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Archive for 25 julio 2012

Doce artistas en la Sala de Exposiciones de Comfama San Ignacio.

Desde el jueves 26 de julio hasta el 31 de Agosto

Con motivo de los 30 años de El Pequeño Periódico, publicación cultural de la Fundación Arte y Ciencia,

Rumor de río, Elias Ospina 50X70 -Óleo sobre lienzo

Rumor de río, Elias Ospina 50X70 -Óleo sobre lienzo

se inaugura este jueves 26 de julio a las 6 de la tarde, la Muestra colectiva de artistas que ilustraron dicho medio a lo largo de su existencia. Es un encuentro de algunos de los artistas que acompañaron al periódico en distintas épocas. Un acto de gratitud hacia ellos que con su obra no sóo engalanaron las páginas del periódico nacido en el puerto de Magangué en 1982, sino que hicieron también periodismo de otra manera.

Los artistas

Son 12 los artistas, 10 pintores, una ceramista y una joyera, seleccionados para mostrar sus obras en esta exposición que conmemora las tres décadas de periodismo cultural de un tabloide que ha privilegiado la pintura y en general las artes plásticas como fondo y complemento de sus artículos.

Elías Ospina:

Creyeron que no les ibamos a quemar esos ranchos, Beatriz Velásquez

Creyeron que no les ibamos a quemar esos ranchos, Beatriz Velásquez

Hizo parte del primer grupo que, en el Puerto de Magangué, en 1982, dio vida a esta publicación. Sus obras reflejan el color y la temperatura a orillas del Gran Río Magdalena.

Beatriz Velásquez:
Otra de las pioneras. Hizo parte de “los descalzos”, un grupo de ciudadanos que acompañó los procesos sociales de los campesinos en el Puerto de Magangué. Su obra pictórica es un compendio de paisajes urbanos, casitas elementales, ventanucos, barrios marginales, balcones, empinadas calles de barro, barrios de lata y tabla, en los cuales experimentaba tonalidades, mezclas de colores, perspectivas, técnicas diversas.

Yolanda Posada:
Sus flores, paisajes, barcos, pájaros, rostros, pimentones, caballos, frutas, tejados han estado en más de 30 exposiciones individuales y colectivas. Colores fuertes y sutiles, formas rectas y curvas constituyen su obra.

Erizo terracota - María Clara Villa - Cerámica modelada en torno.

Erizo terracota – María Clara Villa – Cerámica modelada en torno.

Mónica María Correa:
El tema de la muerte y el dolor se destacan en sus pinturas, con un manejo vanguardista de la figura, el color y la textura: “Trabajo con la espátula para dar fuerza dramática a la obra y me valgo de elementos como chapas, tornillos, llaves para enfatizar ciertos aspectos”.

María Clara Villa:

Ceramista. Aprendió en Alemania el arte del torno. Su experimentación la ha llevado a encontrar distintas maneras de darle color al barro. “No sólo logramos un color para una pieza, sino que podemos bañarla, chorrear, trabajar con más holgura esos materiales, conocer cómo actúa el feldespato, el caolín, el cuarzo, en la cerámica, cómo hacer un esmalte, un engobe, a qué temperatura se dan mejores resultados”.

Aretes - Hojas de árbol hechas en plata Patricia Zuluaga O

Aretes – Hojas de árbol hechas en plata Patricia Zuluaga O

Patricia Zuluaga:
Joyera. Como bióloga se inspira en la naturaleza para hacer sus diseños. La plata es su metal predilecto. Calados y ensambles hacen parte de las técnicas que utiliza en sus piezas.

La exposición 30 años de El Pequeño Periódico recoge también las obras de Juan Carlos Muñoz, Alberto Úsuga, Helena García, Carlos Mario Ospina y Astrid Moncada, autora de la pintura que ilustra el cabezote en esta oportunidad. Todos ellos han embellecido las páginas del periódico que llegará a su edición número 100 en el mes de septiembre.

Sala de Exposiciones Comfama San Ignacio

26 de Julio  6PM  Inauguración

Entrada libre.

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Días del libro a sottovoce

Ángel Galeano Higua

La escritora Nubia A. Mesa G, del Grupo Literario "El Aprendiz de brujo", lee su cuento Sombras sobre el puente, a los estudiantes de la Institución Educativa "Manuel José Cayzedo".

La escritora Nubia A. Mesa G, del Grupo Literario “El Aprendiz de brujo”, lee su cuento Sombras sobre el puente, a los estudiantes de la Institución Educativa “Manuel José Cayzedo”. No hubo salón disponible.

