Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 26 enero 2018

 Apuntes desordenados de un viaje

Ángel Galeano Higua

 

Partitura para guitarra, compuesta por el músico español Miguel Ángel Sanz para el poema “Euridice” de la colombiana Lucía Estrada. También escribió la partitura para “El río sin agua” de Luis Hernán Rincón, “El trompo de Rubén Darío Lotero, “Escrito en la espalda de un árbol” de Miguel Méndez Camacho, y “Hombre”, de Jorge Debravo (Costa Rica).

 Mi cuerpo ya está aquí, pero el compuesto inmaterial e invisible que me contiene sigue caminando por Barcelona y París. Deambulo como un fantasma entre la Rue Christine y el boulevard de Saint Germain y Saint Michel, buscando a Valjean y esperando a que pase la carroza en que viaja Balzac con su traje alquilado… En Barcelona sigo el rastro de la lagartija multicolor en el parque Güell y busco el Mediterráneo al final de las ramblas, donde han levantado bolardos contra los lunáticos. Y en Cerdanyola de Vallés escuchamos la guitarra de Miguel Ángel Sanz, que acaricia los poemas de Lucía Estrada, Rubén Darío Lotero, Luis Hernán Rincón, Miguel Méndez Camacho y Jorge Debravo, que descubrió en el libro La última página.

Maryuth Contreras, una de las protagonistas de “El río fue testigo”.

 Hicimos maletas a mediados de diciembre y en el equipaje incluimos nuestros libros para entregarlos a Maryuth Contreras, una de las protagonistas de El río fue testigo, que ahora vive en Barcelona, y a Anne Lise, una amiga investigadora de la Universidad de París.

Tenía que aprovechar este viaje, regalo con que mi esposa y mi hija me celebraban mis primeros 70 años, para llevar también la novela de los descalzos a mi hermano Andrés, que vino con su familia a pasar navidad con nosotros en la capital francesa. Para mis sobrinos Ana María y Juan Camilo: Palabras al viento. Y a Marta Lucía: Mompox, una victoria sobre el tiempo, el libro de Bárbara.

Maryuth, Carmen y Bárbara en Barcelona. Se conocieron en el Sur de Bolívar en los años 80.

 Corrí hacia el primer vagón para ver si ese tren se dirigía al Palacio de Versalles, cuando lo comprobé quise avisarle a mi esposa y a mi hija, pero ellas ya lo estaban abordando en ese instante y apenas si alcanzaron a hacerme señas de que subiera. Antes de que el metro cerrara las puertas salté al interior del primer vagón. A mis espaldas sentí el golpe al cerrarse la puerta. Carmen corrió a la ventanilla de su vagón para comprobar que yo sí había alcanzado a subir. Al verme, sonrío con tan dulce alegría que se me grabó su imagen como una de las más bellas. Dos estaciones más adelante cambié de vagón y me reuní con ellas.

 Las mujeres son incansables. Versalles les queda chiquito. No se cansan de mirar vitrinas, medirse zapatos y trajes, mirar espejos y bolsos… Así en Lafayatte o en las tiendas de Saint Germain…

DSCN8725

Juan Camilo, Bárbara y Ana María

 Lo mejor de Versalles son sus jardines, aún en esta época de invierno. Son un laberinto y a la vez una creciente ramificación. Los árboles duermen mientras nosotros tiritamos.

 Creo saber, Valjean, por dónde corriste, qué río te acompañó en tu desdicha. Qué edificios vieron tu dilatada fuga, qué callejones te protegieron… Ya lo sé.

 Al frío de París sólo se le puede derrotar recorriendo sus calles con la imaginación ardiendo, ancha y hambrienta. Beberse esta lloviznita pertinaz, este aguacero de medianoche…Mientras escucho una historia dolorosa y triste en un bar de Saint Michel…

Paisaje. Acuarela de Rodin

 No sabía de tus pinceles, Rodin, sólo de tus esculturas. Por eso, al descubrir tus acuarelas admiré aún más tu obra, como si hubieras guardado el secreto de tus pinturas para enseñármelas ahora. Y Camille ronda todos tus atrevimientos.

 Sólo estando adentro sentimos necesidad de estar afuera. Amanece tan tarde y anochece tan temprano, que uno se pregunta ¿dónde queda el día? ¿Dónde está el sol?, ¿qué se hizo el cielo? El gélido silencio de la neblina los contiene.

La multiplicación del mito… Venta callejera de Torres Eiffel, en los Campos Elíseos

 Y en la noche conocemos la famosa, empinada e inútil “chatarra” mitificada, que forma parte del mapa turístico de París. Faro de hierro, proscenio para las fotografías testimoniales, dama esbelta que rige los Campos Elíseos.

