Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘General’ Category

Atardecer en el Brazo de Mompox (Foto archivo Fundación Arte & Ciencia)

A propósito del VI Festival de Jazz

Mompox sí existe

Álvaro Jiménez Guzmán (*)

A casi doscientos cincuenta kilómetros de Cartagena, sobre la margen izquierda del brazo de Mompox del Río Grande de la Magdalena, se levanta una reliquia colonial, Santa Cruz de Mompox, ennoblecida con el título de “Ciudad Valerosa, Ilustre y Señorial”, con una gran riqueza arquitectónica, muchos de cuyos hijos han honrado la historia de Colombia, que habla de la calidad humana de sus habitantes, que han hecho de esta villa un centro cultural y artístico incomparable, entre ellos Candelario Obeso, el creador de la llamada poesía negra por su libro “Cantos populares de mi tierra”, donde recoge, con especial sentimiento de protesta y de nostalgia, el lenguaje peculiar de los bogas del Magdalena y de las gentes de raza negra de la región.
Sobre la base de este hecho, que configura lo que se conoce como patrimonio cultural, herencia propia del pasado de una comunidad con la que esta vive en la actualidad y que transmite a las generaciones presentes y futuras, fue que la antropóloga Bárbara Galeano Zuluaga realizó su tesis de grado que luego de diez años convirtió en el libro MOMPOX, una victoria sobre el tiempo, publicado por la Fundación Arte & Ciencia. Aída Gálvez Abadía, Profesora Titulada Jubilada del Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Antioquia, quien escribió el prólogo de la obra, consigna que Bárbara Galeano logra cohesionar, de manera acertada, los registros de viaje y trabajo de campo antropológico, por “la memoria de su primera infancia”, que le facilitó incubar el conocimiento primigenio de aquel patrimonio vivo del mundo de la cultura. Esta feliz circunstancia le abre el camino justo: “Viajar al pasado es vital para la configuración del presente y del futuro, porque sin memoria no hay creación”.
Aquí se contempla la “necesidad de identificar la otredad, la diferencia”. Está en consonancia con lo que plantea Eduardo Gonzáles Muñiz en el sentido de que la investigación científica, como una ineludible actividad social, está en constante transformación y determinada por múltiples factores. Tal concepción del análisis histórico de las ciencias abre un interesante ámbito de reflexión “en torno a la conformación del dominio de la investigación antropológica, y, en especial, al papel desempeñado por diversos valores en la constitución de la otredad cultural como su objeto de conocimiento”.
La tesis antropológica se estructura desde el “Prólogo”, “Presentación”,” Introducción”, y, al entrar en la almendra de su contenido, con “Un viaje hacia otras culturas”, se arma la historia de las instituciones “Hostal Doña Manuela”, “La casa del Artesano” y la “Ciudad como Escuela Taller”, para desembocar en “Derechos y Deberes de los momposinos”, en relación con el “Centro Histórico”, “Un caso de protesta Ante el incumplimiento de las normas”, “Reflexión final”, hasta “El calor del recuerdo”, como “Epilogo”, que asociados a las fotografías de sus antiguas casas coloniales, calles, plazas, hostal, vendedores, escuelas, ferry, centenario árbol de caucho, actividades artesanales, fiestas y otras reliquias de su pasado histórico, hacen de esta obra un hermoso libro, editado por la “Fundación Arte y Ciencia”, y que se constituye en otra reliquia cultural por recoger con fidelidad el transcurso centenario de un pueblo.
En el acápite del viaje hacia otras culturas, la Tesis trae a colación una sentencia desafortunada de Gabriel García Márquez, en su novela “El general en su laberinto”: “Mompox no existe, a veces soñamos con ella, pero no existe”. Ante lo que responde Martínez Manjarrez, de su patria: “Qué pena contradecirle a Gabo pero Mompox sí existe y en muchas ocasiones soñamos con ella, pero sigue existiendo y existirá por siempre en nuestras mentes y corazones”. Y en toda la obra destaca Bárbara Galeano el sentido de pertenencia de la comunidad con sus instituciones, el despliegue de la actividad cultural en aquel ámbito de Santa Cruz de Mompox, “casa grande de la depresión momposina, Ciudad hermosa de América Latina”, parafraseando al poeta momposino Alfredo Zambrano. Asociaciones, cooperativas, la ciudad como escuela, fueron el reto del pueblo luego de la “Declaratoria de Mompox como Patrimonio de la Humanidad”, en 1995, para ser consecuentes con la preservación de la memoria patrimonial. Diversas dificultades se han atravesado en este camino, pero la riqueza en la experiencia adquirida los ha hecho crecer como comunidad, con su tradición de vocación artística y grandeza en la actitud espiritual que les ha correspondido asumir.
En relación con los “derechos y deberes de los momposinos”, para proteger y preservar el “Centro Histórico”, el Programa Nacional “Vigías del Patrimonio”, se alza como una estrategia de grandes horizontes porque convoca a la participación para reconocer, valorar, proteger y divulgar el patrimonio cultural con brigadas voluntarias que, en el caso de Mompox, tendrá benéficos efectos por la apropiación colectiva que ha tenido la comunidad de este valor cultural declarado por la UNESCO en Berlín. Dentro de las reflexiones que suscitan esta declaratoria, de acuerdo con el libro de Bárbara Galeano, es que “La sociedad contemporánea tiene los ojos puestos en el turismo, convertido hoy en una necesidad que la reafirma como ‘sociedad moderna’.

