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Archive for the ‘Literatura’ Category

Un segundo

María Isabel García

¿Qué es un segundo? No te lo diré, te lo mostraré. Es cuando te sientas, te acuestas, te levantas, caminas un paso hacia adelante y otro hacia atrás, te caes, te paras. Abrazas, te besan. Pones a hervir la leche y se derrama. Saludas, agradeces y te despides. La llanta se pincha en medio de la carretera. Sientes caer una gota de agua. Una nota musical te llega. Recuerdas un nombre. Dices te amo. Escribes una palabra, pronuncias otra. Cuentas uno, respiras, sonríes, abres los ojos, apagas la luz, te mueres. Cada cosa sucede en un segundo.


Publicado en El Pequeño Periódico 102, edición impresa. María Isabel García pertenece al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que se reúne los sábados en OTRAPARTE. El texto corresponde a sus ejercicios de Diario literario.

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Al pie de un almendro

Giovany Arana Loaiza

Caminó hasta la esquina. Convirtiéndose en uno solo con la sombra del árbol se agachó soportando el dolor en las rodillas, aun sabiendo que dolerían mucho más al ponerse de pie. Como si el sonido del plástico fuera un delator ineludible de su condición médica, luchó contra el dolor en sus articulaciones para destapar la primera bolsa con el menor ruido posible. Vació el contenido intentando no esparcirlo con el temblor de sus manos para dejar un solo montón uniforme. De la segunda bolsa sacó una botella de agua y un recipiente de peltre que ya tenía más negro que blanco. Lo llenó con el líquido casi sin derramar ni una gota, y sonrió por eso. Volvió a guardar la botella haciendo un solo paquete con ambas bolsas. Abrazando el tronco del árbol, y en mucho más tiempo del que le tomó agacharse, logró al fin ponerse de pie. Con pasos cortos e inestables cruzó la calle y se sentó en la silla del paradero de bus. Pasaron todas las rutas y no subió a ninguna porque lo que esperaba era al amigo de cuatro patas que todos los días, sin falta, llegaba a las tres de la tarde a comer el alimento que encontraba al pie de un almendro.

garanal78@gmail

Instagram: @garanal78

 


Publicado en EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 102, Edición impresa. El autor pertenece al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que se reúne los sábados en OTRAPARTE.

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Vivir y escuchar

Ángela María Salazar Álvarez

Cómo me cuesta confesar que he escrito más de una página en vano, que han ido directo al cesto de la basura, pero continúo buscando en los recuerdos, en las imágenes que veo en la calle, en las bibliotecas y hasta en los personajes que surgen de lo cotidiano.

Ese ha sido mi método, vivir, escuchar el paso del río y el canto de las aves que lo habitan. Cuando escribo un texto, un cuento, dejo mi sudor, alcanzo la cúspide creativa en ese momento, pero antes echo mano de los recursos que para cada uno son diferentes. Indago en bibliotecas, allí me sumerjo y hasta me olvido del tiempo, sólo me percato cuando apagan las luces.

Investigo sobre lo que habito y lo que veo. Construyo viajes que en ocasiones termino y en otras dejo en el camino, como me ocurrió con Curvas, incluido en un libro por el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo publicó y cuyo tema principal es el río Aburrá. Descubrí que le cercenaron sus meandros al canalizarlo y percibí la contaminación en sus aguas.

Con el Grupo visitamos el nacimiento del río, avistamos su flora y su fauna. Y en la ciudad, en un rinconcito suspendido sobre su aguas, encontré los restos de lo que fue el Instituto Mi Río. Sentarme en este puente y observar el cauce lento, ya viejo, fue doloroso. Sus olores, sus habitantes. Allí tejí varios personajes que quedaron plasmados en los libros La palabra se baña en el río, Cuando el río Suena y Aoketekete y otros relatos.

 

La investigación es un proceso que sirve para dar mayor significación a lo observado, lo cotidiano, que no se nos escape nada, ni el más mínimo detalle, y así, darlo a conocer, atraparlo y plasmarlo con palabras, lanzarnos con fuerza innovadora, con pálpitos e imágenes que nos persiguen y hacer de ellos una danza de letras. De tal manera que al final sea más importante el proceso que el logro mismo.

 

angelmas6963@hotmail.com

 

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La autora pertenece al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que se reúne en la Biblioteca Pública Piloto. Este texto fue publicado en EL PEQUEÑO PERIÓDICO No 102, edición impresa, 2018, página 11, con motivo de los 10 Años del Grupo.

 

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Se ha vendido en el día de hoy el último ejemplar de Las siete muertes del lector, editado y publicado por la Fundación Arte & Ciencia en 2006 e impreso en los talleres litográficos de L. Vieco e Hijas Ltda de Medellín. El tiraje fue de 1000 ejemplares. Entonces la presentación estuvo a cargo de la escritora y editora Claudia Ivonne Giraldo. El evento tuvo lugar en el Auditorio Manuel Mejía Vallejo de la Biblioteca Pública Piloto. Reproducimos con gratitud el texto leído por Claudia Ivonne. El diseño de la portada fue obra del artista y escritor Saúl Álvarez Lara.

