Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 19 septiembre 2018

Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.

____

Carné de Aprendiz

“Ya me atrevo a superar la poesía”

Entrevista con Francisco Pinzón Bedoya

Ángel Galeano Higua

 

Cuando me entrevisté por primera vez con el ingeniero Francisco Pinzón Bedoya, en la cafetería del edificio El Paraninfo de la Universidad de Antioquia, él acariciaba un proyecto de libro de poesía que quería que la Fundación Arte & Ciencia le publicara. Desde ese momento percibí en sus textos una sensibilidad musical. Leí sus versos, avanzamos durante varias reuniones y alcancé a proponerle dos ilustraciones para la portada del libro, elaboradas por Saúl Álvarez Lara. Era el año 2004 (si mal no lo recuerdo). Pero cuando íbamos a entrar de lleno en el proceso de edición, después de cinco meses de relecturas y conversaciones, él desapareció. Aún conservo las bellas portadas de Saúl. Aquella primera experiencia me anunció a un hombre tímido, riguroso y que necesitaba tiempo. Pasaron 15 años para encontrarnos de nuevo, pero esta vez no venía con versos, sino con otro propósito muy definido: quería aprender a narrar, a escribir cuentos.

La poesía sin estética no lo convencía y creía, como Stevenson, que la prueba de fuego de la poesía está en la prosa. De esta forma ingresó al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que se reúne los sábados, y se entregó por completo a la aventura de aprender a leer y a escribir de nuevo, que son las máximas búsquedas del Grupo. Le atrapó la propuesta de llevar un Diario literario, de atreverse a leer con otros faros a los grandes maestros y de explorar con mirada crítica los propios ejercicios escritos y los de los demás. Y este aprendiz cayó bajo el embrujo de esa libertad de leer y escribir sin los patrones academicistas, desbaratando títulos, escarbando primeros y últimos párrafos, torciéndoles el camino a los personajes para jugar a nuevos destinos, y probando nuevos desenlaces. En esa fragorosa atmósfera desmitificadora, se ha atrevido a compartir varios de sus escritos que llenan de entusiasmo sus ojos y despiertan el interés de los contertulios.

En la presente entrevista nuestros lectores podrán percibir en qué va la riqueza de su búsqueda, el ahorro de palabras para ensanchar las sugerencias y su alegría de aprender a aprender, porque no quiere “olvidar de dónde vengo y qué soy”.

 

Francisco Pinzón Bedoya. “Tolimense de hechura Caribe. Ingeniero en ejercicio durante más de 40 años, desde Bucaramanga hasta Medellín donde echo raíces. Soy el resultado de una búsqueda de ser en letras y en pétalos, como expresión de mi sensibilidad profunda, además de padre, esposo y buen amigo de muy pocos. Amante de la salsa, el son, el vallenato clásico, y el ron o el whisky”.

 

P. ¿Cuál es tu gracia?
R. Tomo riesgos, asumo la vida como llega y pongo un sello en lo que escribo y enfoco: poesía y belleza. En imágenes, navego por el ensueño de la mirada distinta de las flores que me rodean. A eso le sumo mi compromiso conmigo mismo y mi espontaneidad para compartir.

P. ¿Y tu desgracia?
R. No saber tocar un instrumento musical: mínimo, la guitarra, y no cantar como yo quisiera, mi voz nunca tuvo el tono de mi voluntad. Hubiera querido musicalizar algunas de mis poesías, ya que me precio de tener un excelente oído.

P. ¿Crees que has avanzado como lector, como escritor? ¿Por qué?
R. Como lector aún mantengo el mismo ritmo de siempre y debo disponer de más tiempo, que ya llegará, Aún no avanzo como quisiera para ser más universal. Lo que sí tengo claro es que debo ser selectivo.

Poema de Francisco Pinzón Bedoya publicado en la edición 96 de EL PEQUEÑO PERIÓDICO e incluido en la antología La última página, con motivo de los 30 años del periódico.

Como escritor, ya me atrevo a superar la poesía, a abordar el relato y el ensayo, aunque persigo con limitaciones el cuento y mucho más lejos, para un mañana, la novela. No me limito sólo a lo que me gusta pues he empezado a tocar temas a los que le huía por temor o dolor, como la muerte o el suicidio.

P. ¿Cuál fue el primer libro que te impactó?
R. En 1975, el primer volumen de Archipiélago Gulag del escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn. Es una ironía porque es un conjunto de historias sobre la represión en la URSS, conseguido a través de los compañeros de la Juventud Comunista (Juco) en la universidad, como el gran boom que desenmascaraba al otro imperio. Gulag es miedo y todo lo que estar bajo el régimen conllevaba. Lo curioso es que del impacto sólo recuerdo el dolor que me transmitieron esas torturas que ahora se parecen a las que padecieron los detenidos de los campos de concentración nazis o los que se padecen en Guantánamo.

