capturas que comenzaron en mi diario literario y que poco a poco tomaron un rumbo de historia. Una visita a la capital de la Salsa y el show Delirio me mostraron unos personajes vibrantes: bailarines caleños, músicos, negras hermosas y picantes, personas que trasmiten su sueño hecho realidad en el escenario. También están los relatos propios de las cosas simples que ocurren en los paseos, que pueden ser peligrosas, o molestas, o simplemente “parte del paseo”, pero que cada uno decide o sufre cómo las vive, así que escribo después de haber capturado momentos en varios muelles casi improvisados y siempre desordenados de lugares turísticos y otros no. Incluyo también episodios de viajes en el exterior, con su encanto, su novedad, pero a la vez las dificultades propias de estar en un lugar y cultura diferente.

 

P. ¿Cuál de tus textos te ha exigido más trabajo? ¿Por qué? ¿Cómo lo superaste?

R. Burbujas al cielo hasta ahora ha sido mi texto más exigente.  La historia no está narrada de manera lineal y fue una primera dificultad de forma. La escribí justo después de la pérdida de los buzos Erika Vanesa y Carlitos en Malpelo, entonces estaba triste y cargado emocionalmente. Poder construir una historia donde mostrara la magnificencia del lugar y del ecosistema, pero a la vez la minúsculo de la humanidad y el riesgo al desafiar esa naturaleza fue rozar varios límites que quise combinar en forma armónica. Lo anterior también fue una liberación de esa pérdida de unos hermanos buzos amantes del mar. El taller literario me aportó mucho con sus comentarios y observaciones, reescribí al menos tres veces el corazón de la historia.  También por la combinación de la temática, entre la parte de admiración por la naturaleza, los acontecimientos del extravío de los buzos en que se basa la historia, y mi recreación escrita al respecto, fueron un rompecabezas que poco a poco resolví. La creación de un solo personaje que representara mi visión del buceo y a su vez los cinco buzos, mover al personaje entre esos dos “mundos” fue difícil, así que por momentos lo escribí como capítulos separados que fui tejiendo de manera gradual.

 

P. ¿Te persigue algún tema en especial?

R. El contacto con la naturaleza, nuevos lugares y culturas me inspiran mucho. Me nace desde muy adentro narrar de lo que veo y siento al visitar lugares nuevos, y también conocidos.  Mi tema natural es trasmitir ese contacto, sea con paisaje, agua de ríos y mar, e invitar a través de palabras e historias a abrirse a nuevas experiencias alrededor de eso.

 

P. Si tuvieras que navegar en la mar 90 días y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías? 

R. El de los pequeños puertos y muelles colombianos, es muy divertido.  Ese “salpicón” de personajes y emociones, afanes, motivaciones e incomodidades por abordar una lancha en medio del colombiano desorden, es gracioso, y navegar 90 días seguro sería una manera de encontrar nuevas situaciones para esa misma historia.

 

P. Para evitar que te obliguen a subir diez veces la piedra de El Peñol si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías?

R. Se llama el Niño de la Caverna. Es una narración donde intenté conectar una evolución personal con los relatos de un viaje, y pues me sentí fracasado en el intento.  Esto también es bueno, uno crece en el Aprendiz de Brujo, así que exponer esa primera versión del escrito y desnudar sus fallos fue enriquecedor.  Pero sí, destruiría esa historia porque intentando conectar elegí una metáfora que no pude resolver.

P. ¿Cómo consideras la relación de tu profesión con la literatura?

R. La relación tomándola a la ligera no es muy evidente. Ahora bien, como ingeniero se vive en una cuadrícula. En mi caso, me aparté un poco de la literatura.  Al acercarme de nuevo con mi participación en el Grupo Literario, puedo incentivar la creatividad con los escritos y oxigenar mis pensamientos. El ejercicio se convierte en un gran estímulo que ayuda y despeja mi ser racional para descansar mi mente, explorar nuevos caminos creativos y para alimentar mi ser de nuevas ideas y sensaciones.  Todo eso resulta en elementos positivos para mi día a día profesional.

Sesión del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo. (Foto archivo)

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?

