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Perfil del científico Raúl Gonzalo Cuero Rengifo

Inventar es algo tan serio como un juego de niños

Por Ángel Galeano Higua

El objeto prohibido

Raúl Gonzalo Cuero Rengifo

Algo alborota la curiosidad del niño. Cada vez que cruza la habitación siente que lo atrae. Es un objeto que su padre trajo luego de uno de sus largos viajes de ultramar y que puso sobre el escaparate con la perentoria advertencia de que nadie debe tocarlo. Esta prohibición aumenta la inquietud del niño a tal punto que ya no puede soportarlo más y aprovecha que su padre se hace de nuevo a la mar para estirar la mano y rozar sus aristas. Teme que como el aparato está hecho de metal y no de madera podría quemarle la mano, pero sólo percibe tres hileras de círculos sostenidos por delgadas palanquitas que semejan el costillar de un pescado. Ese primer atisbo aviva su desazón. Con el paso de los días sus dedos se tornan más atrevidos, pulsa uno de aquellos círculos en cuyo centro hay dibujado un signo y lo siente hundirse. Ignora de qué se trata pero ya no puede dar marcha atrás, quiere saberlo todo sobre ese aparato.
La curiosidad extrae lo mejor de él y se da a la furtiva tarea de averiguar qué tipo de artefacto es, y si sirve para algo. Tiene siete años y ya posee su primersecreto. No quiere que nadie se entere, ni siquiera su hermano César, menor que él, con quien pasa tardes enteras, descalzos, pateando la pelota de trapo en la empantanada calle de La Loma. Tampoco quiere que su abuela Estefanía lo sepa, ni su bisabuela Petronila a quien visita todas las tardes en su casa de bahareque, techo de paja y lata, donde tanto lo amañan los rituales ancestrales de la comunidad negra, esos baños que la anciana le prodiga con agua calentada al sol y perfumada con hierbas aromáticas que ella recoge sabiamente en el monte. Inclusive deja pasar varios domingos sin recorrer los diez kilómetros que lo separan de La Carretera, el bailadero que queda en la vía hacia Cali, adonde acostumbra ir a escuchar música y observar, escondido detrás de las puertas, cómo baila la gente para memorizar los pasos y practicar después en su casa. Anhela ser grande para poder bailar en pareja el son y el guaguancó.
Tampoco se detiene a observar los lagartos que andan por aquí y por allí, ni tampoco se distrae en la casa de su abuela mirando las cucarachas que andan en pareja.
Pasan los días y como ya sabe en qué momentos puede acercarse al aparato, lo explora sin que nadie lo vea. Una tarde, de pronto, reconoce el artefacto en una película: es una máquina de escribir. Semejante descubrimiento lo alebresta aún más, sobre todo porque sus padres no saben leer ni escribir. Se rebusca una cinta y se da mañas de ponerla a funcionar utilizando los talegos de papel en que empacan el arroz en la tienda vecina.
Aprende a escribir a máquina por su propia cuenta y cuando ingresa a la secundaria en el colegio Pascual de Andagoya es un experto sólo superado por Chila, su hermana, y por Vaquita, su vecino, quien no obstante tener medio lado paralizado por una apoplejía, es más rápido a pesar de utilizar un solo dedo. Rosita, la profesora de mecano-taquigrafía, se impacienta tratando de inculcarle el método tradicional, pero Raúl persiste en su propio modo que le da velocidad y precisión aventajando a los demás estudiantes, entrega el primero los ejercicios pero como no los hace con el método tradicional, la profesora no le reconoce la máxima nota. No importa, él prosigue con su propio sistema.

Barrios de Buenaventura- Foto Miami Herald

Barrios de Buenaventura- Foto Miami Herald

Este sencillo hecho sucedido en el puerto de Buenaventura a mediados de los años 50, muestra la forma como Raúl Gonzalo Cuero Rengifo ha capoteado la vida siguiendo su propio sistema de “supervivencia”, hasta lograr la cúspide de la eficiencia y creatividad científicas. Levantándose sobre las propias limitaciones de la comunidad afrocolombiana en el Pacífico, pobre y olvidada, sin héroes ni referencias universales, Raúl se ha convertido en un gran inventor que trabaja con la NASA y recorre el mundo gracias a su inagotable curiosidad y la forma inteligente y creativa de sortear las dificultades. Con su madurez para relacionar ideas y fenómenos, lograda a lo largo de su vida, y la universalidad de su pensamiento ha pulverizado la creencia de que la raza negra es incapaz de encumbrar la ciencia y hacer grandes aportes a la humanidad.

Infancia y curiosidad

El caso de la máquina de escribir es apenas una muestra de la manera particular como Raúl Cuero abordó en su niñez y adolescencia las múltiples y variadas experiencias que se le han presentado en la vida. Él afirma que la persistencia en su propio método de escribir “comprueba que la eficiencia es más importante que la convención”, pero no desconoce que los métodos cambian con el tiempo y “hay que estar alerta mientras se mantiene la esencia”.

Niños-Buenaventura-Foto-de-Alboan

Niños de Buenaventura (Foto de Alboan)

Su infancia, poblada de fantasmas y espíritus, fue rica en rituales y costumbres de origen africano traídas por sus antepasados a Buenaventura, principal puerto colombiano sobre el Océano Pacífico donde nació Raúl en 1948, hijo de Olimpa Rengifo, una mujer negra cimarrona, y Félix Cuero, negro también, elegante y de gran estatura, marinero de la Flota Mercante Grancolombiana. La influencia por parte de la familia materna fue fundamental. Eran siete mujeres que vivían en la misma casa: la abuela Estéfana, y la bisabuela Petronila, a quien Raúl acompañaba por los caminos identificando plantas, recolectando hojas, palpándolas, oliéndolas, probándolas, estimulando su apetito por el conocimiento. “Mi madre era la única que vivía en su propia casa con su marido y sus hijos”, a no menos de cinco cuadras de distancia. Su bisabuela, antes de cada comida, echaba un grano de arroz bajo el piso de madera en honor de los que habían muerto y lanzaba otro al aire para los pobres que aún estaban vivos. Con el tiempo, Raúl, en uno de sus viajes a África descubriría que aquella era una costumbre en el país de Ghana, pero allá en lugar de arroz lo hacían con las bebidas.
En más de una ocasión fue víctima del “mal de ojo”: fuerte dolor de cabeza y estómago, fiebre, inapetencia, pérdida de peso, que hubiera podido llevarlo a la muerte si las tres mujeres de su vida: madre, abuela y bisabuela, no lo hubieran arropado “apretadamente en sábanas de algodón”, frotado con perfume de laurel Bayrum y lo alimentado a la fuerza con infusiones de “felidonia” y “escobabosa”, hierbas recogidas por Petronila en sus paseos, y remataron el tratamiento con un repugnante bebedizo que Raúl debió tomar una vez al día bajo la luna llena, hasta que se curó.

Herederos de la esclavitud - Buenaventura - Foto Stephen Ferry

Herederos de la esclavitud – Buenaventura – Foto Stephen Ferry

La situación de pobreza era tal en Buenaventura que no tenían juguetes, ni libros, ni agua potable. Tenían que inventar sus propios juegos y juguetes, lo que redundaba en beneficio de la creatividad. Y sus padres, iletrados y estrictos, le decían que aprendiera a leer y escribir sino quería quedarse como cargador de bultos en el muelle. El régimen de disciplina en el hogar era muy severo y los castigos no se hacían esperar a la menor falta, sobre todo para los tres hombres, a quienes la madre les sumergía la cabeza en una pila de agua hasta que pataleaban. El orden en la casa era planeado con rigurosidad por la madre, que distribuía las tareas a cada uno de los diez hijos. Después de las siete estaba prohibido salir a la calle, pero Raúl burlaba aquella regla cuando los novios de sus hermanas estaban de visita, entonces se fugaba hasta la plazoleta frente a la Estación de Bomberos para jugar al fútbol o piropear a las muchachas. Tuvo dos novias que le enseñaron a bailar.
Podría pensarse que estas vivencias son despreciables para un científico, pero para Raúl Cuero, no. Las cuenta como si las volviera a esculcar y goza porque sin ellas no hubiera podido desarrollar su creatividad. Desde niño nada le fue desdeñable. Sortear las adversidades le estimuló la búsqueda de explicaciones de los hechos, de las ideas y creencias. Tal fue el caso un domingo que debían asistir a misa y comulgar, con sus impecables uniformes blancos, pero él, por haberse quedado jugando al fútbol en la playa el día anterior, olvidó confesarse y cuando corrió a la iglesia con sus ropas embarradas el sacerdote, que era un “paisita”, no lo quiso confesar y lo acusó de haber pisado la casa de Dios sucio y oliendo a lodo como el diablo. Creyó que su madre lo consolaría, pero ella lo castigó hundiéndolo de cabeza en una pila de agua. Desde entonces comenzó a dudar de los sacerdotes, “a quienes había idolatrado hasta ese día” y deseó estar ya en la secundaria para no tener que confesarse ni ir obligado a misa.

Grandes temas, grandes misterios

A raíz de la negativa del clérigo a confesarlo, Raúl discutió con los profesores sobre la religión, empezó a buscar una explicación de la existencia de Dios y como uno de los maestros dijo que Dios estaba en todas partes, Raúl partió la cola de una lagartija y dijo que Dios debía estar en esa cola porque seguía moviéndose y sería bueno comprobarlo con un microscopio. Por supuesto recibió un castigo pero ello no opacó sus deseos de estudiar ciencias biológicas. Al contrario, empezó a plantearse el origen de la vida, interrogante que lo llevaría a las profundas pesquisas que se convertirían en el eje principal de sus investigaciones científicas.

Niños músicos de Buenaventura - httpswww.dandc.euenarticlemobilising-creative-artists-against-colombias-culture-violence

Niños músicos de Buenaventura – httpswww.dandc.euenarticlemobilising-creative-artists-against-colombias-culture-violence

Sus padres le inculcaban el amor por el estudio, pero de quien recibió el ejemplo de exponer las ideas fue de Vaquita, el vecino que nunca terminó la escuela primaria pero fue un autodidacta disciplinado. Tenía una tienda donde se reunían abogados, políticos y deportistas a tertuliar mientras bebían cerveza. Raúl se escondía debajo de las mesas para escuchar los debates y soñaba con que algún día llegaría a ser como ellos que hablaban de la Segunda Guerra, de negocios y religión, mujeres y política, mil temas de los cuales no entendía nada, pero le fascinaba la forma cómo exponían sus argumentos. Motivado por esas tertulias regaló sus libros de tiras cómicas y se concentró en lecturas “más serias”. De esa manera llegó a sus manos el libro El origen de la vida, de Oparín, con el que incursionó por primera vez en la evolución. Lo leía tanto que se le desencuadernó y debió remendarlo con engrudo. “Lo llevaba a todas partes como un buen amuleto de la suerte”.
La vida era un enigma que empezaba con las afugias de cada día y, además del deporte, lo que más les ayudaba a sobrellevarla era la música. La salsa era el alimento del alma. Benny Moré, Ismael Rivera, Cheo Feliciano, Héctor Lavoe, eran sus héroes inmortales.
Enmarañada en esa herencia de ancestros, llegaba esta música a Buenaventura que bailaban como si la llevaran en la sangre. Al comienzo la salsa fue calificada por los sectores más conservadores de la sociedad como música del demonio, incivilizada, propia de los negros y no apta para blancos. Un origen parecido al del jazz, que con los años se convirtiría para Raúl en su música predilecta.

La muerte de César

Otro acontecimiento lo marcó de manera profunda: la muerte de su hermano menor. César era el mejor de la clase y a los trece años sobresalía también como jugador de fútbol. Raúl lo admiraba, creía que llegaría a ser un gran deportista a semejanza de otros bonaverenses que se han destacado a nivel nacional e internacional, como Delio “Maravilla” Gamboa y Víctor Campaz. niños descalzos juegan fútbolAunque a Raúl le gustaba más el baloncesto, en el cual destacaría luego a nivel nacional gracias a su empinada estatura, habilidad y efectividad, los dos hermanos jugaban al fútbol descalzos porque carecían de recursos para comprar guayos y los demás utilizaban unos zapatos con clavos metálicos en lugar de tacos o taches. Durante un partido César resultó herido en una pierna, el tratamiento no fue el apropiado, se infectó con el tétano y en dos semanas murió.
Fue tan grande el impacto para Raúl que la manera de sublimar su dolor consistió en estudiar con más ahínco y dedicar sus logros a la memoria de su hermano. El nombre de Buenaventura era un espejismo, no había la tal buena ventura. Eran muchos los que nacían pero pocos los que sobrevivían. Para sobrevivir había que estar alerta todo el tiempo, no podían darse el lujo de descuidarse un solo instante. Tenían que obrar positivamente si no querían sucumbir. El fallecimiento de su hermano hizo pensar a Raúl en la muerte y el abandono. Buenaventura estaba al margen del país, la mayoría era descendiente de ancestros africanos pero no eran conscientes de ello. Como vivía entre negros, Raúl sentía que no pertenecía a ninguna minoría, no se consideraba diferente a los demás, todavía no había experimentado el trato con los blancos del interior, conocidos con el “afectuoso apodo de paisitas”.

