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Archive for 28 mayo 2018

Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.
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Carné de Aprendiz

“Siempre he sido muy preguntona”

Entrevista con la escritora Nubia Amparo Mesa Granda

Por Ángel Galeano Higua

Autora de más de una veintena de cuentos, varios de ellos publicados en libros, periódicos, revistas y blogs, Nubia Amparo Mesa Granda (Medellín), periodista egresada de la Universidad de Antioquia, ha dedicado varios años a la búsqueda de un estilo en su escritura, al pulimento de su prosa y a la profundización de sus personajes, lo que se puede percibir en cuentos como La tía Adela, Sombras sobre el puente, La despedida de Satulio, Piedra luna o La Duda, entre otros.
Con su primer libro Las voces que trae la brisa (Edit. Fundación Arte & Ciencia) mostró la fuerza narrativa que venía incubando, cerró una etapa y abrió otra más ancha y profunda en sus propósitos literarios.
La Colección El Aprendiz de Brujo, nuevo sello editorial de la Fundación Arte & Ciencia, se inició con su libro La muñeca de sal, constituido por tres cuentos de una exquisita factura: Giro a la derecha, Las hermanas y La muñeca de sal. Esa búsqueda de la claridad y precisión la ha llevado a explorar escritos de mayor aliento, como Hasta la próxima estación, novela de corte urbano contemporáneo que está a punto de concluir y en la cual recrea las vicisitudes de una mujer que lucha contra la soledad y el desencuentro.
Sin duda, Nubia A. Mesa nos demuestra que no basta con tener talento y herramientas lingüísticas, además son indispensables una férrea disciplina, constancia a toda prueba, y una imaginación abierta a toda pesquisa.

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Nubia Amparo Mesa Granda, “Lo que me hace escribir es la necesidad de contar las luchas, las contradicciones, los sacrificios y los anhelos de tantos personajes que transitan ante mis ojos y cuyas vidas no pueden pasar desapercibidas”.

P. ¿Cuál es tu gracia?
R. Mis amigos dicen que soy comprometida pues procuro compartir con ellos los buenos y los malos momentos.
Yo considero que mi gracia es la fortaleza frente a las adversidades y mantenerme erguida, aunque me lancen un saco de piedras.

P ¿Avanzas o retrocedes?
R. Me gusta más la sensación de avanzar. Tal vez por eso salgo con frecuencia a caminar. Es como una necesidad de buscar algo nuevo. Sin embargo, uno no siempre avanza, más bien se mueve en círculo, como en un circuito que conduce al punto de partida. En todo caso, esa también es una manera de avanzar porque experimentas nuevas visiones.
Y si retroceder es replegarse, entonces lo hago frente a quien me plantea una batalla de egos. No me interesan las luchas de poder, y poco me importa ser ganadora en el juego.

P. ¿En qué sentido avanzas o en qué sentido retrocedes?
R. Cuando logro vencer un temor siento que avanzo. Cuando vuelve el miedo, siento que retrocedo. Y, a veces, eso sucede en intervalos muy cortos. Por ejemplo, cuando escribo. Cada párrafo es una conquista, por lo tanto, un avance. Pero cuando me quedo sin palabras y desisto de seguir buscándolas, lo considero un retroceso.

Durante una sesión del Grupo en 2013, lectura y preparación de El traído, cuentos de navidad. Premio Vigías del Patrimonio, Medellín. (Foto de Ángel Galeano Higua)

P. ¿Cuándo comprendiste que eras una aprendiz?
R. Es difícil precisarlo. La vida es un constante aprendizaje y si no nos consideramos aprendices la arrogancia puede ahogarnos. Respeto a quienes se declaran expertos en algo, pero mucho más a quienes se aventuran por los campos misteriosos de lo que no puede ser medido ni encapsulado en fórmulas.
Siempre he sido muy preguntona. Para mi mamá y mis maestros era agobiante dar respuestas que derivaban en una nueva pregunta de mi parte. Como esas respuestas no me satisfacían empecé a buscar los libros y a perderme en los laberintos de las ideas que podía palpar en ellos. Un día empecé a plasmar en mis cuadernos mis percepciones e inquietudes sobre el mundo circundante. Y ese diálogo conmigo misma ha sido el impulso para seguir expandiendo mis búsquedas.