R. Por sueño de vida, porque aprendo mucho de mis compañeros y de nuestro guía.  Porque es un taller participativo, de total camaradería.  No hay personas de esas que son expertas en ver los “lunares en la pared blanca”. Por el contrario, el ambiente generado por nuestro tutor es de colaboración, sencillez y ganas de crecer juntos.

 

P. Te piden como pasaporte al paraíso terrenal que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?

R. Quizás lo más desabrochado de mí es que mi evolución personal consistió en ser poco arriesgado y muy convencional en la infancia y adolescencia, a ser un amante de los deportes de naturaleza, de aventura y adrenalina dicen algunos, y en preferir ser diferente y no seguir las masas en muchos temas cotidianos. De niño nunca me hubiera atrevido a tirarme en ningún vacío, escalar algún pico nevado, bucear un cenote, ni ir a “mochiliar” un país donde ni siquiera se hablara inglés.

Pasé de ser de los mejores estudiantes de un colegio católico y disciplinado, a ser un buen estudiante siempre y aprendiz de culturas, idiomas, caminos y rutas casi perdidas.

Mis “atrevimientos” más atesorados: excursiones a varias cumbres de nevados en Colombia, siendo la más dura el Cocuy. Haber estudiado y publicado sobre energía eólica en Colombia cuando era un tema prácticamente desconocido o quijotesco en nuestro medio. Una beca en administración de software en India, donde además me volví experto en tomar trenes y rutas cada fin de semana para un lugar nuevo, incluso desconocido para mis profesores y compañeros. Haberme certificado de buzo principiante en Gorgona, en medio de corrientes, tiburones y algún buceo nocturno. Durante la universidad recorrí mucha parte de la costa atlántica y la zona andina en auteco plus, que es una motocicleta fabricada en la India, con estilo Vespa italiana, no exactamente el vehículo más acondicionado ni seguro para ese tipo viajes. Fue un desafío, un aprendizaje, y sobretodo un disfrute y conocimiento de la belleza de nuestro país. Otro tipo de viaje fue una “mochiliada” poco probable en China, con ayuda de una aplicación de mapas en idioma mandarín que apenas pude interpretar, mucha recursividad y sonrisa para comunicarme con los locales… mi desabroche fue convertir mi vida en una aventura que me llena alma y corazón.


 

P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario? (algo de historia de tu experiencia)

R. El diario se convirtió en un polo a tierra de mi vida.  Detenerme cada vez más frecuentemente de la velocidad de la cotidianidad del trabajo, el estudio y cualquier cantidad de distracciones y ocupaciones para dedicarme a respirar, respirar letras, recuerdos, impresiones ha sido muy valioso.

Los diarios también me han enriquecido las ideas, la manera de tomar mis capturas del entorno. He podido constatar que se logra “mantener la mano caliente” porque me ha sido posible escribir de muchos más temas, más impresiones e instantes a mi alrededor, o que escuché, o ví que necesitaba reelaborar y transmitir una alegría, un dolor, un desconcierto.

Por ejemplo, el minicuento Semáforo en gris nació cuando fue atropellado un perrito en la avenida 80. Ese instante y desconocer el desenlace me afligieron mucho y pues logré soltar un poco ese sentimiento a través de un diario literario sobre el acontecimiento.  Después pude convertirlo en un texto bonito y retador al escribirlo en 100 palabras.

 

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?

R. Primeros apuntes de semáforo en gris: una moto detenida, también una camioneta y los conductores se bajaron y cargaron al perrito de la calle a la acera.  La mañana gris, amarilla, nublada se tiñó de rojo. La avenida 80 estaba inusualmente embotellada a esa hora un sábado. El semáforo peatonal  no hizo el cambio de verde a amarillo y luego a rojo, cambió a gris. No había pitos ni protestas, la pregunta en el ambiente ¿quién atropelló al peludito?¿se murió el perrito?

