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Archive for 26 octubre 2010

 Por Álvaro Jiménez Guzmán

Eco, se halla en todas partes...

Escuchar un eco, un canto, o una voz prodigiosa, deleita el espíritu humano. Desde tiempos primigenios estamos impregnados de la alegría de esta experiencia sonora. Pero el estigma de la tragedia acompaña, por ejemplo, al canto en sus orígenes.

En la Odisea, de Homero, una epopeya dramática en torno a un héroe que después de muchos años de ausencia retorna a su hogar, en la isla de Ítaca, se contempla el episodio del canto que hechiza para eliminar al hombre. Circe, la de lindas trenzas, la terrible diosa dotada de gran voz, persuadió a Odiseo, su protegido, para que, cuando se acercara a la isla de las Sirenas, hiciera pasar de largo la nave con sus hombres remando con furiosa velocidad, con los oídos de sus compañeros tapados de cera agradable como la miel, y él, bien amarrado al mástil para que ninguno escuchara y sucumbiera al hechizo de su sonoro canto mientras se alejaban del peligro de estas divinidades marinas.

Hijas del río

Aqueloo y una Musa, mitad ave y mita mujer, ostentaban sus maléficas virtudes sentadas en un prado, rodeadas de un gran montón de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca, trofeo de sus víctimas. Así se liberaron Odiseo y sus marineros de los cantos que ofrecen el conocimiento de todo cuanto sucede, pero letales para quienes los escuchan.

Asimismo, el origen del eco está asociado a la perfidia de los dioses. Según la antigua mitología la ninfa Eco era hija del Aire y de la Tierra y habitaba en las márgenes del río Cefiso, de la antigua Grecia. Las Musas la instruyeron en las artes del canto, de la flauta y la siringa. Vivía en la soledad para evitar la compañía de los hombres y de los dioses. Mas un día, celoso Pan porque tocaba mejor que él la armoniosa flauta, e irritado, además, por no poder gozar de su belleza, enloqueció a todos los pastores de la comarca, quienes precipitándose sobre Eco, despedazaron su hermoso cuerpo y esparcieron sus restos por toda la tierra. Por eso se halla ahora en todas partes, conservando sólo su voz para repetir el último son que llega a ella.

Tal vez los antiguos griegos no entendieron bien que un eco se crea cuando las ondas sonoras se reflejan en una superficie sólida, con una repetición continua del sonido hasta cuando pierden su moméntum, haciéndose tan débiles que no pueden escucharse más.

No obstante su desvanecimiento, después de repetir exactamente lo que se dijo, el eco mereció mejor suerte en sus orígenes fantásticos.

Y algunas voces de hoy se enturbian en medio del agresivo mundo urbano. Se agazapan en tenebrosas viviendas que se aferran a laderas de barrios donde son guaridas de asesinos, y en las noches se escuchan desgarradores gritos de horror. En el barrio San José-La Cima (nororiente de Medellín), por ejemplo, los gritos que procedían de “la casa del terror” irrumpían en las noches solitarias y silenciosas. Los alaridos eran tan aberrantes que se escuchaban en todo el barrio. Son los gritos de la tortura y de la muerte. Por eso el Alcalde Alonso Salazar, armado de poderoso mazo, empezó a desmoronar el aposento que aprisionaba ecos y voces arrancados por la infamia humana.

aljiguz@une.net.co

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Mi última charla con Germán

Ángel Galeano Higua

El diámetro de la Tierra no alcanza para contener un muerto, decía Héctor Rojas Herazo. Y yo agrego que mucho menos alcanza para un hombre de la talla de Germán Restrepo Maldonado, Presidente de Sintraempaques, asesinado por un pistolero a sueldo que le disparó por la espalda, la tarde del jueves 12 de agosto, en una cafetería del centro de Medellín.