P. ¿Cuándo comprendiste que eras un aprendiz?
R. Desde mucho tiempo atrás en mi desarrollo profesional, pero como escritor desde que me atreví a mis 41 años a escribir poesía. Creo que siempre he sido un aprendiz, explorador, escudriñador, desentrañador. Ha sido una dedicación de tiempo completo. Leo de manera selectiva y me doy el permiso de dejar de leer aquello que no me mueve ni me enriquece. Desde este año, he ingresado en un plan estructurado para aprender a ser cada vez un mejor aprendiz, en donde no haya textos vedados ni altares o dioses que no se puedan analizar, desmembrar y hasta copiar, para los fines de ser un escritor.

P. En casi todos los textos que has compartido en las sesiones del Grupo se nota una lucha entre las figuras poéticas y la narración. ¿A qué se debe?
R. Soy un poeta de tiempo completo, romántico, ensalmador, amante, travieso, curioso y atrevido. Quiero aprovechar eso para relatar y contar, bajo la esperanza de llegar a textos bellos, bajo el supuesto de que podré pronto disponer de más tiempo para ello. La lucha es que me mueven las estructuras descontaminadas de reglas y de miradas que consideren el lector, ahora, como narrador debo tener en cuenta: para qué, por qué, para quién, y qué y cómo escribo. Por ello, quiero adquirir más capacidades para contar tanto de lo que aún tengo por decir, de lo que sé y de lo que no sé.

De su libro Sentires en mí menor

P. ¿Has publicado ya algún texto narrativo?
R. Sólo aquellos que autopublico en mi blog pero hasta ahora, en libros, sólo mi poesía. En algunas revistas internacionales he hecho ensayos sobre algunos otros temas, pero la narración no es algo nuevo, sólo que debo enfrentarlo porque hasta ahora me ha sido esquiva, por no decir que difícil. Tengo varios intentos que seguiré puliendo o destrozando, no lo sé. Debo lograrlo, sé que puedo.

P. ¿Preparas alguna publicación próxima? ¿Podrías adelantar algo?
R. Preparo un libro de poesía erótica y otros de talantes diversos donde vuela algún título ya, con la alegría de mi editorial y la mía propia. De un tiempo para acá derivo por textos en italiano y quiero traducirlos, poco a poco voy regalándome belleza que otros han dejado para mis ojos.

P. ¿Cuál de tus textos te ha exigido más trabajo? 
R. Hay un texto narrativo que lo he escrito como 17 veces y siempre me queda “cojo”, y en parte porque quiero ser un buen Aprendiz de Brujo a ver si lo exorcizo y lo logro como yo me imagino que debe quedar. El primer borrador nació en 2001 y aún le hago versiones. No lo he superado, sigo viviendo con mi personaje y su historia allá a la orilla del mar Caribe.

P ¿Te persigue algún tema en especial?
R. Sí, varios ligados entre sí: el mar, el amor, el erotismo, la piel, y algunas reflexiones para trascender cosechadas en mis 62 años de vida. De igual manera, mi familia ampliada y mucho de lo que me rodea y me hace feliz o infeliz o me es indiferente, sobre ello también quiero escribir.

P. Si tuvieras que viajar por los desiertos de La Guajira durante un mes y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías?
R.Esos patios de mi viejo”, poema que narra la historia de mi familia en Santa Marta, para no olvidar de dónde vengo y qué soy.

P. Para evitar que te obliguen a hacer de arriero por los caminos ancentrales de Antioquia durante medio año, si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías?
R. Algunos de mis primeros poemas rimados de hace veintitantos años. Ellos me hacen recordar esas épocas en que crecía al lado del siglo de oro español y otros más, que me llenaron de “cantaítos y gorjeos” que ya nada me dicen.

En una sesión sabatina del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo (foto archivo)

P. ¿Cómo consideras la relación de la poesía con la literatura?
R. Siempre he considerado que la poesía es parte de la literatura, entendiendo ésta como el arte de la expresión escrita o hablada, donde creo que la lírica, la narrativa y el teatro forman parte de ella; bajo conceptos universales de estética y alegría. En cualquiera de las clasificaciones que se hagan siempre estará presente la poesía como expresión suprema de lo bello. Lo que sí tengo claro es que poesía sin estética, no existe o no es poesía.