Calentamiento obligado

Jugar sin descanso le sirvió de alivio. Jugaba con otros muchachos en un parque del centro de Buenaventura desde donde podía divisar el puerto, los enormes barcos mercantes de diversas banderas anclados y el tranquilo e inmenso Océano Pacífico al fondo. Procuraba llegar antes que los demás para dejarse ir en sueños de viajes lejanos. Después se reunían para hablar de mil cosas, lo que estimulaba en Raúl sus relaciones sociales y la disposición para los debates. Luego se dispersaban, algunos se deslizaban hacia La Pilota, el sector donde estaban las prostitutas, sitio visitado por los estibadores y en general por todos los hombres de Buenaventura. Raúl regresaba a su casa un poco más tranquilo. Nunca necesitó del licor ni el cigarrillo, y la única vez que tomó un trago de aguardiente le produjo tal dolor de cabeza y vómito que decidió no volver a probarlo jamás.
Con “El Gordito” Palacios, que era delgado y atlético, lo mismo que Ignacio “Nacho” Mosquera y Edgar Rincón y todos los muchachos que jugaban baloncesto en el Pascual de Andagoya, Raúl hacía llave para los partidos que jugaban en los recreos. Siempre ganaban porque sumaban sus destrezas: Edgar y “El Gordito” eran lanzadores excepcionales, no fallaban una canasta. “Nacho” era capaz de resistir los embates más difíciles con mucha firmeza y flexibilidad, no se daba por vencido. Tenía doce años cuando organizó y dirigió el equipo de baloncesto “Standard”, el primer equipo en que jugó Raúl y que fue campeón muchas veces en su categoría. No desperdiciaba ningún momento para aprender de todos ellos. El deporte era un excelente paliativo contra las adversidades, le permitió desarrollar un gran sentido de pertenencia a su comunidad, a respetar al contrincante, dominar el miedo y tener sentido de liderazgo, así como a disfrutar y manejar los triunfos. Le interesaba las inmensas posibilidades que el baloncesto le ofrecía de aprender a tomar decisiones de conjunto para obtener un propósito y desarrollar su propio talento.
BaloncestoGracias al baloncesto hizo su primer viaje a Cali en 1960 para entrenar como seleccionado al equipo departamental. El gimnasio donde practicaba estaba ubicado en el exclusivo barrio de San Fernando y para llegar allí debía caminar a través de las calles bordeadas de árboles. Cierto día fue interceptado por una pandilla de jóvenes blancos del barrio que desde sus autos lujosos lo amenazaron y obligaron a correr para no ser atropellado. Eran una réplica de las películas de moda. Raúl debió correr tanto que cuando llegó al gimnasio no tuvo necesidad de hacer calentamiento. Sin embargo, nunca se quejó ante el entrenador pues no sabía cómo lo tomaría. El hecho de ser negro lo ponía en riesgo en aquel sector de gente rica acostumbrada a ver a los negros como sirvientes, y no esperaban que él, alto y espigado, fuera un destacado basquetbolista.
Para poder salir de Buenaventura los jóvenes tenían dos caminos: destacarse en el estudio o ser buenos deportistas. Raúl iba por ambos lados, pues al terminar su secundaria ya era reconocido como gran deportista, y ahora, luego de muchos días de tensión, lograba el cupo en la Escuela de Medicina de la Universidad del Valle, para entonces una institución de status distinguido. Pero el cupo era en una lista de espera y mientras tanto tenía que tomar cursos generales.

Una de las primeras clavadas

Tenía 16 años cuando el público lo vio elevarse sobre los demás jugadores, hacer una rápida finta y con sus poderosas manos clavar el balón en la canasta del equipo contrario. Fue uno de los primeros clavados en la historia del baloncesto colombiano. CanastaEra un sello merecedor de la más alta admiración y respeto. Algo logró, pero no lo suficiente como para evitar el peso de la discriminación en la Cali de aquellos tiempos en que se podía percibir el peso invisible de la frontera que separaba a los “europeos puros”, blancos acaudalados, de una parte, y los mestizos, indígenas y negros, de la otra. Cali era un verdadero emporio azucarero y con vigorosas empresas farmacéuticas, pero ejercía la discriminación étnica. La Universidad del Valle tenía uno de los mejores planes académicos del país y recibía poco más de tres mil jóvenes, pero Raúl era apenas uno de los seis estudiantes negros que había en toda la universidad.
Raúl Cuero recuerda que la presión social era tan fuerte que algunos de sus compañeros, negros y mestizos, llegaron a situaciones increíbles de autonegación como alisarse y teñirse el cabello, untarse la cara y las manos con cremas blanqueadoras, imitar la forma de hablar, ahorrar durante varios días para ir a sentarse en los restaurantes de los barrios de clase alta y tomar un refresco a pequeños sorbos para que les durara largas horas. Otros recurrían al licor para evadir las presiones sociales. En Cali fue donde Raúl vio por vez primera a un negro triste. Los chistes ridiculizando a Buenaventura y a los negros le dolían en el alma.
El deporte le permitió superar muchas barreras sociales y académicas gracias a su talento y a que en la selección de baloncesto de la Universidad, de la cual él era uno de los jugadores estrella, sus compañeros le ofrecieron su amistad y respeto, y una solidaridad que conmovió a Raúl por siempre. Eran jugadores excepcionales, diestros y disciplinados, de gran disposición mental que facilitaba la efectividad canastera de Raúl. Esto los llevó a ser campeones departamentales y nacionales varias veces. Su fama corrió y Raúl Cuero se convirtió en una celebridad.
En el salón de clases la atmósfera no era la misma. La convencional y fría formalidad de los compañeros apagaban la espontaneidad propia de una auténtica amistad. Raúl no se sentía cómodo. Tanta convención social lo torturaba. Añoraba los años en Buenaventura, pero estaba decidido a seguir adelante con sus estudios. Mientras la Universidad organizaba las fiestas anuales en los clubes más exclusivos de la ciudad, a los cuales le era prohibida la entrada por el color de su piel, él aprovechaba y avanzaba en sus investigaciones sobre las plantas en el campo y entrenando el baloncesto sin descanso. Sabía que para sortear aquella situación de desigualdad requería una descomunal fuerza de voluntad. Si bien lo admiraban por el espectáculo que les ofrecía jugando baloncesto, no lo aceptaban en la vida cotidiana. Esto generaba en Raúl una gran desconfianza hacia esa sociedad, desconfianza que lo salvó de caer en sus garras: “la aceptación de esa escala de valores habría sido el equivalente a la negación de mi potencial”. Se apartó de la sociedad y dedicó su tiempo a la ciencia, en secreto, de la misma forma en que había explorado aquella máquina de escribir en su niñez.
Encontraba un oasis cuando iba a su ciudad natal y entraba al cine con sus amigos, discutía de diversos temas y escuchaban salsa. Era como si recargara sus baterías para volver a la universidad. Pero al cabo de año y medio tomó la decisión de marcharse de Cali en busca de un ambiente académico menos tenso. Se trasladó a Palmira, a la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional, y allí encontró una atmósfera menos asfixiante, con más diversidad étnica. No había la exclusión de la que iba huyendo.

Encrucijada

¿Pero qué era lo que Raúl Cuero quería estudiar?
Al terminar la secundaria todos sus compañeros de curso tenían claro lo que querían estudiar: Uno, leyes; otro, matemáticas; aquel, idiomas. Raúl, en cambio, tenía interés en diversas áreas del conocimiento con tendencia hacia las ciencias biológicas. De niño había sentido mucha curiosidad por los lagartos y las cucarachas. Las lecturas del libro de Oparín también le habían impactado. Su estadía en Palmira fue de un año y medio. Allí practicó el baloncesto con pasión, encontró en Óscar González a “su hermano del alma”, que medía 2,10 metros de estatura, llevaron al equipo de la Facultad de Agronomía a coronarse campeón nacional, con la guía de “el Gordo Salcedo”, su entrenador, que lo animó a desarrollar aún más sus habilidades como líder. Hasta que llegó el día que sintió a Palmira pequeña para sus sueños y tuvo la certeza de que un negro sin dinero y sin tierra no tenía futuro como agrónomo en este país. A pesar del poco tiempo había consolidado sus conocimientos básicos y había sentido cómo latía el deseo de estudiar los fenómenos ecológicos y la incidencia humana en ellos, entonces pidió el traslado a la Universidad Nacional en Bogotá.
Las calles de la capital estaban atiborradas de gente que parecía programada para no expresarse con espontaneidad. La idiosincrasia de los negros del Pacífico o de los costeños del Caribe era constreñida por una frialdad en el trato y la sutil intolerancia a sus expresiones festivas en la música, la ropa y las reuniones. Hizo varios amigos con quienes amortiguó los largos momentos de desazón, pero no necesitó más de un año y medio para darse cuenta de que en el deporte que más amaba no podía desplegar su destreza, como driblar con firmeza, pasar a toda velocidad y lanzar, jugar en cualquier posición, desarrollar la creatividad individual o apoyarse en el conjunto, sino que debía ceñirse a unas directrices más teóricas que prácticas y trabajar para una figura central. Y en la academia pudo percibir el marcado sesgo hacia lo teórico en detrimento de la práctica, cosa que lo defraudó.

Raúl cuero - una de sus pasiones es el jazz

Raúl Cuero – Una de sus pasiones es el jazz

Tanto en la universidad como fuera de ella, la capital de Colombia tenía las mismas aberraciones raciales, los mismos prejuicios contra los negros que en Cali, pero con la diferencia de que en Bogotá hacía más frío. Comprendió que estaba maduro para regresar a Cali, soportar la discriminación sin dejarse apabullar y proseguir sus estudios en la Universidad del Valle.
De nuevo el deporte abría el camino. Una vez en Cali volvió al seleccionado de baloncesto pero ahora con el norteamericano Don Curry como entrenador, quien creía sin titubeos que a los atletas había que rodeárseles de óptimas condiciones para que pudieran desarrollar su capacidad. De esta forma Raúl resultó viviendo cerca de la universidad, en el barrio San Fernando donde años atrás había sido humillado por una pandilla de jóvenes blancos. Ahora, acompañado por dos entrenadores norteamericanos, podía transitar sin ser molestado, más bien admirado, porque en Colombia había una exagerada ponderación por lo extranjero.
Con este terreno a su favor y experto en manejar la discriminación, Raúl pudo dedicarse por entero a sus estudios de biología, que eran su mayor sueño.
Tuvo la fortuna de conocer al doctor Percy Lilly, profesor invitado de Microbiología y Fisiología de la Universidad de Heidelberg, Estados Unidos, quien reconoció en Raúl la desmesurada curiosidad y pasión por la ciencia, y lo estimuló para realizar experimentos dentro y fuera del laboratorio. Le facilitó el acceso a su biblioteca, una de las más completas del Departamento de Biología, propiciando así una nueva mirada sobre diversos tópicos del conocimiento. Le ofreció su amistad y cuando lo invitaba a cenar con su familia la conversación adquiría el vuelo de una comunión entre la ciencia y la amistad.
Había desarrollado un experimento con el muérdago, planta de hojas carnosas parásita en los árboles, cuando se graduó en Biología. La planta creció más del promedio en el laboratorio, lo que animó al profesor Lilly quien lo recomendó para optar una beca en la Universidad de Heidelberg. Ese día Raúl se vio en la encrucijada: el baloncesto o su educación científica. Estaba en uno de sus mejores momentos deportivos, pero debía tomar una decisión que lo afectaría para toda la vida.

Un tiquete a USA por siete dólares

El muelle era un hervidero. Los estibadores, negros corpulentos como gladiadores modernos, iban y venían, sudando, acosados por los capataces blancos. Cargaban y descargaban los barcos provenientes de diversas partes del mundo. Desde cuando era niño, Raúl sentía que aquel lugar le dolía. Le era imposible ignorar que allí su pueblo era esclavizado. Pero aquel día tenía que ir porque subiría a uno de los buques de la Flota Mercante Grancolombiana llevando su maleta de viajero. Muchas manos negras se agitaron en el aire para despedirlo. Era como si quisieran alcanzarlo, irse con él, protegerlo, desearle que no se diera por vencido.
Algo singular había en aquel viaje. Nunca antes se había visto que un negro fuera pasajero invitado en un barco de la Flota Mercante. Los cupos eran de los blancos que hacían turismo. barco pinturaLos negros no podían ser más que cargadores, marineros, sirvientes, nunca pasajeros y mucho menos invitados que fueran a Estados Unidos a estudiar. Y se sorprenderían aún más si se enteraran de que por ser hijo de uno de los marineros más antiguos de la Flota Mercante el costo era de un dólar por día. Por supuesto que lograr el reconocimiento de este derecho no fue nada fácil. Finalmente lo logró y debió pagar la suma de 7 dólares en total. Los ojos se le anegaron frente a aquellas manos que lo despedían.
Durante el viaje Raúl volvió a vivir la misma situación que en tierra: lo confundieron con un camarero, le asignaron una habitación de menor rango que a los demás pasajeros y no pudo establecer relación de amistad sino con los marineros que eran negros, varios de ellos conocían a Félix, su padre, y se alegraron de saber que iba a estudiar. A los siete días descendió en el puerto de Baltimore, Estado de Maryland, dando inicio a uno de sus periplos más sorprendentes de un compatriota dedicado a la Ciencia, que lo llevaría a culminar sus estudios de Biología en el tiempo récord de un año, gracias a que la universidad convalidó varios de sus cursos en la Universidad del Valle. Sus calificaciones fueron de las más altas. Los compañeros de curso lo acogieron sin prejuicios y el ambiente fue propicio para el desarrollo de su talento. Comprendió que cuando las mentes están en sincronía universal no importan las diferencias culturales ni étnicas. Raúl experimentó la consolidación de sus propias habilidades y talentos y sintió que una inmensa energía lo imbuía para seguir adelante en aquel mundo de incesante movimiento. De la Universidad de Heidelberg pasó a la Universidad estatal de Ohio donde hizo la maestría en Patología Vegetal. En algunos momentos se enfermó por la altísima presión de trabajo, pero se levantó y continuó. Cuando terminó sus estudios regresó a la Universidad del Valle a enseñar Micología y Patología Vegetal. Él era el único negro en el Departamento de Biología, varios de sus antiguos profesores eran ahora sus colegas. Propuso nuevos cursos para enfatizar en la investigación. Sabía que a los jóvenes estudiantes había que estimularlos a ser creativos, a llevar a la práctica sus conocimientos y habilidades. Esta idea la desarrollaría años más tarde con el revolucionario proyecto conocido como Parques de la Creatividad donde miles de jóvenes pueden poner en juego sus capacidades inventivas.
Como profesor en la Universidad del Valle estableció entre los estudiantes el énfasis en la investigación y no estimuló la memorización, compartió con los jóvenes lo que sabía de laboratorio, las técnicas, sin importarle los conocimientos previos. Se sentía como un alumno en busca de nuevos conocimientos. Así pudo convertir sus clases en algo dinámico, alegre, donde los muchachos podían soltar su mentalidad analítica. Ayudó a muchos estudiantes con sus propios recursos, invitándolos a no desmayar. El único placer extra que tenía era el jazz, del cual afirma que está sustentado en los estados de energía pura de la conciencia universal. El jazz no sólo es el fruto de una excelsa creación del hombre sino que su origen y conformación están enraizados en la lucha por la sobrevivencia de los negros y hoy es un arte universal.
Después de cuatro años obedeció a su propia necesidad de expandir los conocimientos y obtuvo una beca en Gran Bretaña. Recibió entrenamiento en microbiología de alimentos durante varios meses y pudo evidenciar la diferencia del sistema educativo británico en relación con el de Estados Unidos. Luego fue a Escocia, a la Universidad de Strathclyde, reconocida por el énfasis en la creatividad. Conoció, entre otros, al profesor John Smith, microbiólogo de trayectoria mundial, quien reforzó en Raúl las habilidades en la investigación científica.
Lo que sigue es un historial en continua elevación hacia la creatividad científica.