Conocí a Germán durante una reunión preparatoria del Primero de Mayo (La huelga de Bogotá, Clemencia Lucena)

Conocí a Germán en el año 1977, durante una reunión preparatoria del Primero de Mayo. No sólo se distinguía por su enorme bigote que me recordaba a ciertos personajes de Alejandro Dumas, sino por el vigor que irradiaba en su poderosa voz, en el fulgor de sus ojos y en sus ademanes recios. Francote, bonachón y risa desabrochada, herencia de las viejas estirpes antioqueñas. El salón de reuniones estaba repleto y se ultimaban los detalles de la marcha internacionalista con que los trabajadores organizados celebraban la fecha. Se conformaban las brigadas para pegar afiches, pintar consignas en los muros, distribuir chapolas en los sindicatos, a la salida de las fábricas, en las universidades y en los buses, pintar las pancartas, elaborar los discursos y visitar a los amigos en los barrios. También había una comisión especial para montar la tarima, que implicaba los pendones y telones de fondo, las banderas y el sonido. Siempre había mucho por hacer. Nunca alcanzaba el tiempo para nada más que para la actividad. Éramos activistas desenfrenados. Había un despliegue descomunal de energía y las principales ciudades de Colombia se convertían, para esa fecha, en un efervescente escenario donde se agitaban las ideas libertarias y antiimperialistas. El Primero de Mayo era, ciertamente, “El día más luminoso de la Tierra”.

 

Buscando la historia

Esculcábamos la historia del movimiento obrero colombiano, desde la masacre de las bananeras, hasta la muerte de los obreros de Amagá. Organizábamos conferencias con intelectuales sobre Raúl Eduardo Mahecha, el líder obrero de los petroleros; María Cano, la «Flor del Trabajo», entre otros. Los estudiantes tenían su participación y planteaban programas reivindicativos para la educación y la cultura nacional, científica y al servicio del pueblo. Ellos pugnaban por más presupuesto para la educación y el derecho a participar en los organismos de gobierno. Sin duda algo revolucionario heredado de la gesta del movimiento estudiantil del 70, el más grandioso que haya vivido nuestro país.

Esculcábamos la historia del movimiento obrero colombiano, desde la masacre de las bananeras, hasta la muerte de los obreros de Amagá. (Fuera el imperialismo yanqui, pintura de Clemencia Lucena)

Las mujeres podían expresar sus aspiraciones a la igualdad de derechos civiles y laborales, reivindicaciones por embarazo y licencias de maternidad, contra la discriminación de género y los mínimos servicios de salud.

Se podía hablar, discutir, proponer, marchar y esos atrevimientos se pagaban con la cárcel. A veces se sucedían trifulcas entre miembros de una u otra corriente, pero no pasaban de una que otra trompada. La llamada izquierda tenía una enorme fuerza y capacidad de movilización. Se editaban boletines y periódicos agitando todas estas ideas y en solidaridad con los trabajadores que sostenían huelgas o discusiones de pliegos con sus empresas. Todavía había respeto por la integridad del contradictor. La policía detenía a los activistas que salían tarde en la noche y que amparados en la oscuridad pegaban los afiches o pintaban consignas alusivas al día internacional de los trabajadores. Los abogados amigos tenían que entrar en acción para lograr su libertad. Las autoridades imponían multas para los sindicatos y partidos de izquierda que pintaban palabras contra el gobierno y los patronos.

Todo se hacía con dineros recolectados mediante rifas, cuotas que todos aportábamos o los que destinaban los sindicatos para esa fecha memorable.

Germán descollaba, al lado de Jesús Hernández y Fernando Cadavid, de Sintravicuña; de William Estrada, dirigente de Adida; “El negro” Taborda, minero de Amagá; Gerardo Gutiérrez, del Sindicato de Telecom; Gerardo Sánchez, de los textileros de Rionegro, Jairo Gutiérrez, de la naciente ASA, Henry Vélez, de los bancarios, Albeiro Franco, de los bananeros de Urabá, y muchos otros.   

 

El fervor de la sinrazón

Pero el entusiasmo se confundía con la razón, y el desmesurado optimismo llevó al sindicalismo a plantear una lucha radical contra los patronos, que en el fondo era una actitud destructiva de la empresa. Era cierto que muchos patronos mantenían una intransigencia total contra el movimiento obrero y para ello contaban con la complicidad de muchos funcionarios corruptos del Ministerio del Trabajo. Unos y otros fueron asumiendo posiciones cada vez más radicales. La discusión de los pliegos de peticiones  se tornaba en un campo de batalla y a veces se recurrían a acciones desesperadas de lado y lado. Se medían las fuerzas en los terrenos jurídicos, económicos y sociales, y para defenderlos los patronos siempre argumentaban que debían recortar los derechos de los trabajadores. Por supuesto, éstos tenían que defenderse.