Un paseo en Coyoacán: de otro lado, en el atrio de la iglesia, una niña recogía las rosas rojas. Estaban casi de color morado agobiadas por el sol.  La pareja de novios ya había entrado a la iglesia del San Juan Bautista y la puerta cerró. Ellos dejaron tras de sí decenas de flores, que más parecían acompasar el grito de los mendigos, desperdigada por el piso parecían ser su única riqueza. El hombre que fingía una discapacidad miraba de reojo el bolso de un distraído extranjero…

Una captura de un habitante de la calle en la quebrada la Ayurá:  hoy es sábado, los sábados me baño. Es más tranquilo. Me levanto tarde porque la gente no va a sus trabajos, el agua está mas limpia, por eso también lavo mi ropa. Esta semana hizo calor, las semanas anteriores llovió mucho, tanto que volví un día a los matorrales y mi cambuche se lo había llevado la borrasca…

 

Medellín, noviembre de 2018

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Cuando conocimos Lo amador, su primer libro, estábamos ocupados en el Sur de Bolívar persiguiendo un sueño. En las soledades tumultuosas frente al río, sus cuentos se convirtieron en alimento imprescindible. Ahora que él ha iniciado su inesperado vuelo sideral, hemos vuelto a leer estos cuentos y de nuevo hemos sentido esa frescura narrativa que tanto nos alentó.

 

“El cuento es un encuentro repentino con la poesía”

“Lo único que le devuelve la libertad a la prosa es la poesía”

Estas frases de amor que se repiten tanto

Roberto Burgos Cantor

Roberto Burgos Cantor, aprendiendo a escribir.

I
Sucedía ese amanecer húmedo. El salitre venía con el aire y se quedaba enredado en los cabellos, en la piel cada vez que se escurría la sábana. También estaba en la silla al lado de la cama con la lámpara, unos libros y un paquete comenzado de cigarrillos Era uno de los amaneceres más húmedos del mundo. Y el salitre. Lo sentíamos en el piso de baldosas contra los pies descalzos cuando nos levantamos en la oscuridad para buscar el baño del patio. Primero me levanté yo y susurraste que a dónde iba. Después tú, y sucedió lo mismo para darnos cuenta que estábamos despiertos, sin podernos dormir. Parecía la misma sensación de las veces que veníamos del mar y sin sacarnos el agua salada y la arena nos acostábamos desde la tarde.
Toda la noche sentimos los camiones y los perros, los grupos de soldados dando alto y haciendo requisas, los detectives escondidos en la oscuridad silbando para avisar algo, con carreritas de un lado a otro.
Ese amanecer húmedo lo encontraron. Debían ser las seis de la mañana cuando encendiste el radio, aceptando que ya no volveríamos a dormirnos y veíamos la luz por entre las rendijas de la pared de madera. Yo, de espaldas a ti, acostado sobre el lado del corazón, mantenía los ojos cerrados, sin querer abrirlos, sin darme vuelta para abrazarte y saberte allí, preservada. Hacía memoria de los días en que jugando a elegir habíamos venido a vivir en este barrio y cómo escogiste el sitio, una accesoria, así dicen aquí, casa de muchos cuartos pintada de rosado en la pared del frente y con una escalera de piedra para llegar de la calle a la puerta de entrada. En esa altura un aviso con pintura azul: “ARACELY 1era REINA DEL UNIVERSO”, que aún, descolorido, permanece. Lo demás era previsible: el cuarto que da al patio, cincuenta pesos la mensualidad, nada de ruido jovencitos.

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Reproducido por Ángel Galeano Higua
Grupo Literario El Aprendiz de Brujo

Tomado de: Lo amador, pg. 53 Instituto Colombiano de Cultura – Universidad de Cartagena. 1980

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Editorial escrito por Mario Escobar Velásquez con motivo de la creación de la Fundación Arte & Ciencia.

 

De nuestros propósitos

Al consolidarse, mediante la aprobación de sus estatutos por la autoridad competente, nuestra Fundación Arte & Ciencia quiere establecer para la comunidad su razón de ser y delinear los propósitos que la animan.

Integrada por un grupo de ciudadanos ajenos a la política, y dedicados sí a menesteres artísticos o científicos. La Fundación venía gestándose de tiempo atrás. Cada uno de sus integrantes, y todos a una, venían entendiendo lo que suele ser usual en sociedades como la nuestra, cuyo desarrollo armónico es todavía una aspiración, esto es:

Portada de EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 40, cuyo Editorial corresponde al texto fundacional de la FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA.

A) Que el artista meritorio que cumple una función de belleza en cualquier campo no es algo que la sociedad tolera como un añadido, una superfluidad, sino una parte esencial. Porque la belleza ha sido siempre lo equivalente de una civilización. La una no puede ser sin la otra. Entonces La Fundación quiere estimular, apoyar, y poner de manifiesto ante la sociedad, a sus artistas: de todas maneras, y sea cual fuere el modo que tengan de manifestarse.