El mejor invento

El arduo camino recorrido por Raúl Cuero es dilatado e imposible de recoger en pocas páginas. No es fácil tener una visión de conjunto del mundo, se requiere un conocimiento muy amplio y unitario sobre diferentes disciplinas. No puede haber fronteras vedadas entre una y otra disciplina, el sentido creativo requiere plena libertad. Y para ejercer la creatividad, es decir, lograr lo que antes nadie ha logrado, además del talento, es necesario tener valor y persistir sin tregua.
En sus indagaciones sobre biogénesis, Raúl no desdeña nada: la Tabla Periódica de los Elementos creada por Mendeleyev. Dice a propósito que “Si Galileo Galilei mostró la referencia universal, Mendeleyev mostró de qué estamos hechos”. La teoría atómica de Niels Borh, la evolución postulada por Darwin y Wallace, la teoría cuántica de Schröringer y Einstein… Sus investigaciones, hoy financiadas por la NASA, muestran la alta interacción que existe entre la emisión de electrones, el crecimiento celular y el metabolismo. Utilizando la biotecnología puede practicar conceptos sobre mecánica cuántica que le permiten precisar rasgos de vida en ambientes extraterrestres, como en Marte o la Luna. Tiene que ver con su inquietud fundamental del origen de la vida en la Tierra, la comprensión de las enfermedades y los procesos de la muerte.
Sus descubrimientos se dirigen a resolver problemas de contaminación que afectan la calidad de vida en nuestro planeta. Cómo limpiar las aguas contaminadas por el petróleo, la polución ambiental debida a emisiones de gases tóxicos, las radiaciones en los alimentos. La exploración del mundo microbiano -parásitos, hongos, virus, bacterias- ha sido la columna vertebral de sus investigaciones. Los alimentos naturales contienen elementos antimicrobianos y su uso continuo y en buenas cantidades es preventivo contra las infecciones. Rescata las costumbres ancestrales que utilizaban el clavo, la canela, el perejil, el cilantro, el jengibre y muchos más.
Raúl Cuero habla al públicoLe preocupa la contaminación bacteriana en los alimentos. Las buenas dietas no nacen en la mesa sino en los campos. Raúl fue criado comiendo pescado varias veces al día, y comer pollo o carne roja era un lujo. En el mundo de hoy es al contrario.
Uno de sus primeros aportes científicos fue desarrollar compuestos naturales para combatir los microorganismos tóxicos. A partir de esta experiencia Raúl cambió su método de investigación que consistía en sacar conclusiones basado en un principio, por el de extraer leyes a partir de experiencias particulares. Esto le permitió avanzar a grandes pasos en la búsqueda creativa de conceptos básicos con la ciencia aplicada. Su lucidez fluyó más y mejor. Esto le ha permitido generar más de veinte invenciones, como desarrollar una tecnología para eliminar materiales químicos tóxicos y radionucleares utilizados para controlar la contaminación por el deterioro de las plantas nucleares en Fukushima, Japón.Portada de Buenaventura a la Nasa
La NASA Brief Technology en diciembre de 2007 le otorgó un premio por: “La eliminación efectiva de la contaminación por radionucleidos como Metales de uranio y tóxicos, Uso del suelo marciano simulante (ceniza volcánica)”. Este trabajo también se dio a conocer en la publicación tecnológica de la NASA, porque la patente de esta invención que hizo para la NASA contribuye al adelanto de la investigación espacial.
Descubrió una molécula natural que bloquea la radiación ultravioleta para evitar el cáncer de piel. Ha desarrollado un método para producir nanopartículas naturales (millones de veces diminutas) que impactará la tecnología porque hasta el momento esas nanopartículas son sintéticas y muy costosas. Por este Descubrimiento de invención y Nueva Tecnología la NASA le otorgó otro premio en febrero de 2009.
Su atención está centrada actualmente en el desarrollo de un compuesto natural que aumente la fertilidad y la reproducción en animales y en humanos, en la búsqueda de nuevos antibióticos, en inventar una tecnología que permita convertir el agua salada en agua potable, en producir un detector de colesterol…
Pero el invento que le produce mayor alegría es de los Parques de la Creatividad, laboratorios fundados por él y que se encuentran en Colombia, Estados Unidos, México, Israel, donde miles de jóvenes pueden explorar de manera lúdica su capacidad inventiva, crear nuevas tecnologías y nuevos paradigmas. “Es el invento que más aprecio porque está enfocada para crear la cultura de la creatividad en los jóvenes”. En ellos Raúl Cuero ha podido poner en práctica su forma de pensamiento: no hay nada mejor para el desarrollo individual y la armonía entre las personas, que el espíritu creativo. Como dijera Nietzsche: “La madurez consiste en recuperar la seriedad con que jugaba cuando era niño”.
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Fuentes consultadas:
– De Buenaventura la Nasa. Cuero R. Raúl G., Una vida entre el triunfo y la supervivencia. Intermedio Editores 2011.
– Así es Raúl Cuero. Margarita Rosa Silva, El País, Cali. Marzo 21, 2012
– Colombiano, genio de la Nasa, quiere crear vida en Marte. Andrea Linares Gómez. Vida de Hoy, Elcolombiano.com
– Reportaje a Raúl Cuero. Orlando Mejía Rivera. Revista Universidad de Antioquia.
– De pobre en Buenaventura a Científico en la NASA. John Eric Gómez Marín. El Colombiano. Noviembre 18 de 2009.
– La creatividad es un camino solitario. Entrevista en la Revista Semana. Abril 7 de 2012.
– Nunca planeo un invento. Elespectador.com, 5 de septiembre de 2012.
– Triunfa en la NASA. Margarita Vidal, El País, Cali. Septiembre 3 de 2011.
– Raúl Cuero, el científico colombiano que tuvo la fortuna de la escasez. Catalina Oquendo, Eltiempo.com. Septiembre 8 de 2011.

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Con motivo de cumplir 90 años de vida don Antonio Botero Palacio, reproducimos este ensayo leído en la sesión especial de homenaje y reconocimiento a su vida y su obra en el XII Parlamento de Escritores del Caribe, 2014. Autor de la novela Al final de la inocencia, el poemario Canción para una despedida, entre muchos otros, y de la Historia de Magangué (Bolívar) y La Unión (Antioquia, su tierra natal). Don Antonio Botero Palacio es además el autor del Himno de Magangué y uno de los pilares del Centro de Historia de ese legendario puerto sobre el río Magdalena. (N de la Red) 

 

Un río de hombre

Por Ángel Galeano Higua

Antonio Botero Palacio - La Unión, Antioquia (foto archivo El Pequeño Periódico)

“Se me viene a la cabeza esta anécdota que muestra el interés cultural de Magangué: con motivo de una fecha importante, decidí preparar una conferencia sobre Porfirio Barba Jacob; así pues agoté las reservas de mi biblioteca y cuando los medios de consulta de la ciudad me dieron lo que tenían, me fui a Medellín y me enclaustré diez días en la Biblioteca Pública Piloto, hasta adquirir un bagaje de conocimientos que consideré suficientes y regresé para hacer la promoción de este acto que se realizaría en la Cámara de Comercio a las siete de la noche. Cuando las manecillas del reloj marcaban las ocho, resolví dar inicio al acto que contaba en el auditorio con la presencia de una sola persona: mi hermano. Me consolé diciéndome que el despreciado no era yo, sino Porfirio Barba Jacob”.

Tomado de “Antonio Botero Palacio: Maestro, navegante y soñador”. Navegantes de la utopía

1. Introducción

¿Qué pesa más en un hombre: su vida o su obra?

Esta pregunta medular surge a la hora de abordar a don Antonio Botero Palacio. La mera formulación ya plantea una profunda inquietud. No alcanzan las palabras que han rodado por el planeta para definir a un ser humano como él. A lo que quizás podamos aspirar sus amigos es a reconocer su generosidad sin límites, su descomunal esfuerzo por plantarse, con carácter, en la tierra ejerciendo el derecho a ser habitante de un país en cuyo barro ha quedado ya muy nítida su impronta. Y por supuesto, quienes tenemos el privilegio de conocerlo desde hace más de 30 años, no renunciamos al asombro que nos produce su delirante búsqueda de la belleza a través de nuestro idioma.

Hay hombres cuya vida se llena a sí misma de acciones. Los hay también en quienes el ejercicio del pensamiento, de la imaginación, los determinan. Pero en otros se confunden la palabra y los acontecimientos, se hacen carne y espíritu. A esta última categoría pertenece este hijo adoptivo de Magangué, este hombre que lo ha entregado casi todo por los demás. Que sólo ha guardado para sí la fuerza de su amistad que refulge en la mirada.

La iniciativa del XII Parlamento Nacional de Escritores de estudiar la vida y la obra de don Antonio Botero Palacio nos llena de regocijo. Reconocer sus aportes a la cultura colombiana, valorar sus esfuerzos por plasmar acontecimientos de talante histórico, saborear su obra diversa, reír ante los pasajes en que se burla con fino humor de su alter ego, proyectar su ejemplo emprendedor en pos de las causas sociales más nobles. Con tales propósitos, una organización como la Asociación de Escritores de la Costa, cumple a cabalidad con su razón de existir y abona el camino para que las nuevas generaciones de lectores acudan a beber de su obra literaria y tengan como ejemplar la vida de este compatriota.

2. Recrear la vidaAntonio Botero Palacio - La Unión, Antioquia

Aparte los avatares de Antonio Botero Palacio a lo largo de su vida, es de resaltar su persistencia creadora. Tal vez las duras condiciones materiales del hogar, los agrestes parajes de la vereda Garabatos que debió recorrer en la niñez y los arduos episodios que describe con gracia en su novela Al final de la inocencia , hollaron su vena literaria. No es que el dolor y el sufrimiento produzcan un arte más sublime. No, el dolor merma, deteriora, entristece, mata. Nadie en sus cabales quiere el dolor. Se trata más bien de que el talento no sucumbe cuando va acompañado de ciertos factores, como de una voluntad férrea y el atrevimiento de ir contra la corriente. Se expresa a pesar de las adversidades y en Antonio Botero Palacio tales vicisitudes sirvieron de materia prima para contarnos una historia. Su historia, que se riega con especial claridad en su novela.

A lo largo de toda su vida lo ha acompañado el recuerdo de su padre, Próspero Botero Restrepo, quien después de la dura jornada en los surcos colgados de los breñales y a la luz de un candil agonizante, les leía a Cervantes, Jorge Isaacs, Alejandro Dumas, Víctor Hugo, José Eustasio Rivera, en la Casa Grande de Mesopotamia, Municipio de La Unión, en el oriente antioqueño.

Hizo teatro. Es decir, escribió dramas, los actuó, los dirigió. “Chamboneando en las tablas fue como tomé cariño por esta modalidad”, dijo en cierta ocasión (1). Fruto de esa exploración son las obras Abismos, Machismo, Blanca como azucena y El pleito. Muchas veces ha viajado a Medellín, Cartagena o Barranquilla con el exclusivo propósito de asistir a una función. Pero no le basta con “verlo”, lo lee. Con frecuencia le oímos citar a los griegos, a Shakespeare, a Chéjov, a Moliere.

