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Archive for 20 junio 2014

Saúl Álvarez Lara

Pasajero del Arte

Por Ángel Galeano Higua

 

Esta noche nos reúne la entrega de una nueva obra de Saúl Álvarez Lara: sus tres Cuadernos: Testigos urbanos, Pasajeros de bus y Signos de ciudad, que vienen a enriquecer el catálogo editorial de nuestra Fundación Arte y Ciencia. Estábamos en mora de esta presentación.

Conozco a Saúl Álvarez desde comienzos de los años 90 cuando nos encontramos en el camino de los libros. Recién habíamos creado la Fundación Arte & Ciencia a la sombra de EL PEQUEÑO PERIÓDICO y con el entusiasmo de un puñado de escritores, periodistas, intelectuales de la ciudad, entre quienes estuvieron Mario Escobar Velásquez, Henry Díaz Vargas y Reinaldo Spitaletta. Cuando estudiábamos el perfil para la nueva editorial nos encontramos con Saúl, que por entonces diseñaba los libros de la Editorial de la Universidad de Antioquia.

Así comenzó un incesante diálogo que, para fortuna de quienes hemos seguido este camino de aprendizaje, nos ha traído grandes lecciones. Saúl ha sido una guía en el diseño editorial, un maestro fabuloso y un amigo que sabe argumentar su crítica. Siempre nos ha sorprendido con sus creaciones, cada libro significa una nueva aventura de la cual no se aparta jamás del eje que distingue la imagen corporativa, pero con el sello audaz de una nueva propuesta creativa para la cual Saúl acostumbra leer antes del texto. No le basta el título de una obra, ni el nombre de su autor, necesita conocer a fondo la obra, comprender el espíritu que la alienta. Es un juego entre la lealtad y la creación.

Los cerca de 60 títulos que comprenden el fondo editorial de nuestra Fundación tienen la marca indeleble de su magia. ¡Y qué diremos de sus aportes a otras entidades, revistas, periódicos, autores y programas!

Pero esta es apenas una faceta del artista. El dibujo, la pintura, la fotografía son también su campo de batalla. Todo lo relacionado con la imagen le concierne. ¿Y qué es lo que en el mundo de hoy no es cruzado por la imagen? No desdeña para nada las nuevas tecnologías, que incorpora sin titubeos como herramientas que le ayudan a expresarse. Alimenta páginas virtuales, tiene un estupendo blog cuyo nombre ya nos pone de manifiesto una posición crítica: La Marginalia, “blog que narra los avatares de la ficción en el día a día”. En ella acompaña el texto con el dibujo, la fotografía de tal forma que más bien parece que fuera la imagen la que es acompañada de la palabra. Cada sábado en la mañana nos sorprende con sus cuentos fantásticos y al final un argumento abierto para azuzar la curiosidad creativa de los lectores. Tiene una enseña en su blog que dice: “Todo es ficción, el resto también”. Es un agitador nato y despiadado.

Y como si esto fuera poco, es un excelente escritor de cuentos y novelas, hace entrevistas y reportajes, elabora crónicas y ensayos. Y aunque sabe de sobra que el arte no pasa por el rasero de los premios, varios de sus trabajos han sido merecedores de reconocimientos. A esta parcela creativa pertenecen libros como Recuentos, con el cual obtuvo el Premio Nacional de Cuento Cámara de Comercio en 2001. La novela ¡Otra vez!, que ganó la beca de creación Alcaldía de Medellín en 2005. El libro electrónico Las Musas del teatro leve, publicado en 2010, recoge textos de su autoría basados en ilustraciones del artista catalán Sergio Mora.

Como se ve su tendencia es a integrar lenguajes. Vive asediado por esa diversidad propia de una mente universal, a la manera renacentista, lo cual adquiere una dimensión mayúscula en el mundo de hoy.

Agreguémosle a estas virtudes, otras sin las cuales su labor se vendría abajo: la persistencia y el valor. Saúl no es de los que se deja amilanar con facilidad ante las adversidades. Prueba de ello fue su actitud frente al accidente que sufrió a comienzos de este año, en el cual se vio comprometida su mano derecha. Pues no señor, para eso está la mano izquierda. Y se propuso escribir, dibujar, teclear con la mano izquierda como un niño. Esa experiencia no hizo carga, la convirtió en fuente creativa, sublimó el dolor en literatura, en dibujo, en arte.

Los tres Cuadernos de esta noche, vienen con un breve ensayo de presentación de Darío Ruíz Gómez (Testigos Urbanos), del mismo Saúl (Pasajeros de bus) y de José Guillermo Anjel (Signos de Ciudad). Dice que “Testigo Urbano” es el nombre de quien lo descubrió, pero no nos dice quién lo descubrió, quizás porque fue él mismo quien se vio fuera de sí tomándole una foto a la tapa de un medidor del agua en la acera, al moño de una mujer en el bus, o a los zapatos de una viajera en el metro.

El mundo cultural de nuestra ciudad tiene una gran deuda con Saúl Álvarez Lara, su obra está untada hasta el tuétano de ciudad, de calles, barrios, personajes diversos que habitan a Medellín pero que bien pueden representar a cualquier ciudadano del mundo. Llegará el día en que será imposible no acoger su obra a pesar de lo baladí y la trivialidad que rigen la cultura de Medellín y el mundo de hoy. Llegará el momento en que alguien descubrirá la magia de Saúl y no se dejará embaucar por las leyes del mercado que quitan y ponen peleles.

