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Archive for the ‘El Aprendiz de brujo’ Category

Nuevo libro Perlas de aprendiz – Apuntes de Diario


El Heródoto interior


Ángel Galeano Higua


Si se nos diera la oportunidad de escribir un diario conformado por una sola palabra infinita y continua, sin signos de puntuación, enganchada su grafía sin fisura alguna, ajena a la fragmentación y los títulos, urdida como un todo compacto e impenetrable, comprenderíamos mejor la inmensidad del lenguaje, del silencio y la interpretación.

Para los aprendices que transitamos el camino del arte de la palabra, un diario literario de esta naturaleza sería más que una herramienta hermética. Se nos revelaría como confidente incorruptible, lubricante de la memoria, laboratorio de transgresiones. Tal ejercicio sería, por necesidad, un baluarte de la observación y un tallador de soledades.

El diario surge como una recomendación para quienes ingresan al Grupo Literario, con la advertencia de que sin interiorizar su utilidad es imposible cultivarlo. No es sólo un receptáculo de tanteos enriquecido con tachones y subrayados, desordenadas confesiones reales o ficticias. Es también brújula y exploración, testimonio del desencanto y la ilusión, fruto del largo camino de la condensación.

Perlas de Aprendiz es un muestreo de las pequeñísimas joyas personales que varios aprendices han seleccionado de sus diarios, en un acto de sencilla confrontación con ellos mismos. Un riesgo valioso para su aventura y un acto de valentía inspirado en el juego creativo. 

Ellos saben que el tiempo es el escultor que pule las últimas aristas y que la persistencia es una virtud que se adquiere. Si se les diera la oportunidad de labrar ese diario con una sola palabra continua, serían una expresión viajera del Heródoto interior que los conjura con el ejemplo de sus pergaminos infinitos, y la vida no alcanzaría para descifrar la parrafada de miles de hojas resultantes.

Ser su editor me enorgullece y siento gratitud hacia ellos por permitirme, en tiempos de confinamiento planetario, vivir a su lado durante varios meses la experiencia de enhebrar este collar de trece perlas.


Autores

Leandro Alberto Vásquez Sánchez

Nubia Amparo Mesa Granda

Diana Patricia Álvarez Betancur

Giovany Arana Loaiza

Andrés Osuna Solar

Juan Felipe Franco

María Eugenia Velásquez

María Isabel García Osorio

Francisco Pinzón Bedoya

Hermes Rafael Pineda Santis

Ángela María Salazar Álvarez

Álvaro Jiménez Guzmán

Nidya Bedoya Castrillón

 

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Nuevo libro de El Aprendiz de Brujo


En próximos días entrará en circulación el libro Perlas de aprendiz, constituido con apuntes de diario de trece autores participantes del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo de Medellín.
Se trata de una breve selección de los diarios literarios que cada autor lleva como herramienta de aprendizaje. Son fogonazos que cada uno considera significativos de su ejercicio en el arte de las palabras.
El nuevo libro, fruto del trabajo colectivo en lo que va corrido del presente año, en especial durante el confinamiento por la pandemia del Coniv-19, hace parte de la Colección El Aprendiz de Brujo en pequeño formato: “Letras móviles y marginales, ágiles historias… para el disfrute de sus lectores en movimiento que gustan de leer en cualquier lugar y a la hora signada por la imaginación”.
Perlas de aprendiz se suma a otros títulos de la colección, como La muñeca de sal, de Nubia Amparo Mesa Granda. Gambeta, de Leandro Alberto Vásquez Sánchez. Papá, de Claudia Restrepo Ruiz. La llegada del Chiminigagua, de Álvaro Jiménez Guzmán. La ninfa del aguá, de Andrés Osuna Solar. Los niños de Aquitania, de Ángel Galeano Higua.

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Literatura con sabor a café

65 mil matas de café en las goteras de Medellín. Teníamos que verlo para creerlo, y fuimos. Trepamos aquella montaña en Rodeo Alto, laberinto entre nuevos edificios, hasta llegar a Capilla del Rosario, la finca cafetera, donde nos esperaba José Posada, el joven emprendedor, quien nos haría una visita guiada, incluida una cata de café producido en su finca.

Cuando Felipe nos invitó a realizar este viaje creímos que se trataba de uno de sus fabulosos apuntes del diario. Pero como los miembros del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo somos propensos a la aventura, nos dejamos embaucar en la dicha de ese plan que disfrutamos el pasado sábado 21 de septiembre.

Miembros del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que participaron en la sesión campestre en la finca cafetera Capilla del Rosario, Medellín.

