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Archive for 9 octubre 2015

La metamorfosis

Por Vladimir Nabokov

Una de las primeras ediciones

Una de las primeras ediciones de La Metamorfosis

Por supuesto, no importa con cuánta viveza o qué tan admirablemente una narración, una pieza musical, una pintura, es discutida y analizada, siempre persistirán opiniones confusas y espinas desfavorables. “Tomar sobre nosotros el misterio de las cosas”, es lo que el Rey Lear dice para sí y para Cornelia con anhelo, es también lo que sugiero para todo el que tome el Arte con seriedad.

Un pobre hombre es robado de su abrigo (Gogol, en El abrigo); otro pobre tipo se convierte en un insecto (Kafka, en La metamorfosis) ¿y qué? No existe una respuesta racional. Podemos descomponer la historia, mirar cómo caza cada trozo, cómo una parte de la estructura enlaza con la siguiente, pero usted tiene que tener dentro de sí alguna célula, algún gene, algún germen, que vibrará en respuesta a sensaciones que usted no podrá definir ni pasar por alto. Verdad más piedad ¬– es la definición más cercana de Arte. Donde hay belleza hay piedad por la simple razón de que la belleza ha de morir. La belleza siempre muere, la forma muere en el contenido, el mundo muere en el individuo. Si La Metamorfosis de Kafka patea a alguno como algo más allá de una simple fantasía entomológica, entonces yo lo felicito por haber engrosado las filas de los buenos y grandes lectores.

Kafka

Kafka

Quiero discutir sobre fantasía y realidad y su relación mutua. Si consideramos el Dr. Jekyll y Mr. Hyde como una alegoría (la pelea entre dios y demonio que existe dentro de cada hombre) entonces esa alegoría es insípida e infantil. Al tipo cuya mente ve una alegoría aquí, su juego de sombras también postulará sucesos físicos que el sentido común sabe imposibles. Pero en el montaje de la obra, vista por una mente con sentido común, nada a primera vista parecerá ir en contra a la experiencia humana. Yo quiero sugerir, sin embargo, que un segundo vistazo mostraría que la historia sé va en contra de la experiencia humana. Que Utterson y los otros hombres que rodean a Jekyll son en un sentido tan fantásticos como Mr. Hyde. A menos que lo veamos bajo una luz fantástica, no habrá encantamiento. Y si el encantador se va y el narrador y el maestro quedan juntos a solas, se harán pobre compañía. La historia de Jekyll y Hyde está bellamente construida pero es vieja. Su moral es absurda puesto que ni el bien ni el demonio son descritos realmente. Se dan por sentados y la pelea ocurre en el marco de vacíos contornos. El encanto descansa en el Arte de Stevenson para realizar la labor de costura. Pero quiero sugerir que desde el Arte y el pensamiento, la forma y el contenido son inseparables, debe haber también algo del mismo tipo acerca de la estructura de la historia. Pero seamos cautelosos. Yo aún pienso que existe una hendidura en la realización artística de la historia, si consideramos por separado la forma y el contenido. Una hendidura que falta en la obra de Gogol y en la de Kafka. El lado fantástico del arreglo – Utterson, Enfield, Poole – no es de la misma calidad que el lado fantástico de la hydización de Jekyll. Hay una rajadura en el cuadro, una falta de unidad. El abrigo, La Metamorfosis y El Dr. Jedkyll, las tres son llamadas comúnmente fantasías. Desde mi punto de vista cualquier trabajo sobresaliente del Arte es una fantasía ya que refleja el mundo único de un individuo único. Pero cuando la gente llama a estas tres historias fantasías, ellos simplemente implican que las historias se alejan de lo que es llamado comúnmente realidad. Examinemos entonces lo que es la realidad, para descubrir de qué manera y hasta dónde las llamadas fantasías se alejan de ella.