Calle de La Albarrada (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

Latinoamérica se ha caracterizado por un turismo, cuyo atractivo son las playas y el sol, y se ha dejado a un lado la posibilidad de reactivar elementos que parecen reservados a otros lugares del mundo. Para lograr ese salto a lo “cultural”, es necesario superar los modelos convencionales, muchas veces impuestos y no escogidos, recuperar el orgullo y la fuerza de la propia historia y de las tradiciones, para proponerlas en el mercado internacional, dar paso a sistemas integrados en los que sus elementos sean propuestos en conjunto y no de manera aislada”.
En el bello “Epilogo”, que se da “Al calor del recuerdo”, narra Bárbara: “Si los viejos se levantaran de las tumbas al menos encontrarían las casas, comenta Germancito, mientras yo escribo en mi cuaderno. Él es uno de los tantos personajes que se encontraron conmigo en este viaje hacia la memoria, hacia el olvido. Cuando uno deja la ciudad en la que vive y retorna la de la infancia cualquier cosa puede suceder…” Y de pronto se abrió ante los ojos de Bárbara “un pueblo cuyas edificaciones se detuvieron en la memoria de la historia pues como comentan los momposinos con orgullo, Mompox fue el primer pueblo que se declaró libre ante el yugo de los conquistadores”.
Y en efecto, así como Cartagena es llamada la “Ciudad Heroica” por su épica resistencia al asedio del ejército reconquistador en 1815, Mompox fue denominada la “Ciudad Valerosa” por tan esforzada acción, tres años antes, contra los ejércitos españoles, a los que derrotó y puso en fuga. Fue la primera ciudad en Colombia que declaró su independencia absoluta del dominio español. Desde mucho antes, Mompox sí existe.

____

(*)  Álvaro Jiménez Guzmán es autor de varios libros de relatos (Grito en los pretiles, Una danza contra el viento) columnista y hace parte del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo.
Anuncios

Read Full Post »

POESÍA Y FILOSOFÍA

Jueves 14 6:30PM
Auditorio Aurita López – Jardín Botánico

Presentación Libros – Ficha Técnica

Estamos en la fiesta del libro 2017

Sus autores:

DAGOBERTO RODRÍGUEZ ALEMÁN Y DIEGO VELASQUEZ GONZÁLEZ

Conversarán con su Editor

ÁNGEL GALEANO HIGUA

INVITA

Read Full Post »

El río fue testigo

De Ángel Galeano Higua
 
La historia que aquí se cuenta es real, los nombres de los personajes son ficticios. Esa frase, o una similar con alguna variante, acompaña muchos libros. Se podría decir que es una muletilla a la cual recurren con frecuencia el cine y la literatura. A veces como advertencia, en otras como anzuelo para el desprevenido lector.

