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Archive for 18 noviembre 2008

Cuento

Lenin Andrés

 

Tras la caída de la dictadura y la muerte del General, finalmente logramos escapar. Pero ya era tarde.

 

Tantos años apisonados y ocultos por la bota lancinante y nefanda, nos volvieron irreconocibles.

 

Convertidos ahora en fábulas de terror y espanto irrecordables, nos hicimos sombras invisibles y errantes.

 

Con nuestros huesos partidos, mutilados y desperdigados por completo, inútilmente nos buscábamos entre la confusión y la ingravidez del mundo muerto.

 

Todavía recuerdo cuando llegaron: Anochecía. Era la hora del crepúsculo y con su llegada, las luces silbosas y quemantes que volaban por los aires, se confundían con las estrellas resplandecientes que parecían observar con un escalofrío indignante lo que allí pasaba.

 

–– ¿Cuánto falta pá?, ¿cuánto falta? Ya estoy cansando y tengo sueño.

 

–– Camine, camine rapidito mijo y no pregunte tanto.

 

–– Estoy cansado pá, ¿cuánto falta? ––preguntó de nuevo mi pequeño hijo, mientras me observaba con desconcierto.

 

–– Ya casi llegamos, ya casi. Estamos a medio camino ––. Respondí con ojos nebulosos.

 

–– ¿A medio camino de dónde?

 

–– A medio camino de cualquier parte. ¡No ve que llegaron con una lista y los están llevando!

 

–– ¿Quiénes? ¿Los mismos que se llevaron a mi mamá y al tío Ancízar?

 

–– No lo sé mijo. No lo sé. Pero debemos desaparecer antes de que nos desaparezcan.

 

Y es que hasta allí, en esas tierras que ya habían sido testigas mudas de la desesperación y muerte de algunos de sus pobladores –vecinos nuestros– hasta allí llegaron ellos esa horrenda noche en que la luna, vestida de dolor, nos dio aviso de su llegada, y nosotros, despavoridos e indefensos, vimos correr sus cuerpos presurosos tras los nuestros. Finalmente nos atraparon a todos. O a casi todos, porque mi pequeño ya no estaba conmigo. Jamás lo volví a ver.

 

Quizás se escabulló, haciéndose sombra entre el río aquel que no logramos alcanzar. De pronto llegó a la ciudad y allí obtendría una credencial que le aseguraría una vida errante y eternamente borrascosa.

 

Pero estaría vivo por lo menos y eso importaba.

 

Quizás el destino lo tendría para el infortunio y alguien, entre la muchedumbre, viendo a mi pequeño abandonado por completo, sintió pena por él y le tendió la mano. A lo mejor ahora sea todo un doctor y los recuerdos de esa noche funesta se hayan borrado de su memoria. Pero, y yo… ¿Acaso me recordará? ¿Tendrá viva la imagen de su padre? Y si nada de esto paso… ¿Si también fue desaparecido y vaga como nosotros, angustiado entre el viento?

 

No lo sé. De lo único que estoy seguro es que el General ha muerto, y como dije al comienzo, finalmente nosotros –los que están conmigo– logramos escapar.

 

Pero es tarde ya.

 

Nuestras piernas presurosas a diario corren como montón de huesos colganderos e insepultos, buscando libertad, una morada.

 

Detrás de ellas, afanados y polvorosos, nuestros brazos se agitan como el aire, mientras un ojo saltón y volandero busca el camino a casa.

 

Así, todos seguimos corriendo, escapando, aunque sea a pedacitos, sin importar que choquemos contra el viento.

 

Décadas han pasado ya después de aquello, y aún hoy en las noches de invierno, voces quejumbrosas y sombras desvaídas y vagantes, se ven correr por el pueblo.

 

Parecen huyendo.

 

La gente dice que son fantasmas.

 

Lo cierto es que nadie recuerda ya los años de la represión, pero nosotros, entre la confusión y la interminable soledad del mundo muerto, seguimos errantes e invisibles vagando por el aire.

 

 

Cuento tomado de EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 82

La imagen de apoyo es una pintura de Humberto Castro, “El bosque encantado”.

