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Archive for 26 enero 2011

Crónica

Por Nubia A. Mesa G.

El perro es el animal con el olfato más desarrollado en la naturaleza. Mientras nuestra membrana nasal mide aproximadamente 165 cm. cuadrados, la canina mide unos 2.000 cm. cuadrados. Eso le permite tener una memoria olfativa que determina su comportamiento. Los perros guía reciben entrenamiento especial para convertir el olfato y la vista en aliados de los discapacitados visuales. 

El olor agrio de los caballos es lo único que la desconcentra. Por fortuna, Julián y ella no encuentran ninguno a su paso durante el recorrido que, tres veces por semana, realizan desde la universidad Luis Amigó hasta la estación del metro en Suramericana. En un recorrido aproximado de diez cuadras, Ramona camina parsimoniosa delante de Julián. Ni el ruido de los carros, ni la presencia de otros de su especie le roban la calma. Eso sí, en la esquina de Colombia con la 65 se detiene para esperar que cambie el semáforo y que esta vez sea Julián, guiado por el sonido de los carros, quien hale la “tiradilla” para continuar.

La mascota Ramona como lazarillo

Y es que después de unas 300 horas de entrenamiento Ramona sabe muy bien cuál es su papel: evitar obstáculos, encontrar puertas, guiar hacia asientos libres. En síntesis, acompañar a Julián y hacerle más fácil su movilidad. Pero también le acompaña en la quietud de las cinco de la tarde cuando él toca la organeta y canta rancheras,  y en las clases de periodismo en la universidad donde, a pesar de guardar silencio y quedarse echada al lado de su amo, llama permanentemente la atención de estudiantes y profesores que no se resisten a deslizar su mano por la suavidad de su lomo.

Ramona es una labradora dorada de tres años. Es la guía de Julián Argoti, un joven de 18 años, ciego de nacimiento, quien se apoya en ella para movilizarse por la ciudad. “La sensación de seguridad es mayor ahora”, dice Julián al recordar que antes el uso del bastón no le daba tanta tranquilidad porque se enredaba en la gente y hasta llegó a quebrársele. Por eso él prefería no salir de su casa solo. Ahora sabe que el olfato de Ramona actuará como un radar que lo mantendrá alejado de los peligros. Aunque ese mismo olfato a veces le juegue malas pasadas, “un día me choqué contra un árbol porque Ramona se desconcentró al ver un perro”, cuenta Julián. Pero él ya aprendió a indicarle los cambios de velocidad, e igualmente a manejar el collar de ahogo que le permite realizar correcciones inmediatas, en caso de que algo o alguien la distraigan.

Ser hembra es un requisito fundamental para cumplir la labor como perro lazarillo, los machos se distraen más fácilmente y pueden volverse peligrosos si llegan a cruzarse con una hembra en celo. “La hembra es más dócil y obediente y Ramona es especialmente seria y aplicada”, explica Julián quien también recibió entrenamiento en la Fundación Vishnú, en Bogotá, para saber cómo tratarla. 

La Fundación Colombiana para el Perro Guía Vishnú del Cyprés, con sede en Bogotá, es la entidad que en nuestro país ha dotado de perros guía a docenas de invidentes. En Medellín hay alrededor de 17 que cuentan con este privilegio. Julián inició el proceso de solicitud desde el 2006 y sólo en el 2009 recibió la confirmación de que tendría su perro de compañía, pero como él dice: “de otro modo no hubiese sido posible”, porque adiestrar un perro puede costar hasta 10 mil dólares, y en la Fundación se los entregan gratis.

 

Guía y amiga

“Ramona es la niña de mis ojos”, expresa Julián haciendo un juego de palabras para expresar que no sólo le ayuda a “ver”, sino que también hay una simbiosis especial con ella y una relación basada, no solo en la utilidad sino en un afecto profundo que se manifiesta de manera especial cuando están en la casa. Allí Ramona se vuelve expresiva, juguetona y hasta “un poco desobediente”, reconoce Julián, quien sabe que su responsabilidad con ella es proveerle el alimento y ofrecerle alternativas de recreación.

“Ella es una nueva integrante de nuestra familia, dice Guillermina Muriel, la mamá de Julián.

No todos en la sociedad entienden lo que significa un perro lazarillo o perro guía. Los taxistas a veces se niegan a transportarlos porque simplemente no les gusta “el olor a perro” o les molestan los pelos que dejan adheridos a los cojines. Lo que desconocen es que los Decretos 1660 del Ministerio de Transporte y 1538 del Ministerio del Medio Ambiente regulan y respaldan el desempeño de los perros guía, a nivel de medios de transporte e ingreso a lugares públicos, y no acatar esas leyes podría acarrearle graves sanciones.

Pero más allá  de responder a una sanción, lo que los ciudadanos deberíamos entender es que un ser como Ramona pone todos sus sentidos a disposición de su amo para acompañarlo y ayudarlo, y que esa relación de cooperación que nació hace más de 30 mil años en las cavernas toma cada vez nuevos matices, como el de los perros de compañía. Y como le cantó el poeta español Vicente Aleixandre a su perro Sirio, Julián podría decirle hoy a Ramona, “Residido en tu luz, inmóvil en tu seguridad, no pudiste más que entenderme”.

nubia_mesag@hotmail.com

 

 

 

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 El peor desacierto de nuestra clase dirigente

Por Fernando Guerra Rincón

Colombia no tiene hoy ferrocarril, pero tampoco carreteras, ni sistema fluvial, ni puertos. Una horrible señal de la precariedad de la nación. (Foto archivo de El Pequeño Periódico)

El maestro Gabriel Poveda Ramos, después de cinco años de rigurosa investigación nos ha entregado, con el titulo de Carrileras y locomotoras de Antioquia. Historia de los ferrocarriles en Colombia (EAFIT-Medellín 2010), una obra portentosa, fruto de su insondable patriotismo y atinada inteligencia, que se une a su prolífica bibliografía, donde resalta su incansable afán por el desarrollo nacional.  