La vieja estrategia burocrática de planear detrás del escritorio, escatimar información, recursos y voluntades, ha vuelto a producir sus resultados: dar al traste con un encuentro cultural destinado a la ciudadanía, desestimular a los libreros, a las editoriales locales y a los autores. Este fracaso se veía venir por la falta de divulgación, por esa razón el tono del descontento ha subido. No es justo ni correcto que la Feria Popular del libro, de tanta trayectoria en Medellín, sufra esta clase de reveses que la ponen en riesgo. No olvidemos que hace parte del Plan Municipal de Lectura, ejecutado con dineros públicos.

La Fiesta Popular del Libro ha transcurrido sin pueblo. Ni fiesta, ni popular, los libreros quedaron esperando a los lectores. A la pobrísima divulgación se le sumó la improvisación en el programa. Los “organizadores” se las ingeniaron para montar dos programas diferentes, uno impreso y otro virtual y ya imaginarán nuestros lectores el cruce de espacios y horarios. El resultado: aulas vacías, autores solitarios en la mesa de conferencias. Los pocos estudiantes que llegaron no sabían qué hacer. Tal fue el caso de los jóvenes de la Institución Educativa “Manuel José Cayzedo” con quienes tuvimos que realizar el encuentro en una acera, porque el aula 201 que se suponía destinada para ello, como no aparecía en el programa oficial impreso, fue ocupada para otra actividad.

Mapa sin lectores

El lema de esta versión: “Geografía literaria de Medellín”, tan atractivo en el papel, terminó por mostrar lo despoblado de la feria. Quizás el lema aparezca en los informes oficiales para ufanarse de la imaginación creativa de quienes dirigen el Plan Municipal de lectura y, como dijo uno de los asistentes al bulevar de Carlos E. Restrepo, para chulear una actividad más que justifique la ejecución presupuestal.

Alumna de la Institución Educativa "Manuel José Cayzedo", sigue atenta la lectura.

Alumna de la Institución Educativa “Manuel José Cayzedo”, sigue atenta la lectura.

La mayoría de los invitados a presentar sus conferencias y conversatorios vieron cómo sus esfuerzos se frustraron ante la raquítica concurrencia. Ejemplos sobran. Tuvimos la oportunidad de vivirlo en carne propia los dos días. Las fotografías que ilustran estas páginas corresponden a la visita de los estudiantes de la institución educativa mencionada, de Buenos Aires, bajo la guía de la profesora Luz Stella Martínez, y muestran, no sólo la carencia de salón, sino el infinito deseo de los jóvenes por leer algo nuevo, lo que hallaron en el libro La palabra se baña en el río, del Grupo Literario “El Aprendiz de brujo”.
La geografía literaria que se mostró en esta oportunidad fue desolada, sin bosques encantados ni hechizo poético, triste desierto. Lo que no corresponde con la riqueza que vibra en la ciudad: montañas de libros, ríos de historias, valles de poesía, clima turbio y punzante de personajes de realidad y ficción que peregrinan en los talleres literarios, clubes de lectura y tertulias. El Día del Idioma quedó como una lánguida jornada en la que la palabra enmudeció. Los libros durmieron sin sobresaltos en los estantes y mesones que los expositores prepararon con devoción.

Democracia informativa

Pocos días antes tuvo lugar una reunión en la Casa del Maestro, convocada por el Director General de la Fiesta del Libro, para escuchar lo que ya estaba decidido. Dos componentes sostienen este evento: la organización logística de los libreros y demás expositores, tarea que a nuestro juicio viene consolidándose de años atrás, bajo la coordinación de Luis Galar. El otro componente, el académico, incluida la divulgación, es el Talón de Aquiles por donde se cuelan las vicisitudes y frustraciones: el programa estaba hecho y no aceptaba ajustes. Según se nos dijo el responsable es un Consejo de Literatura al cual muy pocos tienen acceso. No hubo plan de medios, el plegable no circuló, podríamos decir que la ciudad no se enteró como debiera ser, no hubo afiches ni espacios en Telemedellín o Teleantioquia, por decir lo menos. En las Universidades e instituciones educativas no llegó ninguna información para los profesores y estudiantes. En internet fue muy “formal” la noticia.

A pesar de la desorganización, los jóvenes pudieron compartir con los escritores del Grupo "El Aprendiz de brujo".

A pesar de la desorganización, los jóvenes pudieron compartir con los escritores del Grupo “El Aprendiz de brujo”.

