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Archive for 14 septiembre 2011

Abro la noche

Poesía y no verso

“No me interesa ser poeta, aunque siento un gran aprecio y admiración por ellos, pues les debo casi toda mi sensibilidad artística. Creo que esa figura, aunque no en todos los casos, ha caído en una pose insensata”.  DMH

Entrevista con Nubia A. Mesa

Esa cara de niño, esa claridad celeste de sus ojos, el cabello ensortijado que le cae sobre la frente, los labios carnosos. Lo vi por primera vez sentado en el café de la Biblioteca Pública Piloto. Tomaba una copa de vino tinto y garabateaba signos en un papel.  Pensé: “se parece a un poeta francés de finales del siglo XIX”.

Era David Marín Hincapié, un joven estudiante de filología hispánica de la Universidad de Antioquia, ganador de la Beca de creación Poesía Jóvenes Inéditos 2010 otorgada por la Alcaldía de Medellín. Estaba allí para hablar con su editor sobre su primer libro de poemas: Abro la noche. Ese día trataron de la importancia de encontrar la voz propia para contar, para re-crear el mundo.

David me pareció un muchacho reservado, cortés, con gran capacidad de escucha, reflexivo y con muchas cosas para decir. Yo no había leído su libro. Dijo que se había inclinado por la prosa poética y que en definitiva, simplemente estaba en una búsqueda.

Ahora estoy leyendo su libro antes de encontrarnos en el mismo café para hacerle una entrevista. “El experimento al que me he entregado encuentra su raíz en la figura, ya mítica, de Rimbaud”, dice en las páginas donde se presenta al lector. “Lo que he querido hacer, entonces, es penetrar el tiempo y el espacio buscando imágenes que construyan instantes poéticos, tal vez febriles, de esa agonía última de Rimbaud”

A sus 20 años, con esa imagen de niño bueno, con esa pulcritud en los modales, con ese deseo de superar el exceso de palabras, David escudriña en la historia  y descubre que efectivamente Yo es otro, como lo dijo el poeta. Se sumerge en ese Rimbaud de las Cartas Abisinias, ya no el irreverente, ya no el que grita para ser escuchado, sino el que habla con una voz reposada y a veces quejumbrosa. A partir de ahí salió en su propia búsqueda, aunque por momentos se haya sentido “como una especie de médium para que se exprese el otro”

Entrevista - Edición 94

David Marín lucha contra lo sistemático de sí mismo sin renunciar al orden, alguien que se pregunta por la muerte y por la descomposición corporal, como la que sufrió Rimbaud, como la que presenció en los últimos días de su abuelo. Eso que recuerda, “los sentidos enfrentados al deterioro, el sonido de la respiración, el olor, la fragilidad”.

Así desmitifica al poeta, se busca a sí mismo, reconoce a esos otros que también son él, quienes le han aportado a su ser. Su madre, sus maestros, sus amigos, sus autores favoritos. Con esas voces deconstruye el tiempo para sumergirse en los sueños.

¿Cómo definirías Abro la noche?

Es un libro experimental. El lector debe ser paciente, entregándose a una atmósfera simbólica que busca la sobriedad en el lenguaje. Su búsqueda parte de la inquietud sobre la condición humana. Y aquella se ancla en la experiencia de la putrefacción corporal. Acaso, quien quiera leer allí la prosa poética, la reflexión filosófica, el relato corto, una novela experimental le está permitido, pues no existe la preocupación por definir la frontera de un género. Y, sobre todo, debe entenderse como un ejercicio de escritura.      

¿Qué imaginarios tienes sobre ser poeta?

No me interesa ser poeta, aunque siento un gran aprecio y admiración por ellos, pues les debo casi toda mi sensibilidad artística. Creo que esa figura, desde luego no en todos los casos, ha caído en una pose insensata. Me gusta pensar, más bien, en lo humano que hay en seres como Emily Dickinson, o el mismo Borges, que le dan un lugar importante a la intimidad, y prefieren alejarse para entender un poco su condición como individuos, sin preocuparse por asumir un rótulo social. Me gusta pensar en esos seres que vagan en el misterio de las cosas, silenciosos y desinteresadamente. Del poeta es propio el canto. Yo prefiero el silencio, es decir, el encuentro con la voz apagada de los libros.

¿Qué dirías sobre el tono que tiene tu obra?