 

Nos atrae el viaje, la curiosidad y la necesidad de conocer más sobre nuestra ciudad y su entorno. Aprendices móviles, no todo es quietud en las sesiones de los martes y los sábados. Acción, movimiento, nuevos caminos. José nos instruyó sobre el proceso de producción del café, desde su siembra hasta el delicioso saboreo. Las distintas variedades, los cuidados para evitar las plagas, los semilleros, la recogida, el secado y demás pasos, hasta la molida. Los mitos populares sobre el café que suelen restarle calidad al aroma cuando se endulza.

Una lección en un lenguaje sencillo, transmitiendo la alegría propia de quien vibra con lo que hace, la pasión de un emprendedor que tiene plena confianza en el cultivo del café, un joven estudioso, investigador que ama la tierra, se preocupa por el destino del planeta y busca mermar el impacto de los abonos químicos.

Lista la mesa para la cata de café

Y al fondo, como una postal, la ciudad de Medellín, su aeropuerto en movimiento casi al alcance de la mano. La música en alguna casa cercana, colindante con las montañas de Itagüí. Un pulmón de eucaliptos, fuentes de agua, frutas, flores, abejas, mariposas, pájaros… Una fiesta de la naturaleza aquí mismo, en el costado centro occidente de Medellín.

 

Un viaje literario

La historia de Capilla del Rosario es la historia legendaria de una familia que supo velar por el cultivo del café como patrimonio cultural. Más que una marca que gana posiciones en el mercado nacional e internacional del grano de excelente calidad, es la vocación de una memoria agrícola que ha marcado la historia de nuestro país.

Enhorabuena supimos “cogerle la caña” a Felipe y seguirle en esta sesión literaria llena de vida. Fue una jornada de muchas alegrías, fortalecimiento del grupo y consolidación de nuestra propia vocación de aprendices.

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Balzac, sobre el café

El café acaricia la boca y la garganta y pone todas las fuerzas en movimiento: las ideas se precipitan como batallones en un gran ejército de batalla, el combate empieza, los recuerdos se despliegan como un estandarte.

La caballería ligera se lanza a una soberbia galopada, la artillería de la lógica avanza con sus razonamientos y sus encadenamientos impecables. Las frases ingeniosas parten como balas certeras. Los personajes toman forma y se destacan.

La pluma se desliza por el papel, el combate, la lucha, llega a una violencia extrema y luego muere bajo un mar de tinta negro como un auténtico campo de batalla que se oscurece en una nube de pólvora…

Tratado de los estimulantes modernos

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¿Cuál sería la suerte de Colombia si todas las familias escribieran su historia?

 

El caballo de Álvaro y su prole

Ángel Galeano Higua

Reunir en un libro de cuentos algunos recuerdos de los hijos durante las festividades de navidad, es el ejercicio que ha hecho Álvaro Jiménez Guzmán en Un caballo en la sala, editado por la Fundación Arte & Ciencia de Medellín y presentado en el marco de la 13° Fiesta del Libro por el poeta, escritor y promotor de lectura, William Rouge. (foto archivo)

La familia que dio vida al libro de cuentos de navidad, Un caballo en la sala, comandada por la pluma de Alvaro Jiménez Guzmán, su padre (de camisa azul), a su izquierda, de blanco, Edilma Vélez, su esposa. (Foto archivo Fundación Arte & Ciencia)

Cuando el autor me pidió que le acompañara en ese propósito, dos años atrás, mientras almorzábamos en un restaurante de Laureles, comprendí el espíritu que lo imbuía de aglutinar en palabras una época vivida en su familia, con sus hijos, durante lo que antes llamábamos “nochebuena”. Él ya había dado pistas sobre este proyecto cuando en el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo publicamos El traído, cuentos de navidad, que obtuvo en 2013 el premio Vigías del Patrimonio de la Secretaría de Cultura de la Alcaldía de Medellín.

El proyecto consistía en que Álvaro Jiménez entrevistaría a sus hijos sobre el tema navideño y con ese material escribiría los cuentos que darían cuerpo al libro. Con persistencia, dedicó varios meses a ese trabajo que me encomendó editar, labor que asumí con entusiasmo porque consideré desde el primer momento que se trataba de dejar una huella, una herencia en la familia, en los hijos de sus hijos, en sus nueras a quienes también entrevistó. Involucró, también, a la ilustradora Sara Ruiz Arévalo, quien supo captar los relatos con su color. La portada corrió a cargo de la Fundación Arte & Ciencia.

Fue un arduo trabajo de corrección, diseño e impresión que terminó en diciembre de 2018, justo para que se lo entregara a sus hijos como regalo de navidad.

Más que un libro de cuentos, Un caballo en la sala es un esfuerzo para la memoria, no sólo de su familia, sino de una época, de una festividad que sobrepasa los meros rituales de los creyentes.

Al cierre de la Fiesta del Libro 2019, en el salón de La Piloto del Orquideorama del Jardín Botánico, vimos con admiración a una familia recogida alrededor de un libro en el que se plasman con intención literaria, sus recuerdos que también nos salpican a los demás. Fue un momento digno, de gran sentimiento, que nos regocijó a quienes estuvimos implicados de alguna manera en su parto.

