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Archive for 24 junio 2013

Porque la calle es la gradería

más grande del Brasil

“Porque se llamaban hombres, también se llamaban sueños y los sueños no envejecen”. Milton Nascimento

Por Yeimi Alexandra Alzate

"Son tantas cosas malas que no caben en este cartel"

“Son tantas cosas malas que no caben en este cartel”

Hace un mes y medio, la ensambladora de carros fiat lanzó una propaganda en la que un carro, en medio de la calle va rodeado de gente, gente feliz, ¡claro! Como son comunes las imágenes del Brasil y de su gente, bailando y brincando en constante carnaval. El jingle decía así: “Oh oh, vem para rua, porque a rua é  maior arquibancada do Brasil” . No hay duda que de ahí salió el titulo de esta reflexión. Sin embargo, lo que está por detrás de esta música es significativo para interpretar los movimientos sociales recientes en el país, a propósito de la copa del mundo, de los 20 centavos en el pasaje del bus (más o menos 200 pesos colombianos), las desigualdades sociales, la corrupción, entre otras. Los jóvenes, principales protagonistas de estas “salidas a la calle”, han usado esta música para llamar más personas a participar. Pero eso sí, participe a pie, porque el alcalde de la ciudad tuvo que declarar los días de juego de la copa de las confederaciones festivos, para evitar los trancones comunes de las calles.

Y bueno, ¿para qué salir a la calle?  Salir de casa, del refugio, de lo privado, de lo intimo y conocido para ir hacia el mundo desconocido de lo público, de lo colectivo, para la aventura de transitar, caminar, protestar: ¿No es muy significativo que la calle sea la “gradería” de todos los estadios construidos para la copa del mundo, en los cuales se invirtieron billones de reales? (gran parte dinero público, cabe resaltar). ¿Cómo es posible que el país que fue declarado el año pasado como la sexta economía del mundo, esté pasando por un grave periodo de inflación, donde un kilo de tomate está más caro que un kilo de carne, donde los techos de las escuelas públicas caen encima de los niños y jóvenes, donde se necesita de carro, no como un lujo, si no como una necesidad porque el transporte público es de pésima calidad? ¿Qué significaba realizar una copa del mundo en un contexto de grandes desigualdades sociales?

"Es un país gracioso, no tiene escuelas pero tiene estadio".

“Es un país gracioso, no tiene escuelas pero tiene estadio”.

Sí, la gente salió a la calle. Hace ya ocho días que comenzó el movimiento en São Paulo que ha ido creciendo por todo el Brasil. Los medios de comunicación locales trataron al inicio de tapar el sol con un dedo. Dijeron que el problema era una tarifa de bus y de un puñado de bandidos. La presidenta Dilma Rouseff y el presidente de la FIFA pasaron un momento de vergüenza en plena inauguración de la copa en Brasilia.

Yo colombiana, “gringa” como somos tratados los extranjeros en el Brasil, y que vivo cerca del nuevo estadio de Salvador (Arena Fonte Nova) también fui a la calle, y no precisamente a bailar samba: “não é carnaval é salvador caindo na real[1] eso gritaban los jóvenes  esta tarde en la manifestación antes del juego entre Uruguay y Nigeria.

Salí para manifestarme por las razones que ya mencioné pero también por otras, como que los días de juego en la ciudad, nosotros los ciudadanos vecinos de esta ciudad (y del Estadio) no podríamos salir en carro, cercarían el barrio para que no circularan buses (ni manifestantes), en fin, quedarse preso en casa. Bueno, salí para protestar por todas esas razones que en Colombia nos harían ser rotulados de “izquierdistas”. ¿Izquierdistas? Ya ni sé que significa, aquí en Brasil el gobierno actual es de izquierda y veo como los gobernantes (casi todos que salieron del movimiento obrero y que se suponen militantes, “luchadores” por el pueblo) mandan a la policía a tirar contra los estudiantes, contra los “bandidos” que alteran la paz pública, que interrumpen la “gran fiesta del fútbol”

(Pancarta izq.) Copa FIFA = 33 Billones de reales. Olimpiada = 26 Billones de reales. Corrupción = 50 Billones de reales. Salario mínimo = 678,00 reales. ¡Despierta Brasil! ¡el país es nuestro!  “Las payasadas de nuestro día a día” “Los brasileros esperan en el piso por camas en las Unidades de cuidado intensivo”. (Pancarta derecha): “¡En las favelas del Senado, Basura por todo lado! Nadie respeta la Constitución, pero todos acreditan en el futuro de la nación. ¿Qué país es este? Coloca los 0,20 Centavos en el sistema único de salud".

