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Archive for 26 marzo 2010

Conocimos a Gustavo Esmoris en la Biblioteca Nacional de Uruguay, en Montevideo. Nos compartió su novela Un viejo octubre roto, con la cual ganó el premio de narrativa en el Concurso Literario Municipal en Montevideo en el 2005. Nos concedió la siguiente entrevista que con gusto entregamos a nuestros lectores. Actualmente Gustavo Esmoris colabora como  corresponsal de EL PEQUEÑO PERIÓDICO en Uruguay.

Por Ángel Galeano H.

 

¿De qué trata la novela, Gustavo?

Escritor uruguayo

Gustavo Esmoris, autor de la novela "Un viejo octubre roto"

La novela tiene elementos fantásticos, básicamente es un viaje que hace el protagonista para llevar una carta y… bueno, a partir de esa peripecia se van sucediendo distintas historias que tienen la particularidad de que no se sabe si lo está soñando o está sucediendo realmente. El personaje puede trasladarse en el tiempo. Esto es lo más significativo.

¿Alguna relación con vivencias personales?

Sí, tiene elementos biográficos, sobre todo del barrio del Museo donde yo crecí. Por supuesto que algunos personajes responden a personajes que he conocido. Los escritores sabemos que los personajes son un poco armados de pedazos…

Hablas del barrio, ¿cómo es un barrio en Montevideo?

Es una zona bien definida de la ciudad, con una identidad propia en el cual sus habitantes tienen un montón de características en común. Por ejemplo: su cuadro de fútbol. En este caso Huracán Buceo. Nuestro barrio siendo costero, junto a una de las playas de Montevideo, sin embargo tenía fábricas, era una zona fabril. Era una cosa extraña en Montevideo ya es una zona de clase media alta y residencias. Eso se ha perdido, en Buceo hoy las fábricas están desapareciendo, se ha transformado un poco y ha perdido ese perfil que tenía cuando yo crecí, cuando yo era niño. En el barrio hay también rivalidad muchas veces.

Háblanos de tu barrio, ¿cuántos años viviste en ese barrio?

Prácticamente toda mi vida. Me mudé ahora, hace pocos años. Es un barrio que me marcó en todo sentido. En Montevideo la gente es muy de su barrio. La fábrica de vidrio, Cristalería Uruguay que era la fábrica más importante del barrio y cuando estaba en huelga, ocupada por los obreros, todo el mundo en el barrio colaboraba con alimentos…

¿Hay algo de esto en la novela?

Sí, claro lo vas a encontrar. Es una novela que tiene mucho que ver con el periodo dictatorial, vas a ver mucho de la represión que hubo en Uruguay.

¿De dónde salió esa labor exigente y delicada de escribir?

Uno nunca sabe. Escribir es una necesidad. No es que uno se lo planteé, que diga bueno voy a escribir. No, es algo que entra en tu vida como una necesidad creciente y llega un momento en que lo asumís, decís quiero ser escritor. Yo publiqué primero poesía, si alguien me conoce acá en este país como escritor soy más conocido como poeta que como narrador. Con el premio y ahora otra novela inédita que presenté a un concurso y obtuvo la primera mención en el 2009, me he hecho un poco más conocido. Creo que me definiría como un poeta que hace narrativa.

Stevenson dice que la poesía se pone a prueba en la prosa

Sí, porque cuando pasas a la vereda narrativa tenés que encontrar el equilibrio, para que no sea prosa poética justamente. Cuando se encuentra ese equilibrio uno siente que maduró como escritor.

De tu poesía, cuál te ha sacudido más

Ayer justamente estuve en un liceo de Toledo, una ciudad pequeña a 22 kilómetros de Montevideo, me invitaron a leer para alumnos del tercer año, tienen 14 años de edad, leí unos cuantos poemas y me preguntaban eso mismo, ¿cuál era el poema que más me movía? Yo les decía que es difícil, que los libros, sean poesía o narrativa, son muy parecidos a los hijos porque es muy difícil decir quiero más a éste que a aquél. Claro que hay algunos poemas que me gustan, por ejemplo hay un poema que se llama La mujer de humo, que ha sido muy estudiado, muy leído. Es un poema cortito, hace parte de un libro inédito, fue publicado en antología. Después un poema que se llama Senda que va a hacer parte de un performance, una instalación ciudadana digamos que va a estar por todo Montevideo, eligieron 15 poemas y mi poema Senda es uno de ellos.

¿Pero sigue escribiendo poesía?