Tomemos tres hombres que caminan por el mismo paraje. El No.1 es un citadino disfrutando de unas bien ganadas vacaciones. El No.2 es un botánico. El No. 3 un granjero local. El No. 1, el hombre de ciudad, es lo que se llama un tipo de realista lleno de sentido común, práctico, él ve los árboles como árboles y sabe por su mapa que la carretera por la que transita es una nueva y hermosa carretera que conduce a Newton donde existe un agradable lugar donde comer, recomendado por un amigo de la oficina. El botánico mira alrededor y ve lo que lo rodea en exactos términos de vida vegetal, unidades biológicas precisamente clasificadas, tales como árboles y hierbas específicas, flores y helechos, para él esto es realidad. Para él el mundo del estólido turista (que no puede distinguir un roble de un olmo) parece un mundo quimérico, vago, fantástico. Finalmente el mundo del granjero local difiere de los otros do en que es intensamente personal y emotivo, ya que él ha nacido y se ha criado allí y conoce cada vereda y cada árbol y cada sombra de cada árbol sobre cada vereda. Todo en cálida conexión con su trabajo cotidiano, con su infancia, con millar de pequeños detalles que los otros dos (el estúpido turista y el botánico taxonomista) simplemente no pueden conocer en ese lugar y tiempo determinados. Nuestro granjero no conocerá la relación entre la vegetación y una concepción botánica del mundo, y el botánico ignorará cualquier cosa de importancia acerca de aquel henar o de aquel viejo sembradío o de aquella vieja casona bajo los álamos, que en cambio están en la superficie, en un montón de recuerdos personales para quien nació allí.

Primeras ediciones de La Metamorfosis en español

Primeras ediciones de La Metamorfosis en español

Entonces tenemos tres mundos diferentes. Tres hombres que tienen diferentes realidades y, por supuesto, podríamos agregar muchos otras existencias: un hombre ciego con su perro, un cazador con su perro, un perro con su hombre, un pintor en busca de un atardecer… En cada caso habrá un mundo completamente diferente para los demás ya que las palabras más objetivas: árbol, carretera, flor, cielo, henar, lluvia, tienen en cada uno diferentes connotaciones subjetivas. Verdaderamente esta vida subjetiva es tan fuerte que constituye una concha vacía y quebrada de la llamada existencia objetiva. La única manera de aprehender esa realidad objetiva es la siguiente: podemos tomar esos mundos particulares, mezclarlos, sacar una cucharada de esa mezcla y llamarla realidad objetiva. Podemos saborear en ella una partícula de locura si un lunático pasó por tal localidad, o una partícula de hermosa tontería si un hombre estuvo observando un encantador sendero y se imaginó sobre él una encantadora fábrica de botones o de bombas. Pero en total, esas partículas locas estarán diluidas en la cucharada de realidad objetiva que sostenemos a la luz e nuestro tubo de ensayo. Más aún, esta realidad objetiva contendrá algo que trasciende las ilusiones ópticas y los análisis de laboratorio. Tendrá elementos de poesía, de sublime emoción, de energía y esfuerzo (y aún aquí el rey de los botones puede encontrar su justo lugar), de compasión, orgullo, pasión – y el deseo de un grueso filete en el restaurante recomendado a la orilla de la carretera.

De modo que cuando decimos realidad, estamos pensando en todo esto – en una cucharada – una muestra promedio de una mezcla de un millón de realidades individuales. Y es en este sentido (de la realidad humana) que uso el término realidad cuando la coloco contra un telón de fondo, como los mundos de El abrigo, El Dr. Jekyll y La Metamorfosis, que son fantasías específicas.