B) Igualmente en lo que toca a quienes dedican su vida a la ciencia. Tampoco sin ella hay civilización. Y tanto como el artista, el científico suele ser ignorado, inédito, menosvalorado. La Fundación pretende igualmente estimular, apoyar y poner de manifiesto ante la sociedad, a sus científicos: de todas maneras, y sea cual fuere el modo que tenga de manifestarse.

Lo que nos proponemos como entidad hace una tarea ingente. Los integrantes de la Fundación estamos llenos de voluntariosos ideales, que pretendemos cumplir.

Así lo prometemos.

(Texto escrito por Mario Escobar Velásquez por encomienda de los miembros fundadores de la Fundación Arte & Ciencia, octubre 12 de 1993 y publicado a manera de Editorial en EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 40) Archivo general Sala Antioquia de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín.

 


Con este libro nació la FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA en 1993. Después de esta obra el catálogo cuenta en la fecha con 80 títulos publicados.

 

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Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.

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Carné de Aprendiz

“No existo sin el Arte”

Entrevista con Diana Patricia Álvarez

Ángel Galeano Higua

Desde hace muchos años acostumbro conservar ciertos textos de los participantes en las sesiones literarias, tal vez por un prurito de editor que sin darme cuenta he cultivado. De Diana tengo varios, entre los que destaco uno fechado en octubre de 2002, en el cual ella se aventura en la exploración de un cuento leído en el grupo (¿Aló?, ¿Aló?) que recrea la intrincada atmósfera de violencia que cayó sobre Medellín en las décadas de los 80 y 90. Lo que atrajo mi atención fue el enfoque que ella hizo, no del aspavientoso retumbar de las bombas de los narcos, ni el espectacular traqueteo en las noches malditas, sino del silencio, que “tiene voz propia y juega un papel importante en este texto, es un personaje… Para mí, dice Diana, el silencio es un refugio, es el artífice de lo que nunca queremos escuchar…”.

En estos tres lustros Diana ha consolidado su búsqueda en el Arte, que marca su horizonte. En especial la música, hermanada con la palabra a través de la literatura. Por eso halla música en los silencios de ese cuento y la sigue hallando en las lecturas que hacemos de los grandes maestros. Por ese sendero, nada angosto, ha venido soltando sus escritos y alimentándose con lecturas sobre grandes compositores. La pintura, el cine, la fotografía son fundamentales en su diario vivir y los cultiva con la misma devoción.

Sus escritos suscitan asombro por su condensada fuerza, no es amiga de despilfarrar las palabras. Lo que tiene que decir procura hacerlo con el máximo de síntesis, incrementando la tensión. Los silencios deben estar ahí, jugando su prodigioso papel. “Significar sin palabras”. Sin pausas no hay voz, no hay sonido, no hay Arte. Si no tiene algo nuevo que decir, prefiere callar. Por eso en algunas preguntas de este entrevista no debe extrañarnos su silencio. (Cuando le pedí que reconsiderara dar alguna respuesta, me dijo: “Esas preguntas no las respondo porque apenas estoy empezando el proceso, aún no he enfrentado esos dilemas”). De esta afirmación se desprende también su convencimiento de que se halla en constante proceso de aprendizaje. Esa actitud la aparta de todo engreimiento y la impele por el silencioso camino de la curiosidad. Una voz así, suave y tierna, pero profunda y musical, enriquece el proceso de aprendizaje del Grupo.

 

Diana Patricia Álvarez. “El Arte ahhh… la vida. No me pienso, ni existo, sin el Arte. He sido y seré una rebelde”. (Foto archivo)

 

P. ¿Cuál es tu gracia?
R. Vivir mis experiencias con la mirada curiosa y espontanea del niño, con la pasión, el ímpetu y la rebeldía de la juventud. Tener la fortuna de estar siempre rodeada de maestros, que comparten sus saberes, me dejan ser y potencian mi individualidad.

P. ¿Y tu desgracia?
R. Vivir en resistencia entre lo sensible y lo racional con proyectos ambiciosos en el universo del arte, entre el deseo de conocer y experienciar las diversas manifestaciones y no contar con el tiempo para realizarlos, porque el campo laboral me consume.

