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Archive for 19 julio 2008

 Por Jáiber Ladino Guapacha

(De la FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA, Capítulo Eje Cafetero)

Alba Lucía Ángel, La andariega, llegó a la Universidad del Quindío en su Mariposa, un pequeño auto color zapote, que parecía un cucarrón. Invitada por las profesoras Zahyra Camargo y Graciela Uribe (1), llegó para compartir con los estudiantes lo que ha sido su vida, su proceso de escritura. (2) dijo: “Nací con alas. Siempre pensé que los ángeles eran uno de mis temas idóneos, porque me pertenecían. Siempre creí que era un ángel de verdad. Y creo que sí, mi teoría se ha ido confirmando y los ángeles tienen alas”.

Signada por el viento, Albalú nos contó su correría por el mundo. En su juventud visitó Barranquilla. Fue un carnaval de cuatro años que le dio a conocer el perfil trasgresor de varias mujeres como Yasmina, que contrapuso al de las beatas chismosas en Misiá Señora, su cuarta novela, escrita en voz de mujer. Un merecumbé en el que desnudó su alma junto a la de otras mujeres.

Después de sus andanzas por el país, viajó a Europa donde residió por varios años. Se ganó la vida interpretando rancheras en los restaurantes de España, Francia, Grecia. Su voz fue celebrada en las tertulias de los escritores del boom.

Regresó a Colombia luego de un guiño que le hizo la muerte en Barcelona, cuando le robaron el coche. Pero volvió a España con los materiales recogidos durante 25 años sobre el 9 de abril de 1948, la dictadura militar de Rojas Pinilla y el surgimiento de las guerrillas. Durante el acopio de estos informes descubrió que “Vivir en Colombia es vivir anestesiado”.

En Barcelona, empapeló su habitación con las noticias de los periódicos. Flageló su conciencia y sus carnes se hermanaron con el dolor de los colombianos silenciados. Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón, fue la novela que resultó de ese desafío a la memoria colectiva de su país, proceso no disfrutado porque llora y escribe, no recrea, no inventa.

Esta novela, la más exigente, recibió el Premio Nacional Vivencias, en 1975. Volvió al país para recibir el homenaje pero se llevó una desilusión: sus compatriotas no la leen con juicio y los periodistas, que no saben cómo abordarla, le inventan “amante”, “favorita” de algunos intelectuales. En la rueda de prensa sólo atinan a hacerle preguntas como: ¿Usted es marihuanera? ¿Verdad que en Italia estaba usted encerrada en un manicomio? ¿Por qué no usa brasier?

Ella no se detuvo en esos comentarios y continuó danzando con el viento y susurrando la voz de los débiles.

Para exorcizar esa amargura escribió su único libro de cuentos: ¡Oh gloria inmarcesible!, en el que hay crítica con menos dolor y mucho más recurso narrativo. Se advierte un humor fino que recrea las instantáneas de este recorrido. Sus cuentos conforman un paseo que pocos hemos disfrutado, ya que recién publicados por el Instituto Colombiano de Cultura, en 1979, tuvo que enfrentarse al veto, que negaba su comercialización “por pornográfico”.

El último libro de Albalú, publicado por su amigo Carlos Barral (no confundir con Seix Barral, insiste ella) en la Biblioteca del Fénix, fue Las andariegas, novela que abre un silencio que hasta hace pocos años terminó. Es su novela de mayor vuelo poético, “para leerla sin armas, ni armaduras”, como lo requirió la autora en una entrevista de 1995, y que dio título al trabajo de grado(3) de la poeta boliviana Martha Gantier Balderrama sobre esta novela.

El silencio de Albalú terminó con Tierra de nadie, de la que sólo se publicaron 100 ejemplares, y que “escribió desde el útero”. Con ella inició la trilogía de diálogo con las nuevas generaciones que no hemos sabido mirar y que aprendió a reconocer en Asís, en Noruega, en Estados Unidos, en la India.

Leonor Vallejo, en su lectura durante el Simposio convocado para estudiar la obra de Albalú, nos propuso esta reflexión: “Si hoy le hacemos un reconocimiento a las obras escritas en los años 70 y 80, sus últimas novelas: ¿necesitarán un cuarto de siglo más para que asimilemos y aceptemos su contenido? ¿Aceptaremos sus nuevos conceptos de mujeres galácticas y hombres mutantes? Porque Alba Lucía, ve aparecer una nueva raza de mujeres y hombres andróginos en donde sus móviles no son de dominación, sino de solidaridad, y ve llegar épocas donde no habrá espacios de violencia sino de luz”.

Prendado de su vida, de su obra literaria, recuerdo el abrazo de despedida en la Universidad, ahora que juego en la playa del río Tapias. La imagino corriendo con los niños a orillas del Ganges, pues este año regresó a la India. Con el palito de rosa que me regaló, escribo sus versos entre las huellas de mis pies:

 “Se detendrá primero

un rayo en su

caída

que tú entrar

en mi olvido”.

___

Notas:

Han publicado un libro que se llama: Narradoras del Gran Caldas (Colombia) Universidad del Quindío, Armenia, 1998 y estudios literarios en distintas revistas.

2 MARÍN, José Fernando. Bitácora de una andariega. 2007

3 La tesis de Martha Gantier se titula: Las andariegas, sin armas ni armaduras. Publicado por la Maestría en Literatura, Universidad Tecnológica de Pereira, 2007

 

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