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Archive for the ‘Reporte de viaje’ Category

Estuvimos en Urrao y además de la hospitalidad de sus habitantes y su bello paisaje, nos llamó la atención la vida cultural, en especial la obra del artista Humberto Elías Vélez Escobar: Homenaje al Cacique Toné (mural en la Alcaldía), y el Balcón del Indio, entre otros. Queda flotando en el aire cuáles serán los proyectos tanto a nivel local, como departamental, para proteger y preservar esa riqueza que, sin duda, hace parte del patrimonio cultural del país. En especial, El balcón del indio, que se halla en terrenos privados.

Homenaje al Cacique Toné, Mural Alcaldía de Urrao, Humberto Elías Vélez E. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

Habla el autor del Balcón del Indio

Uno de los mayores reproches que se hacen los artistas contemporáneos es que su obra no es admitida nada más que por una minoría de iniciados. El pueblo no puede comprenderlos. Varias razones explican esta situación. O estamos imponiendo nuestras realizaciones por encima del pensamiento del pueblo, o el arte es para una minoría privilegiada compuesta exclusivamente por personas que disponen de ratos de ocio, que pueden ver, mirar y desarrollar su sensibilidad.

El balcón del Indio. Humberto Elías Vélez. Si no se toman las medidas pertinentes pronto, esta escultura puede correr peligro. (Fotografía de Bárbara Galeano Zuluaga)

El mayor problema que se nos presenta es el de la integración. Preciso es advertir por anticipado que no se trata de integrar todas las artes en el molde ordenador de la arquitectura o del urbanismo, sino dentro de la vida misma y de verdadero servicio o deleite para la comunidad. Si nuestro pueblo vive en medio de objetos que juzga bellos, preciosos y magníficos como automóviles, aviones, máquinas, ¿por qué no va a ser capaz de entender el arte del momento? (…)

Reptiles y estrellas. Fragmento El balcón del indio.

En el momento actual, el juicio popular sólo se manifiesta con libertad ante el objeto cotidiano. Existe un drama profundo que separa al artista moderno del pueblo que, por su parte es instintivo y creador.

Tiene nuestro pueblo una capacidad de admiración, de entusiasmo, que puede canalizarse y desarrollarse en el mismo sentido en que progresa el arte contemporáneo.

El problema es francamente difícil, como todos sabemos, y sus soluciones correctas estarán reservadas a la moral y buena fe de los que pertenecemos a esta masa comprometida, respaldada por la labor honrada y continua de todos los grupos, asociaciones, entidades y estado.

Humberto Elías Vélez (Urrao, 1943)

Tomado de: ACAP, Asociación del Artista Colombiano en las Artes Plásticas Carlos Castro Saavedra, Medellín

Fragmento circular, El balcón del indio

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b3Un adiós para Emily

Ángel Galeano Higua

La historia sin adornos es brutal. Escribo estas líneas con el corazón atribulado… Íbamos por la autopista con el cupo lleno y sonaba por lo bajo una canción de Fito, pero aquel no era un paseo sino un viaje triste. Ellas iban de blanco y yo de negro porque no supe a tiempo la indicación. Eran las diez de la mañana y una parte de mí iba baleada en el pecho desde la noche anterior. Aunque en el pasacintas del carro el argentino intentaba animarnos, Bárbara y sus compañeras llevaban también el alma baleada como yo. Pasamos por la glorieta de Bello, justo donde a Emily le fue arrancada su sonrisa la noche anterior en el sector de las comidas, por una pandilla de despiadados fleteros que imponen su ley de asesinos sin que las autoridades hagan nada por impedirlo.
Varios automóviles y un bus detrás de la carroza fúnebre. El silencio lo cubría todo y sobre nosotros el cielo incendiado de sol se veía cruzado por las líneas eléctricas de alta tensión que penden de las gigantescas torres metálicas. El silencio fúnebre fue socavado por el sordo rumor de la ciudad, al que ni siquiera la enorme cruz de cemento pudo contener. Los empleados de la funeraria pusieron el pequeño ataúd blanco sobre una base portátil al borde la sepultura. Aquel silencio primigenio batalló hasta aplacar el rugido de la autopista que resollaba como una bestia de humo. En la rama de un árbol cercano un solitario bichofué intentó su afligido trino.
La despedida de los padres de Emily desgarró el día. A ellos, tan jóvenes todavía, muchachos llenos de ilusiones, la vida se les iba. El llanto abierto, como es de todos los indefensos, y la incrédula palidez de sus rostros mostraban la honda desolación. ¡Hija mía! Dos palabras inmensas y poderosas recorrieron la montaña, treparon hasta el cielo sin nubes y nos sacudieron el alma. Era tan grande la tristeza, la perplejidad y el dolor que no hubo espacio para ritual alguno, ninguna letanía, ni una palabra distinta al grito desgarrador de la madre, del padre. Los enterradores tenían todo listo, menos el adiós desesperado. Las lágrimas brotaron en todos nosotros, nuestra primitiva forma de rechazar esta muerte absurda.
Emily, aunque no alcanzaste a vivir mil días, dos años son ya toda una eternidad. El sol taladraba esta parte del mundo. Alrededor de aquella escena imborrable, y unos pasos más allá, bajo la sombra de los árboles, muchas mujeres vestidas de blanco, hombres, niños, sentimos que somos Emily. Los brazos alargados de la madre que no quiere la partida, el abrazo de ella y de su esposo que no quieren despegarse del ataúd… Tampoco nosotros, Emily, pequeña niña que nunca se irá de nuestra memoria.
Bajan el ataúd con cuidado, como arrullándolo, muchas manos se levantan y una lluvia de margaritas blancas y agapantos morados cae sobre el pequeño féretro. Estamos pasmados. Nos preguntamos tantas cosas, pero en todo caso nos resistimos a este destino maldito. No aceptamos que una gavilla de cobardes, hombres armados, desalmados y rabiosos venga a robarnos y a disparar sin contemplación sobre seres indefensos, niños como Emily que apenas alcanzó a echar un vistazo al planeta.
La historia sin adornos es brutal. Regresamos por la autopista pero Fito ha enmudecido. Ahora es un coro de niños el que nos acompaña en el retorno a una ciudad que se debate contra la impunidad y la negligencia de las autoridades. En silencio clamamos por una justicia, algo que frene este deterioro de la sociedad, esta Colombia enferma que cada día se precipita más hacia el abismo de la perversidad. Una sociedad que mata o deja matar a sus niños, es una sociedad enferma que se desahucia a sí misma.
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Medellín, Nov. 30 de 2016

