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Archive for 31 mayo 2010

Un Cuento del Oeste

Por  Álvaro Jiménez Guzmán

–– ¡Bam!… ¡Bam!… ¡Bam!..––sonaron sorpresivamente tres disparos de rifle que desharinaron un pedazo de la pared del cerro colorado que reflejaba la sombra de James Richardson. Iba a trote suave en su caballo llevando de cabestro una montura donde iba atravesado un cadáver por el que cobraría quinientos dólares de recompensa. Era el fugitivo Jeremy Door, un antiguo dueño de rancho en Carrizozo, pero que se había convertido en un matón en su aspiración por apropiarse de grandes propiedades de esa zona del Estado de Nuevo Méjico. Cabalgaba por una superficie áspera de rocas erosionadas con algunos manchones de suelo donde crecían las plantas, bajo una bóveda anaranjada por el intenso verano. Después de una larga historia de sobornos y tragedias, y muertos el sherif Roger Brandis, el juez Milton Davis y la mayoría de los vaqueros que trabajaban bajo sus enloquecidas órdenes, Jeremy huyó hacia las montañas llevándose de las arcas del banco local una gruesa suma de dinero. James se resguardó rápido en un filón del cerro que lo protegía, ocultó los caballos en una gruta y se apertrechó con su rifle para hacerle frente a los extraños vaqueros que le dispararon a mansalva y sobre seguro. Con su astucia de viejo zorro cazarrecompensas serpenteó por la árida zona como un gato de monte para darles cacería a esos oportunistas que querían arrebatarle su carga para cobrar ellos la recompensa. La balacera duró varias horas: zumbaban las balas y esquirlas por debajo de las alas de su sombrerón, pero resistía con valentía, serenidad y pericia la emboscada. Orientándose por la procedencia del fuego enemigo, y después de ahuyentar a un crótalo de occidente que se deslizaba para el ataque artero, James les cayó por detrás con la sorpresa de un rayo y los mató. Eran dos vaqueros bandidos que hacía tiempo habían huido de la región, y quisieron eliminar a James Richardson como las hienas que esperan que otros depredadores hagan el trabajo para ellas devorarse la presa.  

Anochecía en Carrizozo, pero muy temprano ya la luna columbraba las viejas casas de madera con sus balcones solitarios y amarillas calles polvorientas. Las nuevas autoridades y los vaqueros de la zona esperaban impacientes a Richardson con una sola carga,

Amanecía en Carrizozo

pero apareció con tres cadáveres en el lomo de su segundo caballo cuando al crepúsculo se lo tragó el aullido de los coyotes: cobraría ahora tres recompensas. Salieron del saloon el nuevo sheriff Robert Harney, el juez Joe Cleveland y los hombres que a esa hora bebían whisky y se arremolinaron cuchicheando alrededor de los bandidos muertos, y regresaron a sus mesas de juego para saldarse las deudas entre quienes habían apostado por la captura o no del famoso bandido. 

aljiguz@une.net.co 

 El Pequeño Periódico No. 87

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Por Johanna Marcela Rozo Enciso

La obra de la artista Astrid Vanegas; maestra en artes plásticas de la Universidad de Pamplona, cuenta con una investigación ardua y contundente sobre la desaparición del Río Chiquito, que nacía en el cerro Borrero al norte de la ciudad y desembocaba en lo que hoy se conoce como el terminal de transportes, sobre el río Pamplonita.

Río de ladrillos junto al muro, obra de

La obra de la artista Astrid Vanegas; maestra en artes plásticas de la Universidad de Pamplona, cuenta con una investigación ardua y contundente sobre la desaparición del Río Chiquito

 Astrid Vanegas con su idea artística Río Chiquito, hace una crítica a la desaparición de elementos del medio ambiente y a que sea reducido hoy por hoy a un paso peatonal, propuesta que nos lleva a reflexionar sobre las  pérdidas ecológicas e históricas que tenemos para “disfrutar” de las construcciones modernas que resultan en ocasiones superfluas.

 Los restos sombríos del Río Chiquito, están ubicados en el barrio los Animes de Pamplona, cruza de norte a suroriente y tiene una gran importancia hídrica para la ciudad. Esta cuenca está canalizada en un setenta por ciento, debido a los denominados proyectos de desarrollo urbano y embellecimiento de la ciudad, algo contradictorio porque nada contribuye más al desarrollo, ni nada es más bello que una fuente de agua natural. Sin embargo, con la canalización se sepultó el cauce, convirtiéndolo en la Avenida Celestino Villamizar. La segunda parte se conoce como la vía peatonal universitaria Pasaje Rafael Faria.