P. ¿Consideras que has avanzado como lectora, como escritora?
R. He avanzado, porque cada proceso trae consigo mejoras, puedo darme cuenta del avance en mis ejercicios de escritura porque se han convertido en un acto más consiente, más responsable.

Conversando sobre un escrito de Diana en una sesión sabatina: “tengo facilidad para producir asociaciones sonoras cuando leo”.

P. ¿Cuándo comprendiste que eras una aprendiz?
R. Cuando descubro que el que me enseña es un maestro, en ese momento asumo otra postura, la de la esponja.

P. Hay cierta predilección en tus publicaciones por los textos cortos. ¿Qué piensas de ello?

R.

P. ¿Has publicado ya algún texto?
R. No he publicado.

P. ¿Te gustaría publicar uno de tus escritos?
R. Apenas estoy en proceso de aprendizaje. En estado de absorción.

P. ¿Cuál de tus textos te ha exigido más trabajo? 

R. … (no responde)

Los ensayos que realicé en el semestre (“Literatura y artes visuales”), fueron planteados bajo una óptica musical.

P. ¿Te persigue algún tema en especial?
R. Sí, el mundo sonoro.

P. Como estudiosa de la música, cómo consideras esa relación con la literatura.
R. La relación es muy pertinente porque ese componente musical me acerca más a la obra escrita, subraya compresiones, hay un período de la música que representa donde se codificaba el sonido para producir emociones, es un significar “sin palabras“, como decía Mendelssohn. Recuerdo que uno de los seminarios que tomé de mi licenciatura se llamaba “Literatura y artes visuales”, los ensayos que realicé en el semestre fueron planteados bajo una óptica musical, tengo facilidad para producir asociaciones sonoras cuando leo, por ejemplo reflexioné a Alicia en el país de las maravillas en relación a la música contemporánea, Alicia en el umbral al nivel de la sensibilidad, que cambia o desaparece para eventualmente volverse perceptible desde otro ámbito con elementos que son comunes que se pueden reconocer pero que están dispuestos de manera diferente, que pueden hacer por tanto que signifiquen o no, que operaran una apertura para la lectura y la experimentación.

P. Si tuvieras que aguardar en un bote sobre aguas tranquilas y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías?

R.

P. Para evitar que te condenen a conducir sin salario un bus urbano en Medellín si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías?

R.

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?
R. Porque hay resonancias en mí que se conjugan con los intereses de los miembros del grupo. Tienen activo el deseo de escribir.

P. Te piden como pasaporte al paraíso terrenal que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?
R. El Arte ahhh… la vida. No me pienso, ni existo, sin el Arte. He sido y seré una rebelde.

 


 

P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario? 
R. Me ha permitido hacer pescas milagrosas. Antes dejaba escapar pensamientos, ahora tengo dónde resguardarlos.

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?
R.Sus recuerdos enceguecen por un instante la pregunta por el código.
– El río pasa en calma, la corriente se lleva su mirada.

– Unos cuantos fragmentos y vestigios de sí mismo lo hacen desdibujar sus huellas.

– No ha retirado su mirada de la inscripción que está abierta, el sonido emerge de allí, rompe con lo codificado, extrae y pulveriza toda relación mental. Hay una cierta grafía sonora que no consigue plasmar en una partitura.

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Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.

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Carné de Aprendiz

“Ya me atrevo a superar la poesía”

Entrevista con Francisco Pinzón Bedoya

Ángel Galeano Higua

 

Cuando me entrevisté por primera vez con el ingeniero Francisco Pinzón Bedoya, en la cafetería del edificio El Paraninfo de la Universidad de Antioquia, él acariciaba un proyecto de libro de poesía que quería que la Fundación Arte & Ciencia le publicara. Desde ese momento percibí en sus textos una sensibilidad musical. Leí sus versos, avanzamos durante varias reuniones y alcancé a proponerle dos ilustraciones para la portada del libro, elaboradas por Saúl Álvarez Lara. Era el año 2004 (si mal no lo recuerdo). Pero cuando íbamos a entrar de lleno en el proceso de edición, después de cinco meses de relecturas y conversaciones, él desapareció. Aún conservo las bellas portadas de Saúl. Aquella primera experiencia me anunció a un hombre tímido, riguroso y que necesitaba tiempo. Pasaron 15 años para encontrarnos de nuevo, pero esta vez no venía con versos, sino con otro propósito muy definido: quería aprender a narrar, a escribir cuentos.