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?
R. En un principio, asistir fue la disculpa para tener un ámbito en el cual compartir mis letras y obtener algún tipo de retroalimentación. Ahora, ya parte de un colectivo con aspiraciones mayores, soy un seguidor con ojos de asombro que disfruta del talento de tanta gente en cada sesión, como un niño con su regalo escaso e irrepetible que pidió durante tantas navidades.

P. Te piden como pasaporte al paraíso terrenal que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?
R. Tolimense de hechura Caribe. Ingeniero en ejercicio durante más de 40 años, desde Bucaramanga hasta Medellín donde echo raíces. Soy el resultado de una búsqueda de ser en letras y en pétalos, como expresión de mi sensibilidad profunda, además de padre, esposo y buen amigo de muy pocos. Amante de la salsa, el son, el vallenato clásico, y el ron o el whisky.

 


 

P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario? (algo de historia de tu experiencia)
R. Libertad de decir, en el momento en que llegan las ideas o las inquietudes, sin barreras ni restricciones ni reglas preconcebidas. Es un repositorio de chispazos y ocurrencias. Como es personal pues no está sujeto a ninguna mirada, a ningún juicio. Materia prima de escritos mayores o ideas que se gestan.

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?

R. Aquí van…

Ellos llegan y tocan un timbre ruidoso: ¿está el doctor? Las respuestas varían entre un sí y uno no, y un para qué lo necesita. Es una variedad de rostros, toses y necesidades. Las dos señoras jubiladas que desesperan y en turnos salen a la calle a fumar o a llamar por celular, hablan todo el tiempo. Una pareja dispareja parecían como hermanos, hasta que una caricia cuando uno de los dos entró al consultorio delató la afinidad. La señorita que atiende la recepción, recién bañada, tiene una cara de aburrimiento que pronto cambia por una auténtica de “no me importa ni lo uno ni lo otro”, cobra, devuelve, hace pasar a los pacientes, atiende tres teléfonos que no paran de sonar, y abre y cierra la puerta a distancia con un ruido que hiere los oídos. La pareja vuelve a sentarse porque el otro como que también tiene cita. Se ponen más melosos o cariñosos y hay que voltear a mirar para otro lado. Sólo yo escribo y escribo, tal vez en un afán de mover la mano y dejar que algo quede de esta espera que llena de desespero mi cuerpo, porque debo ir a mi taller de escritura y el doctor no llega, ya tiene 66 minutos de retraso.

Y uno queda suspendido en una mirada de asombro frente a letras que son impactantes, no sólo por la belleza, la pulcritud y la precisión para describir el movimiento y la atmósfera de un cuento, sino por la creatividad de imaginar adjetivos preciosos en lugares impensables desde las formas que oigo desde mis reminiscencias del Caribe hasta otras llenas de vida y del espíritu del escritor. Sólo fomentan una pulsión por seguir leyendo y por atrapar las enseñanzas de esos grandes que me han precedido. El siempre presente Nobel 1982 y hasta otros como Bolaños, Daniel Pennac o Manuel Mejía Vallejo.

Imágenes en movimiento rondan mis recuerdos: Juancho y sus gritos mientras se tiraba de la volqueta sin parar, cargada de arena mojada recién sacada de la quebrada Tamacá, para atrapar por el cuello una gallina a la orilla del carreteable, y el consiguiente grito de “¡Hágale, Patrón!”; las chivas del señor Espejo subidas en los árboles y comiéndose todo a su alrededor con su olor almizclado característico, donde la bolitas de caca eran el denominador común; la vida fluyendo en la calle con el golpe de la tapa de una carretilla ofreciendo desde pan fresco y caliente hasta la música de la dulzaina o del xilófono anunciando el servicio de sacarle filo a los cuchillos y a las tijeras, cuyos artesanos mi padre odiaba porque “¡Lo único que hacen es dañarles el filo porque no usan piedra sino un esmeril! ¡Esos ni siquiera de eso saben! ¡Charlatanes, tumbadores!”

Veo sombras alteradas en el piso brilloso de la calle después de la lluvia de toda la tarde. Ya casi anochece. De pronto, por un movimiento de humanos detectado por la mirada periférica del rabillo del ojo, me sobresalto. ¿Por qué sólo sombras de personas si no está transitando nadie? ¿Será que algunos la han perdido? ¿Es posible que hayamos llegado a esos extremos? He de revisar esos sonidos que llegan en la noche, de risas y de llantos, provienen de alguien, no vaya a ser que se queden pedidos en este aire sin dueño.