Sí, publiqué tres libros: Detrás de la noche (1992), Calles vacías (1998), y Adyacencias (2002), que fue lo último que publiqué en poesía. He estado en muchas publicaciones colectivas, revistas de aquí y en Estados Unidos, en español,

¿Cuando publicaste Detrás de la noche, qué hacías en ese tiempo?

Estaba muy metido en el tema de militancia sindical, era militante del Sindicato Bancario. No tenía mucho tiempo para escribir,

Protesta obrera en Montevideo

pero en ese tiempo hice un clik en mi vida, me desencanté un poco de esa militancia, me desenganché y quedé un poco a la intemperie… La escritura era un debe que tenía… y dije ahora vamos a probar.

¿En qué banco trabajabas?

En el Banco Comercial de Montevideo que fue uno de los bancos que cayó en la crisis del 2002. Me quedé sin ese empleo. Tuve que salir a hacer lo que fuera, trabajé de albañil, estafeta en una imprenta, y bueno ahora más o menos me estoy encauzando haciendo correcciones de estilo para una editorial española y una uruguaya. Vivo de manera muy austera pero ahí voy saliendo.

¿Ese salto de la poesía a la novela no te costó mucho trabajo?

Me costó más que nada comprender los códigos. Eso me llevó un tiempito tuve mucho intento por acierto y error que no me sentía conforme, lo desechaba hasta que llegó un momento en que empecé a entender, ayudado también por otros escritores amigos que me dieron consejos, entre ellos Lauro Maraudas, escritor uruguayo bastante conocido y que compartió conmigo la infancia porque fuimos compañeros de escuela primaria. Ahora me siento cómodo haciendo poesía como narrativa. Hago algo de periodismo cultural también, en un semanario que se llamaba Voces del Frente y ahora se llama Voces. Hago un poco de crítica literaria, abriendo espacio a la literatura uruguaya porque, no sé si pasa en Colombia también, pero tenemos un problema grande en Uruguay y es que los escritores uruguayos no llegamos al lector, estamos tapados por las transnacionales que traen a autores extranjeros… Hace poco tuvimos el primer congreso de escritores y tratamos esos temas. Hacía  por lo menos 30 años no se hacía algo así. Es algo muy positivo. Y creo que coincide un poco con la ilusión de este gobierno de izquierda que le ha dado acento bastante importante a todo lo cultural cosa que antes no se le daba ninguna importancia. Lo convocó el Ministerio de Educación y Cultura, la Biblioteca Nacional, la Casa del Escritor, entre otros.

¿Cuál era el tema vertebral de ese Encuentro?

Hubo muchas ponencias, pero por ejemplo el papel del escritor en la comunicación con el lector, se habló de narrativa joven, de poesía joven, de los derechos del escritor… Que el escritor sea lo más profesional posible y que ojalá llegue a tener una pensión para poder dedicarse a escribir. El director de la Biblioteca Nacional, Tomás de Mattos, es un escritor importante que escribió la novela Bernabé Bernabé, y otras novelas, él decía que por ejemplo no puede ser posible que un escritor tenga que trabajar ocho horas por un sueldo de hambre y después es muy difícil llegar a su casa y que tenga tiempo, ganas y ánimo como para ponerse a escribir…

¿Invitados extranjeros en el Encuentro?

No, éramos sólo uruguayos. En la Feria Internacional del Libro, a mediados de septiembre, sí hubo invitados. En esa Feria fue que entregaron el Premio al Concurso Municipal y ahí fue que saqué la primer mención, con la novela Ciudad bandera.

¿Qué significa para ti ganarse un premio?

Es un impulso para seguir adelante escribiendo, sirve para vencer un poco ese desánimo que a veces te gana justamente por esa dificultad para publicar y establecer esa comunicación con el lector. Vencer ese anonimato, uno lo que busca no es hacerse célebre sino que lo lean.

¿Qué es la fama?

No, la fama en Uruguay para un escritor es bien difícil  Mira, yo hacía un análisis de la obra de un escritor uruguayo que vive en Estados Unidos llamado Jorge Manfud, y lo hice para la Biblioteca Cervantes, y yo escribía esa nota en esa biblioteca virtual: que ser escritor en Uruguay no es una forma de vida, sino un estilo de vida. Creo que eso define todo. Uno es escritor pero no es para ganarse la vida con eso, sino para comunicarse con los demás.