 Entro en una tienda de antigüedades en Montmartre atraído por el guiño de tres campanas exhibidas en la vitrina. Una en especial, sostenida por un pájaro liviano que está a punto de levantar el vuelo. Me atiende un hombre mayor, casi un anciano, de cabello blanco y pulcro chaleco de lana, me saluda con una sonrisa amistosa. Le pregunto que si habla español y me responde que un poco, reforzando sus palabras con una seña del índice y el pulgar dando la medida pequeña. Correspondo a su sonrisa y le digo que me interesa ver las campanas… Abre la vitrina y tomo la que más guiños me hace. Es de bronce, dice. Le he dejado la pátina porque hace parte de la historia de las cosas. Además, afirma, esa capa protege su brillo y el tiempo. El pájaro sujeta la campana con sus patas dando la sensación de un solo cuerpo aéreo. La hago sonar y el tintineo es claro, limpio, como si tuviera en él los sonidos de su cuna ancestral. La compro, digo. ¿Cuánto vale? Mira en un cuaderno: 15 euros. ¿Sabe de dónde procede? Es de algún país de África, pero no tengo el dato preciso, me responde. La envuelve despacio en un papel especial, como si fuera un regalo.

Músicos callejeros tocando jazz en Saint Michel – París

 Parecían, pero no lo estaban. Con sus instrumentos esperan en aquella acera a que un detonante los ponga en acción. Son hombres mayores, blindados contra el frío por sus chaquetas. Al comienzo pienso que están borrachos. ¿Qué los impulsa a salir de noche bajo aquella férula helada? Admiro su presencia que por sí sola alegra la calle, los restaurantes y cafés a esta hora repletos. El silencio con que pasan los transeúntes contrasta con nuestra espera. De repente, a una señal del trompetista, empiezan a tocar un jazz… Empiezo a grabarlos. Al momento aparecen varios turistas con sus celulares y los enfocan… La noche adquiere otro semblante y por unos minutos el frío de París sufre una deliciosa derrota. Más que borrachos, están embriagados de música.

Para no sucumbir en invierno, los árboles se despojan de sus hojas, flores y retoños. Jardines de Versalles.

 Para no sucumbir en invierno, los árboles se despojan de sus hojas, flores y retoños. Como esqueletos despeinados, impertérritos, recogen al máximo su ser para ahorrar energía y sostenerse de pie.

 

 Tanto fue lo que nos previnieron sobre el invierno en París que, confieso, llegué a sentir pánico por el frío. En los inconvenientes que tendría si me sucediera lo que en Lima, cuando una noche de viento y atmósfera amenazante, cuando visitamos el parque del agua, tuve necesidad de orinar una y otra vez… Pensaba también en mi garganta, la posibilidad de un resfrío como lo tuve en Suiza. O el peor caso: que se helaran mis pies hasta la hipotermia, como lo viví en Bogotá. Pero nada de esto sucedió y el paseo por Barcelona y París lo disfruté de lo lindo.

Los pintores en Montmartre

 Sí existe. París sí existe y está aquí, en París mismo, donde ha estado siempre, pero que nos parecía un sueño, un mito, una ficción. Sin embargo, algo de irreal permanece en sus calles y edificios, en el río y en sus gentes. En sus ruidos apagados por el frío invernal, en sus vitrinas y en sus bares y restaurantes nocturnos. Es como si nos moviéramos en una postal inviolable, como si la realidad se mantuviera fuera de nosotros y se resistiera a profanar la imaginación. Vinimos con nuestra idea de París a cuestas y de que el mundo se había estremecido con la revolución de 1789 y la Comuna de París. Algo de todo eso nos lo dice el exquisito sabor del vino, los crepes, el pan… y al digerirlos traspasamos a nuestra saliva y al estómago, la capacidad cognoscitiva. Ponemos la mente en la lengua, el olfato y el jugo gástrico, para que la vibración de ese nuevo mundo, entre en nosotros de manera más primigenia, sin el filtro empobrecedor de la razón.

Miguel Ángel Sanz (guitarra) y Ángel Galeano Higua, leyendo el libro de poesía “La última página”. (Foto Miguel Alfonso Sanz C.)

 El mundo detrás de una sonrisa. ¿Quién se ríe de quién? ¿El autor o su obra? ¿Da Vinci o La Gioconda? Miles de personas entran en oleadas al Louvre, como cumpliendo un ritual de sintonía.

