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Archive for the ‘El Pequeño Periódico’ Category

El agua de arriba

y el agua de abajo

Juan José Hoyos

 

Juan Leonel Giraldo (Foto Arcadia)

Un viejo minero con los brazos mutilados por una carga de dinamita que pasados los años de la bonanza del oro vive solo, aguardando la muerte, en un caserío junto al río Tenche. Una alfarera de Ráquira que se gana la vida fabricando vírgenes grotescas. Una bailadora de cumbia, de más de cien años, que recuerda sus mejores días en Guamal.

Un domador de potros salvajes que con un puñado de hombres maneja las 17 mil reses y los 6 mil caballos de una hacienda. Un obrero sin trabajo que dedica su vida a amaestrar pájaros en un barrio de Barranquilla. Un cosechero de café, ya viejo, que se hace famoso jugando al trompo y el balero en las plazas de los pueblos del Quindío y el Valle.

Un arriero de Sonsón. Un “tejedor de oro” de Mompox. Un contador de cuentos del río Micay. Un músico que hace coplas y bandolas en un pueblo perdido en los llanos del Casanare. Una mujer wayú que ejerce el oficio sagrado de palabrera en las salinas de Manaure.

Estos son algunos de los personajes de “Aguas abajo”, el libro de crónicas de Juan Leonel Giraldo que acaba de publicar el grupo Random House en su colección de literatura, una sabia decisión editorial que prueba una vez más que el buen periodismo narrativo siempre es literatura.

Digo personajes, y en realidad hablo de héroes de carne y hueso nacidos en regiones tan distintas y distantes de Colombia como la costa Pacífica, el río Magdalena, las montañas de Antioquia o los llanos Orientales; hombres y mujeres con oficios sencillos o heroicos que, como el agua que mueve las ruedas hidráulicas, son “agua de abajo”, es decir, la que empuja la rueda con su fuerza: los campesinos que siembran la tierra, los obreros, los artesanos, los pescadores, los vaqueros, los mineros, los bogas de nuestros ríos, los músicos que alegran nuestras fiestas…

El libro es un canto a la diversidad de Colombia. Son 25 crónicas escritas y reescritas entre 1975 y 2018 y algunas de ellas publicadas originalmente en las revistas Diners, Credencial y Teorema. Leyéndolas, uno siente correr por sus páginas las voces y las vidas atadas al agua que empuja la rueda del molino. También respira el aire de verdad que siempre sopla en toda gran obra narrativa.

Las historias de “El agua de abajo” fueron escritas por un periodista formado desde temprano en el oficio de narrar, primero cuando era niño, escuchando las novelas que su madre le leía en voz alta cuando él todavía no sabía leer y, después, cuando ya era periodista de El Tiempo, leyendo maestros como John Reed, Jack London, Joseph Mitchell, James Agee, Isaak Bábel, Truman Capote y Bruce Chatwin.

De ellos, Giraldo aprendió el valor de la escucha y del respeto por el Otro. La importancia de la paciencia y la inutilidad de la velocidad. También aprendió a sumergirse en los ambientes y en las vidas de los personajes: abandonarse al placer de no quedarse con ellos unas horas, sino varios días, y hablar sin afanes. Ir a la realidad con la mente y el corazón abiertos para poder observarlo todo como si uno lo viera por primera vez, para captar todos los detalles… En otras palabras: abandonarse a la sabiduría del corazón. Comprender que no hay un método que enseñe a ver y a sentir. Que cada historia y cada personaje son un misterio.

Ya no es fácil encontrar en nuestros periódicos historias tan bien contadas y tan bellamente escritas como las de “El agua de abajo”. Por eso este es un libro que nos reconcilia con la mejor tradición y el legado más precioso de los mejores escritores del periodismo narrativo colombiano.

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Reproducido por Ángel Galeano Higua, El Pequeño Periódico.

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Corría el año 1982 cuando conocimos al médico Javier Burgos Cantor en una bella casita de Talaigua Nuevo. Y lo conocimos porque la vida es así y cuando sucede esa magia de los cruces de caminos los seres humanos que tienen vibraciones similares se hermanan para siempre, aunque pasen décadas sin verse. ¡Tantas cosas de inveterados soñadores hicimos!