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Con motivo del Premio Nobel de Medicina 2008 otorgado a los “descubridores” del virus del sida, el Director de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, Ángel Galeano H.  entrevistó al doctor Roberto Giraldo Molina, médico colombiano residente en Nueva York, reconocido por sus investigaciones sobre el sida desde hace más de 20 años. 

He aquí sus respuestas. 

Por Ángel Galeano  
 
P. ¿Cómo le parece el Premio Nobel de Medicina de este año? 

R. El Premio de este año no debería sorprender a nadie que comprenda lo invertida en que se encuentra la sociedad actual, donde todo está patas arriba. Premio Nobel de Medicina para Harold Zur Hausen de Alemania “por descubrir que el Virus del Papiloma Humano (HPV) es la causa del cáncer del cuello uterino” y para Françoise Barré-Sinoussi y Luc Montagnier “por descubrir al Virus de la Inmunodeficien-cia Humana (VIH)”.

Esta es una noticia que esperábamos por 25 años y que golpea fuertemente al establecimiento científico de los Estados Unidos por no haber incluido a Roberto Gallo en ese premio. Pareciera como si la Academia de Ciencias de Estocolmo, al no incluir al exdirector del Laboratorio de Virología del Instituto Nacional de Cáncer del Gobierno de los EEUU, y que por años ha figurado como co-descubridor del “VIH”, reconociera finalmente que Gallo simplemente robo la información al grupo francés, como es de conocimiento del público.

Este premio incrementará los negocios de las compañías farmacéuticas transnacionales, que diseminarán vacunas a niñas, a mujeres jóvenes y de todas las edades, con la muy tóxica e inútil “vacuna contra el cáncer del cuello del útero”, y porque además se prescribirán muchos más antirretrovirales para destruir a un virus que no existe, el VIH, y que por tanto nadie descubrió.

De otro lado el Premio Nobel de Medicina de este año servirá, además, para continuar el genocidio del sida, ahora con el beneplácito de la Academia de Ciencias Sueca. Van 25 millones de muertes innecesarias. ¿Hasta dónde permitiremos que lleguen?

Esta no es la primera vez que pasa algo así… Veamos algunos otros Premios Nobel de Medicina, por descubrir nada:

1966. Peyton Rous “por descubrir que los virus causan cáncer”. Sin embargo, jamás se ha demostrado que un virus cause cáncer, ni el de Rous de principios del siglo pasado ni ahora el de Hausen (HPV). Son sólo ideas delirantes de las mentes patológicas de estos investigadores.

1976. Baruch Blumberg y Carlton Gajdusek “por descubrir los virus lentos”. Acá debemos recordar a Peter Duesberg cuando nos explica que “no hay virus lentos sino virólogos lentos”. ¿Acaso nos olvidamos del abuso sexual de menores que llevó a Gajdusek a la cárcel?

1989. Michael Bishop y Harol Varmus “por descubrir el origen retroviral de los oncogenes retrovirales” Más ideas subjetivas de que los virus puedan causar cáncer, cosa que jamás se ha demostrado, pero de lo que se habla todos los días. Es preferible culpar a los virus que reconocer el carácter tóxico del cáncer.

1997. Stanley Prusiner “por descubrir los priones, un nuevo principio de infección biológica” Los priones, según él, serían proteínas infecciosas, es decir, “microbios” que sin ser seres vivos, pueden infectar a alguien. Ellos serían la causa de la “enfermedad de las vacas locas”, del “Creufeld Jacob’s” y otras enfermedades neurológicas. Este es el clímax de la paranoia de la teoría germinal de Pasteur y Koch, que ha primado en medicina desde 1880. Nadie sospechó jamás que dirían que hay “microbios sin vida….”

2005. Barry Marshall y Robin Warren “por descubrir que la bacteria Helicobacter pilori es la causa de la gastritis y de úlcera péptica”. Se culpa a los virus, a las bacterias, a los hongos, a los parásitos de todo. Son los terroristas de la medicina. En lugar de reconocer el carácter sicosomático de la gastritis, de la úlcera péptida y de todas las enfermedades. Sólo para mencionar algunos ejemplos.