Déjame leer el primer párafo…

“Es un espacio cerrado, opaco, casi hermético, que obliga a abrir los ojos a una quietud de piedra, apenas esbozada más allá del apagado cristal; un lugar de contornos cegados, decidido a cortar la noche con su afilado sonido metálico”

 

Y también el final:

“Inés será, a partir de este instante, un nombre traído por el viento. Pero siempre habrá una puerta, se abrirá como todas las puertas, alguien vendrá a través de ella.

Las brújulas, por su parte, seguirán intactas en un cajón, como muda esperanza de un punto cardinal clandestino y posible, cada vez más lejano, a mis espaldas”.

 

El protagonista atraviesa puertas que lo llevan  al destiempo… ¿Es donde se confunde la ficciòn?

Ahí aparece lo fantástico.

¿Lo fantástico como irreal?

No, el lector tiene la libertad de pensar que puede ser un sueño, una alucinación, un delirio.

¿Lo que sucede, así sea un sueño, en la cotidianidad es posiblemente real?

Para el personaje sí.

¿Alguna dificultad para crear el personaje tanto en un campo como en el otro?

No, es una novela que la medité mucho y salió bastante fluida.

¿Hiciste un plan previo?

Yo tengo un método, algo parecido a lo hacía Onetti, pero para mí fue una necesidad y no que lo haya tomado de alguien, y es el siguiente: tengo que saber el final. Debo tener claro el final. Lo comparo con lo que es una partida de ajedrez, un juego que me gusta mucho. El ajedrez cuando se estudia se empieza por los finales. Porque no tiene ningún sentido jugar una partida si no sabes a dónde vas. O sino termino navegando a ciegas.

¿Escribes cuentos? ¿También los planeas así?

Sí, escribo cuentos pero no los planeo de esa forma, en el cuento me doy otra libertad. Pero en la novela si debo saber el final o sino naufrago.

¿Y la poesía?

No, la poesía es libertad absoluta. Después mucha corrección. La libertad es elemento puro, no tiene porqué contar nada, puede ser hermética, cifrada, no hay regla. Puede haber información pero ésta viene de adentro.

¿Qué más autores hay en Uruguay, además de Onetti, Benedetti, Galeano…?

Uruguay tiene muchos escritores para tan poca población y para ser un país bastante empobrecido también, tiene muchos escritores. Te nombraría algunos: Tomás de Mattos, Mario Delgado Baraín, Mauricio Rosencón, Claudia Mengual, que ha tenido premios a nivel internacional;  en poesía tenemos en Tacuarembó a Circe Maya, una de las mejores poetas ..

¿Qué hacía Gustavo Esmoris cuando se inicia la dictadura?

Formalmente la dictadura empieza en 1973, pero en realidad comenzó mucho antes porque una dictadura no se mide por la forma jurídica sino en cómo se distribuye el terror por parte del Estado.  Mucho antes, en el año 68 había estudiantes muertos, obreros torturados, había presos políticos, es decir que la dictadura empieza con lo nosotros llamamos el “cache cato”, que es el gobierno semi-dictatorial de Jorge Pacheco Arenas. Yo era un niño en esa época, en 1973 yo tenía 12 años. La dictadura terminó en 1984 y tampoco termina ahí exactamente, porque por ejemplo el gobierno que siguió que era un gobierno de derecha le dio la amnistía a los militares. Entonces, ¿hasta qué punto se puede decir que es una democracia?

Angel Galeano H.

Montevideo, octubre 22 de 2009

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Viaje a la tierra de Mario Benedetti

Ángel Galeano Higua

Los que leímos a Mario Benedetti al fragor de las luchas estudiantiles de los años 70, recordamos Inventario, su poema con que nos animábamos en las refriegas. “Compañera usted sabe que puede contar conmigo…”. Lo cargábamos en el bolsillo y compartíamos fragmentos copiados en papelitos. “Es tan lindo saber que usted existe. Uno se siente vivo…”. La figura de Benedetti se prendió en nosotros como una antorcha. Por eso, cuando mi hija Bárbara anunció su viaje a Montevideo para asistir a un evento internacional sobre museos de hispanoamérica, también hicimos maletas.

De esa breve y reconfortante visita a la República Oriental del Uruguay tengo algunos apuntes sobre la figura del poeta para los lectores de EL PEQUEÑO PERIÓDICO.

