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Archive for the ‘Reporte de viaje’ Category

 Apuntes desordenados de un viaje

Ángel Galeano Higua

 

Partitura para guitarra, compuesta por el músico español Miguel Ángel Sanz para el poema “Euridice” de la colombiana Lucía Estrada. También escribió la partitura para “El río sin agua” de Luis Hernán Rincón, “El trompo de Rubén Darío Lotero, “Escrito en la espalda de un árbol” de Miguel Méndez Camacho, y “Hombre”, de Jorge Debravo (Costa Rica).

 Mi cuerpo ya está aquí, pero el compuesto inmaterial e invisible que me contiene sigue caminando por Barcelona y París. Deambulo como un fantasma entre la Rue Christine y el boulevard de Saint Germain y Saint Michel, buscando a Valjean y esperando a que pase la carroza en que viaja Balzac con su traje alquilado… En Barcelona sigo el rastro de la lagartija multicolor en el parque Güell y busco el Mediterráneo al final de las ramblas, donde han levantado bolardos contra los lunáticos. Y en Cerdanyola de Vallés escuchamos la guitarra de Miguel Ángel Sanz, que acaricia los poemas de Lucía Estrada, Rubén Darío Lotero, Luis Hernán Rincón, Miguel Méndez Camacho y Jorge Debravo, que descubrió en el libro La última página.

Maryuth Contreras, una de las protagonistas de “El río fue testigo”.

 Hicimos maletas a mediados de diciembre y en el equipaje incluimos nuestros libros para entregarlos a Maryuth Contreras, una de las protagonistas de El río fue testigo, que ahora vive en Barcelona, y a Anne Lise, una amiga investigadora de la Universidad de París.

Tenía que aprovechar este viaje, regalo con que mi esposa y mi hija me celebraban mis primeros 70 años, para llevar también la novela de los descalzos a mi hermano Andrés, que vino con su familia a pasar navidad con nosotros en la capital francesa. Para mis sobrinos Ana María y Juan Camilo: Palabras al viento. Y a Marta Lucía: Mompox, una victoria sobre el tiempo, el libro de Bárbara.

Maryuth, Carmen y Bárbara en Barcelona. Se conocieron en el Sur de Bolívar en los años 80.

 Corrí hacia el primer vagón para ver si ese tren se dirigía al Palacio de Versalles, cuando lo comprobé quise avisarle a mi esposa y a mi hija, pero ellas ya lo estaban abordando en ese instante y apenas si alcanzaron a hacerme señas de que subiera. Antes de que el metro cerrara las puertas salté al interior del primer vagón. A mis espaldas sentí el golpe al cerrarse la puerta. Carmen corrió a la ventanilla de su vagón para comprobar que yo sí había alcanzado a subir. Al verme, sonrío con tan dulce alegría que se me grabó su imagen como una de las más bellas. Dos estaciones más adelante cambié de vagón y me reuní con ellas.

 Las mujeres son incansables. Versalles les queda chiquito. No se cansan de mirar vitrinas, medirse zapatos y trajes, mirar espejos y bolsos… Así en Lafayatte o en las tiendas de Saint Germain…

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Juan Camilo, Bárbara y Ana María

 Lo mejor de Versalles son sus jardines, aún en esta época de invierno. Son un laberinto y a la vez una creciente ramificación. Los árboles duermen mientras nosotros tiritamos.

 Creo saber, Valjean, por dónde corriste, qué río te acompañó en tu desdicha. Qué edificios vieron tu dilatada fuga, qué callejones te protegieron… Ya lo sé.

 Al frío de París sólo se le puede derrotar recorriendo sus calles con la imaginación ardiendo, ancha y hambrienta. Beberse esta lloviznita pertinaz, este aguacero de medianoche…Mientras escucho una historia dolorosa y triste en un bar de Saint Michel…

Paisaje. Acuarela de Rodin

 No sabía de tus pinceles, Rodin, sólo de tus esculturas. Por eso, al descubrir tus acuarelas admiré aún más tu obra, como si hubieras guardado el secreto de tus pinturas para enseñármelas ahora. Y Camille ronda todos tus atrevimientos.