“Un valioso esfuerzo”

Claudia Ivonne Giraldo Gómez

Cada vez que un escritor presenta un nuevo libro, sus amigos y colegas asistimos a una ceremonia similar a la que hoy nos congrega, que no por común deja de ser significativa. He asistido a muchas en que la gente atesta este querido auditorio de la Biblioteca, otros auditorios; otras, menos ruidosas en las que al autor o autora, los acompañan un puñado de familiares y otro de buenos amigos. Cambian las obras y los autores, pero siempre, un oficiante y el autor repiten los gestos y hasta las palabras de tantos y tantas que desde hace siglos se esfuerzan por hilar una obra que tenga arraigo en sus posibles lectores, se esfuerzan por comunicar, acto sin el cual, la escritura no tendría sentido.

Cada obra, a su manera, se alza por encima de la ola de su generación, y peldaño a peldaño, construye un nuevo episodio, un paso adelante en ese proceso de pensarnos, recrearnos, representarnos y construirnos, que es el trabajo en el que ha estado empeñada la Humanidad. El libro que hoy tengo el honor de presentarles, Las siete muertes del lector de Ángel Galeano Higua, es un valioso ejemplo de este esfuerzo. Se trata de ocho textos, escritos en primera persona la mayor parte de ellos, que recogen las reflexiones de Ángel sobre diversos asuntos, especialmente sobre los que tienen que ver con lo que de verdad ama: la lectura, la escritura y la enseñanza.

El autor y Claudia Ivonne Giraldo. (Foto archivo)

Se trata de ocho textos algunos de los cuales han aparecido en El PEQUEÑO PERIÓDICO, y en los que Ángel ha experimentado diferentes muertes también, pero en las que la pasión por la palabra lo salva y lo vivifica: en Las siete muertes del lector, ensayo que da título al libro, plantea cómo, frente a la lectura, a los jóvenes lectores especialmente los asedian distintas trampas mortales para su pasión y gusto por los libros y por sus historias. La lectura rápida indigesta, es una clara y contundente crítica a los métodos para leer rápido y fácil, es decir, una crítica a la rapidez, que se opone desde todo punto de vista a la lectura placentera. En Sin Dios ni ley, Ángel también defiende los espacios de los Talleres literarios como libres y abiertos, no formales y lúdicos, en oposición a quienes quieren encasillarlos y plantean un método único para dictarlos. La vergüenza de escribir, es un interesante texto sobre la construcción de su novela, El río fue testigo, texto que tiene la cualidad de ser honesto y conmovedor, pero que al mismo tiempo guarda esa emocionada lucidez de quien habla de su propia obra y de sus dificultades, a un amigo querido, a un discípulo, y no a un gran público anónimo ávido de novedades. El texto que introduce su trabajo sobre Débora Arango, La venganza que incendia, tiene el tono amoroso y apasionado de quien ama, y se ve que Ángel ama mucho a Débora, su trabajo, todo lo que una mujer de esa estatura espiritual significa y seguirá significando para todos nosotros. Finalmente, el texto, Literatura y periodismo: ¿Frontera borrosa?, es un inteligente ensayo sobre un asunto que la nueva literatura colombiana ha puesto sobre el tapete, y que es necesario pensar con seriedad, con la seriedad que Ángel le imprime a la reflexión.

Un inolvidable profesor del bachillerato me escribió, justo un 15 de agosto de hace años, hablando de su oficio:

Permanece el profesor en contacto, codo a codo, con las generaciones que han seguido a la suya…y aprende, a través de las lecturas y el estudio, los datos acerca de las generaciones que ya pasaron. Este contacto es el contacto con la Historia y con la angustia: el hombre flota sobre la nada, aunque detrás de las cosas haya dioses…

A ese profesor lo recordé en dos textos hermosos que quiero resaltar del libro: Escoja su propio viaje, una lección de ética y de valor comunitario, y en Eliseo encantado, en el que el escritor le gana al cronista, para ponerme a tono con su artículo, y nos hace ver a ese contertulio, a ese Eliseo ido y presente, encantado, recordado.

Saúl Álvarez Lara, diseñador de la portada del libro, espera que le firmen su ejemplar. (foto archivo)

Es pues un libro corto pero no por ello superficial o vano. La escritura de Ángel Galeano Higua, sencilla, directa y clara, demuestra aquí también, como en el resto de su obra, una sabiduría dada por el ejercicio de pensar a solas y de tener el valor de rebatir conceptos que nuestra sociedad ligera y chata, acata como innegables. Pero lo que me conmueve realmente es la honestidad de estos textos, sin pose intelectual, sin afectaciones innecesarias. El tono es el del maestro, el maestro que ama profundamente su trabajo, que ama profundamente a sus alumnos. La claridad, virtud del filósofo, es también virtud del maestro que se queda en nuestra memoria, junto con su palabra, dando sombra a través de los años, como diría Cortázar de un buen cuento, de un cuento amado.