Bellamente editada, con hermosas acuarelas y fotografías, que rememoran el titánico esfuerzo por construir esta nación, el libro es una sólida denuncia y un bello homenaje a los ingenieros y trabajadores colombianos y extranjeros, especialmente a ese pionero que desbrozó el camino del progreso de los ferrocarriles entre nosotros, Francisco Javier Cisneros, quien lideró revueltas independistas en Cuba, peleó varias guerras, construyó ferrocarriles en su país y Perú y le alcanzó la vida para lidiar con financistas para obtener dinero para su desarrollo en un país pobre como el nuestro, a un coste inmenso en sacrificios humanos. En ese esfuerzo alentó también el desarrollo científico y técnico, la navegación por el Magdalena y el Cauca, el sistema postal nacional, etc. Cisneros se recorrió el país a pie, a caballo, vadeó sus ríos. Refiriéndose a Cisneros, Aníbal Galindo afirmó: “Todo el alfabeto del progreso nos fue enseñado por él”. Por toda Colombia su huella es inmensa. 

Haber desmontado el sistema ferroviario nacional construido a lo largo de ciento veintiséis  años (1869-1995), es el peor desacierto de la dirigencia colombiana en el siglo XX, inexcusable, porque este se propició para facilitar el auge automotor por disposiciones del Banco Mundial y de las multinacionales del sector. En Colombia se empezaron construir ferrocarriles en 1869, (Barranquilla-Sabanilla) proceso que solo detuvo las incesantes y costosas guerras civiles. La ultima traviesa y el último riel de los ferrocarriles colombianos se puso en Santa Marta en 1961. En 1988 se decretó oficialmente su desaparición y los últimos trenes comerciales pararon en 1995. El triunfo del transporte por carretera se dio en detrimento del tren y del transporte fluvial con lo cual perdió Colombia y el planeta. A la costa caribe colombiana, el abandono del río le costó la pérdida de todo el siglo XX.

 Entre tanto el mundo desarrollado tiene tren bala, China construye trenes presurizados para llegar al Tíbet y Brasil va a construir uno entre Sao Paulo y Río de Janeiro. Solamente a la dirigencia colombiana se le ocurre reemplazar el tren y su notable capacidad de carga por una tracto mula que lo máximo que carga son 60 toneladas. Hoy, cuando en palabras del ministro de Transporte las carreteras se deshacen al paso del fenómeno de la Niña, exacerbada por los efectos del cambio climático, que padecemos en este invierno apocalíptico, la denuncia del maestro Gabriel Poveda adquiere ribetes dramáticos. Mientras el mundo empezó a desarrollar ferrocarriles desde 1830, nosotros solo tenemos líneas marginales para exportar materias primas productoras de CO2, en la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo. 

Antigua carrilera del Ferrocarril de Antioquia (Junto al Puente de Guayaquil)

Algunos autores han indicado que fue un error, en un país con tan accidentada topografía construir ferrocarriles. Frank Safford, el estudioso norteamericano que se ha dedicado a estudiar a Colombia afirma que los ferrocarriles eran una tecnología de transporte que no funcionaba en Colombia y justificó la introducción del transporte por carretera. Sin embargo, en el articulo del que se extrae esta afirmación termina señalando que “ahora todos enfrentamos el lado negativo del automóvil y del avión en la hora de escasear el petróleo y a la vez malear el medio ambiente. Así, ahora todos tendremos que buscar alternativas”.

“Le damos la bienvenida al reinado de las trochas”, es un titular del diario El colombiano no del siglo XIX, sino del pasado 12 de noviembre del 2010, en su pagina 7a.  Colombia no tiene hoy ferrocarril, pero tampoco carreteras, ni sistema fluvial, ni puertos. Una horrible señal de la precariedad de la nación. García Márquez lo rememora con nostalgia:  

Por lo único que quisiera ser niño es para viajar otra vez en buque por el río Magdalena. Quienes no lo hicieron en aquellos tiempos no pueden siquiera imaginarse cómo era. En la época en que era bueno el caudal de las aguas, el viaje de subida duraba cinco días de Barranquilla a Puerto Salgar, donde se tomaba el tren hasta Bogotá….Eran los tiempos de los barcos de tres pisos con dos chimeneas, que pasaban de noche como un pueblo iluminado, y dejaban un reguero de músicas y sueños sedentarios en la ribera. 

El libro de Gabriel Poveda Ramos es de lectura obligatoria para quienes tenemos responsabilidades públicas, académicas. Para quienes anhelamos un país próspero. De allí su encendido reclamo:  
 

 Colombia necesita con urgencia el transporte férreo. Sus grandes centros de producción (Bogotá, Antioquia, el Valle del Cauca, el Eje Cafetero y otras) están lejos del mar y se ven en la obligación  de importar y exportar grandes volúmenes de carga pesada con tarifas económicas, cosa que resultaría más práctica y favorable si se hiciera por ferrocarril. Si algún día Colombia se desprende del modelo anti desarrollista del Consenso de Washington, el Estado colombiano volverá a cumplir su función de promotor y ordenador del desarrollo del país y reconstruirá un sistema de ferrocarriles particulares, estatales y mixtos con ferrovías modernizadas, electrificadas, eficientes, con bajos costos de operación y trenes de alta velocidad. Así y solo así, Colombia podrá avanzar rápidamente en el camino del desarrollo económico y el progreso social.    

Tomado de El Pequeño Periódico No.90

 ffguerrarincon@hotmail.com

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