 Sólo estando adentro sentimos necesidad de estar afuera. Amanece tan tarde y anochece tan temprano, que uno se pregunta ¿dónde queda el día? ¿Dónde está el sol?, ¿qué se hizo el cielo? El gélido silencio de la neblina los contiene.

La multiplicación del mito… Venta callejera de Torres Eiffel, en los Campos Elíseos

 Y en la noche conocemos la famosa, empinada e inútil “chatarra” mitificada, que forma parte del mapa turístico de París. Faro de hierro, proscenio para las fotografías testimoniales, dama esbelta que rige los Campos Elíseos.

 Entro en una tienda de antigüedades en Montmartre atraído por el guiño de tres campanas exhibidas en la vitrina. Una en especial, sostenida por un pájaro liviano que está a punto de levantar el vuelo. Me atiende un hombre mayor, casi un anciano, de cabello blanco y pulcro chaleco de lana, me saluda con una sonrisa amistosa. Le pregunto que si habla español y me responde que un poco, reforzando sus palabras con una seña del índice y el pulgar dando la medida pequeña. Correspondo a su sonrisa y le digo que me interesa ver las campanas… Abre la vitrina y tomo la que más guiños me hace. Es de bronce, dice. Le he dejado la pátina porque hace parte de la historia de las cosas. Además, afirma, esa capa protege su brillo y el tiempo. El pájaro sujeta la campana con sus patas dando la sensación de un solo cuerpo aéreo. La hago sonar y el tintineo es claro, limpio, como si tuviera en él los sonidos de su cuna ancestral. La compro, digo. ¿Cuánto vale? Mira en un cuaderno: 15 euros. ¿Sabe de dónde procede? Es de algún país de África, pero no tengo el dato preciso, me responde. La envuelve despacio en un papel especial, como si fuera un regalo.

Músicos callejeros tocando jazz en Saint Michel – París

 Parecían, pero no lo estaban. Con sus instrumentos esperan en aquella acera a que un detonante los ponga en acción. Son hombres mayores, blindados contra el frío por sus chaquetas. Al comienzo pienso que están borrachos. ¿Qué los impulsa a salir de noche bajo aquella férula helada? Admiro su presencia que por sí sola alegra la calle, los restaurantes y cafés a esta hora repletos. El silencio con que pasan los transeúntes contrasta con nuestra espera. De repente, a una señal del trompetista, empiezan a tocar un jazz… Empiezo a grabarlos. Al momento aparecen varios turistas con sus celulares y los enfocan… La noche adquiere otro semblante y por unos minutos el frío de París sufre una deliciosa derrota. Más que borrachos, están embriagados de música.

Para no sucumbir en invierno, los árboles se despojan de sus hojas, flores y retoños. Jardines de Versalles.

 Para no sucumbir en invierno, los árboles se despojan de sus hojas, flores y retoños. Como esqueletos despeinados, impertérritos, recogen al máximo su ser para ahorrar energía y sostenerse de pie.

 

 Tanto fue lo que nos previnieron sobre el invierno en París que, confieso, llegué a sentir pánico por el frío. En los inconvenientes que tendría si me sucediera lo que en Lima, cuando una noche de viento y atmósfera amenazante, cuando visitamos el parque del agua, tuve necesidad de orinar una y otra vez… Pensaba también en mi garganta, la posibilidad de un resfrío como lo tuve en Suiza. O el peor caso: que se helaran mis pies hasta la hipotermia, como lo viví en Bogotá. Pero nada de esto sucedió y el paseo por Barcelona y París lo disfruté de lo lindo.

Los pintores en Montmartre

 Sí existe. París sí existe y está aquí, en París mismo, donde ha estado siempre, pero que nos parecía un sueño, un mito, una ficción. Sin embargo, algo de irreal permanece en sus calles y edificios, en el río y en sus gentes. En sus ruidos apagados por el frío invernal, en sus vitrinas y en sus bares y restaurantes nocturnos. Es como si nos moviéramos en una postal inviolable, como si la realidad se mantuviera fuera de nosotros y se resistiera a profanar la imaginación. Vinimos con nuestra idea de París a cuestas y de que el mundo se había estremecido con la revolución de 1789 y la Comuna de París. Algo de todo eso nos lo dice el exquisito sabor del vino, los crepes, el pan… y al digerirlos traspasamos a nuestra saliva y al estómago, la capacidad cognoscitiva. Ponemos la mente en la lengua, el olfato y el jugo gástrico, para que la vibración de ese nuevo mundo, entre en nosotros de manera más primigenia, sin el filtro empobrecedor de la razón.

