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Archive for 13 abril 2008

Este año dedicaremos el periódico a los cuatro elementos. Empezamos con el agua, pero con una mirada un tanto alejada de los diagnósticos y estadísticas propios de los ambientalistas especializados. Echamos mano de la literatura y la poesía pues, a pesar de todo lo dramático que pueda ser el panorama para nuestro planeta, el arte nos ayuda a persistir en la esperanza de vida para las generaciones venideras.

En el cuento El Pozo, del boliviano Augusto Céspedes, encontramos una terrible metáfora paralela entre el agua y la guerra, la sed y el odio. En esta magistral narración, los soldados, en plena guerra, cavan un hueco de más de 50 metros de profundidad durante más de siete meses buscando agua. El terreno es desértico y el calor infernal. Las armas les estorban. Pero la febril faena de la cavazón no les da para obtener ni una gota y en cambio se llenan de pesadillas y delirantes visiones. El Pozo es una desgarradora historia contada con la más delicada poesía y que termina luego de un ataque del enemigo desesperado más por la sed, que por el odio, y el pozo se convierte en la fosa para los soldados muertos.

El mundo de hoy hace lo mismo. Y nuestro país desperdicia una riqueza con la ilusión de su abundancia eterna. Un hecho simple y apabullante: Colombia, surcada por ríos y ciénagas que han alimentado a generaciones enteras, ahora, debido a la contaminación, muchas especies de peces se mueren obligándonos a comprar el pescado a otros países. El río Cauca, según cifras oficiales, está tan contaminado que se requiere por lo menos un billón (un millón de millones) de pesos para su recuperación. Estamos ante hechos gravísimos que debieran alarmarnos a todos, ciudadanos y Estado por igual, porque aunque los odios todavía enceguecen a unos cuantos compatriotas y los fusiles todavía asustan, de continuar así llegará el día en que el agua escaseará de tal forma que hasta los odios fratricidas se evaporarán por la sed. Al parecer, todavía estamos a tiempo de salvarnos de semejante cataclismo. Pero no depende de los ciudadanos solamente, cuya fuerza y sensibilidad se expresa en admirables iniciativas como el referendo por el agua, sino de los dirigentes sociales y políticos y, sobre todo, de los grandes consorcios multinacionales, principales productores de la basura industrial y tecnológica, de la contaminación química de las fuentes y de la tala indiscriminada de los bosques. Tan rica que es nuestra geografía y tan pobres que nos sentimos. ¿No será capaz la humanidad de hacer un alto en esta brutal autoeliminación y tomar medidas urgentes y profundas para que las generaciones futuras no mueran de sed aunque haya mucha agua? ¿Acaso desapareceremos “engullidos por la sombra” del pozo? El interrogante queda suspendido en el aire como la cresta de una gigantesca ola que se eleva y se eleva y se eleva…

 

 Edición No. 80

Medellín, Abril de 2008

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