A la pregunta de cuál es la obra de teatro que más lo ha impactado, responde: “Conservo fresco el recuerdo de una de las obras más maravillosas en la dramaturgia nacional, que logró impactarme como creación colectiva del teatro experimental. Me refiero al montaje que un grupo de la Universidad de Antioquia hizo de Guadalupe años cincuenta, y que tuve el privilegio de presenciar en el alma máter”. (1)

Si me fuese dado el derecho a resumir, diría que el hilo conductor de sus desvelos literarios ha estado en recrear la vida.

3. Los versos anteceden a la prosa

Antonio Botero Palacio en un evento cultural en Magangué (archivo El Pequeño Periódico)

Una de sus grandes pasiones es la poesía. Se transforma citando a Barba Jacob, de quien dice: que es el “poeta de todas las contradicciones pero siempre artífice de lo bello”. (3) En el epígrafe de estas notas se aprecia el ardor con que ha leído al autor de “La Canción de la Vida Profunda”, poema “donde palpitan, con vívida incandescencia, los más antagónicos momentos de la vida de un hombre”. Una especie de altar ha construido para Neruda: “en cada una de sus palabras cabe un mundo de alegría, de dolor, de angustia, de fe, que trasciende lo infinito”. Su personaje femenino preferido es Gabriela Mistral, “pues la sinceridad de su voz y el arrullo de su poesía me dan serenidad en el alma”. (1) ¿Quién de nosotros no lo ha oído hablar de la Canción del boga ausente, de Candelario Obeso, el primer poeta negro de América? En José Asunción Silva lo “sorprende la magia imaginaria de mil sombras proyectadas por la luna pálida”.

Cultor del soneto, no ha abandonado la musicalidad que heredó en la rima parnasiana, romántico le canta a la mujer, al amor, al paisaje. Ha escrito cientos de poemas y publicó un libro titulado Desde los lagares del alma. Uno de los imanes que lo atrapó al llegar al Caribe, al refugiarse en Magangué, fue la musicalidad con que hablan los costeños. Se ha compenetrado tanto con la región que no ahorra esfuerzos para promover entre los niños y los jóvenes el amor por la poesía mediante talleres, concursos, encuentros para compartir poemas salidos de los tiernos fogones espirituales de los niños de Magangué y la Costa Atlántica.

Más que su poesía en verso, podemos encontrar en su prosa esa búsqueda del ritmo, esa música que distingue su estilo orlado con los adjetivos a veces desmesurados, como desmesurada es su hambre de literatura. Antonio Botero sabe que la prueba de fuego de la poesía está en la prosa, pero eso no lo acobarda, al contrario, es combustible para su obra.

4. Afán por la Historia

Impulsó los Encuentros para jóvenes

Su formación de maestro de escuela en la Normal de Varones de Manizales, más su errancia obligada, no en razón de una estirpe de antioqueño andariego, sino por la persecución política en la que el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán marcó su vida como un mojón doloroso, exacerbaron el deseo de poner en práctica para su vida lo que les inculcaba a los niños en la escuela: conocer la Historia del país, de la región, de sí mismo. Saber dónde estamos parados, en qué país vivimos. No ha dejado de pensar en la pregunta que harán las generaciones venideras: ¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?

La violencia política, que descargó su hoz de parca funesta a finales de los años 40 del siglo pasado, por poco se lleva también a nuestro amigo. Gracias a su habilidad, a sus reflejos de maestro joven, pudo eludir esa indeseada cita y emprender el camino del exilio en su propia patria, como han tenido que hacer millones de compatriotas en estos últimos 60 años de nuestra historia nacional.

Lo ha impregnado el afán por conocer la historia, ya no como maestro de escuela, sino para sobrevivir. Esta dilatada y sangrienta página de nuestra historia, si bien contiene todo el drama de un pueblo avasallado por los poderes más aberrantes que han manejado nuestro país, en la pluma de Antonio Botero Palacio adquiere una dimensión humana conmovedora. Recurre a su propia experiencia y con ese faro echa a andar por los caminos de la historia local de su pueblo natal y del puerto que lo supo adoptar. Para hurgar estos vericuetos siempre ha encontrado cómplices, empezando por su hermano Próspero, con quien escribió, luego de largos años de investigación, los libros La batalla de Magangué, Historia de Magangué y la Historia del Municipio de La Unión, Antioquia, con motivo del centenario de su fundación.

A más de haber sido maestro, fue administrador de una finca ganadera, contabilista, gerente de una empresa de transporte fluvial, comerciante de madera y en medio de todos esos oficios impuestos por su condición de perseguido político, se convirtió, con el tiempo, en miembro activo y permanente de la Casa de la Cultura de Magangué, del Centro de Historia “Villa de Magangué”, del Consejo Municipal, y del Consejo Departamental de Cultura de Bolívar.

Es muy significativo que su obra Historia de Magangué, esté dedicada a Orlando Fals Borda, “quien sembró los principios raizales del tipismo costeño y creó, para la posteridad, la grandiosidad del hombre anfibio, que resume con perfección nuestra identidad”.4

5. Relatar

Firmando autógrafos de su novela Al final de la inocencia (archivo El Pequeño Periódico)

Esa antigua forma de historiar, de hacer de cronista, de contar lo que veía u oía, le agudizó la percepción para atrapar lo que sucede o no a su alrededor, más que lo trascendental o grandilocuente de la Historia, los sucesos cotidianos: los sentidos alerta, lo que gritan los vendedores en la calle, los pregoneros que ofrecen el pescado recién sacado del río, los aguacates y mangos, las alegrías de coco y anís… No es indiferente al aviso en los muros, a las anécdotas llenas de picardía y repentismo, al hecho político, a las noticias de nuevos descubrimientos científicos, a la creciente del río con todas sus consecuencias, lo mismo que a las sequías.

La búsqueda de su propia voz lo condujo a escribir una pieza integradora de ese pueblo cosmopolita. Porque Magangué es un puerto y como tal ha estado abierto al mundo. No es exageración, durante los diez años que viví con mi familia la aventura de los descalzos en Magangué, pudimos conocer la “Albarrada”, esa franja fronteriza entre el río grande de nuestra patria, El Magdalena, y la ciudad. En esa orilla se podía conseguir desde una aguja de hueso para tejer hamacas, hasta pólvora y demás trebejos para extraer oro de las minas del Sur de Bolívar. Por allí entran y salen de manera clandestina miles de ejemplares de iguanas e icoteas y otras especies de nuestra fauna en peligro de extinción, engrosando el mercado negro del interior del país y otros países. La Albarrada con sus fondas ribereñas, pescado frito con patacón pisao y guarapo. El puerto, hoy renovado, donde llegan chalupas de diversos lugares del sur de Bolívar, Sucre y Magdalena. Este carácter de nuestro río por el cual entraron los colonizadores con sus arcabuces, espadas, caballos y Cristos crucificados, sedas y pianos, gérmenes de enfermedades inexistentes en este continente, y el idioma. El mismo río por donde salieron rumbo a la península ibérica, llevándose toneladas de oro y gemas y títulos autoproclamándose dueños y señores de estas tierras y de sus pobladores. Jamás la humanidad conoció usurpación más criminal y aniquilamiento masivo más brutal. En nuestra residencia soñadora como descalzos, no era de extrañar encontrarnos allí a los turcos, libaneses, alemanes e italianos atendiendo sus negocios de telas y abarrotes, compra y venta de cosechas. Ellos habían entrado a nuestro país huyendo de las guerras en Europa, la Primera y Segunda Guerra Mundial, y se establecieron en la rivera, acunados por el clima, la generosa hospitalidad de los habitantes y por la presencia apabullante del río que los hacía soñar con un regreso a su patria.

Primera Edición

Antonio Botero Palacio supo recoger la esencia de esta historia y plasmarla con belleza en el Himno que fue acogido por Magangué. La música corrió a cargo de Francisco Chico Cervantes, y el estreno fue una memorable jornada interpretada por los coros y la orquesta sinfónica de la Universidad de Antioquia. “Cuando aprendí a amar a Magangué me fue fácil cantarle, pregonando con sinceridad la bondad de sus gentes, la majestad de sus paisajes y la fuerza de sus ancestros”. (1)

Como se ve, la huella de este maestro de escuela es imborrable en la historia regional.

Pero en su apetito por narrar se encuentra un Anecdotario, en el cual durante varios años recogió, en compañía de su hermano cómplice, Próspero, verdaderas joyas del repentismo local que esperan el paso de los años para poder publicarlo, dado que aún viven ciertos personajes implicados en sus chispeantes páginas. Todo un ejercicio de observación, recolección y sistematización en un cuaderno grande, copiados a mano al calor de la novedad. Autor de cientos de ensayos, artículos, crónicas y cuentos que ha escrito para periódicos locales y regionales, como EL PEQUEÑO PERIÓDICO, del cual fue animador incondicional desde el momento en que tuve el honor de fundarlo, en 1982, en una cafetería a orillas del río Magdalena. Artículos como “Los niños en cruz”, “La Feria de Magangué”, “Las fiestas de Magangué”, “El bajo Manhattan”, las continuas batallas para que los gobernantes de turno prestaran atención a la Biblioteca y a la Casa de la Cultura y demás necesidades culturales del pueblo. Para don Antonio Botero no existe tema vedado y sabe, de sobra, que ejercitar esa libertad le ha implica sus riesgos.

Su dedicación a la escritura va pareja con la lectura, no ha dejado de escudriñar la obra de nuestro Nobel y se mantiene alerta a las nuevas voces literarias que surgen dentro y fuera del país. Con la edad no disminuye su curiosidad. Para él la mente es la que manda en consonancia con los latidos del corazón. Conocer su biblioteca es acercarse a un rinconcito muy preciado de su alma.

6. Al final de la inocencia

Para escribir esta novela Antonio Botero Palacio no necesitó inventar. O dicho de otra forma, no tuvo que echar mano de historias prestadas, sólo recordar y plasmar con palabras sus recuerdos. Consideró que así como recogía historias de otros había llegado el momento de recoger la suya. Tal vez para que su familia, su hija, sus nietos y toda la descendencia supieran de primera fuente quién había sido él. Hermosa responsabilidad. ¿Qué sería de este país si sus ciudadanos escribieran y publicaran su vida como él lo ha hecho?

2a. Edición

Recuerdo el día que me compartió su secreto. Hoy lo puedo contar aquí porque es una realidad inocultable. Y porque ha dejado una marca indeleble en mi memoria. Lo visité en su Almacén La Finca, en La Albarrada, y debido al ajetreo me dijo que lo esperáramos, que tenía algo para contarnos. Ni mi esposa que me acompañaba ni yo, sospechamos de qué se trataba. Cerró el almacén pero no nos dejó salir. No entendíamos por qué nos dejaba adentro, pero nos indicó para que subiéramos la escalera que nos condujo a su búnker. Un estudio bien dotado a donde con seguridad se escapaba de todo el mundo para escribir y leer sin interrupciones. Nos ofreció un refresco y extrajo de su bolsillo una llave con la cual abrió el cajón de una mesita. Sacó un grueso libro que se me antojó recién encuadernado, como esos grandes volúmenes de contabilidad con sus balances de pérdidas y ganancias que mandan empastar las empresas cada mes para su archivo físico. Nos pidió que lo leyéramos. En voz alta empecé a leer aquélla que era su vida. No supimos cuántas horas estuvimos allí los tres embrujados por el periplo de Arturo, el protagonista central.

“Desde la pesada cúspide de mis años aún veo la montaña, la fértil vertiente de la quebrada de El Presidio y la vereda Las Piedras…” (2) Así comienza esta obra que es el espejo de una vida, de una generación, de un país. Los ribetes poéticos se iban regando a lo largo de sus cerca de mil páginas que alcanzaba el original de este texto autobiográfico, de las cuales, por supuesto, no alcanzamos a leer más que un centenar. ¿Qué opinan?, nos preguntó. Por un momento no encontramos las palabras para responderle. Muy bella y nostálgica, atinó a decir Carmen Beatriz, mi esposa. Lo único que yo pude decirle fue que tenía todo el aire de una novela y valía la pena publicarla, que historias como esa debían ser compartidas con los demás. Don Antonio reaccionó, dijo que no, que no la había escrito pensando en publicarla, sino más bien para hacer un examen de su propia vida. Y la volvió a guardar bajo llave.

Antonio Botero Palacio durante el XII Parlamento de Escritores del Caribe, agosto 2014 (Fotos El Pequeño Periódico)

Al cabo de un año me escribió diciéndome que desde aquella noche no había podido quitarse de la cabeza la idea de publicarla. Quiero que sea usted quien la publique, me dijo, inocente de los sinsabores que implica desprenderse de un texto. Es como decirle adiós a un hijo que ha decidido tomar su propio camino. Así dimos comienzo al proceso de edición que se extendería por varios meses. Los detalles aleccionadores de este trabajo, tanto para él como autor, como para mí su editor, pertenecen a esa escuela irrepetible que nunca podrá enseñarse en ninguna academia. Cada libro es un universo propio y las enseñanzas que ofrece en su edición son muy particulares. Para mí ha sido una de las experiencias más ricas, no sólo por la cercanía del autor, sino por la enorme responsabilidad que implicaba tocar una sola de sus palabras. Conociendo como conozco el temperamento apasionado de don Antonio Botero, sabía de antemano que tendríamos una batalla ardua antes de llevar el libro definitivo al fogón de los impresores. Por lo general, todos los autores tienden a resistirse a quitar palabras, a veces se enamoran de sus propios errores, no los ven, no consideran que aquí hay una repetición innecesaria, que allí aparece un adverbio que sobra, un exceso de adjetivos… En fin.