Miguel Ángel Sanz (guitarra) y Ángel Galeano Higua, leyendo el libro de poesía “La última página”. (Foto Miguel Alfonso Sanz C.)

 El mundo detrás de una sonrisa. ¿Quién se ríe de quién? ¿El autor o su obra? ¿Da Vinci o La Gioconda? Miles de personas entran en oleadas al Louvre, como cumpliendo un ritual de sintonía.

 Y de pronto, en los Jardines de Luxemburgo, aparece un muchacho en pantaloneta y camisilla, trotando. Unos metros atrás lo sigue una chica esbelta y de balaca, también en pantaloneta y blusa deportiva. En aquel frío parece ficción que haya quién trote, con aquella ropa más apropiada para el trópico. Sonreímos desde nuestro parapeto de trapos, gorros y guantes…

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El mito de hierro (fotos Ángel)

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Estuvimos en Urrao y además de la hospitalidad de sus habitantes y su bello paisaje, nos llamó la atención la vida cultural, en especial la obra del artista Humberto Elías Vélez Escobar: Homenaje al Cacique Toné (mural en la Alcaldía), y el Balcón del Indio, entre otros. Queda flotando en el aire cuáles serán los proyectos tanto a nivel local, como departamental, para proteger y preservar esa riqueza que, sin duda, hace parte del patrimonio cultural del país. En especial, El balcón del indio, que se halla en terrenos privados.

Homenaje al Cacique Toné, Mural Alcaldía de Urrao, Humberto Elías Vélez E. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

Habla el autor del Balcón del Indio

Uno de los mayores reproches que se hacen los artistas contemporáneos es que su obra no es admitida nada más que por una minoría de iniciados. El pueblo no puede comprenderlos. Varias razones explican esta situación. O estamos imponiendo nuestras realizaciones por encima del pensamiento del pueblo, o el arte es para una minoría privilegiada compuesta exclusivamente por personas que disponen de ratos de ocio, que pueden ver, mirar y desarrollar su sensibilidad.

El balcón del Indio. Humberto Elías Vélez. Si no se toman las medidas pertinentes pronto, esta escultura puede correr peligro. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

El mayor problema que se nos presenta es el de la integración. Preciso es advertir por anticipado que no se trata de integrar todas las artes en el molde ordenador de la arquitectura o del urbanismo, sino dentro de la vida misma y de verdadero servicio o deleite para la comunidad. Si nuestro pueblo vive en medio de objetos que juzga bellos, preciosos y magníficos como automóviles, aviones, máquinas, ¿por qué no va a ser capaz de entender el arte del momento? (…)

Reptiles y estrellas. Fragmento El balcón del indio.

En el momento actual, el juicio popular sólo se manifiesta con libertad ante el objeto cotidiano. Existe un drama profundo que separa al artista moderno del pueblo que, por su parte es instintivo y creador.

Tiene nuestro pueblo una capacidad de admiración, de entusiasmo, que puede canalizarse y desarrollarse en el mismo sentido en que progresa el arte contemporáneo.

El problema es francamente difícil, como todos sabemos, y sus soluciones correctas estarán reservadas a la moral y buena fe de los que pertenecemos a esta masa comprometida, respaldada por la labor honrada y continua de todos los grupos, asociaciones, entidades y estado.

Humberto Elías Vélez (Urrao, 1943)

Tomado de: ACAP, Asociación del Artista Colombiano en las Artes Plásticas Carlos Castro Saavedra, Medellín