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Mañana domingo, Un caballo en la sala de La Piloto

Fiesta del libro, Jardín Botánico de Medellín –
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Nos unió “La duda”

Ecos del lanzamiento de un nuevo libro

La palabra hecha fraternidad, júbilo, armonía. Un libro polifónico con que el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo celebró sus primeros 10 años de asombros. Una fiesta dentro de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. Fue muy reconfortante ver a los autores de La duda rodeados por sus lectores, la familia y amigos, que llenaron el Salón Restrepo del Jardín Botánico de Medellín, el martes 10 de septiembre.

El evento se inició con la lectura del Prólogo escrito por el Director Editorial de la Fundación Arte & Ciencia y coordinador del Grupo Literario, Ángel Galeano Higua, una rememoración poética de lo que él denomina los hitos logrados en estos dos lustros de vida. El poeta Eladio Ospina leyó un mensaje en el que saludó el nacimiento de este nuevo libro. En próximos días publicaremos su escrito.

Al cierre del evento, Luis Hernán Rincón, veterano periodista, escritor y gestor cultural de Támesis, quien vino a la Fiesta del Libro con su esposa Merceditas, dedicó unas emocionadas palabras a los asistentes evocando sus años de participación en el Grupo.

La duda, título tomado del cuento escrito por Nubia Amparo Mesa Granda que hace parte del libro, mereció Mención de Honor del Ministerio de Cultura en la modalidad de Antología de cuentos de los talleres literarios del país en 2018.

 

¿Qué es literatura para los autores de La duda?

“La literatura es ese mundo paralelo donde convergen mis ángeles y mis demonios, mis dudas y la posibilidad de respuesta”.   Nubia Amparo Mesa Granda

“Me gusta leer a los maestros de la literatura porque crean mundos que revelan la complejidad de la existencia y la pobreza de la moral, los prejuicios y la realidad humana. En un momento de mi vida, sentí que tenía algo para decir. La escritura fue la forma más natural que encontré para expresarlo, aunque me cuesta redactar una frase. Intento aprender de los maestros. Si logro escribir, algún día, un cuento que conmueva un sólo corazón, ojalá sea el mío, este embrollo de vivir habrá valido la pena”  Leandro Alberto Vásquez Sánchez

“Me atrae la literatura porque me seduce la pluralidad y la posibilidad de escapar”. Diana A.

“La literatura hace más llevadera la vida”.    Claudia Restrepo Ruiz

“Leer ha sido lo más importante que he aprendido en mi vida. Leer le abre a la gente las puertas de la libertad y yo decidí cruzarlas usando la literatura como el alimento más enriquecedor de mi ser”. Giovany Arana Loaiza.

“La literatura me conecta con la vida, la verdadera, no la superflua. Con las letras leídas y escritas viajo, descubro, y me descubro hacia dónde puedo llegar. Leer literatura me libera de ser un autómata, un esclavo del consumo. También tengo conversaciones y nuevos amigos. Participo así de otro mundo, nueva oportunidad de disfrutar”.    Felipe Franco

“Me atrae la literatura porque me descubro en personajes de otros y me oculto en mis escritos. Porque aprendo a mentir las verdades y me encuentro con esa otra que también creo ser”.  Marta Cecilia Cadavid Moreno

“La literatura es mi alimento, mi transformación, es donde me sumerjo para olvidarlo todo”. Ángela María Salazar Álvarez

“La literatura es una manifestación artística de la palabra, con la cual también puedo expresar el drama que nos agobia o rodea, y que si no se contara con un propósito estético no se podría conocer, como la literatura de todos los tiempos”.  Álvaro Jiménez Guzmán

“En el hogar de mi infancia ocurrieron acontecimientos fantásticos que hacían volar el pensamiento. Ahí fui llenando mi baúl con esas historias que hoy plasmo aquí”.   Andrés Osuna Solar

“La literatura desarrolla mi imaginación; puedo volar a mundos desconocidos; la siento como un amigo incondicional que me acompaña sin preguntarme quién soy ni cómo me siento cuando lo busco”.  María Eugenia Velásquez Toro.

“La literatura es una manera de vencer el tiempo y de ser quienes somos a partir de un personaje en una historia”. Hermes Rafael Pineda Santis.

“En la literatura encuentro una fuente inagotable de lectura y escritura, creación y recreación, gracias a las historias contadas con la magia de las palabras, que me hacer sumergir en el mundo de las emociones y los sentimientos, para comprender sin juzgar al ser humano que hay en mí y en el otro que me acompaña en el camino de la vida”.  María Isabel García Osorio.

