Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 12 junio 2019

El heroísmo de sobrevivir

María Orfaley Ortiz Medina (*)

El 6 de Junio, en el marco de la celebración de los 10 Años del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, tuvo lugar en la Sala Abierta de la Biblioteca Piloto de Medellín, una conversación alrededor del libro Los niños de Aquitania, entre su autor, Ángel Galeano Higua, y la escritora, Magister en psicología de la Universidad de Antioquia, Especialista en estudios sobre juventud, María Orfaley Ortiz Medina, y el público asistente. Presentamos a nuestros lectores los apuntes que la escritora preparó con este motivo. El evento fue convocado por la Fundación Arte & Ciencia y El Grupo Literario El Aprendiz de Brujo

María Orfaley Ortiz Medina: Tal vez, los niños solo pueden intentar crecer en silencio. Con el único heroísmo de intentar sobrevivir allí. (Foto archivo)

Como una rama

Son siete capítulos cortos, con un lenguaje sencillo, narrado en tercera persona, todo pasa en una noche y la mañana siguiente. La protagonista, una niña muy decidida y valiente que quiere salvar un árbol, o mejor, los árboles de su parque. La niña tiene una relación especial con ellos, ha soñado con la casita del árbol.

De una forma sencilla, a través de la acción de la niña y de algunas pistas sobre el espacio, queda claro para el lector que el entorno está cambiando, el canto de los pájaros está siendo reemplazado por el ruido de los carros, al parecer se quiere construir un centro comercial.

El cuento presenta una relación especial de los niños con la naturaleza, están cercanos a ella, y este mundo natural en el que juegan es amenazado por las ideas de progreso, por una mirada adulta urbanizadora. Los adultos desean reemplazar este mundo natural por uno de concreto. Así queda puesta sobre la mesa la oposición entre dos miradas del mundo: niños-naturaleza vs adultos-progreso-concreto.

No hay discursos sobre la importancia del cuidado y el amor por la naturaleza. Hay un acto decidido. Así, las acciones de la niña van dibujando la relación con el mundo natural mediado por el afecto, a ella solo le interesa salvar su árbol y se vale de lo único que tiene para hacerlo, su cuerpo amarrado a él, como una rama.

Matías, comenta sus impresiones al leer “Los niños de Aquitania”.

Es interesante cómo son puestos allí varios elementos, los padres no saben qué pasa, nadie sabe, los adultos no saben lo que ha sucedido, porqué una noche la niña desaparece, llega la mañana y nadie sabe nada. Hay una distancia entre el mundo de los niños y el mundo de los adultos. Al final, cuando la niña es descubierta, todos los niños salen, “saben lo que tienen que hacer” frente a unos adultos impávidos.

A los adultos no se les convence con discursos, se les interpela con un acto que los sorprende, un acto que los interroga en su forma de habitar el mundo. Esto es lo que parecen saber los niños, y en especial la protagonista, que los adultos no atienden a los argumentos de los niños, que siempre tendrán la razón y que solo hay una manera de hacerles ver lo que se piensa, un acto. Un acto que intenta detener lo que ya es decisión, lo que ya es proyectado como el futuro para su mundo. Así, la civilización, el concreto -el centro comercial-, el capitalismo, amenazan la casa del árbol, la libertad, el mundo natural, los espacios de aventura para el espíritu infantil. Y queda para el lector una idea rodando allí, ¿acaso la idea de progreso como urbanización empobrece los espacios posibles para los niños? ¿Se precariza el mundo de los niños en las ciudades?

 

Los niños de Aquitania

Es un cuento que uno lee con una sensación extraña entre la contención y la aceleración del pulso, escapan suspiros, no de amor, o de sorpresa, suspiros que genera el encontrarse con el horror. Pero no es la descripción de la crueldad de nuestra violencia a secas. Este cuento pone al lector frente a algo que lo desacomoda de entrada: “Patean la pelota en las ruinas del atrio, mientras que en la parte de atrás de lo que queda del templo, un hombre y una mujer, con las manos amarradas, esperan”. El lector se encuentra entonces con el juego y la muerte, con los niños en un mundo macabro, con una infancia entre murallas. Patear la pelota al tiempo que suena una ráfaga, con ello se introduce la atmósfera que marca el cuento.