Fragmento circular, El balcón del indio

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b3Un adiós para Emily

Ángel Galeano Higua

La historia sin adornos es brutal. Escribo estas líneas con el corazón atribulado… Íbamos por la autopista con el cupo lleno y sonaba por lo bajo una canción de Fito, pero aquel no era un paseo sino un viaje triste. Ellas iban de blanco y yo de negro porque no supe a tiempo la indicación. Eran las diez de la mañana y una parte de mí iba baleada en el pecho desde la noche anterior. Aunque en el pasacintas del carro el argentino intentaba animarnos, Bárbara y sus compañeras llevaban también el alma baleada como yo. Pasamos por la glorieta de Bello, justo donde a Emily le fue arrancada su sonrisa la noche anterior en el sector de las comidas, por una pandilla de despiadados fleteros que imponen su ley de asesinos sin que las autoridades hagan nada por impedirlo.
Varios automóviles y un bus detrás de la carroza fúnebre. El silencio lo cubría todo y sobre nosotros el cielo incendiado de sol se veía cruzado por las líneas eléctricas de alta tensión que penden de las gigantescas torres metálicas. El silencio fúnebre fue socavado por el sordo rumor de la ciudad, al que ni siquiera la enorme cruz de cemento pudo contener. Los empleados de la funeraria pusieron el pequeño ataúd blanco sobre una base portátil al borde la sepultura. Aquel silencio primigenio batalló hasta aplacar el rugido de la autopista que resollaba como una bestia de humo. En la rama de un árbol cercano un solitario bichofué intentó su afligido trino.
La despedida de los padres de Emily desgarró el día. A ellos, tan jóvenes todavía, muchachos llenos de ilusiones, la vida se les iba. El llanto abierto, como es de todos los indefensos, y la incrédula palidez de sus rostros mostraban la honda desolación. ¡Hija mía! Dos palabras inmensas y poderosas recorrieron la montaña, treparon hasta el cielo sin nubes y nos sacudieron el alma. Era tan grande la tristeza, la perplejidad y el dolor que no hubo espacio para ritual alguno, ninguna letanía, ni una palabra distinta al grito desgarrador de la madre, del padre. Los enterradores tenían todo listo, menos el adiós desesperado. Las lágrimas brotaron en todos nosotros, nuestra primitiva forma de rechazar esta muerte absurda.
Emily, aunque no alcanzaste a vivir mil días, dos años son ya toda una eternidad. El sol taladraba esta parte del mundo. Alrededor de aquella escena imborrable, y unos pasos más allá, bajo la sombra de los árboles, muchas mujeres vestidas de blanco, hombres, niños, sentimos que somos Emily. Los brazos alargados de la madre que no quiere la partida, el abrazo de ella y de su esposo que no quieren despegarse del ataúd… Tampoco nosotros, Emily, pequeña niña que nunca se irá de nuestra memoria.
Bajan el ataúd con cuidado, como arrullándolo, muchas manos se levantan y una lluvia de margaritas blancas y agapantos morados cae sobre el pequeño féretro. Estamos pasmados. Nos preguntamos tantas cosas, pero en todo caso nos resistimos a este destino maldito. No aceptamos que una gavilla de cobardes, hombres armados, desalmados y rabiosos venga a robarnos y a disparar sin contemplación sobre seres indefensos, niños como Emily que apenas alcanzó a echar un vistazo al planeta.
La historia sin adornos es brutal. Regresamos por la autopista pero Fito ha enmudecido. Ahora es un coro de niños el que nos acompaña en el retorno a una ciudad que se debate contra la impunidad y la negligencia de las autoridades. En silencio clamamos por una justicia, algo que frene este deterioro de la sociedad, esta Colombia enferma que cada día se precipita más hacia el abismo de la perversidad. Una sociedad que mata o deja matar a sus niños, es una sociedad enferma que se desahucia a sí misma.
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Medellín, Nov. 30 de 2016

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Ahora que en un acto de justicia histórica se han reconocido sus aportes culturales en el marco de la Feria del Libro de Támesis (Antioquia), alguien nos ha preguntado desde España, ¿Quién es Luis Hernán Rincón?

Echamos mano de nuestros archivos para responder.

Reporte de Viaje
EL PEQUEÑO PERIÓDICO
Edición 96

Támesis tiene su faro

Por Ángel Galeano Higua

Son excepcionales las personas a quienes no les basta su obra para encarnar el espíritu de un pueblo, sino que precisan también dedicar su vida, sus energías en favor de los demás. Y no con titubeos, ni condiciones, sino con los trazos nítidos de su férrea personalidad. Luis Hernán Rincón Rincón, es uno de esos hombres aguerridos, estudiosos y nada egoístas, que ha logrado la proeza nunca antes vista en el Municipio de Támesis y quizás de todo Antioquia, de publicar con sus propias fuerzas un periódico semanal hasta llegar al No. 100.  (A 25 de sept. 2016 ha alcanzado el No.283)

