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Archive for 26 noviembre 2012

La llama eterna en el ser

Leonardo Agudelo Velásquez

Oriana Fallaci cuenta que el mayor acto de resistencia y rebeldía lo presenció en Atenas cuando vio ondear sobre el Partenón una bandera negra con la palabra NO en el centro.

Tallas en piedra – Pedro Nel Gómez

Las expresiones de rebeldía tienen un enorme poder sobre la condición humana, y han permitido conquistas como la expresada en 1776, Segundo Congreso continental en Estados Unidos: “Cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios –libertad, igualdad y la búsqueda de la felicidad– el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios…”. O como lo escribió Stéphane Hessel en su texto Indignados: “Nosotros, los veteranos de los movimientos de resistencia y de las fuerzas de combate de la Francia Libre, llamamos a la generación joven a vivir, transmitir, el legado de la Resistencia y sus ideales. Les decimos: Tomen nuestro lugar, ¡Indígnense!”.
Gandhi, el hombre que expulsó a los ingleses de la India, enseñó a su pueblo que la mejor fuerza de combate no está en el puño, sino en el espíritu. Eso lo había leído de su maestro David Thoreau en La desobediencia civil, donde se advierte que el ser humano tiene un altar que no debe permitir que lo pisotee ningún poder por grande que sea: su conciencia, el mismo lugar que la religión fijó para la salvación eterna.
Thoreau dice en su libro referido: Creo de todo corazón en el lema “El mejor gobierno es el que tiene que gobernar menos”, y me gustaría verlo hacerse efectivo más rápida y sistemáticamente. Bien llevado, finalmente resulta en algo en lo que también creo: “El mejor gobierno es el que no tiene que gobernar en absoluto”. Y cuando los pueblos estén preparados para ello, ése será el tipo de gobierno que tengan.

Ignacio Núñez Soler – Mmanifestacion obrera 1960

Los ejemplos de resistencia en el mundo se multiplican. En 1940, cuando el fascismo alemán invadió Francia y transformó de manera violenta la forma de vida de millones de personas, entonces miles de ellos decidieron resistir pasando a la clandestinidad, y sin comer, a veces sin dormir, lucharon hasta que el ejército alemán abandonó la tierra de la revolución de 1789.
Durante más de cuarenta años soldados del ejército imperial japonés permanecieron en armas, rindiendo todo los días homenaje a la bandera del Sol Naciente, sin saber que su país se había rendido a las fuerzas del general MacArthur luego del estallido de dos bombas atómicas contra la población civil en Hiroshima y Nagasaki.

Mineros, 1941  detalle El Corcito  Acervo Patrimonial

Mineros, 1941 detalle El Corcito Acervo Patrimonial

En Santa Rita, una vereda del municipio de Ituango, al norte de Antioquia, oficiales del ejército se hicieron presentes junto a sus tropas, para recibir a los grupos armados que habían combatido en la región, entonces un grupo campesino descendió de la tupida montaña y recorriendo unas pocas calles llegó a la plaza y se presentó al alcalde militar. Quien iba al frente se plantó y dijo: “Nosotros no nos rendimos”, dieron media vuelta, reiniciaron la marcha a la montaña por donde habían llegado y no se volvió a saber más de ellos.
La rebeldía ha vuelto a tener su primavera por estos días, ayudando a enderezar el rumbo de un mundo donde los poderosos, a nombre de la riqueza, intentan destruir el lazo más íntimo y profundo que ata a los seres humanos: la fraternidad, la solidaridad.
En Grecia un policía con un importante récord de brutalidad, asesinó fríamente a un joven que protestaba en las calle. Ese fue el detonante para que en Barcelona, Londres y París, cientos de jóvenes salieran a las calles y se enfrentaran a las fuerzas antidisturbios. Hace pocos días un jubilado que se negaba a escarbar en los toneles de basura para completar su alimento, debido a los recortes en el sistema pensional al que la banca internacional ha llevado al gobierno heleno, se suicidó en un parque, iniciándose un ciclo de violencia contra esas reformas que intentan encontrar estabilidad hundiendo en la miseria a los sectores populares.
Como en el poema de Jhon Done: “Nadie es una isla en sí mismo, cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra, la muerte de cada hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad. No se mueve un grano de arena en el fondo del océano sin que se sacuda el Universo: por ello nunca preguntes por quién doblan las campanas. Doblan por ti”.

garlosin@gmail.com

Publicado en la edición impresa No. 99 de El Pequeño Periódico.

