Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 29 diciembre 2008

Por Ramón López Gómez

 

Ama la tierra en que naciste

Juanes

 

 

Enclavada en la Cordillera Central, al norte del Valle, se encuentra Sevilla, otrora Capital Cafetera de Colombia. Fundada por Heraclio, un hijo de Rafael Uribe Uribe, debió cambiar su apelativo por el de Balcón del Valle, debido a la crisis del cultivo de la rubiácea y al auge del turismo en esta zona del país. Lo de Balcón resulta más adecuado porque sus montañas la convierten en un mirador hacia la planicie, donde el río Cauca corre como una cinta de plata.

 

Muchos sevillanos nacimos en medio del fuego cruzado y tuvimos una infancia llena de miedos y espantos que generaron una violencia, la cual también dio fama nacional al terruño.

 

Después de varios años de alejamiento se me despertó el apego y el orgullo por Sevilla, “bella como la de España, castañuela arrebatada”, dice la canción popular que cualquier sevillano canta sacando pecho. Este resurgir me llevó a conocer a uno de los más ilustres personajes de la cultura local: El Topo, a quien una niña preguntara con inocencia: Topo, ¿por qué le dicen Alberto?

 

De El Topo se podía disentir porque, como todo artista, era un vendaval por dentro. Si Sócrates fue El Tábano de Atenas, El Topo lo fue de su pueblo. Fustigó a las distintas administraciones locales porque consideraba que no estaban a la altura de lo que Sevilla y sus pobladores se merecían.

 

Pero su actitud no se quedó en el verbo. Aún resuena en mi memoria la noticia del primer paro cívico que se hizo en Sevilla para reclamar el derecho al agua que, decían las noticias, era dirigido por el concejal Alberto Ceballos, El Topo.

 

Regresé a mi pueblo de la mano de su alma quijotesca y con las pistas que me dio, pude reconocer a Sevilla, acercarme a su figura de gladiador cultural, a su casa y a la inefable Gloria, su Frida Kalo de muchos años. Más que casa, su habitáculo fue el centro de una tertulia permanente. La sede de un taller donde, por muchos años, la singular pareja produjo los tapices que permitieron la irrupción de toda la fuerza expresiva de El Topo, y que lograron que su fama y obra traspasaran las fronteras de la villa de Don Heraclio y del país.

 

Sevillano que se respete cultural-mente, no puede olvidar ni desconocer su obra. Además de sus tapices, está La Pulga, el periódico más pequeño y mordaz que uno pueda conocer y que él mismo distribuía entre sus paisanos. Llevo, llevo la Memoria, su colectivo cultural. El Resguardo Cultural, La Carreta de Agua, con la cual El Topo y sus amigos difundieron la cultura.

 

El Topo se ha ido al infinito, donde está con Tania, su hija, artista del tapiz como sus padres, su “pequeña crisálida”. Allá quiero enviarle mis disculpas por no haberle hecho este sencillo pero sentido reconocimiento en vida y las gracias por ayudarme a querer a mi pueblo. La figura de Alberto, El Topo Ceballos, no se quedará bajo tierra como el simpático animalito de su nombre de combate, sino que brillará con luz propia en la tierra donde nacimos: Sevilla, la tierra de Bandola, el conjunto  que hace cada año su agosto musical para deleite de sus pobladores y visitantes.

 

jralopez@une.net.co

EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 81 

 

Anuncios

Read Full Post »

Por Leonardo Jesús Muñoz Urueta

 

Coro

 ¡Canta, oh poetisa! Tú que miras la alta llama de la vela reflejada en el espejo. Hemos venido con pies ligeros a escucharte, desde las sombras.

 Sabemos que tus sueños son repetitivos, los mismos elementos con ligeras variaciones, pero lo que recordarás de ellos son los espacios en blanco.

 

Blanco abismo:

el día las distrajo en su danza

                          y ahora son

negra escritura

sobre las hojas.

 

Nosotras sabemos, Lucía Estrada,  que has publicado cuatro libros y cada uno de ellos, sin que te lo hayas propuesto, tiene que ver con los elementos. Fuegos nocturnos, Noche liquida y luego Maiastra. Es un mito romano, primero tú lo descubres, por Constantin Brandum, el escultor romano. `Pasarea Maiastra´ es el pájaro maravilloso. Te das cuenta que ese libro tenía una atmósfera distinta, que estaba íntimamente relacionado con el aire. Sentías que era el vuelo, el salto que nunca les puede faltar a los poetas hacia otros niveles y otras atmósferas de la palabra, eso te lo permitió Maiastra.

 

Entra en el cuarto. Mi nacimiento la trajo consigo, su corona de cuervos, su gran estatura. Unce mis ojos a la pesadilla, siglos a la ceremonia del bosque lunar que se cumple al cierre de sus puertas. Su sola presencia es mi arcano. Ella canta un lago sin fondo, y en el canto, la casa se construye bajo el espino.

 

Oscuridad que ha de abrirse.