Ponencia sobre la vida y obra de Antonio Botero Palacio - Universidad J. Tadeo Lozano Cartagena. XII Parlamento de Escritores del Caribe. (Foto El Pequeño Periódico)

Nos pusimos una cita en Medellín para iniciar la edición. Él quería que ambos enfrentáramos esa labor y nos dispusimos con todo el ánimo. Pasaron las horas y no podíamos pasar del primer párrafo. Sentíamos que cada palabra nos llevaba por caminos tortuosos, leíamos y releíamos en voz alta, tachábamos, volvíamos a dejar la palabra, esta coma sobra, no, no sobra… Esta sí, no tampoco… Comprendimos, al cabo de muchas horas, que no podríamos coronar con éxito la tarea. Acordamos que yo haría esa labor y le propondría las correcciones que considerara pertinentes. Se marchó decepcionado. Debieron pasar varios meses antes de que yo tuviese una propuesta sólida. Empezando por el título, pues el original no tenía el vuelo poético que la historia ameritaba. En este punto don Antonio estaba de acuerdo, sabía que ése no era el título para una novela. Al principio le envié los primeros capítulos corregidos pero él me respondió que mejor no le mostrara nada, sino hasta que el libro estuviese terminado. Que no podría soportar ese suplicio de verlo por partes. Le consulté algunos términos, ciertos nombres, lugares, referencias históricas. Al cabo de un año largo estuvo listo.

Su reacción inicial al verlo impreso fue de perplejidad. Se asombraba de que toda su vida cupiera en algo menos de 200 páginas. Con el paso del tiempo la novela se fue asentando con fuerza propia. Los mil ejemplares se agotaron, la crítica fue generosa tanto en la Costa como en el interior. Varios maestros de Medellín y el oriente antioqueño lo pidieron como el libro para ser leído durante el año escolar. Pero algo extraordinario sucedió diez años después que impulsó a don Antonio a pensar en agregarle un epílogo y me propuso hacer una segunda edición. Ha sido uno de esos momentos en que nos maravillamos ante la magia de la vida y la ficción que se funden, como si no pudiera existir la una sin la otra. Como si la historia vivida necesitara ficcionarse a sí misma. Como si el libro se hablara de para dentro y se enriqueciera y exigiera ser completado. De un momento a otro uno de los personajes apareció como un fantasma que vuelve del pasado, se presentó con su propio drama pero iluminado por haber encontrado el camino hacia don Antonio. Era la pieza que había quedado suelta en la primera edición y que ninguno de sus lectores, ni él como autor, ni yo como editor, lo habíamos percibido. El asesino, aquel que había recibido la orden de matarlo cuando ejercía de maestro de escuela en Urrao, apareció con el único propósito de arrojarse a sus pies para pedirle perdón después de medio siglo de cargar sobre su conciencia las dentelladas voraces del remordimiento.

Asistentes al XII Parlamento Escritores del Caribe 2014 (foto El Pequeño Periódico)

Como se ha preguntado una de sus lectoras: ¿Cuál será la realidad actual de don Antonio? Después de atesorar tantas experiencias, ¿a quién ama hoy?, ¿sigue Porfirio Barba Jacob invicto en su biblioteca?

Sus amigos, muchos de ellos reunidos hoy aquí en Cartagena, queremos abrazarlo jubilosos por el valor y la resistencia con que ha sabido vivir su vida y su obra. Faros como usted, don Antonio Botero Palacio, son los que le devuelven a un pueblo la ilusión de un camino anchuroso y digno, alejado de la mezquindad que rige al mundo de hoy, de los egoísmos y perversiones con que vemos manipular a la humanidad, donde las leyes del mercado definen la suerte del planeta y para el caso, hacen de los autores una marca más importante que su obra, asignándoles roles de modelos que terminan anunciando productos de consumo.

La imagen de un hombre que tuvo que abandonar su aldea en busca de un refugio para salvar su vida, es la misma imagen de este país que todavía no se pone de acuerdo para erradicar la barbarie. Ese hombre, parado frente a un gran río, mira el horizonte con una sonrisa que acude desde los más recónditos rincones de su alma porque viendo pasar el río incesante y caudaloso, ve pasar la película de su propia vida, convencido de que hizo lo que tenía que hacer.

¿Qué pesa más en un hombre: su vida o su obra? Ambas pesan lo mismo cuando se funden. Es la lección que nos lega don Antonio Botero. Dicho de otra forma, para seres como él la muerte no existe.

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NOTAS

 1 Navegantes de la utopía, Reportajes de El Pequeño Periódico. Ángel Galeano Higua, Edit Fundación Arte & Ciencia, Medellín. 1996.

2 Al final de la inocencia, Antonio Botero Palacio, novela publicada por la Fundación Arte & Ciencia de Medellín. 1ª Edición 1999. 2ª Edición 2011.

3 En la sonoridad de la palabra hace eco la voz de Dios, Antonio Botero Palacio, ensayo. 2012.

4   Historia de Magangué, Antonio Botero Palacio y Próspero Botero Campuzano. 2008

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Ángel Galeano Higua

Cartagena, Agosto de 2014

XII Parlamento Nacional de Escritores de Colombia

Homenaje a Antonio Botero Palacio y Antonio Mora Vélez. Asociación de Escritores de la Costa.

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Anidar, una forma de habitar

Ángel Galeano Higua

A la mejor manera del pergolero o del colibrí, la joyera colombiana, Patricia Zuluaga Osorio, teje su arte en forma de nido y desde su taller en Medellín crea una obra que le ha merecido el reconocimiento internacional.

Patricia Zuluaga Osorio, Premio I Concurso Internacional de Joyería Contemporánea. (Fotografía de Laura Mazo)

Patricia Zuluaga Osorio, Premio I Concurso Internacional de Joyería Contemporánea. (Fotografía de Laura Mazo)


Durante algunos años Patricia Zuluaga ha recogido nidos de diversas clases que las tormentas arrancan de los árboles y arrojan en los caminos. Se admira de su tejedura, de su diminuta perfección y deja que ese entramado se aposente en su memoria porque después, no sabe cuándo, brotarán como por encanto impulsándola hacia los hilos de plata para emular a la naturaleza. Como todo artista, traza ejercicios en su libreta de apuntes, deja que sus manos realicen delicadas pruebas en su banco de trabajo, tantea la belleza imaginándola en un arete, en un collar, en un brazalete.
Hace poco deambuló tres días por entre los géiseres del Parque de Yellowstone dejándose embrujar por los colores distintos, las dimensiones de aquellos surtidores termales que brotan de la tierra. Fruto de ese tránsito fue la serie “Charquitos”, porque para ella los géiseres son como “piscinitas” multicolores. En Patricia se conjuga la bióloga rigurosa y la artista que se abre al entorno e imagina cómo podría ser el mundo. Le preocupan las especies de animales poco conocidas o que están en peligro de extinción, y como para que no desaparezcan del todo las recrea en refinadas joyas.

Panorámica de Puebla, México. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

Panorámica de Puebla, México. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

Cierto día se enteró de que, por primera vez, la Galería La Colecta de Puebla, México, convocaba a los joyeros de Latinoamérica para que enviaran sus proyectos relacionados con el tema de la arquitectura, pero ella no se sintió aludida. Nunca había participado en ningún concurso. Fue su maestra, Helena Aguilar, quien le hizo caer en cuenta de que los nidos bien podrían clasificar, la estructura de un nido es arquitectura. Entonces se dio a la tarea de preparar su propuesta, dando por sentado que el simple hecho de participar era, en sí mismo, ganancia.

Al final, el proyecto de Patricia Zuluaga fue seleccionado como el mejor entre más de 500 participantes de diversos países. http://cazuela.info/exposicion-1er-concurso-internacional-de-joyeria-contemporanea/. Por este importante premio conversamos con ella y aprovechamos para tratar otros aspectos relacionados con su obra.

“Desde el comienzo todo fue ganancia”

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¿Por qué podía considerarse válido el tema de los nidos en la convocatoria de México?

R. Como construcción de los animales, resguardo, protección de la familia o del grupo social porque uno puede considerar nido el termitero, el de las aves, el de varios insectos… Unos guardan al grupo social como sucede en las hormigas, o las abejas. Otros, como los insectos, hacen su casa como protección de su progenie porque son bastante delicados y en sus etapas inmaduras lo necesitan…

R. Una habitación…

Sí, y en las bases del concurso pedían una reseña de las piezas que conformaban el proyecto, y una semblanza del joyero. A pesar de lo intrínseco de los nidos como construcción, tenía que sustentarlo, justificar esa analogía de la arquitectura y los nidos, de la casa primitiva, ese lugar primigenio donde el ser humano decidió resguardarse y resguardar a su familia, sus productos, semillas y demás que necesitaba para su subsistencia. Así lo asumí, como ese lugar primitivo de protección. Por eso busqué otros tipos de nidos, no sólo el característico de las aves, sino también el de los insectos.

¿Cuáles nidos te llaman más la atención? ¿En cuáles te basaste para tu proyecto?

R. Me han llamado la atención los nidos de las aves porque me gusta la combinación de materiales. Un nido de aves por lo general tiene ramas, cortezas, plumas, hojas, en otros casos tienen todas las hebras que las aves encuentran. He recogido muchos nidos caídos en el piso y al examinarlos veo que tienen desde pelos hasta hebras de nylon, tiras de trapeadoras, cualquier material que pueden encontrar en cada lugar y otros que requieren mayor cuidado, como son los nidos del colibrí, con una lanita interior que les ponen para proteger sus huevos que son tan delicados. El otro asunto son las formas, porque uno por lo general no ha visto sino la forma que es cóncava, pero hay una gran variedad de formas: el que tiene la entrada por debajo, el que tiene un túnel para llegar al nido, el que cae como una mochila, (mochileros: gulungos).

_dsc7578En mi cuaderno tengo un mundo de referencias de nidos de diferentes aves, y como el concurso hablaba de arquitectura con mayor razón me llamó la atención, y porque lo conocía gracias a mi profesión de bióloga, porque hay casas muy lindas que hacen los insectos. Lo que más me gusta es acercarme a la literalidad del nido, pero en otro campo, que es el de la joyería contemporánea, en el cual no se trata de hacer una copia del nido, sino crear otro que no sea una réplica exacta. En el de los insectos es una “casita”, como le decíamos en la universidad, y me interesa resaltarla. Utilizar materiales alternos, no sólo la plata, que es lo que plantea la joyería contemporánea, y con otros materiales se me facilitaba que en los nidos yo pudiera hacer una mezcla.

 

¿Cómo fue ese proceso de creación?

R. De lo más difícil pues no tengo la escuela del diseño, aunque llevo 10 años dedicada a la joyería. No es un problema de técnica, sino que se trataba de empezar a desarrollar la idea del nido y hacer ensayos con distintos materiales. Como tengo formación en las ciencias exactas me cuesta trabajo salirme de la realidad, de los formatos. El diseñador empieza a desarrollar proyectos con hojas, con hilos, con pergamino, con muchas cosas. Lo especial en este caso es que llevaba dos años mirando los nidos, es decir, el motivo de inspiración estaba ahí, entonces debía hacer estructuras, ensayos con materiales, pero como en la convocatoria había unos términos, una fecha para entregarlo había que cumplir. Lo interesante para mí fue sentir el gusto de hacerlo. Probé elaborar un nido con cabuya, por ejemplo, probé formas: una de las aves y otra la de los insectos. Trabajé con palitos de madera. Aquí fue muy importante la tutoría de Helena, ella me hablo de la importancia de la textura de algunos materiales. Esta es una apreciación importante en joyería. En su gran mayoría se le debe dar un peso y un movimiento, una ergonomía para que se pueda usar. La cabuya no es tan agradable al tacto, entonces empecé a decidir por otros materiales._dsc7243

 

Has hablado de tu cuaderno de apuntes, ¿en qué consiste?, ¿desde cuándo lo llevas?

R. Lo he llevado desde hace muchos años. Es como una bitácora en la cual apunto temas de inspiración que van con unos referentes, como en este caso de los nidos en los cuales tomo apuntes también de piezas de joyería que dan la idea de un nido. Puedo pegarlos en físico, gráficos en papel y luego empiezo a trazar un derrotero, analizo estructuras, materiales, y si hago pruebas qué clase de pruebas son. En cuanto a materiales si es en plata anoto cuál es la ley de la plata que estoy utilizando, el calibre y trazo bocetos. Luego hago un dibujo de la pieza final con sus especificaciones y características. No llevo la bitácora del taller conmigo a todas partes, pero sí pequeñas libretas para tomar apuntes.

¿Cuándo sabes qué algo puede ser un collar?

R. En general, por los tamaños y el peso. Uno no se pone en el cuello una joya muy pesada y hay unos gramos que se establecen más o menos para hacer unos aretes. Un broche permite un poco más de peso y más formas extrañas porque el broche cuelga en una sola parte. Las piezas no pueden estorbar. Es más fácil si hay unos hilitos colgando en un broche que en unos aretes. Las formas, digamos en el caso de los nidos de aves daba la posibilidad de hacer varios y ponerlos en un collar. Aunque después uno trabaje un poco más la idea uno puede transformar el tamaño de los nidos y volverlo un arete… Muchas veces son las dimensiones las que van dando: o lo reduce o lo agranda…

_dsc7247¿Un collar de varios nidos?