Esta obra incluye recorridos de la ciudad, fotografía y performance, una combinación de técnicas utilizadas para sensibilizar al espectador con el patrimonio, la historia y la naturaleza

 La artista Astrid Vanegas comenta en su investigación: “Nuestros abuelos y abuelas lo recuerdan como un lugar lleno de momentos inolvidables y de felicidad, porque junto a él, se reunían las mamás para lavar mientras que sus esposos se dedicaban a las labores del campo, los niños jugaban y otros ayudaban a extender la ropa en sus riberas”.

 Describe además a una Pamplona similar a la Venecia italiana; sobre islotes, exuberantes aguas de ríos y con construcciones de más de diez puentes en piedra, que poco a poco la “civilización” ha destruido.

Esta obra incluye recorridos de la ciudad, fotografía y performance, una combinación de técnicas utilizadas para sensibilizar al espectador con el patrimonio, la historia y la naturaleza.

mujerdeniebla29@yahoo.es

El Pequeño Periódico No. 87

Corresponsal en Pamplona

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Apuntes sobre la Historia de las Ferias del Libro de Medellín 

Francisco García cuenta cómo se organizaron  los libreros para hacer la primera feria del libro 

Francisco García, librero de Medellín, cuenta cómo se organizó en esta ciudad la primera Feria del Libro.

El primer intento fue en el mercado de San Alejo, pero no vendí nada, cuenta Francisco García.

El primer intento fue en el mercado de San Alejo, pero no vendí nada. Jaime Eugenio García me dijo que teníamos que cambiar de lugar porque al mercado de San Alejo la gente iba a comprar artesanías y no libros. Entonces nos fuimos al Parque de Berrío. En ese tiempo el alcalde era Jorge Valencia Jaramillo, y el Secretario de Gobierno, Armando Estrada Villa. Les propusimos hacer una feria del libro pero sin que nos cargaran de impuestos. Fue alrededor de 1975. Llevamos mesas, pusimos plásticos y montamos la venta, pero nos dimos cuenta de que no sabíamos ofrecer los libros. Entonces empezamos a organizar aquí en Medellín un gremio, la Cámara Colombiana del Libro, cuyo propósito era organizar las ferias del libro. Pagábamos una cuota mensual y así fuimos haciendo las primeras casetas. Nos pegábamos unas emparamadas miedosas, porque el plástico era para cubrir los libros. Nos íbamos a escampar al frente y dejábamos las mesas tapadas. En medio de todo gozábamos. En esa Cámara Colombiana del Libro tuvimos presidente, secretario, como una organización de verdad. 

Francisco García cuenta que antes las librerías no permitían que los lectores abrieran los libros. Pero después ya permitáimos que  cogieran el libro, lo abrieran y miraran, antes de comprarlo.

Antes de adquirirlo, estos lectores primero abren y leen algunos apartes del libro de cuentos "Bajo el naranjo", del joven escritor Leonardo Muñoz U.

Un fin de semana nos reunimos en la finca de un amigo, Jorge Iván Correa, profesor de la Universidad de Antioquia y Director de la Biblioteca, y allí surgió la idea de hacer la Feria del Libro con todas las de la ley, pero en el Palacio de Exposiciones. Se lo dijimos a Jorge Valencia Jaramillo, que iba y venía de Bogotá. Así arrancamos, en firme, y luego dijimos que sería bueno volverla internacional, ya que teníamos contactos editoriales en el exterior. Jorge Valencia lo planteó en Bogotá y dijeron, ni riesgo, la primera feria internacional tiene que hacerse en Bogotá, y así nos robaron la idea. Recuerdo que sacamos unos separadores que decían: “Aprender a leer es aprender a vivir”. 

Todas las librerías que estábamos organizadas en la Cámara teníamos buenas relaciones pero llegó un momento en que hubo una crisis y se llevaron el nombre del todo para Bogotá. 

