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Archive for 15/04/10

REPORTE DE VIAJE
Por Ángel Galeano Higua
De la Sucursal del Cielo a Puerto Chontaduro

En Cali existe una calle bordeada de almendros, pequeñas ceibas y palmeras, dedicada al acopio y comercialización del chontaduro.

Gracias a la riquísima herencia cultural de los afrodescendientes, esta fruta carnosa ha estado rodeada de historias y leyendas que bordean la fuerza física, la inteligencia, la potencia sexual y hasta la buena suerte.
 
 
Una joya ancestral recorre Occidente

La capital del occidente colombiano o “Sucursal del cielo”, como es conocida Cali, tiene una calle bordeada de almendros, palmeras y ceibas jóvenes, exclusiva para comercializar el chontaduro, a la que Omar Vallecilla Cuero, dueño de El morochón, llama con orgullo “Puerto Chontaduro”. Allí llegan cada día, como a un auténtico embarcadero,

miles de racimos de este fruto, conocido también como cachipay en la zona andina colombiana, pivijay en el Caribe colombiano, pupunha en el Amazonas, y pijiguao en Venezuela.

Para Omar Vallecilla, nacido hace 55 años en Sabaleta, corregimiento de Buenaventura, “la palma de este fruto es un poco espinosa en el cuerpo y en las hojas, verde y frondosa, de altas raíces que extiende por debajo de la tierra y recoge su fortaleza”. Con las hojas se  tejen canastillos, con la corteza se fabrican esterillas, y del tronco se cortan vigas para la construcción y para fabricar las teclas de la marimba.

Desde el instante en que, arracimados para no perder su brillo y su sabor, millones de chontaduros inician el arduo viaje por caños, ríos y montañas, parece que tuvieran el destino trazado.

Puerto Chontaduro genera más de 4 mil empleos directos.

Jairo Pote Mosquera

Desde lejanas tierras de Chocó, Valle y Cauca, hacen su recorrido en pequeñas embarcaciones y furgones, hasta arribar a esa alargada calle de Puerto Chontaduro. Desierta al comienzo de la mañana, de repente se llena con la algarabía de niños y adultos, por obra y gracia del furgón que ha llegado cargado. Hombres y mujeres brotan por doquier para iniciar el proceso de selección del fruto en grandes canastas aperchadas a la báscula de Rogelio Pozo, intermediario de mercado mayorista desde hace 25 años y dueño de una bodega, quien apunta en una tabla las cantidades que ingresan. Según Omar Vallecilla, en Puerto Chontaduro se generan alrededor de cuatro mil empleos directos.

De allí salen los chontaduros tersos y bruñidos como gemas, al mercado de Cali iluminando las grandes palanganas que las negras engalanadas, llamadas platoneras, ofrecen con sus pregones en la Plaza Caicedo. Se las ve también, espléndidamente sentadas, enluciendo la ciudad como diosas milenarias, junto a la Ermita y a lo largo de la avenida del río Cali.

Los compradores al menudeo acuden a las carretas, como la de Jairo Pote Mosquera, un chocoano de 43 años, que desde hace 17 vende chontaduro a la entrada del puerto para sostener a su esposa y a sus tres hijos.

¿Superchería?

Así como muchos creen en los poderes afrodisiacos del chontaduro,

Entrada a Puerto Chontaduro, Cali

Puerto Chontaduro

otros ríen escépticos. Pero gracias a la riquísima herencia cultural de los afrodescendientes, quienes pueblan mayoritariamente a Cali, esta fruta carnosa ha estado rodeada de historias y leyendas. Sus expresiones en la danza, en los rituales religiosos, en las comidas, mitos y supersticiones, incluyen fantasías sobre las bondades afrodisiacas del chontaduro y el borojó sobre la fuerza física, la inteligencia, la potencia sexual y hasta la buena suerte.

Estas creencias pican la curiosidad de visitantes nacionales y extranjeros que acuden a las heladerías de Puerto Chontaduro a tomar jugo, aunque no sepan que lo que beben es el sumo de una joya ancestral que ha hecho un legendario recorrido por el occidente de nuestro país, trayendo en su interior los jugosos pálpitos extraídos de la tierra, concentrados en su carnosidad peculiar. Muchos esperan sentir algo nuevo, emulando el intento de beneficiarse de una especie de elixir de la eterna juventud.