 Y de pronto, en los Jardines de Luxemburgo, aparece un muchacho en pantaloneta y camisilla, trotando. Unos metros atrás lo sigue una chica esbelta y de balaca, también en pantaloneta y blusa deportiva. En aquel frío parece ficción que haya quién trote, con aquella ropa más apropiada para el trópico. Sonreímos desde nuestro parapeto de trapos, gorros y guantes…

Anuncios

Read Full Post »

Reflexiones pedagógicas, educativas y filosóficas

La Secretaría de Educación Municipal de Pereira realiza cada año el evento “La noche de las estrellas pereiranas”, en el cual se destaca la labor de los maestros del municipio. El 30 de noviembre de 2017 fue la fecha en que se hizo el reconocimiento en el Hotel Sonesta de Pereira, ante docentes, directivos y administrativos de diverso orden municipal.

Diego Velásquez González, autor del libro, con otras docentes destacadas por la Secretaría de Educación de Pereira.

En el evento se destacan diversas categorías, una vida de servicio, participación en eventos nacionales e internacionales, entre otros la publicación de libro. En este caso, fue escogido Espejos Sueños y Delirios, de Diego Velásquez González, valorando las reflexiones pedagógicas, educativas y filosóficas de que trata la obra.

El libro, editado por la Fundación Arte & Ciencia, inicia así:

1

La vida es un constante devenir, un despliegue de oportunidades y posibilidades, muchas de las cuales al final resultan fallidas. A pesar de ello, la vida resiste, se corrige y avanza. La ciencia de la evolución lo ha demostrado. En ocasiones podemos tener la sensación de que estamos inmersos en fuerzas que marcan de manera definitiva nuestro destino y frente al a lo cual poco o nada podemos hacer. La vida se podría asemejar al movimiento del mar. Incesante, constante y  persistente. En algunos momentos tranquilo y sereno,  que en otros, al ser empujado por las fuerzas gravitacionales que ejerce la luna sobre la tierra, se transforma en un mar enfurecido e incierto. Finalmente, así como el mar, la vida parece diluirse y es cuando logramos tener la distancia adecuada para darle sentido.  Esa distancia se genera porque la vida desborda nuestra capacidad de compresión. Tal vez, esta visión del mar en un constante ir y venir nos acercaría al eterno retorno del filósofo F. Nietzche, quien veía un regresar de circunstancias y situaciones que inmovilizan el progreso del hombre. Y entre la linealidad del tiempo y el constante giro sobre sí mismo, una concepción de la marcha del tiempo y de la misma vida en espiral, nos mostraría nuevos detalles que hasta entonces pasan desapercibidos. La vida podría ser un flujo constante de energía que todo lo envuelve y transmuta. Y allí, en su propia fuerza, en ese impulso constante, en esa resistencia que le es propia, podríamos comprender su capacidad de preservarse y abrirse en cada momento hacía  nuevas perspectivas.

____

Presentación del libro Espejos Sueños y Delirios en la Fiesta del Libro de Medellín, 2017. (En la fotografía con el poeta Dagoberto Rodríguez Alemán, Mompox, y el editor Angel Galeano Higua)

 

_____

 

 

 

Read Full Post »

El David Arango, un buque incendiado

GUSTAVO TATIS GUERRA
14 de Enero de 2018 12:30 am

Se cumplen 58 años del incendio del famoso buque en las aguas del río Magdalena y Antonio Botero conserva una réplica del David Arango / Foto Luis E. Herrán – El Universal.

El señor Antonio Botero Palacio, frente a la albarrada de Magangué, despachaba en aquel 19 de enero de 1961, en su almacén Comisariato, la mercancía para el barco David Arango, cuando la gente empezó a gritar que el barco se estaba incendiando.
Eran como las seis de la tarde. Una mujer que había planchado su ropa al mediodía, se le había olvidado la plancha ardiente en el camarote, y salió de compras, y el fuego devoró el más bello y lujoso de los barcos a vapor que había surcado las aguas del río Magdalena.
El barco de tres pisos era de una madera finísima del Oriente, y sus aspas iban salpicando música de viento de la orquesta de planta del barco, cuya llegada se anunciaba con un sordo silbato que parecía el lamento de una ballena, y luego, la música invadía el aire caliente bajo el sosiego de las ceibas. Fuimos a Magangué a buscar al señor Antonio Botero Palacio y lo encontramos muy cerca del lugar donde despachaba hace 58 años cuando ocurrió el desastre, y lo volvimos a ver, a sus 91 años, aún despachando en su almacén, y escribiéndole poemas al río, cuyas aguas arrastran la memoria de sus días y noches vividos en Magangué, desde que salió a pie y descalzo desde el corregimiento de Mesopotamia, en La Unión, Antioquia, y se quedó para siempre entre los nativos, inventando razones para no volver, mientras el río se convertía en su puntual confidente de los amaneceres. Así es.

En 1929 surcaron las aguas del río Magdalena, 121 barcos a vapor, y el más famoso y lujoso era el David Arango, que se incendió frente al puerto de Magangué el 19 de enero de 1961.