“La literatura es mi salvavidas. Es mi arte de enloquecer con imaginación y elegancia dando vuelo a historias ciertas e inventadas. Es el mundo al que entré para no volver a salir de él”.  Marisol Gómez Gil.

“La literatura son varias voces que me acompañan en una inspiración, las escucho, ellas se van desvaneciendo quedando una insistiendo que me ocupe de lo que debo escribir”.  Nidya Bedoya Castrillón.

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La duda, Cuentos. Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, 120 páginas. Edit. FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA. Impreso en papel ecológico. Valor $30 mil. Puede solicitarlo a: fundarteyciencia@gmail.com o al celular 315 476 8993. Envíos por correo a domicilio. El producto de esta venta se reinvierte en la publicación de otros libros.

 

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Estamos en la Fiesta del Libro de Medellín

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Prólogo

Un discreto faro

Ángel Galeano Higua

 

Diez años son una significativa tajada de vida que nos estimula a mirarnos en el claroscuro espejo de nuestro camino. Hemos sido caballos indómitos y furiosos, turpiales y felinos, agua detractora y ciudad agazapada. Impelidos por dos, tres historias que no cesan, nos empecinamos en cultivar el arte de la palabra.

Hemos sido piedras y torrentes, árboles y viento. Dioses engreídos, convencidos de que la palabra que plasmábamos era inmortal. Pero bastaba un parpadeo para que nuestro apetito no concordara con la hambrienta necesidad de expresarnos. Los castillos se desplomaban y no teníamos más fortaleza para la jornada siguiente que la endemoniada terquedad de nuestras angustias. Piedra o torrente, no hemos sido más que un lametazo de fuego con ínfulas de incendio.

Nos urge aprender a leer y a escribir porque algo nos carcome y queremos contarlo, a sabiendas del mundo que se nos viene encima. Al cabo de esta aventura, las palabras, que sufrieron tanto con nosotros, llegan temblando, sudorosas, algunas trepan las cúspides de nuestras fantasías y las más quedan tendidas a la vera del camino. Hoy nos detenemos un momento para explorar las pisadas con que hemos hollado la década y descubrimos, entre jubilosos e incrédulos, que tenemos un pequeño botín de cinco hitos que constituyen nuestro tesoro, disfrutado en común, producto de nuestra experiencia. No lo hemos deslustrado en ninguna pasarela, permanece ahí, entre nosotros, algo tosco, refugiado en el natural desorden, luminoso y enhiesto como un discreto faro.

Hitos, sí, hitos que van desde el Diario Literario, hasta el carácter de nuestras sesiones, pasando por el rastreo y saqueo de obras maestras, el ejercicio de edición y luego la crucial decisión de publicar, con todos los retos que ello implica. Cinco mojones que señalan la ruta trasegada por el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo.

El Diario Literario es nuestra primera conquista. Banco de detalles y atrevimientos, aventura de la observación que nos convierte en cronistas de nuestras propias andanzas, reales e imaginadas. En cada sesión salta a la palestra alguien atrevido para compartir fogonazos de su Diario que suscitan el derroche de una deliciosa e intensa conversación. Sólo quienes hayan adquirido el hábito de llevar el Diario podrán dar fe de sus íntimas ventajas.

La segunda victoria la constituyen las sesiones semanales. Encuentros, entrecruces de inquietudes éticas y estéticas, ejercicios, certezas, asombros. Alrededor de una mesa, formidable campo de batalla, nos vemos las manos libres e inquietas tomando nota. No hay cátedra ni consejos, sólo regocijo de aprendices que comparten sus pesquisas. No somos un taller, ni un club de amigos. No tenemos clases ni profesor, somos aprendices. La puerta permanece abierta, no hay reglamento. Nada es obligatorio, la libertad es el motor que ruge y nos sostiene alrededor de la obra, centro supremo de nuestro viaje. Porque sin viaje no hay narración y sin obra nada sublime nos distingue.

Cada tanto escogemos una obra maestra, de esas que iluminan la literatura universal, la exploramos, intentamos percibir su espíritu, detectar sus enigmas, asomarnos a su arquitectura y saquear sus técnicas, con la pretenciosa tentación de aplicarlas en nuestros escritos. En ese trance descubrimos que algunos de esos grandes no lo son tanto y que otros, en cambio, atrincherados en la periferia, se agigantan para nuestro asombro. Tal nuestro tercer pilar. Asumimos que cada obra es un universo único, abierto a nuestra curiosidad, donde aprendemos a leer de nuevo.

Los escritos que ponemos como un barquito sobre la mesa y que no hacen parte del Diario Literario, son sometidos a las más despiadadas tempestades de la lectura crítica. Haciendo a un lado los prejuicios del gusto, no hay signo, vocablo, giro o personaje que no viva la dura prueba, configurando nuestro cuarto logro. Todo es ganancia, en especial para el autor, quien al terminar la sesión se marcha con su escrito enriquecido de anotaciones y tachaduras, restos de su embarcación que sólo él sabrá salvar del naufragio.

