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Archive for the ‘El Pequeño Periódico’ Category

Giovanna Pezzotti

A blanco y negro

Ahora que Giovanna ha continuado su viaje cósmico, presentamos un perfil con el cual rendimos un homenaje a su memoria, como compañera y fotógrafa, arte al cual le entregó su vida. Se destacaron sus trabajos en el Barrio Moravia y la Cárcel La Ladera, y la ternura con que supo captar a los niños.

Ángel Galeano Higua

Giovanna Pezzotti

Cuando en una reunión del periódico vimos las fotografías que Giovanna Pezzotti había tomado en Moravia hacía más de 30 años, comprendimos que estábamos ante una mujer que sabía mirar más allá de la lente y que cada fotografía contenía una fuerza crítica que mostraba el drama humano desde otras perspectivas. Desde atrás de la cámara ha visto derrumbarse durante 40 años muchas de sus ilusiones y quizás por ello su desencanto lo expresa como polémica e irreverencia que a muchos incomoda.

A caballito – Fotografía de Giovanna Pezzotti

Giovanna es hija del conde italiano Francesco Antonio Giovanny Pezzotti nacido en Escalea y de Teresa Villegas oriunda de Aguadas. Se conocieron cuando Francesco vino a Colombia en 1900 a bordo de una embarcación del abuelo Pezzotti con el propósito de comprar oro. Visitó varias minas, entre ellas El Zancudo. Pernoctó en una hospedería del barrio Buenos Aires de Medellín donde conoció a Teresa. De los seis hijos que tuvieron Giovanna fue la única mujer.
Desde muy joven Giovanna se mostró poco amiga de la modorra liquidacionista que contiene la rutina. No hizo lo que otros querían y así llegó a Bayer, Alemania, para estudiar fotografía. A su regreso, un día cualquiera le dijo al director del periódico El Colombiano, de Medellín, que ella era fotógrafa y que le gustaría trabajar para ese diario. Entonces él le pidió que de inmediato fuera a cubrir un evento y de esa forma empezó su carrera profesional pero independiente, porque siempre trabajó así, independiente.

“Somos payasos pero nos creemos dioses”

El oficio del fotógrafo requiere atrevimiento de malabarista y curiosidad de investigador. Obra haciendo caso omiso de lo que no está en el encuadre, llegando a correr riesgos inesperados. Como le sucedió a Giovanna cuando cubría una manifestación de un reconocido cacique liberal de los años 80: buscando nuevos ángulos se subió a un muro y sin darse cuenta dio un paso atrás y cayó al vacío.

Niños de Moravia – Foto de Giovanna Pezzoti

Ella oía que al otro lado de la pared preguntaban ¿qué se hizo la fotógrafa?
“Los fotógrafos somos muy payasos. Nos tiramos al suelo, subimos a las paredes buscando ángulos y nos convertimos en centros de atención de la gente”, sostiene Giovanna. Según ella, los fotógrafos suelen creerse dioses que juegan con el tiempo y la distancia. Quieren eternizar lo efímero y lubricar la memoria. “Con la fotografía uno no olvida nada, uno se siente como un dios… Para mí la fotografía es un constante asombro, siempre corría a revelar las películas como si fuera a descubrir algo nuevo”.

“El matrimonio es un estorbo”

“A pesar de ser bajita no me faltaron los pretendientes”. Varias veces estuvo a punto de casarse. Pero los novios se oponían a que le dedicara más tiempo a la cámara que a ellos. Con uno de ellos rompió el compromiso porque la puso contra la pared ya que Giovanna quería cubrir la Vuelta a Colombia: o la vuelta o yo. Ella se fue con su cámara y nunca más supo de él.

Perfil de Mujer, crónicas y reportajes 30 Años de EL PEQUEÑO PERIÓDICO

Perfil de Mujer, crónicas y reportajes 30 Años de EL PEQUEÑO PERIÓDICO

Hoy no se arrepiente: “El matrimonio es una esclavitud para la mujer, yo nunca quise echarme encima esas preocupaciones de tener hijos”. Y hablando de la situación de la mujer en nuestra sociedad sostiene con vehemencia que “La suerte de la mujer no ha cambiado nada. Antes la mujer era bien vista por su saber, por sus conocimientos. Hoy está más esclavizada en todo sentido: sometida a la dieta, la silicona, las modas… Está peor”.
¿Tus fotografías ayudaron a alguien alguna vez?, le preguntamos. “Sí, varias veces. Había mujeres que se creían feas y vivían acomplejadas, pero cuando les tomaba fotografías y se las mostraba ya no se veían así”.