De repente, este año, recibimos un mensaje desde París, que nos dejó perplejos. Y volvimos a sentir el cosquilleo de aquellos años “descalzos” en el Sur de Bolívar, allí, pegaditos a la inmortal Mompox. Para regocijo nuestro compartimos con nuestros lectores esta crónica que Javier nos regaló a propósito de esa rugiente llamarada que iluminó al mundo desde la legendaria Notre Dame.

Desde aquí le damos la bienvenida a nuestro corresponsal, que ha rebrotado desde las cenizas del templo donde el gran Víctor Hugo nos enseñó al jorobado.

 

París se quema

Javier Burgos Cantor

El pasado 15 de Abril la catedral de Notre Dame de París cogió candela. El fuego, uno de los elementos de la cosmogonía universal, alimenta desde siempre nuestro imaginario colectivo. Rayo, que me parta un rayo, relámpago y centella. El fuego viene del cielo. Principio de vida y de muerte. En la China antigua, el cielo representa el principio Yang; la tierra el principio Yin y entre los dos, los asuntos del Hombre, ⼈, « ren », el ser que se tiene de pié, como el tigre cuando ataca.
El incendio de Notre Dame permitió al histriónico President Francés aplazar la fecha de la alocución que debía efectuarse ese día. Desde hace veinte y cinco sábados el movimiento de protesta popular de los gilets jaunes -los chalecos amarillos-, desfila en las principales ciudades de Francia, obstruyendo el funcionamiento normal del país. La gente protesta por lo de siempre, pan, salud, educación, empleo.
Los franceses respondieron a una consulta popular y se redactó un memorial de agravios, como el que los colombianos presentamos al Virrey en los 1800. El Presidente es muy majo y si se agita suda Chanel nomber five, como cantaría Rubén Blades. Cuando se emociona la voz lo traiciona y «se le sale el gallo», como llamamos en el Caribe a los tonos agudos de falsete inoportuno. Emmanuel Macrón llamó al Papa Francisco, quién declinó la invitación al drama presidencial.

El que escribe denuncia

Vassilis Alexakis, el escritor franco-griego que vivió y escribió en Francia muchos años, antes de regresar al país y a la Lengua de la infancia, dice que él es griego por sus padres y francés por sus hijos. Como él, yo me siento colombiano por mis padres y francés por dos de mis hijos. Me autorizo entonces a opinar sobre lo que aquí está pasando. «El que calla otorga» dice el dicho, si es así, el que escribe denuncia. Para que no le pase como al Rey Louis XVI que en su diario anotó el 14 de Julio de 1789 que ese día no había pasado nada en el Reino: «Rien». Nada.
Aquí está pasando algo desde el otoño pasado. Llegó la primavera y el desfile de trabajadores del 1° de Mayo es reprimido. París no es una fiesta, como quería Hemingway y los manifestantes, perseguidos por la policía, invaden el Hospital de la Pitié Salpetrière, el mismo donde Sigmund Freud siguió las lecciones de Charcot sobre la Histeria.

La edición a la que se refiere Javier Burgos se encuentra en esta recopilación encuadernada que reposa en la Sala Antioquia de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. (foto archivo)

Enviado Especial

Todos estos acontecimientos me hicieron recordar que en 1982 fui nombrado Enviado Especial de El Pequeño Periódico, con sede en Magangué, al Sur de Bolívar, en Colombia, para cubrir el acontecimiento de la entrega del Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez en Estocolmo. Cumplí con la misión y la crónica fue publicada. Hoy, 36 años después, retomo la pluma como un deber ciudadano , como el «aux armes citoyens» de la primera estrofa de la Marsellesa. Como no he recibido ninguna carta de despido de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, ni tampoco renuncio, escribo.
En este asunto de catedrales tengo mi idea hecha. Desde que visité en Wardha, la ciudad natal de Ghandi, el templo erigido según las instrucciones del Mahatma: un templo sin paredes ni tejado, sin vanidades, sólo una veintena de bloques de piedra grabados con los versos del Baghavad Gita. Esa iglesia abierta corresponde más a mi idea de comunicación con el cielo.
Crecí en Cartagena de Indias, donde vivíamos frente a las imponentes construcciones del Imperio, fortificaciones y castillos, iglesias y catedrales, edificadas todas con la mano de obra del esclavo. Decíamos allá que las piedras de las murallas están pegadas con sangre de Negros. Aunque respeto el misterio de catedrales, alimentado por la parte de mis raíces Africanas, lloro más fácilmente por los hombres que por la piedra.