Mundo libro 

Después de vivir mi proceso con la Librería Continental y luego con Librería Nueva, me comprometí con la idea de abrir una librería, para aprovechar los contactos que tenía en el exterior, más el socio de la Oveja Negra, quien me pintó un proyecto muy bueno “Vamos a sacar unas colecciones masivas, yo necesito hacer contacto con Medellín y con eso te ayudas, eso te da una liquides”. Bueno armé cuatro puntos de venta que fueron un gran éxito. Este hombre era muy hábil y, cuando íbamos a la Feria del Libro en Bogotá, nos editaba los mismos libros de España, hacíamos talleres del manejo del libro, hay que leer el libro de otra manera. De hecho salió el placismo y el libro de lujo y todas esas cosas. 

Las Ferias del Libro son espacios para todos los públicos.

Había que crearle competencia al mismo libro: si está pensando en sacar mil ejemplares, mejor que sean dos mil, así venda mil en la librería para librar el plante, y el resto véndalos a precio de huevo, como edición pirata. Así se vendieron muchas colecciones de Oveja Negra. Había un tipo que tenía un kiosquito al frente de la Iglesia de la Candelaria donde vendía periódicos, nosotros lo surtíamos de libros. De Bogotá, vía pájaro madrugador, un avión comercial que salía de la capital a las dos de la mañana con la prensa, nos tiraban los paquetes de libros en la mitad de la pista y nosotros armábamos las cajas y las traíamos. Así nació Mundo Libro, mi librería, que funcionó varios años en la Calle 10 de El Poblado. 

Había un autor paisa que vivió mucho tiempo en Venezuela, se puso el nombre de Alfredi Sterli, un apellido para llamar la atención, y publicó un libro, “Usted necesita ayuda”. Un día llegó a la librería y me dijo: “Pacho, te tengo este libro para vender”. Tráeme diez, le dije. “No, vos estás loco, no lo voy a vender así, voy a poner a que la gente haga fila desde la 6 de la mañana, a que se haga anotar y den la plata y después recojan el libro”. Lo que hizo fue contratar en Caracol una hora y el tipo hablaba de autoayuda y superación. Lo cierto es que al otro día estaba la gente haciendo fila en la librería. Eso fue una cosa tan horrible que le dijimos que se buscara otra librería. 

En cierta ocasión lanzamos El divino, de Álvarez Gardeazábal,

Cualquier momento, cualquier lugar, es bueno para leer

Cualquier momento, cualquier lugar, es bueno para leer

autor que yo había conocido años atrás. Llegaron unas 400 personas, y un loco se arrimó diciendo que él también quería escuchar al maestro. Éste nos va a dañar el programa, pensamos, pero lo dejamos entrar. Cuando de pronto el tipo dijo: Yo voy a hablar. Como no lo podíamos sacar, tuvimos que inventarnos algo: démosle este billetico y que vaya y nos compre un paquete de cigarrillos. Preciso, ese hombre vio el billete y bueno, todavía lo estamos esperando. 

La historia de Mundo Libro está llena de muchas anécdotas. Fue una experiencia muy importante para mí, hasta que le llegó la hora de la crisis.

El Pequeño Periódico No. 87

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Patrimonio de Latinoamérica

Por Gustavo Esmoris

Cuando se habla del carnaval uruguayo nos referimos al carnaval de Montevideo. El macrocefalismo poblacional que afecta al Uruguay, que hace que más de la mitad de sus habitantes vivan en la capital, genera este tipo de supuestos que se dan como una verdad.

Escritor uruguayo

Gustavo Esmoris, escritor uruguayo, traza una panorámica del Festival más democrático de latinoamérica.

El carnaval del norte uruguayo está claramente influenciado por el de Brasil, en especial en Artigas y Rivera, los departamentos con fronteras más abiertas hacia el país vecino. El carnaval montevideano (así lo llamaremos entonces para evitar erróneas generalizaciones), es el más largo del mundo, durando alrededor de cuarenta jornadas. Comienza con el desfile inaugural por la principal avenida, la 18 de Julio, para luego repetirse en distintos barrios, como la Unión, el Buceo y Malvín, entre otros. Allí desfilan los conjuntos (parodistas, murgas, humoristas, revistas y comparsas), acompañados por los carros alegóricos, los cabezudos y las reinas del carnaval.