(Pancarta izq.) Copa FIFA = 33 Billones de reales. Olimpiada = 26 Billones de reales. Corrupción = 50 Billones de reales. Salario mínimo = 678,00 reales. ¡Despierta Brasil! ¡el país es nuestro! “Las payasadas de nuestro día a día” “Los brasileros esperan en el piso por camas en las Unidades de cuidado intensivo”. (Pancarta derecha): “¡En las favelas del Senado, Basura por todo lado! Nadie respeta la Constitución, pero todos acreditan en el futuro de la nación. ¿Qué país es este? Coloca los 20 centavos en el sistema único de salud”.

Todas las voces se unían cantando el himno nacional del Brasil, esto me emocionaba por el valor simbólico que tienen nuestros himnos nacionales. Al final estábamos todos, independiente de la nacionalidad, pidiendo por la educación, la salud, contra la corrupción y todas esas injusticias sociales que bien conocemos.

En algún momento, mi nariz, mi garganta y los ojos reconocieron el ardor característico del gas lacrimógeno del cual ya había sido víctima en mi Universidad de Antioquia. En mi caso, el  recuerdo no fue agradable. Eso me hizo (y a muchos otros) desarticularnos del movimiento y querer ir para casa. ¿Ir para dónde? Una vez en la calle, sufra la represión. Filas enteras de policías se enfrentaban con los manifestantes que en reacción a las agresiones policiales, dejaron de lado la bandera de la No violencia y tiraron piedras contra la policía. Decían que inclusive para poder pasar había que mostrar una cuenta de luz para certificar que se vive en esa calle. ¡Espera! ¿Es una copa del mundo o es el inicio de una dictadura? Bueno, como sea nunca viví una tan cerca.

Salvador de Bahía

Salvador de Bahía

Un profesor de la Universidad dijo una vez: “los jóvenes del Brasil ya salieron a la calle una vez y consiguieron grandes cambios sociales, y lo mejor, van a salir de nuevo[2]”.

Al principio pensé que era solo profecía utópica de un soñador (pensamiento típico de la ideología: el sistema que conocemos es inmortal y nunca conseguiremos cambiarlo). Como dijo Milton Nascimento: “Los sueños no envejecen”. Algunos aprovecharán el movimiento con otros intereses, de derecha, de izquierda, eso solo lo sabremos después.

Hoy, que salí a la calle con otras veinte mil personas, reafirmé que, una vez en ella, lo colectivo se hace inherente al alma. Yo poco había salido a la calle a manifestarme, en parte por miedo, ese miedo tan conocido por nosotros los colombianos en el pasado que hemos visto las implicaciones de la “libertad de expresión”. Lo mejor, es que volveré a salir.


[1] “No es carnaval, es Salvador cayendo en la realidad”

[2] En el segundo año del gobierno de Juscelino Kubitschek, en 1956, un movimiento de estudiantes tomó las calles durante varios días en la llamada huelga de los tranvías en Río de Janeiro, entonces capital federal, y su alcance fue de tal naturaleza que se temió la inminencia de una crisis institucional. La crisis fue contorneada políticamente, con el propio presidente Kubitschek intercediendo junto al presidente de la Unión Nacional de los Estudiantes (UNE), a quienes recibió en su gabinete presidencial. En ese registro, lo que vale notar es que aquel movimiento estudiantil trascendía su motivación declarada, el aumento del precio de los pasajes, encubriendo un síntoma que no escapó de las sensibles antenas políticas del presidente – que se arrastraba desde el suicidio del presidente Getúlio Vargas y la subsiguiente turbulenta sucesión presidencial, en medio de golpes y contragolpes de Estado. No hay exageración en sostener que la feliz solución de aquella crisis – ejemplar en términos de su orientación democrática – va a estar en la raíz de la afirmación de los movimientos sociales en los años siguientes, los llamados “años dorados”, que vieron nacer formas expresivas de la cultura brasileña, como en el Teatro de Arena, en el Cine Nuevo y en la Bossa nova, manifestaciones para las cuales la UNE y su Centro Popular de Cultura desempeñaron un pequeño pero significativo papel.

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Fotografías y texto de Yeimi Alexandra Alzate, corresponsal de El Pequeño Periódico.

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