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Archive for 31 julio 2019

Al cumplirse los 25 años del fallecimiento del gran pensador y estratega político revolucionario, Francisco Mosquera Sánchez, reproducimos en su memoria un breve aparte del discurso que pronunció ante los campesinos delegatarios de las cooperativas del Sur de Bolívar, en la Serranía de San Lucas en 1984. (Ver texto completo en: https://angelgaleanoh.wordpress.com/2019/08/03/maldita-la-paciencia/) 

Nuestro sueño es inmenso:

“Construir una nación diferente”

Francisco Mosquera Sánchez

 

… ¿Por qué hemos tenido que construir un partido diferente al liberal y conservador? Sencillamente porque, a pesar de que estos dos viejos partidos han controlado al país por tanto tiempo, el balance que hoy le presentan a la república es de un fracaso total. Ninguno de los aspectos claves del país funciona: ni la producción, ni la cultura ni la agricultura, ni las comunicaciones ni la moral. Colombia necesita una industria próspera, comunicaciones fáciles, baratas, necesitamos un agro avanzado, necesitamos escuelas. Pero para eso tenemos que eliminar los obstáculos del atraso: la dominación extranjera y la explotación terrateniente, la extorsión de la gran banca y los parásitos que medran en la maquinaria del Estado. Todo el producto del trabajo nacional se dilapida, no nos queda absolutamente nada. Por eso tenemos que librar una batalla gigantesca para que las riquezas naturales, los medios de producción, y entre ellos la tierra, pasen a ser propiedad del pueblo. Cuando logremos tener en nuestras manos el poder, tendremos que empezar a construir con nuestro trabajo y nuestro esfuerzo, una nación diferente. Esto parece un sueño inmenso. Pues para la realización de este sueño es que un puñado de hombres y mujeres hemos construido un partido diferente…
Si yo no estuviera convencido de que estas tareas, desde las históricas, hasta poner a funcionar las cooperativas campesinas, yo no hubiera venido esta noche a Montecristo a hablarles… Siempre piensa uno que son más grandes los obstáculos que nuestras fuerzas, pero si logramos profundizar en la raíz de los problemas y resolvemos el gran asunto de la unidad nacional, creo que podremos arrasar con todos los obstáculos que se han interpuesto durante tantos años a la felicidad y a la prosperidad del pueblo…”


Tomado de Navegantes de la utopía, “Maldita la paciencia”, Ángel Galeano Higua
Fundación Arte & Ciencia, 1997

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Giovanna Pezzotti

A blanco y negro

Ahora que Giovanna ha continuado su viaje cósmico, presentamos un perfil con el cual rendimos un homenaje a su memoria, como compañera y fotógrafa, arte al cual le entregó su vida. Se destacaron sus trabajos en el Barrio Moravia y la Cárcel La Ladera, y la ternura con que supo captar a los niños.

Ángel Galeano Higua

Giovanna Pezzotti

Cuando en una reunión del periódico vimos las fotografías que Giovanna Pezzotti había tomado en Moravia hacía más de 30 años, comprendimos que estábamos ante una mujer que sabía mirar más allá de la lente y que cada fotografía contenía una fuerza crítica que mostraba el drama humano desde otras perspectivas. Desde atrás de la cámara ha visto derrumbarse durante 40 años muchas de sus ilusiones y quizás por ello su desencanto lo expresa como polémica e irreverencia que a muchos incomoda.