Libro para muchachos y muchachas, libro para lectores avezados y para desprevenidos lectores, libro que debieran leer en los colegios, especialmente los maestros, a quienes puede servirles el contacto que este maestro y escritor ha hecho con las generaciones pasadas y con las generaciones que le siguen como si se tratara de una playa generosa y dispuesta a grabar algo más que signos en la arena.

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Texto leído por la escritora y editora Claudia Ivonne Giraldo en el auditorio Manuel Mejía Vallejo de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, el 15 de agosto de 2006.

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Los clásicos de un aprendiz

Los martes de tres a seis en Los Colores, tiene lugar un encuentro con la lectura, la historia y el arte. Nos ponemos de acuerdo para abordar un clásico y no es fácil. Que si Shakespeare, que si Conrad, Yourcenar o Harper Lee. Uno a uno vamos escudriñando personajes, oficios y estancias.

Claudia Restrepo Ruiz

Leer con El Aprendiz es una de las mejores experiencias que he vivido como escritora. (Foto archivo) Para más información sobre la autora haga clic en la imagen.

Nubia quiere leer a Hamlet, Álvaro La Odisea, Marta Cecilia Matar un ruiseñor y yo, El corazón es un cazador solitario. Para todos hay tiempo, hay disposición, hay entrega. Enamorarse de los clásicos es una relación de por vida. Sus personajes quedan anclados a nuestro ser y nuestra memoria con sus gestos y maneras. Scout Finch ya lee cuando entra a la escuela. Su padre nos recuerda la integridad. Marlow cabalga El Congo como Ulises su barco antisirenas.

Ángel nos propone analizar el ritmo, casi el vértigo de Stendhal mientras Sorel come páginas y escala posiciones. Leandro propone una pausa para leer un párrafo con una vegetación que le llamó la atención. Andrés toma notas que no pedimos compartir pero que sabemos llenas de magia y deslumbramiento. Ángela llega con el libro entre las manos, sudando la última frase que leyó, asombrada y alegre por ese compartir la lectura entre colegas. Nunca vamos a la par, cada quién lee a su ritmo. No hay afán, pero sí el sentido de una meta. No hay orden, podemos comenzar por el final. Italo Calvino nos sorprende con su estructura que de nuevo Ángel descose para nosotros: Lean los pares… y el invierno del viajero se hace primavera.

No queremos que nada se nos escape. Le prestamos especial atención a los comienzos, porque no es cierto que ningún buen fin tiene mal comienzo.

Un callejón trae milagros consigo y para recrearlo nos vestimos de árabes y tenemos una cena con arroz de almendras, tahine y tabule. Trasladamos el callejón a una terraza. Hablamos del destino de Hamida y lamentamos que su belleza haya sido su verdugo. Cada clásico es una revelación, un taller en sí mismo, una escuela. Todos ahondan en la naturaleza humana.

¿Cómo los escogemos? Quizás ellos nos escogen a nosotros. Y no sólo la novela es invitada. Hay espacio para la crónica, para el cuento, para la poesía. Sentimos el bálsamo de Aurelio Arturo, y las reflexiones de Una niña mala de Monserrat Ordoñez. El asombro, es innegable, inaplazable, y al final, indestructible.

Compartir los hallazgos de una lectura es como contar un encuentro con un amigo que no veíamos hace tiempo: estamos atentos a la luz, a la descripción del alba, el ocaso y el plenilunio. Desglosamos los colores, la estación, el sonido del ferrocarril. Nos preguntamos por la carpintería de cada autor, por la construcción de estructuras, por el narrador. Allanamos estancias, exprimimos miradas. Tomamos nota para no olvidar. Somos ávidos y dispuestos. Juntos somos fisgones y reveladores. No queremos que nada se nos escape. Le prestamos especial atención a los comienzos, porque no es cierto que ningún buen fin tiene mal comienzo. En la literatura, el comienzo es fundamental. De él se desprende todo lo demás. Tiene que tener la fuerza de un imperio. Y los repasamos en voz alta, para medir las palabras, la cadencia, la musicalidad. Admiramos la poesía en la prosa, porque no puede haber literatura sin poesía, sin belleza. Estamos presentes en el azar y la fortuna, en el destino y la filigrana de cada autor y su obra.

 

Leer para aprender a tejer nuestros escritos

Nuestras lecturas en el Grupo son para aprender a tejer los textos propios. Para soñar. Para viajar, porque la vida es un viaje y la literatura más. Estamos a bordo de un barco con Lord Jim, o cumpliendo una condena con Ulises. Singer visita a Antonapoulos y con ellos aprendemos del lenguaje de las señas.

