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Archive for 29 abril 2012

Yo conozco esa voz

María Teresa Ramírez U.

Cerró los libros. Estaba cansada y todavía le esperaban algunas horas de trajín. Se levantó de la mesa donde había estado estudiando mientras esperaba a que acabara de cocinarse la cena. El pollo y las verduras sudaban dentro de la olla exhalando un vapor provocativo. Todo quedaría puesto sobre el fogón para cuando llegara su hermano hambriento por la noche. El trabajo como conductor era un trabajo pesado en el que casi nunca podía darse un descanso para comer. Pobre Libardo, desde que se había separado de su esposa vivía con ella y toda su energía la tenía concentrada en conducir su taxi.

Empacó los libros en la mochila y salió vestida como cualquier universitaria: bluyines, tenis y un buzo ancho que pasaba recto por la curva de sus caderas. Caminó con prisa y cuando llegó a la estación del bus, encontró la misma fauna de todos los días: estudiantes, ancianos, deportistas, criadas, meseros, oficinistas… Era viernes y deseó que el tráfico no estuviera muy pesado porque no quería perderse la clase. Faltaba poco para terminar, y cuando por fin se graduara como sicóloga, estaba segura de que encontraría un buen empleo.

Cathia también estaría en clase, y después se irían juntas para el nuevo trabajo. No es que estuviera orgullosa de él, pero comparado con otros que le habían ofrecido, estaba bien pago. Ni la pizzería, ni la taquilla del cine, ni el café Internet le ofrecían las mismas ventajas. Podía ir a sus clases en la universidad sin alterar los horarios y nadie tenía por qué enterarse nunca. Desde el día que Cathia la acompañó a la primera entrevista, el dueño del negocio quedó encantado con ella. Elogió su físico, pero sobre todo su voz, una voz fingida de colegiala que ella podía explotar muy bien.

Para no aburrirse en el trayecto del bus, había vuelto una costumbre la observación de los pasajeros. Ponía atención a sus conversaciones y se esforzaba por adivinar la vida de cada uno. Este ejercicio le servía para escudriñar en las almas ajenas y descubrir sus inseguridades. Sus clientes eran casi siempre hombres con un carácter tímido que andaban por la vida con el cuerpo lleno de fuegos. Pero en el teléfono se desdoblaban, le contaban sus intimidades, su soledad… A veces solamente la llamaban para hablar y se despojaban de sus miedos hasta que ella, paso a paso, los iba iniciando en los juegos del amor. De eso se trataba. Cada impulso costaba tres mil pesos, y si la llamada pasaba de media hora, ella recibía una bonificación.

En los últimos días había tenido un cliente muy especial. Cuando llamó por primera vez, ella pensó que era una voz conocida; después le pareció que fingía, y en los días siguientes sacó la conclusión de que ponía un pañuelo en la bocina.

— ¿Alo?… Buenas noches…
— Hola… me llamo Robert…
— Hola Robert, yo soy Vanessa…
— Me gusta tu nombre… ¿Tienes tiempo para hablar?
— Por supuesto. Tengo toda la noche si lo deseas. ¿De qué quieres hablar?
— Bueno, primero… quisiera saber cómo eres tú…
— ¡Ah! Claro, Robert,… Pues empezaré por contarte que soy rubia, delgada y de mediana estatura. Tengo los ojos claros y la boca pequeña…

En realidad era alta, morena y de pelo negro, pero no le importaba fingir. Todo en la vida era una gran farsa y con la suya podía hacer feliz a alguno.

— Y… ¿puedo preguntarte cómo estás vestida?
— Pues sí… mira, acabo de salir del colegio y tengo puesto mi uniforme…
— ¿Y cuántos años tienes?
— Diez y seis… Tengo diez y seis años…
— Mmm… ¿Y cómo es tu uniforme?
— Pues… es una faldita corta de cuadros, que me deja ver los muslos…
— ¿Y la blusa?

