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Archive for 23 enero 2009

Nace en Medellín el Grupo Literario “El aprendiz de brujo”. El siguiente texto es la presentación del libro en ciernes del nuevo grupo.

Adiós y buenos días

  

Ángel Galeano H.

 

En el tributo que Auden rinde a Stravinsky dice algo que para nuestro caso tiene la claridad de un faro, pues establece la diferencia entre la artesanía y el arte. Dice que, el carpintero, por ejemplo, cuando empieza su trabajo sabe exactamente lo que quiere, mientras que el artista no lo sabe sino cuando lo ha hecho. Este axioma se aplica con creces a los 16 textos que conforman este “primer conjuro”.

Pero, claro está, sin pretender la insensata autoproclamación de artistas, sí echamos mano de esas palabras del ensayista inglés como si fueran una brújula en nuestro propio mar picado. Es difícil mantener el rumbo, y los autores de este primer atrevimiento lo saben muy bien, porque en el fondo se trata de iniciar una demolición de los prejuicios con los que hemos sido educados desde antes de nacer, formados, alimentados, corrompidos, empobrecidos, castrados, encasillados…

Desde el primero hasta el último renglón de estos textos producidos durante varios años, leídos una y otra vez en la soledad de cada uno, o en voz alta y en las sesiones, corregidos, pulidos, criticados sin contemplaciones en las tertulias semanales, dan testimonio de esa lucha individual y solitaria, buscando sin piedad y sin tregua, lo excelso.

No sabría decir cuántos pasaron por este puerto que significaron las sesiones durante los casi 10 años que duró el programa Jornadas de Literatura de Comfama, pero no todos tenían las agallas suficientes para soportar semejante ritmo. Podría detallar la intensidad y la devoción que los autores de este libro fueron imprimiéndole a cada renglón, a cada frase. Pero esas honduras llenas de ansiedad y frustraciones, interrogantes y dudas punzantes, sólo las conoce cada uno de ellos. Yo apenas puedo dar fe de su persistencia, de su inmenso deseo de aprender a leer escribiendo historias, y a escribir leyendo las escritas por los grandes maestros. Apenas puedo decir que he sido testigo del sacrificio y esfuerzo callados de este puñado de soñadores.

Mientras se imponían la algarabía y las fiestas artificiales en una sociedad corroída por el consumismo y la banalidad, estos “aprendices de brujo” llegaban cada semana, puntuales, con su escrito oculto en uno de los bolsillos de su alma, cargando en el semblante el cansancio de un día difícil, e iban conectándose a esa magia de la conversación y la lectura, por obra y gracia de ese encuentro en la tertulia, y al final se marchaban sonrientes, con la mirada recargada de nuevos alientos.

Todos nos beneficiamos, pero reclamo para mí el mayor de los privilegios, pues los recibí a todos desde la primera sesión y los fui conociendo uno a uno, más allá de la superficie, sospechando las profundidades de su alma donde se libraban las más elevadas y portentosas batallas.

¡Qué hermoso ha sido haber participado en este libro que no nos propusimos hacer. Este primer conjuro hecho de palabras que sólo al final calamos como el mejor regalo que podíamos darnos a nosotros mismos. Un regalo de despedida de un programa maravilloso, y un regalo de bienvenida a un nuevo camino que nos sonríe henchido de enigmas y desafíos, y ante el cual, de todos modos, tendremos que batirnos solos. Como al comienzo.

 

Medellín, Dic. 2008

 

 

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