Esta noche tenemos el pretexto de los Cuadernos para decirle a Saúl gracias por tu obra, por tu continúa búsqueda de nuevos lenguajes. Por tu amistad y tu ejemplo. Que esa chispa creativa se mantenga encendida para beneplácito de quienes admiramos la fuerza creativa de tu obra.

Quedamos ahora en manos de Reinaldo Spitaletta, a quien le extiendo también mi gratitud por esta por todas las complicidades que hemos vivido en esto de libros, blogs, periódicos y vida.

 

Ángel Galeano Higua.
Biblioteca Pública Piloto
Junio 19 de 2014

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Ver también: http://www.vivirenelpoblado.com/periodico/notas-anteriores/10568-los-cuadernos-de-sa%C3%BAl

 

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Cuadernos

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La bloguera y el pasquinista

Ángel Galeano Higua

Cada época alienta cambios en el lenguaje. Unos echan mano decidida de la tecnología y otros persisten con su lápiz. Quienes exploran el mundo a través de la internet no vacilan en combinar las palabras con las imágenes y los sonidos. Quienes esculcan su alma escribiendo hasta en las servilletas y detrás de las facturas, tampoco dudan de combinar las palabras que ruedan por la calle con los recuerdos.

Es lo que hoy tenemos aquí, lo que imprime una importancia singular.

Y me considero un privilegiado de haber podido unirme a cada uno de ellos por separado para llevar a cabo la maravillosa empresa de publicar su libro. Es la labor del Editor que no es otra que ponerse al servicio del texto.

Claudia, la bloguera, arrancó con febril tecleo hace tres años y liberó una narrativa diaria a la que pronto se le sumaron las imágenes. Fue tal su delirante experimento que un día ya no soportó más la necesidad de convertirlo en un libro y se lanzó con rebosante vigor a decantar aquella ventanita por donde entregó cientos de historias a sus seguidores de diversos lugares del país y el extranjero.

Bitácora del cuerpo – Con tu viento a estribor, obedece a esa depuración. Claudia refuta sin proponérselo y sin tanto aspaviento lo que críticos, profesores y comentaristas no se cansan de afirmar en sentido contrario: que la internet hace daño al libro, que navegar por el ciberespacio merma la lectura y distorsiona la escritura. Que los blogs embrutecen a quienes los siguen y comentan. Basta leer el libro que Claudia nos entrega esta noche para comprender la maravilla que es fundir lenguajes, expresiones y herramientas tecnológicas para enriquecer una propuesta literaria. Nos hace ver los retratos que fueron publicados en su blog pero a punta de literatura, de palabras juguetonas y giros juveniles que significan un refrescante oleaje contrapuesto al manoseado mundo provincial de nuestros “best sellers”. Quienes lean este libro comprobarán que estamos ante una nueva voz, un talento que se abre paso sin concesiones. Una lectora universal que devora a los clásicos y a los contemporáneos por parejo, mientras escucha una fantasía de Chopin. Ella ha tenido el valor de abrir su blog más allá de una imagen inmediata y seductora, hasta tejer una obra de relatos cortos, irónicos, punzantes y poéticos.

Julián, el pasquinista (o pasquinero) hace lo suyo desde el rincón de su camino. Ha recogido durante más de una década las palabras indomables que correteaban en el patio de recreo, las regadas en los andenes, ensurulladas en los pliegues de su bolsillo, en las lecturas de los grandes poetas de aquí y de allá que lo asombran como a un niño cada vez que los lee. Porque Julián es un relector parsimonioso y callado, incisivo como buen ladrón de joyas sublimes. Tiene ojo para detectar la alta calidad poética que esconde un texto.

Los pasquines del infierno es un afortunado despliegue de condensación. Para arribar al puerto de tres renglones que componen uno de sus poemas o pasquines como los ha llamado Julián, debió recorrer una trocha sin seguro de vida y contra todos los riesgos de la paciencia. En esas piezas talladas de sus pasquines pone al amor a hablar como un ser que todos creen conocer, o traza la curva para llegar al infierno, que es aquel lugar donde cocinan miles de pasquines contra su destino de poeta, pero lleva consigo la clave para salir de allí sin que se le haya quemado uno solo de sus poemas.

Así como Claudia, Julián lleva varios años lidiando con las palabras. Ambos han escrito cuentos, relatos, crónicas. Claudia escribió una novela sobre la bipolaridad que le valió el premio Beca Alcaldía de Medellín (2010), titulada Ciento uno (Edit. Fundación Arte & Ciencia). Algunos de sus cuentos fueron publicados en El Pequeño Periódico. Cultiva en secreto la poesía.  Julián ha publicado cuentos, como Helías y El camino de la furia, en los libros La palabra se baña en el río y El traido, del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo (Edit. Fundación Arte & Ciencia). Ambos  han ejercitado en el campo de batalla de la creación y se han dado contra el mundo pero se han levantado y han persistido.

Me siento muy orgulloso de haber asistido a su fogón de donde salieron sus libros. He aprendido muchas cosas de ella, de él, así como de la periodista y escritora que conducirá la conversación a continuación con ellos. Porque Nubia Amparo Mesa pertenece también a esta oleada de nuevas plumas que darán mucho de qué hablar en unos cuantos años. Nubia es autora de innumerables cuentos, crónicas y reportajes.

Sin la melosería de los grandes titulares de prensa, sin el ruido que hacen los niños mimados de la moda establecida, ni la erudición mediática que algunos utilizan para descrestar a los incautos, hoy nos regocija esta reunión de amigos que buscamos lo mismo: la belleza en el Arte y la literatura.

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Presentación de los libros Bitácora del cuerpo y Los pasquines del infierno, Biblioteca Pública Piloto de Medellín, junio 10 de 2014

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