Luis Hernán Rincón Rincón (Foto archivo de El Pequeño Periódico)

Luis Hernán Rincón Rincón (Foto archivo de El Pequeño Periódico)

Luis Hernán Rincón se ha convertido en un faro invaluable para los tamesinos y los pueblos vecinos, una autoridad moral y una voz firme y alegre en defensa de los pobladores y su territorio. Es decir, de sus derechos y sus riquezas.
Es tal la magnitud de su labor que se desborda más allá de la región suroeste del departamento y ya son muchas las personas que lo leen en internet y se mantienen informadas en la distancia. Cada semana, como un relojito, nos llega Támesis Asciende, fresco, vigoroso, rico en información local y hasta recetas de Mercedes Parra, su esposa y compañera de sueños. Los editoriales fogosos y altivos contra las injusticias y actos de corrupción de empleados públicos, son cartas de navegación. Es reconocida la forma elegante, profunda y sólida con que supo elevar su voz crítica hacia la administración anterior poniendo al desnudo sus desatinos y arbitrariedades.

Merceditas (de blusa roja), la inseparable compañera de Luis Hernán, es tan líder y propósitiva como su esposo.

Merceditas (de blusa roja), la inseparable compañera de Luis Hernán, es tan líder y propósitiva como su esposo. (Archivo El Pequeño Periódico)

A este esfuerzo que desarrollan los auténticos periodistas independientes, deben las comunidades el freno a mucha corrupción. Los riesgos que esta labor conlleva van desde los halagos interesados hasta las amenazas. Pero como un faro, enviando sus luces en medio de las oleadas adversas, Luis Hernán ha mantenido el periódico Támesis Asciende circulando con firmeza, creciéndose ante las dificultades.

Hombre universal

Luis Hernán Rincón Rincón nació en Támesis en 1941, se graduó como Ingeniero Agrónomo en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín y se especializó en comunicación científica en Estados Unidos donde obtuvo los títulos de Master of Science en Iowa State, y Doctor of Philosophy, en la Universidad de Purdue. Ha viajado en función de su trabajo por casi todos los países de América, varios de Europa, Asia y África. Vivió en Costa Rica y Perú, donde ejerció una importante labor científica en el agro como Jefe de la Unidad de Comunicación del Centro Internacional de la Papa (CIP). De su hogar formado con Mercedes tienen cuatro hijos, Diego, Juan Felipe, Juliana y Lizette.

Desayuno tertulia en la Casa Campesina de Támesis, con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo

Luis Hernán Rincón durante un desayuno-tertulia en la Casa Campesina de Támesis, con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo (Archivo de El Pequeño Periódico)

En 1979 publicó su libro La Comunicación en Colombia. Trece años después daría vida a su primer libro de poesía, Pasaje a la vida siguiente, dedicado a su esposa. Le seguiría Plenitud Plenitud, en Lima, dedicado a sus hijas. Ciclo vital, bellamente ilustrado por Paula Andrea Rueda Peña, vio la luz viviendo en Medellín, en 2007, y en él recuerda a sus colegas y alumnos de HEARTH que velan por la reserva forestal Las Mercedes de Guácimo, en Costa Rica. A la Tierra vuelvo y sigo, editado por la Fundación Arte & Ciencia, en 2008, parafrasea a Jorge Debravo: “soy hombre, es decir, animal con palabras, y exijo, por lo tanto, que me dejen usarlas”.
Luego de este dilatado periplo decidió con su esposa volver a Támesis para compartir con los paisanos sus conocimientos y experiencias.

Támesis Asciende

Periodista por vocación y formación, su primera iniciativa fue crear un medio que diera cuenta del acontecer local, que desarrollara una labor educativa, recreativa, orientadora y crítica, y que comunicara a los pobladores de Támesis con los del Suroeste y el resto del departamento y el país.