 

Energía en el vacío 

Sin embargo, esto no ocurre sólo con los Premios Nobel de Medicina. Un Premio Nobel de física, por ejemplo, se le dio a Albert Einstein “por descubrir que la energía siempre viene de la materia (E= MV2)” Ignorando que hay energía en el vacío, llamada por el gran físico yugoeslavo Nicola Tesla “energía escalar” y por mi profesor en Brasil, el Dr. Norberto Keppe, “energía esencial”.

Debemos pues celebrar el Premio Nobel de Medicina de 2008 para Luc Montagnier y Françoise Barré Sinuossi, puesto que éste se une a la ya larga lista de Premios Nobel que ayudan a que las personas perciban la corrupción que rodea a la Institución de los Premios Nobel al igual que a las demás instituciones de esta sociedad decadente.

Nuestra presencia “disidente” en la sociedad actual, es vista desde ya y será apreciada por las futuras generaciones, como una luz que rodea a la oscuridad reinante en el siglo XXI. El momento exige que continuemos trabajando y luchando para defender a los seres humanos y a nuestro planeta de los descalabros de los poderosos.

 

El sida no es una enfermedad infectocontagiosa

 

P. Usted ha afirmado que el sida es el máximo deterioro del sistema inmunológico de los seres vivos, producido por la acción continua y acumulativa de agentes estresantes. Esto significa que no es producido por ningún agente infeccioso, como el llamado Vih. ¿Mantiene esta afirmación?

R. El Premio Nobel a Luc Montagnier y a Françoise Barré Sinoussi, no modifica en lo mas mínimo mis descubrimientos y puntos de vista sobre el sida. Por el contrario, hoy más que nunca tenemos la obligación de invitar a las personas a estudiar mis argumentos científicos de que el sida es una enfermedad tóxica y nutricional y no viral ni infectocontagiosa, como se nos ha intentado hacer creer. En mi página del Internet, así como en las de otros investigadores disidentes del sida pueden verse nuestros argumentos.

Debemos estudiar además las entrevistas recientes a varios de los integrantes del Comité de los Premios Nobel de Medicina, los cuales han afirmado al diario El País, de España, que una de las razones para otorgar este año ese premio fue precisamente para intentar “derrotar la idea que circula en el mundo de que el VIH no es la causa del SIDA”. Esto demuestra nuevamente que lo de los Premio Nobel, nada tiene que ver con verdades científicas, son arbitrariedades de la política del mundo contemporáneo.

P. Usted ha sostenido que el sida sí tiene cura, siempre y cuando se eliminen los agentes estresantes que la causan, sin necesidad de ninguna de vacuna. ¿Ha curado pacientes con sida siguiendo este tratamiento? En caso afirmativo, ¿puede ilustrarnos dónde, cuándo y si esa persona aún vive?

R. Los principios básicos para el tratamiento y la prevención del sida pueden leerse en dos artículos de mi autoría que aparecen en mi página de internet: “Alternativas no tóxicas, efectivas y de bajo costo para el tratamiento y la prevención del sida” y “Terapia nutricional para el tratamiento y la prevención del sida”.

No tenemos una sino miles de personas que, ellas mismas, han decidido curarse en México, Colombia, Perú, Argentina, Bolivia, Chile, Brasil. Su secreto está en seguir nuestros planteamientos y no dejarse asustar de nada, ni de nadie. La curación jamás viene de terapias externas, sino de estimular a nuestra farmacia interior, aquella con la cual somos creados.

Los países con las prevalencias más bajas de sida en el mundo, son precisamente aquellos que están siendo reportados por algunas investigaciones serias, como los países más felices del mundo: Colombia, México, Brasil. Por el contrario, los países y grupos de personas con mayor prevalencia de sida, son aquellos más depresivos, tristes, con insatisfacción permanente e instintos autodestructivos, así estos sean aparentemente inconscientes. Por lo tanto, la vacuna contra el sida está en la alegría, en la felicidad, en el trabajo con amor por nuestro bien y el de nuestros semejantes.

P. También ha declarado que históricamente se ha partido de un error científico, que en lugar de corregirlo de manera autocrítica, se ha persistido en él. ¿Montagnier o Sinuossi están implicados en este error? ¿Qué tipo de error fue?