Son nueve capítulos muy cortos, narrados por un testigo, un integrante de una comisión que va a llevar la lectura y la escritura a los niños. Nueve capítulos que narran la historia acudiendo al fragmento, al salto de una imagen posterior a una anterior. Un rompecabezas para armar, simulando tal vez lo que sucede con los trabajos de la memoria cuando intentan hacer un tejido con lo innombrable, diría lo incomunicable, si bien el cuento comunica, transmite al lector algo de esa experiencia de ruptura que nos trae el narrador, pero de la que no podrá comunicarse todo.

Podría ser, aquel lugar, el mundo ideal para los niños; hay una montaña, un río, pájaros, animales. Pero, allí en medio de esa rica naturaleza se nos dibuja el predominio del terror, la vida de los niños precarizada por los violentos.

Jóvenes estudiantes toman la palabra. Lecturas que los conmueven.

Hay en el cuento varias escenas muy duras, la pareja amarrada que espera, el silencio de los pobladores, que, además lo imponen a los visitantes, los cuerpos todavía sangrantes, la gente corriendo con dolor, rabia e impotencia. Sin embargo, si el foco de lectura de este cuento es la mirada sobre los niños, el lector se sobrecoge con los capítulos 4, 5 y 6, veamos un fragmento del capítulo 4.

Trajimos nuestros libros de cuentos para leerlos en voz alta, pero las circunstancias no lo permiten y tenemos que leer como si nosotros fuésemos los delincuentes que tuviéramos que actuar a escondidas. Cuando los niños ríen, gracias a las aventuras que susurramos, ahogan la alegría con la mano sobre la boca. Al cabo de una enmarañada y deliciosa trama, tomamos un refrigerio. Mastican con parsimonia y beben la limonada sin hablar. Luego, como un ritual de sobremesa, patean la pelota en un rincón, sin hacer ruido, con la precisión propia de quien ha aprendido a hacerle quites al peligro. (p. 14-16)

¿Acaso se nos muestra aquí una inversión de las cosas, de lo que nos dice la lógica? La lectura de historias debe llevar a los niños a mundos peligrosos, pero, con la certeza de que nada va a pasar, vamos a la historia, experimentamos el miedo y volvemos al lugar seguro de la cotidianidad. Aquí no. Los niños con la lectura hacen una pausa al horror cotidiano, al silencio obligado. La literatura los lleva a otros mundos, pero tienen que ir de modo furtivo, caminando agachados “hasta un sótano oloroso a humedad” (p. 13).

Pero los niños en los cuentos no están solos, hay adultos. En los niños de Aquitania, los niños parecen estar solos en ese mundo. Los adultos son los violentos, de los que se sabe en el cuento por sus acciones, no se les ve el rostro; los pobladores que aparecen todos, rabiosos, impotentes a encontrarse con sus muertos. Y están los adultos de la comisión, los que les llevan los libros, la lectura y la escritura, los que los pueden ver e invitar un rato a vivir la infancia, a vivir como los niños que son, aunque esto tenga que darse como un acto furtivo. Pero estos adultos se van, son visitantes que no resisten ese terror con el que los niños parecen haber aprendido a convivir.

Es una buena pregunta aquella de qué sucede con el mundo de la infancia cuando los adultos están presos de contextos amenazados, cuando la atmósfera violenta deja reinar especialmente al miedo. Tal vez, los niños solo pueden intentar crecer en silencio. Con el único heroísmo de intentar sobrevivir allí.

_____

(*) María Orfaley Ortiz Medina, psicóloga, Magister en psicología de la Universidad de Antioquia. Especialista en estudios sobre juventud. Ha publicado Nucamono quiere saber (2008), Lucy (2009), Almas de madera (2010), El Misterioso Libro de papá (2011), De sapos y trampas (2012) y Ese día no salió el sol (2005) Ha publicado también distintos artículos de psicología aplicada en el área educativa y social, así como artículos sobre literatura.

Anuncios

Read Full Post »