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Archive for 27 agosto 2018

Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.

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Carné de Aprendiz

“Hubiese querido ser un árbol”

Entrevista con Giovany Arana Loaiza

Ángel Galeano Higua

 

Se sienta en el mismo lugar desde la primera sesión. Y fue como si los demás entendieran que debían hacer lo mismo. Esto da una idea de su forma de ser organizado, propia de su oficio en el mundo de la electrónica y los sistemas. Pero esa es una faceta. La otra corresponde al ferviente lector impregnado del deseo de aprender a escribir como un mago. Cuando alguien habla o comparte sus textos, él guarda silencio. Oye, piensa, rumia. Su mente esculca y su mano izquierda atrapa frases que se desgranan sobre su libreta de apuntes. Cuando habla lo hace con calma, procurando utilizar las palabras justas. Pocas salpicaduras de odio, casi ninguna, no se desgasta en calificaciones gratuitas. Y cuando suelta alguna ironía o hace una broma, intenta permanecer serio, pero alguna señal festiva se dibuja en su rostro o en sus ojos.

Sus ejercicios corresponden a esta mesura, a esta contención. Se esfuerza por no escribir largas parrafadas, se mide, va en la ruta de un aprendizaje responsable y profundo. Como si fuera en pos de algo más grande, algo inexplicable. En palabras suyas: “¿Por qué existe lo que existe?”. Ese perfil filosófico le permite poner en juego a personajes que se desenvuelven en dramas complejos. Utiliza lo que saquea de los cuentos y novelas que leemos en el Grupo. Juega a los finales inesperados. Dice que es un poco perezoso, que por eso le gustaría haber sido un árbol para no tener que trasladarse ni levantarse en las mañanas: sólo tomar el sol y fabricar oxígeno.

Pero en esa, su lucha con los demonios internos, le puede más la literatura y en las sesiones de los sábados es uno de los primeros en acudir, imbuido de entusiasmo y disposición. Como un convencido aprendiz.

 

Giovany Arana Loaiza, “Nací sin darme cuenta. Y he vivido casi sin notarlo, como por obligación. Mi infancia estuvo siempre dentro de la normalidad, una familia con padre y madre, dos hermanas menores y lleno de amor. Lo que pasa es que cuando hay algo que nunca ha faltado, tendemos a ignorar que existe. Mi pasión por la literatura me llegó en la adolescencia y desde entonces nunca me he quedado sin leer. Espero que desde ahora tampoco me quede nunca sin escribir. Me apasiona también la tecnología. Son dos mundos muy diferentes y eso los hace complementos perfectos para mi felicidad”. (Foto Ángel Galeano Higua)

P. ¿Cuál es tu gracia?
R. Tengo una manera particular de sentir y de ver el mundo. Cuestiono la razón de ser de lo que es y de lo que no es. ¿Por qué existe lo que existe? ¿Por qué pensamos lo que pensamos? ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Dónde y cómo nacen esas razones? Creo que no pasa un día sin que cuestione el status quo.

P. ¿Y tu desgracia?
R. Mi constante y, al parecer, eterna lucha contra la pereza. Dentro de mí vive un obstinado deseo de no hacer nada. De echarme en cama y dejar que el tiempo haga lo suyo sin que yo participe en su correr. Algunas veces me sorprendo pensando que hubiese querido ser un árbol. Cualquier árbol, pero en medio de la jungla más espesa y vivir dedicado a tomar el sol y fabricar oxígeno. En contraparte hay también un compromiso conmigo mismo de ganar esa batalla cada día.

P. ¿Cómo haces para saber que has avanzado o retrocedido como lector, como escritor?
R. Leyendo y escribiendo más y más. Se forma dentro de mí una especie de lupa que me ayuda a ver detalles que antes no veía. Me gusta repetir lecturas que hice cuando era más joven y revisar si las siento de manera diferente porque esa lupa es cada vez más potente. Y al escribir, cuando acepto que todo escrito puede ser mejor.

P. ¿Recuerdas el primer texto literario que leíste? 
R. El primero que leí, no. El primero que me impactó, sí. Huasipungo, de Jorge Icaza. Esa historia despertó en mí el cuestionamiento del status quo. Con ese libro me di cuenta de que en la literatura hay verdades que la mayoría de la gente no dice. Lo leí a los 12 años como tarea en el colegio y desde entonces no he parado de leer, de nutrirme con la literatura.