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Ahora que en un acto de justicia histórica se han reconocido sus aportes culturales en el marco de la Feria del Libro de Támesis (Antioquia), alguien nos ha preguntado desde España, ¿Quién es Luis Hernán Rincón?

Echamos mano de nuestros archivos para responder.

Reporte de Viaje
EL PEQUEÑO PERIÓDICO
Edición 96

Támesis tiene su faro

Por Ángel Galeano Higua

Son excepcionales las personas a quienes no les basta su obra para encarnar el espíritu de un pueblo, sino que precisan también dedicar su vida, sus energías en favor de los demás. Y no con titubeos, ni condiciones, sino con los trazos nítidos de su férrea personalidad. Luis Hernán Rincón Rincón, es uno de esos hombres aguerridos, estudiosos y nada egoístas, que ha logrado la proeza nunca antes vista en el Municipio de Támesis y quizás de todo Antioquia, de publicar con sus propias fuerzas un periódico semanal hasta llegar al No. 100.  (A 25 de sept. 2016 ha alcanzado el No.283)

Luis Hernán Rincón Rincón (Foto archivo de El Pequeño Periódico)

Luis Hernán Rincón Rincón (Foto archivo de El Pequeño Periódico)

Luis Hernán Rincón se ha convertido en un faro invaluable para los tamesinos y los pueblos vecinos, una autoridad moral y una voz firme y alegre en defensa de los pobladores y su territorio. Es decir, de sus derechos y sus riquezas.
Es tal la magnitud de su labor que se desborda más allá de la región suroeste del departamento y ya son muchas las personas que lo leen en internet y se mantienen informadas en la distancia. Cada semana, como un relojito, nos llega Támesis Asciende, fresco, vigoroso, rico en información local y hasta recetas de Mercedes Parra, su esposa y compañera de sueños. Los editoriales fogosos y altivos contra las injusticias y actos de corrupción de empleados públicos, son cartas de navegación. Es reconocida la forma elegante, profunda y sólida con que supo elevar su voz crítica hacia la administración anterior poniendo al desnudo sus desatinos y arbitrariedades.

Merceditas (de blusa roja), la inseparable compañera de Luis Hernán, es tan líder y propósitiva como su esposo.

Merceditas (de blusa roja), la inseparable compañera de Luis Hernán, es tan líder y propósitiva como su esposo. (Archivo El Pequeño Periódico)

A este esfuerzo que desarrollan los auténticos periodistas independientes, deben las comunidades el freno a mucha corrupción. Los riesgos que esta labor conlleva van desde los halagos interesados hasta las amenazas. Pero como un faro, enviando sus luces en medio de las oleadas adversas, Luis Hernán ha mantenido el periódico Támesis Asciende circulando con firmeza, creciéndose ante las dificultades.

Hombre universal

Luis Hernán Rincón Rincón nació en Támesis en 1941, se graduó como Ingeniero Agrónomo en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín y se especializó en comunicación científica en Estados Unidos donde obtuvo los títulos de Master of Science en Iowa State, y Doctor of Philosophy, en la Universidad de Purdue. Ha viajado en función de su trabajo por casi todos los países de América, varios de Europa, Asia y África. Vivió en Costa Rica y Perú, donde ejerció una importante labor científica en el agro como Jefe de la Unidad de Comunicación del Centro Internacional de la Papa (CIP). De su hogar formado con Mercedes tienen cuatro hijos, Diego, Juan Felipe, Juliana y Lizette.

