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Archive for the ‘El Aprendiz de brujo’ Category

Cuando conocimos Lo amador, su primer libro, estábamos ocupados en el Sur de Bolívar persiguiendo un sueño. En las soledades tumultuosas frente al río, sus cuentos se convirtieron en alimento imprescindible. Ahora que él ha iniciado su inesperado vuelo sideral, hemos vuelto a leer estos cuentos y de nuevo hemos sentido esa frescura narrativa que tanto nos alentó.

 

“El cuento es un encuentro repentino con la poesía”

“Lo único que le devuelve la libertad a la prosa es la poesía”

Estas frases de amor que se repiten tanto

Roberto Burgos Cantor

Roberto Burgos Cantor, aprendiendo a escribir.

I
Sucedía ese amanecer húmedo. El salitre venía con el aire y se quedaba enredado en los cabellos, en la piel cada vez que se escurría la sábana. También estaba en la silla al lado de la cama con la lámpara, unos libros y un paquete comenzado de cigarrillos Era uno de los amaneceres más húmedos del mundo. Y el salitre. Lo sentíamos en el piso de baldosas contra los pies descalzos cuando nos levantamos en la oscuridad para buscar el baño del patio. Primero me levanté yo y susurraste que a dónde iba. Después tú, y sucedió lo mismo para darnos cuenta que estábamos despiertos, sin podernos dormir. Parecía la misma sensación de las veces que veníamos del mar y sin sacarnos el agua salada y la arena nos acostábamos desde la tarde.
Toda la noche sentimos los camiones y los perros, los grupos de soldados dando alto y haciendo requisas, los detectives escondidos en la oscuridad silbando para avisar algo, con carreritas de un lado a otro.
Ese amanecer húmedo lo encontraron. Debían ser las seis de la mañana cuando encendiste el radio, aceptando que ya no volveríamos a dormirnos y veíamos la luz por entre las rendijas de la pared de madera. Yo, de espaldas a ti, acostado sobre el lado del corazón, mantenía los ojos cerrados, sin querer abrirlos, sin darme vuelta para abrazarte y saberte allí, preservada. Hacía memoria de los días en que jugando a elegir habíamos venido a vivir en este barrio y cómo escogiste el sitio, una accesoria, así dicen aquí, casa de muchos cuartos pintada de rosado en la pared del frente y con una escalera de piedra para llegar de la calle a la puerta de entrada. En esa altura un aviso con pintura azul: “ARACELY 1era REINA DEL UNIVERSO”, que aún, descolorido, permanece. Lo demás era previsible: el cuarto que da al patio, cincuenta pesos la mensualidad, nada de ruido jovencitos.

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Reproducido por Ángel Galeano Higua
Grupo Literario El Aprendiz de Brujo

Tomado de: Lo amador, pg. 53 Instituto Colombiano de Cultura – Universidad de Cartagena. 1980

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Perfil de Mujer

Habitante de una casa sin paredes

Leandro Vásquez Sánchez (*)

Al conversar con Luz Elena Ibarra me pareció estar bajo un torrente. Sus historias sobre las violencias del país, los desarraigados, los movimientos sociales y comunitarios fluían con una fuerza que amenazó derribarme.

Luz Elena hoy vive en La Cruz, un barrio hermano de La Honda, en Medellín. (Fotografías de Leandro Vásquez)

La Violencia

Nació en 1949 en Liborina, Occidente de Antioquia. Un año después de El Bogotazo. Su papá era liberal y su mamá, conservadora. Cuando las hordas de asesinos arremetían, las mujeres se resguardaban en su casa. Por temor, el papá se llevaba a Luz Elena para el bosque. Allá no se atrevían a preparar ni siquiera alimentos por miedo a que el humo o el fuego los delatara.

Le contaron que su mamá preparaba tapetusa. Como ella sabía oraciones, cuando los militares inspeccionaban, no veían las plantas de caña de azúcar con que hacían el aguardiente, sino pencas de sábila. Su primer esposo le había enseñado los sortilegios. Cuando él no tenía dinero, se convertía en caballo y le pedía a un amigo que lo vendiera. Por desgracia, un día atraparon a la mamá de Luz Elena. Por eso, ella nació en la cárcel.

De su cuello, cuelga una camándula de cuentas traslúcidas. En el velorio de mi abuelo recitó de memoria los “Misterios gloriosos” cuando guardábamos un silencio tenso. Aprendió el rosario de su mamá. Recuerda que el día que la Junta Militar derrocó al dictador Rojas Pinilla, obligó a la familia a levantarse a las once de la noche para rezar por el general. La personalidad de su mamá era compleja. También los juntaba en el patio, todos los días, a las dos de la tarde, y les hablaba de Marx, Mao, María Cano y las luchas por el voto femenino.

 

El desarraigo

Una de tantas reuniones de capacitación de líderes comunitarias en Medellín.

Vivió en Aparatadó, Belén de Bajirá, La Dorada Caldas, Barranquilla, Puerto Berrío, Currulao, Chigorodó, Bucaramanga y otros lugares. Paseó por las ferias de todo el país, junto a su compañero, haciendo fotografías. En el Cauca estuvo con los Liberadores de la Madre Tierra. En La Rochela, Santander, reclamó por el paradero de doce jueces ejecutados. En Popayán, con la Ruta Pacífica de las Mujeres, defendió los acuerdos de paz. En Segovia, participó en la conmemoración de la masacre de 1988. Su casa no tiene fronteras, es un camino que recorre impulsada por el destino y las luchas por la dignidad de los seres humanos.

En el año 2.000, llegó a Medellín acosada por la violencia, después de vivir en Urabá. No conoció suelo más fértil que ese. En su patio cosechaba los mejores alimentos. La riqueza estaba tirada por ahí, los bananitos pequeños no nos los comíamos, afirmó. La exuberancia de la tierra, también fue su desgracia. Una tarde los paramilitares llegaron con notarios a bordo y los obligaron a entregar sus parcelas a precios insignificantes. Luz Elena asistió a una reunión en la que Carlos Castaño les dijo que mañana le entregaban el dinero a las viudas, es decir, asesinarían a los hombres. Y si ellas no querían vender, también las desaparecerían.

Arribó a La Honda, Comuna tres, un barrio que hace pocos días celebró sus veinte años de existencia. Allá estaban entregando solares a quienes participaran en los convites para construir las viviendas. Un día hacíamos la casa de un amigo y al otro, la mía, dijo. Fue terrible vivir la persecución de la fuerza pública a sus hijos. Imaginaban que pertenecían a grupos armados, sólo porque eran desplazados. Además, las bandas querían reclutarlos. A veces me pedían un trapito y sacaban los revólveres para limpiarlos. Me les planté y les dije que no volvieran. Mis hijos no empuñarán un arma, concluyó con bravura.

No fue difícil organizarse. En Urabá ya habían construido tejido. En Medellín, fundaron Latepaz (Líderes hacia adelante por un tejido humano de paz). Ahí conoció a Ana Fabricia Córdoba, la líder asesinada dentro de un vehículo de servicio público. Las dos venían desplazadas de Urabá, eran vecinas y se hicieron amigas de andanzas y compañeras de luchas. En la organización ayudaban a quienes llegaban desplazados. Les conseguían comida, albergues temporales y brindaba capacitación sobre las rutas de atención, que ya conocían por haber arribado antes a la ciudad. Ahora, Luz Elena participa en la creación de un documental sobre Ana Fabricia, un testimonio de una vida atribulada por todas las violencias del país, un grito que desde el infinito nos advierte que la muerte no es posible.

La Cruz

Encuentros semanales de las madres de los desaparecidos en el Parque de Berrío de Medellín, actividades lúdicas simbolizando la búsqueda y la espera de sus seres queridos.

