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Archive for 4/06/18

Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.

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Carné de Aprendiz

“Elegiría el destierro”

Entrevista con la escritora Claudia Restrepo Ruiz

Por Ángel Galeano Higua

Irrumpió con ímpetu en el mundo literario de Medellín a raíz de la beca de creación para su primera novela, Ciento uno (Edit. Fundación Arte & Ciencia). Una experiencia que la sorprendió por el contrasentido que tiene para un escritor justificar su obra y aprisionarla en un cronograma, como si fuera un producto de supermercado. Con el ingrediente de tener que calcular un presupuesto y medir el impacto de su pluma. Para un autor estas condiciones suponen un exabrupto. Una beca es un premio por adelantado de un libro que no existe aún. Un juego de doble filo. Esto significó para Claudia un desafío al cual no estaba dispuesta a rendirse. Tenía que luchar por cumplir con una fecha, nada más tenebroso para un autor. Pero ella aceptó el reto y salió airosa. Hoy, esa novela ha sido publicada en segunda edición por Planeta, en su colección PlanetaLector.

Desde sus años de estudiante disfrutaba escribiendo versos que recogía en sus cuadernos. Así se impregnó de una entusiasta disciplina con el Diario literario, aventura constante en la cual se indaga, se asombra y se pule. Pero contar historias es otra cosa, ante lo cual no se ha amilanado. Con Ciento uno, arrancó.

Magister en Literatura, Claudia cuenta hoy en su haber con tres libros más, en los que destila una perseverante búsqueda de su voz como narradora: Bitácora del cuerpo (Edit. Fundación Arte & Ciencia), chispeante juego entre el erotismo y el humor. Escritos que recopiló durante varios años en su blog, los seleccionó y pulió para hermanarlos en ese delicioso diario de a bordo. Los umbrales del delirio, una farragosa aventura intimista dirigida a un narratario en segunda persona a quien cuenta secretos y anhelos. Aunque no ha sido publicado en impreso, ya vio la luz en el ciberespacio, gracias a eLibros Editorial, que lo incluyó en su Colección Sur. Y, Cinco mujeres, en la que arriesga una polifonía femenina, cuidándose de no caer en la trampa del feminismo.

En la Colección El Aprendiz de Brujo fue incluido Papá, libro de relatos cortos, homenaje póstumo a su padre, figura crucial en su vida, con títulos como Banco de alcobas, De pies a cabeza, Papá, Uno de tus días y La mujer de piedra, entre otros.

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Claudia Restrepo Ruiz. “Diría que soy irreverente. Que amo la hora gris, que allí converso con mis fantasmas. Que me hubiera gustado ser zurda y que no pateo bien el balón. Que amo los champiñones y las aceitunas y leer a los amigos y descubrir en otras lecturas otros amigos. Que adoro la poesía y mirar a los ojos. Que he escrito unos cuantos libros que parece que me hubieran escrito a mí primero. Que sueño en colores y tengo creencias diversas. Que la palabra que me seduce es libertad y la que más me define es decisión”. (foto archivo)

Una novela que recrea episodios del trastorno bipolar (Diseño cubierta Saúl Álvarez Lara)

P. ¿Cuál es tu gracia?
R. La ternura… Sí, la ternura expresada en la voz, en las palabras, en mis maneras de nombrar el cielo. La ternura en el abrazo, en el de mamá sobre los demás abrazos. La ternura al concebir un sueño, al darle aristas, al concebir un verso. La ternura para los poetas, los amigos, y los poetas amigos. La ternura de mi piel, de mi cuerpo, de mis sueños.

P. ¿Avanzas o retrocedes?
R. Ambas

P. ¿En qué sentido?
R. Retrocedo en búsqueda de los parajes de la memoria donde han quedado incrustados pedacitos míos, de mi infancia, de mi abuela, de mi padre. Avanzo a medida que el teclado dibuja caracteres que antes no habían sido soldados ni nombrados por fuerza alguna.

P. ¿Cuándo comprendiste que eras una aprendiz?
R. Cuando fui a presentar al grupo mi libro Bitácora del cuerpo en mayo del 2014. Me conmovió tanta lucidez y dulzura al mismo tiempo. La manera de leer, de interpretar, de compartir la palabra escrita. Supe entonces que debía unirme inexorablemente.

Juego entre el erotismo y el humor. (Diseño de cubierta Saúl Álvarez Lara)

P. De tus textos publicados se nota una predilección por los textos cortos. ¿A qué crees que se deba esa tendencia?
R. Es difícil responder esta pregunta. Siento en mí, un hálito de poeta. Esa que escribió durante años poesías al reverso de cuadernos. La brevedad permite proponer ritmos diversos y condensados. Casi como un disparo de palabras. Me gusta sucumbir a ese efecto.