Aquí se trata de una verdad, de una tremenda historia real, que merece ser contada y leída, en la cual participaron muchos hombres y mujeres. La mayoría de los que aquí aparecen eran oriundos de la región, otros –conocidos como los descalzos– llegaron allí, desde diversos lugares, con un patrimonio compuesto por la buena voluntad, sus ideales y sueños, sus deseos de servir y, a veces, con una profesión que hizo mucho bien en esas tierras.

Es una bella historia, heroica y desoladora al mismo tiempo, porque los enemigos agazapados –autoridades, guerrillas, paramilitares, politicastros y narcos– acabaron con ella. Fue una gran aventura que, entonces como hoy, merece todo el respeto y la admiración. El lector lo sabe al terminar el texto. En la historia del país, hay muy pocas experiencias, de pronto ninguna, como esta.

El narrador, uno de los descalzos, ha guardado con celo, todos esos avatares: los triunfos parciales que alcanzaron, los abrazos de solidaridad, las sonrisas de los niños, la fe y la entereza de unos hombres y mujeres, del campo y la ciudad, que creyeron en sus propias fuerzas. Nada ha quedado por fuera de este texto y eso es tan valioso como la historia que cuenta.

Conrado Zuluaga

________________________________________________________________

PRESENTACIÓN VIERNES 15 DE SEPTIEMBRE  8PM

Salón Restrepo – Jardín Botánico

Acompáñanos

Presenta Esteban Carlos Mejía

Invitan: Sílaba Editores y Fundación Arte & Ciencia

FIESTA DEL LIBRO Y LA CULTURA DE MEDELLÍN – 2017

 


Read Full Post »

Visita a la exposición con la guía del autor

TEXTO TEXTURA

 

No hay ni ha habido, según parece, antecedentes en la ciudad de la presentación de un libro como lo hace el artista Saúl Álvarez Lara por estos días. Un libro abierto, página por página, texto a texto, ilustración a ilustración para que el curioso, aquel que busca algo mágico en esta ciudad tan predeterminada, lo pueda leer y preguntarse muchas cosas. Por ejemplo, el dibujo de este texto ¿por qué no me concuerda? Saúl nos reta a viajar más allá de la llamada realidad: “Todo es ficción”, sostiene desde el inicio de la visita que el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo hizo el martes pasado. Para él su búsqueda es un ejercicio en el que se amalgaman el trazo, el vacío, la palabra, el suceso en la calle, en el metro, en una cafetería, conformando la ficción. La realidad no existe, todo es ficción…

Como muestra del libro que Saúl Álvarez Lara expone estos días, en el 2° piso del Edificio de Extensión de la Universidad de Antioquia, y con la venía del autor, copiamos este texto aparecido en su libro bajo el número 14:

Un espejo es delirante. Es cierto. No conozco espejos reposados, tranquilos, que permitan el solaz. Un espejo está al acecho; mira lo que no se ve y muestra lo que nadie muestra. El hecho, en apariencia sencillo, de reproducir lo que tiene en frente es suficiente para evitarlos, sin embargo nadie los evita, son imanes que atrapan. El espejo lleva en su interior una segunda instancia: enmascara la posibilidad de otra presencia que vigila, se esconde o espía. Un espejo es sin piedad. Es solo ojos que no perdonan… (*)

 

Saúl Álvarez Lara y el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, al inicio de la Exposición TEXTO TEXTURA.