La poesía sin estética no lo convencía y creía, como Stevenson, que la prueba de fuego de la poesía está en la prosa. De esta forma ingresó al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que se reúne los sábados, y se entregó por completo a la aventura de aprender a leer y a escribir de nuevo, que son las máximas búsquedas del Grupo. Le atrapó la propuesta de llevar un Diario literario, de atreverse a leer con otros faros a los grandes maestros y de explorar con mirada crítica los propios ejercicios escritos y los de los demás. Y este aprendiz cayó bajo el embrujo de esa libertad de leer y escribir sin los patrones academicistas, desbaratando títulos, escarbando primeros y últimos párrafos, torciéndoles el camino a los personajes para jugar a nuevos destinos, y probando nuevos desenlaces. En esa fragorosa atmósfera desmitificadora, se ha atrevido a compartir varios de sus escritos que llenan de entusiasmo sus ojos y despiertan el interés de los contertulios.

En la presente entrevista nuestros lectores podrán percibir en qué va la riqueza de su búsqueda, el ahorro de palabras para ensanchar las sugerencias y su alegría de aprender a aprender, porque no quiere “olvidar de dónde vengo y qué soy”.

 

Francisco Pinzón Bedoya. “Tolimense de hechura Caribe. Ingeniero en ejercicio durante más de 40 años, desde Bucaramanga hasta Medellín donde echo raíces. Soy el resultado de una búsqueda de ser en letras y en pétalos, como expresión de mi sensibilidad profunda, además de padre, esposo y buen amigo de muy pocos. Amante de la salsa, el son, el vallenato clásico, y el ron o el whisky”.

 

P. ¿Cuál es tu gracia?
R. Tomo riesgos, asumo la vida como llega y pongo un sello en lo que escribo y enfoco: poesía y belleza. En imágenes, navego por el ensueño de la mirada distinta de las flores que me rodean. A eso le sumo mi compromiso conmigo mismo y mi espontaneidad para compartir.

P. ¿Y tu desgracia?
R. No saber tocar un instrumento musical: mínimo, la guitarra, y no cantar como yo quisiera, mi voz nunca tuvo el tono de mi voluntad. Hubiera querido musicalizar algunas de mis poesías, ya que me precio de tener un excelente oído.

P. ¿Crees que has avanzado como lector, como escritor? ¿Por qué?
R. Como lector aún mantengo el mismo ritmo de siempre y debo disponer de más tiempo, que ya llegará, Aún no avanzo como quisiera para ser más universal. Lo que sí tengo claro es que debo ser selectivo.

Poema de Francisco Pinzón Bedoya publicado en la edición 96 de EL PEQUEÑO PERIÓDICO e incluido en la antología La última página, con motivo de los 30 años del periódico.

Como escritor, ya me atrevo a superar la poesía, a abordar el relato y el ensayo, aunque persigo con limitaciones el cuento y mucho más lejos, para un mañana, la novela. No me limito sólo a lo que me gusta pues he empezado a tocar temas a los que le huía por temor o dolor, como la muerte o el suicidio.

P. ¿Cuál fue el primer libro que te impactó?
R. En 1975, el primer volumen de Archipiélago Gulag del escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn. Es una ironía porque es un conjunto de historias sobre la represión en la URSS, conseguido a través de los compañeros de la Juventud Comunista (Juco) en la universidad, como el gran boom que desenmascaraba al otro imperio. Gulag es miedo y todo lo que estar bajo el régimen conllevaba. Lo curioso es que del impacto sólo recuerdo el dolor que me transmitieron esas torturas que ahora se parecen a las que padecieron los detenidos de los campos de concentración nazis o los que se padecen en Guantánamo.