El pudor de los primeros minutos iba cediendo el paso a frases más insinuantes… Vanesa hablaba con su voz alquilada de palabras y sentía agitarse la respiración de él al otro lado de la línea. Entonces, para excitarlo, trataba de dar a sus frases un sonido de suspiros entrecortados.

— ¿Quieres que te cuente sobre mi blusa? Pues… es como la blusa de cualquier colegiala… Una blusa blanca con mangas y botones al frente… Pero sólo hay dos que están abrochados…

Robert nunca supo cómo ni cuándo, pero la soledad, lo tenía acorralado, se atragantaba con su aislamiento y lo único que deseaba era vivir sus sueños con la ilusión de aquel instante.

La conversación se hacía cada vez más íntima y al otro lado del teléfono, Vanesa disfrutaba resguardada en la sombra de su mentira. Había aprendido a controlarse y sus palabras le prestaban fantasías a otra realidad.

— ¿Y los otros?
— Los otros… los de arriba, los llevo sueltos… porque está haciendo un poco de calor…
— Y… ¿qué tienes debajo?
— Sólo es… algo muy pequeño con encaje…
— ¿Y qué pasaría si llevas tu mano dentro del encaje?

Ahora las palabras no se inhibían. Él seguía preguntando, y cada respuesta de ella era una invitación para la próxima pregunta… El erotismo se desbordaba, el fuego levantaba la llamarada de la sensualidad y los pensamientos de él volaban con un delirio propio.

Robert tenía los ojos cerrados. ¿Cómo sería estar en contacto con su piel? ¿O respirar el aroma de su pelo? Las preguntas y las respuestas eran cada vez más íntimas. Los instintos, como los volcanes expulsaban sus fuegos y su corazón se aceleraba mientras las palabras de Vanesa titilaban frente a él y lo conducían al éxtasis.

Vanesa, comprensiva, compartió el final desde la otra orilla del deseo y después se despidió de él, indiferente. Colgó el teléfono y miró el reloj que estaba frente a su escritorio. La conversación había durado 45 minutos exactos. Eso significaría una buena propina al final del mes. Apagó las luces, recogió su mochila y salió de la oficina. Tomó el último autobús y soportó el trayecto medio dormida para llegar a casa una hora más tarde.

Cuando entró, notó que la casa estaba oscura y la comida de su hermano permanecía intacta. Subió por las escaleras y al pasar junto al teléfono pudo ver el pañuelo.

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Nota: La autora ha escrito cuentos y novelas. Destacamos Los pasos del exilio, novela editada por la Fundación Arte y Ciencia.

Publicado en la edición impresa No. 96 de El Pequeño Periódico.

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Los monstruos de la belleza

Nubia Amparo Mesa Granda

Querida Consuelo:

Aún no me acostumbro a esta nueva imagen que me devuelve el espejo. Me miro con detenimiento queriendo encontrar a la que era antes, pero mi sonrisa ha desaparecido, ahora es un rictus permanente que seguramente te aterrará.
Esta semana volví a mi trabajo. Me cubrí con un tapabocas para ocultarme de las miradas curiosas. Pero aun así, vi los ojos acusadores de algunos y la lástima de otros, aunque quizás sea mi propio reproche el que me humilla frente a ellos.
Sí, adivino lo que estás pensando ¿cómo puede uno pagar para que lo conviertan en un fenómeno? Porque eso es lo que soy ahora. Y me siento más sola que nunca en esta lucha por mantenerme a flote. Yo quería recuperar algo de esa juventud que se escurre por entre los surcos de mi rostro. Quizás así podría conservar también el amor de Carlos, que busca, conquistando jovencitas, encontrar su propio remedio contra el avance del tiempo. Pero yo he pagado el precio más alto.
Si me vieras, los daños son irreversibles. Estoy mutilada. La infección arrasó parte del mentón y la nariz y el líquido que me aplicaron para llenar las arrugas se solidificó dejando un camino rojizo que enmarca mis labios. Y yo que esperaba verme como una de esas actrices que aparecen en los anuncios, siempre lozanas a pesar de los años. Pero ya ves, ahora calificaría para una película de horror.
¿Qué fue lo que me impulsó a hacerlo? Esa es la pregunta que yo también me hago. He recordado mucho nuestras conversaciones sobre la belleza y la juventud. Tú siempre te resististe a seguir los mandatos sociales que conducen a la uniformidad y has defendido la idea de aceptarse tal como uno es. Yo, en cambio, he seguido a ciegas esa consigna de ser hermosa para ser aceptada y me he complacido en ese juego de maquillar las imperfecciones para ganar confianza en mí. Por lo menos cuando gastaba dinero en cremas milagrosas y cosméticos mágicos no ponía en riesgo más que eso, mi presupuesto. ¡Cuánto me advertiste del peligro de convertirme en víctima de ese artificio de la belleza! Adivino lo que me dirías, que me dejé deslumbrar por la promesa de perpetuar la juventud y perfeccionar la apariencia, como si de ello dependiera ser feliz. Y esas palabras, en este momento, se agregarían a mi condena. Por eso no quiero que me veas. Te escribo quizás como una manera de encontrar en mis propias palabras el refugio que nadie más puede ofrecerme.
¿Qué haré? Ni siquiera puedo pensar en Dios y en su poder infinito para sanar todos los males. Hace mucho perdí la ilusión de convertirlo en mi aliado. Quizás con el tiempo pueda convencerme de que soy más que un rostro. Pero, por el momento, me cubro, me oculto. Mi cuarto se ha convertido en una trinchera donde intento soportar el peso de esta derrota. Aquí vivo el suplicio de mirarme al espejo, tratando de reconocerme. Pero es difícil, ni siquiera queda brillo en mis ojos porque lo que veo es rabia, frustración, impotencia.
Supongo que intentarás comunicarte por todos los medios. Pero prefiero estar sola. No intentes convencerme de que es posible enfrentarse al mundo con la convicción de que los verdaderos monstruos están agazapados en seres hermosos físicamente, pero que ejercen la crueldad y la barbarie. De que la verdadera belleza está en la valentía, en la nobleza del corazón, en reivindicar el amor. Quizás con el tiempo lo comprenda. Por el momento intentaré perdonarme. Cuando crea que lo he logrado te llamaré. Hasta entonces.

Verónica

PD. Carlos no lo ha soportado. Esta mañana se llevó todas sus cosas.

nubiamesa456@gmail.com

Belleza a cualquier precio

— La Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS) realizó en 2010 un Estudio Global de Procedimientos de Cirugía Estética y Cosmética con datos de cirujanos de todo el mundo. La liposucción y el agrandamiento de senos ocupan los primeros lugares. El estudio también menciona entre los 20 procedimientos más realizados, la reducción y el levantamiento de senos, el rejuvenecimiento facial, la otoplastia, el aumento de labios, de glúteos y de mentón, el trasplante de cabellos y el rejuvenecimiento vaginal.
— Por países, Estados Unidos conserva el primer lugar en la cantidad de cirugías plásticas realizadas en 2010, seguido de Brasil, China, la India y Japón. Países como Colombia, Italia y Francia “mejoraron su posición” frente al estudio de 2009, señala el informe.
— Aunque todavía no hay estadísticas en Colombia sobre el número de procedimientos irregulares que se realizan, la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica Estética y Reconstructiva calcula conservadoramente que pasan de 300.
— Fundación Víctimas de la Mala Estética es una entidad creada en Colombia a principios de este año por el abogado Cristian Gutiérrez, a través de la cual las personas afectadas obtienen asesoría legal gratuita, acompañamiento psicológico y una consulta con un médico de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica.

Publicado en la edición impresa de EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 96.

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