R. Los nidos de aves en conjunto formaron un collar. Son nidos de aves tejidos en croché en una fibra del Amazonas que se llama cumare y tiene mezclados hilos de plata. Así va formándose el collar. Otra pieza es un broche hecho con plata, la misma fibra de cumare y con pergamino moldeado en la misma estructura de la plata. Lo que se estaba ilustrando era la casita de un insecto, de una polilla. Otro broche está hecho con una parte de la estructura de esa casita de la polilla, haciendo una especie de zoom. Está hecho con hilo de plata e hilos entrelazados de fibras naturales. Este broche es más conceptual porque lo que uno ve son varios hilos de varios calibres trabados y mezclados con otro… Esta es una propuesta que no te dice de manera directa, por ejemplo, esta es una flor, sino que corresponde a una forma abstracta. Esta experiencia me gustó mucho porque me permitió romper un poco con la literalidad.

¿Te vales de la fotografía como apoyo en tu trabajo?

R. Sí, tomo fotografías para llevar un registro del proceso al empezar y lo que voy adicionando. Más que tomar fotografías lo que hago es investigar, buscar fotografías en libros y sacar copias a color de esos nidos. Y como te digo, existe la posibilidad de recoger los nidos que caen, una tormenta casi siempre deja unos cuantos nidos en el piso.

Hábitat natural, arquitectura… ¿qué otras referencias tienes?

R. La joyería es un universo tan grande y en todo el mundo la gente está haciendo joyería, además de la que se ha elaborado a lo largo del desarrollo de la humanidad. Uno se da cuenta de que no somos los creadores de aquella imagen que creíamos única sobre un determinado tema. Creo que pocos pueden decir que lograron una pieza cuya idea o forma nadie antes la produjo.

Estás hablando de la originalidad…

R. Digamos que hay miles nidos, pero el nido elaborado en forma de “coquita” tejida en cumare con otros hilitos por dentro, posiblemente no, pero nidos hechos hay infinidad. En muchos casos se ha llegado a la forma como inspiración, pero la elaboración o el diseño son otros. Hay muchos diseñadores que han tomado los tejidos. En una investigación histórica de la cestería, desarrollada por Silvina Romero, se puede observar que al recrearla sus formas se asemejan a los nidos. Otra artista, Estela Sáez Vilanova, tomó el nido para recrearlo como hogar, lo que significa la familia para las personas y lo que significa dejarlo luego.

¿Cuáles fueron los temores que sentiste al participar en esta convocatoria de México, el proceso y la espera del fallo?

R. La duda que tenía al inicio era llegar a una pieza especial y que quedara contenta con ella. Helena jugó un papel muy importante con sus orientaciones. Ella nos decía: “Hay que hacer piezas grandes: No te quedes pensando en el tamaño o que pueda servir para elaborar un collar. No, este es un concurso de joyería contemporánea. Y podés desbordarte en la expresión. En este momento se trata de expresar la idea y llevar la propuesta de una pieza con personalidad”. En estos términos el temor era sí podría lograr una pieza digna de un concurso, digna de confrontarme con otro mundo. Y aquí vale la pena anotar que alguna compañeras dijeron sí, concursemos, aunque es un concurso en Puebla, el primero que hacen, no es el gran certamen. La verdad es que la joyería contemporánea ha tenido mucho más peso y se ha desarrollado hace mucho más tiempo en Europa, en Nueva York. En Latinoamérica no ha sido tanto. Argentina quizás ha sido más activa.

Ventana típica de Puebla. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

Ventana típica de Puebla. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

México tiene una gran trayectoria en el trabajo de platería y joyería, reconocidas por su expresión étnica, pero México no es el que más ha sobresalido en la joyería contemporánea. Por eso mis compañeras planteaban que no era el gran concurso, pero para mí significaba mi primer concurso, si me seleccionaban o no estaba muy bien. Asumí el tema y logré unas piezas que me gustaron y las mandé, todo eso para mí era ganancia. Desde el comienzo todo fue ganancia. Luego de la primera selección quedamos entre las primeras 200, de más de 500 propuestas. Esto era más ganancia para mí. Y después quedamos entre las 50 finalistas, otra ganancia… y quedamos los 10 que participamos del taller de Helena Aguilar, incluida ella. Eso es un gran resultado.

¿Has pensado en una muestra de tu obra?

R. No sólo con la mía, sino con la de los 10 que participamos de Medellín.

P: ¿Y ahora qué tienes en tus planes?

R. Estoy en un proyecto de nuevos diseños con esmeraldas, para promover esta piedra nacional.

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Los criterios que tuvo en cuenta el jurado, compuesto por joyeros, arquitectos y el director de Galería La Colecta.Mx, fueron:

horneroOriginalidad e innovación por ser joyería contemporánea, Calidad en el terminado de la pieza (considerando la técnica y los materiales utilizados), Complejidad de la pieza, Diseño y usabilidad de la pieza, y Conceptualización.

El premio, además de un estímulo económico, comprendió la inclusión de la obra en el Catálogo de la Exposición y dos cursos on line sobre emprendimiento.

“Al comienzo yo pensaba: ¿Qué tal que uno se lo ganara? Sabía la fecha del fallo pero fue un compañero, el único hombre del taller, quien nos dijo desde Costa Rica donde estaba estudiando: ¿Sí están viendo que están trasmitiendo en vivo la inauguración? Cuando pude verlo en Facebook la señal que tenía era intermitente y entonces yo sólo oí “Patricia Zuluaga de Colombia”, yo le dije a Jorge: ¡Me gané algo! Empezaron los compañeros en wathsapp a escribirme: ¡Patri ganaste! Me sorprendió que fuera el primer lugar”.

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PERFIL DE LA AUTORA

Patricia Zuluaga Osorio
Antioquia, Colombia
1° Lugar Categoría Piezas Físicas.
Concurso Internacional de Joyería Contemporánea La Colecta.mx

la-autora-patricia-zuluaga-osorio-premio-joyeria-contemporaneaEl amor por la naturaleza, animales, plantas, variedad de minerales, con su infinidad de colores y texturas, accidentes geográficos, la luminosidad de las hojas de coca hasta las expresivas colas del cosumbo, las formaciones de géiseres y el entramado de los nidos, han sido los detalles plasmados y las imágenes recreadas en cada una de sus piezas y diseños.
Los hilos, telas y tejidos presentes en su infancia han resurgido para integrar las ideas en el oficio de la joyería. En su etapa de madurez, los viajes para conocer otras culturas del mundo, el arte y las labores artesanales, han sido una fuente de aprendizaje y motivación.
En formación y ejercicio profesional se encaminó por la biología y la educación ambiental, durante 18 años. Hace 10 años se inició en el aprendizaje de la joyería.
Ha participado en exposiciones colectivas en 2009 y 2010 en la Galería Naranjo y Velilla de Medellín y en Ferias Internacionales de Artesanía en Medellín y Bogotá. Fue fundadora de noi joyería en 2009, donde exhibe sus piezas con 19 diseñadores y joyeros de manera permanente.
Su trabajo obtuvo certificación de Producto Sello de Calidad ICONTEC Hecho a mano en 2010, 2013, 2014 y 2015.

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Por considerar que puede ser de interés para nuestros lectores la atmósfera que muestra este mensaje que nos llegó pocas horas antes del “trumpazo”, lo compartimos tal como lo recibimos. Sólo el título es nuestro.

 

¡Pobre mundo!

Rafael Díez

Por acá se está viviendo un clima de incertidumbre. Como bien sabés, hoy es el martes de elecciones en este país de nazis. Si gana Trump empezará una era de represión sin precedentes desde hace al menos 50 años, pues no se vive nada parecido desde que se colgaba a los negros en las calles en los años 60.

Y si gana Hillary Clinton este país no está preparado para ser gobernado por una mujer. Es increíble lo cavernario, conservador, machista, fanático religioso, retrógrado, fosilizado, que es este país de mierda.

Yo pensaba que el pensamiento de la gente del común en Colombia era anacrónico, pero el nuestro es un país liberal y librepensador al lado de este dinosaurio social.

Tienen la tecnología del siglo XXI, permanentemente hay al menos un hombre en el espacio con sus juguetes cibernéticos, las puertas se abren solas, los carros tienen piloto automático, hay un despegue de avión cada treinta segundos, construyen las represas más grandes jamás imaginadas, gozan del sistema de carreteras más complejo del planeta, poseen avanzadas comunicaciones capaces de espiar a cientos de miles de personas al mismo tiempo.

trumpPero su pensamiento… su pensamiento… ¡AY!… Pobre del mundo en manos de una cúpula de personas con las ideas sociales del siglo XIX, que desconocen a Rousseau, a Voltaire, a Hume, inclusive a Lenin y a Engels; creen que Groucho Marx era hermano de Karl Marx, confunden a Einstein con Einseistein, y están convencidos que la industria cinematográfica más grande del mundo es la de ellos: Hollywood.

Increiblemente la violencia doméstica muestra índices de país subdesarrollado, así como el embarazo adolescente. Nunca en mi vida he visto tanta gente desdentada. Cincuenta millones de personas adictas a las drogas (el 15% de la población) son el soporte perfecto para el caldo de cultivo de la violencia y la corrupción en nuestros países.

Pero ellos son los “AMERICANOS”, los dueños de un arsenal de bombas nucleares capaz de hacer explotar este planeta 1.500 veces y hoy este país decide si un lunático, ignorante, misógino, megalómano, corrupto, racista y fascista, coge las riendas y el control sobre el botón rojo que tanto tememos.

Te escribo este “memorial de agravios” en vista del futuro incierto que cobijará este planeta a partir del próximo año. Y si él no gana, sus partidarios ya anunciaron que están dispuestos a empuñar sus armas. Se calcula que existen 265 millones de armas en los hogares de este país (en promedio, un arma por cada adulto).
Lo que dijo la semana pasada ese discriminador engominado, me recuerda a un personaje colombiano que dijo algo parecido mientras montaba a caballo con un pocillo de café en la mano: “Reconoceré los resultados de las elecciones, sólo si yo gano”. Y como tiene el 50% de posibilidades de ganar, entonces está tirando los dados con la certeza de que, pierda o gane, va a ganar, pues nada tenía: ni experiencia política, ni seguidores, ni intenciones de ganar siquiera, y ahora tiene todo por ganar: prestigio, réditos políticos y por supuesto, todas las mujeres que se dejarán agarrar la cuca, porque “nosotros las estrellas podemos coger a una mujer por la cuca y ellas se dejan” o empezará a aplicar lo que dijo al principio de su campaña: “si salgo a la Quinta Avenida (de Nueva York) y disparo a cualquiera, no pasa nada”. Y ya pasó, no disparó exactamente él, pero los policías de Missouri y de Arizona lo hicieron por él… y no pasó nada.

Así que el futuro acá no es nada promisorio, nada halagador, el horizonte se ve oscuro, la atmósfera social difícil de asimilar, la vida cada vez más áspera al tacto y al gusto y el aire más pesado para respirar.

Amanecerá y veremos… dijo el ciego.

Un abrazo.
rafa.

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Ahora que en un acto de justicia histórica se han reconocido sus aportes culturales en el marco de la Feria del Libro de Támesis (Antioquia), alguien nos ha preguntado desde España, ¿Quién es Luis Hernán Rincón?

Echamos mano de nuestros archivos para responder.

Reporte de Viaje
EL PEQUEÑO PERIÓDICO
Edición 96

Támesis tiene su faro

Por Ángel Galeano Higua

Son excepcionales las personas a quienes no les basta su obra para encarnar el espíritu de un pueblo, sino que precisan también dedicar su vida, sus energías en favor de los demás. Y no con titubeos, ni condiciones, sino con los trazos nítidos de su férrea personalidad. Luis Hernán Rincón Rincón, es uno de esos hombres aguerridos, estudiosos y nada egoístas, que ha logrado la proeza nunca antes vista en el Municipio de Támesis y quizás de todo Antioquia, de publicar con sus propias fuerzas un periódico semanal hasta llegar al No. 100.  (A 25 de sept. 2016 ha alcanzado el No.283)

Luis Hernán Rincón Rincón (Foto archivo de El Pequeño Periódico)

Luis Hernán Rincón Rincón (Foto archivo de El Pequeño Periódico)

Luis Hernán Rincón se ha convertido en un faro invaluable para los tamesinos y los pueblos vecinos, una autoridad moral y una voz firme y alegre en defensa de los pobladores y su territorio. Es decir, de sus derechos y sus riquezas.
Es tal la magnitud de su labor que se desborda más allá de la región suroeste del departamento y ya son muchas las personas que lo leen en internet y se mantienen informadas en la distancia. Cada semana, como un relojito, nos llega Támesis Asciende, fresco, vigoroso, rico en información local y hasta recetas de Mercedes Parra, su esposa y compañera de sueños. Los editoriales fogosos y altivos contra las injusticias y actos de corrupción de empleados públicos, son cartas de navegación. Es reconocida la forma elegante, profunda y sólida con que supo elevar su voz crítica hacia la administración anterior poniendo al desnudo sus desatinos y arbitrariedades.

Merceditas (de blusa roja), la inseparable compañera de Luis Hernán, es tan líder y propósitiva como su esposo.

Merceditas (de blusa roja), la inseparable compañera de Luis Hernán, es tan líder y propósitiva como su esposo. (Archivo El Pequeño Periódico)

A este esfuerzo que desarrollan los auténticos periodistas independientes, deben las comunidades el freno a mucha corrupción. Los riesgos que esta labor conlleva van desde los halagos interesados hasta las amenazas. Pero como un faro, enviando sus luces en medio de las oleadas adversas, Luis Hernán ha mantenido el periódico Támesis Asciende circulando con firmeza, creciéndose ante las dificultades.

