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Archive for 27 julio 2009

Por Nubia A. Mesa G.

 Mariposa, maga, margarita, Marga. Cualquier palabra de estas puede definirla. Ella ha hecho del asombro su mejor manera de beberse el universo. Sí, el universo. Puede abarcarlo con sus brazos en las largas caminatas por el campo, cuando se detiene a contar los guayacanes. Cuando escucha a los niños jugando a las promesas. Cuando desde el patio de su casa en la Vereda el Tambo, en La Ceja, mira las estrellas en la compañía de Juan de Ovalle, su “amor pluscuamperfecto”.

 Marga López Díaz, poeta, está vestida de amarillo y rojo como la llama más encendida. Su cabello sobre los hombros parece avivar ese fuego y el arco iris de sus medias acrecienta la luz que ella irradia. Habla y mueve las manos con tal ritmo, que da la sensación de que en cualquier momento puede volar.

 Mezcla las ideas y logra urdir una trama para encadenarlas luego: que quiere hacerle poemas a Bárbara Caballero, la de la Marquesa de Yolombó, o a la esposa de Einstein, o a la primera mujer que subió al Aconcagua…, que siempre tendrá 8 años porque la vida hay que disfrutarla desde el juego…, que uno envejece por imitación…, que tiene una abuela de 20 años y un hijo de 80…, que se ha casado ocho veces por distintos rituales con Juan de Ovalle…, y que por estos días se llama Juanita de los Guayacanes del Sol.

El tambo

En su casa, una construcción que tiene más de cien años, Marga escribe, ama, recuerda y planea. Organiza su trabajo de promoción de lectura y escritura con los niños del municipio de El Retiro a través de la Corporación Educativa Rural: Laboratorio del espíritu. Traza la estrategia para el próximo contacto con las madres comunitarias de Cali en un proyecto de capacitación con la Fundación Carvajal.  Imagina lo que será el próximo taller para los “encarretados” con la literatura que asisten a los encuentros de la Escuela de Filosofía Poética, Aluna, que ella misma creó.

 Allí, en esa casa de paredes blancas y puertas y ventanas azules la acompañan unos viejos amigos: la Urbanidad de Manuel Antonio Carreño, la cartilla Alegría de Leer, Nociones de Fisiología de M. Forster, La Historia Sagrada y un compendio de biología. También Cortázar, Borges, Neruda y Gabriela Mistral. Algunos descansan en los anaqueles que cubren las paredes y otros están por ahí, en la cama, en las sillas, en el tocador, en fragmentos de sus escritos colocados sobre los espejos.

Volver a los orígenes

Marga, la hija de Emiliano y Rosa Emilia, dice que tuvo una infancia feliz en el campo. Su padre, tenor lírico, y su abuelo materno, amante de la copla y los relatos, le sembraron la semilla de la poesía y, por eso, desde que cursaba el grado octavo en el colegio El Carmelo, de Medellín, empezó a escribir. De eso hace más de 40 años durante los cuales ella se ha dedicado a la docencia y al periodismo. Esto le ha valido reconocimientos como el Grado Summa Cum Laude de la Universidad de Oxford, mención de honor en el Concurso Internacional de Poesía Xicoalt en Salzburgo, y mención especial en el concurso Internacional de Poesía Revista Aldea Poética de Madrid.

 Pero para Marga el mayor honor es recibir las sonrisas de los niños de las veredas La Amapola, Pantanillo, Lejos del Nido, Tabacal…, y leer lo que escriben sobre la torre Eiffel, el Everest o las Cataratas del Niágara, lugares que conocen a través de los Talleres de la Ensoñación que ella propicia. En este trabajo es cómplice de Gloria Bermúdez, una bibliotecóloga que ha puesto todo su empeño en hacer felices a los niños de El Retiro proporcionándoles los medios para que puedan soñar y reconocerse. “Me interesa que los niños tengan un goce de su tierra”, afirma, y agrega que si pudiera hacer cine lo haría con los temas de nuestra mitología:

“Ati Naboba

la laguna sagrada de los arhuacos

se comunica con su hermana Guatavita

por un pasadizo de hipogeos morados…

“…A ti

la diosa hierbabuena

guía el fluido de la nube

y sabe

toda llamada de agua

desde galaxias…”

Así canta la poeta en su libro Murumsama publicado en el 2005, donde cuenta historias de personajes mitológicos y de otros, de carne y hueso, que habitan en su entorno y a quienes mira con asombro, compasión y dulzura, a quienes enfrenta con el lenguaje transfigurado de la poesía, e inmortaliza en cuadros que reflejan sus tragedias o alegrías:

“…Y Mónica tiene en los brazos al hijo

como para irse por él

y lo mira ya ida

sentada, vencida,

con un pavor de cierva espantada

en un rincón de la cama

y lo abraza por última vez

y lo desprende de su pecho

y lo encomienda a la madre

para que lo cuide bien

y sale

en ropa de dormir

y descalza

por la calle de siempre

y de nunca

baja

a la muerte.

Son fragmentos de poesía, fragmentos de una vida dedicada a las palabras, pequeñas pinceladas para retratar a un ser múltiple que cree en el amor, aunque éste ya se haya ido, aunque no sea correspondido o aunque lo haya imaginado. Por eso, estar al lado de Marga es como subirse a un carrusel que en cada giro te muestra un paisaje diferente, es dejarse asombrar, es como disfrutar una noche estrellada, porque ésta “es el primer acto poético de la humanidad”.

nubia_mesag@hotmail.com

Publicado en EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 84, Medellín, Mayo de 2009

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