Desayuno tertulia en la Casa Campesina de Támesis, con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo

Luis Hernán Rincón durante un desayuno-tertulia en la Casa Campesina de Támesis, con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo (Archivo de El Pequeño Periódico)

En 1979 publicó su libro La Comunicación en Colombia. Trece años después daría vida a su primer libro de poesía, Pasaje a la vida siguiente, dedicado a su esposa. Le seguiría Plenitud Plenitud, en Lima, dedicado a sus hijas. Ciclo vital, bellamente ilustrado por Paula Andrea Rueda Peña, vio la luz viviendo en Medellín, en 2007, y en él recuerda a sus colegas y alumnos de HEARTH que velan por la reserva forestal Las Mercedes de Guácimo, en Costa Rica. A la Tierra vuelvo y sigo, editado por la Fundación Arte & Ciencia, en 2008, parafrasea a Jorge Debravo: “soy hombre, es decir, animal con palabras, y exijo, por lo tanto, que me dejen usarlas”.
Luego de este dilatado periplo decidió con su esposa volver a Támesis para compartir con los paisanos sus conocimientos y experiencias.

Támesis Asciende

Periodista por vocación y formación, su primera iniciativa fue crear un medio que diera cuenta del acontecer local, que desarrollara una labor educativa, recreativa, orientadora y crítica, y que comunicara a los pobladores de Támesis con los del Suroeste y el resto del departamento y el país.

Plaza principal de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Plaza principal de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Tamesis Asciende nació en 2009 inspirado en el convencimiento de que sin comunicación no hay democracia. Tampoco desarrollo, progreso, ni avances. Alejado del lenguaje chabacano y populista, Luis Hernán Rincón ha sabido abordar los asuntos de la buena vecindad, hasta los históricos, políticos, económicos y poéticos. Ha exigido la devolución de la campana de una institución educativa que desapareció sin dejar rastros, por su significación histórica y cultural. Un robo que él no puede dejar pasar porque tiene un precedente de corrupción y saqueo a las riquezas culturales de Támesis. Si hoy dejamos impune el robo de una campana que muchas generaciones recuerdan, mañana se robarán el presupuesto municipal, el paisaje, las fuentes de agua, los derechos y las libertades.
A través del periódico se ha convertido en uno de los más importantes Vigías del Patrimonio Cultural de Támesis y ha apoyado iniciativas de las veredas y corregimientos, a donde se ha desplazado para entrevistar personalmente a sus pobladores. img_2943El periódico ha dado voz a muchos que antes nadie tenía en cuenta. Ha promovido encuentros de músicos, poetas, líderes comunales. La Tertulia Fundadores, de la cual es animador incansable, ha dado a conocer sus proyectos y realizaciones a través del semanario.
Sus lectores han visto cómo ha expuesto argumentados debates sobre el medio ambiente, en especial el agua, la principal riqueza natural de Támesis, frente a quienes piensan que este recurso puede entregarse a manos privadas para el beneficio de unos pocos. Ha hecho seguimiento al debate cada día más intenso respecto a los proyectos de las grandes empresas mineras por convertir a Támesis en un enorme boquete a cielo abierto para saquear las riquezas del subsuelo y sembrar desierto.

No a la minería

Los tamesinos y sus vecinos se encuentran en estado de alerta ante la amenaza de grandes empresas mineras que, amparadas por leyes gubernamentales, pretenden cambiar la vocación agrícola de Támesis por el espejismo de la explotación en gran escala del oro que yace bajo tierra.

Patio central de la Casa de la Cultura de Támesis (Archivo de El Pequeño Periódico)

Patio central de la Casa de la Cultura de Támesis donde se realizan los eventos culturales más importantes, como los foros sobre la minería y las sesiones de La Tertulia Fundadores que dirige Luis Hernán Rincón (Archivo de El Pequeño Periódico)

Del No. 100 de Támesis Asciende, tomamos lo siguiente sobre el tema:
“Las acciones de los tamesinos contra la minería en Támesis son hechos de los ciudadanos contra los explotadores multinacionales sobornadores de las altas esferas del gobierno nacional. Las manifestaciones son expresiones de un pueblo libre que luchará hasta morir para seguir siendo libre, por la vida y contra un gobierno con demasiados visos de corrupción y de traición a sus conciudadanos”.
“Estas acciones cívicas contra la pretensión de la minería internacional son movimientos legales y tiene apoyo nacional e internacional. Ya en el Gobierno y la prensa llaman ilegales a los mineros en pequeño, y la voluntad de imponer la minería a la fuerza, con la locomotora, es tal que los legisladores y ejecutivos cambian las leyes para que les sirvan a esas empresas explotadoras. En otros países como El Salvador y Guatemala, pero también en Colombia, se dan casos de que el ejército y los jueces son enviados por nuestro gobierno a defender a los explotadores extranjeros y a combatir a los colombianos”.img_2937
“Vamos avanzando en nuestra defensa contra lo que nos quieren imponer a la fuerza. El CODEATE (Comité por la Defensa Ambiental del Territorio) envió un mensaje sobre la importante y firme posición del Honorable Concejo Municipal y el significado de ella, el 9 de febrero de 2012. Una ONG amiga recogió esa información y la transmitió al mundo”.

Larga vida

Un hombre como Luis Hernán Rincón, que todo lo entrega por convicción e infinito amor a su pueblo, genera entre quienes lo conocen un sentido de amistad profundo de tal manera que uno desea que viva muchos años, junto con su esposa, y que obras como el periódico Támesis Asciende continué su labor encomiable y digna de admiración por varias generaciones.

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Tomado de El Pequeño Periódico No. 96, Abril de 2012.

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Al calor del recuerdo

En la Feria Internacional del libro de Bogotá.

En la Feria Internacional del libro de Bogotá.