El compromiso del fotógrafo

“Con la fotografía aprendí a romper mitos. Me hice irreverente… La cámara da cierto poder y sin que uno se lo proponga siempre está al frente”. Con la doble ventaja de tener una cámara y ser mujer entró donde se lo propuso con el fin de hacer reportería. En esos gajes del oficio sentía necesidad de comprometerse con los más humildes. Ora en las luchas por la vivienda en Moravia, ora en las huelgas estudiantiles de la Universidad de Antioquia. Fue encarcelada varias veces, pero no por su oficio propiamente, sino porque no soportaba el deseo de hacer parte de lo que veía detrás de la lente. Así sucedió en una refriega entre la policía y los tugurianos de Moravia. Durante una manifestación estudiantil cometió el error de olvidar que era fotógrafa y se sumó a la protesta. Fue reseñada porque al ver una piedra que se dirigía directamente hacia ella, se agachó y la piedra se estrelló contra un capitán de la policía que estaba detrás. “Fui detenida por haberme agachado”.
Así como por su lente pasaron esas jornadas, también desfilaron los más diversos personajes desde Cortázar, García Márquez, Mario Benedetti, el Rey Hussein, Doménico Modugno, hasta presidentes y mafiosos como Pablo Escobar cuando echaba discursos en la plaza pública.
Cuando Colombia entró en la debacle de los años 80, muchos intelectuales, artistas y periodistas debieron abandonar el país. Giovanna tuvo que hacerlo en 1987 radicándose en Italia, su segunda patria, la que visitaba cada año, desde su infancia, para departir con su familia paterna. En Roma trabajó para diversos periódicos y revistas. Tuvo la oportunidad de conocer al Papa Juan Pablo II por casualidad en una calle de la capital italiana cuando el alto jerarca llegó para asistir a una reunión con personajes de la vida pública italiana, entre ellos el presidente. A Giovanna le causó gran impresión el hecho de que el Papa se hubiera salido del protocolo y la hubiera saludado a ella y otras personas que se hallaban en la acera. Cuando ella le dijo que era colombiana el Papa le puso la mano en la cabeza y le dijo: “Me duele la guerra del narcotráfico y la guerrilla”. “Vi que era un hombre sencillo y muy sensible”, dice la fotógrafa.
Pero en Italia también tuvo dificultades con ciertos personajes que la amenazaron y debido a ello sufrió un infarto que la llevó hasta el borde de la muerte. “Entonces colgué la cámara por miedo. Soy otra desde ese momento, entendí que había llevado una vida inconsciente y que por ello fui tan atrevida e irreverente. Decidí dedicar mi vida a escribir una novela”.

A blanco y negro

Para Giovanna la fotografía debiera ser a blanco y negro, porque “El color distrae la atención, en cambio a blanco y negro uno mismo le pone los colores”.
Hoy, la veterana fotógrafa gasta su tiempo haciendo gimnasia, escribiendo su novela y yendo al estadio a ver fútbol. Le gusta leer a los clásicos: “Goethe es fabuloso, Gabo me fascina, las novelas policíacas me atraen y, a aunque a muchos no les gusta, yo sí leo a Fernando Vallejo”.

Lectura en la cárcel La Ladera, 1970 –

También le gusta cocinar, comer chocolates, le encantan los vinos y los quesos. “Procuro aplicar lo que dijeron los griegos: mente sana en cuerpo sano. No voy donde los médicos porque son verdaderos matasanos, ellos lo enferman a uno”. Quizás por eso su mayor temor es a enfermarse.
Para Giovanna la fotografía atraviesa un momento muy difícil debido al endiosamiento de la tecnología digital. El buen gusto se ha visto afectado. Le sigue atrayendo esa relación entre la pintura y la fotografía, pues para ambas el tiempo no pasa. “El Coliseo romano, por ejemplo, tiene miles de años y encierra tanta información… Me gustó fotografiar ese tipo de construcciones antiguas por la abundante información histórica que tienen”.
Paradójicamente a la fotógrafa colombo-italiana no le gusta que la fotografíen. “Cuando me toman fotografías me destruyen”.
¿Qué le gustaría fotografiar hoy? “No sabría, porque el mundo se nos cerró, nos lo cerraron. Me parece muy triste el mundo de hoy, aunque puede ser un momento de transición y quizás vengan tiempos mejores”.

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Tomado de Perfil de Mujer, Edición 74, EL PEQUEÑO PERIÓDICO.

Luego apareció publicado en el libro de antología con motivo de los 30 años de vida del periódico. El cuento “Rosita“, escrito por Giovanna Pezzotti, hace parte del primer libro publicado por el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, Primer Conjuro, 2008, editado por FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA. Lo publicaremos en próximos días.

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De la memoria

Dagoberto Rodríguez Alemán

 

Origen y pasado borbotean recuerdos
ellos nos nombran, enigma,
espacio imaginario, instantes congelados.