Medellín, agosto 24 de 2018

Anuncios

Read Full Post »

Expedición Palabra

Editorial

Leemos y escribimos para buscarnos, porque no nos hallamos en la sociedad de hoy. Vamos al cine o al teatro, recreamos la mirada en las exposiciones o viajamos en la música. Nos buscamos a través del Arte que incluye también la palabra.
No nos vemos en la ciudad por más que la trasegamos. Y la recorremos justo para ello, esculcamos cuanto vericueto vemos pero son enormes las presiones desde todos los ángulos contra la individualidad. La intimidad, resguardo del individuo, se ha tornado en espectáculo, en mercancía. Lo importante son las minucias intrascendentes y frívolas, y no la obra que se lega. Si no hay obra tenemos que inventarla.
La masificación es avasalladora y no nos conecta con los demás sino en lo previsto por esos centros de poder. La masificación es domesticación, que no se corresponde con esa búsqueda de aire propio que pretendemos en las jornadas de lectura y escritura. Vivir la propia vida es sospechoso, mal visto, peligroso como dice Guimaraes, en algún lugar de su gran sertón. Quizás sea esta la razón que nos impele a publicar esta nueva edición del periódico.
Después de una pausa de cinco años y animados por la efervescencia creciente de contar lo que vemos e imaginamos, y aprovechando que el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo cumple sus primeros 10 años, henos aquí de nuevo en la palestra impresa. Nos ha sorprendido la gran acogida de nuestros lectores y amigos, cuando les anunciamos el propósito de retomar el hilo de esta aventura llamada EL PEQUEÑO PERIÓDICO.
Durante el lustro que ya pasó, nuestra presencia fue virtual y mantuvimos comunicación constante con cientos de lectores. Ahora, como se nos ha hecho imposible continuar así, retornamos a la palabra impresa en el papel, olorosa a tinta y esfuerzos, jubilosa y a la vez contundente, no efímera como en la pantalla, ni tan distante e impersonal.
Se trata de un ejercicio para responder a la avalancha de escritos y proyectos atesorados en el Grupo Literario, semillero y baluarte del periódico. Sentimos que llegó el momento de compartirlos. Y así como hemos escrito en las redes sociales sobre diversos asuntos culturales y sociales, y entregado nuevos libros de cuentos, crónicas y relatos, así mismo entregamos en esta ocasión la Edición 102, jalonada por ese espíritu de expedición hacia la palabra recogida en este riesgoso oficio que es vivir.

Read Full Post »

Esta noche en la Fiesta del Libro de Medellín, John Harold Giraldo Herrera presentará su primer poemario, en conversación con su editor Ángel Galeano Higua

Colección Poetas Anónimos

Sin prisa se abre camino

John Harold Giraldo Herrera es docente de tiempo completo en la Universidad Tecnológica de Pereira y está adscrito a la Facultad de Ciencias de la Educación.

John Hardol Giraldo Herrera, hombre polifácetico: periodista, catedrático universitario, magister en literatura y candidato a Doctor en Educación.

Nacido en Pereira en 1979 es Magíster en Literatura y candidato a Doctor en Educación. Asume la necesidad de expresarse contando historias periodísticas escritas y desde el lenguaje audiovisual, ha ganado varios premios de periodismo como becas del Ministerio de Cultura.

Sus textos, en especial sobre cine, han aparecido en medios locales, nacionales e internacionales y es colaborador permanente de El Diario. Acaba de publicar su primer libro de poesía, toda una novedad en su amplio quehacer cultural porque siempre se le ve dedicado a otros campos. Este “secreto” estaba bien guardado.

¿Cómo logró interesar la publicación con la Fundación Arte & Ciencia?
Primero venciendo la timidez para mostrar lo que se hace y en parte eso lo logró Ángel Galeano Higua que es el editor de la colección Poetas Anónimos que lleva unos 10 poetas que publican por primera vez y no son tan reconocidos en esa materia. Ángel ya conocía algo de mi escritura y le envié un borrador, de ahí en adelante el proceso marchó hasta llegar a la consolidación de la publicación que es muy bonita en términos estéticos.

Lo conocemos como profesor universitario, escribiendo sobre cine y comprometido con la escena cultural de Pereira. ¿En qué momento llega la poesía?
Es una combinación de formas de expresión, he sido un tanto obstinado en la necesidad de expresarme y la poesía es un modo para salir a flote con otras cosas que uno quiere decir. Creo que entrar en la poesía significa dar un brinco y superar situaciones de la vida cotidiana que dejamos plasmadas en una serie de textos que están condensados en muchas ilusiones y que dan cuenta de sentimientos, amoríos, el transcurrir de los hechos, pero también dan cuenta de algo, y es el asombro.

