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Archive for 29 mayo 2012

Concurso Nacional de Epitafios

EL PEQUEÑO PERIÓDICO – 30 Años de periodismo cultural

 Para cerrar el ciclo de 6 lustros de vida de EL PEQUEÑO PERIÓDICO con el sello poético de una frase que resuma su labor periodística, la FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA convoca a un Concurso Nacional de Epitafios.

 Bases

1. Podrán participar todas las personas que lo deseen, excepto los miembros del periódico, de la Fundación Arte y Ciencia y sus familiares.

El Pequeño Periódico - Días del Libro Medellín

El Pequeño Periódico – Días del Libro Medellín

2. Deberán enviar un Epitafio inédito que recoja el espíritu que ha marcado este ciclo de 30 años de periodismo cultural, teniendo en cuenta que nació y creció durante 10 años a orillas del río Magdalena, en el puerto de Magangué, y que debido a la ola de violencia en los años 90 debió trasladarse a Medellín donde ha funcionado en los últimos 20 años.

3. Dicho Epitafio no podrá contener más de 15 palabras escritas en español. Al final deberá agregarse el nombre del participante, edad, número de identificación, domicilio, teléfono y correo electrónico.

4. El tiempo para la recepción de los epitafios está comprendido entre el 1 de Mayo y el 20 de Agosto de 2012, hasta las 12 PM y debe ser enviado como mensaje electrónico a la siguiente dirección: elpeperiodico@gmail.com 

5. Los premios consisten en un bono hasta por $1 millón en libros para el primer puesto, y $500 mil para el segundo.

6. El jurado estará compuesto por tres prestantes miembros del mundo intelectual y literario, y un representante del periódico, quien hará las veces de coordinador, con voz pero sin voto.

7. Cualquier duda o inquietud que se genere en el proceso del concurso, será resuelto por el jurado con plena autonomía.

8. Los 10 epitafios seleccionados como finalistas serán dados a conocer en una publicación especial. 

Medellín, 23 de Abril 2012

  

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Buscar lo esencial

¿Qué es lo esencial de la vida? Algunos dicen que la muerte. La dignidad, reclaman otros. ¿Y dónde queda la libertad? Ah, sí, la libertad: sublime sueño. Pero no faltará quien piense en el respeto, sin respeto es imposible vivir civilizadamente. ¿Y qué me dicen de la comunicación? El mundo sin comunicación es una caricatura.

Buscar lo esencial

Edición 97

Así seguirá la cadena de interrogantes, pues habrá que tener en cuenta lo esencial que es la salud para poder vivir. Y el amor que todo lo puede. Y el conocimiento. ¿Has pensado en un mundo sin conocimiento? ¿Dijiste el amor? A nombre del amor se han hecho mil brutalidades. Lo mismo que a nombre de Dios: guerras, censuras, crímenes, inquisiciones… Dejemos al amor y a Dios quietos, son ideas muy subjetivas y nunca nos pondremos de acuerdo. Aunque no es necesario estar de acuerdo, ¿para qué? Lo esencial podría ser la diversidad de pensamiento. Me parece que por ahí es. El saber es vida. No, discúlpame, estás equivocado: el agua es vida. Y no sólo dependemos del agua, sino del sol, su luz y su calor son esenciales para la vida.

La ronda adquiere fuerza. Lo esencial de la vida es la filosofía. No hay que confundirla con el conocimiento. Tonterías, el ser humano no puede vivir solo, necesita compañía. Llámese familia, matrimonio, sociedad, amigos. El hombre es gregario por naturaleza. Se pueden decir muchas cosas, sin embargo, nadie podrá negar que el Arte es esencial para la humanidad. Sí, pero no para todos los seres vivos. Pasan los imperios, quedan las ruinas y sobre las ruinas se yergue invencible el arte legado por los creadores de todas las épocas. De acuerdo, pero estamos hablando de la vida en general, no sólo de los seres humanos. ¿Te imaginas a un perro o a un caballo haciendo arte? No, hay que pensar en lo esencial de la vida tanto para los seres humanos, como para los animales y las plantas.

De esta forma la pregunta inicial se torna bastante compleja. Para ello sería clave ir al origen de la vida, de dónde proviene la vida. En este punto llegamos a un nudo ciego, a pesar de los intentos de la mente humana por plantearse una teoría que permita tener algo de qué asirse en su origen. Una cosa es el origen de la vida, otra el origen del ser humano. Me parece que este razonamiento no nos llevará a ninguna parte. Lo esencial tendrá que quedar así, apenas planteado. Ojalá pudiéramos abrir una gran conversación con nuestros lectores sobre este tema.