Luz Elena vive en La Cruz, un barrio hermano de La Honda. Una vez subí por una carretera empinada, en un bus cargado de bultos de mercado y pasajeros taciturnos. Mientras yo rogaba en silencio para no despeñarnos, ellos miraban por la ventana, impávidos ante el esfuerzo del vehículo para trepar la loma. Los ranchos de madera y las casas de ladrillos estaban aferrados al cerro, desperdigados entre árboles, plantas y pasto. Después de abandonar la parte más poblada, subimos una montaña pelada, escarpada y silenciosa, poblada de viviendas que parecían ocupadas por fantasmas que eran dueños de los perros famélicos que nos recibieron. Lo más alto estaba coronado por una cruz. Fue hace tanto que no sé si la última parte es un recuerdo o así es como imagino la Comala de Juan Rulfo.

A pesar de que en el barrio viven más de diez mil personas, la administración municipal de Medellín todavía lo cataloga como un asentamiento subnormal y zona de alto riesgo. Las políticas públicas hacen más difícil la vida de sus pobladores. Luz Elena pertenece al Comité por la Defensa y Transformación del Territorio. Ellos no hablan de zonas de alto riesgo, sino de alto costo. Creen que es urgente invertir en el fortalecimiento de los cimientos y el mejoramiento de las viviendas en estos territorios. Las comunidades están dispuestas a ofrecer su trabajo para respaldar este tipo de propósitos. No quieren reubicaciones, sino reasentamientos en sitio. El barrio es una gran familia. El vecino me presta el pasaje, en la tienda me largan una libra de panela. Puedo hacer empanadas y tengo clientela, dijo Luz Elena. Cuando son desarraigados, se quedan solos, tienen que empezar de nuevo.

A Luz Elena hace tres meses la sacaron de la casa que arrendaba. Se fue a vivir a un lote suyo, pero la vivienda se había desplomado. La Corporación Convivamos le prestó una carpa. Las compañeras de la Red de Mujeres Populares la ayudaron a levantar una casa de madera, en la que puede escuchar la lluvia sin que la moje. Tiene una vivienda en Liborina que heredó de su hermana, pero se niega a dejar de lado los afectos, los sueños y las esperanzas forjadas durante dieciocho años de trabajo comunitario. Prefiere vivir donde está. Por lo menos en su jardín puede sembrar cebolla, pimentón, orégano y cúrcuma. Además, habita la ciudad: hogar con techo de nubes, estrellas, soles y lunas.
No es la primera vez que tiene dificultades, ni son las más difíciles que enfrentó. Le duele ver a su familia desperdigada. Cuando habla de ellos, se le nota en los ojos tristes y los labios contraídos, pero confía en que todos tienen la templanza para librar sus propias batallas.

Sara Isabel cuenta con la fortuna de que la habita la fuerza de varias generaciones de mujeres sobrevivientes de la guerra.

Su hijo vive en una habitación del centro de la ciudad. El otro, en Liborina. Luz Elena sólo está con su hija Chavela. Como habitaban una carpa, a Sara Isabel, su nieta, la internaron para protegerla. Cuando Chavela estaba embarazada de ella, caminaban desde La Cruz hasta la Universidad de Antioquia para asistir a un diplomado de servicios públicos y pobreza.

Al nacer, la acostaban sobre el pupitre. Cuando apenas caminaba, marchaba el Día Internacional por los Derechos de las Mujeres de la mano de su mamá y su abuela. Era tal su tenacidad que en el movimiento la apodaron Resistencia. Ahora tiene diez años. Exige sus derechos en el salón de clase. Ya es una activista, dijo Luz Elena con orgullo. Sara Isabel cuenta con la fortuna de que la habita la fuerza de varias generaciones de mujeres sobrevivientes de la guerra. Que no le falte el valor para liberarse de cualquier lastre y caminar por la casa sin paredes que le dejará su abuela.

EL PEQUEÑO PERIÓDICO, Edición 102, pág. 4 y 5. Septiembre de 2018

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(*) Leandro Vásquez Sánchez es periodista egresado de la Universidad de Antioquia, miembro del Comité Editorial de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, autor de innumerables crónicas y reportajes algunos de los cuales hacen parte del libro Perfil de Mujer, publicado por la FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA. Obtuvo el Premio Nacional de cuento convocado por el periódico Qué Hubo en 2017 con el cuento Calle sol. Autor del libro Gambeta, de la Colección El Aprendiz de Brujo.

 

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Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.

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Carné de Aprendiz

“No existo sin el Arte”

Entrevista con Diana Patricia Álvarez

Ángel Galeano Higua

Desde hace muchos años acostumbro conservar ciertos textos de los participantes en las sesiones literarias, tal vez por un prurito de editor que sin darme cuenta he cultivado. De Diana tengo varios, entre los que destaco uno fechado en octubre de 2002, en el cual ella se aventura en la exploración de un cuento leído en el grupo (¿Aló?, ¿Aló?) que recrea la intrincada atmósfera de violencia que cayó sobre Medellín en las décadas de los 80 y 90. Lo que atrajo mi atención fue el enfoque que ella hizo, no del aspavientoso retumbar de las bombas de los narcos, ni el espectacular traqueteo en las noches malditas, sino del silencio, que “tiene voz propia y juega un papel importante en este texto, es un personaje… Para mí, dice Diana, el silencio es un refugio, es el artífice de lo que nunca queremos escuchar…”.

En estos tres lustros Diana ha consolidado su búsqueda en el Arte, que marca su horizonte. En especial la música, hermanada con la palabra a través de la literatura. Por eso halla música en los silencios de ese cuento y la sigue hallando en las lecturas que hacemos de los grandes maestros. Por ese sendero, nada angosto, ha venido soltando sus escritos y alimentándose con lecturas sobre grandes compositores. La pintura, el cine, la fotografía son fundamentales en su diario vivir y los cultiva con la misma devoción.

Sus escritos suscitan asombro por su condensada fuerza, no es amiga de despilfarrar las palabras. Lo que tiene que decir procura hacerlo con el máximo de síntesis, incrementando la tensión. Los silencios deben estar ahí, jugando su prodigioso papel. “Significar sin palabras”. Sin pausas no hay voz, no hay sonido, no hay Arte. Si no tiene algo nuevo que decir, prefiere callar. Por eso en algunas preguntas de este entrevista no debe extrañarnos su silencio. (Cuando le pedí que reconsiderara dar alguna respuesta, me dijo: “Esas preguntas no las respondo porque apenas estoy empezando el proceso, aún no he enfrentado esos dilemas”). De esta afirmación se desprende también su convencimiento de que se halla en constante proceso de aprendizaje. Esa actitud la aparta de todo engreimiento y la impele por el silencioso camino de la curiosidad. Una voz así, suave y tierna, pero profunda y musical, enriquece el proceso de aprendizaje del Grupo.

 

Diana Patricia Álvarez. “El Arte ahhh… la vida. No me pienso, ni existo, sin el Arte. He sido y seré una rebelde”. (Foto archivo)

 

P. ¿Cuál es tu gracia?
R. Vivir mis experiencias con la mirada curiosa y espontanea del niño, con la pasión, el ímpetu y la rebeldía de la juventud. Tener la fortuna de estar siempre rodeada de maestros, que comparten sus saberes, me dejan ser y potencian mi individualidad.

P. ¿Y tu desgracia?
R. Vivir en resistencia entre lo sensible y lo racional con proyectos ambiciosos en el universo del arte, entre el deseo de conocer y experienciar las diversas manifestaciones y no contar con el tiempo para realizarlos, porque el campo laboral me consume.

P. ¿Consideras que has avanzado como lectora, como escritora?
R. He avanzado, porque cada proceso trae consigo mejoras, puedo darme cuenta del avance en mis ejercicios de escritura porque se han convertido en un acto más consiente, más responsable.

Conversando sobre un escrito de Diana en una sesión sabatina: “tengo facilidad para producir asociaciones sonoras cuando leo”.

P. ¿Cuándo comprendiste que eras una aprendiz?
R. Cuando descubro que el que me enseña es un maestro, en ese momento asumo otra postura, la de la esponja.

P. Hay cierta predilección en tus publicaciones por los textos cortos. ¿Qué piensas de ello?

R.