A caballito – Fotografía de Giovanna Pezzotti

Giovanna es hija del conde italiano Francesco Antonio Giovanny Pezzotti nacido en Escalea y de Teresa Villegas oriunda de Aguadas. Se conocieron cuando Francesco vino a Colombia en 1900 a bordo de una embarcación del abuelo Pezzotti con el propósito de comprar oro. Visitó varias minas, entre ellas El Zancudo. Pernoctó en una hospedería del barrio Buenos Aires de Medellín donde conoció a Teresa. De los seis hijos que tuvieron Giovanna fue la única mujer.
Desde muy joven Giovanna se mostró poco amiga de la modorra liquidacionista que contiene la rutina. No hizo lo que otros querían y así llegó a Bayer, Alemania, para estudiar fotografía. A su regreso, un día cualquiera le dijo al director del periódico El Colombiano, de Medellín, que ella era fotógrafa y que le gustaría trabajar para ese diario. Entonces él le pidió que de inmediato fuera a cubrir un evento y de esa forma empezó su carrera profesional pero independiente, porque siempre trabajó así, independiente.

“Somos payasos pero nos creemos dioses”

El oficio del fotógrafo requiere atrevimiento de malabarista y curiosidad de investigador. Obra haciendo caso omiso de lo que no está en el encuadre, llegando a correr riesgos inesperados. Como le sucedió a Giovanna cuando cubría una manifestación de un reconocido cacique liberal de los años 80: buscando nuevos ángulos se subió a un muro y sin darse cuenta dio un paso atrás y cayó al vacío.

Niños de Moravia – Foto de Giovanna Pezzoti

Ella oía que al otro lado de la pared preguntaban ¿qué se hizo la fotógrafa?
“Los fotógrafos somos muy payasos. Nos tiramos al suelo, subimos a las paredes buscando ángulos y nos convertimos en centros de atención de la gente”, sostiene Giovanna. Según ella, los fotógrafos suelen creerse dioses que juegan con el tiempo y la distancia. Quieren eternizar lo efímero y lubricar la memoria. “Con la fotografía uno no olvida nada, uno se siente como un dios… Para mí la fotografía es un constante asombro, siempre corría a revelar las películas como si fuera a descubrir algo nuevo”.

“El matrimonio es un estorbo”

“A pesar de ser bajita no me faltaron los pretendientes”. Varias veces estuvo a punto de casarse. Pero los novios se oponían a que le dedicara más tiempo a la cámara que a ellos. Con uno de ellos rompió el compromiso porque la puso contra la pared ya que Giovanna quería cubrir la Vuelta a Colombia: o la vuelta o yo. Ella se fue con su cámara y nunca más supo de él.

Perfil de Mujer, crónicas y reportajes 30 Años de EL PEQUEÑO PERIÓDICO

Perfil de Mujer, crónicas y reportajes 30 Años de EL PEQUEÑO PERIÓDICO

Hoy no se arrepiente: “El matrimonio es una esclavitud para la mujer, yo nunca quise echarme encima esas preocupaciones de tener hijos”. Y hablando de la situación de la mujer en nuestra sociedad sostiene con vehemencia que “La suerte de la mujer no ha cambiado nada. Antes la mujer era bien vista por su saber, por sus conocimientos. Hoy está más esclavizada en todo sentido: sometida a la dieta, la silicona, las modas… Está peor”.
¿Tus fotografías ayudaron a alguien alguna vez?, le preguntamos. “Sí, varias veces. Había mujeres que se creían feas y vivían acomplejadas, pero cuando les tomaba fotografías y se las mostraba ya no se veían así”.