R. Luc Montagnier y Françoise Barré Sinoussi participaron activamente en los errores iniciales y los perpetuan con la ayuda ahora de la Academia de Ciencias de Estocolomo. El error acerca de las causas y soluciones del sida se debió y se sigue en ello, a 5 factores fundamentales:

a) Prejuicio microbiológico, en la mente de investigadores, periodistas y personas del común. Proviene de la teoría germinal de Pasteur y Koch, la cual desafortunadamente aún prevalece en medicina y biología. Es culpar a las bacterias, a los virus, a los hongos, a los parásitos, de todo. Como ya dije, son los terroristas de la medicina. Las llamadas armas microbiológicas no son ni probables ni posibles puesto que los microbios jamás nos atacan. Esto lo demuestra el ataque con esporos de la bacteria del ántrax a las oficinas del correo de todos los estados de la costa oriental de los EEUU en octubre del 2001, un mes después del ataque a las Torres Gemelas. Miles de personas se infectaron, pero sólo 22 (debilitados) enfermaron y de estos dos murieron por tener sus sistemas de defensa muy deprimidos. Esta semana, en una entrevista a Montagnier para el diario El País, él afirmó descaradamente que la esquiziofrenia es una enfermedad infecto-contagiosa.

b) Homofobia. Precisamente Luc Montagnier es uno de los más homofóbicos y en su libro Virus, del año 2000, comienza el 2º Capítulo afirmando: “Fue a comienzos de la década de los años 80, que por la frecuencia del sida en homosexuales, sabíamos que se trataba de una enfermedad infecto-contagiosa de transmisión sexual”. Como si los homosexuales no tuviesen derecho a sufrir otro tipo de enfermedades, tóxicas, nutricionales, etc.

c) Racismo. La idea de que el sida se originó en el África por relaciones indebidas entre africanos y algunos primates, es una fantasía racista propia de investigadores occidentales como Roberto Gallo.

d) Corrupción social. Que abunda en todos los niveles del establecimiento científico y lo confirma de nuevo el Premio Nobel de Medicina de este año. Es de público conocimiento que la idea del sida como enfermedad viral, nace del robo que hiciera Gallo a los resultados de laboratorio de investigaciones del grupo de Montagnier. El 23 de abril de 1984, Roberto Gallo, junto con la Ministra de Salud del Gobierno de Ronald Reagan, Margaret Heckler, informaron a los periodistas en la ciudad de Washington, que “investigadores del gobierno de los Estados Unidos acababan de descubrir el virus que causaba el sida”.

e) Crisis del establecimiento científico. No se controlan los experimentos, como sucedió con los realizados por el grupo de Montagnier, para afirmar que habían descubierto el “Virus del sida” Las llamadas revistas científicas publican toda clase de ideas aprioristas creadas por la psicopatología de los investigadores contemporáneos. Esto ocurre en medicina, biología, antropología, física, química y todas las demás ciencias. Hace poco las revistas de ciencia Science, de los Estados Unidos, y Nature de Inglaterra, publicaron investigaciones donde se afirmaba que las personas más inteligentes nacían durante los meses de invierno con nevadas fuertes. ¿Y como sería entonces la inteligencia de los que nacemos en el trópico?

P. Al cumplirse los 25 años de la “aparición” del sida, muchas entidades académicas y de salud dijeron que el número de personas que ha muerto por esta enfermedad no ha disminuido, sino que ha aumentado. ¿Es cierto? ¿A qué cree que se deba?

R.  A que todas las políticas oficiales de prevención, tratamiento y control están basadas en una idea equivocada: Que el VIH es la causa del sida. La ecuación errada que circula por todo el mundo es: VIH = sida = Muerte.

El sida ha venido a engrosar la lista de las llamas “enfermedades incurables” y esa sola idea, equivocada claro está, programa a los seropositivos y a los enfermos de sida para la muerte.

P. En el caso del sida en África, usted ha sido enfático en afirmar que la situación de este continente es alarmante y que la causa principal del aumento en la muerte de enfermos allí es la miseria, el hambre. ¿Ha revalorado este enfoque?

R. El hecho de que el sida se presente en todas las clases sociales es un indicativo y una alerta: La especie humana está en peligro. El sida del África lo confirma. La pobreza no es un asunto estático: África nunca había sido tan pobre, ni sus personas vivían en una tristeza tan profunda como ahora. Hay lugares de África donde la esperanza de vida ha disminuido de 60 a 35 años. Tenemos la obligación de levantarnos con valor para defender a África de tanto oprobio, de lo contrario éste sería el primer continente donde desaparecería la especie humana.