Javier con su hermano, el escritor Roberto Burgos Cantor (foto archivo corresponsal)

Las prefiero en las películas

Hace algunos años, mi hermano Roberto Eliécer, nacido en 1948, su segundo nombre es un homenaje a Jorge Eliécer Gaitán, el líder popular asesinado ese mismo año en Bogotá, vino a París a la ocasión de alguna feria de libros. Era primavera y nos habíamos dado cita a la entrada de la estación de metro hôtel de Ville. De allí nos fuimos caminando hasta Notre Dame. Roberto estaba escribiendo La Ceiba de la Memoria, una saga histórica alrededor de la ruta ignominiosa de la esclavitud que tenía como puerto final Cartagena. Entramos a la iglesia y recorrimos las tres naves en silencio, en medio de una horda de japoneses armados de aparatos fotográficos, él con una cierta rigidez del busto que ya había notado en el Padre: ese aire de familia me hizo pensar en el retrato que de Emiliano Zapata hace Carlos Fuentes: «como una cabeza que viene de lejos, del antiguo Egipto…», o algo así.
Esa noche, de regreso a la casa de Julio Olaciregui, y mientras nos sentábamos a la mesa, Cathy, la mujer de Julio, preguntó a Roberto cómo le había parecido la catedral. Mi hermano tomó cierto tiempo en responder. Después de algunos instantes, y mientras plegaba un poco más los ojos que ya empezaban a sonreír, le dijo: ¡tú sabes Cathy, la visita a esos monumentos yo las prefiero en las películas!
Nos acordamos del día que Simón Bolívar asistió en esa iglesia al coronamiento como Emperador de Napoleón. Nos preguntamos si don Simón joven no querría también su corona de laureles. Al César lo que es del César.
En esa época, Antonio Nariño traduce los Derechos del Hombre, con ello arma intelectualmente la insurrección colombiana y lo paga en las prisiones españolas de las Bóvedas en Cartagena y Cádiz. Todas esas razones históricas nos ligan a la República Francesa: los ideales de la Igualdad, de la Fraternidad y de la Libertad. Me acuerdo de esa tarde del 10 de Diciembre de 1982 en Estocolmo, afuera nevaba. Gabriel García Márquez, terminó su discurso de Premio Nobel, evocando a un Pueblo que andaba buscando una segunda oportunidad sobre la tierra. Así seguimos.
El pueblo espera respuestas concretas a problemas precisos de desempleo, déficit en los hospitales, falta de Maestros y Profesores, mientras que el Presidente, protegiendo los intereses de los ricos, se transforma, ayudado por sus publicistas, en el titiritero de la reconstrucción de Notre Dame.

Isla de Ré, 4 de Mayo de 2019

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Notas: Los subtítulos son nuestros (La Red).

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Al cumplirse los 25 años del fallecimiento del gran pensador y estratega político revolucionario, Francisco Mosquera Sánchez, reproducimos en su memoria un breve aparte del discurso que pronunció ante los campesinos delegatarios de las cooperativas del Sur de Bolívar, en la Serranía de San Lucas en 1984. (Ver texto completo en: https://angelgaleanoh.wordpress.com/2019/08/03/maldita-la-paciencia/) 

Nuestro sueño es inmenso:

“Construir una nación diferente”

Francisco Mosquera Sánchez

 

… ¿Por qué hemos tenido que construir un partido diferente al liberal y conservador? Sencillamente porque, a pesar de que estos dos viejos partidos han controlado al país por tanto tiempo, el balance que hoy le presentan a la república es de un fracaso total. Ninguno de los aspectos claves del país funciona: ni la producción, ni la cultura ni la agricultura, ni las comunicaciones ni la moral. Colombia necesita una industria próspera, comunicaciones fáciles, baratas, necesitamos un agro avanzado, necesitamos escuelas. Pero para eso tenemos que eliminar los obstáculos del atraso: la dominación extranjera y la explotación terrateniente, la extorsión de la gran banca y los parásitos que medran en la maquinaria del Estado. Todo el producto del trabajo nacional se dilapida, no nos queda absolutamente nada. Por eso tenemos que librar una batalla gigantesca para que las riquezas naturales, los medios de producción, y entre ellos la tierra, pasen a ser propiedad del pueblo. Cuando logremos tener en nuestras manos el poder, tendremos que empezar a construir con nuestro trabajo y nuestro esfuerzo, una nación diferente. Esto parece un sueño inmenso. Pues para la realización de este sueño es que un puñado de hombres y mujeres hemos construido un partido diferente…
Si yo no estuviera convencido de que estas tareas, desde las históricas, hasta poner a funcionar las cooperativas campesinas, yo no hubiera venido esta noche a Montecristo a hablarles… Siempre piensa uno que son más grandes los obstáculos que nuestras fuerzas, pero si logramos profundizar en la raíz de los problemas y resolvemos el gran asunto de la unidad nacional, creo que podremos arrasar con todos los obstáculos que se han interpuesto durante tantos años a la felicidad y a la prosperidad del pueblo…”