En aquellos años el entusiasmo se confundía con la razón… (Germán Restrepo M., Presidente de Sintraempaques, Medellín)

Así conocí a Germán. En esa fiesta universal de los trabajadores. Con el paso de los años, y a medida que el país iba entrando en las arenas movedizas del atentado personal, las discusiones se hicieron infinitamente difíciles. La influencia del narcotráfico, la guerrilla y los paramilitares fueron minándolo todo. Los sindicatos fueron perdiendo influencia y poder, muchos de sus líderes fueron asesinados, desaparecidos o encarcelados. Las luchas intestinas entre diversas corrientes, le mermaron el prestigio que el movimiento sindical había logrado. Muy pocos se atrevieron a plantear una reflexión a fondo para salvar los puestos de trabajo. Ya no eran los derechos adquiridos en convenciones, ahora se trataba de la supervivencia. El desempleo se convirtió en una lacra, la apertura económica y los errores en procesos de privatización, pusieron al país en gravísimos aprietos. La inseguridad y los malos gobiernos, la corrupción e impunidad, la intromisión de los Estados Unidos en la vida política del país, la exacerbación del terrorismo del narcotráfico y luego la estrategia destructiva de poblaciones por parte de los grupos armados, combinando el secuestro con la explosión de cilindros de gas, las masacres, retenes y vacunas, y de otra parte las motosierras y las desapariciones, hicieron que el país, arrinconado, se aferrara a nuevas propuestas. 

 

Una luz en los abismos

Después de unos años, vi con asombro cómo el sindicato que lideraba Germán no cerraba sus puertas, como otros, sino al contrario, las abría como nunca lo había hecho a la reflexión juiciosa y profunda del movimiento obrero. Cada vez que nosotros publicábamos una edición de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, Sintraempaques nos compraba un paquete para distribuirlo entre sus afiliados. En varias oportunidades nos llamaron para desarrollar talleres de lectura y escritura con los obreros. Cada libro que nosotros poníamos en circulación, Germán y la Junta Directiva lo adquirían para divulgarlo entre los trabajadores. Asistíamos a sus eventos y sus directivos participaban de nuestras tertulias literarias y científicas. Por ellos empezamos a ver los cambios producidos gracias al llamado contrato sindical. Cambiaron de sede, se modernizaron, se preocuparon porque la empresa se mantuviera abierta y funcionando, como nunca antes lo habían hecho, aún a costa de conceder varios de aquellos derechos arrancados en jornadas muchas veces violentas. Tenían que evitar que la empresa quebrara y que además fuera competitiva. Habían entendido que el propósito supremo del sindicalismo, en cualquier circunstancia y lugar, es velar por los derechos de sus afiliados, empezando por el más elemental y clave: el puesto de trabajo. En otras palabras, el funcionamiento de la empresa.

La madurez reforzó el estilo del líder sindical de overol y horario de toda su vida.

Llegar a este convencimiento es quizás, la mayor prueba de madurez y cordura que en el mundo actual puede lograr un sindicalista como Germán, que practicó durante varios lustros la acción vertical y contestataria, a riesgo de propiciar la liquidación de la empresa. Liquidación relativamente fácil de lograr ante las crisis del capitalismo financiero y la invasión de mercancías extranjeras de muy baja calidad. Pero hubieran terminado todos los trabajadores en la calle y Germán y sus compañeros sabían que un acto de semejante irresponsabilidad ya no anidaba en su mente ni en su corazón.

 

Un libro por escribir

Un día, con la Edición 88 de nuestro periódico aún oloroso a tinta, lo visité en la sede. Le llevé de regalo un libro sobre el tema de la lectura que habíamos editado en nuestra Fundación. Para entonces el sindicato tenía en su presupuesto de educación la adquisición de 50 ejemplares de nuestro periódico, pero esta vez, Germán quiso también que el libro que yo le llevaba de regalo, lo leyeran todos los de la Junta y decidieron comprar varios ejemplares. Ese día yo iba dispuesto a hacerle una propuesta que había contemplado durante varios años, y mientras nos tomamos un tinto se la expuse.