Bárbara Galeano Zuluaga

“Si los viejos se levantaran de las tumbas al menos encontrarían las casas”, comenta Germancito, mientras yo escribo en mi cuaderno. Él es uno de los tantos personajes que se encontraron conmigo en ese viaje hacia la memoria, hacia el olvido. Cuando uno deja la ciudad en la que vive y retorna a la de la infancia cualquier cosa puede suceder…

Albarrada - Mompox (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Albarrada – Mompox (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Y si, además, el viaje es de doce horas por tierra para llegar a un pueblo desvencijado pero clavado en los recuerdos, y luego montarse en los tradicionales Jeeps hasta llegar a un caserío llamado Yatí, para luego subirse en el ferry, ese gigante que comunica a Mompox con el resto del país, y de nuevo pasar del agua a la tierra, abordar un taxi mientras todos hablan al mismo tiempo: ¡Cachaca, compre el queso de capa! ¡Casabitos! ¡Uf! No puedo pensar en otra cosa: ¡Qué calor tan insoportable! “Llegamos a Mompox, donde se acuesta uno y amanecen dos”, aclara el taxista.

Hasta ahora uno no ve nada sorprendente, casas típicas de un pueblo costeño pero como yo ya sabía que cuando menos me lo imaginara todos mis recuerdos se agolparían en mi cabeza y ya nada podría detenerlos… Y de pronto se abrió ante nuestros ojos un pueblo cuyas edificaciones se detuvieron en la memoria de la historia pues como comentan los momposinos con orgullo, Mompox fue el primer pueblo que se declaró libre ante el yugo de los conquistadores.Campanario y tejados - círculo

A partir de ese momento comienzan a desfilar los personajes de mi viaje y a quienes tendré que dedicar más páginas. Pero ya no soy Bárbara a secas, soy la antropóloga, entonces la gente me mira con curiosidad y se sorprenden a su vez de mi curiosidad. ¡Y pa´que se va a quedá tanto tiempo, seño, se va a aburrí!, ¡en este pueblo no hay sino casa vieja! Pero a pesar de sus advertencias, soy terca. Al principio pensé que todo sería tan sencillo como hacer unas entrevistas, tomar nota y largarme. Pero a medida que iba transcurriendo el tiempo empecé a comprender que el antropólogo debía sentir y vivir, eso sí, sin dejar de ser turista e irremediablemente extranjero. Entonces comprendí que no podía abarcar a la gente con una hoja llena de preguntas y que además no podía tratar de adaptar mi supuesto “proyecto de tesis” a ellos, sino que mi trabajo se debía adaptar a esa tierra. Y de repente ocurrió. Todo el mundo me conocía, hice amigos, jugaba lotería en una casa grande que llevaba colgado un letrero: “Residencias Aurora”. Conocía el territorio. En fin, comencé a disfrutar de la vida momposina, de sus tiempos, a veces tan tremendamente calmados, de sus diversiones, de sus creencias, de su cultura.

Dulce de cáscaras de limón (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Dulce de cáscaras de limón (foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Los pobladores de Mompox siempre han vivido en sus enormes casas de zaguán, sala, patio, cocina y de nuevo otro patio. Casas frescas y calmadas, allí nacieron y muchos nunca han salido. Y ahora llega alguien a tratar de averiguar si ellos “se apropian del patrimonio”. ¿Qué era eso?, ¿de qué se trataba? Tan sólo me dediqué a sentir, al lado de ellos, cómo viven su ciudad que lleva el peso, para muchos, la virtud para otros, de ser “Patrimonio de la Humanidad”. Todos tienen ligada su infancia a algún lugar que hoy se ha llenado de turistas y curiosos, han tenido que adaptarse al turismo que ha ido llegando más y más desde que la seguridad en las carreteras ha mejorado. Alguien comenta: “Mi padre tenía una refresquería en la Plaza de la Concepción y nos ponía a llevar el hielo, más grandes cuidábamos cuando mi padre se venía a almorzar. Allí aprendimos a gatear y nos salieron los dientes”. Detengo la grabación pues ante mis ojos, este personaje que me invita a conocer su historia, ha dejado de ser un funcionario de la Alcaldía, serio y elocuente, para convertirse en el niño que fue antes. No es el único, los jóvenes, aunque un poco despreocupados e indiferentes, convierten la plaza de Santa Bárbara en lugar de encuentro mientras sus viejos jubilados se reúnen a charlar a la sombra de un tamarindo. Cuando estos fueron niños corrían, brincaban y se lanzaban al río desde los árboles que dan sombra a la calle de La Albarrada, tal como lo hacen hoy sus nietos y hermanos.

Ventorrillos en la Calle del Medio (Foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Ventorrillos en la Calle del Medio (Foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

Sigo recorriendo sus calles y esculcando los rincones. Un olor a dulce de limón se cuela por mi nariz y descubro en una ventana la figura de una anciana, es doña Adalgiza Mejía, viuda de Caravallo: “Tengo 92 años y soy la única que hago aquí el dulce de limón, ninguno me ayuda… Ese dulce dura todo el tiempo que quiera, puede venir en el año 4000 y lo encuentra ahí. Si lo hace con poca azúcar se fermenta. Aquí se compran quince mil limones y se gasta más de un saco de azúcar”. Su fama es bien merecida pues el sabor es exquisito. La misma Adalgiza afirma: “¿A qué cachaco se le iba a ocurrir utilizar las cáscaras del limón?”.