Tomado de Navegantes de la utopía, “Maldita la paciencia”, Ángel Galeano Higua
Fundación Arte & Ciencia, 1997

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Giovanna Pezzotti

A blanco y negro

Ahora que Giovanna ha continuado su viaje cósmico, presentamos un perfil con el cual rendimos un homenaje a su memoria, como compañera y fotógrafa, arte al cual le entregó su vida. Se destacaron sus trabajos en el Barrio Moravia y la Cárcel La Ladera, y la ternura con que supo captar a los niños.

Ángel Galeano Higua

Giovanna Pezzotti

Cuando en una reunión del periódico vimos las fotografías que Giovanna Pezzotti había tomado en Moravia hacía más de 30 años, comprendimos que estábamos ante una mujer que sabía mirar más allá de la lente y que cada fotografía contenía una fuerza crítica que mostraba el drama humano desde otras perspectivas. Desde atrás de la cámara ha visto derrumbarse durante 40 años muchas de sus ilusiones y quizás por ello su desencanto lo expresa como polémica e irreverencia que a muchos incomoda.

A caballito – Fotografía de Giovanna Pezzotti

Giovanna es hija del conde italiano Francesco Antonio Giovanny Pezzotti nacido en Escalea y de Teresa Villegas oriunda de Aguadas. Se conocieron cuando Francesco vino a Colombia en 1900 a bordo de una embarcación del abuelo Pezzotti con el propósito de comprar oro. Visitó varias minas, entre ellas El Zancudo. Pernoctó en una hospedería del barrio Buenos Aires de Medellín donde conoció a Teresa. De los seis hijos que tuvieron Giovanna fue la única mujer.
Desde muy joven Giovanna se mostró poco amiga de la modorra liquidacionista que contiene la rutina. No hizo lo que otros querían y así llegó a Bayer, Alemania, para estudiar fotografía. A su regreso, un día cualquiera le dijo al director del periódico El Colombiano, de Medellín, que ella era fotógrafa y que le gustaría trabajar para ese diario. Entonces él le pidió que de inmediato fuera a cubrir un evento y de esa forma empezó su carrera profesional pero independiente, porque siempre trabajó así, independiente.

“Somos payasos pero nos creemos dioses”

El oficio del fotógrafo requiere atrevimiento de malabarista y curiosidad de investigador. Obra haciendo caso omiso de lo que no está en el encuadre, llegando a correr riesgos inesperados. Como le sucedió a Giovanna cuando cubría una manifestación de un reconocido cacique liberal de los años 80: buscando nuevos ángulos se subió a un muro y sin darse cuenta dio un paso atrás y cayó al vacío.

Niños de Moravia – Foto de Giovanna Pezzoti

Ella oía que al otro lado de la pared preguntaban ¿qué se hizo la fotógrafa?
“Los fotógrafos somos muy payasos. Nos tiramos al suelo, subimos a las paredes buscando ángulos y nos convertimos en centros de atención de la gente”, sostiene Giovanna. Según ella, los fotógrafos suelen creerse dioses que juegan con el tiempo y la distancia. Quieren eternizar lo efímero y lubricar la memoria. “Con la fotografía uno no olvida nada, uno se siente como un dios… Para mí la fotografía es un constante asombro, siempre corría a revelar las películas como si fuera a descubrir algo nuevo”.

“El matrimonio es un estorbo”

“A pesar de ser bajita no me faltaron los pretendientes”. Varias veces estuvo a punto de casarse. Pero los novios se oponían a que le dedicara más tiempo a la cámara que a ellos. Con uno de ellos rompió el compromiso porque la puso contra la pared ya que Giovanna quería cubrir la Vuelta a Colombia: o la vuelta o yo. Ella se fue con su cámara y nunca más supo de él.