P. ¿Has publicado ya algún texto?
R. No he publicado.

P. ¿Te gustaría publicar uno de tus escritos?
R. Apenas estoy en proceso de aprendizaje. En estado de absorción.

P. ¿Cuál de tus textos te ha exigido más trabajo? 

R. … (no responde)

Los ensayos que realicé en el semestre (“Literatura y artes visuales”), fueron planteados bajo una óptica musical.

P. ¿Te persigue algún tema en especial?
R. Sí, el mundo sonoro.

P. Como estudiosa de la música, cómo consideras esa relación con la literatura.
R. La relación es muy pertinente porque ese componente musical me acerca más a la obra escrita, subraya compresiones, hay un período de la música que representa donde se codificaba el sonido para producir emociones, es un significar “sin palabras“, como decía Mendelssohn. Recuerdo que uno de los seminarios que tomé de mi licenciatura se llamaba “Literatura y artes visuales”, los ensayos que realicé en el semestre fueron planteados bajo una óptica musical, tengo facilidad para producir asociaciones sonoras cuando leo, por ejemplo reflexioné a Alicia en el país de las maravillas en relación a la música contemporánea, Alicia en el umbral al nivel de la sensibilidad, que cambia o desaparece para eventualmente volverse perceptible desde otro ámbito con elementos que son comunes que se pueden reconocer pero que están dispuestos de manera diferente, que pueden hacer por tanto que signifiquen o no, que operaran una apertura para la lectura y la experimentación.

P. Si tuvieras que aguardar en un bote sobre aguas tranquilas y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías?

R.

P. Para evitar que te condenen a conducir sin salario un bus urbano en Medellín si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías?

R.

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?
R. Porque hay resonancias en mí que se conjugan con los intereses de los miembros del grupo. Tienen activo el deseo de escribir.

P. Te piden como pasaporte al paraíso terrenal que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?
R. El Arte ahhh… la vida. No me pienso, ni existo, sin el Arte. He sido y seré una rebelde.

 


 

P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario? 
R. Me ha permitido hacer pescas milagrosas. Antes dejaba escapar pensamientos, ahora tengo dónde resguardarlos.

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?
R.Sus recuerdos enceguecen por un instante la pregunta por el código.
– El río pasa en calma, la corriente se lleva su mirada.

– Unos cuantos fragmentos y vestigios de sí mismo lo hacen desdibujar sus huellas.

– No ha retirado su mirada de la inscripción que está abierta, el sonido emerge de allí, rompe con lo codificado, extrae y pulveriza toda relación mental. Hay una cierta grafía sonora que no consigue plasmar en una partitura.

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Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.

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Carné de Aprendiz

“Ya me atrevo a superar la poesía”

Entrevista con Francisco Pinzón Bedoya

Ángel Galeano Higua

 

Cuando me entrevisté por primera vez con el ingeniero Francisco Pinzón Bedoya, en la cafetería del edificio El Paraninfo de la Universidad de Antioquia, él acariciaba un proyecto de libro de poesía que quería que la Fundación Arte & Ciencia le publicara. Desde ese momento percibí en sus textos una sensibilidad musical. Leí sus versos, avanzamos durante varias reuniones y alcancé a proponerle dos ilustraciones para la portada del libro, elaboradas por Saúl Álvarez Lara. Era el año 2004 (si mal no lo recuerdo). Pero cuando íbamos a entrar de lleno en el proceso de edición, después de cinco meses de relecturas y conversaciones, él desapareció. Aún conservo las bellas portadas de Saúl. Aquella primera experiencia me anunció a un hombre tímido, riguroso y que necesitaba tiempo. Pasaron 15 años para encontrarnos de nuevo, pero esta vez no venía con versos, sino con otro propósito muy definido: quería aprender a narrar, a escribir cuentos.

La poesía sin estética no lo convencía y creía, como Stevenson, que la prueba de fuego de la poesía está en la prosa. De esta forma ingresó al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que se reúne los sábados, y se entregó por completo a la aventura de aprender a leer y a escribir de nuevo, que son las máximas búsquedas del Grupo. Le atrapó la propuesta de llevar un Diario literario, de atreverse a leer con otros faros a los grandes maestros y de explorar con mirada crítica los propios ejercicios escritos y los de los demás. Y este aprendiz cayó bajo el embrujo de esa libertad de leer y escribir sin los patrones academicistas, desbaratando títulos, escarbando primeros y últimos párrafos, torciéndoles el camino a los personajes para jugar a nuevos destinos, y probando nuevos desenlaces. En esa fragorosa atmósfera desmitificadora, se ha atrevido a compartir varios de sus escritos que llenan de entusiasmo sus ojos y despiertan el interés de los contertulios.

En la presente entrevista nuestros lectores podrán percibir en qué va la riqueza de su búsqueda, el ahorro de palabras para ensanchar las sugerencias y su alegría de aprender a aprender, porque no quiere “olvidar de dónde vengo y qué soy”.

 

Francisco Pinzón Bedoya. “Tolimense de hechura Caribe. Ingeniero en ejercicio durante más de 40 años, desde Bucaramanga hasta Medellín donde echo raíces. Soy el resultado de una búsqueda de ser en letras y en pétalos, como expresión de mi sensibilidad profunda, además de padre, esposo y buen amigo de muy pocos. Amante de la salsa, el son, el vallenato clásico, y el ron o el whisky”.

 

P. ¿Cuál es tu gracia?
R. Tomo riesgos, asumo la vida como llega y pongo un sello en lo que escribo y enfoco: poesía y belleza. En imágenes, navego por el ensueño de la mirada distinta de las flores que me rodean. A eso le sumo mi compromiso conmigo mismo y mi espontaneidad para compartir.

P. ¿Y tu desgracia?
R. No saber tocar un instrumento musical: mínimo, la guitarra, y no cantar como yo quisiera, mi voz nunca tuvo el tono de mi voluntad. Hubiera querido musicalizar algunas de mis poesías, ya que me precio de tener un excelente oído.

P. ¿Crees que has avanzado como lector, como escritor? ¿Por qué?
R. Como lector aún mantengo el mismo ritmo de siempre y debo disponer de más tiempo, que ya llegará, Aún no avanzo como quisiera para ser más universal. Lo que sí tengo claro es que debo ser selectivo.

Poema de Francisco Pinzón Bedoya publicado en la edición 96 de EL PEQUEÑO PERIÓDICO e incluido en la antología La última página, con motivo de los 30 años del periódico.

Como escritor, ya me atrevo a superar la poesía, a abordar el relato y el ensayo, aunque persigo con limitaciones el cuento y mucho más lejos, para un mañana, la novela. No me limito sólo a lo que me gusta pues he empezado a tocar temas a los que le huía por temor o dolor, como la muerte o el suicidio.

P. ¿Cuál fue el primer libro que te impactó?
R. En 1975, el primer volumen de Archipiélago Gulag del escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn. Es una ironía porque es un conjunto de historias sobre la represión en la URSS, conseguido a través de los compañeros de la Juventud Comunista (Juco) en la universidad, como el gran boom que desenmascaraba al otro imperio. Gulag es miedo y todo lo que estar bajo el régimen conllevaba. Lo curioso es que del impacto sólo recuerdo el dolor que me transmitieron esas torturas que ahora se parecen a las que padecieron los detenidos de los campos de concentración nazis o los que se padecen en Guantánamo.

P. ¿Cuándo comprendiste que eras un aprendiz?
R. Desde mucho tiempo atrás en mi desarrollo profesional, pero como escritor desde que me atreví a mis 41 años a escribir poesía. Creo que siempre he sido un aprendiz, explorador, escudriñador, desentrañador. Ha sido una dedicación de tiempo completo. Leo de manera selectiva y me doy el permiso de dejar de leer aquello que no me mueve ni me enriquece. Desde este año, he ingresado en un plan estructurado para aprender a ser cada vez un mejor aprendiz, en donde no haya textos vedados ni altares o dioses que no se puedan analizar, desmembrar y hasta copiar, para los fines de ser un escritor.

