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Archive for 25 abril 2011

Entrevista con Claudia Ivonne Giraldo

Por Ángel Galeano H.

 

Claudia I. Giraldo - Autora de la novela "El cuarto secreto" y el libro de cuentos "El hijo del dragón"

“Tuve el privilegio de nacer entre gente que amaba los libros, las historias, la poesía. Mi papá me hacía aprenderme largos poemas y mi mamá me contaba historias de cuando era niña, de su pueblo… Amo esa herencia. Escribo solo para recordarla”, Claudia Ivonne Giraldo

Uno podría imaginarse quién es Claudia Ivonne Giraldo cuando se entera de que sueña con vivir en una biblioteca con casa, o que sigue leyendo cuentos con los mismos bríos de cuando era niña, pero esos son apenas ramalazos respecto a una mujer con mucho más universo. Hubo un tiempo en que, a pesar de su forma delicada de hablar, polemizaba con todo aquel que no valorara suficientemente el trabajo de las mujeres en general, y de las escritoras en particular. Hoy ya no le afectan los comentarios ofensivos contra las mujeres escritoras y no alega con los hombres sino con la cultura atávica que todavía se pavonea, como esa  intelectualidad insulsa, seria, acartonada e intolerante que ella no puede digerir.

Podría pensarse que por su forma sosegada de abordar un tema, es una mujer poco atrevida, pero nada más equivocado: a la hora de escribir no se amilana ante los riesgos. Así lo demostró con El cuarto secreto, novela que le valió la Beca de creación Alcaldía de Medellín 2008, al abrir en “dos planos” a la protagonista, corriendo el riesgo, como ella mismo lo dice, de que la mujer “real” opacara a la “espiritual”. En el cuento Hombresolo, que trata de una mujer que conduce su auto y tiene un duelo con el chofer de un taxi por el control de una franja de la vía, la mujer le ataca de manera brutal con su bolso y luego se da cuenta que en su interior lleva una herramienta (cuyo nombre da título al cuento) y remata el cuento con un final que juega entre el cinismo y la ironía.

Claudia Ivonne no aplaude a los autores que escriben para agradar al público y hacerse así a una fama. Ella prefiere trabajar para ganarse la vida y ejercer también su autonomía económica: dicta clases, dirige talleres, edita, y por eso no puede dedicarse a escribir como quisiera: solitaria y concentrada. En esto es fiel discípula de Virginia Woolf, quien señaló que la mujer (y el hombre también) necesita una habitación propia para escribir. Claudia no tiene blog pero disfruta del carácter revolucionario de la internet y no ve la hora de tener su propio e-book. Por lo demás, considera la escuela editorial en la Revista Odradeck como una de sus experiencias más invaluables.

 

Si hubieras podido escribir algo en tu cuna de recién nacida, ¿qué habrías escrito?

Hubiera descrito la casa en la que nací, las baldosas amarillas y rojas, la belleza de mis padres, tan jóvenes. Me hubiera concentrado en las calles y aceras del centro de Medellín, en las mujeres que llegaban a vender parva fresca y olorosa a las puertas de las casas de entonces.  

Para tu vocación de escritora, ¿reconoces alguna influencia del hogar en que naciste?

Lo que importa es construir una obra de la que se pueda sentir orgullo, así solo sea porque es una creación propia hecha con esfuerzo y con responsabilidad; una obra con la que se pueda sentir una gran tranquilidad.

Tuve el privilegio de nacer entre gente que amaba los libros, las historias, la poesía. Mi papá fomentó mi imaginación y me hacía aprenderme de memoria largos poemas, que eran gestas y sagas, duelos de amor; mi mamá me contaba historias de cuando era niña, de su pueblo, de sus abuelos; siempre había música, arias y bellas canciones a las que yo ponía mucha atención; la música era otra manera de leer. Nos daban preciosos libros como regalo. Yo amé y amo esa herencia. Escribo solo para recordarla.

Cuando dices “No piensa bien y casi no recuerda nada”, en la presentación del cuento Hombresolo, ¿qué quieres dar a entender?

Es un juego, nada más; y también una manera de declararme en contra de una intelectualidad insulsa y vacía; una intelectualidad seria, acartonada y muy intolerante. Me gusta la gente que, aún sabiendo tanto, teniendo amplios conocimientos, es sencilla y amable con los demás.

El cuarto secreto

De tu novela “El cuarto secreto”, algunos sostienen que son dos novelas en una, y que nada tienen que ver entre sí. Inclusive alguien afirma que la del bosque sobra. ¿Qué opinión te merecen estos comentarios?