¿Qué caracteriza los poemas de este libro?
Son poemas ágiles cuya duración es muy breve y están  divididos en tres colores: verde cuando ya tienes la libertad para pasar; naranja o amarillo cuando hay que detenerse o alistarse para continuar y el rojo que es un pare obligado donde el pensamiento vuela más rápido para salir avante a esa condición apremiante del semáforo. Son poemas que le rinden tributo al amor, a la compañía, a la posibilidad de ser padre… este libro lo he hecho con mi hijo y esa posibilidad de re-existir marca mucho los mensajes.

 ¿Cómo es eso de re-existir?
He tenido la oportunidad de compartir con una comunidad que aprecio mucho y de la que he aprendido y son los Misak, un pueblo indígena del Cauca con el cual he podido tener contacto y he aprendido de su cosmovisión; ellos enseñan que si en la vida hay que resistir hablan a cambio de re-existir, de volver a hacer, y eso es lo que nos ocurre a los seres humanos todos los días, poder volver a ser.

Uno existe a través del poema, uno re-existe a través del encuentro con un amigo, una aventura en un viaje, apreciar a los amigos con los que se cuenta, de poder ser docente, mecánico, celador, ama de casa y en cualquier espacio en el que nos encontremos hay que tratar de reinventar la vida cada segundo.

¿Cuánto tiempo le tomó estructurar la obra?
En estos dos últimos años de mi vida, pero tengo poemas que he guardado desde que estaba en el colegio y son menos breves, y en algún momento podrán salir en otra publicación o en un evento los leo, pero están disueltos. Esta es una compilación que da pie para esa idea de transcurrir, pensar el ahora, como una posibilidad trascendente pero lo que viene también apremiante y lo que pasó como parte de todo el calendario de un ser humano que también disfruta así sea padeciendo.

¿Qué prefiere, el cine o la poesía?
Ambas, en el cine hay mucha poesía, la imagen en movimiento está llena de reverdecimientos, matices, improntas, hay una movilidad especial para poder estar en la vida. La poesía también es cinematográfica porque está llena de imágenes que permiten conjeturar circunstancias. Veo cine asumiendo su lado poético, sea perverso, sea trascendente, de detalle, histórico, y muchas veces leo poesía tratando de imaginarme toda una película.

¿Con quién aprendió a ver e interpretar el cine?
Le debo la agudeza en la visualización de películas en primer lugar a mi padre; desde que yo tenía tres años me llevó a los cines y hacía una cosa que hoy en día uno lo piensa, y es que a los 12 años cuando había películas para mayores de 18 él me acompañaba y me explicaba las escenas, hoy en día muchos niños y jóvenes consumen productos masivos sin la compañía de sus padre. También aprendí en la academia; mi formación como comunicador audiovisual en la Universidad Tecnológica de Pereira me ayudó a forjar el pensamiento crítico y pienso en tres maestros excepcionales:

Fernando Maldonado, Luz Marina Henao y un colega que aprecio mucho, Lauro Zabala, un crítico investigador cinematográfico mexicano, y luego los encuentros de críticos de cine con Germán Ossa, además la constancia de ver cine, no puedo dejar pasar una semana sin ver varias películas. Me encanta el cine comercial, hasta el cine del 25 de diciembre lo he consumido no por el ritual del desenguayabe sino porque hay que ver lo que se produce.

¿Le gusta el cine colombiano?
Me encanta porque habla de nosotros, de nuestras características y cultura; le debo al cine colombiano la posibilidad de conocer tantos lugares que la pantalla chica no muestra, por ejemplo en La Sirga la laguna de La Cocha; le debo a la película La eterna noche de las 12 lunas el haber visto por primera vez una ranchería wayuu; le debo a Óscar Ruiz Navia la posibilidad de haber conocido un personaje como Cerebro y un lugar tan hermoso como La Barra. El cine me ha permitido conocer tanto realidades como personas que me dejan maravillado.

¿Qué le han dicho sus primeros lectores?
Mi vida se desenvuelve entre la docencia, el periodismo, las aventuras como reportero y el compartir con algunos estudiantes y colegas que también escriben poesía y ha sido un placer y me ruborizo al comunicar estos mensajes en la medida que hablan de manera sensible una forma de ver la vida. Los comentarios han sido positivos, me siento complacido y hay interesados en el libro, al fin y al cabo se publica para el público.


Tomado del Diario del Otún – Pereira.

http://www.eldiario.com.co/seccion/PERSONAJE/colecci-n-poetas-an-nimos-sin-prisa-se-abre-camino1709.html

Read Full Post »

Read Full Post »

Experiencias editoriales extraídas a la luz de 36 años de EL PEQUEÑO PERIÓDICO

Read Full Post »