A la voz de publicar, todos los resortes se tensan. Como un organismo en alerta máxima, el Grupo profundiza la revisión, la relectura y búsqueda de la perfección, aunque sabemos que ella no existe. La perseguimos con esmero porque el autor debe entregar lo mejor de sí. Desde el título y el párrafo de arranque, hasta la frase final. Que nuestros lectores arriben al último renglón sin sentirse timados, tal es el máximo galardón que perseguimos y constituye nuestro quinto hito. Que la historia que entregamos contenga la fuerza explosiva que vislumbrábamos y esté contada con arte. Publicamos nuestras obras sin depender de nadie más que de nuestros propios recursos. Con paciencia hemos tejido una red de lectores directos que hoy bordea el medio millar, sin contar aquellos que nos siguen en las redes. El producto de la venta de los libros, oferta que nosotros mismos pregonamos, lo reinvertimos en nuevas obras.

Han pasado diez años entre titubeos e ilusiones. A veces, caballos enfebrecidos. Otras, elefantes parsimoniosos, constantes. Hemos sido fuego y llama, locos y mentirosos, tiernos y apasionados, demonios y ángeles, enfermos de literatura, la única enfermedad que nos alivia.

Este libro es una muestra de dichos desbordes y embelecos. Somos estas palabras con las que nos embriagamos en la mar de nuestros desfogues. Recíbelas, amable lector, es cuanto tenemos.

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La duda, Cuentos. Nuevo libro del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo editado por FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA. Ya está en circulación. La presentación oficial se hará en el marco de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. Con este libro el Grupo Literario obtuvo Mención de Honor del Mincultura en 2018.

 

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Giovanna Pezzotti

A blanco y negro

Ahora que Giovanna ha continuado su viaje cósmico, presentamos un perfil con el cual rendimos un homenaje a su memoria, como compañera y fotógrafa, arte al cual le entregó su vida. Se destacaron sus trabajos en el Barrio Moravia y la Cárcel La Ladera, y la ternura con que supo captar a los niños.

Ángel Galeano Higua

Giovanna Pezzotti

Cuando en una reunión del periódico vimos las fotografías que Giovanna Pezzotti había tomado en Moravia hacía más de 30 años, comprendimos que estábamos ante una mujer que sabía mirar más allá de la lente y que cada fotografía contenía una fuerza crítica que mostraba el drama humano desde otras perspectivas. Desde atrás de la cámara ha visto derrumbarse durante 40 años muchas de sus ilusiones y quizás por ello su desencanto lo expresa como polémica e irreverencia que a muchos incomoda.

A caballito – Fotografía de Giovanna Pezzotti

Giovanna es hija del conde italiano Francesco Antonio Giovanny Pezzotti nacido en Escalea y de Teresa Villegas oriunda de Aguadas. Se conocieron cuando Francesco vino a Colombia en 1900 a bordo de una embarcación del abuelo Pezzotti con el propósito de comprar oro. Visitó varias minas, entre ellas El Zancudo. Pernoctó en una hospedería del barrio Buenos Aires de Medellín donde conoció a Teresa. De los seis hijos que tuvieron Giovanna fue la única mujer.
Desde muy joven Giovanna se mostró poco amiga de la modorra liquidacionista que contiene la rutina. No hizo lo que otros querían y así llegó a Bayer, Alemania, para estudiar fotografía. A su regreso, un día cualquiera le dijo al director del periódico El Colombiano, de Medellín, que ella era fotógrafa y que le gustaría trabajar para ese diario. Entonces él le pidió que de inmediato fuera a cubrir un evento y de esa forma empezó su carrera profesional pero independiente, porque siempre trabajó así, independiente.

“Somos payasos pero nos creemos dioses”

El oficio del fotógrafo requiere atrevimiento de malabarista y curiosidad de investigador. Obra haciendo caso omiso de lo que no está en el encuadre, llegando a correr riesgos inesperados. Como le sucedió a Giovanna cuando cubría una manifestación de un reconocido cacique liberal de los años 80: buscando nuevos ángulos se subió a un muro y sin darse cuenta dio un paso atrás y cayó al vacío.

Niños de Moravia – Foto de Giovanna Pezzoti

Ella oía que al otro lado de la pared preguntaban ¿qué se hizo la fotógrafa?
“Los fotógrafos somos muy payasos. Nos tiramos al suelo, subimos a las paredes buscando ángulos y nos convertimos en centros de atención de la gente”, sostiene Giovanna. Según ella, los fotógrafos suelen creerse dioses que juegan con el tiempo y la distancia. Quieren eternizar lo efímero y lubricar la memoria. “Con la fotografía uno no olvida nada, uno se siente como un dios… Para mí la fotografía es un constante asombro, siempre corría a revelar las películas como si fuera a descubrir algo nuevo”.