                            De Maiastra.

Luego vinimos nosotras, Las hijas del espino, hijas de un arbusto.

 

Penélope

Cada noche

           la urdidora teje su enigma

                           con mis manos

y es en ellas mismas

entre hilos deshechos

y movimiento de agujas

donde su oscuridad

se resuelve

                no temas

                bajo mi oficio

                estarás seguro.

 

No racionalizas el hecho de escribir un libro de poemas, eso va sucediendo, va despertando en ti como una necesidad, un deseo de dialogar con las lecturas que has venido realizando. Oh Lucía, crees que nadie escribe un libro de buenas a primeras sin antes haber leído algo que lo haya perturbado profundamente.

¿Recuerdas que el libro Fuegos nocturnos es una respuesta a situaciones en las que te has visto ligada con el sueño? Con tu experiencia de muchacha encerrada en su casa de Bello, ese gusto por las atmósferas enrarecidas, por esa hora crepuscular que se abre como una caja de Pandora, con los mayores terrores y con los mayores anhelos. Tú crees que un libro se teje con todo eso. Sabes que es un proceso largo en que se concretan los poemas. Que has venido escribiendo el poema, en tí misma, en la intimidad.

Fuiste afortunada desde el principio. Vienes de una familia numerosa y entre tus hermanos había un gusto por la palabra. Casi todos libreros. El mayor, el poeta, que tu siempre has reconocido como uno de tus maestros, Pedro Arturo, “desde muy pequeña me llevaba libros, me leía”. Has tenido una relación cercana también con la música, con la pintura. Tu hermano cuidaba muy bien tus lecturas. A los siete años leías cuentos de Charles Perrault, donde encontraste mucho de esa imaginación nutrida de mitologías. Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas. Esas lecturas te abrieron una visión poética, no consciente que fueron quedando como una reserva extrañísima en tu alma.

 

Djuna

Pregunto por el sueño

    y en respuesta

lentos animales

de la noche

    rodean mi casa.

 

El gusto por la noche te lo sembró Edgar Allan Poe, en una faceta que se va a enriquecer con otras miradas. Recordamos que en la adolescencia estabas leyendo a los clásicos. Te gustó mucho Hesíodo,  Los trabajos y los días. Después estuvo Ovidio, con Las metamorfosis. Te leíste completas la Odisea y la Ilíada.

¿Recuerdas que cuando tenías dos o tres años, tu hermano Pedro Arturo ponía música todas las mañanas, a Mozart, los Beatles, Pink Floyd y escuchabas jazz? Todo eso fue construyendo en tu espíritu de niña, la primera referencia que tenías del mundo.

 ¿Te acuerdas de un cuadro, donde Saturno devora a sus hijos? Te impresionaba el rostro que tenía ese dios.Era el horror. Tenías pesadillas con  esa imagen. Después esa atmósfera del claroscuro iluminado por la vela de George de la Tour, en varios cuadros, La penitente de La Magdalena te impresionó y por eso quisiste que esa fuera la portada de tu primer libro, porque era de las imágenes que traías desde la infancia.

Lucía, dices que el poeta y el artista crea, aún en las situaciones más desesperadas y más desesperanzadas. Tú viviste la violencia social, muy cercana, cuando tenías nueve años. Perdiste a un hermano en Medellín a finales de los años 80.

Crees que es un catalizador que puede marcar un derrotero, a ti no te obstaculizó en absoluto esa capacidad de soñar, de crear. Al contrario, crees que la enriqueció. Hizo más fuerte la necesidad de oponer a ese horror la belleza de la poesía y de la vida. “Hace poco mi amigo, el poeta Samuel Vásquez, me enseñó a un autor del que yo tenía alguna referencia, pero no había comprendido cuál era su legado, René Chard. Si alguien vivió la violencia de una manera fortísima, fue él, un gran poeta francés del siglo XX que estuvo en la resistencia contra los nazis. Desde las trincheras escribió libros y poemas que no son panfletos, sino propuestas muy profundas que sirven de pilar, de refugio y de consciencia al que lo lee”.

Nosotras sabemos que otro autor que quieres mucho, y que también vivió en una situación terrible en un campo de concentración, Paúl Celan, que rebate esa teoría que tenía Adorno, según la cual, después de Auswicht nadie podía escribir poesía, ¿a quién se le ocurría?, decía. Paúl Celan fue la respuesta: escribió, y de qué manera sobrevivió a todo esto. Comprobó que la poesía realmente es la que puede restituir la dignidad, la permanencia del hombre y reafirmar la vida.

 

Esto que me lleva

lejos de mi amor

es un árbol,

el preferido de las reinas,

y somos nosotras

del Espino

sus raíces.

(Annabella Byron, Hijas del Espino)

 

Tú lo sabes. Sigues mirando la alta llama de la vela que refleja en un espejo  Pareces descifrar un mensaje desde la llama. Y nosotras lo escuchamos.

 

EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 82

Read Full Post »