En El abrigo y La Metamorfosis hay una figura central con cierta cantidad de sentimiento humano entre los caracteres grotescos e inhumanos, figuras de diversión o de horror, asnos desfilando como cebras o híbridos entre conejos y ratas. En El abrigo, la calidad humana de la figura central es de diferente tipo a la de Gregorio en la historia de Kafka, pero esta patética calidad humana está presente en ambos. En El Dr. Jekyll no hay tal sentimiento humano, no hay latido en el cuello de la historia, nada del tono de “no puedo salir, no puedo salir”, dijo el estornino (tan desgarrador en la fantasía de Sterne, Un viaje sentimental. En realidad Stevenson dedica muchas páginas al horror del aprieto de Jekyll, pero el asunto después es sólo un soberbio show. La belleza de la pesadilla privada de Gogol y Kafka es que sus caracteres humanos centrales pertenecen al mismo mundo fantástico privado de los caracteres inhumanos que los rodean, pero trata de escapar de es mundo, de arrancar la máscara, de trascender la corteza del caparazón. Pero en la historia de Stevenson no hay tal unidad ni tal contraste. Los Utterson y Poole y Enfields son caracteres triviales y cotidianos: realmente son caracteres sacados de Dickens y, por lo tanto, constituyen fantasmas que en absoluto pertenecen a la propia realidad artística de Stevenson, tal como la niebla de Stevenson proviene de un estudio dickensiano para envolver un Londres convencional. Sugiero de hecho que la droga mágica de Jekyll es más real que la vida de Utterson. El fantástico tema de Jekyll y Hyde, en la otra mano, se supone estar en contraste con ese Londres convencional, pero esta es la diferencia real entre un tema gótico medieval y uno dickensiano. No es la misma diferencia que existe entre el mundo absurdo y el patéticamente absurdo Bashmachkin (personaje del cuento El abrigo), o entre el absurdo mundo y el trágicamente absurdo Gregorio.

Primeras ediciones de La Metamorfosis en español 1

Primeras ediciones de La Metamorfosis en español 1

El tema de Jekyll no forma en absoluto una unidad con su entorno porque su fantasía es de diferente tipo a la fantasía de su entorno. Realmente no hay nada esencialmente patético ni trágico en Jekyll. Disfrutamos cada detalle del maravilloso malabarismo o el bello truco, pero no hay un palpitar emocional, artístico y el hecho de que sea Jekyll o Hyde quien tenga la mano superior, es completamente indiferente al buen lector. Hablo de distinciones sutiles, lo que hace difícil exponerlo con sencillez. Cuando un filósofo francés, esclarecido pero superficial, pidió al profundo pero oscuro Hegel que expusiera sus opiniones en forma concisa, Hegel le respondió cortantemente: “Estas cuestiones no pueden discutirse concisamente ni en francés”. Podemos ignorar la cuestión de si Hegel tenía o no razón, y aún así tratar de colocar en una cáscara de nuez la diferencia entre el tipo de historia Gogol-Kafka y el tipo de historia de Stevenson.

En Gogol y Kakfa el absurdo carácter central pertenece al absurdo mundo que lo rodea, patético y trágico, amenaza con entrar en conflicto con el mundo de humanos – y muere desesperado. En Stevenson el irreal carácter central pertenece a una nueva marca de irrealidad diferente del mundo que lo rodea. En un carácter gótico al modo de Dickens y cuando pelea y luego muere, su destino posee sólo sentimiento convencional. No quiero decir que la historia de Stevenson es un fiasco. Es una pieza maestra menos en sus propios términos convencionales, pero tiene sólo dos dimensiones, mientras que las historias de Gogol y Kafka poseen cinco o seis.

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Nacido en 1883, Franz Kafka proviene de una familia judía de habla alemana, residente en Praga. Es el más grande escritor alemán de nuestro tiempo. Poetas tales como Rilke, o novelistas como Thomas Mann son enanos o santos de yeso en comparación con él. Estudió leyes en la Universidad Alemana de Praga y desde 1908 trabajó como dependiente, como empleadillo en una gogoliana oficina de una compañía de seguros. Difícilmente algunas de sus famosas obras, como las novelas El Proceso y El Castillo fueron publicadas mientras vivía. Su fabulosa novela corta La Metamorfosis fue escrita en el invierno de 1912 y publicada en Leipzig en 1915. En 1917 presentó hemoptisis y el resto de su vida, siete años, la pasó residiendo en sanatorios de la Europa central. En esos últimos años de su corta vida (murió a los 41 años) tuvo un romance feliz y vivió con su dama en Berlín, en 1923, no lejos de mí. En la primavera de 1924 fue a un sanatorio cercano a Viena donde murió el 3 de junio de tuberculosis laríngea. Fue enterrado en el cementerio judío de Praga. Solicitó a su amigo Max Brod que quemara cuanto había escrito, incluso lo publicado. Afortunadamente, Brod no cumplió lo prometido al amigo.