Es un riesgo que asumí cuando concebí y escribí esa novela. Sabía que la parte de la mujer “real” iba a gustar más. Pero la mujer del bosque y ella son las misma mujer, se trata de un movimiento espiritual, de dos planos de una misma historia. Sabía que podía no comprenderse bien. Sin embargo, muchos de los lectores sí lo hicieron. Y me lo comentaron conmovidos.

En la última Fiesta del Libro, dijiste que “Las editoriales y el gobierno apoyan en Medellín las letras femeninas, pero no llegan a grandes públicos por la errónea concepción que se tiene sobre las obras escritas por las mujeres”. ¿Podrías precisar en qué consiste esa concepción errónea?

No pretendo decir que las cosas sean así, sino que así las veo: creo que aún la literatura escrita por mujeres se vende con el argumento de ser “para mujeres”. Hay casos contados en que una escritora logra ser leída por un amplio público de ambos sexos. Aún se piensa que la literatura escrita por mujeres es “demasiado intimista”. No obstante creo que lo de la distribución tan escasa les ocurre a hombres y a mujeres por igual. Seguramente se trata del poderío de las grandes editoriales, de su influencia sobre el público lector.

¿Podrías contar algunos casos concretos en los que has sufrido discriminación como mujer que escribe literatura?

Yo no he sufrido discriminación por parte de las grandes editoriales porque nunca he accedido a ellas. Y creo que en mi ciudad me han tratado con respeto y cariño en todas partes. Se trata más bien de una actitud de algunas personas, de comentarios que son ofensivos. Pero ya no me afectan, hace tiempo que no les doy importancia.

¿El cuento Hombresolo hace parte de tu alegato con los hombres?

No alego con los hombres: más bien con una cultura que aún carga con gestos atávicos de dominación contra cualquiera que considere más débil o de menor jerarquía. Antes era muy beligerante. Luego comprendí que hay que ser clara, contundente en esta posición, pero no hay que enojarse: es una pérdida de tiempo y de energía. Pero sí hay que seguir luchando en pro de una sociedad equitativa y respetuosa con los hombres y con las mujeres.

Escribir una novela implica concentración y dedicación casi exclusiva. Se me parece mucho a lo que hacía cuando jugaba de niña.

¿En tu opinión, cuál sería la estrategia a seguir para salirle al paso a esa discriminación contra las mujeres escritoras?

Escribir obras de calidad con una gran honestidad, sin tratar de agradar al gran público o a las grandes editoriales. Es una fuerte tentación, se puede caer fácilmente en tratar de escribir para vender. Lo que importa es construir una obra de la que se pueda sentir orgullo, así solo sea porque es una creación propia hecha con esfuerzo y con responsabilidad; una obra con la que se pueda sentir una gran tranquilidad.

La escaleta mental

¿Tienes un método para escribir cuentos?

Por lo general una idea me da vueltas en la cabeza durante un buen tiempo; así voy resolviendo los asuntos de la historia más difíciles. Hago mucho énfasis en saber cómo va a terminar la historia. Cuando me siento a escribir, el cuento sale casi solo, ya está escrito desde antes en esa especie de escaleta mental que hago. (…) Para escribir necesito soledad y concentración. Escribir para mí es un acto íntimo y solitario.

¿Es igual que para escribir novelas o sigues otro?

Escribir una novela implica concentración y dedicación casi exclusiva. Se me parece mucho a lo que hacía cuando jugaba de niña: como no tenía hermanas, podía inventarme una historia larga -un juego-, con escenografía y todo, que continuaba en donde lo había dejado el día anterior. Eran aventuras imaginarias mías que vivía con una gran intensidad. Eso es lo más parecido a escribir una novela. (…)

¿Qué importancia puede tener para un escritor asistir a un taller literario?

Lo que más resalto de los talleres es que brindan la oportunidad de que la gente que escribe encuentre pares que puedan brindarle un concepto serio sobre su escritura.(…) Los defiendo y creo que en Colombia, en Medellín, han aportado al panorama de las letras nacionales. Lo que sí me parece indispensable es que la gente no se quede asistiendo a talleres toda su vida; en muchos casos, esta permanencia demasiado prolongada puede ser contraproducente.

 ¿En qué obra trabajas actualmente?

Tengo tres obras: una novela y dos libros de cuentos en los que trabajo lentamente; soy una mujer que debe ganarse la vida y por eso no puedo escribir el tiempo que desearía. Esa es la lucha en la que me empeño ahora.

