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Archive for 12 enero 2010

Por Ángel Galeano Higua

Juego creativo

María Clara Villa, con el barro moldea sus sueños

“A veces pienso con las manos, creo que mi alma está el ellas cuando trabajo”, mientras María Clara Villa dice esto, va jugando con una “peya” de arcilla que luego pone sobre el torno. Lo que sigue es pura prestidigitación. Mil figuras aparecen y desaparecen con el solo movimiento de sus manos, de sus dedos, que en nada se diferencian de las de un pianista que toca una sinfonía. Hasta su mirada refulge. Mujer y barro se hacen una sola magia. Al verla uno vuelve a ser niño y quiere jugar también a la creación.

“Trabajar con el barro es un juego, me dice, porque produce la alegría de hacer y deshacer las cosas sin que haya un compromiso más que el del disfrute. No sé cuándo termina. No gano ni pierdo, sino que escojo con qué me quedó, aunque no siempre quedo contenta, pero me queda la opción de volver a empezar a jugar… Tanto el resultado como el proceso forman una unidad. Nada es más importante… Lo más importante no existe”.

Con ella, el barro que adquiere vida, luego el horno lo perpetúa.

  El proceso de integrar

La arcilla, el agua, el fuego, los pigmentos, el torno, las herramientas, giran alrededor de la fuerza centrífuga de sus manos. Están ahí pero sólo adquieren razón de ser cuando son tocados por las manos de María Clara Villa. ¿Y los pies? ¿Has trabajado el barro con los pies? “He puesto mis pies en arcilla, me encanta trabajar con ellos, creo que sí podría hacer una vasija, se me ocurre un lavapatas, con huellas de mi dedo gordo y el talón o los dos pies junticos formando un recipiente”.

Como en todo acto creativo la gracia está en saber integrar lo que aparece disperso. Enhebrar las cosas al hilo espíritual del artista, fundar un nuevo mundo que antes no estaba: vasija, pájaro, flor…  Hasta intentar un árbol, como quiso al principio, pero se le rajaba y no pudo darle forma, entonces lo dejó abandonado en el jardín donde se derritió con la primera lluvia. “Empecé a leer y a estudiar cada vez que se me rajaba una cosa y a intentarla, volví a tomar clases de cerámica con la profesora Beatriz Piek, fui a Alemania donde aprendí a trabajar en torno, llevé mis piezas y mi trabajo hecho en fotografías y el profesor que me recibió, me recomendó que no volviera a construir porque se veía que me faltaba conocer el torno… El profesor se reía porque yo le decía: nada de torno, nada mecánico, a mí no me gusta repetir… Ahora yo me río de mis alumnas, porque uno cree que esto lo hace la máquina y no es así, ahora sé que es la máquina y uno”.

Amor y conocimiento

Platos que armonizan con el gusto de tomar los alimentos

Antes hacía grabado, dibujo y había estudiado diseño en la Universidad Pontificia Bolivariana. “Pero cuando toqué el barro seriamente me enamoré… Tú no tienes la pieza si el conocimiento y el amor no están detrás. Puedes tener todo, pero sin ello es imposible. Hay aque trabajar todos los días. Cada vez que encendemos el horno hay algo nuevo metido en él”.

Para María Clara no hay rutina, no hay repetición idéntica: “Partimos de hacer la pasta de arcilla, obtener los colores, no compramos todo, lo hacemos, eso marca la diferencia. No sólo logramos un color para una pieza, sino que podemos bañarla, chorrear, trabajar con más holgura esos materiales, conocer cómo actúa el feldespato, el caolín, el cuarzo, en la cerámica, cómo hacer un esmalte, un engobe, a qué temperatura se dan mejores resultados. Hay que experimentar sin descanso”.