Hombre universal

Luis Hernán Rincón Rincón nació en Támesis en 1941, se graduó como Ingeniero Agrónomo en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín y se especializó en comunicación científica en Estados Unidos donde obtuvo los títulos de Master of Science en Iowa State, y Doctor of Philosophy, en la Universidad de Purdue. Ha viajado en función de su trabajo por casi todos los países de América, varios de Europa, Asia y África. Vivió en Costa Rica y Perú, donde ejerció una importante labor científica en el agro como Jefe de la Unidad de Comunicación del Centro Internacional de la Papa (CIP). De su hogar formado con Mercedes tienen cuatro hijos, Diego, Juan Felipe, Juliana y Lizette.

Desayuno tertulia en la Casa Campesina de Támesis, con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo

Luis Hernán Rincón durante un desayuno-tertulia en la Casa Campesina de Támesis, con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo (Archivo de El Pequeño Periódico)

En 1979 publicó su libro La Comunicación en Colombia. Trece años después daría vida a su primer libro de poesía, Pasaje a la vida siguiente, dedicado a su esposa. Le seguiría Plenitud Plenitud, en Lima, dedicado a sus hijas. Ciclo vital, bellamente ilustrado por Paula Andrea Rueda Peña, vio la luz viviendo en Medellín, en 2007, y en él recuerda a sus colegas y alumnos de HEARTH que velan por la reserva forestal Las Mercedes de Guácimo, en Costa Rica. A la Tierra vuelvo y sigo, editado por la Fundación Arte & Ciencia, en 2008, parafrasea a Jorge Debravo: “soy hombre, es decir, animal con palabras, y exijo, por lo tanto, que me dejen usarlas”.
Luego de este dilatado periplo decidió con su esposa volver a Támesis para compartir con los paisanos sus conocimientos y experiencias.

Támesis Asciende

Periodista por vocación y formación, su primera iniciativa fue crear un medio que diera cuenta del acontecer local, que desarrollara una labor educativa, recreativa, orientadora y crítica, y que comunicara a los pobladores de Támesis con los del Suroeste y el resto del departamento y el país.

Plaza principal de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Plaza principal de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Tamesis Asciende nació en 2009 inspirado en el convencimiento de que sin comunicación no hay democracia. Tampoco desarrollo, progreso, ni avances. Alejado del lenguaje chabacano y populista, Luis Hernán Rincón ha sabido abordar los asuntos de la buena vecindad, hasta los históricos, políticos, económicos y poéticos. Ha exigido la devolución de la campana de una institución educativa que desapareció sin dejar rastros, por su significación histórica y cultural. Un robo que él no puede dejar pasar porque tiene un precedente de corrupción y saqueo a las riquezas culturales de Támesis. Si hoy dejamos impune el robo de una campana que muchas generaciones recuerdan, mañana se robarán el presupuesto municipal, el paisaje, las fuentes de agua, los derechos y las libertades.
A través del periódico se ha convertido en uno de los más importantes Vigías del Patrimonio Cultural de Támesis y ha apoyado iniciativas de las veredas y corregimientos, a donde se ha desplazado para entrevistar personalmente a sus pobladores. img_2943El periódico ha dado voz a muchos que antes nadie tenía en cuenta. Ha promovido encuentros de músicos, poetas, líderes comunales. La Tertulia Fundadores, de la cual es animador incansable, ha dado a conocer sus proyectos y realizaciones a través del semanario.
Sus lectores han visto cómo ha expuesto argumentados debates sobre el medio ambiente, en especial el agua, la principal riqueza natural de Támesis, frente a quienes piensan que este recurso puede entregarse a manos privadas para el beneficio de unos pocos. Ha hecho seguimiento al debate cada día más intenso respecto a los proyectos de las grandes empresas mineras por convertir a Támesis en un enorme boquete a cielo abierto para saquear las riquezas del subsuelo y sembrar desierto.

No a la minería

Los tamesinos y sus vecinos se encuentran en estado de alerta ante la amenaza de grandes empresas mineras que, amparadas por leyes gubernamentales, pretenden cambiar la vocación agrícola de Támesis por el espejismo de la explotación en gran escala del oro que yace bajo tierra.

Patio central de la Casa de la Cultura de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Patio central de la Casa de la Cultura de Támesis donde se realizan los eventos culturales más importantes, como los foros sobre la minería y las sesiones de La Tertulia Fundadores que dirige Luis Hernán Rincón (Archivo de El Pequeño Periódico)

Del No. 100 de Támesis Asciende, tomamos lo siguiente sobre el tema:
“Las acciones de los tamesinos contra la minería en Támesis son hechos de los ciudadanos contra los explotadores multinacionales sobornadores de las altas esferas del gobierno nacional. Las manifestaciones son expresiones de un pueblo libre que luchará hasta morir para seguir siendo libre, por la vida y contra un gobierno con demasiados visos de corrupción y de traición a sus conciudadanos”.
“Estas acciones cívicas contra la pretensión de la minería internacional son movimientos legales y tiene apoyo nacional e internacional. Ya en el Gobierno y la prensa llaman ilegales a los mineros en pequeño, y la voluntad de imponer la minería a la fuerza, con la locomotora, es tal que los legisladores y ejecutivos cambian las leyes para que les sirvan a esas empresas explotadoras. En otros países como El Salvador y Guatemala, pero también en Colombia, se dan casos de que el ejército y los jueces son enviados por nuestro gobierno a defender a los explotadores extranjeros y a combatir a los colombianos”.img_2937
“Vamos avanzando en nuestra defensa contra lo que nos quieren imponer a la fuerza. El CODEATE (Comité por la Defensa Ambiental del Territorio) envió un mensaje sobre la importante y firme posición del Honorable Concejo Municipal y el significado de ella, el 9 de febrero de 2012. Una ONG amiga recogió esa información y la transmitió al mundo”.

Larga vida

Un hombre como Luis Hernán Rincón, que todo lo entrega por convicción e infinito amor a su pueblo, genera entre quienes lo conocen un sentido de amistad profundo de tal manera que uno desea que viva muchos años, junto con su esposa, y que obras como el periódico Támesis Asciende continué su labor encomiable y digna de admiración por varias generaciones.

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Tomado de El Pequeño Periódico No. 96, Abril de 2012.

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Invitac

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El poder de una mentira

Sara Castillejo Ditta

sorditta@gmail.com

Un hombre con historial judicial limpio fue falsamente sindicado por un confeso criminal de haberle pagado para matar. Esta mentira le costó la pérdida de su empleo, el distanciamiento de su familia, el señalamiento de los medios y el encierro. Finalmente todo fue un error, la justicia le absolvió: perdone Wilmar Vera estos dos años de prisión, fue que el asesino se equivocó.

 

La bienvenida

La bienvenida

 

Pereira, Risaralda, 18 de marzo de 2011

Es hora de almuerzo y dos hombres jóvenes de camisa blanca llegan al restaurante vegetariano Flor de Loto, sobre la calle 22. No se conocen. Uno de ellos saca su celular para chatear y el otro lo observa en la distancia. A las 2:20 de la tarde cinco disparos de un revólver calibre 38 largo retumban en la estancia. De las dos camisas blancas una está intacta, la otra manchada de sangre.

dsc_0121El sujeto de la camisa incólume guardó su arma y huyó en un taxi. El herido murió minutos más tarde, antes de poder recibir asistencia médica, se llamaba Alexánder Morales Ortiz, contaba 27 años y era padre de un menor. Popularmente le llamaban Chamaco, y era precandidato al Concejo Municipal de Pereira por el Partido de la U. El asesino fue Carlos Andrés Velásquez Villada, un año menor que su víctima, La Policía lo atrapó más tarde, mientras escapaba por la calle Las Aromas del municipio Dosquebradas.

Carlos Andrés llevaba consigo un millón doscientos mil pesos con los que intentó sobornar a los oficiales, por eso, además de vincularlo por homicidio agravado e imputarle cargos por porte ilegal de armas de fuego (le hallaron dos), fue acusado de cohecho por dar u ofrecer. El proceso por dichos delitos terminó con una sentencia condenatoria a 34 meses de prisión para el joven.

Continuaba, sin embargo, vinculado al proceso por el homicidio de Alexánder como autor material. Había pasado ya un año desde el crimen cuando el sicario expresó su intención de colaborar con la justicia a cambio de beneficios en su situación jurídica, entonces la fiscalía ofreció aplicarle el principio de oportunidad. En estas circunstancias, Carlos Andrés involucró como coautores a Yilder Antonio Aricapa Motato y Wilson Espinosa Marín, y sostuvo, además, que el determinador del hecho habría sido Wilmar Albeiro Vera Zapata, periodista y docente universitario.

 

La captura

Caldas, Antioquia, 7 de junio de 2012. Wilmar es jurado de un proyecto de investigación del pregrado de Comunicación Social y Periodismo en la Corporación Universitaria Lasallista -CUL-, donde es docente vinculado. Está acompañado por Pablo Andrés Vélez, monitor de la asignatura de Periodismo informativo, y Ángela María Correa, coordinadora del pregrado. Cuando son las 11 a.m. Pablo se despide, fue el último estudiante que vio libre a Wilmar. Treinta minutos después el profesor llamó al celular de Ángela David, su esposa. -No se preocupe -le dijo- me están deteniendo dizque por la muerte de Alex, pero cuando lleguemos a Pereira esto se va a arreglar-. En ese momento seis agentes de la Sijin lo esposaron en la rectoría de la CUL y se lo llevaron hasta la antigua sede del Tránsito de Medellín, en la Estación Caribe del Metro, desde donde salieron a las 5:00 p.m. hacia el Aeropuerto Olaya Herrera. Allí abordaron un monomotor de La Policía rumbo a la capital de Risaralda.

Cuando Pablo leyó la noticia ese mismo día en La Tarde, prensa risaraldense, pensó que era una broma. Muchos otros pensaron lo mismo, el artículo que informaba de la captura del profesor fue acusado de mentiroso y malintencionado por varios estudiantes que lo compartieron y comentaron en redes sociales recién fue publicado en la web del periódico. Nadie podía creer que Wilmi, como es conocido por sus estudiantes, pudiera estar involucrado en un proceso penal por homicidio.

A la mañana siguiente se realizó la legalización de captura y la imputación de cargos ante un juez de garantías que ya conocía el caso, pues él mismo había realizado esa diligencia un año antes para Carlos Andrés. Mientras se desarrollaba el procedimiento el juez iba recordando en voz alta momentos de la captura del sicario, llamaba la atención cada tanto sobre la soltura del joven para citar artículos del Código Penal, aducía que aquello debía ser por sus 3 años de formación en Derecho en la Universidad de Antioquia, eso lo convertía casi en un colega. Más adelante se probaría que Carlos Andrés falsificó esos estudios, así como otros documentos.

El procurador del proceso intervino para increpar a Wilmar, le parecía un pésimo ejemplo para darle a sus alumnos, una deshonra para el gremio. La sala estaba repleta de estudiantes de la Universidad Católica Popular de Risaralda -UCP-, donde el docente trabajó anteriormente, que protestaron ante el señalamiento, la algarabía se extendió por el recinto hasta que el juez pidió orden y el procurador se sentó. El alegato se fue largo y el profesor fue finalmente sindicado a las 9:00 p.m.

 

El Caso

Wilmar y Alexánder se hicieron amigos en la UCP, cuando Wilmar era docente del pregrado de Comunicación Social en el que Álex estaba inscrito. En 2009 el muchacho suspendió sus estudios y se trasladó a Bogotá. Allí comenzó a relacionarse con políticos del Congreso de la República y pronto alguien le habló de un negocio, al parecer muy rentable y completamente legal: La inversión en una mina de carbón en La Jagua de Iribico, municipio del César. Como ambos amigos nunca perdieron el contacto, Alex le comentó el negocio al “viejo Wil”, pero éste sentía ciertas reservas, pues la ganancia en el corto plazo era del doble: por una inversión de cincuenta millones se le prometía ganar cien en cuestión de meses.

Sin embargo, en una conversación con el padre de Álex, Gerardo Morales, éste convenció a Wilmar de la inversión asegurándole que, en su condición de abogado, había constatado la legalidad del negocio al punto que él mismo invertiría también. Así, Wilmar juntó sus ahorros, vendió su automóvil, hizo un préstamo y se asoció con un hermano, que también vendió su carro para reunir el monto requerido. Gerardo y Álex le hicieron la intermediación para formalizar su participación en el negocio, y Alexánder le firmó un compromiso donde hacía constar que si algo salía mal él mismo reembolsaría el monto completo.

En febrero de 2010 Wilmar fue invitado por Manuel Vega, quien estaba al frente del negocio, a una reunión de inversionistas en Bogotá para firmar los documentos y celebrar que todo estaba listo para empezar. Tendría derecho a un módulo en la mina con una volqueta y una retroexcavadora. Hyundai proveería los vehículos y por eso allí estaba también el Gerente de la compañía. Los trabajos empezarían quince días después.

Pasados dos meses, un inversionista de Cali, que había hipotecado su vivienda para juntar el capital, viajó a Bogotá en busca de Manuel para pedirle explicaciones sobre el retraso y éste no lo quiso atender. El Gerente de Hyundai sólo había recibido 5 millones de pesos como adelanto de la compra de las 10 volquetas. Wilmar llamó a otros inversionistas para saber su situación y luego a Álex para contarle lo que estaba pasando.En junio de 2010 Manuel llamó al profesor para decirle que el negocio se había dañado por su culpa, que estaba fuera y que le reconocería 15 millones. No le devolvía los 50 por que Álex no se los había entregado completos. Wilmar estaba inquieto, pero le aliviaba saber que tenía el compromiso firmado por el Chamaco.