P. Háblanos de la experiencia de tu primer texto publicado.
R. El primer texto publicado, fue un poema Escucho tu silencio, en el periódico estudiantil La Huella, del colegio Marymount, cuando cursaba grado décimo. El poema lo escribí pensando en el despecho de una amiga. Mis padres no salían de su asombro y yo, con el esfero aún caliente, continué narrando. De alguna manera, siento que todas son mis primeras publicaciones a medida que van saliendo. El gozo y la sorpresa son indescriptibles.

P. Y del último.
R. El último fue una novela, Cinco mujeres, que buscó pista en muchos medios. Una novela editada como libro digital que nos aproxima a otras latitudes y frecuencias. Sentí gozo y curiosidad, una curiosidad enorme de ver cómo la historia se defendía ante los lectores.

P. ¿Cuál te ha reportado más aprendizaje, la publicación impresa o la virtual?
R. Ambas me han ayudado, la virtual lucha por sostenerse y el libro impreso me ha demostrado que toma fuerza con el paso del tiempo.

La autora de Bitácora del cuerpo, con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, durante el evento de presentación del libro en la librería El Acontista, Medellín, 2016. (Foto archivo)

P. ¿Cuál de tus textos te ha ocasionado más dificultades?
R. Los textos que más dificultad me cuestan son los cuentos. No tengo la paciencia para escribir un mismo cuento en diversos momentos. Me cuesta darles tiempo. Puedo corregir, pero sobre un texto completo. Siento que están inacabados, que siempre pueden mejorarse, pulirse. No he superado esas dificultades.

P. ¿Te persigue algún tema en especial?
R. Varios, me persiguen el erotismo, la mente, la muerte y el cuerpo.

Farragosa aventura intimista.

P. ¿Pero cuál de esos te jala más?
R. La mente, porque está toda por explorar. Porque desde Freud venimos construyendo personajes cada vez más psicológicos, porque siento que ahí está la gracia de los personajes. No solo en sus acciones sino en sus pensamientos.

P. Si tuvieras que viajar a la luna y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías?
R. Ciento uno, sin duda. Porque constituye una radiografía del hombre moderno. Del hombre que me tocó vivir.

P. Para evitar que te condenaran al destierro en el desierto si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías?
R. Elegiría el destierro. No puedo renunciar a ninguno de mis textos. Ellos, en conjunto, me salvarían del desierto.

P. Hace poco terminaste una novela. ¿Qué tal esa experiencia en relación con la primera que escribiste?
R. La primera, Ciento uno, tenía guion, era premeditada de comienzo a fin, era como un gran cuento. La última, El bróder, no tenía derrotero, la fui descubriendo a medida que la fui escribiendo. Siento que son dos maneras de narrar muy diferentes. Existe mucha más sorpresa en la última.

P. ¿Qué significado tiene “El bróder”? ¿De dónde salió?
R. “El bróder” es la manera coloquial de decir hermano en inglés. Salió de un personaje de la novela, que es por supuesto creación mental de Antonio, el personaje central.

P. ¿O sea que el personaje crea otro personaje dentro de la obra?
R. Exacto, así es.

P. Desde hace varios años asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?
R. Porque me seduce la literatura del grupo, los diarios literarios leídos en voz alta, los cuentos, los descubrimientos y sobre todo la lectura en conjunto de autores universales y contemporáneos.

P. Una experiencia en el Grupo que te haya marcado.
R. Todas las lecturas de las grandes obras en el grupo son maravillosas, esa forma de nadar en la literatura universal con los ojos muy atentos, como hicimos con las novelas de Conrad: El corazón de las tinieblas y luego con Lord Jim. También con Rojo y negro, de Stendhal… Y no sólo la lectura en grupo. La individual es esencial. No habría podido escribir El bróder, sin Iván Ilich, sin Estanislao, sin Hesse, sin Saki.

P. ¿Qué tal tu experiencia como autora? Quiero decir como mujer. ¿Has sufrido discriminación o sobrevaloración?
R. Siento que la obra es lo importante. Si me han dicho que no, o me han discriminado, no ha sido por ser mujer, ha sido porque mis obras no entran en los parámetros comerciales de muchas editoriales. Son las obras las que encuentran un nicho. Construir nombre como mujer quizás sea más difícil en nuestra cultura literaria, pero no me siento sujeto de discriminación alguna… Quizás la discriminación parta de uno mismo.

P. Te piden como pasaporte al paraíso, que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?
R. ¿Qué es el paraíso? Una biografía para entrar ¿y si… quiero salir? Diría que soy irreverente. Que amo la hora gris, que allí converso con mis fantasmas. Que me hubiera gustado ser zurda y que no pateo bien el balón. Que amo los champiñones y las aceitunas y leer a los amigos y descubrir en otras lecturas otros amigos. Que adoro la poesía y mirar a los ojos. Que he escrito unos cuantos libros que parece que me hubieran escrito a mí primero. Que sueño en colores y tengo creencias diversas. Que la palabra que me seduce es libertad y la que más me define es decisión.