Se trataba de escribir la historia de Sintraempaques, que a mí me atraía con especial fuerza. Porque creo que a través de ella se puede recorrer buena parte de la historia del país y de Medellín. Así como me gustaría escribir de los sindicatos de Vicuña, Telecom, los textileros, bananeros, Empresas Públicas… Germán me escuchó y por un momento se quedó callado y se atusó el bigote, pensativo. Luego me dijo que le gustaba la idea, pero que necesitaba tiempo, pues tendríamos muchas entrevistas y entre mayo y julio estaría muy ocupado. Acordamos que el 31 de julio empezaríamos por leer el proyecto que para entonces yo ya debía tener redactado. Nos tomamos otro tinto y por unos minutos soñamos con un libro y un video, necesitaríamos el apoyo de muchas personas, tendríamos que trabajar arduamente durante varios meses. Sería necesario consultar los archivos del sindicato y de la empresa, ir a las memorias de eventos, seminarios y congresos. Y por supuesto, entrevistar a su familia, a sus hijos, quienes seguramente no alcanzarían a comprender la gigantesca labor que su padre se había echado sobre los hombros. Era una tarea titánica pero posible, pues todavía estaba él, el motor y la inspiración, el corazón y la memoria de lo vivido y del camino que vislumbraba hacia el futuro.

Tomado de EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 89 

elpeperiodico@gmail.com

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El sida sí tiene cura

Por Ángel Galeano Higua

Ecos del Encuentro Internacional para el Replanteamiento Científico del Sida

En una antigua fábrica de harina convertida hoy en el centro cultural “La Farinera del Clot”, ubicada en la Gran Vía Les Corts Catalanes, de Barcelona, España, tuvo lugar el Encuentro Internacional para el Replanteamiendo Científico del sida, al cual la Fundación Arte y Ciencia y EL PEQUEÑO PERIÓDICO fueron invitados.

El evento, organizado por la Asociación de Medicinas Complementarias de España, (AMC), que dirige el investigador Alfredo Embid, sesionó en forma paralela a la XV Conferencia Mundial del sida convocada por las agencias de salud de los Estados Unidos, la Organización Mundial de la Salud, las grandes multinacionales farmaceúticas y el Consejo de Población, que se reunió en el “Palau St. Jordi”, de la misma ciudad catalana.

De esta Conferencia oficial se ocuparon, con excesiva solicitud y de manera sesgada, la gran prensa y la televisión del mundo, mientras que alrededor del mencionado Encuentro se tejió una cortina de silencio y censura. ¿Qué ha originado este cisma científico, manejado por los dueños del poder con indudables métodos inquisitoriales?

De la Conferencia oficial se ocuparon, con excesiva solicitud y de manera sesgada, la gran prensa y la televisión del mundo, mientras que alrededor del Encuentro Internacional para el Replanteamiento del sida se tejió una cortina de silencio y censura(1). ¿Qué ha originado este cisma científico, manejado por los dueños del poder con indudables métodos inquisitoriales? 

 

Orígenes de la disidencia

La historia de la ciencia es rica en grandes polémicas. Ellas han sido el motor de importantes avances. Pero en el caso del sida, la polémica viró hacia tópicos un tanto ajenos a la ciencia. Lo que comenzó como un error, como una ligereza, se ha querido ocultar, matizar, justificar y defender como la verdad indiscutible, fuera de la cual no hay salvación.

Podríamos escoger un hecho como el mojón desde el cual se abre la polémica. Por ejemplo, cuando Peter Duesberg se atrevió a escribir que el VIH era el gran distractor del siglo.(2) Por supuesto el mundo se le vino encima, lo llamaron a cuentas, le pidieron que se retractara o de lo contrario perdería la financiación de sus investigaciones y sufriría el extrañamiento oficial. Pero el miembro de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos nunca se retractó y por el contrario, apretó el paso de sus indagaciones.

Lo que oficializó esta polémica, sucedió el 23 de abril de 1984, cuando Robert Gallo, Director del Laboratorio de Virología del Instituto Nacional de Cáncer, y Margaret Heckler, Secretaría de Salud del gobierno estadounidense, anunciaron al mundo en una rueda de prensa, en Washington, “el descubrimiento del virus que causa el sida”, sin que hubiese existido publicación científica previa o presentación de tal “descubrimiento” en congreso o reunión científica alguna.