El tiempo inacabado, liberando la evocación de los días,
el ser como sombra a la deriva,
es imagen de la memoria.

Preguntas y respuestas de un ayer
escudriñan en el olvido,
la edad en la rememoración del hombre.


Este poema apareció publicado en la edición impresa de EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 102. El autor reside en Mompox. De la mujeres ausentes es su último libro de poemas editado por la Fundación Arte & Ciencia de Medellín.

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Un segundo

María Isabel García

¿Qué es un segundo? No te lo diré, te lo mostraré. Es cuando te sientas, te acuestas, te levantas, caminas un paso hacia adelante y otro hacia atrás, te caes, te paras. Abrazas, te besan. Pones a hervir la leche y se derrama. Saludas, agradeces y te despides. La llanta se pincha en medio de la carretera. Sientes caer una gota de agua. Una nota musical te llega. Recuerdas un nombre. Dices te amo. Escribes una palabra, pronuncias otra. Cuentas uno, respiras, sonríes, abres los ojos, apagas la luz, te mueres. Cada cosa sucede en un segundo.


Publicado en El Pequeño Periódico 102, edición impresa. María Isabel García pertenece al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que se reúne los sábados en OTRAPARTE. El texto corresponde a sus ejercicios de Diario literario.

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Al pie de un almendro

Giovany Arana Loaiza

Caminó hasta la esquina. Convirtiéndose en uno solo con la sombra del árbol se agachó soportando el dolor en las rodillas, aun sabiendo que dolerían mucho más al ponerse de pie. Como si el sonido del plástico fuera un delator ineludible de su condición médica, luchó contra el dolor en sus articulaciones para destapar la primera bolsa con el menor ruido posible. Vació el contenido intentando no esparcirlo con el temblor de sus manos para dejar un solo montón uniforme. De la segunda bolsa sacó una botella de agua y un recipiente de peltre que ya tenía más negro que blanco. Lo llenó con el líquido casi sin derramar ni una gota, y sonrió por eso. Volvió a guardar la botella haciendo un solo paquete con ambas bolsas. Abrazando el tronco del árbol, y en mucho más tiempo del que le tomó agacharse, logró al fin ponerse de pie. Con pasos cortos e inestables cruzó la calle y se sentó en la silla del paradero de bus. Pasaron todas las rutas y no subió a ninguna porque lo que esperaba era al amigo de cuatro patas que todos los días, sin falta, llegaba a las tres de la tarde a comer el alimento que encontraba al pie de un almendro.

garanal78@gmail

Instagram: @garanal78

 


Publicado en EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 102, Edición impresa. El autor pertenece al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que se reúne los sábados en OTRAPARTE.

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Vivir y escuchar

Ángela María Salazar Álvarez

Cómo me cuesta confesar que he escrito más de una página en vano, que han ido directo al cesto de la basura, pero continúo buscando en los recuerdos, en las imágenes que veo en la calle, en las bibliotecas y hasta en los personajes que surgen de lo cotidiano.

Ese ha sido mi método, vivir, escuchar el paso del río y el canto de las aves que lo habitan. Cuando escribo un texto, un cuento, dejo mi sudor, alcanzo la cúspide creativa en ese momento, pero antes echo mano de los recursos que para cada uno son diferentes. Indago en bibliotecas, allí me sumerjo y hasta me olvido del tiempo, sólo me percato cuando apagan las luces.

Investigo sobre lo que habito y lo que veo. Construyo viajes que en ocasiones termino y en otras dejo en el camino, como me ocurrió con Curvas, incluido en un libro por el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo publicó y cuyo tema principal es el río Aburrá. Descubrí que le cercenaron sus meandros al canalizarlo y percibí la contaminación en sus aguas.

Con el Grupo visitamos el nacimiento del río, avistamos su flora y su fauna. Y en la ciudad, en un rinconcito suspendido sobre su aguas, encontré los restos de lo que fue el Instituto Mi Río. Sentarme en este puente y observar el cauce lento, ya viejo, fue doloroso. Sus olores, sus habitantes. Allí tejí varios personajes que quedaron plasmados en los libros La palabra se baña en el río, Cuando el río Suena y Aoketekete y otros relatos.

 

La investigación es un proceso que sirve para dar mayor significación a lo observado, lo cotidiano, que no se nos escape nada, ni el más mínimo detalle, y así, darlo a conocer, atraparlo y plasmarlo con palabras, lanzarnos con fuerza innovadora, con pálpitos e imágenes que nos persiguen y hacer de ellos una danza de letras. De tal manera que al final sea más importante el proceso que el logro mismo.