P. De tus textos publicados se nota una predilección por los relatos cortos. ¿A qué crees que se deba esa tendencia?
R. Puede ser una tendencia a buscar la precisión, a querer decir más con menos palabras. Me interesa buscar el detalle significativo y usar la sugerencia más que la confirmación, prefiero dejar la puerta abierta a las interpretaciones del lector.
O tal vez sea que dentro de uno se instala una medida, y empiezas a moverte en ese intervalo, de una manera inconsciente. Creo que el ejercicio del periodismo puede haber incidido en esa tendencia, puesto que uno se acostumbra a disponer de un espacio y un tiempo determinados.

Tienes media hora de programa en la radio o en la televisión, o dispones de una página en un periódico o en una revista. Entonces aprendes a condensar.
Es decir, no necesariamente es una predilección sino la capacidad de la que dispones. A alguien le escuché decir que uno no escribe como quiere sino como puede. Sin embargo, esa es una sentencia que se puede revertir, y por eso, hago mis intentos por desarrollar la capacidad de escribir relatos con más largo aliento.

P. ¿Cuál es tu cuento que más dificultades te dio? ¿Por qué? ¿Cómo lo percibes ahora?
R. Escribir es difícil. Uno puede tener una idea, pero plasmarla implica entrar en un laberinto con varias salidas, por lo que muchas veces te paralizas y tienes la tentación de desistir. Decir cuál es el más difícil es un reto complicado. Cada uno tiene una dificultad diferente. Algunos porque tienen una carga emocional muy grande y te confrontan con tus fantasmas más ocultos. Otros porque equivocas la ruta que te habías trazado, y en ocasiones porque cuando lo crees terminado te das cuenta de que es soso, que no tiene magia.
Escribí un cuento que se llama Una mujer en la ventana. Lo único que tenía era esa imagen, la de una mujer en la ventana que veía pasar la ciudad recostada contra el alféizar, perdida en sus quimeras.

Escribí dos o tres párrafos, pero me quedaba en las sensaciones, en el paisaje. Sabía que esa mujer experimentaba una gran desventura, pero no entendía por qué. Ella me persiguió por muchas semanas, pero no me hablaba, solo me miraba, y en sus ojos había súplica, como si necesitara que yo descifrara sus misterios. Por qué. Esa pregunta seguía rondándome, y cada que intentaba escribir se me arrugaba tanto el corazón que me paralizaba. Hasta que tuve un sueño, estaba en un funeral múltiple, los ataúdes aparecían flotando sobre una multitud de personas. Fue un sueño extraño donde se mezclaban los rostros de mi padre, de mi madre, de mi hermana, con los de otros desconocidos. Entonces lo supe, esa mujer lo había perdido todo en la guerra y su drama era haber sobrevivido. Encontrado el drama, lo que seguía era hallar el desenlace. Y ese fue otro tránsito largo, porque me cuestionaba sobre la posibilidad de seguir viviendo después de perderlo todo, ¿Cómo resarcir el dolor? A veces llegaba a la conclusión de que es imposible, de que esa desventura solo puede engendrar más destrucción. Pero la mujer de la ventana permanecía allí inquiriendo a las sombras, como si intentara desvanecerlas. Y decidí que la única manera de encontrar un camino era dejar que ella se metiera en mi piel, o yo en la de ella. En todo caso, ahuyentar la derrota juntas. Desde ese momento, las imágenes aparecieron más nítidas y pude vislumbrar el final.
Este cuento me enseñó muchas cosas. Por ejemplo, a no forzar nada en la historia, a dejar que los personajes se vayan revelando poco a poco, pero también a seguir sus pistas como con un radar, y a acompañarlos hasta el final, entendiendo su perspectiva. Una mujer en la ventana revela la fuerza interior de los seres humanos y me permitió fortalecer también mi capacidad de empatía.

Primer libro publicado por el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, noviembre de 2018. El diseño de portada es de Saúl Álvarez Lara.