A raíz de este suceso, que riñe con todas las exigencias del rigor científico, el doctor Roberto Giraldo señaló: “Muchos investigadores se han acostumbrado a hacer lo que ellos creen que es ciencia, en ruedas de prensa, y nadie protesta por ello. El no ser lo suficientemente críticos y creer todo lo que nos dicen es lo que le permite a algunos investigadores, instituciones y publicaciones científicas, continuar haciendo lo que hacen, engañarnos y poner en peligro la salud de la comunidad”.(3)

El doctor Giraldo dictó una conferencia en el Encuentro titulada, “Las caóticas consecuencias del mito de la transmisión del sida”, y en ella hizo un recuento histórico de los orígenes de la polémica científica, cuyas referencias en la literatura médica datan desde junio de 1981 hasta abril de 1984 (antes de que apareciera en escena el fenómeno conocido como VIH), que permiten ver cómo los Centros para el Control de Enfermedades (CDC), junto con otras agencias de salud del Gobierno de los Estados Unidos y la Organización Mundial de la Salud, lanzaron al mundo el rumor de la transmisión del sida sin ninguna evidencia científica para ello, y cómo este rumor se convirtió en mito, con terribles consecuencias de las cuales algún día la historia dará cuenta.

El VIH no ha sido aislado

Mientras Luc Montagnier en el Palau St. Jordi comparaba al VIH con Dios y aseguraba que lo ha visto y que cualquiera lo puede ver en un microscopio electrónico (4), en La Farinera del Clot, el doctor Etienne de Harven, de Francia, explicaba las razones científicas por las cuales Luc Montagnier, Robert Gallo y Jay Levy, jamás aislaron el denominado virus que luego llamaron VIH. El doctor de Harven deleitó a la audiencia con detalles técnicos muy sencillos para explicar por qué no existe ninguna fotografía del denominado “virus del sida” tomada por microscopio electrónico alguno. El doctor Harven expuso ante más de 200 asistentes de diversos países, cómo en 1997, dos grupos de investigadores, uno en Estados Unidos y otro en Francia y Alemania, al seguir los pasos establecidos universalmente para el aislamiento de retrovirus, tampoco aislaron al VIH. El científico, que hace parte del Panel de Expertos del Presidente sudafricano Mbeki, explicó la propuesta que formuló al Panel para que uno de los experimentos que se proyectan realizar en África, consista en tratar de aislar al VIH, si es que en realidad existe, a partir de sangre de enfermos de sida que tengan una “carga viral” alta.

Del cáncer al sida

Es interesante observar cómo, cuando el sida apareció en el mundo a comienzos de los años 80, dicha enfermedad llegó como “anillo al dedo” a los frustrados investigadores del programa de la “Guerra al cáncer” del gobierno de los Estados Unidos.

El profesor de Harven es testigo de primera mano de aquellos intentos realizados, en los años 70 y 80, con el propósito de encontrar algún virus (retrovirus en particular), que les permitiera mostrarlo como causa del cáncer. Harven se refirió a las multimillonarias inversiones hechas en estas investigaciones que a la postre resultaron fallidas y frustrantes. Mostró la forma cómo los centros de investigación de cáncer se convirtieron en centros de investigación del sida, transfiriendo la fallida idea de que así como creían que los virus causaban el cáncer, de la misma forma debían causar el sida.

El sida en África es también fruto de la miseria

Alrededor de las causas del sida en Äfrica, la polémica también está claramente planteada. Según el doctor Giraldo, “una de las formas de saber si hay sida o no en África es estudiando cuidadosamente las publicaciones que describen a pacientes con sida en diversos países de aquel continente antes de 1984, año en que el VIH aparece en escena e “infecta” la investigación del sida. Entre los indicativos en favor de la existencia del sida en esa parte del planeta tenemos detallada información de cambios en el comportamiento de las enfermedades infecciosas, parasitarias, degenerativas y tumorales en las últimas décadas en países africanos. Cambios en las tasas de morbilidad, mortalidad y el descenso en la esperanza de vida en varios países de allí. En su conferencia al respecto, el doctor Giraldo habló de las evidencias científicas que muestran el deterioro del sistema inmune y de otros sistemas secundarios sometidos a exposiciones múltiples y repetidas, a enfermedades infecciosas y parasitarias y a otras consecuencias de la pobreza crónica. Se refirió a los fundamentos científicos que muestran cómo las consecuencias de la pobreza se han estado transmitiendo de generación en generación y en forma acumulativa, y que por lo tanto la pobreza y la malnutrición no son fenómenos estáticos, que siempre han estado en África, no como afirman los defensores del VIH. El hecho de que exista sida en ese lugar del mundo y que sus causas sean diferentes a las del sida en países desarrollados es un indicativo de que la especie humana está en peligro.