Uno se pregunta ¿qué sucede? ¿Será que la Alcaldía no tiene la capacidad de convocar para un evento “popular” de esta clase? ¿Será que los encargados del fomento del libro y la lectura, después de tantos años en el mismo cargo, se han acomodado de tal manera que se convirtieron en meros funcionarios? ¿Estarán cansados? ¿Estarán entrando en crisis los formatos de promoción de la lectura en Medellín, “una ciudad para leer y escribir”? ¿Será que el discurso va por un lado y la realidad por otra?
También se nos notificó, por parte del Director de la Fiesta del Libro, que ya todo está listo para que entren las grandes editoriales a editar las becas de creación. Palabra más, palabra menos, el negocio está “pulpito”, todo el trabajo de más de cinco años que nos ha costado a las editoriales locales, a los autores, a la misma Alcaldía, está a punto para ser entregado a los tiburones del gran capital.

¿Fiesta Popular vs. Fiesta en el Jardín Botánico?

Y los interrogantes afloran: ¿Todos los “fierros” deben ser para la Fiesta del Libro en septiembre? ¿Lo de abril no es importante?
Se nos convocó a la Casa del Maestro para que expresáramos, entre otras cosas, nuestras ideas respecto a si la Fiesta del Libro debiera seguir realizándose en el Jardín Botánico o no. Cuando un par de semanas atrás conocimos la carta que Jairo Osorio Gómez, Director del Fondo Editorial UNAULA, dirigió al nuevo Alcalde Aníbal Gaviria exponiendo algunas consideraciones sobre la sede de la Fiesta del Libro, creímos que había llegado, al fin, el momento de expresar las inquietudes respecto a un asunto que atañe a toda la ciudad: ¿Cuál es la función del Jardín Botánico? Al estar Medellín comprometida con el fomento de la lectura, al punto que es de los pocos municipios que ha trazado una política al respecto, ¿por qué no pensar en un espacio para el libro? ¿No es tiempo ya de liberar al Jardín Botánico de los espectáculos que ponen en riesgo el patrimonio natural que allí anida?

El grupo de estudiantes recibió en obsequio el libro "La palabra se baña en el río", editado por la Fundación Arte & Ciencia, de Medellín.

El grupo de estudiantes recibió en obsequio el libro “La palabra se baña en el río”, editado por la Fundación Arte & Ciencia, de Medellín.

Pero esto no estaba en discusión. Ya habían decidido que la Fiesta del Libro seguirá allí, con apoyos aleatorios en el Parque Explora. Expresamos que a nombre del libro, del fomento de la lectura, no se debe afectar el Jardín Botánico. Llegará un momento en que la Fiesta del Libro (y todas las otras fiestas que allí se realizan, más perturbadoras que la Fiesta del libro, con circulación de carros y motos en su interior como en cualquier calle) se tragarán al Jardín Botánico convirtiéndolo en un parque como cualquiera otro, y la ciudad de Medellín perderá un laboratorio, un receptáculo de flora, un pulmón, un lugar de investigaciones que sus antiguos propietarios legaron pensando en las generaciones futuras y en distinguir a la ciudad con un Jardín Botánico, como lo tienen las ciudades más importantes del mundo.
En nuestra opinión, Medellín deberá pensar en construir un lugar para la cultura del libro con todo lo que ello implica. Donde se puedan realizar todas las ferias y fiestas del libro, encuentros y seminarios que traten sobre el fomento de la lectura en sus diversas formas. Quizás con un Museo del libro de Medellín y otras formas relacionadas con la lectura y, de manera paralela, con la escritura.

La vitrina de Bogotá

Los jóvenes son lectores insaciables, no importan los obstáculos.

Los jóvenes son lectores insaciables, no importan los obstáculos.

La única Feria Internacional del libro que existe en Colombia es la de Bogotá. Allí se dan cita los más grandes autores mundiales, editores y libreros. Si a nivel de Medellín hemos logrado construir durante varios años un Fondo Editorial gracias a las Becas de Creación, ¿por qué no tenemos un stand en la Feria del Libro de Bogotá? Eso significará impulsar a los nuevos autores, invitarlos a presentar sus obras en la capital que es como difundirla a nivel nacional, estimular la discusión alrededor del fomento de la lectura en la cual a pesar de los reveses de abril, Medellín tiene algo para contarle al país. En la anterior administración no hubo interés por esta idea, ojalá en ésta cuaje. La proyección será inmensa, dejaríamos de creernos el ombligo del mundo y aprenderíamos que apenas somos una partecita de esta nación que tiene lectores a granel.
El cuento de que la Fiesta del Libro de Medellín es mejor que la Feria del Libro de Bogotá es una comparación que no soporta ningún análisis serio, aparte de la desafortunada impertinencia de los “free-lance” que la revista Arcadia contactó en septiembre del año pasado. Son dos eventos diferentes, cada uno con sus complejidades.
En fin, esperemos que en septiembre no llueva y que no se repita el sottovoce de abril.