Unos días más tarde, por la calle Isla de Flores, que atraviesa los barrios Sur y Palermo, (la zona más identificada con la afrodescendencia), se lleva a cabo el desfile de Llamadas, donde las comparsas desfilan con sus cuerdas de tambores, al ritmo más característico de Montevideo, el Candombe (los otros ritmos típicos de la ciudad de Montevideo, serían la propia murga, con su peculiar modo de sonar, y por fuera del carnaval, el tango). La palabra Llamadas se debe al toque del tambor, utilizado ancestralmente para comunicarse entre integrantes de una tribu. Esta es sin duda la fiesta máxima del carnaval uruguayo, considerando todas sus expresiones.

Paralelamente, y durante los cuarenta días que

Carnaval de Montevideo

Las comparsas se caracterizan por la cuerda de tambores, de aproximadamente cien integrantes, formada por tres tipos de tamboril, el piano, el chico y el repique, de cuya combinación sale el característico sonido que los identifica. Foto de Camelia Huino

 dura la fiesta, las agrupaciones actúan en escenarios llamados tablados, que se distribuyen a lo largo y ancho de los barrios. El tablado es un pequeño teatro, en general al aire libre, que se monta exclusivamente para el carnaval. Tanto los humoristas como las revistas y los parodistas, son expresiones menores dentro del carnaval, y no aportan elementos significativos a la cultura uruguaya o montevideana. La murga y la comparsa representan, en cambio, la verdadera esencia del carnaval ciudadano. La murga, la expresión más representativa de lo que es el tablado montevideano, consiste en una conjugación de lo teatral y lo musical, a través de un coro muy particular al que acompaña una batería propia de la murga, compuesta por tres instrumentos: bombo, platillos y redoblante. Su principal temática consiste en repasar con humor los acontecimientos del año que termina, apelando al humor y la emoción. Heredera de ciertos ritmos andaluces, la murga está ligada a los inicios del carnaval en Montevideo, y por ende en Uruguay.

Las comparsas se caracterizan por la cuerda de tambores, de aproximadamente cien integrantes, formada por tres tipos de tamboril, el piano, el chico y el repique, de cuya combinación sale el característico sonido que los identifica. Existe un toque por cada barrio, lo cual permite hablar del toque de Palermo, del toque del Buceo, etc. Todos los conjuntos, además, separados en las categorías ya nombradas, compiten en un concurso oficial desarrollado por la comuna de Montevideo, en el que se otorgan primeros premios.

Ya con más de cien años, y habiendo pasado por momentos de esplendor, allá por los años 50, para luego decaer durante la dictadura, donde no existía libertad de reunión y la censura prohibió a la mayoría de las murgas, el carnaval de Montevideo ya es un elemento cultural ineludible si se quiere interpretar la cultura de buena parte de este país. Se trata de la fiesta más democrática que se conoce, en la que el vecino que durante todo el año se desempeña en el más humilde de los trabajos, puede perfectamente transformarse en un artista durante esos cuarenta días. Algo que define el modo de ser de los montevideanos, y la tolerancia que los identifica.

gustavoesmoris@gmail.com

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Por Margarita María Echavarría Ruiz

 Creados en 1929 por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, los Premios Óscar son el reconocimiento a los mejores exponentes de este oficio en las películas exhibidas durante el año anterior en Estados Unidos. 

Es casi una costumbre que cada año estos premios sean criticados y que se lancen todo tipo de argumentos demeritando a los galardonados o a la Academia por sus supuestas malas elecciones, pero algunos olvidan que estos premios son hechos por estadounidenses para ellos mismos. La única categoría que abarca a los demás países es la de “Mejor película de lengua no inglesa”, que fue introducida sólo a mediados de los años cincuenta y es la única categoría que incluye al resto de los mortales.

Los más de seis mil miembros de la Academia “tratan”

El Cine también alimenta las páginas de EL PEQUEÑO PERIÓDICO.

El Cine también alimenta las páginas de EL PEQUEÑO PERIÓDICO.

de ser objetivos en sus elecciones para premiar el verdadero talento. Pero en realidad tratan de premiar en muchos casos a sus mejores amigos cuando hicieron bien la tarea, dejando a un lado el talento artístico.

Prueba de ello es que películas como El ciudadano Kane, directores como Stanley Kubrick o David Lynch, actores como Marlon Brando o Greta Garbo, nunca obtuvieron una estatuilla pese a su talento innegable. Y premian por ejemplo a una Sandra Bullock que sus trabajos más recordados son en Speed junto a Keanu Reeves y en Miss Simpatía.