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Publicado en el libro Mompox , Una victoria sobre el tiempo. (a su vez Tomado de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, Edición No. 65, marzo de 2004, p5, Apuntes de viaje, Medellín.)

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A propósito de García Márquez

Anécdotas de Totó en el Nobel

“Los indios” en la Corte

Afuera, un frío descarnado; tras la neblina de los canales, las pálidas luces amarillas de las antiquísimas torres de Estocolmo iluminaban los lugares y primeros copos de la nieve que muchos de los colombianos, bailadores de cumbia o guabina, habrían de conocer por primera vez en ese diciembre inolvidable.
Dentro, en la Sala del Ayuntamiento, viejo Palacio de Siglos, de umbrales y puertas y ventanas gigantescas, sesenta artistas del folclor y de Macondo representábamos un mundo diferente, exótico a los ojos de la Reina Silvia y sus 1.500 invitados.
Yo, sin querer, me acordaba de Colón, de Isabel la Católica, de “los indios” en la Corte que tanto me gustaba imaginar en los pupitres de la escuela. La Sala, inmensa, descomunal, de grandes piedras rugosas y viejas, donde escuchaba cómo devolvían mi voz, mi canto, ese juego de los espacios y el eco que sólo da el paso del tiempo, que ya antes, una noche, había jugado contra la albarrada y el río, contra la obscuridad y el cielo, muy lejos, allá en Mompox:

Cumbia
Oye mi cumbia
rincón de amor del Magdalena,
quema del sol,
esta es mi tierra;
eres tú,
rincón de amor,
bella región
esta es mi historia,Totó - Foto Vicky Ospina El Pequeño Periódico
esta eres tú,
mi Magdalena
Viejo pueblo Aracataca,
Pedacito de Colombia,
tierra donde yo nací,
entre rumores de cumbia,
a quererte yo aprendí…
Rejuntados en la arena,
los recuerdos de un ayer,
unos murieron de pena,
otros de hambre y de sed;
unos huyeron al monte para
poderse proteger,
mataron todos los hombres,
los hijos y su mujer;
ya verán,
ya murieron,
vive tu vida
vive cien años de soledad
soledad, soledad, soledad…
soledad, soledad… (*)

Fue mi canto en esa torre de Babel, de frac y de joyas, los pies descalzos en la piedra fría antes de volar en las alas del Arte y flotar, como en un sueño que ya no recordaba, en los aires, sobre el protocolo y los corbatines, feliz de ese lenguaje, de este comunicador sin hilos, por el que olvidaba que estaba cerca del Polo Norte, que hacía mucho frío y que cuando la magia del canto terminara, a las doce, como la Cenicienta, habría que volver al barquito congelado sobre las heladas aguas del mar Báltico.

(*) Soledad, cumbia compuesta por uno de los miembros del Trío Los Inseparables, Aracataca, Magdalena.

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El Pequeño Periódico No. 4.

El Pequeño Periódico No. 4.

 

 

 

 

 

 

Este texto, escrito por Sonia Basanta, Totó La Momposina, a su regreso de Estocolmo exclusivo para EL PEQUEÑO PERIÓDICO, fue publicado en su edición No.4, Abril de 1983, Pág. 3

 

 

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Imagen de Totó en la cabecera tomada de http://www.totolamomposina.com

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Sonsón, la joya de oriente

Ángel Galeano Higua

El maíz, homenaje de Edgar Negret a Sonsón (Fotografías de Bárbara Galeano Zuluaga)

El ritmo de las calles se conserva gracias a sus casas con zaguanes, zócalos y ventanas de colores vivos, canastas de flores y negocios de diversas clases. Y limpias, sin las basuras que la metrópoli multiplica a diario.

Si alguno de los pueblos del oriente de Antioquia asombra hoy por su pujanza, ese es, sin duda, Sonsón. Uno empieza a sentir ese cambio cuando transita la carretera que hace unos años era un calvario de huecos y deslizamientos, pero sobre todo de asaltos guerrilleros y paramilitares.
Hoy la situación es muy distinta. En tres horas uno llega a Sonsón, partiendo de la capital antioqueña. A boca de jarro un pueblo se abre paso en medio de sus encumbradas montañas y lo hace con una ejemplar lucha por preservar su identidad. La distancia con Medellín es una ventaja, porque todavía el espejismo de la moda citadina frívola y empobrecedora no ha devorado a los sonsoneños. Las autoridades municipales han comprendido que la transformación arquitectónica que adelantan no tiene porqué destruir las fachadas e interiores de las casonas antiguas, bellas construcciones con amplios balcones y zaguanes, testimonio histórico de una época. El ritmo de las calles se conserva gracias a sus casas con zócalos y ventanas de colores vivos, canastas de flores y negocios de diversas clases. Y limpias, sin las basuras que la metrópoli multiplica. Como en una estampa de leyenda transitan los campesinos de sombrero, poncho y carriel, llegan en los buses escalera de alguna de las 108 veredas. El día de mercado el ambiente se alborota, llegan las recuas de mulas cargadas de maíz, papa, zanahoria y muchos otros cultivos, camiones con víveres entran y salen, todo se tiñe de fiesta.