Antes de empezar a hablar de La Metamorfosis, quiero descartar dos puntos de vista. Quiero desechar completamente la opinión de Max Brod, según la cual, sólo la categoría de santidad y no la de literatura ha de aplicarse al entendimiento de los escritos de Kafka. Kafka fue primero que todo un artista y aunque suele sostenerse que cada artista es una especie de santo yo no creo que puedan verse implicaciones religiosas en el genio de Kafka. Lo otro que quiero descartar es el punto de vista freudiano. Sus biógrafos freudianos como Neider en El mar congelado (1948) contemplan, por ejemplo, que La Metamorfosis tiene su base en la compleja relación con su padre y sus eternos sentimientos de culpa. Ellos afirman también que en un simbolismo mítico los niños son representados por bichos – lo que dudo – y luego dicen que Kafka utiliza el símbolo del insecto para representar al hijo según los postulados freudianos. El insecto, dicen, caracteriza perfectamente su sentimiento de inferioridad frente al padre. Yo estoy interesado en insectos (1) y no en engaños y rechazo este sin sentido. El mismo Kafka fue un crítico de las ideas freudianas. Consideraba el psicoanálisis como “un error útil” (“un error sin salida”) y veía las teorías freudianas como muy aproximadas, pinturas toscas que no hacen justicia a los detalles, o lo que es peor, a la esencia del asunto.

Es otra razón por la que yo quiero descartar la aproximación freudiana y concentrarme, en cambio, en el momento artístico.

La mayor influencia literaria de Kafka fue Flaubert. Flaubert quien sentía aversión por la prosa preciosista hubiera aplaudido la actitud de Kafka hacia su herramienta. A Kafka el gustaba extraer sus términos del lenguaje del derecho y la ciencia, dándoles una especie de irónica precisión, sin intrusión de los sentimientos personales del autor. Este fue exactamente el método de Flaubert con el que conseguía un singular efecto poético.

Vladimir Nabokov

Vladimir Nabokov

El héroe en La Metamorfosis es Gregorio Samsa, cuyos padres pertenecían a la clase media de Praga, filisteos flaubertianos, personas interesadas sólo en el lado material de la vida y vulgares en sus gustos. Unos cinco años antes el viejo Samsa había perdido casi todo su dinero, por lo cual su hijo Gregorio consiguió un trabajo con uno de los acreedores de su padre y se convirtió en un agente vendedor de ropa. Su padre dejó entonces de trabajar, su hermana Greta era muy joven para hacerlo, su madre sufría de asma: así, no sólo el joven Gregorio sostenía a la familia sino que encontró para ellos el apartamento donde vivían. Este apartamento, un piso en una casa de apartamentos, en la calle Charlotte para ser exactos, está dividido en segmentos como estará luego dividido él mismo. Estamos en Praga, Europa central, 1912, los sirvientes son baratos de modo que los Samsa pueden costearse una doncella, Anna, de 16 años y una cocinera. Gregorio está fuera, viajando la mayor parte del tiempo, pero cuando la historia comienza él está pasando la noche en casa entre dos viajes de negocios y es cuando la cosa terrible ocurre:

“Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda, y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, que estaba visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia.
¬
– ¿Qué me ha sucedido?

No soñaba, no.…”.