P. En casi todos los textos que has compartido en las sesiones del Grupo se nota una lucha entre las figuras poéticas y la narración. ¿A qué se debe?
R. Soy un poeta de tiempo completo, romántico, ensalmador, amante, travieso, curioso y atrevido. Quiero aprovechar eso para relatar y contar, bajo la esperanza de llegar a textos bellos, bajo el supuesto de que podré pronto disponer de más tiempo para ello. La lucha es que me mueven las estructuras descontaminadas de reglas y de miradas que consideren el lector, ahora, como narrador debo tener en cuenta: para qué, por qué, para quién, y qué y cómo escribo. Por ello, quiero adquirir más capacidades para contar tanto de lo que aún tengo por decir, de lo que sé y de lo que no sé.

De su libro Sentires en mí menor

P. ¿Has publicado ya algún texto narrativo?
R. Sólo aquellos que autopublico en mi blog pero hasta ahora, en libros, sólo mi poesía. En algunas revistas internacionales he hecho ensayos sobre algunos otros temas, pero la narración no es algo nuevo, sólo que debo enfrentarlo porque hasta ahora me ha sido esquiva, por no decir que difícil. Tengo varios intentos que seguiré puliendo o destrozando, no lo sé. Debo lograrlo, sé que puedo.

P. ¿Preparas alguna publicación próxima? ¿Podrías adelantar algo?
R. Preparo un libro de poesía erótica y otros de talantes diversos donde vuela algún título ya, con la alegría de mi editorial y la mía propia. De un tiempo para acá derivo por textos en italiano y quiero traducirlos, poco a poco voy regalándome belleza que otros han dejado para mis ojos.

P. ¿Cuál de tus textos te ha exigido más trabajo? 
R. Hay un texto narrativo que lo he escrito como 17 veces y siempre me queda “cojo”, y en parte porque quiero ser un buen Aprendiz de Brujo a ver si lo exorcizo y lo logro como yo me imagino que debe quedar. El primer borrador nació en 2001 y aún le hago versiones. No lo he superado, sigo viviendo con mi personaje y su historia allá a la orilla del mar Caribe.

P ¿Te persigue algún tema en especial?
R. Sí, varios ligados entre sí: el mar, el amor, el erotismo, la piel, y algunas reflexiones para trascender cosechadas en mis 62 años de vida. De igual manera, mi familia ampliada y mucho de lo que me rodea y me hace feliz o infeliz o me es indiferente, sobre ello también quiero escribir.

P. Si tuvieras que viajar por los desiertos de La Guajira durante un mes y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías?
R.Esos patios de mi viejo”, poema que narra la historia de mi familia en Santa Marta, para no olvidar de dónde vengo y qué soy.

P. Para evitar que te obliguen a hacer de arriero por los caminos ancentrales de Antioquia durante medio año, si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías?
R. Algunos de mis primeros poemas rimados de hace veintitantos años. Ellos me hacen recordar esas épocas en que crecía al lado del siglo de oro español y otros más, que me llenaron de “cantaítos y gorjeos” que ya nada me dicen.

En una sesión sabatina del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo (foto archivo)

P. ¿Cómo consideras la relación de la poesía con la literatura?
R. Siempre he considerado que la poesía es parte de la literatura, entendiendo ésta como el arte de la expresión escrita o hablada, donde creo que la lírica, la narrativa y el teatro forman parte de ella; bajo conceptos universales de estética y alegría. En cualquiera de las clasificaciones que se hagan siempre estará presente la poesía como expresión suprema de lo bello. Lo que sí tengo claro es que poesía sin estética, no existe o no es poesía.

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?
R. En un principio, asistir fue la disculpa para tener un ámbito en el cual compartir mis letras y obtener algún tipo de retroalimentación. Ahora, ya parte de un colectivo con aspiraciones mayores, soy un seguidor con ojos de asombro que disfruta del talento de tanta gente en cada sesión, como un niño con su regalo escaso e irrepetible que pidió durante tantas navidades.

P. Te piden como pasaporte al paraíso terrenal que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?
R. Tolimense de hechura Caribe. Ingeniero en ejercicio durante más de 40 años, desde Bucaramanga hasta Medellín donde echo raíces. Soy el resultado de una búsqueda de ser en letras y en pétalos, como expresión de mi sensibilidad profunda, además de padre, esposo y buen amigo de muy pocos. Amante de la salsa, el son, el vallenato clásico, y el ron o el whisky.

 


 

P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario? (algo de historia de tu experiencia)
R. Libertad de decir, en el momento en que llegan las ideas o las inquietudes, sin barreras ni restricciones ni reglas preconcebidas. Es un repositorio de chispazos y ocurrencias. Como es personal pues no está sujeto a ninguna mirada, a ningún juicio. Materia prima de escritos mayores o ideas que se gestan.

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?

R. Aquí van…

Ellos llegan y tocan un timbre ruidoso: ¿está el doctor? Las respuestas varían entre un sí y uno no, y un para qué lo necesita. Es una variedad de rostros, toses y necesidades. Las dos señoras jubiladas que desesperan y en turnos salen a la calle a fumar o a llamar por celular, hablan todo el tiempo. Una pareja dispareja parecían como hermanos, hasta que una caricia cuando uno de los dos entró al consultorio delató la afinidad. La señorita que atiende la recepción, recién bañada, tiene una cara de aburrimiento que pronto cambia por una auténtica de “no me importa ni lo uno ni lo otro”, cobra, devuelve, hace pasar a los pacientes, atiende tres teléfonos que no paran de sonar, y abre y cierra la puerta a distancia con un ruido que hiere los oídos. La pareja vuelve a sentarse porque el otro como que también tiene cita. Se ponen más melosos o cariñosos y hay que voltear a mirar para otro lado. Sólo yo escribo y escribo, tal vez en un afán de mover la mano y dejar que algo quede de esta espera que llena de desespero mi cuerpo, porque debo ir a mi taller de escritura y el doctor no llega, ya tiene 66 minutos de retraso.

Y uno queda suspendido en una mirada de asombro frente a letras que son impactantes, no sólo por la belleza, la pulcritud y la precisión para describir el movimiento y la atmósfera de un cuento, sino por la creatividad de imaginar adjetivos preciosos en lugares impensables desde las formas que oigo desde mis reminiscencias del Caribe hasta otras llenas de vida y del espíritu del escritor. Sólo fomentan una pulsión por seguir leyendo y por atrapar las enseñanzas de esos grandes que me han precedido. El siempre presente Nobel 1982 y hasta otros como Bolaños, Daniel Pennac o Manuel Mejía Vallejo.

Imágenes en movimiento rondan mis recuerdos: Juancho y sus gritos mientras se tiraba de la volqueta sin parar, cargada de arena mojada recién sacada de la quebrada Tamacá, para atrapar por el cuello una gallina a la orilla del carreteable, y el consiguiente grito de “¡Hágale, Patrón!”; las chivas del señor Espejo subidas en los árboles y comiéndose todo a su alrededor con su olor almizclado característico, donde la bolitas de caca eran el denominador común; la vida fluyendo en la calle con el golpe de la tapa de una carretilla ofreciendo desde pan fresco y caliente hasta la música de la dulzaina o del xilófono anunciando el servicio de sacarle filo a los cuchillos y a las tijeras, cuyos artesanos mi padre odiaba porque “¡Lo único que hacen es dañarles el filo porque no usan piedra sino un esmeril! ¡Esos ni siquiera de eso saben! ¡Charlatanes, tumbadores!”

Veo sombras alteradas en el piso brilloso de la calle después de la lluvia de toda la tarde. Ya casi anochece. De pronto, por un movimiento de humanos detectado por la mirada periférica del rabillo del ojo, me sobresalto. ¿Por qué sólo sombras de personas si no está transitando nadie? ¿Será que algunos la han perdido? ¿Es posible que hayamos llegado a esos extremos? He de revisar esos sonidos que llegan en la noche, de risas y de llantos, provienen de alguien, no vaya a ser que se queden pedidos en este aire sin dueño.