Plaza principal de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Plaza principal de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Tamesis Asciende nació en 2009 inspirado en el convencimiento de que sin comunicación no hay democracia. Tampoco desarrollo, progreso, ni avances. Alejado del lenguaje chabacano y populista, Luis Hernán Rincón ha sabido abordar los asuntos de la buena vecindad, hasta los históricos, políticos, económicos y poéticos. Ha exigido la devolución de la campana de una institución educativa que desapareció sin dejar rastros, por su significación histórica y cultural. Un robo que él no puede dejar pasar porque tiene un precedente de corrupción y saqueo a las riquezas culturales de Támesis. Si hoy dejamos impune el robo de una campana que muchas generaciones recuerdan, mañana se robarán el presupuesto municipal, el paisaje, las fuentes de agua, los derechos y las libertades.
A través del periódico se ha convertido en uno de los más importantes Vigías del Patrimonio Cultural de Támesis y ha apoyado iniciativas de las veredas y corregimientos, a donde se ha desplazado para entrevistar personalmente a sus pobladores. img_2943El periódico ha dado voz a muchos que antes nadie tenía en cuenta. Ha promovido encuentros de músicos, poetas, líderes comunales. La Tertulia Fundadores, de la cual es animador incansable, ha dado a conocer sus proyectos y realizaciones a través del semanario.
Sus lectores han visto cómo ha expuesto argumentados debates sobre el medio ambiente, en especial el agua, la principal riqueza natural de Támesis, frente a quienes piensan que este recurso puede entregarse a manos privadas para el beneficio de unos pocos. Ha hecho seguimiento al debate cada día más intenso respecto a los proyectos de las grandes empresas mineras por convertir a Támesis en un enorme boquete a cielo abierto para saquear las riquezas del subsuelo y sembrar desierto.

No a la minería

Los tamesinos y sus vecinos se encuentran en estado de alerta ante la amenaza de grandes empresas mineras que, amparadas por leyes gubernamentales, pretenden cambiar la vocación agrícola de Támesis por el espejismo de la explotación en gran escala del oro que yace bajo tierra.

Patio central de la Casa de la Cultura de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Patio central de la Casa de la Cultura de Támesis donde se realizan los eventos culturales más importantes, como los foros sobre la minería y las sesiones de La Tertulia Fundadores que dirige Luis Hernán Rincón (Archivo de El Pequeño Periódico)

Del No. 100 de Támesis Asciende, tomamos lo siguiente sobre el tema:
“Las acciones de los tamesinos contra la minería en Támesis son hechos de los ciudadanos contra los explotadores multinacionales sobornadores de las altas esferas del gobierno nacional. Las manifestaciones son expresiones de un pueblo libre que luchará hasta morir para seguir siendo libre, por la vida y contra un gobierno con demasiados visos de corrupción y de traición a sus conciudadanos”.
“Estas acciones cívicas contra la pretensión de la minería internacional son movimientos legales y tiene apoyo nacional e internacional. Ya en el Gobierno y la prensa llaman ilegales a los mineros en pequeño, y la voluntad de imponer la minería a la fuerza, con la locomotora, es tal que los legisladores y ejecutivos cambian las leyes para que les sirvan a esas empresas explotadoras. En otros países como El Salvador y Guatemala, pero también en Colombia, se dan casos de que el ejército y los jueces son enviados por nuestro gobierno a defender a los explotadores extranjeros y a combatir a los colombianos”.img_2937
“Vamos avanzando en nuestra defensa contra lo que nos quieren imponer a la fuerza. El CODEATE (Comité por la Defensa Ambiental del Territorio) envió un mensaje sobre la importante y firme posición del Honorable Concejo Municipal y el significado de ella, el 9 de febrero de 2012. Una ONG amiga recogió esa información y la transmitió al mundo”.

Larga vida

Un hombre como Luis Hernán Rincón, que todo lo entrega por convicción e infinito amor a su pueblo, genera entre quienes lo conocen un sentido de amistad profundo de tal manera que uno desea que viva muchos años, junto con su esposa, y que obras como el periódico Támesis Asciende continué su labor encomiable y digna de admiración por varias generaciones.

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Tomado de El Pequeño Periódico No. 96, Abril de 2012.

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Al calor del recuerdo

En la Feria Internacional del libro de Bogotá.

En la Feria Internacional del libro de Bogotá.