Circuitos culturales

Bus escalera en SonsónTuvimos la oportunidad de participar en el Circuito Cultural que la Vicerrectoría de Extensión de la Universidad de Antioquia organizó en julio pasado en Sonsón y pudimos percibir la conjugación armoniosa entre lo nuevo que la Universidad ofrece a las comunidades y el respeto por la identidad cultural local. Talleres de comida tradicional con el maíz como eje central, de música para jóvenes, de títeres y teatro para niños, de literatura, de música, de patrimonio y gestión cultural, entre otros.
El entusiasmo con que los encargados de los programas de cultura de Sonsón, como José Fernando Botero Grisales, asumieron el Circuito, garantizó la masiva participación de los sonsoneños. En estos Circuitos se da una simbiosis entre las comunidades, líderes locales y los talleristas de la Universidad. Todos ganan, todos aportan, fruto de una preparación cuidadosa que con anterioridad adelantan unos y otros.

Por eso, en la reunión con el señor Alcalde de Sonsón, Dioselio Bedoya López, fue muy reconfortante escucharle decir, no sólo que su administración no permitirá que se tumben más casas que hacen parte del patrimonio cultural, sino que está abierta a apoyar todas las iniciativas culturales que la Universidad y otras entidades desarrollen para elevar el nivel de expresión y asimilación cultural de su municipio. Estas palabras airean el ambiente cultural no sólo de Sonsón sino de todo Antioquia y el país. Para el caso de Medellín, donde cada generación de gobernantes arrasa con el patrimonio porque creen que con ellos nace la historia y se dan ínfulas de inmortalidad sin comprender el significado cultural de una Plaza de Toros, un barrio o un “túnel verde”. El turismo comercial no respeta identidades ni costumbres. De ahí lo importante que un alcalde como el de Sonsón reconozca los aportes de las generaciones pasadas y las defienda.

Campesino y mulas SonsónLa enseñanza de volver a Sonsón ha sido variada y profunda. Permite acariciar la posibilidad de preservar algo de la riqueza patrimonial. Así, al regresar traemos el alimento de un pueblo que se proyecta como la joya de oriente, como dijo alguien. Honor a la tierra del maíz, de poetas e historiadores, aguerridos intelectuales y escritores, filósofos y labriegos que nos dan de comer con sus faenas diarias. Con sobrada razón la escultura El Maíz, del maestro Edgar Negret, se yergue en la Plaza principal, como “Homenaje y afirmación de la identidad de La Tierra del Maíz”.
Hay que ir para verlo, para saborearlo, para caminar sus calles y sentir que palpita viva la historia.

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Publicado en El Pequeño Periódico No. 101, última edición impresa.

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Cronista de un bello sueño

Ángel Galeano Higua

Cronista de un bello e interrumpido sueño: los descalzos del Sur de Bolívar

Cronista de un bello sueño: los descalzos del Sur de Bolívar. El autor con su compañera de sueños, Carmen Beatriz Zuluaga O.

“Un viajero que aprovechó la oportunidad para echarse un morral al hombro y caminar su país de la mano de una mujer que lo hizo sentir inmortal, y de una hija que no cesa de darle lecciones de juventud y valor”.

Tuve el privilegio de enrolarme como cronista de un sueño insensato que iluminó a una generación llamada “los descalzos”, un puñado de desquiciados altruistas que anhelaban cambiar el mundo, entre quienes estaba Carmen Beatriz. Doble hechizo me cubría en 1982, mi vida se enrutó por otros cauces de manera radical.

Magangué (Foto Bárbara Galeano Zuluaga)

Magangué (Foto Bárbara Galeano Zuluaga)

Decidí seguirlos porque iba ella y también renuncié, como ella, a las “comodidades” citadinas. Nos instalamos en el mapa sin fronteras de una aventura del pensamiento, sin cordura ni riendas, como no he conocido igual, liberando nuestras energías más recónditas en pos de una armonía entre los colombianos, pacífica y generosa, digna de las futuras generaciones.

Una sed nunca antes sentida nos llevó justo a las orillas del río Magdalena, al puerto de Magangué, como si solo esa caudalosa corriente pudiera saciar el tamaño de aquellas ansias de bienestar humano.

Centro Médico

Sin ningún aspaviento, Carmen Beatriz renunció a su cargo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia y se involucró sin restricciones al proyecto de salud liderado por el médico antioqueño Roberto Giraldo Molina. Se hizo cargo del laboratorio montado con todos los elementos necesarios para atender desde muy temprano, cada mañana, la nutrida fila de personas que acudían desde diferentes lugares del Sur de Bolívar.

Centro Médico de Especialistas Calle El Salto Magangué

Centro Médico de Especialistas Calle El Salto Magangué

El Centro Médico de Especialistas atendía en el segundo piso de una antigua casona de la Calle El Salto, con consultorios médicos, psicólogo, fisioterapia, óptica y una amplia sala de espera. En el primer piso funcionaba una farmacia con todas las de la ley, a cuya cabeza estaba Álvaro Garcés, otro descalzo antioqueño con estudios superiores en Administración y que al igual que los demás, había dejado las comodidades de la ciudad. En cuestión de pocas horas Carmen Beatriz tenía los resultados que Aidé, la secretaría, se encargaba de entregar a los médicos Roberto Giraldo o Silvia Casabianca. Con aquella eficacia llegó el día en que no dieron abasto.