Saúl Álvarez Lara (fotografía Teresita Rivera Ceballos)

Al comienzo de la visita guiada. (foto de Teresita Rivera Ceballos)

 

____

(*) (Tomado de TEXTO TEXTURA, Saúl Álvarez Lara, Ficción la Editorial, Medellín. Pág.45)

Read Full Post »

Desde el martes 13 de junio de 2017, se halla en la Sala Antioquia de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, el Archivo General de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, que comprende el periodo entre 1982 hasta 2014. El encargado de recibirlo fue Carlos Uribe, de la sección de valoración patrimonial. Con tal motivo recordamos la siguiente nota editorial.

Portada No 1Vuelta al puerto de la memoria

“Aquella cabeza que creaba, que vivía de la vida superior del arte, que reconocía y se había habituado a las exigencias sublimes del espíritu, esa cabeza fue arrancada de mis hombros. Quedaron la memoria y las imágenes que yo he creado pero que aún no he materializado… Sin embargo se ha conservado el corazón y la misma carne y la misma sangre que puede amar y sufrir y desear y recordar como antes”.

Dostoieski acababa de vivir su muerte y al mismo tiempo su renacimiento. Condenado a la pena capital por haber leído en público una carta crítica sobre las injusticias del zarismo, tras la farsa de la ejecución, llegó el indulto del zar. Doble tortura. Entonces vertió en una carta a su hermano Mijail la experiencia de la muerte. Hoy, 160 años después, al volver a leerla nos asombra que el novelista ruso hable de la memoria en el corazón, en la carne y en la misma sangre. Esta forma de conocimiento fue justamente lo que le permitió superar aquella experiencia límite y convertirse en uno de los escritores más profundos.

¿Para qué le sirve la memoria histórica al país?, le preguntaron hace poco a Gonzalo Sánchez, Director del Grupo de Memoria Histórica. Su respuesta permite arar en la espera de la que hablamos: “Colombia es un país de millones de víctimas. La memoria es una forma de reconocerlas… es, si se quiere, también una forma de justicia, si bien no sustituye a los procesos judiciales. Pero, por sobre todo, la memoria es una plataforma desde la cual se formulan reclamos de diverso orden. La memoria es hoy en Colombia una forma de inclusión y de participación”. (El Espectador, Nov. 2011)

Sí, inclusiva y activa, un tesoro que debemos cuidar como a la vida misma. Como al planeta que también tiene memoria. Nadie es dueño de los recuerdos de otro. Sólo los déspotas y dictadores sueñan con ello, como dice Kundera: “Para liquidar a las naciones lo primero que se hace es quitarles la memoria. Se destruyen sus libros, su cultura, su historia. Y luego viene alguien y les inventa una historia. Entonces la nación comienza lentamente a olvidar lo que es y lo que ha sido. Y el mundo circundante olvida mucho antes…”.

Pero los colombianos no estamos dispuestos a desperdiciar los sueños de un merecido futuro construido sobre las tumbas de nuestros muertos, que siguen vivos por siempre, porque al recordar su ejemplo fluye su memoria en nuestra sangre, que puede amar y sufrir y desear y recordar, como en la experiencia del condenado a muerte. Sólo que en nuestro caso nos corresponde indultarnos a nosotros mismos.

____

El Pequeño Periódico, Editorial 95. Medellín, 2011

Read Full Post »

Como una rama

Ángel Galeano Higua

1

Alistó la soga sin que sus padres lo notaran. La ocultó entre las ramas de la buganvilia florecida, de donde la tomaría cuando todos durmieran, incluido Nabuconodosor, que la pasaba tirado junto a la puerta y de allí no se movía hasta que amaneciera. Ni siquiera ladraba, era su formidable contextura lo que atemorizaba. A quien más obedecía era a ella: ¡Acuéstate!, y Nabuco se acostaba, quietecito. ¡Levántate!, y de un brinco se ponía de pie y paraba la cola y las orejas dispuesto a la acción. Pero aquella noche la niña no lo quería de pie.
Sin pensar en nada, esperó haciéndose la dormida, metida entre las cobijas con la chaqueta puesta y las botas listas debajo de la cama. Sus padres se acostaron después del noticiero y todo quedó en silencio. Aguardó unos minutos y salió a hurtadillas, cuidándose de no tropezar con nada.