P. Háblanos de la experiencia de tu primer cuento publicado.
R. El primer cuento publicado se llama La tía Adela. Está en el libro Primer conjuro, un ejercicio que nos propuso Ángel Galeano para recopilar los trabajos del Grupo El Aprendiz de Brujo. Lo escribí para esa publicación y fue un reto muy bonito porque nos ponía frente al compromiso de exponer una creación que hasta ese momento solo habíamos compartido con los compañeros del grupo o con la familia.
Es un cuento muy vivencial donde hice acopio de mis recuerdos de infancia. Quería también rendir un homenaje a un oficio que practicó mi madre y que me gustaría ejercer algún día: el de costurera. Es un oficio de paciencia y donde la delicadeza y el detalle enriquecen la pieza de costura. Se asemeja a la escritura. En el cuento, la tía es quien le cose el vestido de la primera comunión a la niña, y este es una especie de objeto mágico que marca el giro en la historia.
Cuando lo leí en el grupo hubo buena recepción, y con los comentarios de los compañeros y la asesoría de Ángel como editor pude pulirlo. Me acuerdo que la carta del final, escrita por la tía Adela, parecía muy refinada para que ella la hubiese escrito. Son esos errores en los que se puede incurrir al crear un personaje. Y con este cuento lo descubrí.
Luego llegaría la emoción de tener el libro en las manos y saber que esa historia podría ser leída por otros que no conocieron su proceso de gestación. Y después, los comentarios de algunos lectores. ¿Cuál de tus tías es la tía Adela? Me preguntaron varias amigas. Y yo sonriendo y asegurando que ella es La tía Adela, nadie más, y es mi creación.

Primer libro de cuentos de Nubia A. Mesa. Diseño de portada Saúl Álvarez Lara.

P. Y del último.
R. El último se llama La duda. Podría decir que, en mi búsqueda, en este cuento he querido experimentar con una atmósfera oscura, escrutar el sentimiento de culpa y de angustia frente a un acto de crueldad. Primero aparecieron esas sensaciones, una ira incontrolable, impotencia y una carga de frustración muy grande, y luego se desencadenaron los acontecimientos con una violencia letal que no era fácil plasmar. Aparecieron las escenas, quizás influida por tantos hechos que nos narran los noticieros, o quizás porque muy dentro de uno exista un ser capaz de destruir y matar. Eso me inquietaba. ¿Yo sería capaz de matar? ¿En qué circunstancia? Empecé a leer algunos estudios sobre el homicidio y hasta me acordé de Thomas de Quincey cuando habló del crimen como hecho estético después de considerar que la moral no logra resolver ni detener un crimen y por eso hay que fijarse en él como un arte. Hice alguna revisión de ensayos sobre su obra. En fin, me perdí en una revisión documental sobre el tema y un día apareció el personaje. A partir de ahí él me fue llevando a su mundo y decidí que fuera él mismo quien narrara, para no entrar en valoraciones externas, sino que él examinara sus acciones y nos mostrara su propio infierno.
Como todos los ejercicios que uno realiza en la pretensión de escribir, por fin, un buen cuento, esta experiencia me aportó nuevas visiones sobre la condición humana y me obligó a escoger cada palabra, cada verbo que nos remitiera a las acciones del personaje. El resultado lo juzgarán los lectores.

P. ¿Te persigue algún tema en especial?
R. Si hago una revisión de los cuentos que he escrito, que pueden ser unos veinte, se pueden identificar algunas constantes, como la soledad, la incertidumbre, el anhelo de libertad. Sin embargo, creo que lo que me hace escribir es la necesidad de contar las luchas, las contradicciones, los sacrificios y los anhelos de tantos personajes que transitan ante mis ojos y cuyas vidas no pueden pasar desapercibidas. Me interesan los hechos cotidianos, esos aparentes pequeños dramas que vivimos, a veces sin darles mayor importancia, pero que al final son los que desencadenan los grandes problemas sociales.

Piedra luna es uno de los once cuentos del Grupo Literario que aparecen en este libro. Diseño de portada, Saúl Álvarez Lara.

P. Si tuvieras que viajar a la luna y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál sería? ¿Por qué?
R. Llevaría Piedra Luna, (incluido en el libro Aoketekete y otros relatos del río) porque la sola alusión a su luz es ya un viaje hacia ese misterio que ni las conquistas espaciales, ni los telescopios más potentes nos han logrado robar. Piedra Luna es un viaje frustrado, un intento por atrapar esa esfera desdeñosa que nos mira desde las alturas. Por lo tanto, llevar ese cuento es como hacerle un regalo de desagravio por querer atraparla.