 

angelmas6963@hotmail.com

 

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La autora pertenece al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que se reúne en la Biblioteca Pública Piloto. Este texto fue publicado en EL PEQUEÑO PERIÓDICO No 102, edición impresa, 2018, página 11, con motivo de los 10 Años del Grupo.

 

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Adiós al amigo, al compañero, al hermano, al camarada, al científico.

 

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Su legado más combativo

Ángel Galeano Higua

Hace poco más de 7 años inicié uno de los trabajos de edición más apasionantes, de los escritos más polémicos, hermosos e inquietantes: Errores fundamentales de la medicina oficial. Su autor, nuestro gran amigo, compañero, maestro y camarada de la vida, el Doctor ROBERTO GIRALDO MOLINA, me permitió el privilegio de ayudarle en la redacción del texto, con todo lo que esto implica de análisis y discusión de cada párrafo, cada idea expresada, cada afirmación. Doy fe de varias de las grandes jornadas que tuvo que sostener para sacar adelante esta obra que hoy aparece, por fin, publicada por Proton Editora de Brasil. Supo vencer todos los obstáculos de la más diversa índole, para coronar con éxito su cometido. En mi opinión es su legado más combativo, su entrega más honrada, su testamento más completo. La forma más maravillosa de un hombre que se despide de este planeta para proseguir su viaje cósmico.
El Doctor Roberto Giraldo pertenece a la llamada “Generación de los descalzos”, ese puñado de soñadores que abandonaron todas las comodidades para ir a los lugares más abandonados de nuestro país con el fin de ponerse al servicio de nuestros compatriotas más pobres, y ayudarles a vivir con salud y dignidad. Y con ese espíritu, esa vocación, esa entrega, vivió toda su vida.

En el siguiente texto de Presentación, escrito por él, se puede percibir la grandeza de su propósito, el valor de ir contra la corriente y la claridad de su incesante batalla contra la perversión del mundo, los corruptos que controlan la salud y la educación y todas la órbitas de la sociedad.

Desde este espacio de la FUNDACIÓN ARTE Y CIENCIA y EL PEQUEÑO PERIÓDICO rendimos homenaje a quien fuera uno de nuestros más entusiastas colaboradores. Muchas de sus enseñanzas nos dieron luces para no desmayar. Continuaremos inspirados por su ejemplo y seguiremos fieles a la divulgación de su obra. Nunca trató de matizar sus descubrimientos, al contrario, con la franqueza de quien sabe que la honradez debe ser íntegra, los expuso sin ambages ante los más variados públicos.

 

Roberto Giraldo Molina, “Por el mejoramiento de la salud y de las condiciones de vida de los habitantes del planeta”. (Foto archivo)

Errores fundamentales de la medicina oficial

Academia y Ciencia:

Dos asuntos completamente diferentes

Roberto Giraldo Molina

Los conceptos descritos en este libro sobre microbios, vacunas, sida, cáncer y medicina de alma, son contrarios y muchas veces antagónicos con los paradigmas de la Medicina Oficial y de la sociedad actual.

Para entender esta aparente incongruencia, es necesario comprender que el “académico” o persona que trabaja o escribe en el ambiente educativo oficial, en la gran mayoría de las veces, justifica sus investigaciones, ideas y opiniones haciendo referencia a documentos existentes en libros oficiales o en artículos publicados por las llamadas “revistas indexadas o científicas”.

Sin embargo, el auténtico científico va más allá, no se limita a aceptar lo publicado en escritos y documentos oficiales. Él consigue aprender incluso de personas sin títulos académicos, escucha a todo el mundo, usa en forma permanente su percepción, su intuición y su sentido común, para saber si algo tiene validez científica, es decir, si es Bueno, Bello y Verdadero.

Pero por desgracia, todavía hoy en día, la política y los puntos de vista de las instituciones oficiales y de las personas corruptas que las dirigen, están por encima de las verdades científicas.

En la década de los años 80, cuando expliqué en documentos, conferencias y artículos que lo se conocía como Virus de la Inmunodeficiencia Humana, VIH, no era, no había sido, ni podía ser la causa del Sida, muchos médicos, amigos y académicos me preguntaban ¿dónde había leído eso? Significando que personas con mis apellidos y con mi origen colombiano, no teníamos derecho a intuir y percibir lo bueno y lo verdadero de aquella enfermedad.

Si leyeran este libro, muchos académicos me atacarán con furia. Sólo espero que algún día Dios los ilumine para darse cuenta de sus errores y del grave daño que causan.

Escribí este libro para ayudar a mis semejantes, cumpliendo así con mi juramento hipocrático. Es además, un granito de arena que se une a muchas personalidades, asociaciones e instituciones de todo el mundo que luchamos para salvar a nuestro planeta y a todos los seres de la creación, de la corrupción rampante.

 

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