2

De un tiempo para acá, al amanecer, el sordo rugido de los carros opaca el canto de los pájaros. El desayuno está listo, pero ella no acude. El padre echa un vistazo: perezosa, dormilona, vamos, es hora de desayunar e ir al colegio, no es momento de jugar. La cama está vacía. La madre lo corrobora. A gritos la llaman. Cunden los temores. Miran aquí y allí, no está. El mundo se les viene encima. Pronuncian su nombre mientras recorren la casa, salen a la calle y lo único que ven, además de a Nabuco tirado junto a la puerta, es a la cuadrilla de hombres que por estos días realizan trabajos en el parque.
Llaman a la policía. Nuestra hija ha desaparecido. Tocan en las casas, nadie la ha visto. Los vecinos corren asustados a comprobar que sus hijos sí están. Ella es la única que falta.

3

Un carro de esos con cabina para que los obreros se trepen y arreglen los postes y el alumbrado, llega con su ruido y su humo, y se planta al pie del laurel más grande. No vienen a arreglar ningún poste, ningún cable, lo que traen es motosierras. Esto es pan comido, dicen. Lo habían anunciado días atrás en el periódico. Hoy talarán ése y todos los árboles del parque. Tal es la orden impartida. Necesitan el terreno para construir un edificio. La firma constructora les dijo a los vecinos que ese era el progreso, la ciudad crece, serán afortunados, tendrán un centro comercial ahí mismo, en su barrio.

4

Amparada en las sombras de la noche, la niña trepó al árbol. Su árbol. Donde planeaba construir una casita de muñecas con su amiga de la casa de enseguida, como habían visto en un libro de historietas. Soñaban con esa casita hecha de tablas y la noticia de que derribarían el laurel las asustó hasta el llanto. Hagámosla esta noche, propuso ella. La amiguita no se decidió. Está bien, la haré yo. El problema era que ya no alcanzaba a conseguir las tablas ni con qué amarrarlas. Entonces cambió de estrategia: no permitirá que tumben el árbol. Si el árbol cae, ella caerá con él… Avísales a los demás.
Se acomodó en la horqueta formada por dos gruesas ramas que ya conocía y procedió a amarrarse a ellas con la soga. Primero los pies y luego la cintura, después echó un nudo que aprendió en una excursión del colegio, pero más complicado, que ni ella misma podrá deshacer.
Allí pasó la noche sintiéndose árbol. Nabuco no quitó la mirada ni un instante de la horqueta.

5

¿Cómo está vestida?… ¿A qué hora la vieron por última vez?… ¿Notaron algo raro en ella?… No han digerido todavía una pregunta cuando les cae otra y otra más. ¿Algo raro, dice usted, señor inspector?… Déjenos pensar, tenemos la cabeza a punto de estallar… No, nada raro… Tenía su pijama de florecitas que tanto le gusta… Veíamos el noticiero cuando nos dio el besito de las buenas noches… Ayúdenos, por lo que más quiera… No sabemos cómo ha podido desaparecer así. ¡No puede ser! Ni un rastro de nada… En cambio de preguntarnos tantas cosas, ¿por qué no la buscan?
¿Y si se fue para donde un familiar? ¿Qué dice?… Piénsenlo, un tío, los abuelos… Imposible, viven al otro extremo de la ciudad, ella no sabe llegar allá… Tengamos en cuenta que los niños de hoy son muy despiertos…