Infancia

Mario Benedetti heredó de Brenno, su padre, la ingenuidad, es decir, su casi ciega confianza en los demás, su honestidad y humildad. Vivían en Paso de los Toros, Tacuarembó. Su padre era químico y soñaba con tener una farmacia. La oportunidad se presentó cierto día y entusiasmado se lanzó a acordar el negocio: vio las cajitas y las creyó. Luego firmó y se endeudó, pero valía la pena. Sólo que en el mundo de los negocios la inocencia, la ingenuidad, cuestan caro. Al no haber hecho ningún tipo de inventario en el momento de cerrar el trato, cuando volvió para tomar posesión de la tal farmacia, descubrió que había comprado una hilera de cajitas de cartón vacías.

En palabras de Ariel Silva, de la recién creada Fundación Benedetti con quien me entrevisté: “Ni siquiera había más cajitas para atrás. Fue un desastre. Pero el padre de Mario no se declaró en quiebra, de ninguna manera, dijo, voy a pagarle a esta gente como pueda. Cuando Mario tenía cuatro años la familia se mudó a Montevideo pero la situación económica obligó a Matilde, su madre, a desplegar toda su habilidad manual: hacía vestidos para niños, muñecos… El padre buscaba un empleo público, porque en cualquier puesto privado que consiguiera le embargaban el sueldo. Así que apartaba primero para pagar la deuda y el resto para alimentar a su familia. Vivían en una casita de un barrio alejado, con techo de zinc, muy precaria. Hay un poema en el que Mario cuenta esa etapa de su vida, dice que a pesar de que se tapaba con una colcha de retazos y sentía cómo sonaba la lluvia en la chapa de zinc, nunca se sintió tan protegido como en esos momentos”.

Más infancia

El padre de Mario admiraba la formación científica de los alemanes y buscó la forma de matricular a su hijo en el Colegio Alemán. Así, una tarde el niño llegó contento como siempre y saludó a sus padres que lo aguardaban. Les contó que desde la semana siguiente debían empezar a saludar levantando el brazo derecho y diciendo ¡Jei! Era el saludo nazi. Los padres se miraron alarmados. Hijo, asistirás la semana próxima, que es lo que falta para que termines la primaria, pero no volverás más a ese colegio. El niño quedó sorprendido, le dolía no volver a ver más a sus compañeros, pero con varios de ellos se siguió viendo.

Ariel Silva cuenta que “Mario aprendió a hablar perfectamente el alemán. De hecho él fue el primero que tradujo a Kafka al español en el Río de la Plata. También aprendió la disciplina y la puntualidad y protestaba si alguien incumplía. Estaba en el grupo de niños que no eran hijos de alemanes. Mario contaba que él escribió un poema en alemán para un concurso que hicieron,  lo presentó pero la maestra terminó llamando al padre para decirle que cómo se le ocurría hacerle la tarea del hijo. ¿Pero cómo?, respondió el padre, él es quien sabe alemán, no yo”.

Niño lector escritor

Mario decía, “No recuerdo cuándo aprendí a leer, pero al llegar al colegio de repente veía que había leído muchísimo”. El padre le compraba libros y le ponía una regla, o sino se quedaba leyendo toda la noche. Le decía: vas a leer veinte centímetros de página. Entonces Mario leía muchas veces esos veinte centímetros para que no apagaran la luz. De esa manera leyó a Julio Verne, Salgari, Dumas…

“Mario sacaba un diarito, cuenta Ariel, lo escribía a máquina con papel carbón para hacer varios ejemplares y se ponía en la puerta de la casa a venderlo con noticias del barrio. Ya tenía una vocación periodística de niño”. Como se sabe Benedetti escribió en el semanario Marcha, del cual llegó a dirigir la página literaria. Ese semanario literario fue cerrado por la dictadura uruguaya por un concurso de cuento en que se premió un escrito que la censura no quería. En ese suceso estuvo implicado Juan Carlos Onetti que terminó en la cárcel. Benedetti también escribió para El País, de España, y muchas otros periódicos y revistas de varios países.

Mario sólo estudió hasta tercero de la secundaria en el Colegio Miranda, luego toda su formación fue autodidacta. Trabajó desde los 15 años en diversos lugares.

Publicó varias revistas literarias como Marginalia, e intervino en la Revista Número, con la gente de la Generación del 45: Idea Vilariño, Antonio Claps, Carlos Martínez Moreno, Emir Rodríguez Monegal, Sarandy Cabrera, quienes hacen un trabajo de vanguardia…  Un hito que marcó a esta generación fue la Revolución Cubana, de la cual Mario dijo: “Es la primera vez que el socialismo habla en español”. Sin embargo su simpatía fue crítica, era enemigo de copiar el sistema cubano para implantarlo en  Uruguay. Fue el fundador del Departamento de Investigación Literaria en Casa de las Américas.