Si los Óscares fueran realizados en Irán o Japón, seguramente los premiados serían iraníes o japoneses y es por esto que no se debería ahondar mucho en ello.

¿Porqué estos premios que aunque no son de carácter mundial, tienen la atención de todo el mundo?  

Porque la maquinaria de dichos premios hace que todo el año se esté en función de ellos. Son estos premios los que definen cuales personas llevarán la delantera en la lucrativa industria del entretenimiento con sus tentáculos por todo el globo y son los que definen también cuáles son las caras que veremos en todos los comerciales, canales privados, revistas y películas durante los años siguientes.

Es el caso de la Time Warner, el monstruo de las comunicaciones a nivel mundial que, entre sus tentáculos cuenta con los dos estudios de cine más grandes de Norteamérica, Warner Bros y la Metro Goldwyn Mayer. La Time Warner a su vez es dueño del canal de noticias de difusión mundial CNN, de los canales privados HBO, Cinemax, TCM, TNT, Cartoon Network, Space, Infinito, Fashion TV, Boomerang y demás.  En medios impresos también es propietaria de la importante revista People y de la revista Time, así como de Sport Ilustrated y Fortune. Pero también es propietaria de uno de los mayores proveedores de medios y servicios de acceso a Internet en los Estados Unidos e Hispanoamérica AOL y la lista continúa y continúa.

Así es fácil comprender cómo una película se convierte en súper taquillera, pues detrás de ella existe una maquinaria que la apoya, bombardeando desde todo los medios, impresos, audiovisuales o virtuales a los consumidores. Sería algo así:  La Warner Bros produce una película donde a su actor principal se le ha hecho una entrevista en la revista People como el “actor revelación del año”, luego, en los canales de noticias CNN o canales asociados como HBO, se hace un cubrimiento especial a esta película con programas especiales con los detrás de cámara y curiosidades. 

Por desgracia la maquinaria absorbe y todo lo que nos rodea hace parte de enormes monopolios para los que, aunque no creamos, estamos trabajando para ellos.

Muchos no piensan en esto, dejan que se siga con el espectáculo para disfrutar de una ceremonia cargada de morbo y comentarios frívolos. Al siguiente día ya casi nadie discute si la película premiada era buena o era mala, si la actriz o el actor sabían o no sabían actuar. El único juez confiable que se tiene para los amantes del buen cine es el tiempo, que ha dictaminado en muchísimos casos los errores cometidos en estos premios, como el caso de la película Rocky, de Sylvester Stallone, galardonada en su época con tres Oscares. 

Para el alivio de muchos, la mayor preocupación sigue y seguirá siendo saber cuál o cuáles fueron las mejor o peor vestidas, quiénes se operaron y quiénes no, pues de ello se llenarán las páginas de farándula los meses siguientes, hasta fin de año. Averiguando con cuál diseñador se presentarán en la próxima gala o a quién veremos con la última cirugía.

mandyechava@yahoo.es

 EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 87

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SABOR A CRÓNICA

Por Laura Areiza Serna

Domitila esperó la lancha en la fonda Chontá, un caspete de pescadores construido sobre un ferri abandonado en el malecón de Buenaventura. Su cuerpo cenizo se recostó en un ancla oxidada por el salitre.

Guiso de piangua o de mulata paseadora

Un recorrido por el occidente del país, más allá de Tumaco averiguando las costumbres en el fogón

El olor a pescado se fundía con el horizonte. La brisa le agitaba la falda y  las gotas de sudor le caían por el rostro cuando sacó de su mochila una botella de viñete para sorber un trago. Aquella bebida era una mezcla dulce de biché, panela, clavos de olor, pimienta dulce y canela. En sus labios cobrizos le quedó el eco del biché, aguardiente de caña común en todo el Pacífico.

Embarcó en la última lancha hacia La bocana. Las aguas amarillosas de la bahía estaban calmas. Cerró los ojos, pero el viejo motor de la embarcación le impedía escuchar el mar.

Domitila no reconoció las playas de su pueblo; un olor pestilente le invadió a medida que se iba adentrando en el caserío. Las chozas de madera se levantaban sobre plástico y desperdicios.