Lecturas en internet y personajes

Algunos sostienen que la internet está matando la lectura. ¿Consideras que esto es cierto, por ejemplo, para el caso de la novela?

Me sorprende cada vez más la cantidad de blogs de gente que ama la lectura, que comparte sus textos con otras gentes desde apartados lugares del mundo. Cambia el soporte de la lectura, pero no la lectura en sí misma. La Internet es una maravilla: eso de poder bajar un libro, una novela que no podamos tener en Colombia y poder leerla sin tener que salir de la casa, solo buscando en el ciberespacio, me sorprende de buena manera. Adoro los libros, me gusta editar libros, tengo una biblioteca que ya es respetable, pero no veo la hora de poder comprarme un e-book.  

Se ha producido en nuestro medio, una “explosión” de libros de personajes que estaban secuestradas o que vivieron una experiencia dolorosa o feliz, especies de autobiografías escritas en tiempo récord. ¿Llamarías a esos libros literatura?

De hecho, son literatura; yo no sé si buena o mala literatura; si lo piensas bien, la gran Literatura universal está llena de obras autobiográficas o confesionales. A la gente le gusta leer biografías y libros muy “vivenciales”. Es parte de nuestra naturaleza. Ahora bien, lo que se debe poner en cuestión es la calidad de estos libros, la promoción que las grandes casas editoriales hacen de obras y escritores que no tienen muchos atributos o talento, pero que ofrecen un producto de fácil venta, pues exacerban esa curiosidad morbosa del gran público.

¿Crees que es posible un periodismo literario en Colombia?

Es un género sobre el que sé poco y del que no he leído mucho. Pero claro, hay grandes y buenos ejemplos de periodismo literario. Se trata casi siempre de buenas crónicas en donde se pone en juego, no solo la mirada sino la manera de contar y de hacer ver al lector ese lugar o ese suceso que ha permanecido oculto o invisibilizado. Por eso habría que diferencias una obra de gran calidad periodística, seria y responsable, con otra plena de lugares comunes y de sensiblería.

¿Qué significa para ti Virginia Woolf?

Para una mujer que escribe ella es un referente fundamental: escribió sobre ser mujer y escritora, sobre asuntos que aún las mujeres, casi un siglo después de que escribiera Una habitación propia , debemos vivir y pensar. Yo he aprendido mucho de su escritura, de su vida, admiro su obra y su tesón. Es una figura tutelar.

¿Tienes blog? ¿Cuál es?

No, no tengo blog, ni página web, ni tengo cuenta en alguna red social. Me gusta leer lo de otros, pero no me siento cómoda figurando mucho, apareciendo por ahí. Creo que en ese sentido soy un tanto conservadora. Y poco conversadora, sobre todo últimamente.

¿Crees que se puede diferenciar entre un texto literario escrito por una mujer y uno escrito por un hombre?

No necesariamente. Pero hay claves “culturales” que sí pueden hacer pensar que se trata de algo escrito por un hombre o por una mujer: la mirada, es una de ellas; la manera de referirse a las mujeres, a los hombres y a la sexualidad, por ejemplo. No se trata, como se ha creído, de una “sensibilidad” especial que tenemos las mujeres para los asuntos afectivos o delicados, por ejemplo. Muchos hombres han escrito sobre esos temas conmovedoramente. Uno no se despoja de su sexo, de su género al escribir. Así que por allí pasan las creencias, los prejuicios, los sueños y los imaginarios de quien escribe.    

Editora independiente

Háblanos de tu experiencia editorial en la Revista Odradek.

Cuando se trabaja en un proyecto cultural propio, financiado por uno mismo  – y tú lo debes saber muy bien-, las afugias económicas son lo menos agradable. Por lo demás, estoy muy orgullosa y muy satisfecha de lo que hemos logrado con  Odradek: casi diez años en los que le hemos tomado el pulso al género del cuento y lo hemos hallado vivo, vital, siempre asombroso. Hemos tenido la oportunidad de conocer a muchos cuentistas ya consagrados y de descubrir y mostrar nuevos talentos. Hemos podido llevar un proyecto armónicamente con Elkin Restrepo, quien siempre tiene esa mezcla de experiencia, gran inteligencia y un espíritu innovador, siempre joven y en búsqueda de nuevas propuestas. Con Lucía Donadío, quien es una gran emprendedora, trabajadora incansable, seria y profesional en todo lo que hace. Y con José Zuleta, Pepe, quien desde Cali se ha convertido en un gran apoyo, siempre cálido y acertado. Creo que Odradek es un producto editorial en el que ponemos nuestro empeño para lograr calidad y belleza.          

