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Archive for 11 diciembre 2011

Prohibido aplaudir

Por Ángel Galeano Higua

Leer es más que comprender. Implica transgredir lo leído, diseccionarlo, superarlo. Es, por lo mismo, un acto de intimidad suprema. Silencioso, corrosivo y subversivo. No hay texto sagrado para el verdadero lector. Leer es investigar más allá de los límites, desbordar los parámetros, escandalizarse en la soledad sublime de los hallazgos. Sin espectáculos en voz alta para muchedumbres y sin grandes vitrinas. Es lo más apartado del esnobismo y del mercadeo: un asunto profundo del conocimiento existencial.

Roberto Giraldo Molina, un nuevo libro para cerrar un ciclo

Con una atmósfera de esta naturaleza, el lector inteligente a contrapelo de la manada, puede construir un nuevo mundo. No está amorfinado por el facilismo, ni por la dispersión del mundo de la imagen y la superficialidad. El doble filo de la cibernautica no ha cercenado en él la región de la locura creativa. El mundo de la producción megaindustrial de antiquijotes y analfabetos ricos en tecnologías, no lo han contaminado. Por eso puede ver lo que los demás no ven detrás del bosque encantado de la publicidad absorbente.

Esa clase de lectores logran titilar con luz propia en esta oscura mezcolanza de la globalización. Y pueden, como lo ha hecho el doctor Roberto Giraldo Molina, mostrar otras facetas del pensamiento que, a primera vista, parecen intolerables y generan rechazo por un prurito de erróneo “instinto de conservación”. “Instinto” inercial que predispone contra lo nuevo, lo revolucionario, lo que desacomoda los espíritus y las mentes incitándolos hacia nuevas aventuras del pensamiento. No importa que a la postre se presenten equivocaciones. ¿Acaso no es en los errores, en las equivocaciones donde se cuece el conocimiento? Aprender es esculcar sin prejuicios los errores. Y eso es lo que, a nuestro juicio, ha hecho este médico antioqueño, hoy residente en Brasil, quien desde hace 30 años se dio a la gigantesca tarea de demoler la teoría oficial del sida y muchas otras “enfermedades modernas incurables”.

Correr el riesgo

Lo recordamos en plena ejecución de su vigilia a orillas del río Magdalena, en el puerto de Magangué, a donde se fue al comienzo de la década de los 80 en busca de un sueño soñado, junto a un puñado de desquiciados como él que quisieron construir un paraíso en la tierra.

"Pero como ocurre con cualquier otro conocimiento, para entender este libro y ponerlo en práctica, se requiere un deseo profundo de querer acercarse a la verdad, respeto por quien escribe y sobretodo mucha humildad para reconocer los propios errores y así conseguir cambiar una idea o un paradigma".

“Pero como ocurre con cualquier otro conocimiento, para entender este libro y ponerlo en práctica, se requiere un deseo profundo de querer acercarse a la verdad, respeto por quien escribe y sobretodo mucha humildad para reconocer los propios errores y así conseguir cambiar una idea o un paradigma”. Roberto Giraldo Molina

Y cuando se puso de pie para plantar los puntos sobre las íes, abrumó con la sencillez de sus postulados a propios y extraños. Pero no se abre una nueva puerta impunemente, siempre se corren riesgos. El atrevimiento le valió el repudio de algunos miembros de la flor y nata de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, de donde es egresado y donde fue Jefe del Departamento de Microbiología. Enceguecidos muchos de ellos por las teorías dominantes, se burlaron de él y levantaron múltiples obstáculos para que no pudiera difundir sus pesquisas. Era la década de los 90, él ya había regresado de aquellas tierras ardientes pero hospitalarias del Caribe, y detrás del sida se ocultaba una enfermedad más tenebrosa: la del “fanatismo ilustrado”.

Al doctor Roberto Giraldo le cabe en fortuna, el haberse atrevido a desempolvar los “viejos” postulados básicos de la razón y el sentido común en la medicina, a contrapelo de la apreciación utilitarista que hoy predomina en el mundo del mercadeo. En sus conferencias y publicaciones, así como en su página de internet, inicia con un pensamiento de Hipócrates, apelando a la razón, más que a la pasión:

“En Medicina uno no debe prestar atención solamente a la teorización plausible sino a la experiencia junto con la razón. Estoy de acuerdo en que la teorización debe ser probada, siempre y cuando esté basada en hechos y que sistemáticamente haga sus deducciones de lo observado… Pero conclusiones obtenidas sin el concurso de la razón no podrán ser de utilidad; sólo lo podrán ser aquellas obtenidas de los hechos observados”.