El compromiso del fotógrafo

“Con la fotografía aprendí a romper mitos. Me hice irreverente… La cámara da cierto poder y sin que uno se lo proponga siempre está al frente”. Con la doble ventaja de tener una cámara y ser mujer entró donde se lo propuso con el fin de hacer reportería. En esos gajes del oficio sentía necesidad de comprometerse con los más humildes. Ora en las luchas por la vivienda en Moravia, ora en las huelgas estudiantiles de la Universidad de Antioquia. Fue encarcelada varias veces, pero no por su oficio propiamente, sino porque no soportaba el deseo de hacer parte de lo que veía detrás de la lente. Así sucedió en una refriega entre la policía y los tugurianos de Moravia. Durante una manifestación estudiantil cometió el error de olvidar que era fotógrafa y se sumó a la protesta. Fue reseñada porque al ver una piedra que se dirigía directamente hacia ella, se agachó y la piedra se estrelló contra un capitán de la policía que estaba detrás. “Fui detenida por haberme agachado”.
Así como por su lente pasaron esas jornadas, también desfilaron los más diversos personajes desde Cortázar, García Márquez, Mario Benedetti, el Rey Hussein, Doménico Modugno, hasta presidentes y mafiosos como Pablo Escobar cuando echaba discursos en la plaza pública.
Cuando Colombia entró en la debacle de los años 80, muchos intelectuales, artistas y periodistas debieron abandonar el país. Giovanna tuvo que hacerlo en 1987 radicándose en Italia, su segunda patria, la que visitaba cada año, desde su infancia, para departir con su familia paterna. En Roma trabajó para diversos periódicos y revistas. Tuvo la oportunidad de conocer al Papa Juan Pablo II por casualidad en una calle de la capital italiana cuando el alto jerarca llegó para asistir a una reunión con personajes de la vida pública italiana, entre ellos el presidente. A Giovanna le causó gran impresión el hecho de que el Papa se hubiera salido del protocolo y la hubiera saludado a ella y otras personas que se hallaban en la acera. Cuando ella le dijo que era colombiana el Papa le puso la mano en la cabeza y le dijo: “Me duele la guerra del narcotráfico y la guerrilla”. “Vi que era un hombre sencillo y muy sensible”, dice la fotógrafa.
Pero en Italia también tuvo dificultades con ciertos personajes que la amenazaron y debido a ello sufrió un infarto que la llevó hasta el borde de la muerte. “Entonces colgué la cámara por miedo. Soy otra desde ese momento, entendí que había llevado una vida inconsciente y que por ello fui tan atrevida e irreverente. Decidí dedicar mi vida a escribir una novela”.

A blanco y negro

Para Giovanna la fotografía debiera ser a blanco y negro, porque “El color distrae la atención, en cambio a blanco y negro uno mismo le pone los colores”.
Hoy, la veterana fotógrafa gasta su tiempo haciendo gimnasia, escribiendo su novela y yendo al estadio a ver fútbol. Le gusta leer a los clásicos: “Goethe es fabuloso, Gabo me fascina, las novelas policíacas me atraen y, a aunque a muchos no les gusta, yo sí leo a Fernando Vallejo”.

Lectura en la cárcel La Ladera, 1970 –

También le gusta cocinar, comer chocolates, le encantan los vinos y los quesos. “Procuro aplicar lo que dijeron los griegos: mente sana en cuerpo sano. No voy donde los médicos porque son verdaderos matasanos, ellos lo enferman a uno”. Quizás por eso su mayor temor es a enfermarse.
Para Giovanna la fotografía atraviesa un momento muy difícil debido al endiosamiento de la tecnología digital. El buen gusto se ha visto afectado. Le sigue atrayendo esa relación entre la pintura y la fotografía, pues para ambas el tiempo no pasa. “El Coliseo romano, por ejemplo, tiene miles de años y encierra tanta información… Me gustó fotografiar ese tipo de construcciones antiguas por la abundante información histórica que tienen”.
Paradójicamente a la fotógrafa colombo-italiana no le gusta que la fotografíen. “Cuando me toman fotografías me destruyen”.
¿Qué le gustaría fotografiar hoy? “No sabría, porque el mundo se nos cerró, nos lo cerraron. Me parece muy triste el mundo de hoy, aunque puede ser un momento de transición y quizás vengan tiempos mejores”.

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Tomado de Perfil de Mujer, Edición 74, EL PEQUEÑO PERIÓDICO.

Luego apareció publicado en el libro de antología con motivo de los 30 años de vida del periódico. El cuento “Rosita“, escrito por Giovanna Pezzotti, hace parte del primer libro publicado por el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, Primer Conjuro, 2008, editado por FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA. Lo publicaremos en próximos días.

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