Compartir los hallazgos de una lectura es como contar un encuentro con un amigo que no veíamos hace tiempo: estamos atentos a la luz, a la descripción del alba, el ocaso y el plenilunio. (Foto archivo)

Clásicos para entender la importancia de los detalles en la construcción de un personaje y una atmósfera. Clásicos para viajar, para detenerse, para soñar despiertos y para equilibrar nuestros deseos de aprender a escribir. Es imposible escribir bien sin leerlos. Lo que los maestros nos han dejado con el tiempo son migas de pan en el gran bosque de la literatura universal. Con detenimientos recogemos las migas y armamos una biblioteca de hallazgos, reflexiones y verdades. Estamos tras los personajes de Dostovieski o acompañando a una madre de un ladrón a reclamar su cuerpo con García Márquez.

No siempre es fácil encontrar los títulos que nos proponemos. Es entonces cuando acudimos a mercaderes de libros antiguos para saciar nuestra curiosidad. Comparamos ediciones y hemos aprendido a detectar las buenas traducciones. No profundizamos en los prólogos porque sentimos que cada obra debe defenderse por sí misma.

Leer con El Aprendiz es una de las mejores experiencias que he vivido como escritora. Los comentarios de todos nutren mi visión. Celebrar el fin de una lectura es como haber vivido otra vida. Siempre está abierta la curiosidad de qué sigue y las propuestas sobre la mesa son todas vencedoras. Lento, sin afán, descubrimos que también podemos ser lo que leemos y para ello, siempre hay que estar dispuestos.

 

claudiaprestrepo@gmail.com

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Publicado en la Edición 102 de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, edición impresa.

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Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.
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Carné de Aprendiz

¡La pasión de viajar, vivir y escribir!

Entrevista con Juan Felipe Franco Barrera

Ángel Galeano Higua

La vitalidad que irradia Felipe es volcánica. Tanto si se encumbra en el Alto del Cocuy o en el legendario Himalaya, o si se sumerge en las profundidades del Pacífico o en los torrentosos ríos mayores de nuestra geografía. Al mejor estilo de los viajeros en la antigüedad, se lanza por caminos y trochas en busca de nuevos secretos de la naturaleza. Cuevas, desiertos, llanuras, todo lo devora con su poderosa hambre de vivir. De niño juicioso y obediente, mutó en un atrevido soñador que batalla por hacer realidad sus proyectos.

No es un aventurero. Al contrario, sus arrojos están atados a una búsqueda de la expresión estética mediante la palabra y la fotografía. La lectura ha sido uno de los tesoros descubiertos desde temprana edad en el seno de su familia y en el colegio. La escritura se tornó en una necesidad para reforzar y enriquecer su natural inclinación a compartir con los demás. Podría decirse que Felipe ha invertido todos sus esfuerzos en viajar para encontrarse a sí mismo. Y quienes lo conocemos en estas lides de aprendiz de lector y de escritor, podemos dar fe de ello. Ese despliegue de energías para conquistar las montañas colombianas o asiáticas, ese fajarse el traje de buzo para observar a los tiburones, lo lleva a ese otro campo de batalla donde se propone capturar esas vivencias mediante las palabras. Viajar para narrar. Sabe que no puede haber verdadero viaje si no hay narración. Y no sólo con las palabras. Ahí está la fotografía, de la cual echa mano también para atrapar el otro lado de la luz y de la sombra. En todo caso borboteo de imagen. @pipepaseos

La presente entrevista muestra algo de esta avalancha humana llamada Juan Felipe Franco Barrera. Sus cuentos, como él, también buscan su propio camino entre las breñas del tanteo que todo aprendiz debe hacer para acercarse a su objetivo. Un objetivo elusivo y sublime por lo mismo, que está más allá de los aplausos y los halagos. Un aprendizaje a fondo, que nos sirve de ejemplo en un mundo pervertido por la ambición, el egoísmo y la riqueza material. Como todo aprendiz sincero, termina por enseñarnos. Ya nos lo dirán sus escritos, su reto más formidable.

 

Juan Felipe Franco Barrera. “Quizás lo más desabrochado de mí es que mi evolución personal consistió en ser poco arriesgado y muy convencional en la infancia y adolescencia, a ser un amante de los deportes de naturaleza, de aventura y adrenalina dicen algunos, y en preferir ser diferente y no seguir las masas en muchos temas cotidianos. De niño nunca me hubiera atrevido a tirarme en ningún vacío, escalar algún pico nevado, bucear un cenote, ni ir a “mochiliar” un país donde ni siquiera se hablara inglés… Pasé de ser de los mejores estudiantes de un colegio católico y disciplinado, a ser un buen estudiante siempre, pero también aprendiz de culturas, idiomas, caminos y rutas casi perdidas… Mis “atrevimientos” más atesorados: excursión a varias cumbres de nevados en Colombia, siendo la más dura el Cocuy. Haber estudiado y publicado sobre energía eólica en Colombia cuando era un tema prácticamente desconocido o quijotesco”. (Foto archivo)