Omar Vallecilla, nacido hace 55 años en Sabaleta, corregimiento de Buenaventura, “la palma de este fruto es un poco espinosa en el cuerpo y en las hojas, verde y frondosa, de altas raíces que extiende por debajo de la tierra y recoge su fortaleza”.

Omar Vallecilla Cuero, dueño de El Morochón.

Tal es el caso de Carlos Alberto Aristizábal, caleño de piel blanca de unos 30 años que, como en un ritual sagrado y haciendo un alto en el camino hacia su trabajo, llega a Puerto Chontaduro desde hace diez años, todos los viernes en la mañana, a beber una jarra de jugo de chontaduro con borojó, leche, miel y vainilla, que le preparan en El Morochón. “Es una bomba para estar recargado el fin de semana”, afirma Carlos Alberto.

¿Hay razones de fundamento que permitan aceptar la fuerza de estas creencias? Echemos un vistazo a nuestros antepasados y a lo que dicen los investigadores científicos.

Arriba de la pantorrilla era agravio

Penélope no es la única que teje y desteje. También el cacique de los guaymíes, a mediados del siglo XVII, en las ardientes tierras panameñas de Chiriquí, Bocas del Toro y Veraguas, hacía tantos nudos en un hilo, como días faltaban para las fiestas de la cosecha de pijibae o chontaduro. Luego deshacía uno, cada día, para llevar las cuentas regresivas.

Palma de chontaduro

La fiesta de los guaymíes, descendientes de los chibchas, comprendía un juego con un palo, bebida y trueque. Cuando faltaban cuatro nudos, el cacique daba la señal para que prepararan la comida y la bebida. El último nudo indicaba que debían llevar todo al rancho escogido. En la noche preparaban los palos, de dos varas de largo, con una bola de cera en la punta. Era de mal agüero que alguna mujer los viera en esa velación. Al día siguiente jugaban a lanzarle ese palo a la pantorrilla de un contrario y cuando le daban, gritaban. Si lo esquivaba se lanzaban a coger el palo formándose gran trifulca, hiriéndose o inclusive matándose. Pero el agravio sucedía cuando el tiro pegaba arriba de la pantorrilla, desatino que aumentaba por efectos del guarapo. Dos días duraba este juego. El tercero era para la feria o trueque de mantas, hilados, sal, cerámicas, comidas y chicha. El cuarto, regresaban.

Alimento espirituoso

Sobre estos antepasados se ha especulado mucho. Algunos sostienen que los guaymíes no conocían el fuego y por eso no cocinaban el chontaduro para consumirlo como se hace hoy, sino que lo dejaban fermentar.

Otros señalan que la utilización del leño y la palma en los ritos funerarios no era accidental, ya que existía la creencia en algunas tribus de que las plantas cultivadas tenían iguanchi, alma, y también sexo: “La palma de Chonta o Uí pertenece al sexo masculino, y se considera como un vegetal sagrado”. Algunas comunidades indígenas utilizaban la palma de chonta en los rituales de acompañamiento a las jóvenes en su primera menstruación.

El tallo del chontaduro es espinoso

Los pueblos del Darién consideraban como el mayor infortunio morir picados de víboras, porque no podían alimentarse en la otra vida con el fruto de pibijay, a causa de que los garabatos o varas de guadua con que los iban a coger, se convertían en culebras. El luto comprendía una corona y ramas de la palma en mitad del camino hacia sus casas. A quienes morían en batallas le adornaban la sepultura con lanzas de chonta empenachadas con plumas de colores.

La palma de chontaduro se daba silvestre y para que los indígenas se dieran al trabajo de domesticarla, debieron ver ciertas ventajas, como el hecho de que el fruto fuera apto para bebida y comida, la facilidad de propagación, la precocidad de tres años para fructificar, y la calidad del leño. Lo que sí parece indudable, es que el chontaduro no fue para ellos un árbol totémico.

¿Comida para cerdos?

Varios investigadores se han dado a la tarea de estudiarlo para comprobar si tiene o no tantas bondades. Para Jaime Restrepo Osorio, Ph. D en Ciencias Químicas y docente de la Universidad del Valle, el chontaduro es una fuente de proteína comparable a un huevo de gallina, y en vitaminas equiparable a la zanahoria. Pero para los de la Universidad Nacional, sede de Medellín, que realizaron una investigación en San José del Palmar, al sur-occidente chocoano, entre los ríos San Juan y Cauca, donde se realiza el Festival Nacional del chontaduro, este fruto no aporta más de un 8% de proteínas. En cambio, sí tiene grasa y almidones.