Hacía diez años que Domitila se había ido a Buenaventura a comprar plátano, pero nunca volvió. Había dejado a su hijo Américo recién nacido. El destino la llevó a Medellín gracias a que un comerciante la persuadió para irse a desempeñar como cocinera de un reconocido restaurante. Domitila se embriagó del áureo dinero, convirtiéndose después en dama de compañía. Aquella vida no permitía explicaciones, ni mucho menos un hogar, por ello nunca más se supo de ella en La bocana.

Viñete y Dentón (Un sueño de playa limpia)

Su paseo la llevó a la pesquera. Subió la improvisada escalera de madera, y del fondo de la casa, salió una negra de gran talante. Llevaba un sólo arete de oro y su bata le marcaba los pezones.

– Doña, ¿qué pescado barato, que no sea pa’l turista me puede vendé? –le preguntó Domitila a la negra.

– Aquí todo lo que bota sangre se come, mandará usted –dijo la negra.

– Deme dos libras de dentón y un puñao de piangua –le respondió sorprendida por la expresión de la vendedora.

Se devolvió hacia el muelle por la playa y no por el camino del villorrio. Se quitó las sandalias y las metió a su mochila. De nuevo sacó el viñete y le dio un sorbo. El olor a basura calcinada la extravió de su sueño infantil de playa limpia. Poco le faltaba para llegar a la casa materna, y ya no había alumbrado. En esa oscuridad sintió miedo.

– ¿Pa’dónde va la mulata, ya está tarde pa’andá sola? –le preguntó una voz varonil que salió de la penumbra.

– No se asuste –le dijo mientras se le acercaba un negro en muletas que no tenía una pierna.

– Decíme, qué le pasó a esta playa –le preguntó Domitila.

– Toda esta mondá la trae el mar de los cañaverales del Chocó que desembocan en la bahía. Ya ni la gente limpia, pues siempre es lo mismo, como una pesadilla de la que úno no puede despertá –dijo el negro sentándose sobre un tronco.

– ¿Quiere viñete?

– Bueno, un poquito.

– Es tarde y el camino está oscuro, por qué no se queda en mi choza que está acá no más –le sugirió. La choza estaba decorada con caracoles y pedazos de concha nácar.

Guisado a las brasas (Perdóname la ausencia)

Al día siguiente Domitila se vistió y fue sl fogón.

– Préstame tu cocina, quiero darle una sorpresa a mi familia –le pidió Domitila.

– Cogé mulata lo que quieras, yo mientras te toco el tambó.

– Ay negrito, no seas picarón –le dijo Domitila riéndose.

La mujer cogió el caldero y lo montó en el fogón de leña. Comenzó a picar tomate, cebolla roja y poleo y lo apartó. Cortó en trozos el pescado y puso a hervir los caracoles en agua y sal. Después que los caracoles de piangua estuvieron cocidos y había rayado el coco, Domitila sofrió el dentón en aceite y ajo, con el calor los coágulos de sangre del pescado iban desvaneciéndose y comenzó a formarse una costra. Luego vertió las verduras y el poleo, sin olvidar un pedacito de pimentón empezado que se había encontrado en la nevera.

– Hasta pronto negrita linda –dijo el hombre terciándose el tambor.

– Gracias –le dijo Domitila despidiéndose.

Luego agregó los caracoles de piangua y la leche de coco que ya había extraído. Tapó el caldero y lo dejó sazonar con la brasa. Mientras tanto, sacó un carro a control remoto y un envoltorio de colores. En una tarjeta amarilla anotó: “Para Américo, de su madre. Perdóname la ausencia”. En un vaso con agua diluyó un sobrecito de leche en polvo y se lo añadió al guisado. –Ya va tomando forma– se dijo, revolviendo constantemente y echándole una pizca de sal. Vertió el guiso de piangua en una coca plástica.

Domitila se bañó el cuerpo con agua lluvia que recogió el hombre para ella. Se trenzó su cabello y se untó labial escarlata. Empacó el guiso y el regalo y partió hacia la casa que estaba situada al finalizar la playa. Veía la montaña selvática que dividía La bocana de Piangüita.

Al cabo de media hora avistó el terreno donde se erigía su casa, vio una pirámide de basura rodeada por unos troncos. Lloraba, sentía rabia y un torbellino amargo se le posó en el vientre. Arrojó el paquete y salió corriendo hacía la pirámide. Solo podía ver restos de madera y adobe. Decidió caminar, resignada, pero esta vez no por la playa, sino en dirección al mar.

laurita_areiza@yahoo.es

EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 87

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