P. ¿Cuál es tu gracia?

R. La intensidad que le pongo a la vida.  Mi conexión con la naturaleza, con los lugares que visito. Dejo un pedacito de corazón en cada lugar.  Me gusta viajar con la mente y mis escritos, invitar a otros a que viajen conmigo a través de las experiencias que plasmo. Quiero imprimir el mundo que veo y siento, en palabras, en bitácoras y en historias que me permitan viajar al leerlas, volar de nuevo con el recuerdo e invitar a otros. Mostrar por dónde paso, y en especial porqué vale la pena conocer, recorrer, saborear ese lugar.

 

P. ¿Y tu desgracia?

R. Que no hayan días de 27 horas, ni fines de semana de 3 ó 4 días. Quiero conocer más lugares, leer más libros, aprender sobre más temas. Ver más paisajes, compartir más culturas e historias, hacer más conjuros en El Aprendiz de Brujo, jeje, hay muchas cosas para hacer por uno mismo y por otros.

 

P. ¿Crees que has avanzado como lector, como escritor?

R. Definitivamente. El haber llegado a este Grupo Literario revivió mi amor por las letras. Avanzo como lector porque conozco obras de grandes maestros y no solo eso: ya son mis maestros, como decimos en el taller “aprender y capturar, de su saber, de su maestría, sus trucos también”.  Semana tras semana aprendo a ver y apreciar de manera diferente las grandes obras.  He adquirido herramientas que vienen de la teoría, de los análisis de textos.  El Diario literario propio y ajeno es una fuente de ideas, discusiones, opiniones constructivas; gracias al Aprendiz soy más consciente de lo que puedo lograr con las letras, que libero esa otra voz de escritor que siempre quise sacar de mí, un contador de experiencias, un cronista de la naturaleza y lugares que ahora visito más consciente; un cronista que narra desde sus capturas pasadas lo que me conmovió.  Tengo ahora el reto de escribir diferente, de acuerdo con mi nueva óptica del mundo.

 

P. ¿Recuerdas el primer libro que leíste?

R. Fue el Manual de los Cortapalos, en sí no es una obra literaria sino un libro didáctico de manualidades, juegos y creatividad.  Esa parte sí me mostró lo que es la lectura: mi primera impresión fue de aprendizaje, creación, y diversión.  Otro libro que me regalaron fue una historia real relacionada con la religión, “Elio y Flora, jóvenes héroes”.  Me impresionó un poco porque tenía que ver con los horrores de la Segunda Guerra Mundial, separación de familias, torturas. En esa historia dos niños pasaron muchos sufrimientos pero al final su fe los salvó. El libro me transportó, me hizo ver diferentes condiciones humanas, entre ellas la bondad y la maldad; también el aspecto histórico y el contexto de la guerra creo me marcaron, pues están dentro de mis temas favoritos hoy.

Aurita Berrío, la tía abuela paterna, ella fue una maestra, líder social, escritora y poeta. Dedicó mucho esfuerzo y amor en que sus sobrinos, alumnos y discípulos tuviéramos valores, en cultivarnos espiritual, humanamente. Nació en San Vicente Ferrer. En la foto junto al mural en que fue incluida en dicha población. (archivo familiar)

Ambos libros me los regaló mi tía abuela paterna Aurita Berrío, ella fue una maestra, líder social, escritora y poeta. Dedicó mucho esfuerzo y amor en que sus sobrinos, alumnos y discípulos tuviéramos valores, en cultivarnos espiritual, humana académicamente. Una mujer adelantada a su época en palabras de muchos, entre ellos su inmolado discípulo jericonano Héctor Abad Gómez.

 

P. ¿Cuándo comprendiste que eras un aprendiz?

R. En todos los campos de mi vida soy un aprendiz, y ésa es de las cosas que me mantiene de verdad vivo. Llegué a ser un Aprendiz, de Brujo, gracias a conocer uno de los libros del grupo: El traído, que fue un gran regalo para mí del colega Álvaro Jiménez Guzmán. Conocer su trabajo, y la posibilidad de contar historias de nuevo.

 

P. Varios de los textos que has compartido en las sesiones del Grupo tratan de viajes ¿A qué se debe?

El traído, cuentos de navidad. Grupo Literario El Aprendiz de Brujo. Diseño de portada, Saúl Álvarez Lara.