“El capitán del barco soltó las amarras de su bote cuando supo que ya no había nada que hacer ante aquel incendio, y vio aquel enorme esqueleto del barco, a la deriva, sumergiéndose en llamas, como un animal sobrecogido ante su propia destrucción”, dice con eufórica poesía, Antonio Botero Palacio, que conserva la memoria intacta, y guarda en su almacén una colección de réplicas del barco que era parte del paisaje de Magangué y en el que soñó viajar alguna vez, “pero es que el David Arango era un barco a vapor demasiado fino y elegante, muy sofisticado. Y su arribo al puerto era una verdadera fiesta. Se iluminaba todo con su llegada, como si fuera una orquesta flotante que irrumpía, apenas se divisaba la albarrada.
Yo llegué en un barco pequeño, llamado El Libertador. Ver quemar y hundir el David Arango es una de las tragedias de nuestra vida. Al día siguiente del desastre, al amanecer, descubrí que el barco, como un enorme esqueleto había ido a parar por los lados de Yatí, frente a la hacienda de Leocadio Puerta. Dicen los que se quedaron viendo el final del barco, que escucharon su último lamento al sumergirse en el río Magdalena, como si el espíritu de la orquesta retumbara en el maderamen quemado entre las taruyas”. El barco llegaba al Banco, Plato, Tenerife, Honda, Girardot y La Dorada. Los barcos a vapor surcaron las aguas del río Magdalena, cuando viajar por río o tren, eran dos maneras comunes y corrientes de viajar por el país. En 1929 navegaban por el Magdalena, 121 barcos a vapor, según Priscilla Burcher. El barco David Arango fue la memoria del Caribe y sus aguas. Por allí iba todo el mundo. Lo que llegaba y lo que salía. Por ese barco viajó la ilusión, el amor y el desengaño, la codicia de los viajeros y el espejismo de los aventureros.
Ahora, frente a la Albarrada de Magangué, Antonio Botero Palacio despierta temprano, con el primer sorbo de café, y emprende la aventura poética del día. Es uno de los seres singulares, laboriosos, imaginativos, sensibles y emprendedores que existe en este país. La vida le ha alcanzado para todo lo que ha soñado: es el autor del himno de Magangué y de una monografía histórica; autor de la novela autobiográfica Al final de la inocencia; del libro Los lagares del alma, una monografía de Magangué; y un ensayo histórico sobre la ruta de Uribe Uribe; y en la Guerra de Los Mil Días, La Batalla de Magangué; la historia de La Unión (Antioquia); del poemario Canción para una despedida, que reúne hermosísimos textos sobre el río Magdalena y su vivencia en Magangué. Vino descalzo de su pueblo y así a lomo de mula llegó a los corregimientos más recónditos de Bolívar, como maestro de escuelas rurales, luego de graduarse en la Normal de Varones de Manizales.
Su vida ha sido el magisterio encantador de la poesía, el habla iluminada y el servicio desinteresado a los demás. A él se le deben múltiples proyectos e iniciativas culturales en la región como la biblioteca pública, la academia de historia local, el Centro Cultural Casatabla, y obras de infraestructura en barrios, centros hospitalarios, ancianatos, entre otros. Su poesía ha ido al encuentro del río de la memoria, con el ser humano, y ha conjugado con amorosa devoción, la solidaridad entre sus semejantes, celebrando cada día, el milagro inagotable de la belleza del mundo.
Ahora acaricia la pequeña réplica del barco incendiado. Dice que a lo largo del tiempo ha visto los colores maravillosos, pero también siniestros, del río. Atrás quedó un perfume olvidado: “el perfume de los naranjeros que desparramaban danzas voluptuosas desde las lianas, que se columpiaban en el trapecio de las ceibas vetustas. Hoy el río Grande de La Magdalena, se ha tapizado de coronas náufragas que van flotando… hoy esas aguas tienen un sabor amargo de lágrima proscrita. Un sabor de sudario franciscano”. Siente que el corazón del río está achacoso como él y se está muriendo de pena cómo él. Me señala un punto del paisaje donde el barco se incendió. Muy cerca de él. Y ahora el río fluye aparentemente manso bajo la luz del verano. Y no suena ninguna orquesta. Está en la nostalgia y en la memoria del barco David Arango.

______

Reproducido por El Pequeño Periódico – Medellín.

Tomado de El Universal, Cartagena
http://m.eluniversal.com.co/suplementos/facetas/el-david-arango-un-buque-incendiado-269906

Read Full Post »

El mito de hierro (fotos Ángel)

Read Full Post »

Saludo de Año Nuevo

Buen viento en el 2018 para todos los amigos, lectores y colaboradores.

Read Full Post »