“El matrimonio es un estorbo”

“A pesar de ser bajita no me faltaron los pretendientes”. Varias veces estuvo a punto de casarse. Pero los novios se oponían a que le dedicara más tiempo a la cámara que a ellos. Con uno de ellos rompió el compromiso porque la puso contra la pared ya que Giovanna quería cubrir la Vuelta a Colombia: o la vuelta o yo. Ella se fue con su cámara y nunca más supo de él.

Perfil de Mujer, crónicas y reportajes 30 Años de EL PEQUEÑO PERIÓDICO

Perfil de Mujer, crónicas y reportajes 30 Años de EL PEQUEÑO PERIÓDICO

Hoy no se arrepiente: “El matrimonio es una esclavitud para la mujer, yo nunca quise echarme encima esas preocupaciones de tener hijos”. Y hablando de la situación de la mujer en nuestra sociedad sostiene con vehemencia que “La suerte de la mujer no ha cambiado nada. Antes la mujer era bien vista por su saber, por sus conocimientos. Hoy está más esclavizada en todo sentido: sometida a la dieta, la silicona, las modas… Está peor”.
¿Tus fotografías ayudaron a alguien alguna vez?, le preguntamos. “Sí, varias veces. Había mujeres que se creían feas y vivían acomplejadas, pero cuando les tomaba fotografías y se las mostraba ya no se veían así”.

El compromiso del fotógrafo

“Con la fotografía aprendí a romper mitos. Me hice irreverente… La cámara da cierto poder y sin que uno se lo proponga siempre está al frente”. Con la doble ventaja de tener una cámara y ser mujer entró donde se lo propuso con el fin de hacer reportería. En esos gajes del oficio sentía necesidad de comprometerse con los más humildes. Ora en las luchas por la vivienda en Moravia, ora en las huelgas estudiantiles de la Universidad de Antioquia. Fue encarcelada varias veces, pero no por su oficio propiamente, sino porque no soportaba el deseo de hacer parte de lo que veía detrás de la lente. Así sucedió en una refriega entre la policía y los tugurianos de Moravia. Durante una manifestación estudiantil cometió el error de olvidar que era fotógrafa y se sumó a la protesta. Fue reseñada porque al ver una piedra que se dirigía directamente hacia ella, se agachó y la piedra se estrelló contra un capitán de la policía que estaba detrás. “Fui detenida por haberme agachado”.
Así como por su lente pasaron esas jornadas, también desfilaron los más diversos personajes desde Cortázar, García Márquez, Mario Benedetti, el Rey Hussein, Doménico Modugno, hasta presidentes y mafiosos como Pablo Escobar cuando echaba discursos en la plaza pública.
Cuando Colombia entró en la debacle de los años 80, muchos intelectuales, artistas y periodistas debieron abandonar el país. Giovanna tuvo que hacerlo en 1987 radicándose en Italia, su segunda patria, la que visitaba cada año, desde su infancia, para departir con su familia paterna. En Roma trabajó para diversos periódicos y revistas. Tuvo la oportunidad de conocer al Papa Juan Pablo II por casualidad en una calle de la capital italiana cuando el alto jerarca llegó para asistir a una reunión con personajes de la vida pública italiana, entre ellos el presidente. A Giovanna le causó gran impresión el hecho de que el Papa se hubiera salido del protocolo y la hubiera saludado a ella y otras personas que se hallaban en la acera. Cuando ella le dijo que era colombiana el Papa le puso la mano en la cabeza y le dijo: “Me duele la guerra del narcotráfico y la guerrilla”. “Vi que era un hombre sencillo y muy sensible”, dice la fotógrafa.
Pero en Italia también tuvo dificultades con ciertos personajes que la amenazaron y debido a ello sufrió un infarto que la llevó hasta el borde de la muerte. “Entonces colgué la cámara por miedo. Soy otra desde ese momento, entendí que había llevado una vida inconsciente y que por ello fui tan atrevida e irreverente. Decidí dedicar mi vida a escribir una novela”.

A blanco y negro

Para Giovanna la fotografía debiera ser a blanco y negro, porque “El color distrae la atención, en cambio a blanco y negro uno mismo le pone los colores”.
Hoy, la veterana fotógrafa gasta su tiempo haciendo gimnasia, escribiendo su novela y yendo al estadio a ver fútbol. Le gusta leer a los clásicos: “Goethe es fabuloso, Gabo me fascina, las novelas policíacas me atraen y, a aunque a muchos no les gusta, yo sí leo a Fernando Vallejo”.