El doctor Giraldo denunció que la superpropaganda a favor de un virus fantasma, como es el VIH, “no permite ver la seriedad de esta situación”.

“En busca de soluciones”

La periodista y productora de televisión, Joan Shenton, de Inglaterra, presentó, por primera vez en Europa, aunque ya la han visto más de cuarenta países africanos, la película “En busca de soluciones”, una entrevista al presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, quien manifiesta su preocupación por la censura existente contra los científicos que sostienen otro punto de vista diferente al oficial. En dicha película el mandatario sudafricano insiste en que la prioridad principal en África es resolver el problema de la pobreza y todas sus consecuencias.

Joan Shelton fue la primera periodista inglesa que presentó una serie de programas de televisión en Londres sobre la polémica científica del sida. Por este trabajo tan elogiado por la crítica, Shelton ganó el máximo premio de periodismo y a la vez empezó a sufrir la persecusión y censura de los grandes propietarios de medios en ese país.

Ella escribió el libro titulado, “Falsos positivos” (Positively False) y en la actualidad construye la Fundación Fuente de la Inmunidad (Immunity Resource Foundation) para compartir con todas las personas interesadas de diferentes partes del  mundo, el gran “Archivo de sida y Medicina” en video y entrevistas grabadas sobre los más importantes debates científicos alrededor de estos temas durante los últimos veinte años.

“Yo era enfermo de sida”

Uno de las apartes del Encuentro de mayor expectativa lo constituyeron los testimonios de personas “seropositivas” o que han tenido sida, cuyos historias relatadas mostraron la forma cómo muchos de ellos fueron adictos a drogas. Una característica común es el hecho de que ninguno sigue los tratamientos ortodoxos. Hoy todos llevan una vida sana, han abolido al máximo la exposición a agentes estresantes y usan diferentes técnicas naturales de desintoxicación para estimular los sistemas corporales débiles.

A partir de nuestra próxima edición iniciaremos una serie de artículos bajo el título: “Yo era enfermo de sida”, con estos testimonios, a fin de ayudar desde nuestras páginas a romper ese aislamiento espiritual a que son sometidas las personas que sufren dicha enfermedad.

NOTAS:

(1): La excepción, en Colombia, que sepamos, es El Observador Semanal (El Mundo), de Medellín, que publicó en su edición del 23 de julio de 2002, página 4, un artículo bajo el título: “El sida tiene otra cara”, en el cual se resumen las dos corrientes a propósito del Encuentro de Barcelona.

También tenemos noticias de que el periódico “Nuevo día”, de Ibagué, publicó el domingo 14 de julio una entrevista que la periodista Ayda Ardila hizo al doctor Roberto Giraldo durante el Encuentro. Ningún otro periódico, canal de televisión o emisora, a nivel de nuestro país, se tomó la molestía siquiera de reseñarlo, cometiendo falta grave en materia de derechos a la información, imparcialidad y objetividad, y participando así de la censura establecida por los grandes monopolios públicos y privados que tienen que ver con la salud.

(2) Otro enfoque sobre la teoría del sida, Michael Gibbons, traducido de Advance for Medical Laboratory Profesionals, marzo 21 de 1994, por la doctora Silvia Casabianca y Natalia Vélez y publicado en EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 45 de octubre de 1995, páginas 8 y 9.

(3) Sida y agentes estresantes. Roberto Giraldo. Capítulo 5: La concepción infecciosa del sida es una de las consecuencias de la crisis del método cientí-fico, Editorial Univer-sidad de Antioquia, 2002, página 76.

Ver también Sida: crisis en el método científico. Carta abierta del doctor Roberto Giraldo a los infectólogos de Antioquia. EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 49, mayo de 1997, páginas 4 a 11.

(4) Entrevista con Luc Montagnier, Periódico La Vanguardia, martes 9 de julio de 2002, Barcelona, España. Última página.

Tomado de EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 60

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