“Hay una riqueza inimaginable en El Aprendiz de Brujo. Hay tantas voces e ideas en mis compañeros que me resulta casi imposible tomar nota de todo lo que me aportan. Además, luego de haber conocido el estilo de Ángel, se incorporó en mí una manera diferente, si no mejor, de apreciar la literatura”. (Foto archivo)

P. ¿Cuándo comprendiste que eras un aprendiz?
R. Siempre supe que era un aprendiz, pero hubo un momento en que entendí que lo sería toda la vida, que jamás dejaría de aprender. Estaba en un taller llamado La Mandarina Creativa, realizado por Juan Diego Mejía en Medellín. En la primera sesión llevé mi cuento La molienda y cuando preguntaron quién quería leer algo propio, mi pedantería me hizo levantar la mano luchando por ser el primero. Me escogieron y leí el primer párrafo. Estaba convencido de que me iban a elogiar. No fue así. Mi cuento estaba lleno de errores que yo no sabía reconocer en ese momento y el profesor me dijo algo que nunca olvidare: “No digas que la niña tiene miedo. Muéstralo”. Allí tuve una lección de humildad que me hizo entender que sin importar lo mucho que llegue a escribir, seré un aprendiz toda la vida.

P. Los textos que has compartido en las sesiones del Grupo son cortos. ¿Qué piensas de ello?
R. Pienso que El Aprendiz de Brujo hizo que me enamorara de los escritos cortos. Cuando inicié en mi aventura de escribir, como leía mayormente novelas, quería también escribir novelas y sagas. Libros de cientos de páginas con historias entramadas y misteriosas, porque era lo único que concebía. Leer cuentos me dejaba con hambre. ¿Tan pocos renglones, solo unas cuantas páginas para contar una historia? Pero en El Aprendiz de Brujo sentí el reto que nos propuso Ángel Galeano de escudriñar dentro de los cuentos. De descubrir que no son solo unos cuantos renglones. Un cuento es la condensación máxima de una obra de arte. Sigo amando las novelas, y ahora también amo los cuentos. ¡Ah, cómo he disfrutado con ellos!

“Mi cuento estaba lleno de errores que yo no sabía reconocer en ese momento”.

P. ¿Has publicado ya algún texto?
R. Tengo un blog llamado El Color de mis Ideas donde he publicado varios de mis textos. Allí también está mi cuento La molienda en formato de libro electrónico. Es, hasta ahora, mi publicación más larga. Brotó de una historia que conozco desde niño y que le sucedió a unos familiares lejanos en una finca del municipio de Neira, en el Departamento de Caldas. Una historia de brujas y espantos como las que tanto se contaron, o se cuentan aún, en el campo colombiano. En los ejercicios de buscar en nuestra mente las historias que quieren ser contadas, ésta tocó a mi puerta y no cesó de insistir hasta que la puse por escrito. Sentí gran responsabilidad de contar una historia con fundamento, así que realicé una investigación que me permitiera contar una ficción sin mentiras.

P. ¿Preparas alguna publicación próxima? ¿Podrías adelantar algo?
R. Sí, trabajo una recopilación de cuentos que no están publicados en mi blog. Son inéditos. Sigo uno de tantos consejos que me dio Claudia Restrepo, mi primera guía en esta maravillosa locura, y que a su vez ella misma recibió de Gabo: “No publiques todo lo que escribas”. Así que tengo varios textos que nadie más conoce y que estoy puliendo y seleccionando para reunirlos en una sola publicación. También tengo una novela que no he logrado terminar porque he discutido mucho con sus personajes, pues son muy filosóficos y nos embarcamos en unas discusiones que parecieran no acabar.

P. ¿Cuál de tus textos te ha exigido más trabajo?
R. Creo que la historia en la que trabajo hoy. Tengo dilemas muy profundos entre lo que la historia marca y lo que yo quiero que sea. He aprendido, en El Aprendiz de Brujo, que hay que darle libertad a la historia y ésta parece bastante caprichosa. Para superarla estoy practicando el silencio y la escucha. Me quedo callado y escucho con atención lo que la historia me dice.

P ¿Te persigue algún tema en especial?
R. Siento especial atracción por el misterio y lo sobrenatural. Por las experiencias que van más allá de los físico. Por las historias y los personajes que nos asustaron, o que nos contaban para asustarnos, cuando éramos niños. Las brujas, los duendes, los fantasmas, el diablo, la muerte. También, muy diferente a lo primero, me atraen mucho las emociones que sentimos cuando luchamos con nuestros demonios internos.

P. Si tuvieras que pasar una larga temporada en la azotea del edificio de Coltejer y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías? 
R. Llevaría La molienda, porque aparte del cariño especial que le tengo, aprovecharía para trabajar más en él y mejorarlo con todo lo que he aprendido. De hecho, el primer paso sería cambiarle el nombre por El trapiche y la leería mil y mil veces, porque así tendría conversaciones muy interesantes con José Restrepo, el personaje principal.