Carmen Beatriz durante una brigada de salud en Palenquito, Sur de Bolívar. (Foto Roberto Giraldo M. Mayo 15 de 1985)

Carmen Beatriz durante una brigada de salud en Palenquito, Sur de Bolívar. (Foto Roberto Giraldo Molina, Mayo 15 de 1985)

Iniciaron las brigadas de salud por las poblaciones más apartadas, llevando consigo el microscopio y demás elementos que instalaban en algún cobertizo comunitario de las estribaciones de la Serranía de San Lucas. En las noches, bajo la tenue luz de una lámpara de petróleo y una cielo poblado de estrellas, conversaban con los pobladores sobre el cuidado de los niños, la nutrición, las enfermedades. Aprendían los unos y los otros, porque los pobladores compartían su sabiduría sobre las plantas medicinales.

También leían en voz alta algún texto literario, contaban anécdotas y luego se retiraban a sus hamacas a descansar. Por mi parte, tomaba nota de todo cuanto veía y oía, disparaba mi cámara fotográfica: recogía material para el periódico acompañado de nuestra pequeña Bárbara que disfrutaba del “paseo”.

Del paraíso al infierno

Brigada descansando en hamacas, mientras alguien lee.

Brigada descansando en hamacas, mientras alguien lee. El Dorado, 1985 (foto Angel Galeano Higua)

Cuando no llega ni Dios ni los hombres a estas regiones, cualquier acción adquiere la dimensión de un milagro, pero exige infinitos esfuerzos y una férrea vocación de servicio. Carmen Beatriz y los demás de aquel Centro Médico se entregaban con pasión a su labor. No ahorraban energía alguna. A la vuelta de los años se había tejido una ancha y profunda red de comités de salud que alcanzaba la cuenca del Bajo Magdalena en los departamentos de Bolívar, Sucre y Magdalena. Cuando llegaba la brigada de salud, los pueblos entraban en una euforia conmovedora.

Entreverado con el programa del comité de salud, llegaba el periódico y la biblioteca ambulante. Se hacían encuentros campesinos para hablar de un nuevo proyecto que significaba un gigantesco paso: la creación de una cooperativa de productores del Sur de Bolívar, a cuya cabeza recuerdo a Julio Castellanos, el mismo me había presentado a Liborio Pineda, el anciano ciego que nos ilustró sobre la existencia de periódicos locales a comienzos del siglo XX, entre ellos El Pequeño Diario, del cual tomamos el espíritu de su nombre.

Magangué, Calle del Comercio (Foto Bárbara Galeano Zuluaga)

Magangué, Calle del Comercio (Foto Bárbara Galeano Zuluaga)

Eran los tiempos en que, por desgracia, a la cabeza de la nación se hallaba un presidente demagogo que cedía ante las presiones de los grupos armados. Como fruto de ese monumental error, Colombia vio con pavor cómo aumentaban los frentes guerrilleros y a su sombra los paramilitares. El Sur de Bolívar se transformó de paraíso en infierno. Las brigadas de salud fueron asaltadas, robados sus implementos médicos y personales. Las cuadrillas armadas establecieron retenes para cobrar vacunas, secuestrar y asesinar. La respuesta de Belisario fue poner al país a pintar palomitas, dejando a la población civil desprotegida.

Imposible continuar con las brigadas de salud. Magangué empezó a cambiar, el Sur de Bolívar se convirtió en zona de “descanso” de estos grupos y, paralelamente, aumentaron los cultivos ilícitos. El país entró en un tenebroso túnel. El sueño de “los descalzos” fue herido de muerte. No quedaba otro camino que abandonar la región y salvar la vida. Los compañeros del Centro Médico ya habían partido.

Cuentas claras

Con profunda tristeza, Carmen Beatriz debió ponerse al frente de la liquidación del Centro Médico y organizar la retirada. Lo que tanto empeño exigió diez años atrás, era desmontado ahora. El sueño se había trocado en pesadilla.

Cada peso, cada mueble, cada archivo, fueron debidamente liquidados y Carmen Beatriz se encargó de que no quedara ni una sola deuda. Cuando esta fase estuvo lista ella partió como quien se marcha por un camino que conduce al pasado. Yo me quedé en Magangué hasta que Bárbara terminó el año escolar y mientras tanto hice lo mío: clausurar el periódico.

El retorno

El ferry, navega entre Magangué y Bodegas, por los ríos Magdalena y Chicagua. (Foto Bárbara Galeano Zuluaga)

El ferry, navega entre Magangué y Bodegas, por los ríos Magdalena y Chicagua. (Foto Bárbara Galeano Zuluaga)

Era el año 1989 cuando Carmen Beatriz tornó a Medellín con las manos vacías pero pulcras. Esas manos hacedoras de barquitos de papel, de figuras de cerámica, de hermosos monederos de cuero, de caricias y detalles. El brillo de sus ojos había adquirido una mayor intensidad: la de los desafíos.

Logró reengancharse en la Facultad de Medicina e iniciamos, los tres, una nueva vida en esta ciudad de Medellín que se debatía entre el miedo y la violencia, una réplica virulenta y alevosa de lo que ya habíamos vivido en el Sur de Bolívar.