Medellín, agosto 24 de 2018

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Expedición Palabra

Editorial

Leemos y escribimos para buscarnos, porque no nos hallamos en la sociedad de hoy. Vamos al cine o al teatro, recreamos la mirada en las exposiciones o viajamos en la música. Nos buscamos a través del Arte que incluye también la palabra.
No nos vemos en la ciudad por más que la trasegamos. Y la recorremos justo para ello, esculcamos cuanto vericueto vemos pero son enormes las presiones desde todos los ángulos contra la individualidad. La intimidad, resguardo del individuo, se ha tornado en espectáculo, en mercancía. Lo importante son las minucias intrascendentes y frívolas, y no la obra que se lega. Si no hay obra tenemos que inventarla.
La masificación es avasalladora y no nos conecta con los demás sino en lo previsto por esos centros de poder. La masificación es domesticación, que no se corresponde con esa búsqueda de aire propio que pretendemos en las jornadas de lectura y escritura. Vivir la propia vida es sospechoso, mal visto, peligroso como dice Guimaraes, en algún lugar de su gran sertón. Quizás sea esta la razón que nos impele a publicar esta nueva edición del periódico.
Después de una pausa de cinco años y animados por la efervescencia creciente de contar lo que vemos e imaginamos, y aprovechando que el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo cumple sus primeros 10 años, henos aquí de nuevo en la palestra impresa. Nos ha sorprendido la gran acogida de nuestros lectores y amigos, cuando les anunciamos el propósito de retomar el hilo de esta aventura llamada EL PEQUEÑO PERIÓDICO.
Durante el lustro que ya pasó, nuestra presencia fue virtual y mantuvimos comunicación constante con cientos de lectores. Ahora, como se nos ha hecho imposible continuar así, retornamos a la palabra impresa en el papel, olorosa a tinta y esfuerzos, jubilosa y a la vez contundente, no efímera como en la pantalla, ni tan distante e impersonal.
Se trata de un ejercicio para responder a la avalancha de escritos y proyectos atesorados en el Grupo Literario, semillero y baluarte del periódico. Sentimos que llegó el momento de compartirlos. Y así como hemos escrito en las redes sociales sobre diversos asuntos culturales y sociales, y entregado nuevos libros de cuentos, crónicas y relatos, así mismo entregamos en esta ocasión la Edición 102, jalonada por ese espíritu de expedición hacia la palabra recogida en este riesgoso oficio que es vivir.

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Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.

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Carné de Aprendiz

“Hubiese querido ser un árbol”

Entrevista con Giovany Arana Loaiza

Ángel Galeano Higua

 

Se sienta en el mismo lugar desde la primera sesión. Y fue como si los demás entendieran que debían hacer lo mismo. Esto da una idea de su forma de ser organizado, propia de su oficio en el mundo de la electrónica y los sistemas. Pero esa es una faceta. La otra corresponde al ferviente lector impregnado del deseo de aprender a escribir como un mago. Cuando alguien habla o comparte sus textos, él guarda silencio. Oye, piensa, rumia. Su mente esculca y su mano izquierda atrapa frases que se desgranan sobre su libreta de apuntes. Cuando habla lo hace con calma, procurando utilizar las palabras justas. Pocas salpicaduras de odio, casi ninguna, no se desgasta en calificaciones gratuitas. Y cuando suelta alguna ironía o hace una broma, intenta permanecer serio, pero alguna señal festiva se dibuja en su rostro o en sus ojos.

Sus ejercicios corresponden a esta mesura, a esta contención. Se esfuerza por no escribir largas parrafadas, se mide, va en la ruta de un aprendizaje responsable y profundo. Como si fuera en pos de algo más grande, algo inexplicable. En palabras suyas: “¿Por qué existe lo que existe?”. Ese perfil filosófico le permite poner en juego a personajes que se desenvuelven en dramas complejos. Utiliza lo que saquea de los cuentos y novelas que leemos en el Grupo. Juega a los finales inesperados. Dice que es un poco perezoso, que por eso le gustaría haber sido un árbol para no tener que trasladarse ni levantarse en las mañanas: sólo tomar el sol y fabricar oxígeno.

Pero en esa, su lucha con los demonios internos, le puede más la literatura y en las sesiones de los sábados es uno de los primeros en acudir, imbuido de entusiasmo y disposición. Como un convencido aprendiz.

 

Giovany Arana Loaiza, “Nací sin darme cuenta. Y he vivido casi sin notarlo, como por obligación. Mi infancia estuvo siempre dentro de la normalidad, una familia con padre y madre, dos hermanas menores y lleno de amor. Lo que pasa es que cuando hay algo que nunca ha faltado, tendemos a ignorar que existe. Mi pasión por la literatura me llegó en la adolescencia y desde entonces nunca me he quedado sin leer. Espero que desde ahora tampoco me quede nunca sin escribir. Me apasiona también la tecnología. Son dos mundos muy diferentes y eso los hace complementos perfectos para mi felicidad”. (Foto Ángel Galeano Higua)

P. ¿Cuál es tu gracia?
R. Tengo una manera particular de sentir y de ver el mundo. Cuestiono la razón de ser de lo que es y de lo que no es. ¿Por qué existe lo que existe? ¿Por qué pensamos lo que pensamos? ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Dónde y cómo nacen esas razones? Creo que no pasa un día sin que cuestione el status quo.

P. ¿Y tu desgracia?
R. Mi constante y, al parecer, eterna lucha contra la pereza. Dentro de mí vive un obstinado deseo de no hacer nada. De echarme en cama y dejar que el tiempo haga lo suyo sin que yo participe en su correr. Algunas veces me sorprendo pensando que hubiese querido ser un árbol. Cualquier árbol, pero en medio de la jungla más espesa y vivir dedicado a tomar el sol y fabricar oxígeno. En contraparte hay también un compromiso conmigo mismo de ganar esa batalla cada día.

P. ¿Cómo haces para saber que has avanzado o retrocedido como lector, como escritor?
R. Leyendo y escribiendo más y más. Se forma dentro de mí una especie de lupa que me ayuda a ver detalles que antes no veía. Me gusta repetir lecturas que hice cuando era más joven y revisar si las siento de manera diferente porque esa lupa es cada vez más potente. Y al escribir, cuando acepto que todo escrito puede ser mejor.

P. ¿Recuerdas el primer texto literario que leíste? 
R. El primero que leí, no. El primero que me impactó, sí. Huasipungo, de Jorge Icaza. Esa historia despertó en mí el cuestionamiento del status quo. Con ese libro me di cuenta de que en la literatura hay verdades que la mayoría de la gente no dice. Lo leí a los 12 años como tarea en el colegio y desde entonces no he parado de leer, de nutrirme con la literatura.

“Hay una riqueza inimaginable en El Aprendiz de Brujo. Hay tantas voces e ideas en mis compañeros que me resulta casi imposible tomar nota de todo lo que me aportan. Además, luego de haber conocido el estilo de Ángel, se incorporó en mí una manera diferente, si no mejor, de apreciar la literatura”. (Foto archivo)

P. ¿Cuándo comprendiste que eras un aprendiz?
R. Siempre supe que era un aprendiz, pero hubo un momento en que entendí que lo sería toda la vida, que jamás dejaría de aprender. Estaba en un taller llamado La Mandarina Creativa, realizado por Juan Diego Mejía en Medellín. En la primera sesión llevé mi cuento La molienda y cuando preguntaron quién quería leer algo propio, mi pedantería me hizo levantar la mano luchando por ser el primero. Me escogieron y leí el primer párrafo. Estaba convencido de que me iban a elogiar. No fue así. Mi cuento estaba lleno de errores que yo no sabía reconocer en ese momento y el profesor me dijo algo que nunca olvidare: “No digas que la niña tiene miedo. Muéstralo”. Allí tuve una lección de humildad que me hizo entender que sin importar lo mucho que llegue a escribir, seré un aprendiz toda la vida.