P. Para evitar que te condenen a montar guardia durante una semana junto a la jaula de los tigres hambrientos del Zoológico si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías? 
R. ¡Uf! ¡Qué difícil! No sé. De verdad que no sé. Pero si tuviera que hacerlo, escogería Lo que no me mata, porque me lo sé de memoria. Tal vez suene a trampa, pero cuando termine el turno con los tigres podría volver a escribirlo sin mayor dificultad.

P. Como profesional de la electrónica y los sistemas, ¿cómo consideras la relación de esa labor con la literatura?
R. Hmm… Creo que la relación es poca. En especial porque la ingeniería es muy matemática, exacta, calculada y planeada. Y aunque me apasiona mi profesión y la vivo con emoción e intensidad, la literatura es para mí otro mundo maravilloso, espectacular y muy diferente.

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?
R. Primero por mi avidez de aprendizaje y mi deseo de escribir mejor y mejor. Segundo porque disfruto tremendamente cada sesión, cada lectura, cada aporte de mis compañeros, cada enseñanza. Hay una riqueza inimaginable en El Aprendiz de Brujo. Hay tantas voces e ideas en mis compañeros que me resulta casi imposible tomar nota de todo lo que me aportan. Además, luego de haber conocido el estilo de Ángel, se incorporó en mí una manera diferente, si no mejor, de apreciar la literatura.

P. Te piden como pasaporte al paraíso terrenal que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?
R. Nací sin darme cuenta. Y he vivido casi sin notarlo, como por obligación. Mi infancia estuvo siempre dentro de la normalidad, una familia con padre y madre, dos hermanas menores y lleno de amor. Lo que pasa es que cuando hay algo que nunca ha faltado, tendemos a ignorar que existe. Mi pasión por la literatura me llegó en la adolescencia y desde entonces nunca me he quedado sin leer. Espero que desde ahora tampoco me quede nunca sin escribir. Me apasiona también la tecnología. Son dos mundos muy diferentes y eso los hace complementos perfectos para mi felicidad.


P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario?
R. Ha sido un ejercicio sorprendente. He aprendido que la inspiración, que las perlas, nos llegan en cualquier momento y es preciso capturarlas en el instante. No podemos confiarnos de nuestra memoria para escribirlas más tarde, cuando tengamos tiempo o cuando lleguemos a casa porque entonces ya no estarán, o por lo menos habrán cambiado. Sumo a esto un trabajo evolutivo que me ha permitido ir superando mi autocensura. Cuando se recogen apuntes en el Diario literario se hace sin filtro, sin embellecedores del mensaje. La idea se toma tal como llega, sin miramientos, no podemos ponernos a pensar cómo quedaría mejor o cómo gustaría más. No. Se escribe en el Diario lo que llegó, y punto.

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?
R.  2018-05-16
El polvo regresa todos los días, siempre a los mismos sitios, para darle que hacer a las personas que no soportan su presencia.

2018-05-02
Miró la lluvia toda la tarde aunque el sol brillaba sin obstáculos. Era una lluvia que nadie más veía. Solo él podía observar la tormenta en su interior.

2018-04-23
Destapó la cerveza, pero no llegó a tomar ni un trago. Al mismo tiempo en que la tapa de la botella tocaba el suelo, su corazón dio el último latido. Lo encontraron tirado en el piso, muerto en sobriedad y apestando a licor.

2018-04-21
“Tiempo” es el nombre de algo que no existe mientras todo lo demás sí.

2018-04-10
Olió el humo del cigarrillo que alguien fumaba cerca y quiso volver a ese funesto y siniestro amigo. Pero ya no tenía ánimos para faltar a su fuerza de voluntad.

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Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.

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Carné de Aprendiz

Entrevista con Ándrés Osuna Solar

Ángel Galeano Higua

 

De repente apareció allí, sentado, como si siempre hubiese pertenecido al Grupo. Silencioso y atento, toma nota con la voracidad de quien no quiere perder nada. Todo es importante para él. Lo que se lee, lo que se dice, lo que se calla. Cuando habla libera fábulas y seres fantásticos, personajes que brotan con su carga mágica, vuelan, aparecen en el sitio menos pensado, desaparecen en el laberinto de su refrigerador. Son sus fantasmas de niño, su alforja heredada de su familia, de los paisajes sabaneros, el mundo caribe, los peces atrapados en las ciénagas que le hacen guiños antes de ir a la brasa. Las mujeres exuberantes y sensuales que caen del cielo en su patio poblado de lianas y lagartijas. El profeta vestido de blanco que vuela por la carretera, y la hermosa viajera que desciende en la misma estación del metro cada día.