En Colombia hay muchos temas que se consideran esenciales, la paz es uno de ellos. El analfabetismo, es otro. El hambre, aunque usted no lo crea hay miles de colombianos con hambre y muchos mueren por esa causa. ¿Me va a decir que el empleo no es esencial? No hay nada más triste, deprimente, injusto y aberrante que no tener empleo, empleo digno. Te sientes inútil, como si no sirvieras para nada, pero sabes que tienes capacidades, aptitudes para un trabajo honrado. ¿Qué pasa? Diríamos que algo esencial para nuestro país es la organización, la maximización de recursos. Un Estado que conozca las riquezas de nuestro país y las administre en beneficio común. ¿Cuándo lo veremos? No hay una hoja de un árbol que no se mueva sin que los grandes monopolios no lo sepan y le saquen ventaja.

Nos metimos en un tema difícil, el político. Echemos mano de lo que los griegos consideraban política, decían que era el arte de hacer felices a los pueblos. Ah, la felicidad, un tema de toda la vida. Ligado al amor, a la verdad. ¿La verdad?… Mejor sigamos indagando. Lo esencial quizás sea eso, indagar, preguntarse, explorar. Al menos nos permitirá dudar, investigar, tener la mente en continuo ejercicio, que es esencial para no terminar embrutecidos por la alienación de la masificación.

¿Sabes?, podríamos cerrar el abanico y pensar en un tema crucial como la educación. Hannah Arend tiene razón cuando dice que la esencia de la educación es la natalidad, el hecho de que constantemente nacen seres humanos. “Por eso lo que está en juego en la educación es nuestro modo de recibir a los nuevos”. Eso dice. ¿No te parece esencial?

El Pequeño Periódico No. 97, edición impresa ya está en circulación.
Ilustración recuadro superior, Huellas, Estefanía Montoya Echeverri

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Retratos de arena

Hacia donde uno mire hay cuadros. Las paredes del apartamento de Mónica María Correa no parecen estar allí para sostener el techo, ni protegerse del frío y de la lluvia, sino para colgar cuadros. En el corredor y el estudio, en el dormitorio de su hija, en el patio. Grandes bastidores aguardan la mano apincelada de la artista.

Ángel Galeano H

Mapas de angustia

Autoretrato con niña – Mónica María Correa Ortiz

Retratos enigmas. Autorretratos difuminados. Rostros enmarañados. Cabezas sin orejas. Bocas abiertas. Mapas de angustia, ceños camuflados. Ojos semicerrados filtrando la farsa, la luz sospechosa. Áspera incertidumbre.

Rostros de arena. Y de barro y aserrín. De cerraduras oxidadas como bocas, llaves junto a las cejas, destapadores viejos, monedas que miran… Pero el color amalgama todo.

Una iglesia intenta equilibrar la carga. La iglesia del corregimiento de San Cristóbal, tejas rojas, altos muros blancos, hojas amarillas verdes azuladas abrasando el templo. A lo lejos las montañas ulceradas y, más allá, las nubes tormentosas. Óleo de gran formato en la sala, junto al balcón. Pintura de abundante luz

De todos los costados asoman rostros que miran. Algunos mueven los ojos en la misma dirección en que Mónica camina. Como si tuvieran vida propia.

En aquella pared un hombre se cubre la cara neblinosa con su mano que parece derretirse. Gesto de dolor, de vergüenza, de terror. Pero también podría pensarse en la fatiga. Su frente fulge en trazos fuertes, su cabello azuloso cae como una cascada de agua pesada.

En aquella otra del estudio, entre la biblioteca y la ventana que da al parque, dos enormes esferas aceitunadas asoman en un rostro rojizo y alargado. Ojos curiosos, vigilantes, temerosos. Una mezcla encontrada de sentimientos.

Quien mire bien al rockero del corredor podrá escuchar su guitarra. Verá cómo mueve la mano en cuya muñeca una manilla ribeteada resalta.

Y por allí, fíjate, un autorretrato luminoso, la fuerza del amarillo salpicado de rojo en el cabello y de azul en el cuello. Figura abstracta, opina ella. Fiesta del color. Y más allá: “Esta soy yo, esta es mi hija”. Una figura sin contorno definido (“me gustan los impresionistas”) abraza a otra figura más pequeña. “La que abraza no soy yo, sino mi hija”. Mónica sonríe.

 Hija de arrieros

Iglesia de San Cristóbal - Mónica M. Correa

Iglesia de San Cristóbal – Mónica M. Correa

Llama la atención que gran parte de los pétalos que palpitan en las silletas de la Feria de las Flores no son de Santa Elena, sino de San Cristóbal, corregimiento fundado en 1752, como paso obligado hacia el río Cauca, hacia Santafé de Antioquia. Al abrir el túnel de occidente se incorporó una amplia región pero se abandonó otra, que involucra a San Cristóbal. Sin embargo, sus pobladores han persistido en su vocación agrícola. Además de verduras y hortalizas, el cultivo de las flores es de tal importancia que hoy cuentan con el único Museo vivo de las flores que conocemos.