R. Una de mis pasiones de vida es viajar. Cuando estoy en contacto con la naturaleza, en una alta montaña, en lo profundo del mar siento una conexión tremenda con esa belleza natural, con la creación.  Comencé a plasmar esas sensaciones y a guardar lo más vívidos posible esos recuerdos a través de una bitácora, en correos para mi familia y amigos cercanos.  Con el tiempo descubrí que tanto ellos como yo podíamos volar y viajar a esos sitios donde estuve de paseo, “mochiliando”, o estudiando gracias a una beca.  Me gusta ir a nuevos sitios, desde pueblos hasta montañas y países, y captar todas las sensaciones que me cause el lugar gracias a mis bitácoras, que ahora estoy transformado en el diario literario.

P. ¿Has publicado ya algún texto? ¿Cuál fue? ¿Cómo brotó?

R. En el periódico del Colegio de la UPB fueron publicados algunos textos.  Un ensayo El gran depredador, donde cuestionaba la depredación que el ser humano ejerce sobre la naturaleza, y como eso es cotidiano en cualquier persona incluso en su vida normal, en la ciudad.  También dos cuentos donde comprendí que la narración corta es mi género favorito “Piedrasnegras” y “Americándida”. El primero un cuento con algo de imaginación, donde una tribu perdida en la amazonía colombiana era descubierta y su tecnología energética y ciencia ecológica eran ejemplo para el hombre blanco; Americándida fue una historia escrita para conmemorar el descubrimiento de américa, allí hago un homenaje a los campesinos, a las tribus indígenas, denuncio ese “descubrimiento” como una violación y barbarie, también resalto la vida de los nuevos mestizos.

Mención de Honor de  Mincultura, 2018.

Con el Aprendiz de Brujo publicaremos el libro de antología de cuentos La duda donde estará mi cuento Burbujas al cielo.  En principio fue mi exploración de escribir una historia sobre el buceo, pero en esos días, agosto de 2016, fue la tragedia de 5 buzos que se perdieron en la isla de Malpelo, dos de ellos nunca pudieron ser rescatados.  Ese incidente me conmovió mucho, entonces ese texto se convirtió en un escape a la tristeza por lo sucedido, también quise hacer un homenaje a Carlitos y Erika Vanessa que perecieron en el mar practicando una de las actividades más bonitas que se pueda hacer, el buceo recreativo. Ese cuento se alimenta de mis experiencias, todas muy bellas y de total admiración por la naturaleza marina, así como de la tragedia de esos buzos. Busco mostrar que un buzo es solo un extraño en el ecosistema, que es un visitante bienvenido pero que a su vez debe respetar, comportarse con la humildad necesaria para compartir de manera apropiada con las otras criaturas.

P. ¿Preparas alguna publicación próxima? ¿Podrías adelantar algo?

R. Sí, esto escribiendo sobre dos temas: un relato de viaje, con tintes de blog, parte mochilero, parte turista guiado en China y el Tibet. Es un escrito de retratos de paisajes, de sensaciones, de impresiones sobre un país tan inmenso y milenario; también quiero plasmar mis impresiones sobre la mística del Budismo en su cuna, la fe, los habitantes, los templos y ese marco tan imponente con son los Himalayas y el Everest.

Otros relatos que estoy trabajando se basan en capturas que comenzaron en mi diario literario y que poco a poco tomaron un rumbo de historia. Una visita a la capital de la Salsa y el show Delirio me mostraron unos personajes vibrantes: bailarines caleños, músicos, negras hermosas y picantes, personas que trasmiten su sueño hecho realidad en el escenario. También están los relatos propios de las cosas simples que ocurren en los paseos, que pueden ser peligrosas, o molestas, o simplemente “parte del paseo”, pero que cada uno decide o sufre cómo las vive, así que escribo después de haber capturado momentos en varios muelles casi improvisados y siempre desordenados de lugares turísticos y otros no. Incluyo también episodios de viajes en el exterior, con su encanto, su novedad, pero a la vez las dificultades propias de estar en un lugar y cultura diferente.

 

P. ¿Cuál de tus textos te ha exigido más trabajo? ¿Por qué? ¿Cómo lo superaste?

R. Burbujas al cielo hasta ahora ha sido mi texto más exigente.  La historia no está narrada de manera lineal y fue una primera dificultad de forma. La escribí justo después de la pérdida de los buzos Erika Vanesa y Carlitos en Malpelo, entonces estaba triste y cargado emocionalmente. Poder construir una historia donde mostrara la magnificencia del lugar y del ecosistema, pero a la vez la minúsculo de la humanidad y el riesgo al desafiar esa naturaleza fue rozar varios límites que quise combinar en forma armónica. Lo anterior también fue una liberación de esa pérdida de unos hermanos buzos amantes del mar. El taller literario me aportó mucho con sus comentarios y observaciones, reescribí al menos tres veces el corazón de la historia.  También por la combinación de la temática, entre la parte de admiración por la naturaleza, los acontecimientos del extravío de los buzos en que se basa la historia, y mi recreación escrita al respecto, fueron un rompecabezas que poco a poco resolví. La creación de un solo personaje que representara mi visión del buceo y a su vez los cinco buzos, mover al personaje entre esos dos “mundos” fue difícil, así que por momentos lo escribí como capítulos separados que fui tejiendo de manera gradual.