Su lío no es ninguna pera en dulce: ¿Cómo narrar estas historias que lo acechan, lo embriagan y lo ensimisman? Para alguien cuya formación académica estuvo alimentada de matemáticas y fisica, propia de un ingeniero, el lenguaje técnico, y la construcción esquemática y conceptual se han convertido hoy en un lastre muy pesado. Así lo comprendió y por ello, cuando fue dueño de su tiempo, tomó la decisión de des-aprender, de despojarse de esas fórmulas, aplicaciones y planes predeterminados fríos y repetitivos, para ingresar en el anchuroso mundo de las palabras cálidas, con olor y sabor, las historias de vida, los sentimientos y los sueños, lo invisible de las cosas. El universo de la literatura. Una vida impregnada de tanta academia y solución práctica de asuntos ferroviarios propios del funcionamiento del Metro de Medellín donde laboró muchos años, requiere de otra vida dedicada a desmontar esos cronogramas, esas cifras, esas recetas impresas en los manuales, esa indiferencia plástica y poética. En ésas se halla inmerso hoy, Andrés Osuna Solar (parece el seudónimo de un gran novelista). Nada fácil la tiene, pero su voluntad parece hecha del acero más poderoso. Y sobre todo, lo animan esos fantasmas de la infancia que lo acompañan cada día y gracias a los cuales, al cabo del tiempo, ha podido sobrevivir con sus sueños intactos.

 

Andrés Osuna Solar: “… Al cabo de unas horas estaba en Lorica, justo en fiestas de corraleja. Encontré a una señora amiga que tenía un puesto con cantina, me guardó la maleta y me dio comida. Pasé el día metido en la corraleja, conseguí amigos toreros que me prestaban la muleta, a los toros que veía que no eran tan bravos le sacaba muletazos. Al día siguiente antes de comenzar los toros me encontré con un vecino de Sahagún, que desde que me vio, me dijo que no hiciera eso, que mi mamá estaba muriéndose por lo que yo estaba haciendo, que me fuera con él. No me soltó y me llevó a casa, a donde llegué avergonzado y triste. Supe que afuera todo era difícil, hoy doy gracias a mi madre que si no es por ella no hubiese llegado a ser quien soy”.

 

P. ¿Cuál es tu gracia?
R. Creo que tengo varias, la terquedad, el compromiso, escribir cuentos de largo aliento, pero hablaré de una que me hace sufrir y sudar: la solidaridad con los necesitados, porque creo que este es un don que hoy día muy pocos poseemos. Dice mi señora que yo me saco el bocado para repartirlo. Para mí no hay frustración más grande que cuando me piden un favor y no pueda ayudar en algo, sobre todo si es un familiar.

P. ¿Y tu desgracia?
R. Creó que también son varias mis desgracias, no haber estudiado medicina para ayudar a toda esa gente necesitada de una ayuda como mi amigo, Bernardo Duque Fernández, no tener los recursos suficientes para crear una Fundación en pro de los más vulnerables que sí los hay en este país.

P. ¿Crees que has avanzado como lector, como escritor?
R. Cuando logro sincronizarme con la lectura de un escrito, siento que he avanzado como lector, pero a veces no logro compenetrarme con el escritor y me siento como si no adelantara nada, tengo que leer y releer para así encontrar el hilo del tema. En la escritura siento que he avanzado mucho, mis escritos son muy diferentes, he abandonado el lenguaje técnico que tenía grabado de acuerdo a mi formación académica, hoy día puedo asegurar que mi escritura es más literaria que antes.

P. ¿Recuerdas el primer libro que leíste? 
R. Recuerdo de muchos pero no podría decir cuál fue el primero. Tengo conciencia de un libro de Gabriel García Márquez, donde leí un cuento; El último Viaje del Buque Fantasma. Algunos pasajes que me impactaron y que hoy recuerdo, el inmenso buque se podía ver en la oscuridad y cuando pasaba la luz del faro desaparecía para volver a aparecer en la oscuridad, la poltrona de la muerte que quien la adquiría para descansar, pasaba al otro mundo sin remedio y ahora van a ver quién soy yo.

P. ¿Cuándo comprendiste que eras un aprendiz? 
R. Bueno, eso lo he tenido bien claro hace ya bastante tiempo, desde que terminé la carrera y me tocó enfrentarme a la realidad, porque uno sale muy teórico pero la realidad es otra y uno sale es a aprender cada día cosas nuevas y por lo tanto uno se convierte en un aprendiz constante, y porque nadie se las sabe todas. Más en el campo literario donde hay que crear con palabras, imágenes, seres fantásticos y lugares extraños, por todas esas cosas siempre serás un aprendiz.