Perfil de Mujer, crónicas y reportajes 30 Años de EL PEQUEÑO PERIÓDICO

Perfil de Mujer, crónicas y reportajes 30 Años de EL PEQUEÑO PERIÓDICO

Hoy no se arrepiente: “El matrimonio es una esclavitud para la mujer, yo nunca quise echarme encima esas preocupaciones de tener hijos”. Y hablando de la situación de la mujer en nuestra sociedad sostiene con vehemencia que “La suerte de la mujer no ha cambiado nada. Antes la mujer era bien vista por su saber, por sus conocimientos. Hoy está más esclavizada en todo sentido: sometida a la dieta, la silicona, las modas… Está peor”.
¿Tus fotografías ayudaron a alguien alguna vez?, le preguntamos. “Sí, varias veces. Había mujeres que se creían feas y vivían acomplejadas, pero cuando les tomaba fotografías y se las mostraba ya no se veían así”.

El compromiso del fotógrafo

“Con la fotografía aprendí a romper mitos. Me hice irreverente… La cámara da cierto poder y sin que uno se lo proponga siempre está al frente”. Con la doble ventaja de tener una cámara y ser mujer entró donde se lo propuso con el fin de hacer reportería. En esos gajes del oficio sentía necesidad de comprometerse con los más humildes. Ora en las luchas por la vivienda en Moravia, ora en las huelgas estudiantiles de la Universidad de Antioquia. Fue encarcelada varias veces, pero no por su oficio propiamente, sino porque no soportaba el deseo de hacer parte de lo que veía detrás de la lente. Así sucedió en una refriega entre la policía y los tugurianos de Moravia. Durante una manifestación estudiantil cometió el error de olvidar que era fotógrafa y se sumó a la protesta. Fue reseñada porque al ver una piedra que se dirigía directamente hacia ella, se agachó y la piedra se estrelló contra un capitán de la policía que estaba detrás. “Fui detenida por haberme agachado”.
Así como por su lente pasaron esas jornadas, también desfilaron los más diversos personajes desde Cortázar, García Márquez, Mario Benedetti, el Rey Hussein, Doménico Modugno, hasta presidentes y mafiosos como Pablo Escobar cuando echaba discursos en la plaza pública.
Cuando Colombia entró en la debacle de los años 80, muchos intelectuales, artistas y periodistas debieron abandonar el país. Giovanna tuvo que hacerlo en 1987 radicándose en Italia, su segunda patria, la que visitaba cada año, desde su infancia, para departir con su familia paterna. En Roma trabajó para diversos periódicos y revistas. Tuvo la oportunidad de conocer al Papa Juan Pablo II por casualidad en una calle de la capital italiana cuando el alto jerarca llegó para asistir a una reunión con personajes de la vida pública italiana, entre ellos el presidente. A Giovanna le causó gran impresión el hecho de que el Papa se hubiera salido del protocolo y la hubiera saludado a ella y otras personas que se hallaban en la acera. Cuando ella le dijo que era colombiana el Papa le puso la mano en la cabeza y le dijo: “Me duele la guerra del narcotráfico y la guerrilla”. “Vi que era un hombre sencillo y muy sensible”, dice la fotógrafa.
Pero en Italia también tuvo dificultades con ciertos personajes que la amenazaron y debido a ello sufrió un infarto que la llevó hasta el borde de la muerte. “Entonces colgué la cámara por miedo. Soy otra desde ese momento, entendí que había llevado una vida inconsciente y que por ello fui tan atrevida e irreverente. Decidí dedicar mi vida a escribir una novela”.

A blanco y negro

Para Giovanna la fotografía debiera ser a blanco y negro, porque “El color distrae la atención, en cambio a blanco y negro uno mismo le pone los colores”.
Hoy, la veterana fotógrafa gasta su tiempo haciendo gimnasia, escribiendo su novela y yendo al estadio a ver fútbol. Le gusta leer a los clásicos: “Goethe es fabuloso, Gabo me fascina, las novelas policíacas me atraen y, a aunque a muchos no les gusta, yo sí leo a Fernando Vallejo”.