P. ¿Cuándo comprendiste que eras un aprendiz?
R. Desde mucho tiempo atrás en mi desarrollo profesional, pero como escritor desde que me atreví a mis 41 años a escribir poesía. Creo que siempre he sido un aprendiz, explorador, escudriñador, desentrañador. Ha sido una dedicación de tiempo completo. Leo de manera selectiva y me doy el permiso de dejar de leer aquello que no me mueve ni me enriquece. Desde este año, he ingresado en un plan estructurado para aprender a ser cada vez un mejor aprendiz, en donde no haya textos vedados ni altares o dioses que no se puedan analizar, desmembrar y hasta copiar, para los fines de ser un escritor.

P. En casi todos los textos que has compartido en las sesiones del Grupo se nota una lucha entre las figuras poéticas y la narración. ¿A qué se debe?
R. Soy un poeta de tiempo completo, romántico, ensalmador, amante, travieso, curioso y atrevido. Quiero aprovechar eso para relatar y contar, bajo la esperanza de llegar a textos bellos, bajo el supuesto de que podré pronto disponer de más tiempo para ello. La lucha es que me mueven las estructuras descontaminadas de reglas y de miradas que consideren el lector, ahora, como narrador debo tener en cuenta: para qué, por qué, para quién, y qué y cómo escribo. Por ello, quiero adquirir más capacidades para contar tanto de lo que aún tengo por decir, de lo que sé y de lo que no sé.

De su libro Sentires en mí menor

P. ¿Has publicado ya algún texto narrativo?
R. Sólo aquellos que autopublico en mi blog pero hasta ahora, en libros, sólo mi poesía. En algunas revistas internacionales he hecho ensayos sobre algunos otros temas, pero la narración no es algo nuevo, sólo que debo enfrentarlo porque hasta ahora me ha sido esquiva, por no decir que difícil. Tengo varios intentos que seguiré puliendo o destrozando, no lo sé. Debo lograrlo, sé que puedo.

P. ¿Preparas alguna publicación próxima? ¿Podrías adelantar algo?
R. Preparo un libro de poesía erótica y otros de talantes diversos donde vuela algún título ya, con la alegría de mi editorial y la mía propia. De un tiempo para acá derivo por textos en italiano y quiero traducirlos, poco a poco voy regalándome belleza que otros han dejado para mis ojos.

P. ¿Cuál de tus textos te ha exigido más trabajo? 
R. Hay un texto narrativo que lo he escrito como 17 veces y siempre me queda “cojo”, y en parte porque quiero ser un buen Aprendiz de Brujo a ver si lo exorcizo y lo logro como yo me imagino que debe quedar. El primer borrador nació en 2001 y aún le hago versiones. No lo he superado, sigo viviendo con mi personaje y su historia allá a la orilla del mar Caribe.

P ¿Te persigue algún tema en especial?
R. Sí, varios ligados entre sí: el mar, el amor, el erotismo, la piel, y algunas reflexiones para trascender cosechadas en mis 62 años de vida. De igual manera, mi familia ampliada y mucho de lo que me rodea y me hace feliz o infeliz o me es indiferente, sobre ello también quiero escribir.

P. Si tuvieras que viajar por los desiertos de La Guajira durante un mes y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías?
R.Esos patios de mi viejo”, poema que narra la historia de mi familia en Santa Marta, para no olvidar de dónde vengo y qué soy.

P. Para evitar que te obliguen a hacer de arriero por los caminos ancentrales de Antioquia durante medio año, si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías?
R. Algunos de mis primeros poemas rimados de hace veintitantos años. Ellos me hacen recordar esas épocas en que crecía al lado del siglo de oro español y otros más, que me llenaron de “cantaítos y gorjeos” que ya nada me dicen.

En una sesión sabatina del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo (foto archivo)

P. ¿Cómo consideras la relación de la poesía con la literatura?
R. Siempre he considerado que la poesía es parte de la literatura, entendiendo ésta como el arte de la expresión escrita o hablada, donde creo que la lírica, la narrativa y el teatro forman parte de ella; bajo conceptos universales de estética y alegría. En cualquiera de las clasificaciones que se hagan siempre estará presente la poesía como expresión suprema de lo bello. Lo que sí tengo claro es que poesía sin estética, no existe o no es poesía.

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?
R. En un principio, asistir fue la disculpa para tener un ámbito en el cual compartir mis letras y obtener algún tipo de retroalimentación. Ahora, ya parte de un colectivo con aspiraciones mayores, soy un seguidor con ojos de asombro que disfruta del talento de tanta gente en cada sesión, como un niño con su regalo escaso e irrepetible que pidió durante tantas navidades.