Lectura en la cárcel La Ladera, 1970 –

También le gusta cocinar, comer chocolates, le encantan los vinos y los quesos. “Procuro aplicar lo que dijeron los griegos: mente sana en cuerpo sano. No voy donde los médicos porque son verdaderos matasanos, ellos lo enferman a uno”. Quizás por eso su mayor temor es a enfermarse.
Para Giovanna la fotografía atraviesa un momento muy difícil debido al endiosamiento de la tecnología digital. El buen gusto se ha visto afectado. Le sigue atrayendo esa relación entre la pintura y la fotografía, pues para ambas el tiempo no pasa. “El Coliseo romano, por ejemplo, tiene miles de años y encierra tanta información… Me gustó fotografiar ese tipo de construcciones antiguas por la abundante información histórica que tienen”.
Paradójicamente a la fotógrafa colombo-italiana no le gusta que la fotografíen. “Cuando me toman fotografías me destruyen”.
¿Qué le gustaría fotografiar hoy? “No sabría, porque el mundo se nos cerró, nos lo cerraron. Me parece muy triste el mundo de hoy, aunque puede ser un momento de transición y quizás vengan tiempos mejores”.

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Tomado de Perfil de Mujer, Edición 74, EL PEQUEÑO PERIÓDICO.

Luego apareció publicado en el libro de antología con motivo de los 30 años de vida del periódico. El cuento “Rosita“, escrito por Giovanna Pezzotti, hace parte del primer libro publicado por el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, Primer Conjuro, 2008, editado por FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA. Lo publicaremos en próximos días.

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El heroísmo de sobrevivir

María Orfaley Ortiz Medina (*)

El 6 de Junio, en el marco de la celebración de los 10 Años del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, tuvo lugar en la Sala Abierta de la Biblioteca Piloto de Medellín, una conversación alrededor del libro Los niños de Aquitania, entre su autor, Ángel Galeano Higua, y la escritora, Magister en psicología de la Universidad de Antioquia, Especialista en estudios sobre juventud, María Orfaley Ortiz Medina, y el público asistente. Presentamos a nuestros lectores los apuntes que la escritora preparó con este motivo. El evento fue convocado por la Fundación Arte & Ciencia y El Grupo Literario El Aprendiz de Brujo

María Orfaley Ortiz Medina: Tal vez, los niños solo pueden intentar crecer en silencio. Con el único heroísmo de intentar sobrevivir allí. (Foto archivo)

Como una rama

Son siete capítulos cortos, con un lenguaje sencillo, narrado en tercera persona, todo pasa en una noche y la mañana siguiente. La protagonista, una niña muy decidida y valiente que quiere salvar un árbol, o mejor, los árboles de su parque. La niña tiene una relación especial con ellos, ha soñado con la casita del árbol.

De una forma sencilla, a través de la acción de la niña y de algunas pistas sobre el espacio, queda claro para el lector que el entorno está cambiando, el canto de los pájaros está siendo reemplazado por el ruido de los carros, al parecer se quiere construir un centro comercial.

El cuento presenta una relación especial de los niños con la naturaleza, están cercanos a ella, y este mundo natural en el que juegan es amenazado por las ideas de progreso, por una mirada adulta urbanizadora. Los adultos desean reemplazar este mundo natural por uno de concreto. Así queda puesta sobre la mesa la oposición entre dos miradas del mundo: niños-naturaleza vs adultos-progreso-concreto.

No hay discursos sobre la importancia del cuidado y el amor por la naturaleza. Hay un acto decidido. Así, las acciones de la niña van dibujando la relación con el mundo natural mediado por el afecto, a ella solo le interesa salvar su árbol y se vale de lo único que tiene para hacerlo, su cuerpo amarrado a él, como una rama.

Matías, comenta sus impresiones al leer “Los niños de Aquitania”.

Es interesante cómo son puestos allí varios elementos, los padres no saben qué pasa, nadie sabe, los adultos no saben lo que ha sucedido, porqué una noche la niña desaparece, llega la mañana y nadie sabe nada. Hay una distancia entre el mundo de los niños y el mundo de los adultos. Al final, cuando la niña es descubierta, todos los niños salen, “saben lo que tienen que hacer” frente a unos adultos impávidos.

A los adultos no se les convence con discursos, se les interpela con un acto que los sorprende, un acto que los interroga en su forma de habitar el mundo. Esto es lo que parecen saber los niños, y en especial la protagonista, que los adultos no atienden a los argumentos de los niños, que siempre tendrán la razón y que solo hay una manera de hacerles ver lo que se piensa, un acto. Un acto que intenta detener lo que ya es decisión, lo que ya es proyectado como el futuro para su mundo. Así, la civilización, el concreto -el centro comercial-, el capitalismo, amenazan la casa del árbol, la libertad, el mundo natural, los espacios de aventura para el espíritu infantil. Y queda para el lector una idea rodando allí, ¿acaso la idea de progreso como urbanización empobrece los espacios posibles para los niños? ¿Se precariza el mundo de los niños en las ciudades?