Después del fracaso

De sus primeros siete libros no vendió ni un ejemplar. Carlos Quijano, el director de Marcha, lo llamó un día y le dijo que si quería publicar alguno de sus Poemas de la Oficina, libro con que enriqueció el llamado “coloquialismo lírico” corriente que cultivó antes el argentino Baldomero Fernández Moreno, a quien Mario tanto admiraba, y el chileno Nicanor Parra: “Yo quiero escribir así, con las palabras cotidianas”. Una vez que fueron publicados sus poemas en Marcha, los lectores se entusiasmaron y se empezaron a vender, no sólo Poemas de la Oficina, sino los siete anteriores.

 

Poemas que salvan

La juventud pasaba los poemas de Benedetti de mano en mano con devoción. En cierta ocasión, un muchacho preparó todo para su partida definitiva. Vivir no valía la pena, ésa era su conclusión última luego de pasar revista a sus cotidianos percances. Nadie era culpable ni responsable de su decisión y para despejar cualquier duda escribió una carta de despedida que dejaría sobre la cama a la vista de todos. Ningún detalle quedaba suelto. Hasta la ropa que vestiría en el momento de colgarse la escogió con esmero. Lo mismo la hora exacta en que echaría al vuelo su cuerpo. Miró el reloj y como todavía tenía tiempo salió a dar una última vuelta por las calles de la Ciudad Vieja y tomarse un café. Se hallaba frente a su bebida cuando entró un amigo. Te veo algo pensativo, ¿qué te pasa? Nada, nunca había estado tan bien como ahora, respondió. No sé, te veo como preocupado… Te digo que no me pasa nada. Bueno, en todo caso ahí te dejo este libro a ver si te animas. Y se marchó. Era Inventario. Empezó a leerlo sin ganas, pero cuando menos lo pensó estaba sumergido en el libro, cautivado por la ternura y el amor con que sentía que el poeta le hablaba de la vida. Regresó a casa y desmontó su patíbulo, rasgó la carta, se recostó en la cama y siguió leyendo hasta quedarse dormido.

Desde la esquina

Ariel recuerda que “Hace unos tres años, cuando vino el presidente Bush a Montevideo, a quien Mario le tenía alergia; “Mis alergias son pocas pero respetables: a la nuez, a las polvaredas, a las deslealtades, a la hipocresía, al presidente Bush”. Se organizó una marcha de protesta en la cual Mario, debido a su edad, no podía participar. Pero él insisitó en estar presente, de tal forma que nos paramos en la Avenida 18 de julio, esquina de la calle Zelmar Michelini a aplaudir la marcha. La multitud pasaba con banderas y cantos y arengas patrióticas contra el visitante indeseado. Que Bush pisara Uruguay era una afrenta. Mario Benedetti con sus más de ochenta años encima quería estar presente y apenas tuvo fuerzas para salir y pararse en la esquina a aplaudir a ese pueblo que pasaba entusiasta. Pero algunos lo reconocieron y empezaron a acercarse: Mario, Mario, hola un gusto de verlo acá. Y empezaron a sacarse fotos con el celular y a venir, bueno, yo lo abrazo y tomáme una foto. Y empezaron a cruzar a una librería a comprar libros: Mario una firma… y la gente empezó a traerle un cuaderno, dáme una firma Mario, un autógrafo… Y se formó una segunda marcha haciendo cola para hablar con Mario. Él quedó asombrado de ver que la gente venía hacia él y dijo ya basta, basta, lo último que quiero es que la marcha se detenga por mí, al contrario… Entonces nos dimos vuelta y fuimos para la casa”.

Debido a la dictadura que ensangrentó a Uruguay, Mario Benedetti fue uno de los que tuvo que exiliarse. La historia de su vida corre paralela a la de su obra. Honesta y sincera. Sin  tapujos. Con este brevísimo escrito lo que he querido es rendir un homenaje a su memoria y a su pueblo que ha sabido sobreponerse a la noche oscura de la dictadura y que hoy construye una democracia sin dudas, celosa de su soberanía. Decirle agradecido a Uruguay, parafraseando a Benedetti: “Es tan lindo saber que usted existe”. Que es también una forma de decírselo a él mismo, que continúa vivo a través de sus cuentos, sus novelas y sus poemas.

Publicado en EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 86

Medellín, Colombia

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