Mario Escobar Velásquez alimentó la Sección Páginas de Diario, de la cual saldría después su libro sobre Apuntes de un Escritor.

Mario Escobar Velásquez alimentó durante varios años la Sección Páginas de Diario en EL PEQUEÑO PERIÓDICO, de la cual saldría después su libro sobre Apuntes de un Escritor.

Dos años después, y gracias a los amigos a quienes les enviábamos cada número del periódico desde Magangué, reabrimos EL PEQUEÑO PERIÓDICO con nuevos bríos en un evento de lanzamiento en el Paraninfo de la Universidad de Antioquia. Al frente de esta nueva etapa nos acompañaron Mario Escobar Velásquez, Henry Díaz Vargas, Reinaldo Spitaletta, José Guillermo Anjel, Ricardo Torres y Libardo Botero, entre otros, quienes me apoyaron en la creación de la Fundación Arte & Ciencia como editorial literaria.

Tanto en Magangué, como ahora en Medellín, Carmen Beatriz fue un faro que ayudó a mantener el rumbo del periódico. No es posible contar la historia de EL PEQUEÑO PERIÓDICO sin destacar su papel. No hubo una sola nota Editorial que ella no leyera y comentara antes de ser publicada. Desde el primer número hasta este último, ella ha sido alma y nervio. Sus atinadas críticas, éticas y estéticas, permitieron el espiral in crescendo.

Uno puede aprender a escribir bellos reportajes, alimentar las páginas  de un periódico sui géneris como EL PEQUEÑO PERIÓDICO, pero sin una brújula, sin una luz como Carmen Beatriz, con su mirada práctica y aterrizada, en concordancia con el Comité Editorial, hubiera sido imposible lograr la excelente producción que miles de lectores pudieron disfrutar durante seis lustros.

Otros protagonistas

Yeison, Yeimi, Leonardo, Bárbara, Ivette, la sangre joven del periódico

Yeison, Yeimi, Leonardo, Bárbara, Ivette y Yiuliana, la sangre joven del periódico

En el engranaje construido a lo largo de los años, jugaron su papel con impecable rigor muchas personas: Saúl Álvarez Lara, encargado de la imagen corporativa. El Comité Editorial en los últimos años: Nubia Amparo Mesa, Álvaro Jiménez Guzmán y Bárbara Galeano Zuluaga. Así mismo el Grupo Literario “El Aprendiz de Brujo” hizo causa propia y sus miembros escribieron y ayudaron a distribuirlo entre sus amistades.

Los corresponsales fueron los pulmones del país: Ramón López Gómez, y Juan Carlos Osorio en el eje cafetero, supieron transmitir a miles de jóvenes de Pereira y Risaralda el deseo de aventura en la palabra y el arte. Leonardo Agudelo, Historiador residente en Bogotá, donde ha desarrollado una gran labor de divulgación y ha escrito bellas páginas publicadas en el periódico. Johanna Rozo, líder cultural en Pamplona, escritora, poeta, gestora, periodista, ha llevado el periódico hasta nuevos lectores de esa región de Colombia. Luis Hernán Rincón R., desde Támesis, Antioquia, ha sido un baluarte, su pluma incisiva y su inteligencia nos hizo el camino más alegre y comprensible.

Pequeña lectora del periódico.

Pequeña lectora del Barrio Santo Domingo Savio de Medellín.

Algún día haremos un encuentro de corresponsales para compartir el tesoro de experiencias con dos maestros que han sabido estar presentes desde territorios distantes: Antonio Botero Palacio, en Magangué, y Gerardo Sánchez, en Rionegro. No hay palabras para expresar la profunda gratitud. Sus enseñanzas han marcado la vida del periódico. Quien quiera conocer el espíritu que alimentó a EL PEQUEÑO PERIÓDICO, no podrá seguir de largo, tendrá que detenerse en estos dos maestros. Su vida es un ejemplo para cualquier persona de cualquier lugar del mundo. Su universalidad radica en haber sabido ser leales a sí mismos y a su pueblo.

El privilegiado

Pero de todos los que hicieron parte del periódico el más privilegiado he sido yo. Un privilegio que, por supuesto, me ha exigido esfuerzos, que he pagado con una alegría a veces sin mesura. Cada edición fue una aventura diferente a la anterior, un encuentro con lo desconocido.

Rumor de río, Elias Ospina 50X70 -Óleo sobre lienzo

Rumor de río, primer libro editado por la Fundación Arte & Ciencia con el apoyo de la Fundación Cultura “Héctor Rojas Herazo”. El pescador es un óleo sobre lienzo de Elias Ospina, otro de los descalzos en el Sur de Bolívar.

Creo que este cursillo de 30 años me da el derecho a sentirme “graduado”. Si no como periodista o escritor, cronista, reportero o editor, al menos como soñador que quiso ser cronista de un hermoso sueño. Un viajero que se echó un morral al hombro y caminó su país de la mano de una gran mujer que lo hizo sentir inmortal, y de una hija que no cesa de darle lecciones de juventud y valor.

Nada más puede pedir un aprendiz que al cabo de la jornada se prepara para otro camino más azaroso y anónimo: el de su propia obra. Algo así como ser cronista de su propia imaginación.

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Tomado de la Edición impresa No. 100 de EL PEQUEÑO PERIÓDICO.

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