Bárbara Galeano Zuluaga

“Si los viejos se levantaran de las tumbas al menos encontrarían las casas”, comenta Germancito, mientras yo escribo en mi cuaderno. Él es uno de los tantos personajes que se encontraron conmigo en ese viaje hacia la memoria, hacia el olvido. Cuando uno deja la ciudad en la que vive y retorna a la de la infancia cualquier cosa puede suceder…

Albarrada - Mompox (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Albarrada – Mompox (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Y si, además, el viaje es de doce horas por tierra para llegar a un pueblo desvencijado pero clavado en los recuerdos, y luego montarse en los tradicionales Jeeps hasta llegar a un caserío llamado Yatí, para luego subirse en el ferry, ese gigante que comunica a Mompox con el resto del país, y de nuevo pasar del agua a la tierra, abordar un taxi mientras todos hablan al mismo tiempo: ¡Cachaca, compre el queso de capa! ¡Casabitos! ¡Uf! No puedo pensar en otra cosa: ¡Qué calor tan insoportable! “Llegamos a Mompox, donde se acuesta uno y amanecen dos”, aclara el taxista.

Hasta ahora uno no ve nada sorprendente, casas típicas de un pueblo costeño pero como yo ya sabía que cuando menos me lo imaginara todos mis recuerdos se agolparían en mi cabeza y ya nada podría detenerlos… Y de pronto se abrió ante nuestros ojos un pueblo cuyas edificaciones se detuvieron en la memoria de la historia pues como comentan los momposinos con orgullo, Mompox fue el primer pueblo que se declaró libre ante el yugo de los conquistadores.Campanario y tejados - círculo

A partir de ese momento comienzan a desfilar los personajes de mi viaje y a quienes tendré que dedicar más páginas. Pero ya no soy Bárbara a secas, soy la antropóloga, entonces la gente me mira con curiosidad y se sorprenden a su vez de mi curiosidad. ¡Y pa´que se va a quedá tanto tiempo, seño, se va a aburrí!, ¡en este pueblo no hay sino casa vieja! Pero a pesar de sus advertencias, soy terca. Al principio pensé que todo sería tan sencillo como hacer unas entrevistas, tomar nota y largarme. Pero a medida que iba transcurriendo el tiempo empecé a comprender que el antropólogo debía sentir y vivir, eso sí, sin dejar de ser turista e irremediablemente extranjero. Entonces comprendí que no podía abarcar a la gente con una hoja llena de preguntas y que además no podía tratar de adaptar mi supuesto “proyecto de tesis” a ellos, sino que mi trabajo se debía adaptar a esa tierra. Y de repente ocurrió. Todo el mundo me conocía, hice amigos, jugaba lotería en una casa grande que llevaba colgado un letrero: “Residencias Aurora”. Conocía el territorio. En fin, comencé a disfrutar de la vida momposina, de sus tiempos, a veces tan tremendamente calmados, de sus diversiones, de sus creencias, de su cultura.

Dulce de cáscaras de limón (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Dulce de cáscaras de limón (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Los pobladores de Mompox siempre han vivido en sus enormes casas de zaguán, sala, patio, cocina y de nuevo otro patio. Casas frescas y calmadas, allí nacieron y muchos nunca han salido. Y ahora llega alguien a tratar de averiguar si ellos “se apropian del patrimonio”. ¿Qué era eso?, ¿de qué se trataba? Tan sólo me dediqué a sentir, al lado de ellos, cómo viven su ciudad que lleva el peso, para muchos, la virtud para otros, de ser “Patrimonio de la Humanidad”. Todos tienen ligada su infancia a algún lugar que hoy se ha llenado de turistas y curiosos, han tenido que adaptarse al turismo que ha ido llegando más y más desde que la seguridad en las carreteras ha mejorado. Alguien comenta: “Mi padre tenía una refresquería en la Plaza de la Concepción y nos ponía a llevar el hielo, más grandes cuidábamos cuando mi padre se venía a almorzar. Allí aprendimos a gatear y nos salieron los dientes”. Detengo la grabación pues ante mis ojos, este personaje que me invita a conocer su historia, ha dejado de ser un funcionario de la Alcaldía, serio y elocuente, para convertirse en el niño que fue antes. No es el único, los jóvenes, aunque un poco despreocupados e indiferentes, convierten la plaza de Santa Bárbara en lugar de encuentro mientras sus viejos jubilados se reúnen a charlar a la sombra de un tamarindo. Cuando estos fueron niños corrían, brincaban y se lanzaban al río desde los árboles que dan sombra a la calle de La Albarrada, tal como lo hacen hoy sus nietos y hermanos.