 

P. ¿Te persigue algún tema en especial?

R. El contacto con la naturaleza, nuevos lugares y culturas me inspiran mucho. Me nace desde muy adentro narrar de lo que veo y siento al visitar lugares nuevos, y también conocidos.  Mi tema natural es trasmitir ese contacto, sea con paisaje, agua de ríos y mar, e invitar a través de palabras e historias a abrirse a nuevas experiencias alrededor de eso.

 

P. Si tuvieras que navegar en la mar 90 días y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías? 

R. El de los pequeños puertos y muelles colombianos, es muy divertido.  Ese “salpicón” de personajes y emociones, afanes, motivaciones e incomodidades por abordar una lancha en medio del colombiano desorden, es gracioso, y navegar 90 días seguro sería una manera de encontrar nuevas situaciones para esa misma historia.

 

P. Para evitar que te obliguen a subir diez veces la piedra de El Peñol si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías?

R. Se llama el Niño de la Caverna. Es una narración donde intenté conectar una evolución personal con los relatos de un viaje, y pues me sentí fracasado en el intento.  Esto también es bueno, uno crece en el Aprendiz de Brujo, así que exponer esa primera versión del escrito y desnudar sus fallos fue enriquecedor.  Pero sí, destruiría esa historia porque intentando conectar elegí una metáfora que no pude resolver.

P. ¿Cómo consideras la relación de tu profesión con la literatura?

R. La relación tomándola a la ligera no es muy evidente. Ahora bien, como ingeniero se vive en una cuadrícula. En mi caso, me aparté un poco de la literatura.  Al acercarme de nuevo con mi participación en el Grupo Literario, puedo incentivar la creatividad con los escritos y oxigenar mis pensamientos. El ejercicio se convierte en un gran estímulo que ayuda y despeja mi ser racional para descansar mi mente, explorar nuevos caminos creativos y para alimentar mi ser de nuevas ideas y sensaciones.  Todo eso resulta en elementos positivos para mi día a día profesional.

Sesión del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo. (Foto archivo)

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?

R. Por sueño de vida, porque aprendo mucho de mis compañeros y de nuestro guía.  Porque es un taller participativo, de total camaradería.  No hay personas de esas que son expertas en ver los “lunares en la pared blanca”. Por el contrario, el ambiente generado por nuestro tutor es de colaboración, sencillez y ganas de crecer juntos.

 

P. Te piden como pasaporte al paraíso terrenal que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?

R. Quizás lo más desabrochado de mí es que mi evolución personal consistió en ser poco arriesgado y muy convencional en la infancia y adolescencia, a ser un amante de los deportes de naturaleza, de aventura y adrenalina dicen algunos, y en preferir ser diferente y no seguir las masas en muchos temas cotidianos. De niño nunca me hubiera atrevido a tirarme en ningún vacío, escalar algún pico nevado, bucear un cenote, ni ir a “mochiliar” un país donde ni siquiera se hablara inglés.

Pasé de ser de los mejores estudiantes de un colegio católico y disciplinado, a ser un buen estudiante siempre y aprendiz de culturas, idiomas, caminos y rutas casi perdidas.

Mis “atrevimientos” más atesorados: excursiones a varias cumbres de nevados en Colombia, siendo la más dura el Cocuy. Haber estudiado y publicado sobre energía eólica en Colombia cuando era un tema prácticamente desconocido o quijotesco en nuestro medio. Una beca en administración de software en India, donde además me volví experto en tomar trenes y rutas cada fin de semana para un lugar nuevo, incluso desconocido para mis profesores y compañeros. Haberme certificado de buzo principiante en Gorgona, en medio de corrientes, tiburones y algún buceo nocturno. Durante la universidad recorrí mucha parte de la costa atlántica y la zona andina en auteco plus, que es una motocicleta fabricada en la India, con estilo Vespa italiana, no exactamente el vehículo más acondicionado ni seguro para ese tipo viajes. Fue un desafío, un aprendizaje, y sobretodo un disfrute y conocimiento de la belleza de nuestro país. Otro tipo de viaje fue una “mochiliada” poco probable en China, con ayuda de una aplicación de mapas en idioma mandarín que apenas pude interpretar, mucha recursividad y sonrisa para comunicarme con los locales… mi desabroche fue convertir mi vida en una aventura que me llena alma y corazón.


 

P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario? (algo de historia de tu experiencia)

R. El diario se convirtió en un polo a tierra de mi vida.  Detenerme cada vez más frecuentemente de la velocidad de la cotidianidad del trabajo, el estudio y cualquier cantidad de distracciones y ocupaciones para dedicarme a respirar, respirar letras, recuerdos, impresiones ha sido muy valioso.