Lectura en la cárcel La Ladera, 1970 –

También le gusta cocinar, comer chocolates, le encantan los vinos y los quesos. “Procuro aplicar lo que dijeron los griegos: mente sana en cuerpo sano. No voy donde los médicos porque son verdaderos matasanos, ellos lo enferman a uno”. Quizás por eso su mayor temor es a enfermarse.
Para Giovanna la fotografía atraviesa un momento muy difícil debido al endiosamiento de la tecnología digital. El buen gusto se ha visto afectado. Le sigue atrayendo esa relación entre la pintura y la fotografía, pues para ambas el tiempo no pasa. “El Coliseo romano, por ejemplo, tiene miles de años y encierra tanta información… Me gustó fotografiar ese tipo de construcciones antiguas por la abundante información histórica que tienen”.
Paradójicamente a la fotógrafa colombo-italiana no le gusta que la fotografíen. “Cuando me toman fotografías me destruyen”.
¿Qué le gustaría fotografiar hoy? “No sabría, porque el mundo se nos cerró, nos lo cerraron. Me parece muy triste el mundo de hoy, aunque puede ser un momento de transición y quizás vengan tiempos mejores”.

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Tomado de Perfil de Mujer, Edición 74, EL PEQUEÑO PERIÓDICO.

Luego apareció publicado en el libro de antología con motivo de los 30 años de vida del periódico. El cuento “Rosita“, escrito por Giovanna Pezzotti, hace parte del primer libro publicado por el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, Primer Conjuro, 2008, editado por FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA. Lo publicaremos en próximos días.

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De la memoria

Dagoberto Rodríguez Alemán

 

Origen y pasado borbotean recuerdos
ellos nos nombran, enigma,
espacio imaginario, instantes congelados.

El tiempo inacabado, liberando la evocación de los días,
el ser como sombra a la deriva,
es imagen de la memoria.

Preguntas y respuestas de un ayer
escudriñan en el olvido,
la edad en la rememoración del hombre.


Este poema apareció publicado en la edición impresa de EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 102. El autor reside en Mompox. De la mujeres ausentes es su último libro de poemas editado por la Fundación Arte & Ciencia de Medellín.

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Un segundo

María Isabel García

¿Qué es un segundo? No te lo diré, te lo mostraré. Es cuando te sientas, te acuestas, te levantas, caminas un paso hacia adelante y otro hacia atrás, te caes, te paras. Abrazas, te besan. Pones a hervir la leche y se derrama. Saludas, agradeces y te despides. La llanta se pincha en medio de la carretera. Sientes caer una gota de agua. Una nota musical te llega. Recuerdas un nombre. Dices te amo. Escribes una palabra, pronuncias otra. Cuentas uno, respiras, sonríes, abres los ojos, apagas la luz, te mueres. Cada cosa sucede en un segundo.


Publicado en El Pequeño Periódico 102, edición impresa. María Isabel García pertenece al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que se reúne los sábados en OTRAPARTE. El texto corresponde a sus ejercicios de Diario literario.

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Al pie de un almendro

Giovany Arana Loaiza

Caminó hasta la esquina. Convirtiéndose en uno solo con la sombra del árbol se agachó soportando el dolor en las rodillas, aun sabiendo que dolerían mucho más al ponerse de pie. Como si el sonido del plástico fuera un delator ineludible de su condición médica, luchó contra el dolor en sus articulaciones para destapar la primera bolsa con el menor ruido posible. Vació el contenido intentando no esparcirlo con el temblor de sus manos para dejar un solo montón uniforme. De la segunda bolsa sacó una botella de agua y un recipiente de peltre que ya tenía más negro que blanco. Lo llenó con el líquido casi sin derramar ni una gota, y sonrió por eso. Volvió a guardar la botella haciendo un solo paquete con ambas bolsas. Abrazando el tronco del árbol, y en mucho más tiempo del que le tomó agacharse, logró al fin ponerse de pie. Con pasos cortos e inestables cruzó la calle y se sentó en la silla del paradero de bus. Pasaron todas las rutas y no subió a ninguna porque lo que esperaba era al amigo de cuatro patas que todos los días, sin falta, llegaba a las tres de la tarde a comer el alimento que encontraba al pie de un almendro.

garanal78@gmail

Instagram: @garanal78

 


Publicado en EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 102, Edición impresa. El autor pertenece al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que se reúne los sábados en OTRAPARTE.

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