P. Los textos que has compartido en las sesiones del Grupo son cortos. ¿Qué piensas de ello?
R. Pienso que El Aprendiz de Brujo hizo que me enamorara de los escritos cortos. Cuando inicié en mi aventura de escribir, como leía mayormente novelas, quería también escribir novelas y sagas. Libros de cientos de páginas con historias entramadas y misteriosas, porque era lo único que concebía. Leer cuentos me dejaba con hambre. ¿Tan pocos renglones, solo unas cuantas páginas para contar una historia? Pero en El Aprendiz de Brujo sentí el reto que nos propuso Ángel Galeano de escudriñar dentro de los cuentos. De descubrir que no son solo unos cuantos renglones. Un cuento es la condensación máxima de una obra de arte. Sigo amando las novelas, y ahora también amo los cuentos. ¡Ah, cómo he disfrutado con ellos!

“Mi cuento estaba lleno de errores que yo no sabía reconocer en ese momento”.

P. ¿Has publicado ya algún texto?
R. Tengo un blog llamado El Color de mis Ideas donde he publicado varios de mis textos. Allí también está mi cuento La molienda en formato de libro electrónico. Es, hasta ahora, mi publicación más larga. Brotó de una historia que conozco desde niño y que le sucedió a unos familiares lejanos en una finca del municipio de Neira, en el Departamento de Caldas. Una historia de brujas y espantos como las que tanto se contaron, o se cuentan aún, en el campo colombiano. En los ejercicios de buscar en nuestra mente las historias que quieren ser contadas, ésta tocó a mi puerta y no cesó de insistir hasta que la puse por escrito. Sentí gran responsabilidad de contar una historia con fundamento, así que realicé una investigación que me permitiera contar una ficción sin mentiras.

P. ¿Preparas alguna publicación próxima? ¿Podrías adelantar algo?
R. Sí, trabajo una recopilación de cuentos que no están publicados en mi blog. Son inéditos. Sigo uno de tantos consejos que me dio Claudia Restrepo, mi primera guía en esta maravillosa locura, y que a su vez ella misma recibió de Gabo: “No publiques todo lo que escribas”. Así que tengo varios textos que nadie más conoce y que estoy puliendo y seleccionando para reunirlos en una sola publicación. También tengo una novela que no he logrado terminar porque he discutido mucho con sus personajes, pues son muy filosóficos y nos embarcamos en unas discusiones que parecieran no acabar.

P. ¿Cuál de tus textos te ha exigido más trabajo?
R. Creo que la historia en la que trabajo hoy. Tengo dilemas muy profundos entre lo que la historia marca y lo que yo quiero que sea. He aprendido, en El Aprendiz de Brujo, que hay que darle libertad a la historia y ésta parece bastante caprichosa. Para superarla estoy practicando el silencio y la escucha. Me quedo callado y escucho con atención lo que la historia me dice.

P ¿Te persigue algún tema en especial?
R. Siento especial atracción por el misterio y lo sobrenatural. Por las experiencias que van más allá de los físico. Por las historias y los personajes que nos asustaron, o que nos contaban para asustarnos, cuando éramos niños. Las brujas, los duendes, los fantasmas, el diablo, la muerte. También, muy diferente a lo primero, me atraen mucho las emociones que sentimos cuando luchamos con nuestros demonios internos.

P. Si tuvieras que pasar una larga temporada en la azotea del edificio de Coltejer y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías? 
R. Llevaría La molienda, porque aparte del cariño especial que le tengo, aprovecharía para trabajar más en él y mejorarlo con todo lo que he aprendido. De hecho, el primer paso sería cambiarle el nombre por El trapiche y la leería mil y mil veces, porque así tendría conversaciones muy interesantes con José Restrepo, el personaje principal.

P. Para evitar que te condenen a montar guardia durante una semana junto a la jaula de los tigres hambrientos del Zoológico si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías? 
R. ¡Uf! ¡Qué difícil! No sé. De verdad que no sé. Pero si tuviera que hacerlo, escogería Lo que no me mata, porque me lo sé de memoria. Tal vez suene a trampa, pero cuando termine el turno con los tigres podría volver a escribirlo sin mayor dificultad.

P. Como profesional de la electrónica y los sistemas, ¿cómo consideras la relación de esa labor con la literatura?
R. Hmm… Creo que la relación es poca. En especial porque la ingeniería es muy matemática, exacta, calculada y planeada. Y aunque me apasiona mi profesión y la vivo con emoción e intensidad, la literatura es para mí otro mundo maravilloso, espectacular y muy diferente.

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?
R. Primero por mi avidez de aprendizaje y mi deseo de escribir mejor y mejor. Segundo porque disfruto tremendamente cada sesión, cada lectura, cada aporte de mis compañeros, cada enseñanza. Hay una riqueza inimaginable en El Aprendiz de Brujo. Hay tantas voces e ideas en mis compañeros que me resulta casi imposible tomar nota de todo lo que me aportan. Además, luego de haber conocido el estilo de Ángel, se incorporó en mí una manera diferente, si no mejor, de apreciar la literatura.

P. Te piden como pasaporte al paraíso terrenal que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?
R. Nací sin darme cuenta. Y he vivido casi sin notarlo, como por obligación. Mi infancia estuvo siempre dentro de la normalidad, una familia con padre y madre, dos hermanas menores y lleno de amor. Lo que pasa es que cuando hay algo que nunca ha faltado, tendemos a ignorar que existe. Mi pasión por la literatura me llegó en la adolescencia y desde entonces nunca me he quedado sin leer. Espero que desde ahora tampoco me quede nunca sin escribir. Me apasiona también la tecnología. Son dos mundos muy diferentes y eso los hace complementos perfectos para mi felicidad.


P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario?
R. Ha sido un ejercicio sorprendente. He aprendido que la inspiración, que las perlas, nos llegan en cualquier momento y es preciso capturarlas en el instante. No podemos confiarnos de nuestra memoria para escribirlas más tarde, cuando tengamos tiempo o cuando lleguemos a casa porque entonces ya no estarán, o por lo menos habrán cambiado. Sumo a esto un trabajo evolutivo que me ha permitido ir superando mi autocensura. Cuando se recogen apuntes en el Diario literario se hace sin filtro, sin embellecedores del mensaje. La idea se toma tal como llega, sin miramientos, no podemos ponernos a pensar cómo quedaría mejor o cómo gustaría más. No. Se escribe en el Diario lo que llegó, y punto.

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?
R.  2018-05-16
El polvo regresa todos los días, siempre a los mismos sitios, para darle que hacer a las personas que no soportan su presencia.

2018-05-02
Miró la lluvia toda la tarde aunque el sol brillaba sin obstáculos. Era una lluvia que nadie más veía. Solo él podía observar la tormenta en su interior.

2018-04-23
Destapó la cerveza, pero no llegó a tomar ni un trago. Al mismo tiempo en que la tapa de la botella tocaba el suelo, su corazón dio el último latido. Lo encontraron tirado en el piso, muerto en sobriedad y apestando a licor.

2018-04-21
“Tiempo” es el nombre de algo que no existe mientras todo lo demás sí.

2018-04-10
Olió el humo del cigarrillo que alguien fumaba cerca y quiso volver a ese funesto y siniestro amigo. Pero ya no tenía ánimos para faltar a su fuerza de voluntad.

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Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.

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Carné de Aprendiz

Entrevista con Ándrés Osuna Solar

Ángel Galeano Higua

 

De repente apareció allí, sentado, como si siempre hubiese pertenecido al Grupo. Silencioso y atento, toma nota con la voracidad de quien no quiere perder nada. Todo es importante para él. Lo que se lee, lo que se dice, lo que se calla. Cuando habla libera fábulas y seres fantásticos, personajes que brotan con su carga mágica, vuelan, aparecen en el sitio menos pensado, desaparecen en el laberinto de su refrigerador. Son sus fantasmas de niño, su alforja heredada de su familia, de los paisajes sabaneros, el mundo caribe, los peces atrapados en las ciénagas que le hacen guiños antes de ir a la brasa. Las mujeres exuberantes y sensuales que caen del cielo en su patio poblado de lianas y lagartijas. El profeta vestido de blanco que vuela por la carretera, y la hermosa viajera que desciende en la misma estación del metro cada día.