P. Los textos que has compartido en las sesiones del Grupo hablan de seres fantásticos. ¿Qué piensas de ello?
R. Algunos de esos seres fantásticos son mis amigos en esa vida paralela que todos llevamos. Puedo hablar con ellos, algunos me atacan, otros me defienden, y a otros los veo actuar sin intervenir, eso es lo bello de la vida, sin ellos no hay vida ni literatura.

P. ¿Has publicado ya algún texto? ¿Cuál fue? ¿Cómo brotó?
R. Pues hace tiempo escribía para una revista tecnológica del Pascual Bravo. En literatura solo he publicado un cuento. “Encuentro en el metro” aparece en el libro de cuentos La duda, del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que obtuvo una mención de honor en el concurso Beca Antología de Talleres Literarios Ministerio de Cultura 2018.
El cuento salió de una, como comienza: la muchacha que aparece ocupando el puesto donde él se sentaba todos los días, y era la misma con la que soñó una noche. La fuerte atracción que ejerció sobre él y la relación que pudieron tener, pero después desaparece para siempre, sin dejar ningún rastro.

P. ¿Preparas alguna publicación próxima? ¿Podrías adelantar algo?
R. Sí, yo creo que para este mes de agosto aparecerá un libro de cuentos, La Ninfa del Aguá en el formato de la nueva Colección El Aprendiz de Brujo. Contiene cuatro cuentos, La Ninfa del Aguá que da su nombre al libro, Señales del Cielo, El desafío y Encuentro en el Metro. Además estoy preparando otro que lo titulo El profeta.

P. ¿Cuál de tus textos te ha exigido más trabajo? ¿Cómo lo superaste?
R. Bueno hasta la presente no he podido escribir algo que diga así salió y así se queda. Todo es una lucha por mejorar, por eso hay que cambiar muchas cosas en los textos y reducir demasiado sin que se afecte. A veces, de treinta paginas sólo quedan diez o menos, y eso es mucho trabajo. Porque al leer y releer te das cuenta que hay cosas que no son necesarias dárselas al lector, hay que dejárselas a la imaginación de cada uno. Con la lectura crítica de nuestros compañeros podemos encontrar algunas sugerencias, sobre algún aspecto que nosotros no vemos con claridad y podemos corregir.

P. ¿Te persigue algún tema en especial?
R. Si, a mí me fascinan todas las historias y recuerdos de mi niñez, esos miedos, fantasmas y seres de otros mundos que siempre han convivido conmigo en todas partes donde estoy.

P. Si tuvieras que esperar un mes a que pasara Shakira por el Parque de Laureles y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías?
R. Bueno, para mí sería fantástico llevar el que se titula “Señales del Cielo”, porque me mete en esa diáfana salmuera humana del Caribe, pudiendo explorar ese mundo que nadie más puede ver.

P. Para evitar que te condenen a oír todos los discursos de los políticos de Medellín si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías? 
R. A todos mis cuentos los quiero, pero sin duda destruiría El desafío, aun cuando he recibido elogios por ese cuento de mis lectores y eso que no ha sido publicado todavía. Para mí es un texto cotidiano que a muchos le sucede parecido en la vida.

P. Ingeniero, ¿cómo consideras la relación de tu profesión con la literatura?
R. Recuerdo que cuando estudiaba el bachillerato en la clase de español tenía un profesor, Enrique Barboza del Toro, que nos inculcaba mucho la poesía, en cada clase se recitaba de memoria un poema repartido entre varios alumnos dependiendo de lo extenso. Pero mi papá al darse cuenta que siempre estábamos practicando poesía, me decía: con razón esté país no progresa, ¿para qué sirve la poesía?, para beber ron, quedarse dormido en las bancas del parque y luego morir colgado de un árbol. ¡Estudie matemáticas para que pueda hacer una ingeniería, que eso es lo que sacará adelante este país de la pobreza en que vivimos! ¡Si no hay ingeniería no hay progreso!, decía. Por eso estamos como estamos. Aprendiendo poesía no va a haber árboles para colgarse tanta gente. Claro que la poesía no es literatura y considero que no hay ninguna relación, la ingeniería tiene otro tipo de lectura que no se mezcla, pero eso no quiere decir que no pueda haber escritores y poetas ingenieros, porque de poeta y loco todos tenemos un poco.

Lectura crítica de textos del Grupo.