P. Para evitar que te condenaran al infierno si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías? ¿Por qué?
R. ¿Cuándo merece uno el infierno? Los cánones cristianos establecen que allí deben ir los malvados, los incrédulos, los herejes. A juzgar por estos criterios, para que el autor de una obra literaria merezca el fuego eterno por una de ellas, esta ha debido escandalizar o representar un peligro para el establecimiento. En muchos momentos históricos se han quemado libros por la peligrosidad que representaban las ideas allí consignadas, y muchos autores quedaron sumidos en un infierno tras ser sometidos a la censura, el escarnio y la represión. No podría afirmarse que eso haga más grandes a estos escritores, pero sí más recordados, por el alto precio que tuvieron que pagar.
En mi caso, creo que aún no he escrito esa pieza literaria que merezca ser declarada como peligrosa y por la cual se me condene al tormento. Lo que hay son intentos, aproximaciones a experiencias humanas que me conmueven. Tal vez en manos de algunos, esas historias “mínimas”, como se ha dado en llamar a las referidas a la vida cotidiana, se conviertan en detonantes y generadores de una ruptura en su forma de pensamiento.

P. En la actualidad escribes tu primera novela, ¿cómo va la experiencia?
R. Apelaré a un símil que he escuchado de varios escritores, el cuento es como correr los 100 metros y la novela como una maratón. Los 100 metros requieren de fuerza y potencia, mientras la maratón pide regular el esfuerzo, sabes que habrá cuestas y descensos y cada terreno pide estrategias diferentes.
Inicié esa novela hace más de siete años. Había un tema que me taladraba y quería darle un desarrollo mayor que el que exige un cuento. Empecé a esbozar a los personajes, y echamos a andar. El trabajo en la universidad no me dejaba mucho tiempo, pero procuré dedicar unas horas diarias a la tejedura de las ideas y las escenas, sin prisa, escribiendo y borrando, quitando aquí y poniendo allá. Muchas cosas iban apareciendo a lo largo del día, entonces apuntaba las ideas y luego volvía a repasar toda la historia para ver si esos apuntes tenían cabida. Cuando consideré que la había terminado la entregué a un amigo para que la leyera. Sus comentarios me permitieron hacer ajustes, descubrir los detalles que hacían falta, comprender que todavía faltaba mucho para la meta.
Ahora creo que está terminada. Por lo menos, que puedo dejarla ir para que inicie el tránsito hacia la lectura de otros.

Evento de presentación de Las voces que trae la brisa, Biblioteca Pública Piloto (Izq. a der.) Nora Ulloa, Claudia Restrepo Ruiz, Nubia Amparo Mesa G., Ángela Penagos Londoño y Eladio Ospina (Foto archivo).

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?
R. Escribir y leer son actividades solitarias, donde pones en juego lo más íntimo de tu ser; sin embargo, la compañía de los otros es como un bálsamo que suaviza la sensación de desamparo que te acomete frente al texto escrito, tanto el que tú escribes como el que intentas descifrar cuando lees. El Grupo Literario El Aprendiz de Brujo es ese oasis donde voy a beber de la generosidad de mis compañeros. Compartimos nuestros escritos y escuchamos las percepciones de cada uno. Qué mayor regalo que la escucha activa y el comentario certero.
Llevo diez años asistiendo cada martes a la sesión de tres horas. Son pocas las ocasiones en que he faltado. Si volvemos al ejemplo de los 100 metros y de la maratón, podría decir que esas son mis horas de entrenamiento, donde encuentro la experiencia de Ángel como coordinador, quien mantiene el ánimo arriba y el bisturí afilado para pulir las obras. Cómo no agradecer esa oportunidad de encuentro. Cómo no aprovechar esa complicidad para fraguar proyectos editoriales. Cómo no permearnos de entusiasmo y aceptar la mano del otro cuando crees que vas a desfallecer. Puede que no salgamos ganadores en la maratón, pero el camino se hace menos difícil y los más pequeños logros nos enaltecen a todos.

P. Te piden como pasaporte al paraíso que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?
R. Voy a intentarlo, aunque no suelo ser desabrochada. Me falta camino para deshacerme de las ataduras de la razón:
Camino por extramuros. Transito pasadizos penumbrosos. Las sombras se recuestan a los muros y la música reverbera entre las losas. Las voces arremeten como en una procesión de almas desarraigadas. Me acorralan. Me escabullo. Me refugio. Parpadeo. La hierba es blanda y fresca, crece entre mis dedos y rebosa el muro de mi fragilidad.