Su lío no es ninguna pera en dulce: ¿Cómo narrar estas historias que lo acechan, lo embriagan y lo ensimisman? Para alguien cuya formación académica estuvo alimentada de matemáticas y fisica, propia de un ingeniero, el lenguaje técnico, y la construcción esquemática y conceptual se han convertido hoy en un lastre muy pesado. Así lo comprendió y por ello, cuando fue dueño de su tiempo, tomó la decisión de des-aprender, de despojarse de esas fórmulas, aplicaciones y planes predeterminados fríos y repetitivos, para ingresar en el anchuroso mundo de las palabras cálidas, con olor y sabor, las historias de vida, los sentimientos y los sueños, lo invisible de las cosas. El universo de la literatura. Una vida impregnada de tanta academia y solución práctica de asuntos ferroviarios propios del funcionamiento del Metro de Medellín donde laboró muchos años, requiere de otra vida dedicada a desmontar esos cronogramas, esas cifras, esas recetas impresas en los manuales, esa indiferencia plástica y poética. En ésas se halla inmerso hoy, Andrés Osuna Solar (parece el seudónimo de un gran novelista). Nada fácil la tiene, pero su voluntad parece hecha del acero más poderoso. Y sobre todo, lo animan esos fantasmas de la infancia que lo acompañan cada día y gracias a los cuales, al cabo del tiempo, ha podido sobrevivir con sus sueños intactos.

 

Andrés Osuna Solar: “… Al cabo de unas horas estaba en Lorica, justo en fiestas de corraleja. Encontré a una señora amiga que tenía un puesto con cantina, me guardó la maleta y me dio comida. Pasé el día metido en la corraleja, conseguí amigos toreros que me prestaban la muleta, a los toros que veía que no eran tan bravos le sacaba muletazos. Al día siguiente antes de comenzar los toros me encontré con un vecino de Sahagún, que desde que me vio, me dijo que no hiciera eso, que mi mamá estaba muriéndose por lo que yo estaba haciendo, que me fuera con él. No me soltó y me llevó a casa, a donde llegué avergonzado y triste. Supe que afuera todo era difícil, hoy doy gracias a mi madre que si no es por ella no hubiese llegado a ser quien soy”.

 

P. ¿Cuál es tu gracia?
R. Creo que tengo varias, la terquedad, el compromiso, escribir cuentos de largo aliento, pero hablaré de una que me hace sufrir y sudar: la solidaridad con los necesitados, porque creo que este es un don que hoy día muy pocos poseemos. Dice mi señora que yo me saco el bocado para repartirlo. Para mí no hay frustración más grande que cuando me piden un favor y no pueda ayudar en algo, sobre todo si es un familiar.

P. ¿Y tu desgracia?
R. Creó que también son varias mis desgracias, no haber estudiado medicina para ayudar a toda esa gente necesitada de una ayuda como mi amigo, Bernardo Duque Fernández, no tener los recursos suficientes para crear una Fundación en pro de los más vulnerables que sí los hay en este país.

P. ¿Crees que has avanzado como lector, como escritor?
R. Cuando logro sincronizarme con la lectura de un escrito, siento que he avanzado como lector, pero a veces no logro compenetrarme con el escritor y me siento como si no adelantara nada, tengo que leer y releer para así encontrar el hilo del tema. En la escritura siento que he avanzado mucho, mis escritos son muy diferentes, he abandonado el lenguaje técnico que tenía grabado de acuerdo a mi formación académica, hoy día puedo asegurar que mi escritura es más literaria que antes.

P. ¿Recuerdas el primer libro que leíste? 
R. Recuerdo de muchos pero no podría decir cuál fue el primero. Tengo conciencia de un libro de Gabriel García Márquez, donde leí un cuento; El último Viaje del Buque Fantasma. Algunos pasajes que me impactaron y que hoy recuerdo, el inmenso buque se podía ver en la oscuridad y cuando pasaba la luz del faro desaparecía para volver a aparecer en la oscuridad, la poltrona de la muerte que quien la adquiría para descansar, pasaba al otro mundo sin remedio y ahora van a ver quién soy yo.

P. ¿Cuándo comprendiste que eras un aprendiz? 
R. Bueno, eso lo he tenido bien claro hace ya bastante tiempo, desde que terminé la carrera y me tocó enfrentarme a la realidad, porque uno sale muy teórico pero la realidad es otra y uno sale es a aprender cada día cosas nuevas y por lo tanto uno se convierte en un aprendiz constante, y porque nadie se las sabe todas. Más en el campo literario donde hay que crear con palabras, imágenes, seres fantásticos y lugares extraños, por todas esas cosas siempre serás un aprendiz.

P. Los textos que has compartido en las sesiones del Grupo hablan de seres fantásticos. ¿Qué piensas de ello?
R. Algunos de esos seres fantásticos son mis amigos en esa vida paralela que todos llevamos. Puedo hablar con ellos, algunos me atacan, otros me defienden, y a otros los veo actuar sin intervenir, eso es lo bello de la vida, sin ellos no hay vida ni literatura.

P. ¿Has publicado ya algún texto? ¿Cuál fue? ¿Cómo brotó?
R. Pues hace tiempo escribía para una revista tecnológica del Pascual Bravo. En literatura solo he publicado un cuento. “Encuentro en el metro” aparece en el libro de cuentos La duda, del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que obtuvo una mención de honor en el concurso Beca Antología de Talleres Literarios Ministerio de Cultura 2018.
El cuento salió de una, como comienza: la muchacha que aparece ocupando el puesto donde él se sentaba todos los días, y era la misma con la que soñó una noche. La fuerte atracción que ejerció sobre él y la relación que pudieron tener, pero después desaparece para siempre, sin dejar ningún rastro.

P. ¿Preparas alguna publicación próxima? ¿Podrías adelantar algo?
R. Sí, yo creo que para este mes de agosto aparecerá un libro de cuentos, La Ninfa del Aguá en el formato de la nueva Colección El Aprendiz de Brujo. Contiene cuatro cuentos, La Ninfa del Aguá que da su nombre al libro, Señales del Cielo, El desafío y Encuentro en el Metro. Además estoy preparando otro que lo titulo El profeta.

P. ¿Cuál de tus textos te ha exigido más trabajo? ¿Cómo lo superaste?
R. Bueno hasta la presente no he podido escribir algo que diga así salió y así se queda. Todo es una lucha por mejorar, por eso hay que cambiar muchas cosas en los textos y reducir demasiado sin que se afecte. A veces, de treinta paginas sólo quedan diez o menos, y eso es mucho trabajo. Porque al leer y releer te das cuenta que hay cosas que no son necesarias dárselas al lector, hay que dejárselas a la imaginación de cada uno. Con la lectura crítica de nuestros compañeros podemos encontrar algunas sugerencias, sobre algún aspecto que nosotros no vemos con claridad y podemos corregir.

P. ¿Te persigue algún tema en especial?
R. Si, a mí me fascinan todas las historias y recuerdos de mi niñez, esos miedos, fantasmas y seres de otros mundos que siempre han convivido conmigo en todas partes donde estoy.

P. Si tuvieras que esperar un mes a que pasara Shakira por el Parque de Laureles y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías?
R. Bueno, para mí sería fantástico llevar el que se titula “Señales del Cielo”, porque me mete en esa diáfana salmuera humana del Caribe, pudiendo explorar ese mundo que nadie más puede ver.