Tiene que ver mucho con la forma en que me relaciono con el mundo. Desde niño el silencio siempre ha sido un elemento fundamental en mi vida. El tono reposado, esa especie de quietud lingüística, es ante todo una respuesta a la necesidad del silencio en medio de tanta idiotez sonora. Además, es una manera de encontrarme con el lenguaje en la intimidad. Es la forma en que la individualidad se manifiesta y resiste ante el bullicio. Podría decir que es mi manera de desobedecer al ruido que impone y caracteriza a la sociedad de masas.     

¿Qué te inquieta del mundo actual, qué te duele del mundo actual, qué te gusta de vivir en el mundo actual?

Debo confesar que esa pregunta me resulta muy atractiva de contestar. Sobre todo porque me confronta conmigo mismo, con el presente. Y siempre me da temor pensar en el presente. Por eso es que leo. Porque prefiero evadir el presente. Por el dolor que me causan las imágenes que tengo del presente: la imagen del poder y la del exceso, la imagen de la ambición y la del hacinamiento miserable, también la del alboroto. Aunque las imágenes de la literatura no son muy distintas. Pero al menos así logro, acaso, huir de la complicidad con esa realidad material. Desde luego que existe un mundo actual. Para mi es precisamente el mundo que propone la literatura. 

¿Tus estudios de filología cómo aportan a tu formación como escritor?

Es evidente que mi paso por la universidad ha sido la ocasión para mi formación literaria. Pero siempre he sido muy cuidadoso con la academia. Para quien está interesado en la creación literaria es necesario identificar cuál es su lugar en la academia. Sobre todo porque la academia anhela el sistema. Y todos sabemos que la creación literaria es asistemática. Mi formación consiste en tratar de entender el sistema y aprender de él, para sufrir con menos dolor el espíritu asistemático que me desestabiliza. Cuando hablo de espíritu asistemático, me refiero al extrañamiento ante las cosas, me refiero a mi desagradable sensibilidad, como diría Borges. Claro que Borges sabe lo que es el pudor en la escritura, yo no. Lo repito, la filología, aunque no es una escuela de escritores, por el momento es la ocasión para formar mi ingenuidad literaria.                         

nubiamesa456@gmail.com

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Al lector

David Marín Hincapié

He querido recurrir al lenguaje poético para confrontarme con los delirios, las miserias y las alegrías del misterio de existir. El experimento al que me he entregado encuentra su raíz en la figura, ya mítica, de Rimbaud. Aquel muchacho, un poco irreverente, un poco resuelto. El Rimbaud de Abisinia es esa imagen del hombre que se resiste ante lo inevitable bajo el sol del desierto. Entiendo que su algarabía juvenil, aquella que acaso me hizo falta, es un soplo brioso, tan necesario como el de la reflexión. Lo que he querido hacer, entonces, es penetrar el tiempo y el espacio buscando imágenes que construyan instantes poéticos, tal vez febriles, de esa agonía última de Rimbaud. Eso y no otra cosa es este libro. Las páginas que conforman los Fragmentos de la noche estrellada son frívolas y casuales. Su publicación obedece a un deseo, todavía no logrado, de olvidarlas. Y a un intento por dejar de corregirlas. Esto último aplica para el resto de la composición. Comprendo, con W. Gombrowicz, que todo experimento artístico ignora su lógica: eso es precisamente lo que intenta descifrar el innovador. Espero, estimado lector, que perdones la ingenuidad y la ignorancia, la vaguedad y el exceso, la necedad y la sensiblería que no alcancé a tachar. Aprovecho la ocasión para ofrecer disculpas a quien se sienta remedado en su estilo: no fue otra cosa que una desinteresada muestra de afecto.

D.M.H

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Sábado 10

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II Encuentro Vigías del Patrimonio

Participación del Grupo Literario “El Aprendiz de brujo”

Proyecto La palabra se baña en el río.

Poesía y no verso

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Lanzamiento Colección Becas

Abro la noche, David Marín Hincapié

Premio Jóvenes Poetas inéditos.

Domingo 11

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La locura creativa en la obra de Mario Vargas Llosa

Conferencia de Ángel Galeano H.

Una obra de gran significación histórica.

7PM  Café Borges

Presentación del libro Al final de la inocencia
De Antonio Botero Palacio

Lanzamiento de la Edición 94 de EL PEQUEÑO PERIÓDICO.

 

Jueves 19

5PM  Salón Linneo

Presentación del libro Abro la noche

De David Marín Hincapié  Beca Jóvenes Poetas Inéditos

Domingo 18

3PM  Salón Humboldt

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