Verdades que asustan

“El sida sí existe pero no es una enfermedad infectocontagiosa, ni se transmite sexualmente”. Detrás de esta aseveración tan contundente, hay tal cantidad de información acumulada por el doctor Giraldo, digerida, procesada, que se comprende su desvelo por compartirla. La primera vez que la dijo en un auditorio de la Universidad de Antioquia, donde no cabía un estudiante más, un profesor más, fue un escándalo que espantó a unos y arrancó ovaciones a otros.

Y osciló el péndulo que obnubila la razón: la pasión con que se asume esta afirmación del doctor Giraldo. Ni una ni otra le sirven a la ciencia (tampoco al Arte). Ni el aplauso, que no deja pensar, ni el rechazo que niega la comunicación. En alguna ocasión fue invitado a la Universidad de Granada, España, a exponer sus tesis. En el salón de exposiciones científicas había un sólo aviso: “En este lugar se prohíbe aplaudir”. Estaba pues, en su elemento. Iba a ser escuchado con la razón, no con el mero sentimiento ni el impulso. La fría razón, con que se deben rumiar las ideas, sin importar su procedencia.

Un libro para cerrar un ciclo

En diciembre el doctor Giraldo estará de visita en Medellín, donde hará un conversatorio para presentar su nuevo libro titulado: Sida y estrés oxidativo, bases científicas para una interpretación de la seropositividad y del sida como aumento de estrés de oxidación.

Será una excelente oportunidad para escucharlo y meditar sobre sus planteamientos. Para hacer el ejercicio que implica un verdadero conversatorio, escucharlo e interactuar con él. Con frecuencia se olvida que los autores también se alimentan de las dudas y contradicciones de quien los oye.

P. ¿Qué ha motivado este nuevo libro?

R. Lo escribí como respuesta a un pequeño grupo de aparentes disidentes y activistas del sida de Argentina, España y Perú, que en marzo de este año hicieron un escándalo internacional vía internet, intentando desacreditar mis investigaciones y puntos de vista sobre el sida. Esta polémica puede verse en mi página de internet  (www.robertogiraldo.com).

Con este libro, que tiene más de 900 referencias científicas, espero cerrar este capítulo sobre el sida. Claro que continuaré ayudando a los seropositivos y a los pacientes con sida de todo el mundo, pero por ahora estoy escribiendo sobre los aspectos psicosomáticos del cáncer, de las enfermedades autoinmunes y de otras muchas de las llamadas enfermedades mortales.

 

P. ¿Por qué dice que son aparentes disidentes?

R. Se trató de un grupo de unas diez personas muy vociferantes, para las cuales el sida no existe, y ser seropositivo en las llamadas pruebas para VIH no tiene ningún significado. Esto es grave, pues las personas seropositivas que siguen esos planteamientos no toman las precauciones necesarias y posibles para prevenir y tratar el sida. Desde hace dos décadas vengo sosteniendo que el sida sí existe y que ser seropositivo es un indicativo indirecto de desgaste del sistema inmunológico, principalmente por exceso de estrés de oxidación.

P. Cuál es su opinión sobre el reciente informe que ha presentado la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el cual se ha afirma que la enfermedad está bajo control y que tiende a bajar.

R. No trae nada nuevo, ni mucho menos que sea de beneficio para los seropositivos o para las personas con las manifestaciones clínicas del sida. Al contrario, en él predomina la falta de esperanza. Por ejemplo, cuando afirman que no existe una vacuna, millones de pacientes siguen sin tratamiento y las donaciones han decrecido a causa de la crisis económica.

P. ¿Podría pensarse que el sida ya no está en las prioridades de la OMS?

R. Así es. Parece que ya el sida no es de mucho interés para la Organización Mundial de la Salud (OMS), ni para la ONUSIDA, ni para el Ministerio de la Salud de los Estados Unidos, y lógicamente ni para las compañías farmacéuticas que ya saturaron el mercado posible con sus toxícimos medicamentos anti-retrovirales, para destruir un virus (VIH) cuya existencia jamás ha sido demostrada científicamente. Así en 2008 le hayan dado el Premio Nobel a Luc Montagnier y a Francoise Barre-Sinoussi del Instituto Pasteur por descubrir “un virus fantasma”. Un Premio más de tantos otros que otorgan a la falta de ética y a los científicos corruptos contemporáneos.