Del Diario Literario

P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario?

El diario me ha hecho escritora. Desde los trece años comencé a tener ese hábito de escribir a escondidas a altas horas de la noche, por el revés de mis cuadernos académicos. Cuando se hizo necesario, comencé a comprar agendas bellas. Agendas que escogía por la portada y no el papel. Después se hizo necesario que tuvieran separador y luego fueron tantas las palabras que fue necesario abrir un blog. El blog para mí fue una continuación del diario. Durante 10 años lo nutrí, lo consentí, me desnudé en él. Un blog en el ciberespacio con un par de visitas frecuentes y la lectura obligada de mi mamá. Desde que llevo diario he contado con su lectura. Primero secreta, luego revelada.

Llevar un diario para mí, ha sido una salvación inequívoca, una manera de nombrar mi mundo, de reinventarlo.

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?

R. Con gusto.

Llevar un diario para mí, ha sido una salvación inequívoca.

Picasso en sala

Tus caricias son como el rocío. No puedo amanecer sin ellas. Despertar es correr el riesgo de seguir soñando, de flotar entre el espacio y tú. Ingrávida y coqueta no soporto perderte entre las seis y el frío, en un amague del tiempo, en una ola vacía. Necesito de tu arte alentando la mía, de tu Picasso en sala escuchando a un español. Del abanico abierto, del azul cobalto, de las moras grises. Otra Navidad llega pretendiendo quedarse y ya la instalé en casa como si fuera una visita. No hay corona, solo un follaje iluminado y ositos agarrados al árbol. Una lista de deseos que empieza con una tarde entre tus brazos. Sin más pesebre que dos figuras de madera y con una nostalgia Piscis que habita la casa. Estoy sin ti. Estoy sin él. ¿Cómo purificar un recuerdo contaminado? ¿Cómo no gastar sus ojos? ¿Cómo no imaginarte en un abrazo? Tchaikovsky me ha dado órdenes sobre la forma de habitar el espacio. He hecho un collage con pétalos de rosa y he ido a hurtadillas a la cocina por algo dulce. He vuelto al Reina Sofía y me he parado frente al Guernica. La guerra es un pretexto para morir jóvenes. Un pretexto para la gloria, un quehacer vacío. Una discordancia discordante. ¿Y cómo llegué a la guerra hablando de ti y tu arte? Tal vez por tus pasajes agrestes, por la ciudad en vela, por aquella lectura del graffiti de Cortázar. Podría pararme entre el cielo y tú sólo para convencerte de que la paz existe. Ser yo, tu paz. Y evitar así el cuerpo a cuerpo. No, mejor te doy guerra, así tenga que amanecer sin tus caricias, ingrávida y coqueta.

La monarquía del autor

No existe. Creemos saber adónde llevar nuestros personajes cuando es al revés, nuestros personajes nos llevan. A ratos incluso se resisten a estar circunscritos en una obra o un pasaje. Quieren continuar protagonizando una historia. No somos más que médiums cuyas almas se ven arrinconadas en una de las esquinas del cuarto donde afanosamente tejemos un porvenir. ¿Autor? Me moldea el personaje que descubro. Soy presa de sus hábitos, cómplice de sus pasiones. ¿Nombrar? ¿Cómo llega el nombre de un personaje? Adriana Pino. El que alcancé a leer en la consignación firmada por mi vecino en la fila de una sucursal de banco. Ella, se vino conmigo. No pude desprenderme más de su nombre. Tuve que anclarla a una historia, decir que era odontóloga, imaginar su consultorio, escribir penosamente su rutina… ¿Metida? Lo soy. No puedo evitar escuchar lo que se dice en las mesas aledañas del restaurante o lo que cuchichean otras parejas en el cine. Soy incapaz de subirme al metro sin imaginar personajes en los rostros que veo. Miro las manos de la gente. Leo gestos. Me descalzo en los lugares donde la etiqueta exige tacón. Las multitudes me asustan porque hay mucho de dónde escoger. Me dan palpitaciones, siento vértigo. Sostengo conversaciones en monólogo. A veces me obligo a no escribir. Cuando la idea llega tarde en la noche, la repito hasta memorizarla y procuro trabajarla al día siguiente pero no siempre funciona, a veces la idea se pierde. Y tengo problemas para socializar en las reuniones. Mitad de mí está presente, la otra mitad, en cavilaciones. Si estuviera cerca del patíbulo no estaría confesando esto. Sé que al final, es irrelevante. El llamado de las letras nos hace una jauría extraña. Nos inventa una monarquía sin reino.