El profesor renunció el 17 de diciembre de 2010 a la UCP y se trasladó a Antioquia con su familia. La Corporación Universitaria Lasallista lo empleó como docente de planta, allí cumplía tareas administrativas y dictaba las clases de Periodismo Informativo I y II. Seguía conversando con Álex cada 15 días, se enteró así de sus aspiraciones políticas. El muchacho tenía la ilusión de ser concejal de su municipio, había pensado incluso que de esa forma podría suplir la deuda que aún tenía con su amigo, a través de contratos con la Administración Pública. En esas estaba cuando murió. Para cuando el autor material suelta el nombre de Wilmar, las autoridades policiales ya hacía tiempo que habían descartado la hipótesis de un asesinato político. El Coronel Gonzalo Londoño, Comandante de la Policía de Pereira, defendió la nueva tesis de que Wilmar habría contratado sicarios para vengarse de su ex alumno por la pérdida del capital invertido en el negocio. Para el Coronel el caso era bastante claro, se trataba de

un móvil económico. Dadas las circunstancias, el docente fue encerrado en prisión por dos años y tres meses, tiempo que duró el juicio, en el patio 1 del penal San Bernardo, ubicado en Armenia, municipio de Quindío. Como muchas otras cárceles del país, en esta no hay una distinción entre sindicados y condenados, por lo que el profesor estaba encerrado con unos y otros, y todos recibían un trato igual.

 

El proceso

Wilmar es egresado de Comunicación Social – Periodismo de la Universidad de Antioquia, hizo su Maestría en Historia en la Universidad Nacional, sede Medellín, y es especialista en Pedagogía y Desarrollo Humano de la Universidad Católica Popular de Risaralda. Trabajó 6 años como redactor en El Colombiano y en 2007 publicó el libro Entre el temor y la simpatía. La Segunda Guerra Mundial vista desde la prensa colombiana. Tiene carácter de reportero, de curioso observador, de analítico escucha, de escritor. Por eso aquellos dos años estuvieron atravesados por las letras: las que le enviaron con asiduidad sus estudiantes y las que él mismo les devolvía, a veces como manuscritos donde nunca faltaba su grito de batalla !SOY INOCENTE¡ y otras en forma de crónicas que el portal Tras la Cola de la Rata le publicaba bajo el título de Crónicas Tras las Rejas. En una de ellas decía:

-La “vida” en una cárcel es un transcurrir monótono de horas y una lucha permanente por no enloquecer. Si fuera verbo, la conjugación más usada sería “esperanciar”: esperanciar que el fiscal caiga en cuenta de su error, esperanciar que el juez no sea subjetivo y cumpla como es su deber, esperanciar que la condena no raye con la sevicia, esperanciar que todos los elementos aportados por la defensa sean tenidos en cuenta, esperanciar que vengan beneficios a las condenas, esperanciar que el Santo Padre venga a Colombia y decreten 50 por ciento de rebaja, esperanciar esperanciar.

Su proceso fue una cadena de hechos lamentables. La Fiscalía General de la Nación informó en el comunicado de prensa 029 que, hasta el 31 de octubre de 2013, un año y cuatro meses después de la captura del docente, siete diferentes fiscales titulares y dos de apoyo, habían pasado por el caso. Nadie parecía dispuesto a asumir seriamente el caso, los fiscales entregaban razones médicas por las que no podían asistir a las audiencias a última hora y, uno de ellos, la programó para que cayera en su periodo vacacional.

En octubre de 2012 Wilmar renunció a salir de prisión por vencimiento de términos, consciente de que al hacerlo perdería la oportunidad de demostrar su inocencia. Con este mismo propósito, Juan Gonzalo Betancur, Herlaynne Segura, Abelardo Gómez y Adriana Natalia Gómez, amigos del profe, se agruparon en un comité de apoyo desde el que difundieron el caso por internet. Crearon el blog periodistawilmarvera.blogspot.com, el hashtag de twitter periodistawilmarvera, el grupo de facebook Razones para creer en la inocencia de Wilmar Vera, y se dedicaron a compartir las noticias que salían en los medios, las cartas que el profesor escribía desde la cárcel, a promover cadenas de oración por su liberación y otras actividades que permitieran mantener el tema vigente.

También hubo un apoyo de los estudiantes, padres de familia y profesores de la UCP que llenaron las salas en las primeras audiencias en el Palacio de Justicia de Pereira. La compañía familiar también ayudó, Ángela David, la esposa, y Carolina Zapata, la mamá, se las arreglaron para viajar desde Medellín cada domingo para visitar a Wilmar en el penal. Manuela, la hija del profesor, tenía nueve años cuando capturaron a su padre. Durante todo el tiempo de su aprehensión estuvo viviendo en Medellín, lejos de él y distanciada de su madre a causa de sus frecuentes viajes a la capital del Quindío. Ésta situación familiar desembocó en la pérdida de su año escolar. En el caso de Albeiro Vera, el papá del docente, un preinfarto lo dejó sin posibilidades de asistir a las audiencias de su hijo por recomendación médica, pues le causaban demasiada tensión.

 

Un encuentro revelador

dsc_0385Los meses transcurrían en la ausencia de acontecimientos relevantes para el proceso, a no ser por los constantes aplazamientos de las audiencias, hasta que, el 7 de diciembre de 2012, Wilmar fue ingresado temporalmente en La Perrera. Así le dicen los presos a la Celda de Recepción de la cárcel La 40 de Pereira, porque es un salón pequeño y encerrado que siempre está repleto, ese día había en su interior 18 hombres. Wilmar entró con otro preso, venían del Palacio y los dejaron allí mientras transportaban a un tercer recluso a su centro penitenciario correspondiente. Al entrar el ambiente era tenso, dos hombres estaban a punto de reñir. Uno de ellos era un skinhead que, llegado el momento, se calzó sus botas y le cayó a furiosas patadas a su desprevenido adversario, que no contaba con haberse metido, precisamente, con el “duro” del lugar. Pasado un rato el cabeza rapada se dirigió a Wilmar -¿Usted sí sabe quien soy yo? -y ante el rotundo no del otro prosiguió- Yo soy Carlos Andrés Velásquez Villada, yo maté a Alexánder, y tenía muchas ganas de conocerlo. Por su culpa he perdido mil millones de A la estupefacción inicial del profesor, siguió una necesidad de inquirir a su interlocutor. Le escuchó por un rato alardear de sus negocios ilícitos hasta que sintió que podía preguntar. ¿Por qué mató a Alexánder? ¿por qué sólo habló después de un año? ¿por qué lo incriminó a él? ¿por qué aún sostiene esa tesis?. Pero la única frase contundente que pudo sacarle Wilmar a su verdugo fue una contrapregunta: “¿usted qué le hizo a esa familia para que lo odien tanto?”. Desde ese momento el docente tuvo un íntimo convencimiento de que todo había sido un complot, y así empezó a nombrar su caso ante los medios. Pero más adelante hallaría nuevos motivos para reafirmarlo.

En 2013, el profesor se dio cuenta de un detalle peculiar mirando los expedientes de su caso. El abogado defensor de Carlos Andrés, el Procurador del proceso y el papá de Alexánder pertenecen a una misma fraternidad: los tres son masones. La conclusión se derivó de sus firmas, todos ponen los tres puntos en forma de triángulo que representan en la masonería el equilibrio perfecto entre la vida, el verbo y la luz.

Después de confirmarlo con Alberto Donadio, que pertenece a dicha logia, Wilmar dio por hecho que estaban confabulados, pues es un principio rector de los masones ayudarse entre ellos. La lentitud de su proceso, la ceguera del Procurador, los vínculos entre Gerardo y el abogado del sicario le parecieron entonces obvios.

 

El veredicto

Sólo fue hasta febrero de 2014 que Carlos Andrés declaró por primera vez en el juicio. Lo hizo a través de video conferencia, ya que su abogado consideraba un grave peligro para su seguridad llevarlo al Palacio. Al principio el skinhead no recordaba la fecha del crimen de Álex, pero cuando inició formalmente el interrogatorio éste ya recordaba hasta la placa del taxi que tomó. El sonido era pésimo, pero por el video se pudo determinar que, mientras respondía, el hombre miraba a alguien más que estaría ubicado detrás de la cámara. Cuando el juez preguntó si estaba acompañado, cosa que es ilegal mientras se entregan declaraciones juramentadas, un fiscal de apoyo salió en pantalla y se presentó. Se le ordenó entonces que se retirara de la estancia, nadie debía influir en el testimonio.

La madre y la esposa de Chamaco también declararon en contra de Wilmar, dijeron que Álex le tenía miedo y que en los últimos días estaba visiblemente angustiado por las insistentes llamadas del profesor para cobrarle el dinero. Lo extraño es que, un día después del deceso del joven, la esposa enviara desde su correo electrónico personal una emotiva nota de agradecimiento a Wilmar por la amistad que siempre le brindó a Alexánder. También, en diferentes interrogatorios, Carlos Andrés contradijo sus versiones y el juez contó por lo menos doce inconsistencias de su parte. No pudo vincular a Wilmar, entre otras cosas, porque aducía haberlo visto un día a una hora que se probó, bajo testimonio juramentado de sus estudiantes, que Wilmar estaba dictando clases en Caldas, Antioquia. Dadas las circunstancias, el 30 de septiembre de 2014 el Juez Quinto Penal del Circuito de Pereira declaró la inocencia del profesor. Carlos Andrés mintió, Wilmar no fue ni autor intelectual ni determinador. La familia, los amigos, los estudiantes que siempre le acompañaron rompieron en llanto y vitorearon junto con él. No así Gerardo, el padre de Alexánder, quien declaró para algunos medios que está dispuesto a apelar el fallo, ya que considera que falta a la verdad jurídica y que su hijo no era cualquiera como para dejar su muerte impune. Gerardo exigió verdad, justicia y reparación. -En la cárcel San Bernardo la noche empieza a las 4:00 p.m., a esa hora resuenan los pitazos de los guardias y se cierran las rejas. Por eso cuando Wilmar llegó a su celda, a eso de las 5:30 p.m., los ocho compañeros con los que habitaba yacían tumbados, a la luz del televisor.

El profe había caminado hasta allí con tranquilidad, sin alborotos ni aspavientos, perouna vez en su celda lo soltó: “¡salgo libre!”.

No es normal que alguien sea declarado inocente, es una situación más bien excepcional, pero en el caso de Wilmar era una noticia que los reos veían venir. Así que sonrieron, lefelicitaron a viva voz y, acto seguido, se “pirañaron” sus pertenencias, la más preciadasde las cuales era la despensa: una cajita con motivo de Galletas Festival que el profeprocuraba mantener llena de cositas que vendían en el kiosco, exentas de IVA, parapaliar el hambre nocturna. Esa noche no durmió, pasó en vela pero ya no “esperanciando” sino tratando de digerir la noticia de su liberación. Al día siguiente, estando ya los reos en el patio, el televisorpasó la noticia de su absolución y diez de ellos, con los que no había tenido mayor trato,aplaudieron y se acercaron a felicitarlo. Wilmar sonrió. Llegó el momento y la puerta azul del penal se abrió, ante los periodistas de Pereira y lacomitiva de recibimiento apareció la menuda figura del liberado. Camisa de cuadros y blue jeans, la ropa del día de la captura ahora quedaría también en la foto del día de la liberación. Apenas atravesar el umbral Ángela se lanza a su encuentro y le abraza, ambos cierran los ojos y se dan el beso de la libertad.

 

El día de los abrazos

6 días después Wilmar regresó al campus donde inicialmente le capturaron. Llegó con Manuela, que ahora es su inseparable compañía. De lejos se veía igual que siempre: la misma figura erguida, delgada, ágil, la sonrisa intacta, como si viniera de hacer reportería con todas las fuentes cubiertas. Feliz. De cerca era posible observar cómo habían crecido las sombras bajo sus ojos, cómo se habían arrugado y abultado, no eran signos de mero cansancio sino cicatrices que recordaban la oscuridad del encierro y la pesadez de los meses transcurridos. Llovió, como siempre en Caldas, pero el día mantuvo su alegría. De la oficina de Coordinación del programa al que antes pertenecía pasó a recorrer la plazoleta de comidas, la emisora y la capilla. En todas partes la gente se le acercaba con una sonrisa.

Resulta difícil encontrar palabras para el reencuentro, ese día los estudiantes, profesores, vendedores, aseadores y amigos del Wilmi le expresaron la dicha de volverlo a ver con un centenar de abrazos. Ana Sofía Buriticá y Nátaly Londoño, dos de sus más queridas estudiantes, le prepararon una bienvenida con flores y pequeñas postales que entre todos los asistentes le fueron entregando. “Bienvenido a despertarte con el verano arrasador de la Eterna Primavera”, “Bienvenido a utilizar la tina”, “Bienvenido a recitar fragmentos del Cyrano de Bergerac, a leer Soho y a burlarte de Uribe”. Bienvenido Wilmar Vera, profesor, amigo, a la libertad.

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NOTA: Publicamos este reportaje para sumar nuestra alegría por la libertad del periodista Wilmar Vera, a quien tuvimos la oportunidad de conocer durante la conmemoración de los 25 Años de El Pequeño Periódico en Pereira.

Agradecimientos especiales a la autora, Sara Castillejo Ditta.

Las fotografías fueron tomadas de https://escribohistorias.wordpress.com/2014/10/11/el-dia-de-los-abrazos/

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