 

Los niños de Aquitania

Es un cuento que uno lee con una sensación extraña entre la contención y la aceleración del pulso, escapan suspiros, no de amor, o de sorpresa, suspiros que genera el encontrarse con el horror. Pero no es la descripción de la crueldad de nuestra violencia a secas. Este cuento pone al lector frente a algo que lo desacomoda de entrada: “Patean la pelota en las ruinas del atrio, mientras que en la parte de atrás de lo que queda del templo, un hombre y una mujer, con las manos amarradas, esperan”. El lector se encuentra entonces con el juego y la muerte, con los niños en un mundo macabro, con una infancia entre murallas. Patear la pelota al tiempo que suena una ráfaga, con ello se introduce la atmósfera que marca el cuento.

Son nueve capítulos muy cortos, narrados por un testigo, un integrante de una comisión que va a llevar la lectura y la escritura a los niños. Nueve capítulos que narran la historia acudiendo al fragmento, al salto de una imagen posterior a una anterior. Un rompecabezas para armar, simulando tal vez lo que sucede con los trabajos de la memoria cuando intentan hacer un tejido con lo innombrable, diría lo incomunicable, si bien el cuento comunica, transmite al lector algo de esa experiencia de ruptura que nos trae el narrador, pero de la que no podrá comunicarse todo.

Podría ser, aquel lugar, el mundo ideal para los niños; hay una montaña, un río, pájaros, animales. Pero, allí en medio de esa rica naturaleza se nos dibuja el predominio del terror, la vida de los niños precarizada por los violentos.

Jóvenes estudiantes toman la palabra. Lecturas que los conmueven.

Hay en el cuento varias escenas muy duras, la pareja amarrada que espera, el silencio de los pobladores, que, además lo imponen a los visitantes, los cuerpos todavía sangrantes, la gente corriendo con dolor, rabia e impotencia. Sin embargo, si el foco de lectura de este cuento es la mirada sobre los niños, el lector se sobrecoge con los capítulos 4, 5 y 6, veamos un fragmento del capítulo 4.

Trajimos nuestros libros de cuentos para leerlos en voz alta, pero las circunstancias no lo permiten y tenemos que leer como si nosotros fuésemos los delincuentes que tuviéramos que actuar a escondidas. Cuando los niños ríen, gracias a las aventuras que susurramos, ahogan la alegría con la mano sobre la boca. Al cabo de una enmarañada y deliciosa trama, tomamos un refrigerio. Mastican con parsimonia y beben la limonada sin hablar. Luego, como un ritual de sobremesa, patean la pelota en un rincón, sin hacer ruido, con la precisión propia de quien ha aprendido a hacerle quites al peligro. (p. 14-16)

¿Acaso se nos muestra aquí una inversión de las cosas, de lo que nos dice la lógica? La lectura de historias debe llevar a los niños a mundos peligrosos, pero, con la certeza de que nada va a pasar, vamos a la historia, experimentamos el miedo y volvemos al lugar seguro de la cotidianidad. Aquí no. Los niños con la lectura hacen una pausa al horror cotidiano, al silencio obligado. La literatura los lleva a otros mundos, pero tienen que ir de modo furtivo, caminando agachados “hasta un sótano oloroso a humedad” (p. 13).

Pero los niños en los cuentos no están solos, hay adultos. En los niños de Aquitania, los niños parecen estar solos en ese mundo. Los adultos son los violentos, de los que se sabe en el cuento por sus acciones, no se les ve el rostro; los pobladores que aparecen todos, rabiosos, impotentes a encontrarse con sus muertos. Y están los adultos de la comisión, los que les llevan los libros, la lectura y la escritura, los que los pueden ver e invitar un rato a vivir la infancia, a vivir como los niños que son, aunque esto tenga que darse como un acto furtivo. Pero estos adultos se van, son visitantes que no resisten ese terror con el que los niños parecen haber aprendido a convivir.

Es una buena pregunta aquella de qué sucede con el mundo de la infancia cuando los adultos están presos de contextos amenazados, cuando la atmósfera violenta deja reinar especialmente al miedo. Tal vez, los niños solo pueden intentar crecer en silencio. Con el único heroísmo de intentar sobrevivir allí.

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(*) María Orfaley Ortiz Medina, psicóloga, Magister en psicología de la Universidad de Antioquia. Especialista en estudios sobre juventud. Ha publicado Nucamono quiere saber (2008), Lucy (2009), Almas de madera (2010), El Misterioso Libro de papá (2011), De sapos y trampas (2012) y Ese día no salió el sol (2005) Ha publicado también distintos artículos de psicología aplicada en el área educativa y social, así como artículos sobre literatura.

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