Los diarios también me han enriquecido las ideas, la manera de tomar mis capturas del entorno. He podido constatar que se logra “mantener la mano caliente” porque me ha sido posible escribir de muchos más temas, más impresiones e instantes a mi alrededor, o que escuché, o ví que necesitaba reelaborar y transmitir una alegría, un dolor, un desconcierto.

Por ejemplo, el minicuento Semáforo en gris nació cuando fue atropellado un perrito en la avenida 80. Ese instante y desconocer el desenlace me afligieron mucho y pues logré soltar un poco ese sentimiento a través de un diario literario sobre el acontecimiento.  Después pude convertirlo en un texto bonito y retador al escribirlo en 100 palabras.

 

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?

R. Primeros apuntes de semáforo en gris: una moto detenida, también una camioneta y los conductores se bajaron y cargaron al perrito de la calle a la acera.  La mañana gris, amarilla, nublada se tiñó de rojo. La avenida 80 estaba inusualmente embotellada a esa hora un sábado. El semáforo peatonal  no hizo el cambio de verde a amarillo y luego a rojo, cambió a gris. No había pitos ni protestas, la pregunta en el ambiente ¿quién atropelló al peludito?¿se murió el perrito?

Un paseo en Coyoacán: de otro lado, en el atrio de la iglesia, una niña recogía las rosas rojas. Estaban casi de color morado agobiadas por el sol.  La pareja de novios ya había entrado a la iglesia del San Juan Bautista y la puerta cerró. Ellos dejaron tras de sí decenas de flores, que más parecían acompasar el grito de los mendigos, desperdigada por el piso parecían ser su única riqueza. El hombre que fingía una discapacidad miraba de reojo el bolso de un distraído extranjero…

Una captura de un habitante de la calle en la quebrada la Ayurá:  hoy es sábado, los sábados me baño. Es más tranquilo. Me levanto tarde porque la gente no va a sus trabajos, el agua está mas limpia, por eso también lavo mi ropa. Esta semana hizo calor, las semanas anteriores llovió mucho, tanto que volví un día a los matorrales y mi cambuche se lo había llevado la borrasca…

 

Medellín, noviembre de 2018

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Cuando conocimos Lo amador, su primer libro, estábamos ocupados en el Sur de Bolívar persiguiendo un sueño. En las soledades tumultuosas frente al río, sus cuentos se convirtieron en alimento imprescindible. Ahora que él ha iniciado su inesperado vuelo sideral, hemos vuelto a leer estos cuentos y de nuevo hemos sentido esa frescura narrativa que tanto nos alentó.

 

“El cuento es un encuentro repentino con la poesía”

“Lo único que le devuelve la libertad a la prosa es la poesía”

Estas frases de amor que se repiten tanto

Roberto Burgos Cantor

Roberto Burgos Cantor, aprendiendo a escribir.

I
Sucedía ese amanecer húmedo. El salitre venía con el aire y se quedaba enredado en los cabellos, en la piel cada vez que se escurría la sábana. También estaba en la silla al lado de la cama con la lámpara, unos libros y un paquete comenzado de cigarrillos Era uno de los amaneceres más húmedos del mundo. Y el salitre. Lo sentíamos en el piso de baldosas contra los pies descalzos cuando nos levantamos en la oscuridad para buscar el baño del patio. Primero me levanté yo y susurraste que a dónde iba. Después tú, y sucedió lo mismo para darnos cuenta que estábamos despiertos, sin podernos dormir. Parecía la misma sensación de las veces que veníamos del mar y sin sacarnos el agua salada y la arena nos acostábamos desde la tarde.
Toda la noche sentimos los camiones y los perros, los grupos de soldados dando alto y haciendo requisas, los detectives escondidos en la oscuridad silbando para avisar algo, con carreritas de un lado a otro.
Ese amanecer húmedo lo encontraron. Debían ser las seis de la mañana cuando encendiste el radio, aceptando que ya no volveríamos a dormirnos y veíamos la luz por entre las rendijas de la pared de madera. Yo, de espaldas a ti, acostado sobre el lado del corazón, mantenía los ojos cerrados, sin querer abrirlos, sin darme vuelta para abrazarte y saberte allí, preservada. Hacía memoria de los días en que jugando a elegir habíamos venido a vivir en este barrio y cómo escogiste el sitio, una accesoria, así dicen aquí, casa de muchos cuartos pintada de rosado en la pared del frente y con una escalera de piedra para llegar de la calle a la puerta de entrada. En esa altura un aviso con pintura azul: “ARACELY 1era REINA DEL UNIVERSO”, que aún, descolorido, permanece. Lo demás era previsible: el cuarto que da al patio, cincuenta pesos la mensualidad, nada de ruido jovencitos.

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Reproducido por Ángel Galeano Higua
Grupo Literario El Aprendiz de Brujo

Tomado de: Lo amador, pg. 53 Instituto Colombiano de Cultura – Universidad de Cartagena. 1980

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