¿Recomendarías a un joven (hombre o mujer) que siente el llamado a escribir literatura, estudiar literatura en una Universidad? ¿O le recomendarías otra carrera diferente que no tuviera que ver con la literatura? ¿O no le darías ninguna recomendación?

Para mí fue muy importante haber estudiado Filosofía y Letras en la Bolivariana. Hoy en día un escritor, una escritora, es alguien que sabe mucho de Literatura aunque conozco médicos y abogados que son excelentes escritores.  Pero estudiar una carrera afín a la escritura, claro, le dará a quien quiera ser escritor, escritora, herramientas y conocimientos que si bien, no tienen nada que ver con el talento, sí ayudan a desarrollarlo, si ya lo posee. Además, este tipo de estudios le dan a uno la ventaja de poder estar siempre en contacto con los buenos libros, con gente con quien puedes conversar de lo que te gusta, que puede leer lo que escribes y juzgarlo con un más fundamentado criterio. Creo que son más las ventajas que las ventajas de estudiar una carrera humanística para quien quiera llegar a crear una obra de valía.

Parte de esta entrevista se publicó en EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 91, Marzo de 2011

elpeperiodico@gmail.com

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Se nos fue el maestro David Sánchez Juliao; bien jubilado se fue a disfrutar de una gloria ganada a punta de palabras; debe estar al lado del Padre Eterno inventándose quién sabe qué leyendas para armar una temática más revolucionaria que las que se ingenió aquí.

Por Antonio Botero Palacio – Magangué

La palabra encarnada

Comencé a sentir la palabra encantada de este loriquero cuando, allá por los años setenta, se escucharon en los más apartados rincones de nuestro Caribe los primeros signos de inconformidad originados en las injustas formas en que la propiedad, en manos de unos pocos, se alejaba de los conceptos primarios de una responsabilidad social. Grupos de campesinos capitaneados por la Anuc trataban de reivindicar sus derechos al grito asordinado de “La Tierra Pa´l  que la trabaja” y, al frente de estos luchadores de la utopía iba David Sánchez Juliao armando la revolución de la palabra, con una vieja hamaca sanjacintera, una mochila y una grabadora, para ir almacenando las fatigas y robando las leyendas de la auténtica fuente de la identidad Caribe. “Las Historias de Raca Mandaca fueron hechas con la sangre, los sufrimientos y las esperanzas de sus protagonistas re-creadas por ellos mismos frente al micrófono de una grabadora, y escritas por mí”.

Escritas con sudor  y lágrimas las primeras historias viajaron desde Chuchurubí hasta la capital para conmover la insulsez de la parafernalia gubernamental.

Hay en la oralidad, desplegada al amparo de barbechos humildes y alumbrada con la parpadeante luz de los mechones, un temerario esfuerzo que pacientemente fue llenando las Trojes de la mente del escritor en mientes que luego, moliendo y remoliendo los haberes recolectados, pudo armar un estilo propio donde hubo autenticidad, personajes untados de miseria, dolor y valentía, para enfrentar la problemática social de la época.

Esta forma personal de aprender sobre la marcha del tiempo fue moldeando un escritor que, sin darse cuenta, construyó un estilo más que único, que revolucionó la narrativa nacional.

Y como David Sánchez Juliao aprendió  la sonoridad de la palabra en un medio auténtico y la lanzó a los vientos desde Chimá y desde Lorica y desde Arroyón y desde Corinto, no tuvo inconveniente de vestirla con camisa de franela manga larga, pantalón boca ancha, abarcas “tres puntá” y sombrero “vueltiao” para presentarla en la encopetada capital y más allá de los lindes de la Patria, donde siempre se escuchó con respeto, como un invaluable patrimonio Caribe.

Esto era “cuando Los Lavalle eran Los Lavalle”, hoy Historias de Raca Mandaca; Cachaco, palomo y gato; Aquí yace Julián Patrón; ¿Porqué me llevas al hospital en canoa Papá?; Abraham al Humor; El Pachanga; El Flecha; Pero sigo siendo El Rey y muchas más, son patrimonio de la literatura universal.

La sonoridad de su verbo, la autenticidad de su contenido y la metodología con la que tendió puentes maravillosos entre la oralidad y la palabra escrita, abrieron camino a formas de expresión que guardarán para siempre su memoria.

Paz sobre su tumba.

 Publicado en EL PEQUEÑO PERIODICO No. 91

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