P. ¿Cuál es su apreciación para el caso colombiano? ¿Existe real preocupación de las autoridades encargadas de la salud pública por frenar el sida en nuestro país? Y si es así, ¿por qué esta enfermedad no cede?

R. El Ministerio de Salud de Colombia, está obligado a seguir las políticas de la Organización Mundial de la Salud en sida, que como ya expliqué están todas equivocadas. Lo que no es entendible, es que a sabiendas de que varios colombianos, entre los cuales me encuentro yo, somos líderes en el mundo de la otra visión sobre el sida, no se nos invite oficialmente a discutir este problema con seriedad. El Ministerio de Salud de Colombia sabe perfectamente de mi existencia y la de mis colegas colombianos. Eso no lo van a perdonar las generaciones futuras de colombianos.

P. ¿Desea agregar algo más?

R . Sí, me siento muy contento de ver cómo EL PEQUEÑO PERIÓDICO sigue llevando las ideas más avanzadas a sus lectores, sin temores a represalias. En Colombia el primer medio que explicó las ideas disidentes del sida fue EL PEQUEÑO PERIÓDICO, ha ayudado a organizar giras nacionales y muchos seminarios y conferencias sobre el tema desde 1995. En el año 2002 EL PEQUEÑO PERIÓDICO participó activamente de la Conferencia Alternativa del sida en Barcelona, España, paralela a la Conferencia del VIH de las compañías farmacéuticas.

Para ampliar sobre el tema: www.robertogiraldo.com

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El balcón de los dioses       

Por Ángel Galeano Higua

El Picacho, aquella cumbre con nombre de punzón, como si un tinte de sorna quisiera mermarle su grandeza, fue, según le escuché al guía, el balcón predilecto de nuestros antepasados. Mirador y pulmón al mismo tiempo. El túmulo de rocas lunares pervive invicto a pesar del cemento “civilizador”. Esa oleada gris y muerta no respeta altares sagrados: si no puede removerlos, los tapa como sepultando el pasado. Testimonio de la arremetida es la estatua de un dios cristiano, blancuzco y de ojos muertos, que simboliza la prepotencia colonizadora. Bajo aquel armatoste de cemento la montaña respira, todavía, por la boca de piedra de una cueva sagrada.

Erizada de riscos, la cima se ofrece como cornisa para divisar el valle surcado por el río. Allá, abajo, Medellín y Bello, Itagüí y Envigado…, resuellan como un dinosaurio moderno, asmático y cansado, con su piel sucia de polvo y humo.

 

Cerro y van trece

Por iniciativa popular, desde hace 13 años, los habitantes del Doce de Octubre, al noroccidente de Medellín, celebran sus fiestas en esta fecha que les ha dado su nombre. Tablados con músicos, bailes, exposiciones de arte, concursos literarios, cine, conferencias, encuentros y la caminata al cerro El Picacho, constituyen el festejo. ¿Quién le puso ese nombre al cerro? Nunca se sabrá, pero bajo su sombra se recuestan muchos barrios que constituyen la Comuna 6, en algo así como 40 hectáreas: Picacho, Picachito, Casa Fincas, Doce de Octubre, Pedregal, La Esperanza, El Triunfo, San Martín de Porres, El Progreso, y vereda El Picacho.

Muy temprano van llegando los marchantes al punto de encuentro, junto a la Unidad de Salud “Luis Carlos Galán”, y como si cumplieran un antiguo rito, miran hacia el cerro cubierto de nubes. Uno de los organizadores, Jesús María Hidalgo, el único que ha subido al cerro las 13 veces, presenta un saludo y da instrucciones para que la jornada sea fructífera. El camino se muestra empinado como un desafío. Hagamos estiramiento, dice, y aprestémonos para el ascenso. Los cuento, hay 58, pero en el camino se duplicarán. Otros salieron más temprano

Arriba está el aire que nos hace falta aquí abajo, dice una vecina que lleva su gorra puesta, lo mismo que la niña que la acompaña. Son más de dos mil metros de altura. Para ser exactos: 2.108 metros sobre el nivel del mar. Entre los guías va un antropólogo, Iván Darío Vélez, quien durante las tres paradas que haremos en los miradores, contará algo de lo que ha estudiado sobre estos caminos indígenas, estas piedras llenas de secretos, estos cruces de senderos milenarios y esa cueva sagrada que hay arriba. Se oye el canto de los pájaros y el vuelo sosegado de los gallinazos tiñe el paisaje con un halo de misterio.