 


Del Diario Literario

P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario?

El diario literario permite recoger de manera rápida esas cosas que nos conmueven en el día a día. Es como hacer bosquejos para que la idea no se nos escape. Yo siento que al llevar un diario he ganado en fluidez y espontaneidad. Aunque desde niña acostumbraba escribir en los cuadernos o en una libreta que me regalaron y que llevaba el nombre de diario, como ejercicio literario empecé a hacerlo por insinuación de Ángel en las sesiones del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo. Me parece muy útil para atrapar momentos, imágenes, escenas, emociones, conversaciones. Es como saquear la vida, atacar su condición efímera, es un intento por atraparla y superar la fragilidad de la memoria. Algunas cosas consignadas ahí pueden ser luego material útil para un cuento o una novela. La revisión que uno hace después, de lo que ha escrito en el diario, llega a sorprenderle porque se hace de una manera muy desprevenida. Hay algunos textos que se quedarán guardados, otros que se transformarán al incluirlos en una obra y otros que tienen suficiente coherencia como para constituirse en una pieza en sí mismos.

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?

R. Claro que sí.

Agosto 23 de 2013
Hace unos minutos el murmullo de las conversaciones entre amigos parecía volar atravesando la plaza para sumergirse en el río. Ahora es posible escuchar el lento tránsito de las aguas que corren por un costado del pueblo. En el lugar solo quedamos nosotros con la sensación de que todo se expande, mientras nosotros somos cada vez más pequeños, casi invisibles.

Febrero 25 de 2014
El hombre lleva tatuado en su frente el número de la bestia. Camina arrastrando una carreta con hierros retorcidos, cartones y trozos de madera. Lo veo de frente, sonríe y tararea una canción. Su rostro enjuto delata su condición de consumidor de drogas. Imagina uno los excesos a los que ha sometido su cuerpo. ¿Decidió ser un discípulo del demonio? ¿Es esa la marca de su propio apocalipsis?

Agosto 21  2015
“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. Eso dijo Pavese, y yo me pregunto: En ese momento inaprensible y fugaz del auto al estrellarse ¿qué viste? ¿Alcanzaste acaso a presentir el final? La muerte llegó y su raudo vuelo te cegó para siempre. Quizás su mirada te estuvo siguiendo durante muchos días y no pudiste leer su anuncio. Ella entonces se paró de frente para fustigarte con la fuerza imantada de sus ojos. Llegó la muerte y se llevó tus sueños de mar y de montaña. Visiones al fin y al cabo, que solo a ti podían deslumbrar. Pero llegó la muerte y apagó tus ojos.

Abril 14  2016
El orgullo y la resignación en el mismo renglón del poema de Kavafis. Quizás porque se suceden. El orgullo que blande espadas sabe también que su triunfo conlleva la derrota. Y ante la derrota solo nos queda la resignación, esa cuota de valor que se necesita para despedir la esperanza.

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Obras publicadas de Nubia Amparo Mesa Granda:

  • Un hombre solo. Actos de Palabra. FUNLAM. 2010.
  • La tía Adela. Primer Conjuro. Ed. Fundación Arte y Ciencia.
  • Sombras sobre el puente. La Palabra se baña en el río. 2011. Ed. Fundación Arte y Ciencia.
  • Pasajeros del mismo río. Cuando el río suena. 2012. Ed. Fundación Arte y Ciencia.
  • La despedida de Satulio.  El traído. 2013. Ed. Fundación Arte y Ciencia.
  • Colonizar despojos; Piedra Luna.  Aoketekete y otros relatos del río. 2014. Ed. Fundación Arte y Ciencia.
  • Una mujer en la ventana. Flores en la pared y otros relatos. 2015. Ed. Fundación Arte y Ciencia.
  • La casa amarilla. La Casa contada y cantada. Antología de cuentos Confiar. Selección y notas de Elkin Obregón. 
  • Florecer en otoño; Canción de mayo. Letras para vivir: relatos y cuentos. 2018. Fondo Editorial Universidad Católica Luis Amigó.

Libro de cuentos

  • Las voces que trae la brisa. 2014. Ed. Fundación Arte y Ciencia.

 

Medellín, Mayo de 2018

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