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?
R. Desde muy pequeño he sentido el gusto por la literatura, pero no sabía si un escritor, nace o se hace, y con toda esa lección de mi padre perdí el interés. Ahora que quede desocupado y leyendo cualquier cosa, se me dio la idea de hacer un curso de escritor y deambulando por las ferias del libro encontré con El Aprendiz de Brujo y aquí estoy de nuevo aprendiendo, siempre seré un aprendiz.

P. Te piden como pasaporte al paraíso terrenal que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?
R. Sucedió en mi juventud. Mi mamá era muy celosa con mi hermano y conmigo, para ella no había novia perfecta. Pero a mí me gustaban, y muchas. Hacía mis parrandas en las fincas de mis amigos y amanecíamos borrachos jugando al toro. Sabía que al llegar a casa me esperaba una paliza. No importaba. Una vez, tenía tres días de farra y no sabía cómo llegar a casa. Esperé que fuera de madrugada y entré, tome una maleta y empaqué mi ropa. Cuando mi mamá se dio cuenta tomó un fuete y ya venía sobre mí, entonces tomé la maleta y me fui para la terminal de buses. ¡San Marcos, San Marcos! Me subí al bus y al llegar a ese pueblo me di cuenta que no conocía a nadie. Caminé por sus calles y al mediodía me encontré con un conocido de Sahagún: ¿Qué haces por aquí? Haciéndole un mandado a mi papá, le dije, pero él tenía clavados los ojos en la maleta… Si no te demoras nos encontramos en la terminal para irnos juntos, me dijo. Cuando se fue, volví a la terminal y tomé un bus para Montería, donde tampoco conocía a nadie y ni siquiera sentía hambre. Me quedé esa noche en esa ciudad, dormí con un ojo cerrado y el otro abierto, hasta que en la madrugada oí los gritos de ¡Lorica, Lorica!

Andrés Osuna, la constancia de aprender..

Al cabo de unas horas estaba en Lorica, justo en fiestas de corraleja. Encontré a una señora amiga que tenía un puesto con cantina, me guardó la maleta y me dio comida. Pasé el día metido en la corraleja, conseguí amigos toreros que me prestaban la muleta, a los toros que veía que no eran tan bravos le sacaba muletazos. Al día siguiente, antes de comenzar los toros de nuevo, me encontré con un vecino de Sahagún que desde que me vio, me dijo que no hiciera eso, que mi mamá estaba muriéndose por lo que yo estaba haciendo, que me fuera con él. No me soltó y me llevó a casa a donde llegué avergonzado y triste. Supe que afuera todo era difícil, hoy doy gracias a mi madre que si no es por ella no hubiese llegado a ser quien soy.

P. Esto da más de 5 renglones…
R. Ja ja ja, fue que me emocioné.


P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario? (algo de historia de tu experiencia)
R. Con el diario he tenido la oportunidad de consignar muchos pasajes que llegan a la mente, que luego no se recuerdan, además me ha ayudado a desarrollar nuestra capacidad de observación, no despreciar nada de lo que nos rodea, los sonidos, incluidos nuestros pensamientos. Me he podido dar cuenta, que un diario es como la recopilación de todas las situaciones que uno vive, incluso de otros que pueden estar a tu alrededor o no, es muy importante llevar un diario, en él se refleja las situaciones de tu vida.

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?
R. Sí, aquí van….

– Hace mucho tiempo no escribo con pluma larga, porque deseaba escribir un diario, pero necesitaba saber lo que realmente significa. No es fácil expresar los pensamientos de una manera ordenada como uno quisiera, pero debe ser por los prejuicios de los cuales uno se llena. Si es mi diario personal nadie lo tiene que ver. Gracias a los conceptos expresados por nuestro tutor, Ángel Galeano Higua, donde nos dice que el diario nos ayuda a desarrollar la capacidad de observación, consignar fotografías del medio, de los hechos intantáneos que no volverás a recordar si no los escribes. Escribe sobre toda clase de cosas hechos, es un banco de información que más nadie puede tener y que a la postre se convertirá en un libro. Después de todo el lápiz y el papel son más dóciles que los seres humanos y tendrán que tragar todo lo que a mí se me ocurra, en un desafuero de locura racional.