Mónica María Correa da vida a sus cuadros en la cabecera de este corregimiento. Ella nació allí y allí ha vivido toda su vida. “Soy de familia de arrieros, a mucho honor”. Estudió la primaria en la institución Presbítero Juan J. Escobar y la secundaria en el Liceo Departamental Integral.

“Desde los 4 años empecé a dibujar retratos, siempre me han gustado. Me llama la atención los gestos de las personas. Alguien dijo que yo era una ladrona de almas al pintar los retratos, porque me gusta pintar la esencia. Me han dicho que soy irreverente y que mis cuadros son tristes, pero soy alegre, siempre me ha gustado la Navidad, las luces, el ambiente de fiesta. Me encanta la gente alegre”.

En la vereda La palma vivían unos primos que pintaban. A una hora y media de camino, durante dos años, fue allí para dibujar bodegones. Tenía 7 años.

En la escuela era muy callada pero participaba en los concursos de dibujo. Aprendió a leer en los periódicos, no tenía cartilla.

 Arte que sacude

A Mónica María Correa le ha sucedido lo que honra más a un artista: lograr conmover con su obra a los demás hasta el llanto. Sucedió durante una exposición en San Diego: de repente uno de los visitantes quedó perplejo ante uno de sus cuadros. Era un médico de Bucaramanga y empezó a llorar sin apartar la vista. Homenaje a mis sueños, se titulaba dicha pintura. Ese cuadro es mío, repetía, me lo llevo. Algunos alemanes y japoneses que se hallaban presentes también lo querían. Adquirieron otros que los conmovían igualmente, según dijeron.

Retrato

Retrato

Le han preguntado porqué siendo ella tan delicada pinta así. Ella sabe que por una línea se puede entender al ser humano. Le gusta estudiar el rostro y las manos. “Alguien me dijo en cierta oportunidad que si no pintara así, sería una asesina en serie. Pero soy fiel a lo que soy y a lo que me ha tocado vivir”. Si no fuera por el arte, el ser humano no podría equilibrar sus emociones. “Pintar es como hacer kung fú”.

Hacerse niña

Cuando tenía 12 años se paraba frente a Bellas Artes, “soñaba con estudiar allí, pero mi familia se oponía. Uno de mis hermanos insistió para que estudiara Administración de Empresas en la UPB, no pude terminar, hice cuatro semestres y me retiré”.

Las lecturas le han ayudado para pensar las obras. En El túnel, de Ernesto Sábato, por ejemplo, ha encontrado esa comunicación espiritual que se da solamente viendo lo que el autor ve. Así, “estando en Bellas Artes hice mi primer cuadro de Infancia”.

Demoró en graduarse en Bellas Arte porque estaba embarazada. “Mi hija prácticamente se crió en Bellas Artes, andaba con ella para toda parte, la cargada diariamente desde la U de A hasta la Playa con Córdoba. Así durante tres años. Hoy, su hija estudia odontología, le gusta pintar y ya ha expuesto.

Mónica María Correa no es de aquellos que se aíslan. Desde 1995 desarrolla el proyecto, “Abriendo caminos”, para niños. Empezó en la calle, junto al parque, luego pasó a la Casa de la Cultura. Y así en distintos lugares, buscando que los niños se sientan libres para hacer sus pinturas. Hoy los reúne en su estudio que es a la vez su residencia, y allí los niños se sienten como en su casa.

Esa energía infantil le hace bien, le ayuda a soltar los trazos. Vuelve a sentirse niña.

La muerte es vida

Retrato

Retrato

Su obra despierta polémica. Algunos la encuentran tan triste que los asusta. No les gustaría tener un cuadro de ella. La desolación, la angustia tan cercanos al dolor y a la muerte, les hace recordar El grito de Munch.

Mónica entiende la muerte en su relación con la vida. Trabajó en el cementerio de San Cristóbal entre 1991 y 1994. El sacerdote necesitaba a alguien que supiera pintar, para arreglar y enlucir las lápidas. “Me gustó trabajar allí porque ese silencio me ayudó a pensar muchas pinturas viendo los entierros y las exhumaciones. Fue cuando me pareció hermoso el cuerpo humano”.

No es el mero tema de la muerte o el dolor lo que destacan sus pinturas, sino el manejo de la figura, el color y la textura: “Trabajo con la espátula para dar fuerza dramática a la obra y me valgo de elementos como chapas, tornillos, llaves para enfatizar ciertos aspectos”. Es su estilo, la forma estética que valida la expresión artística. ¿La muerte? Es el tema de la vida.

 Tomado de El Pequeño Periódico No 96, edición impresa.

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