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El Arte es un grito de resistencia

Álvaro Jiménez Guzmán

Voceador – Débora Arango

Bajo el peso de una angustia indescriptible, el hombre iba por un largo camino con dos amigos, el sol se escondía cuando el cielo se tornó, de un momento a otro, rojo intenso, se detuvo muerto de cansancio y vio sobre la ciudad sangre y lenguas de fuego. Sus amigos siguieron caminando, pero él temblaba de miedo y sentía que un enorme e infinito grito se perdía entre la naturaleza. Era El Grito del pintor noruego Edvard Munch: el grito inconmensurable del hombre que se enfrenta a la angustia y a la incertidumbre. Refleja una época de desencanto y dolor, como si la humanidad no hubiese cambiado. Su obra va más allá del miedo y la desesperanza: es un pronunciamiento individual contra la estrechez en la forma de vida y la hipocrecía. Y al rechazar a la sociedad burguesa y puritana en la que le correspondió vivir, envuelta en contradicciones y de fomento del autoengaño, lucha por el ideal de una sociedad honesta y vigorosa. En su evolución hacia el expresionismo, un sello de dolor y fatalidad se advierte en su estilo, corriente que buscaba la expresión de los sentimientos y las emociones de un hombre inquieto por la dura realidad circundante.
Así como la obra de Edvard Munch resume una época conflictiva en la Europa de post-revolución industrial, la de Débora Arango revela las anomalías sociales propias del orden aldeano-feudal de su tiempo, en Colombia. Sus desnudos, que escandalizaron a “un mundo de aldea, parroquial, de vecinos y chismes y beatas”, generaron una enconada lucha ideológica. De acuerdo con El arte, venganza sublime, obra fecunda del escritor Ángel Galeano H. sobre la vida de Débora Arango, la antigua monitora de la monja María Ravaccia pasó de la revisión de los ejercicios de dibujo de las demás alumnas del colegio María Auxiliadora, a ser objeto de “declaratoria de guerra” porque su arte se había convertido en una especie de “escándalo pagano”. Pero su resistencia interior le permitió superar a sus propios maestros acartonados y afrontar “las palabras hirientes, los juicios dogmáticos y la descalificación”, propios de aquella arcadia colonial, repleta de “espíritus absortos ante el polvo y el moho”.

Niña - acuarela de Beatriz E. Velásquez

Niña – acuarela de Beatriz E. Velásquez

El arte seguirá siendo una tenaz forma de resistencia, sea que se aprecie en la cumbre, o bajemos a la base de la pirámide social. A Reinaldo Correa, un sencillo hombre del campo, la vida lo empujó a degustar las montañas, la libertad y su pulso exquisito para esculpir el arte. Más allá de Frontino, monte adentro de Occidente, camino al corregimiento Nutibara, vive consagrado a su mundo artístico. Fue su destino después de pagar una condena por negocios de narcotráfico en los tiempos aciagos de Pablo Escobar. Vivió un momento de crisis profunda, en el que no sabía qué rumbo tomar: si irse al monte a empuñar un arma, o buscar caminos de crecimiento espiritual. Entonces logró su mayor collage con la raíz de un árbol gigante que iban a botar y él la pidió. Muchos no supieron para qué, pero él tenía claro en su mente que de ese deforme trozo de madera saldría una representación del mundo, del caos que era su vida. El resultado: un árbol del que salen manos y cabezas de personas, de caballos, perros, extraños animales y cien figuras distintas. Y no sucumbió, forjando su propia resistencia contra la avalancha del “dinero fácil” que se incubó en una sociedad complaciente con su entronización.
Si el arte se constituye en un desagravio de los reveses y frustraciones que se ventilan en las sociedades humanas, los artistas pueden trepar esta penosa cuesta. Y, como lo señala Mario Benedetti, a veces resbalan y se despeñan, pero cuando llegan a la cumbre, ningún futuro tendrá derecho a olvidarlos.

aljiguz@une.net.co

Publicado en la edición impresa No. 99 de El Pequeño Periódico.

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