– Hoy hace un buen tiempo, el día está despejado y fresco, reina la calma en casa, los niños se han ido a clases y mi señora no sigue cobijada en su cama, no se ha levantado. En lo que concierne a mi diario no puedo dejar pasar por alto sin escribir lo relacionado con la conferencia del día once de septiembre en el Jardín Botánico, la cual estuvo presidida por los escritores, William Rouge y Ángel Galeano Higua. El tema tratado fue El patio como universo poético. La introducción estuvo a cargo de William Rouge. Comienza haciendo referencia a un fragmento del escritor Octavio Paz: Mis palabras, al hablar de la casa se agrietan, cuartos y cuartos, habitados solo por sus fantasmas, solo por el rencor de los mayores, habitadas, familias criadero de alacranes como a los perros dan con la pitanza, vidrio molido, nos alimentan con sus odios y la ambición dudosa de ese alguien”. A lo cual responde Ángel, pero es que no se ve nada, un patio extraño este, parece que todos somos fantasmas. Trataremos de recrear el patio que nos han impuesto, porque el patio que conocemos es hijo de la herencia árabe – española, pero nuestros ancestros conocían otros espacios que podríamos llamar patio también.

-De patio a patio
En esos linderos invisibles solo quedan,
los recuerdos de palabras esparcidas en el aire,
como el rocío que desciende del misterioso cielo…
Palabras líquidas que corren por el desierto del silencio
y navegan por el torrente río de nuestros sueños…
Recuerdo esa ventanita de cristal.
Por donde solías pasar a verme con disimulo,
esa misma ventanita por donde entraban las estrellas
todas las noches sin pedir permiso …
Ellas me traían toda la información del universo.
Esa ventana era el ojo por donde discurría todo ese cosmos alucinante que despertaba mis sentidos y me hacía recorrer el mundo sin salir de mi aposento.

– Se oyen voces algunos dicen.
Voces en la casa abandonada, en esa casona se oyen fantasmas.
Se oye renegar y susurrar, aquí habitan espíritus en pena.
Si entras ahí te robaran el alma, jamás podrás salir de ese lugar. Te convertirás en otro espíritu que reniega y
susurra, esperando su nueva víctima, para seguir la cadena…
Quisiera entrar para comprobar que allí están esas almas
que llaman en pena. Quisiera hablarles de su estado pero ¿qué ganaría si sé que por siempre seré una de ellas?

Medellín, julio 27 de 2018

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Viaje a La última página

Ángel Galeano Higua

Miguel Ángel Sanz, compositor y guitarrista español. “He querido vestir la poesía con la sencillez de una seda que acompaña el discurso poético y amalgama la palabra y el sentir con el timbre y los tonos de la guitarra” (Fotografía de Ángel Galeano Higua)

¿Quién iba a creer que aquel librito de tapa beige, fácil de llevar en el bolsillo, titulado La última página con que la Fundación Arte & Ciencia inició su emblemática Colección Poetas Anónimos, iba a sacudirnos en tono mayor cinco años después de publicado? El opúsculo, como lo llama un poeta de Mompox, cayó en manos del músico español Miguel Ángel Sanz, quien lo leyó electrizado, con los dedos puestos en las cuerdas de su guitarra. Surgió un diálogo entre músicas que le reveló la nueva sangre de la poesía colombiana y lo impulsó a escribirles partituras a Euridice, El trompo, El río sin agua, Escrito en la espalda de un árbol, entre otros. Embriagado de lirismo se lanzó a organizar recitales, jubilosa forma de compartir su descubrimiento, primero en Barcelona, y luego en Cartagena, Barranquilla y Medellín.

Miguel Ángel Sanz, su esposa Maryuth Contreras y su hijo Miguel Alfonso, al pie de “El hombre, creador de energía”, escultura del maestro Rodrigo Arenas Betancur. Universidad de Antioquia. (Fotografía de Ángel Galeano Higua)

Tuvieron que transcurrir varios días desde que lo escucháramos en el auditorio del edificio de Extensión de la Universidad de Antioquia, para digerir la magia del recital y escribir esta nota. Caló hondo en nosotros. Y también en él, desde el primer impacto que vivió al devorar el librito, en diciembre pasado, allá, en su residencia de Cerdanyola del Vallés, ante el asombro de su esposa Maryuth y su hijo Miguel Alfonso.

Recital en la Casa de Cooperación Española, Cartagena.

Imbuido de poética, me contagió hasta tal punto que terminé de rapsoda. Esa fue la nominación con que me implicó, y pronto me vi leyendo a un puñado de poetas catalanes y colombianos ante el público asistente al ancho patio colonial de la Casa de Cooperación Española de Cartagena, luego en el abarrotado auditorio de la Normal Nacional La Hacienda de Barraquilla, después en la Universidad Los Libertadores de la ciudad amurallada, y por último en el auditorio de

Recital en la Normal Nacional “La Huerta”, Barranquilla.

Extensión de la Universidad de Antioquia, el 17 de julio.