Resucitó la noche

“Ni siquiera en tu Zen volveré a verte”, Sylvia Plath

Resucitó la noche sin vos adentro. Me dijo hola y hasta pronto. Quise que me dijera adiós, que me despidiera tarde, que me propiciara un encuentro sin términos de validación ni fechas de caducidad. Quise que me propiciara un encuentro con vos adherido a todos mis rincones. Quise encontrarte en los pliegues de mi piel, en lo áspero de mis codos, en el revés de una rodilla. Quise verte sin los ojos, con el cuerpo, con ese presentir de vos minando mis afectos. Y es que resucitó la noche sin vos adentro. No te imaginas cómo luce, cómo llora, cómo languidece el recuerdo. Ya no estás para contarme cuentos ni para venderme un dulce o pedirme plata para un mercadito. Tu pensión vacía es solo una cama con un ventilador de techo. Vendiste los libros como aquel personaje de Auster, el nieto de Effing, cuando tú ya no eras nieto de nadie más. Nadie más vivo, quiero decir. Y quizás fue tu abuelo, lejos de esta noche quien se arrimó a tu lecho. Es una pena que no me queden lágrimas porque te habría llorado como exnovia triste aunque nunca fui tu novia y nunca me viste triste. Fui tu amiga o al menos, eso quise. Los tatuajes de tus brazos ya no empuñan las varitas de la batería. Ya no suena ningún rock remilgado o valiente, tan solo quedas vos en el recuerdo con tu Zen agitando mi consciencia. Y siento que me preguntas ¿qué queda? Todo Juan. Cada letra.

Verde Toscana

El vendedor de biblias, que aparece en el libro Flores en la pared y otros relatos, del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo. (Diseño cubierta Saúl Álvarez Lara)

Se escurría en mi ventana.  Los verdes eran tantos como los viñedos y los rollos de heno. Intentaba dormir pero el paisaje no me lo permitía. Sentía que me perdería un fragmento de universo si cerraba los ojos. Quería devorar el paisaje, nombrarlo, regalarlo. Ya no sería la luna el desértico e inamovible paisaje que añorara, sería Liguria, sería la Toscana. Te diría al verte que encontré un rincón dónde ser felices. ¿Para qué un rincón si podemos ser felices sin posesión alguna? Pero yo quiero un rincón italiano, quiero un pedacito de bota, quiero mi propio árbol de uvas… No será contigo aunque quieras un lunar de los míos ¿Un lunar en mi piel?  Me detuve a esculcar mis brazos por el mencionado lunar y supe que esos no eran los que querías. El lunar de mi rostro te apetecía. Esa era mi Toscana. No podía dártelo, no podrías sembrar un viñedo en él. ¿Para qué un lunar? ¿Para qué un pedacito de bota? Para admirar. Para decir que anochece y es de día porque es verano y los autos corren por la autopista con las ventanas abiertas para sentir la brisa.  Árboles inclinados por el viento dibujaban senderos que mi mirada seguía hasta el final. Salidas de casas carmesí con enredaderas entre sus pisos, tejiendo nidos de colibrí. Campanas. Cerca hay una plaza, sí, con torre y balcón, sin dama ni blanca flor. ¿O soy la dama y mi diario la flor? Para qué invitar a Machado a mi Toscana, por qué no esperar verlo en Toledo o en Madrid. La poesía es caprichosa, va dónde no la invitan. Se presenta. Araña arrugas de un tiempo pasado que  no siempre fue mejor. Dice que quiere morar conmigo en el rincón que elija y es tan generosa su propuesta que no puedo elegir. No puedo llevarme un pedacito de bota porque sí. Aunque puedo escribirlo y sentirlo cada vez que lo leo. Imaginarme de nuevo en la ventanilla del bus contando viñedos y rollos de heno. Pasar por Verona e imaginar la pluma de Shakespeare cargada de tinta flagelando el papel. Escuchar las risas adentro. Las conversaciones en tonos bajos. El guía, Antonio, anunciando la siguiente parada con un Ding Dong que despertaba de sueños pero no de ensoñaciones. Jamás despertaría de ese verdor, de este verano

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Obras publicadas:

  • Ciento Uno (novela, Beca de Creación Alcaldía de Medellín 2009, Edit. Fundación Arte & Ciencia)
  • Bitácora del cuerpo (Fundación Arte & Ciencia, 2014),
  • Los umbrales del delirio (eLibros Editorial, 2016),
  • Papá (Fundación Arte & Ciencia, Colección El Aprendiz de Brujo, 2017),
  • Cinco mujeres (eLibros Editorial, 2018).
  • Ha participado con cuentos en varias antologías de Yurupary y el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo.

 

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