Ahora, exactamente ¿qué tipo de bicho es en el que el pobre Gregorio, el miserable pasante de comercio, se ha transformado repentinamente? Es obvio que pertenece al género de los artrópodos, al que pertenecen los insectos, arañas, ciempiés y crustáceos. Si las “numerosas pequeñas patas” significan más de seis pies, entonces Gregorio no sería un insecto en el sentido zoológico de la palabra. Pero sugiero que un hombre que se despierta yaciendo sobre su espalda y encontrando que tiene seis patas que se agitan en el aire puede sentir que son seis suficientes para hablar de numerosas. Podemos entonces asumir que tenía seis patas, que era un insecto.

Siguiente cuestión: ¿qué insecto? Hay quienes opinan que se trata de una cucaracha lo que, claro, no tiene sentido. Una cucaracha es un insecto de figura aplanada con largas patas. Y Gregorio era cualquier cosa menos aplanado. Es convexo por lado y lado, panza y espalda y sus piernas cortas. Sólo se parece a una cucaracha en su aspecto: su color es café. Es todo. Aparte de esto tiene un vientre convexo divido en segmentos y una espalda redondeada, sugestiva de tener botones de alas. En los escarabajos estos botones ocultan débiles pequeñas alas que pueden crecer y luego llevar al escarabajo en un vuelo de millas. Curiosamente Gregorio, el escarabajo, nunca descubrió que tuviese alas ocultas en sus espaldas (algunos Gregorios, Juanes y Juanas nunca descuben que poseen alas). Además, tiene fuertes mandíbulas. Usa estos órganos para dar vuelta a la llave en la cerradura, mientras se sostiene erecto sobre sus patas traseras, sobre su tercer par de patas (un fuerte par) y esto nos da la longitud de su cuerpo, que es de cerca de tres pies. En el curso de la historia se acostumbra a usar sus nuevos apéndices, sus pies, sus antenas. Este escarabajo café, convexo, del tamaño de un perro es muy ancho.

En el texto original en alemán, la empleada de la editorial lo llama Mistkafer, un escarabajito. Es obvio que la buena mujer añade el diminutivo sólo para ser amable. Pero no es técnicamente un escarabajito. Es un gran escarabajo. (Debo añadir que ni Gregorio ni Kafka vieron el escarabajo muy claramente).

la-metamorfosis-alianza-editorial-2Miremos más de cerca la transformación. El cambio, aunque impresionante, no es tan extravagante como se puede asumir a primera vista. Un comentarista con sentido común (Paul L. Landsberg en El problema kafkiano [1946], ed. Angel Flores) dice que “cuando uno se acuesta en entornos no familiares, uno puede tener un momento de confusión al levantarse, un súbito sentido de irrealidad y esta experiencia puede repetirse una y otra vez en la vida de un viajante de comercio, una manera de vivir que hace imposible la continuidad“. El sentido de realidad depende de la continuidad, de la duración. Después de todo despertarse como un insecto no es muy distinto a despertarse como Napoleón o Jorge Washington (yo conozco un hombre que despertó como Emperador en Brasil). De otra parte, el aislamiento, la extrañeza de la llamada realidad es, después de todo, lo que constantemente caracteriza al artista, al genio, al descubridor. La familia Samsa alrededor del fantástico insecto no es más que la mediocridad rodeando al genio…

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Nota del traductor (Silvia Casabianca Zuleta): (1) Juego de palabras: bug = insecto y humbug = engaño. Pierde en la traducción.

Nota de Nabokov en su copia anotada: “Un escarabajo regular no tiene párpados y no puede cerrar sus ojos –un escarabajo con ojos humanos”. Acerca del pasaje en general hizo la siguiente observación: “En el original en alemán hay un ritmo maravilloso flotando en esta secuencia de oraciones. Él está a medio levantar –se da cuenta de su estado sin sorprenderse, con una aceptación infantil de esto, y al mismo tiempo todavía conserva los recuerdos y experiencias humanas. La metamorfosis no es del todo completa”

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