Ventorrillos en la Calle del Medio (Foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Ventorrillos en la Calle del Medio (Foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Sigo recorriendo sus calles y esculcando los rincones. Un olor a dulce de limón se cuela por mi nariz y descubro en una ventana la figura de una anciana, es doña Adalgiza Mejía, viuda de Caravallo: “Tengo 92 años y soy la única que hago aquí el dulce de limón, ninguno me ayuda… Ese dulce dura todo el tiempo que quiera, puede venir en el año 4000 y lo encuentra ahí. Si lo hace con poca azúcar se fermenta. Aquí se compran quince mil limones y se gasta más de un saco de azúcar”. Su fama es bien merecida pues el sabor es exquisito. La misma Adalgiza afirma: “¿A qué cachaco se le iba a ocurrir utilizar las cáscaras del limón?”.

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Publicado en el libro Mompox , Una victoria sobre el tiempo. (a su vez Tomado de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, Edición No. 65, marzo de 2004, p5, Apuntes de viaje, Medellín.)

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A propósito de García Márquez

Anécdotas de Totó en el Nobel

“Los indios” en la Corte

Afuera, un frío descarnado; tras la neblina de los canales, las pálidas luces amarillas de las antiquísimas torres de Estocolmo iluminaban los lugares y primeros copos de la nieve que muchos de los colombianos, bailadores de cumbia o guabina, habrían de conocer por primera vez en ese diciembre inolvidable.
Dentro, en la Sala del Ayuntamiento, viejo Palacio de Siglos, de umbrales y puertas y ventanas gigantescas, sesenta artistas del folclor y de Macondo representábamos un mundo diferente, exótico a los ojos de la Reina Silvia y sus 1.500 invitados.
Yo, sin querer, me acordaba de Colón, de Isabel la Católica, de “los indios” en la Corte que tanto me gustaba imaginar en los pupitres de la escuela. La Sala, inmensa, descomunal, de grandes piedras rugosas y viejas, donde escuchaba cómo devolvían mi voz, mi canto, ese juego de los espacios y el eco que sólo da el paso del tiempo, que ya antes, una noche, había jugado contra la albarrada y el río, contra la obscuridad y el cielo, muy lejos, allá en Mompox:

Cumbia
Oye mi cumbia
rincón de amor del Magdalena,
quema del sol,
esta es mi tierra;
eres tú,
rincón de amor,
bella región
esta es mi historia,Totó - Foto Vicky Ospina El Pequeño Periódico
esta eres tú,
mi Magdalena
Viejo pueblo Aracataca,
Pedacito de Colombia,
tierra donde yo nací,
entre rumores de cumbia,
a quererte yo aprendí…
Rejuntados en la arena,
los recuerdos de un ayer,
unos murieron de pena,
otros de hambre y de sed;
unos huyeron al monte para
poderse proteger,
mataron todos los hombres,
los hijos y su mujer;
ya verán,
ya murieron,
vive tu vida
vive cien años de soledad
soledad, soledad, soledad…
soledad, soledad… (*)

Fue mi canto en esa torre de Babel, de frac y de joyas, los pies descalzos en la piedra fría antes de volar en las alas del Arte y flotar, como en un sueño que ya no recordaba, en los aires, sobre el protocolo y los corbatines, feliz de ese lenguaje, de este comunicador sin hilos, por el que olvidaba que estaba cerca del Polo Norte, que hacía mucho frío y que cuando la magia del canto terminara, a las doce, como la Cenicienta, habría que volver al barquito congelado sobre las heladas aguas del mar Báltico.

(*) Soledad, cumbia compuesta por uno de los miembros del Trío Los Inseparables, Aracataca, Magdalena.

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El Pequeño Periódico No. 4.

El Pequeño Periódico No. 4.

 

 

 

 

 

 

Este texto, escrito por Sonia Basanta, Totó La Momposina, a su regreso de Estocolmo exclusivo para EL PEQUEÑO PERIÓDICO, fue publicado en su edición No.4, Abril de 1983, Pág. 3

 

 

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Imagen de Totó en la cabecera tomada de http://www.totolamomposina.com

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