Para Restrepo, “el chontaduro es una de las frutas del trópico que tiene mayor concentración de vitamina A”, un potente antioxidante. Además, contiene calcio, Omega 3 y 6, más una mezcla de aminoácidos, calorías y carbohidratos. “El consumo de chontaduro ayudaría a evitar procesos de envejecimiento acelerado, fortalecería el tejido óseo y ayudaría en buena medida a combatir enfermedades de tipo cardiovascular y de colesterol… También podrían prevenir las cardiopatías”.

Los investigadores de la U. Nacional le propusieron a la comunidad de San José del Palmar que más bien lo aprovecharan para el desarrollo de aceites y almidones, pero mejorando las condiciones de los cultivos, muy contaminados de aguas negras hoy. En estas condiciones ni siquiera es recomendable para alimentar cerdos, han dicho.

Más allá de estos resultados de investigación, el chontaduro continúa entronizado como un fruto exótico. Debido a lo arenoso de su contextura, a la poca superficie cultivada técnicamente, a las dificultades carreteables, al precio final, muchos lo comen esporádicamente, pero no es considerado todavía como un elemento de la dieta diaria.

Del lodo a la alta cocina

No hace mucho tiempo, el chontaduro vivía condenado a la indiferencia silvestre y sólo era utilizado como alimento para los cerdos. Los campesinos, limitados en su dieta y pasando hambre muchas veces, no lo consumían porque no lo veían como alimento para humanos, ni lo cultivaban pues era una pérdida de tiempo y de trabajo. Ante sus ojos, la palma se erguía estoica en el selvático paisaje. Los animales hacían fiesta, mientras los campesinos bostezaban. Muchas veces el chontaduro se pudría en los pantanos y lodazales, pues resultaba más costoso recogerlo.

Ante esta situación, las autoridades gubernamentales encargadas del agro y de la salud de la población, deberían trazar planes para desarrollar su cultivo, construir carreteras y estimular su consumo.

Todavía son muy pocos los que conocen y disfrutan la riqueza del chontaduro, pero realizan importantes esfuerzos por diversificar su presentación gastronómica en restaurantes y hoteles de alto rango, tratando de conquistar los paladares exquisitos y exigentes. De tal modo que no sólo podemos comerlo con sal y miel, en cascajos que nos ofrecen las platoneras de Cali, o en las chacitas de Medellín y Cartagena o Bogotá, sino que también lo podemos degustar en una crema de chontaduro con coco, en una cazuela de mariscos en salsa de chontaduro, como pasta que sirve de abrebocas para untar con galletas, en jugo, como chicha muy fría aderezada con canela, en sorbete, o como pastel de chontaduro con piña rallada, en torta… O como dice Javier Cardona: “con una combinación de limón, sal y miel desencadena una fiesta gustativa en el paladar de los vallunos”. En fin, en algo más de cuarenta recetas deliciosas, incluidas las de la llamada “dieta sexual”, para aquellos que siguen soñando con los milagros afrodisiacos.

Las formas de presentación irán enriqueciéndose a medida que lo conozcamos mejor y valoremos no sólo el fascinante legado de su historia ancestral, sino también sus beneficios.

Tomado de EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 87

elpeperiodico@gmail.com

NOTA: Este artículo es uno de los ejercicios desarrollados en el Taller de Reportería en Periodismo Cultural con el maestro Héctor Feliciano, organizado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, en Diciembre de 2009 en la ciudad de Cali, al cual asistió Ángel Galeano H.

Algunas fuentes consultadas:

1) Entrevistas con Jairo Pote Mosquera, Omar Vallecilla Cuero, Carlos Alberto Aristizábal, Cali, Valle, Diciembre 2009.

2) Consultas: Domesticación, cultivo y beneficio del chontaduro, Etnobotánica y folclore. Biblioteca Luis Ángel Arango (http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/putil1/util4a.htm)

3) El chontaduro, fuente alimenticia desconocida de alto valor nutricional, Lina Hernández Saavedra, Agencia AUPEC.

4) Jaime Restrepo Osorio, Ph. D en Ciencias Químicas y docente de la Universidad del Valle, jarestre@univalle.edu.co

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