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Archive for 23 abril 2014

Con tu viento a estribor

Bitácora del cuerpo (Con tu viento a estribor), de Claudia Restrepo Ruiz

Bitácora del cuerpo (Con tu viento a estribor), de Claudia Restrepo Ruiz

Bitácora del cuerpo es el fruto de un ejercicio estético con la palabra y la fotografía. Al inicio de su aventura en el blog, la autora se afanaba por “provocar con la imagen”. Las fotografías que le enviaban los amigos reposaban un tiempo en su archivo y luego, como impulsada por una ráfaga, brotaba de su ser una historia. Era como vestir la imagen con palabras, dotándola de una travesía. “Ellas se leen y me dicen:¡no puedo creerlo!”. Había dado en el blanco de una emoción oculta.

En este libro la voz se hizo mujer. Desde insospechados rincones, Claudia Restrepo Ruiz, autora de la novela Ciento uno, ha recogido renovadoras semillas. El terror producido por la ropa en el clóset, el encuentro apasionado en la silla de atrás de un auto, el lío de una ejecutiva enredada en plena reunión en sus propias medias, la exploración prohibida que una joven hace de su cuerpo, las delicias explayadas de un beso, los apetitos de la exhibicionista, de la callada, de la ebria, de la confundida, de la ingenua.

La palabra se incrusta en la soledad de una partida de ajedrez, en la nostalgia de un recuerdo, o en la festiva celebración de unos ojos de trigo, o en la espera del barquero que cruzará tu alma…

Son más de sesenta relatos cortos, precisos, contundentes, salpicados de alegre sensualidad en los cuales el estilo atrevido, coqueto y provocador nos llena de regocijo y nos alienta para no sucumbir en la asfixiante atmósfera de nuestros días.

Ángel Galeano Higua

Editor

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Invitación Presentación en El Acontista

 

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"Los pasquines" en Sesión especial del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo

“Los pasquines” en Sesión especial del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo

Como un gato

(A manera de Presentación)

 

Los pasquines del infierno, poemas de Álvaro Julián Moncada Gómez

Con la malicia y sigilo del más avezado de los gatos, aquel niño entró a la sala de profesores de la escuela sin saber que allí encontraría la señal que le daría el punto de partida hacia el azaroso camino de su destino.

Un trozo de papel tirado en  el suelo con un verso que chisporroteo en la conciencia de aquel infante fue el estrujón que lo aventó hacia los enigmáticos territorios del poema.

Con ese trozo de papel en sus manos y el miedo de haber irrumpido a tientas en el hermético reino donde se agazapan los profesores, aquel niño se dio a la tarea de saber a qué libro correspondía aquel escrito que tenía entre sus manos y que juró más nunca iba a devolver hasta no saber a qué libro correspondía y por quién había sido escrito.

Hoy, después de más de veinte años, aquel niño es un hombre que, luego de muchas lecturas y averiguaciones, pudo descubrir que lo escrito en ese trozo de papel era un fragmento del Guardador de rebaños, de Fernando Pessoa, y que además pretende dejar este libro, Los pasquines del infierno, en la misma sala de profesores donde prometió no regresar nunca.

El Autor

 

Siglos y momentos
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No hay que hablar de tiempo
no me he detenido
a contar soles y lunas.
No me preguntes
si es verano o invierno
o si el estar juntos
es tan sólo un pretexto
para construir algo eterno.
Espero convertirme en el fósil
más cercano de tu cuerpo.
Así podrás entender que entre los dos
ya no hay siglos ni momentos.

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En fuga
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La noche está en fuga.
El hombre la persigue,
sabe que más allá
cuerpo y penumbra,
hombre y alma,
tiempo e historia
perpetúan su danza.

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Díganle al amor
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Díganle al amor que me cansé de esperarlo.
Que me fui muy lejos con todos mis sueños
Díganle que he sido un cobarde,
que no intenté derribar la puerta para buscarlo
y entrar en su vida y atarle a la mía con los invisibles nudos del deseo.
Díganle al amor que para mí él nunca existió
que en vano lo esperé y en vano lo seguí hacia los despeñaderos del destino y que él prefirió despeñarse antes que estar conmigo.
Díganle al amor que no le guardo rencor
ni le guardo nada, pues nunca supe
de qué estaba hecho.
Díganle al amor que no está muerto,
ni siquiera vivió, solo me sirvió
para escribir este poema.

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Cada día
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Cada día al levantarme
siento que se ha ido.
Busco su aroma.
Es en vano. En mi habitación no hay más que aire y olvido.
Sigo mis traspiés contra los peldaños
de la incertidumbre.
Araño el aire como si acariciara su cuerpo.
Doy tumbos entre mis recuerdos
con la ilusión de hallarla.
Percibo su figura en cada cosa que veo.
Pero sé que no vendrá
Cada día le escribo un poema
y le llevo rosas
a mi soledad.

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Pasquín XI
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A todos mis difuntos
Cada tanto un corazón se detiene
en esa pausa cabe la brevedad de la vida
la mínima fracción de tiempo
que no tuvimos
para sobreponernos a la muerte.

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Poemas tomados del libro Los pasquines del infierno, Edit. Fundación Arte & Ciencia, Medellín.
 
Están todos invitados. Facultad de Medicina Universidad de Antioquia - Jueves 24

Están todos invitados. Facultad de Medicina Universidad de Antioquia – Jueves 24 de Abril 3 PM

 

 

 
 

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