6

El jefe mira su reloj y da la orden. Dos obreros con su casco amarillo y guantes de cuero suben a la cabina como quien aborda una cápsula viajera. Llevan cuerdas especiales y una motosierra que la niña, desde arriba, identifica como un arma. Han acordonado alrededor del árbol. Todo va de acuerdo al manual de instrucciones.
De repente: ¡Levántate! Suena como una diana. Nabuco se pone de pie de un brinco y corre hacia el árbol. ¿Qué pasa?, pregunta el jefe de la cuadrilla… ¿De quién es ese perro? Deténganlo.
¡Es mío!, grita la niña. ¡Y si me tocan a mí o al árbol, él nos defenderá!
Desde la cabina los obreros la descubren. No saben qué hacer. Es una niña, parece una rama, dice uno de ellos por el radioteléfono. ¿Parece una rama?, explíquese… Sí, quiero decir que está amarrada al árbol.
Corren los padres de la niña, el inspector, los policías, asoman los vecinos, confundidos todos. Nabuco ladra por primera vez.

7

Se hallan tan sorprendidos intentando comprender cómo puede estar amarrada la niña allí, en lo alto del árbol, que no se dan cuenta cuando los niños salen de sus casas sigilosos, algunos con su mascota, y se dirigen a toda prisa, cada uno a un árbol, llevando una cuerda en sus manos…

________________

Medellín, julio 2 de 2017

Ejercicio escrito para el blog de Claudia Restrepo Ruiz, http://poesiaculinaria.blogspot.com.co, con motivo de sus primeros diez años en el ciberespacio.

Read Full Post »

Estuvimos en Urrao y además de la hospitalidad de sus habitantes y su bello paisaje, nos llamó la atención la vida cultural, en especial la obra del artista Humberto Elías Vélez Escobar: Homenaje al Cacique Toné (mural en la Alcaldía), y el Balcón del Indio, entre otros. Queda flotando en el aire cuáles serán los proyectos tanto a nivel local, como departamental, para proteger y preservar esa riqueza que, sin duda, hace parte del patrimonio cultural del país. En especial, El balcón del indio, que se halla en terrenos privados.

Homenaje al Cacique Toné, Mural Alcaldía de Urrao, Humberto Elías Vélez E. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

Habla el autor del Balcón del Indio

Uno de los mayores reproches que se hacen los artistas contemporáneos es que su obra no es admitida nada más que por una minoría de iniciados. El pueblo no puede comprenderlos. Varias razones explican esta situación. O estamos imponiendo nuestras realizaciones por encima del pensamiento del pueblo, o el arte es para una minoría privilegiada compuesta exclusivamente por personas que disponen de ratos de ocio, que pueden ver, mirar y desarrollar su sensibilidad.

El balcón del Indio. Humberto Elías Vélez. Si no se toman las medidas pertinentes pronto, esta escultura puede correr peligro. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

El mayor problema que se nos presenta es el de la integración. Preciso es advertir por anticipado que no se trata de integrar todas las artes en el molde ordenador de la arquitectura o del urbanismo, sino dentro de la vida misma y de verdadero servicio o deleite para la comunidad. Si nuestro pueblo vive en medio de objetos que juzga bellos, preciosos y magníficos como automóviles, aviones, máquinas, ¿por qué no va a ser capaz de entender el arte del momento? (…)

Reptiles y estrellas. Fragmento El balcón del indio.

En el momento actual, el juicio popular sólo se manifiesta con libertad ante el objeto cotidiano. Existe un drama profundo que separa al artista moderno del pueblo que, por su parte es instintivo y creador.

Tiene nuestro pueblo una capacidad de admiración, de entusiasmo, que puede canalizarse y desarrollarse en el mismo sentido en que progresa el arte contemporáneo.

El problema es francamente difícil, como todos sabemos, y sus soluciones correctas estarán reservadas a la moral y buena fe de los que pertenecemos a esta masa comprometida, respaldada por la labor honrada y continua de todos los grupos, asociaciones, entidades y estado.

Humberto Elías Vélez (Urrao, 1943)

Tomado de: ACAP, Asociación del Artista Colombiano en las Artes Plásticas Carlos Castro Saavedra, Medellín

Fragmento circular, El balcón del indio

Read Full Post »

Older Posts »