Tomado de EL PEQUEÑO PERIODICO No. 95 (edición impresa en circulación)

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Editorial 95

 

Vuelta al puerto de la memoria

“Aquella cabeza que creaba, que vivía de la vida superior del arte, que reconocía y se había habituado a las exigencias sublimes del espíritu, esa cabeza fue arrancada de mis hombros. Quedaron la memoria y las imágenes que yo he creado pero que aún no he materializado… Sin embargo se ha conservado el corazón y la misma carne y la misma sangre que puede amar y sufrir y desear y recordar como antes”.

Dostoieski acababa de vivir su muerte y al mismo tiempo su renacimiento. Condenado a la pena capital por haber leído en público una carta crítica sobre las injusticias del zarismo, tras la farsa de la ejecución, llegó el indulto del zar. Doble tortura. Entonces vertió en una carta a su hermano Mijail la experiencia de la muerte. Hoy, 160 años después, al volver a leerla nos asombra que el novelista ruso hable de la memoria en el corazón, en la carne y en la misma sangre. Esta forma de conocimiento fue justamente lo que le permitió superar aquella experiencia límite y convertirse en uno de los escritores más profundos.

Portada Edición No.95 - La memoria

En Colombia convivimos a diario, no porque lo queramos, con la muerte no natural. De esta ruda experiencia nacional larvada en algún rincón de nuestra cultura, tendrá que brotar algún día un conocimiento que nos salve de la derrota humana. Nuestro corazón, nuestra sangre tienen memoria y ella nos ayudará a sobrevivir; cuando la memoria entre en nuestra conciencia, cuando surja en los sueños, en la vigilia, al volver las hojas de un libro o al doblar una esquina, en palabras de Borges. Y nos alerta para que no caigamos en la trampa de inventar recuerdos presionados por la impaciencia. Lo que no significa esperar pasivos. Al contrario, la espera debe ser una voluntad dinámica, vigorosa, pujante. Como lo están haciendo los estudiantes, que como un barco dormido ha despertado picando al mar de la modorra domesticada, y han vuelto a beber del legendario ejemplo del movimiento estudiantil de los años 70, superándolo en muchos aspectos. La entusiasta juventud se ha puesto de pie y ha obligado al gobierno a revisar sus proyectos. Nos han dado una bellísima lección de valor, conocimientos e inteligencia. De cómo se deben ejercer los derechos y deberes ciudadanos. El barco ha vuelto al puerto de la rebeldía democrática, civilizada, limpiando el camino del ripio oportunista parapetado detrás de las capuchas. Un país como Colombia se merece ya una juventud así.

¿Para qué le sirve la memoria histórica al país?, le preguntaron hace poco a Gonzalo Sánchez, Director del Grupo de Memoria Histórica. Su respuesta permite arar en la espera de la que hablamos: “Colombia es un país de millones de víctimas. La memoria es una forma de reconocerlas… es, si se quiere, también una forma de justicia, si bien no sustituye a los procesos judiciales. Pero, por sobre todo, la memoria es una plataforma desde la cual se formulan reclamos de diverso orden. La memoria es hoy en Colombia una forma de inclusión y de participación”. (El Espectador, Nov. 2011)

Sí, inclusiva y activa, un tesoro que debemos cuidar como a la vida misma. Como al planeta que también tiene memoria. Nadie es dueño de los recuerdos de otro. Sólo los déspotas y dictadores sueñan con ello, como dice Kundera: “Para liquidar a las naciones lo primero que se hace es quitarles la memoria. Se destruyen sus libros, su cultura, su historia. Y luego viene alguien y les inventa una historia. Entonces la nación comienza lentamente a olvidar lo que es y lo que ha sido. Y el mundo circundante olvida mucho antes…”.

Pero los colombianos no estamos dispuestos a desperdiciar los sueños de un merecido futuro construido sobre las tumbas de nuestros muertos, que siguen vivos por siempre, porque al recordar su ejemplo fluye su memoria en nuestra sangre, que puede amar y sufrir y desear y recordar, como en la experiencia del condenado a muerte. Sólo que en nuestro caso nos corresponde indultarnos a nosotros mismos.

El Pequeño Periódico No. 95, edición impresa ya está en circulación.

Ilustración “Detrás del espejo”, óleo de Isabel Crooke S.

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