Publicado en la Edición impresa No. 97 de EL PEQUEÑO PERIÓDICO.

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La sociedad como ficción

O el fin de la democracia

Portada de la Edición 98

Portada de la Edición 98

Cuando un ciudadano recibe una fotomulta no sólo vive la increíble aplicación práctica de la tecnología, sino también la aterradora ficción que Orwell y Bradbury recrean en sus novelas 1984 y Fahrenheit 451, escritas a mediados del siglo pasado. El control invisible de los movimientos de los ciudadanos, que es el sueño supremo de todo poder en todas las épocas de la humanidad.

Actualizando la mirada: las chuzadas telefónicas, los microchips insertados a las personas, a sus carros, a sus hijos, a su ropa. Los controles mediante el número de su cédula en los supermercados, tarjetas, claves y códigos, las encuestas y sondeos, son apenas algunas de las ramificaciones con las que se pretende tener toda la información de los ciudadanos, de sus comportamientos y tendencias.

El Estado moderno, mediante sus diversos tentáculos, ejerce este tipo de seguimientos “sutiles” con el fin de garantizar “la seguridad nacional”, luchar “contra el terrorismo y los enemigos de la democracia”, y por supuesto garantizar el pago de los impuestos y multas. Para vender sus productos, las grandes empresas se valen también de toda la información acopiada sobre los clientes directos y potenciales. La base de datos es un preciado tesoro para los comerciantes de todas las latitudes, que pagan altísimos precios para conseguirla, sin importar los medios.

En general, los políticos de hoy ya no luchan por ser elegidos “para darles felicidad a sus pueblos”, sino para enriquecerse. Su misión se confunde con la de los mercaderes, especialmente la de los bancos. Han dejado de ser servidores de su pueblo para convertirse en usufructuarios de la “democracia”. Elaboran también su base de datos (lista de votantes) que luego desechan cuando han alcanzado su curubito. Los políticos que siguen fieles a sus conciudadanos son una excepcional minoría digna de toda admiración.
El poder y la ambición son siameses que parecen no tener límites. Pero no son ficción. Construyen “mayorías” cuando las necesitan. Y las destruyen cuando obstaculizan su ambición delirante.

En su diario, el poeta italiano Césare Pavesse escribió: “La persona o institución a los que encargamos de hacernos felices tienen derecho a quejarse si les recordamos que, sin embargo, seguimos siendo libres y dueños de rebelarnos. ¿Cómo? ¿Nos encargan de reorganizar la sociedad, es decir, a ustedes mismos, y luego pretenden seguir siendo libres?”. Como quien dice, al hacer uso del derecho a elegir, perdemos el más preciado.
La sociedad moderna con su abominable masificación ha herido de muerte a la individualidad. Ningún sistema social hasta el momento ha dignificado al ser humano. La prueba es el hambre, las enfermedades y la violencia que pululan en el mundo. Las utopías alimentadas con ideologías que pregonan sociedades igualitarias, cuando han coronado tuercen pronto el rumbo terminando en distopías. Utopías negativas, nefastas, perversas.

El mundo contemporáneo parece haber sido diseñado bajo la premisa de liquidar la individualidad y fomentar el individualismo. Y lo ha hecho con la pretensión de que aumente el número de ciudadanos que se aperecen para ejercerla y “prefieran” dejar los asuntos de la sociedad en manos de los “especialistas”. Nada más peligroso para estimular el autoritarismo, con todo lo que ello conlleva.

¿Qué clase de sociedad tenemos? ¿Es real o mera ficción? El tema está para dar y convidar. Sobre todo porque, casi con seguridad, a todos los colombianos nos tendrán inscritos en alguna base de datos de esta democracia regida por padres de la patria que ni siquiera cumplen las elementales normas de tránsito. Y es muy probable que no les llegue la fotomulta. Ellos viven otra dimensión de la “democracia”.

Publicado en la Edición impresa No. 98 de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, ya en circulación.

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