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Archive for 8 septiembre 2007

Al comienzo muy pocos nos siguieron; los animaba la curiosidad. Íbamos por las casas, los almacenes de la Albarrada, pero en especial tocábamos la puerta de los afiliados a la Fundación.

María Elena, Alfredo, Lucía, Miguel, William… yo, preparando la fiesta.

Nos miraban incrédulos, como a soñadores impenitentes. “Muy bueno lo que quieren hacer, pero aquí eso no resulta”, nos decían algunos, pero otros nos apoyaron sin vacilación… Don Gustavo, un galón de vinilo blanco; el señor Casier, uno amarillo: Juan, otro blanco; crédito por uno azul donde Cortés; un pincel donado, esta brocha les puede servir…¿Cuánto vale la inscripción?… Y así, la cosa resultó. Luego, el refuerzo del maestro Dalmiro Lora de Cartagena: “Les envío este grabado como colaboración para que recojan fondos”. Y aquí llegó días antes que él un bello grabado: “Pluma en la ráfaga”. (más…)

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 En La flecha de oro, Joseph Conrad dice que “Las cosas que tienen un final, nunca pueden empezar de nuevo”. Esto podría aplicarse a EL PEQUEÑO PERIÓDICO, pues desde su nacimiento sus creadores sólo pensaban en darle vida pública a tantas historias calladas de nuestro pueblo que fluyen sin cesar. Alrededor de ese eje vital se ha ido tejiendo una propuesta de periodismo cultural cuya sistematización podría intentarse al menos en tres aspectos: su carácter abierto, su enraizamiento en la cultura de nuestro pueblo y la consecusión de un estilo propio.Pero este aprendizaje en público de atrapar historias no significa prosternarse ante la masa ni ante el establecimiento. Para el hacedor de publicaciones culturales la idea de realidad se nutre también de la imaginación que los protagonistas anónimos inyectan a sus propias vidas.Durante estos cinco lustros el periódico ha mantenido el espíritu que muy a propósito enunció Nietzsche cuando habló de Shopenhauer como educador: “El hombre que no quiere pertenecer a la masa sólo necesita dejar de comportarse cómodamente consigo mismo y obedecer a su conciencia que le grita: Sé tú mismo. Cuanto ahora haces, opinas y deseas nada tiene que ver contigo”.Acercarse a este postulado no sólo requiere valor para hacerlo, sino persistir en ello toda la vida. Porque en esa búsqueda de historias reales e imaginarias, el hacedor de periódicos culturales se busca también a sí mismo y se confronta. Sabe que debe superar las adversidades propias y externas, máxime en una sociedad “moderna” que hace todo lo que sea por convertir el arte y la literatura (el periodismo es literatura) en objeto de consumo, en materia de estudio, en patrimonio cultural o en alegoría moral y sus tratamientos son cada vez más sofisticados con tal de desactivar los “peligros” de la palabra y del arte. En medio de tanto cemento y humo urbanos y desolación rural no hay ahorro alguno en la tarea de ahogar la voz interior individual enmascarando la tendencia como una defensa de la lectura, de los libros, del arte, de las buenas costumbres.Una ciudad “moderna” debe domesticar los espíritus, volverlos razonables, enmarcarlos dentro del orden establecido. Ese fuero esencial debe formar parte de la política de Estado tal y como lo propuso Platón en La República: una ciudad donde reine la razón no tiene espacio para la poesía. A no ser que ésta se doblegue, en cuyo caso se convertirá en una payasada. En el aprendizaje iniciado en 1982, las dificultades se han convertido en aliciente. Cada edición, como ésta tan especial, ha sido un parto con todo lo que ello contiene de sublime y doloroso. Morir para vivir, podría decirse. Cuando lleguen estas páginas a sus manos los editores ya estarán rumiando el próximo número, alentados por las enseñanzas recogidas durante 25 años de búsqueda de su propia voz, para seguir contando historias que fluyen sin final y pueden empezar de nuevo.

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