Iván Darío nos habla de los siete cerros tutelares: El Volador, Santo Domingo, Pan de Azúcar, La Asomadera, El Salvador, Nutibara y El Picacho, constituido por gabros, que son rocas pesadas y granudas, de color gris verdoso. Se dice que los astronautas han traído de la Luna rocas de esta familia, un indicio de que no somos del todo terrenales.

 

Las invasiones y otros zarpazos

Las invasiones socavaron la montaña, siguiendo la historia social de nuestro país, cuyas ciudades se han conformado con barrios de desplazados. Podría decirse que el hecho de levantar en la cumbre una estatua de Cristo, en 1936, sirvió de aliciente para que otros también se plantaran allí. Las invasiones se multiplicaron en los años 80, como consecuencia directa del desplazamiento violento del campo a la ciudad. Y no faltó quien pretendiera extraer arena secando cauces y quebradas, y generando una erosión de magnitudes alarmantes.

El Picacho también sufrió los embates de la violencia urbana. A finales del siglo pasado y comienzos de éste, las sombras de la muerte lo convirtieron en un polo negativo a donde nadie quería ir.  Entonces brotaron también muchas voluntades de manera espontánea, impulsados por el instinto de conservación y, poco a poco, creando organizaciones comunales, civiles, de vecinos que resistían la barbarie, y con el apoyo de varias entidades públicas y privadas, entre ellas la ONU, le están torciendo el cuello a esa brutalidad. La cuota de sangre ha sido altísima, hombres y mujeres, líderes, asesinados por el sólo hecho de querer hacer de esta zona un rinconcito de vida, amable y pujante. La historia jamás los olvidará, porque sobre sus tumbas se construye un nuevo aliento.

Gracias a todos esos esfuerzos, hoy la ciudad cuenta con otra cara en los barrios colindantes al cerro. De las siete cúspides que vigilan al Valle de Aburrá, El Picacho es uno de los más frágiles y se hace urgente y necesario apretar el paso por parte de las entidades públicas encargadas del medio ambiente y la salud, para que se pongan a tono con el que están imponiendo las comunidades, cuyas iniciativas florecen como sonrisas de niño.

 

Otro camino

Al llegar a la cima, luego de dos horas de camino, nos espera el premio de un sol generoso. Detrás del cerro se yergue la verde montaña salpicada de fincas, por donde trepa la carretera a San Pedro de los Milagros. Dos guardaparques nos comparten su hermoso trabajo tendiente a que conozcamos el lugar y ayudemos a preservar la flora y la fauna. Extendemos los brazos y respiramos casi con lujuria, como si quisiéramos devorar todo el aire de allí, dejamos que entre en nosotros el olor a follaje y que el viento nos envuelva. Recorremos el lugar, pero sin dejar de mirar hacia el valle que se ve imponente, aunque un poco nubloso. Nos asombra ver enfilados los tres cerros: El Picacho, El Volador y Pan de Azúcar. Las avenidas y la abigarrada cuadrícula de los barrios del oriente de Medellín, el río, los edificios, la Universidad, los hospitales… Los guardaparques nos invitan a descender por un camino sin cemento que hay detrás del cerro y, bajo su guía, regresamos a la ciudad un poco cansados, pero con el alma más liviana, porque sabemos que el año entrante volveremos con la ilusión de que el paisaje ya no tendrá esa capa brumosa.

 

elpeperiodico@une.net.co

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Fuentes consultadas

http://www.grupohtm.org/index_archivos/Cerros.pdf

Eternamente Yolanda – ELTIEMPO.COM

Estudio rocas: http://www.accefyn.org.co/PubliAcad/Periodicas/Volumen29/112/112_325_344.pdf

Doris Botero, asesinada en 2003 http://www.lopaisaweb.com

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