Pero la magia no estaba sólo en la lectura, yo apenas presté mi voz, sino en la música que brotaba de Miguel Ángel Sanz y que le transmitía a su guitarra, “cubriendo de seda” los versos, arrullándolos, acompañándolos. Las palabras son la base, su ritmo, su vuelo. La guitarra es el instrumento con que Miguel Ángel Sanz lee el mundo, la vida, la poesía. Además de excelente intérprete (regó trozos del Concierto de Aranjuez, a manera de calentamiento, antes del recital en la Normal “La Hacienda” y homenajeó a Adolfo Mejía en Cartagena, con motivo de los 45 años de su muerte, con el Bambuco en mi menor, la única obra solista compuesta para guitarra por el maestro Mejía), Miguel Ángel Sanz es un creador fabuloso: hizo bailar el trompo al son de su guitarra, recreó la última cosecha de pájaros que dio el árbol, plasmó la transformación del río sin agua e hizo sonar las dos copas de vino en el brindis de los amantes…

Martín Madera, Maryuth Contreras, el maestro Miguel Ángel Sanz y Carmen B. Zuluaga, en Barranquilla (Foto de Ángel Galeano Higua)

Y como si aquello fuera poco, nos obsequió con dos sentidos preludios de su inspiración e invitó a su hijo de 10 años a declamar dos bellos poemas de autores colombianos.
En esta celebración, que contó con el apoyo de la Fundación Fórum Diversit Arts y Fundación Miquel Marti i Pol, de España, y la Fundación Arte & Ciencia de Medellín, Colombia, el compositor ha querido “vestir la poesía con la sencillez de una seda que acompaña el discurso poético y amalgama la palabra y el sentir con el timbre y los tonos de la guitarra”, según sus propias palabras y poner de relieve los aportes de la cultura colombiana.
Confiamos que estos recitales se repetirán el próximo año, para lo cual nuestra Fundación Arte & Ciencia y el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, estaremos listos a hacer lo que sea necesario. Porque la llama que el librito con formato de bolsillo encendió, no podemos dejar que se apague.

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Algunos poemas del recital

 

Carta a Dolors

Miquel Martí i Pol

(España)

 

Me cuesta imaginarte ausente para siempre.

Tantos recuerdos  tuyos se me acumulan

que no dejan espacio para la tristeza.

No quiero hablarte con voz melancólica

ni me angustia, ni me quita la alegría de vivir;

me duele saber que no podremos compartir

nunca más el pan, ni hacernos compañía;

pero de este dolor saco la fuerza

para escribir estas palabras y recordarte.

Más tenazmente que nunca, me esfuerzo en crecer

Sabiendo que tú creces conmigo: proyectos,

Ilusiones, deseos, se elevan

para ti y contigo, por muy distantes que te sean,

y contigo y para ti sueño cumplirlos.

Estás presente en las pequeñas cosas

y es en ellas que te recuerdo y te evoco,

seguro como nunca que la única esperanza

para sobrevivir es amar con la fuerza suficiente

para convertir todo lo que hacemos en vida

y hacer crecer la esperanza y la belleza.

 

Tú ya no estás y florecerán las rosas,

madurarán los trigales y el viento tal vez

desvelará secretas melodías;

tú ya no estás y el tiempo ahora me transcurre

entre tu recuerdo, que me acompaña,

y aquel esfuerzo, que sobradamente conoces,

de persistir cuando nada nos es propicio.

Desde estas palabras muy tiernamente te recuerdo

Mientras la tarde suavemente declina.

Todos los colores proclaman vida nueva

y yo la vivo, y en ti se me representa

sorprendentemente vibrante y armoniosa.

No volverás nunca más, pero perduras

en las cosas y en mí de tal manera

que me cuesta imaginarte ausente para siempre.

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Brindis

Joan Margarit

(España)

 

Más juntos de lo que supone nadie,

alzamos las copas.

En los ojos del otro, cada uno

halla su propia luz.

En un instante, un hombre, una mujer,

pueden equivocarse.

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El olfato del tiempo

Álvaro Julián Moncada Gómez

(Colombia)

 

A cada instante me acecha el olfato del tiempo

Me sigue como una nariz indiscreta

que quiere inmiscuirse en todos mis asuntos

Respira mis recuerdos

Y como si fuera poco se roba a cada instante

el olor de mi niñez.

 

El olfato del tiempo

Sabe a qué huele mi desgracia

Conoce el terrible olor de mis heridas

Y hasta sabe de memoria con qué está hecho el

perfume de la mujer que amé.

 

El olfato del tiempo

Respira los aromas más íntimos de mi existencia

Y como un perro de caza

Me acecha noche y día.

Sospecho desde siempre que el olfato del tiempo

Solo me abandonará

Cuando en lugar de respirar mi vértigo y deseo

Respire tan solo el aire de mi olvido.

 


 

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