P. Te piden como pasaporte al paraíso terrenal que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?
R. Tolimense de hechura Caribe. Ingeniero en ejercicio durante más de 40 años, desde Bucaramanga hasta Medellín donde echo raíces. Soy el resultado de una búsqueda de ser en letras y en pétalos, como expresión de mi sensibilidad profunda, además de padre, esposo y buen amigo de muy pocos. Amante de la salsa, el son, el vallenato clásico, y el ron o el whisky.

 


 

P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario? (algo de historia de tu experiencia)
R. Libertad de decir, en el momento en que llegan las ideas o las inquietudes, sin barreras ni restricciones ni reglas preconcebidas. Es un repositorio de chispazos y ocurrencias. Como es personal pues no está sujeto a ninguna mirada, a ningún juicio. Materia prima de escritos mayores o ideas que se gestan.

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?

R. Aquí van…

Ellos llegan y tocan un timbre ruidoso: ¿está el doctor? Las respuestas varían entre un sí y uno no, y un para qué lo necesita. Es una variedad de rostros, toses y necesidades. Las dos señoras jubiladas que desesperan y en turnos salen a la calle a fumar o a llamar por celular, hablan todo el tiempo. Una pareja dispareja parecían como hermanos, hasta que una caricia cuando uno de los dos entró al consultorio delató la afinidad. La señorita que atiende la recepción, recién bañada, tiene una cara de aburrimiento que pronto cambia por una auténtica de “no me importa ni lo uno ni lo otro”, cobra, devuelve, hace pasar a los pacientes, atiende tres teléfonos que no paran de sonar, y abre y cierra la puerta a distancia con un ruido que hiere los oídos. La pareja vuelve a sentarse porque el otro como que también tiene cita. Se ponen más melosos o cariñosos y hay que voltear a mirar para otro lado. Sólo yo escribo y escribo, tal vez en un afán de mover la mano y dejar que algo quede de esta espera que llena de desespero mi cuerpo, porque debo ir a mi taller de escritura y el doctor no llega, ya tiene 66 minutos de retraso.

Y uno queda suspendido en una mirada de asombro frente a letras que son impactantes, no sólo por la belleza, la pulcritud y la precisión para describir el movimiento y la atmósfera de un cuento, sino por la creatividad de imaginar adjetivos preciosos en lugares impensables desde las formas que oigo desde mis reminiscencias del Caribe hasta otras llenas de vida y del espíritu del escritor. Sólo fomentan una pulsión por seguir leyendo y por atrapar las enseñanzas de esos grandes que me han precedido. El siempre presente Nobel 1982 y hasta otros como Bolaños, Daniel Pennac o Manuel Mejía Vallejo.

Imágenes en movimiento rondan mis recuerdos: Juancho y sus gritos mientras se tiraba de la volqueta sin parar, cargada de arena mojada recién sacada de la quebrada Tamacá, para atrapar por el cuello una gallina a la orilla del carreteable, y el consiguiente grito de “¡Hágale, Patrón!”; las chivas del señor Espejo subidas en los árboles y comiéndose todo a su alrededor con su olor almizclado característico, donde la bolitas de caca eran el denominador común; la vida fluyendo en la calle con el golpe de la tapa de una carretilla ofreciendo desde pan fresco y caliente hasta la música de la dulzaina o del xilófono anunciando el servicio de sacarle filo a los cuchillos y a las tijeras, cuyos artesanos mi padre odiaba porque “¡Lo único que hacen es dañarles el filo porque no usan piedra sino un esmeril! ¡Esos ni siquiera de eso saben! ¡Charlatanes, tumbadores!”

Veo sombras alteradas en el piso brilloso de la calle después de la lluvia de toda la tarde. Ya casi anochece. De pronto, por un movimiento de humanos detectado por la mirada periférica del rabillo del ojo, me sobresalto. ¿Por qué sólo sombras de personas si no está transitando nadie? ¿Será que algunos la han perdido? ¿Es posible que hayamos llegado a esos extremos? He de revisar esos sonidos que llegan en la noche, de risas y de llantos, provienen de alguien, no vaya a ser que se queden pedidos en este aire sin dueño.

Medellín, agosto 24 de 2018

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