P. Para evitar que te condenen a oír todos los discursos de los políticos de Medellín si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías? 
R. A todos mis cuentos los quiero, pero sin duda destruiría El desafío, aun cuando he recibido elogios por ese cuento de mis lectores y eso que no ha sido publicado todavía. Para mí es un texto cotidiano que a muchos le sucede parecido en la vida.

P. Ingeniero, ¿cómo consideras la relación de tu profesión con la literatura?
R. Recuerdo que cuando estudiaba el bachillerato en la clase de español tenía un profesor, Enrique Barboza del Toro, que nos inculcaba mucho la poesía, en cada clase se recitaba de memoria un poema repartido entre varios alumnos dependiendo de lo extenso. Pero mi papá al darse cuenta que siempre estábamos practicando poesía, me decía: con razón esté país no progresa, ¿para qué sirve la poesía?, para beber ron, quedarse dormido en las bancas del parque y luego morir colgado de un árbol. ¡Estudie matemáticas para que pueda hacer una ingeniería, que eso es lo que sacará adelante este país de la pobreza en que vivimos! ¡Si no hay ingeniería no hay progreso!, decía. Por eso estamos como estamos. Aprendiendo poesía no va a haber árboles para colgarse tanta gente. Claro que la poesía no es literatura y considero que no hay ninguna relación, la ingeniería tiene otro tipo de lectura que no se mezcla, pero eso no quiere decir que no pueda haber escritores y poetas ingenieros, porque de poeta y loco todos tenemos un poco.

Lectura crítica de textos del Grupo.

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?
R. Desde muy pequeño he sentido el gusto por la literatura, pero no sabía si un escritor, nace o se hace, y con toda esa lección de mi padre perdí el interés. Ahora que quede desocupado y leyendo cualquier cosa, se me dio la idea de hacer un curso de escritor y deambulando por las ferias del libro encontré con El Aprendiz de Brujo y aquí estoy de nuevo aprendiendo, siempre seré un aprendiz.

P. Te piden como pasaporte al paraíso terrenal que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?
R. Sucedió en mi juventud. Mi mamá era muy celosa con mi hermano y conmigo, para ella no había novia perfecta. Pero a mí me gustaban, y muchas. Hacía mis parrandas en las fincas de mis amigos y amanecíamos borrachos jugando al toro. Sabía que al llegar a casa me esperaba una paliza. No importaba. Una vez, tenía tres días de farra y no sabía cómo llegar a casa. Esperé que fuera de madrugada y entré, tome una maleta y empaqué mi ropa. Cuando mi mamá se dio cuenta tomó un fuete y ya venía sobre mí, entonces tomé la maleta y me fui para la terminal de buses. ¡San Marcos, San Marcos! Me subí al bus y al llegar a ese pueblo me di cuenta que no conocía a nadie. Caminé por sus calles y al mediodía me encontré con un conocido de Sahagún: ¿Qué haces por aquí? Haciéndole un mandado a mi papá, le dije, pero él tenía clavados los ojos en la maleta… Si no te demoras nos encontramos en la terminal para irnos juntos, me dijo. Cuando se fue, volví a la terminal y tomé un bus para Montería, donde tampoco conocía a nadie y ni siquiera sentía hambre. Me quedé esa noche en esa ciudad, dormí con un ojo cerrado y el otro abierto, hasta que en la madrugada oí los gritos de ¡Lorica, Lorica!

Andrés Osuna, la constancia de aprender..

Al cabo de unas horas estaba en Lorica, justo en fiestas de corraleja. Encontré a una señora amiga que tenía un puesto con cantina, me guardó la maleta y me dio comida. Pasé el día metido en la corraleja, conseguí amigos toreros que me prestaban la muleta, a los toros que veía que no eran tan bravos le sacaba muletazos. Al día siguiente, antes de comenzar los toros de nuevo, me encontré con un vecino de Sahagún que desde que me vio, me dijo que no hiciera eso, que mi mamá estaba muriéndose por lo que yo estaba haciendo, que me fuera con él. No me soltó y me llevó a casa a donde llegué avergonzado y triste. Supe que afuera todo era difícil, hoy doy gracias a mi madre que si no es por ella no hubiese llegado a ser quien soy.

P. Esto da más de 5 renglones…
R. Ja ja ja, fue que me emocioné.


P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario? (algo de historia de tu experiencia)
R. Con el diario he tenido la oportunidad de consignar muchos pasajes que llegan a la mente, que luego no se recuerdan, además me ha ayudado a desarrollar nuestra capacidad de observación, no despreciar nada de lo que nos rodea, los sonidos, incluidos nuestros pensamientos. Me he podido dar cuenta, que un diario es como la recopilación de todas las situaciones que uno vive, incluso de otros que pueden estar a tu alrededor o no, es muy importante llevar un diario, en él se refleja las situaciones de tu vida.

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?
R. Sí, aquí van….

– Hace mucho tiempo no escribo con pluma larga, porque deseaba escribir un diario, pero necesitaba saber lo que realmente significa. No es fácil expresar los pensamientos de una manera ordenada como uno quisiera, pero debe ser por los prejuicios de los cuales uno se llena. Si es mi diario personal nadie lo tiene que ver. Gracias a los conceptos expresados por nuestro tutor, Ángel Galeano Higua, donde nos dice que el diario nos ayuda a desarrollar la capacidad de observación, consignar fotografías del medio, de los hechos intantáneos que no volverás a recordar si no los escribes. Escribe sobre toda clase de cosas hechos, es un banco de información que más nadie puede tener y que a la postre se convertirá en un libro. Después de todo el lápiz y el papel son más dóciles que los seres humanos y tendrán que tragar todo lo que a mí se me ocurra, en un desafuero de locura racional.

– Hoy hace un buen tiempo, el día está despejado y fresco, reina la calma en casa, los niños se han ido a clases y mi señora no sigue cobijada en su cama, no se ha levantado. En lo que concierne a mi diario no puedo dejar pasar por alto sin escribir lo relacionado con la conferencia del día once de septiembre en el Jardín Botánico, la cual estuvo presidida por los escritores, William Rouge y Ángel Galeano Higua. El tema tratado fue El patio como universo poético. La introducción estuvo a cargo de William Rouge. Comienza haciendo referencia a un fragmento del escritor Octavio Paz: Mis palabras, al hablar de la casa se agrietan, cuartos y cuartos, habitados solo por sus fantasmas, solo por el rencor de los mayores, habitadas, familias criadero de alacranes como a los perros dan con la pitanza, vidrio molido, nos alimentan con sus odios y la ambición dudosa de ese alguien”. A lo cual responde Ángel, pero es que no se ve nada, un patio extraño este, parece que todos somos fantasmas. Trataremos de recrear el patio que nos han impuesto, porque el patio que conocemos es hijo de la herencia árabe – española, pero nuestros ancestros conocían otros espacios que podríamos llamar patio también.

-De patio a patio
En esos linderos invisibles solo quedan,
los recuerdos de palabras esparcidas en el aire,
como el rocío que desciende del misterioso cielo…
Palabras líquidas que corren por el desierto del silencio
y navegan por el torrente río de nuestros sueños…
Recuerdo esa ventanita de cristal.
Por donde solías pasar a verme con disimulo,
esa misma ventanita por donde entraban las estrellas
todas las noches sin pedir permiso …
Ellas me traían toda la información del universo.
Esa ventana era el ojo por donde discurría todo ese cosmos alucinante que despertaba mis sentidos y me hacía recorrer el mundo sin salir de mi aposento.

– Se oyen voces algunos dicen.
Voces en la casa abandonada, en esa casona se oyen fantasmas.
Se oye renegar y susurrar, aquí habitan espíritus en pena.
Si entras ahí te robaran el alma, jamás podrás salir de ese lugar. Te convertirás en otro espíritu que reniega y
susurra, esperando su nueva víctima, para seguir la cadena…
Quisiera entrar para comprobar que allí están esas almas
que llaman en pena. Quisiera hablarles de su estado pero ¿qué ganaría si sé que por siempre seré una de ellas?

Medellín, julio 27 de 2018

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