Si algo le enseña son las clases diarias en su taller ubicado en el oriente de Envigado. Cuando las alumnas  (la mayoría son mujeres) sueñan un rojo o “un verdecito especial”, ella se pone en la tarea de investigarlo porque el conocimiento está alimentado por la curiosidad. En la cerámica el fuego pone todo en su lugar. “En ese momento de la verdad yo no tengo la solución a muchas necesidades de mis alumnas y tengo que estudiar, pero es tan rico que a veces creo que les debería pagar a ellas”.

Arte útil, “arte olvidado”

“Lo que más me gusta es que mis piezas sean usadas, que presten un servicio. Siempre ha habido una disputa ente el arte y la artesanía, y más con la cerámica que a veces piensan que es el arte olvidado. Algunos dicen que como presta una utilidad entonces es artesanía. No sabría la frontera y me encanta no tenerla. Se tiene esa connotación y más en una ciudad como la nuestra, que el que hace un arte se tiene que renovar, mejorar, modificar, no puede repetirse y si es repetitivo debe reconocerse su sello… y a mí no me interesa discutir eso. Eso se da solo. Lo importante es que brote de mi interior”.

“Mi trabajo va a ser usado, lavado, relavado, tomado en él el café, la ensalada, eso es lo que más me apasiona. Que esté expuesto y que sea decorativo, pero que alguien lo utilice. El reconocimiento es importante, pero ver que la gente se enamora de esas piezas para usarlas, es maravilloso”.

Familia de artistas

María Clara Villa nació en una familia de artistas. “Mi mamá era pintora. Desde niña la vi en la casa pintando, disfrutando de su pintura y sin ser ni bohemia ni lejana al hogar… Era una mujer lindísima, que muchos creían que era mi hermana … Mi hermana, que ya murió, pintaba hermoso. Mi hermano Fernando es escultor y pintor fabuloso. Tengo otro hermano que se llama Alejandro que no pinta, no baila, pero tiene el corazón más grande. Las hermanas de mi mamá pintan todas”.

¿Si no fueras ceramista qué serías? “Me encantaría ser restauradora de arte O guardabosques, o cogenaranjas, o cazamariposas.  Sumar y restar me ofusca, me ofende, no quiero gastar mis neuronas en eso”.

¿Qué planes tienes? Salud para seguir trabajando en lo que me gusta. Salud y fuerza para poder levantarme cada mañana… Necesito manos, o sino con los pies, como hace una mujer en un pueblo cercano a Lorica, al lado de Momil, que tornea con los pies, se sienta en el piso y con los pies juega con la arcilla.

¿Te sientes libre? La cerámica me da toda la libertad de expresarme como yo quiero, a la velocidad que yo quiero… No me gusta salir de aquí, hasta para lo más rico del mundo siempre encuentro una disculpa. Tengo que decirle a la gente “acuérdese que yo voy a decir que no”.

María Clara Villa, fuerza y belleza en su taller

¿Un momento difícil? “Cuando tuve a mis hijos hice un hermoso paro voluntario, me convertí en madre por escogencia, lo difícil fue volver a arrancar. Por la disciplina, la concentración… y sobre todo cuando hice el intento de salir a emplearme, fue satisfactorio para varias cosas, pero me sentía “inadecuada” con el mundo. Además me cuesta mucho trabajo aceptar las imposiciones”.

¿Has sido discriminada por ser mujer? “Para nada. Al contrario, ha sido una ventaja. En la cerámica se nota la impresión femenina y no me ha faltado la fuerza, nunca me he sentido apartada. Es más fácil que discriminen a un hombre en este trabajo con el barro. Al hombre le van a decir que es alfarero, a mí ceramista”.

¿Cómo ves el panorama de la cerámica? “Está resucitando. No es que estuviera muerta, pero ha pasado por muchos altibajos. En las galerías no tienen a la cerámica como arte, en los museos un poco. Hoy se están replanteando trabajos como los de Anita Rivas, José Ignacio Vélez o Pablo Jaramillo, que han luchado desde su buen trabajo para que a la cerámica se le reconozca  un elevado puesto.

Medellín, Nov. 23 de 2009

Publicado en EL PEQUEÑO PERIÓDICO, Edición 86

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