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De la memoria

De la memoria

Dagoberto Rodríguez Alemán

 

Origen y pasado borbotean recuerdos
ellos nos nombran, enigma,
espacio imaginario, instantes congelados.

El tiempo inacabado, liberando la evocación de los días,
el ser como sombra a la deriva,
es imagen de la memoria.

Preguntas y respuestas de un ayer
escudriñan en el olvido,
la edad en la rememoración del hombre.


Este poema apareció publicado en la edición impresa de EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 102. El autor reside en Mompox. De la mujeres ausentes es su último libro de poemas editado por la Fundación Arte & Ciencia de Medellín.

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Un segundo

María Isabel García

¿Qué es un segundo? No te lo diré, te lo mostraré. Es cuando te sientas, te acuestas, te levantas, caminas un paso hacia adelante y otro hacia atrás, te caes, te paras. Abrazas, te besan. Pones a hervir la leche y se derrama. Saludas, agradeces y te despides. La llanta se pincha en medio de la carretera. Sientes caer una gota de agua. Una nota musical te llega. Recuerdas un nombre. Dices te amo. Escribes una palabra, pronuncias otra. Cuentas uno, respiras, sonríes, abres los ojos, apagas la luz, te mueres. Cada cosa sucede en un segundo.


Publicado en El Pequeño Periódico 102, edición impresa. María Isabel García pertenece al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que se reúne los sábados en OTRAPARTE. El texto corresponde a sus ejercicios de Diario literario.

Al pie de un almendro

Giovany Arana Loaiza

Caminó hasta la esquina. Convirtiéndose en uno solo con la sombra del árbol se agachó soportando el dolor en las rodillas, aun sabiendo que dolerían mucho más al ponerse de pie. Como si el sonido del plástico fuera un delator ineludible de su condición médica, luchó contra el dolor en sus articulaciones para destapar la primera bolsa con el menor ruido posible. Vació el contenido intentando no esparcirlo con el temblor de sus manos para dejar un solo montón uniforme. De la segunda bolsa sacó una botella de agua y un recipiente de peltre que ya tenía más negro que blanco. Lo llenó con el líquido casi sin derramar ni una gota, y sonrió por eso. Volvió a guardar la botella haciendo un solo paquete con ambas bolsas. Abrazando el tronco del árbol, y en mucho más tiempo del que le tomó agacharse, logró al fin ponerse de pie. Con pasos cortos e inestables cruzó la calle y se sentó en la silla del paradero de bus. Pasaron todas las rutas y no subió a ninguna porque lo que esperaba era al amigo de cuatro patas que todos los días, sin falta, llegaba a las tres de la tarde a comer el alimento que encontraba al pie de un almendro.

garanal78@gmail

Instagram: @garanal78

 


Publicado en EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 102, Edición impresa. El autor pertenece al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que se reúne los sábados en OTRAPARTE.

Vivir y escuchar

Vivir y escuchar

Ángela María Salazar Álvarez

Cómo me cuesta confesar que he escrito más de una página en vano, que han ido directo al cesto de la basura, pero continúo buscando en los recuerdos, en las imágenes que veo en la calle, en las bibliotecas y hasta en los personajes que surgen de lo cotidiano.

Ese ha sido mi método, vivir, escuchar el paso del río y el canto de las aves que lo habitan. Cuando escribo un texto, un cuento, dejo mi sudor, alcanzo la cúspide creativa en ese momento, pero antes echo mano de los recursos que para cada uno son diferentes. Indago en bibliotecas, allí me sumerjo y hasta me olvido del tiempo, sólo me percato cuando apagan las luces.

Investigo sobre lo que habito y lo que veo. Construyo viajes que en ocasiones termino y en otras dejo en el camino, como me ocurrió con Curvas, incluido en un libro por el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo publicó y cuyo tema principal es el río Aburrá. Descubrí que le cercenaron sus meandros al canalizarlo y percibí la contaminación en sus aguas.

Con el Grupo visitamos el nacimiento del río, avistamos su flora y su fauna. Y en la ciudad, en un rinconcito suspendido sobre su aguas, encontré los restos de lo que fue el Instituto Mi Río. Sentarme en este puente y observar el cauce lento, ya viejo, fue doloroso. Sus olores, sus habitantes. Allí tejí varios personajes que quedaron plasmados en los libros La palabra se baña en el río, Cuando el río Suena y Aoketekete y otros relatos.

 

La investigación es un proceso que sirve para dar mayor significación a lo observado, lo cotidiano, que no se nos escape nada, ni el más mínimo detalle, y así, darlo a conocer, atraparlo y plasmarlo con palabras, lanzarnos con fuerza innovadora, con pálpitos e imágenes que nos persiguen y hacer de ellos una danza de letras. De tal manera que al final sea más importante el proceso que el logro mismo.

 

angelmas6963@hotmail.com

 

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La autora pertenece al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que se reúne en la Biblioteca Pública Piloto. Este texto fue publicado en EL PEQUEÑO PERIÓDICO No 102, edición impresa, 2018, página 11, con motivo de los 10 Años del Grupo.

 

Adiós al amigo, al compañero, al hermano, al camarada, al científico.

 

Su legado más combativo

Ángel Galeano Higua

Hace poco más de 7 años inicié uno de los trabajos de edición más apasionantes, de los escritos más polémicos, hermosos e inquietantes: Errores fundamentales de la medicina oficial. Su autor, nuestro gran amigo, compañero, maestro y camarada de la vida, el Doctor ROBERTO GIRALDO MOLINA, me permitió el privilegio de ayudarle en la redacción del texto, con todo lo que esto implica de análisis y discusión de cada párrafo, cada idea expresada, cada afirmación. Doy fe de varias de las grandes jornadas que tuvo que sostener para sacar adelante esta obra que hoy aparece, por fin, publicada por Proton Editora de Brasil. Supo vencer todos los obstáculos de la más diversa índole, para coronar con éxito su cometido. En mi opinión es su legado más combativo, su entrega más honrada, su testamento más completo. La forma más maravillosa de un hombre que se despide de este planeta para proseguir su viaje cósmico.
El Doctor Roberto Giraldo pertenece a la llamada “Generación de los descalzos”, ese puñado de soñadores que abandonaron todas las comodidades para ir a los lugares más abandonados de nuestro país con el fin de ponerse al servicio de nuestros compatriotas más pobres, y ayudarles a vivir con salud y dignidad. Y con ese espíritu, esa vocación, esa entrega, vivió toda su vida.

En el siguiente texto de Presentación, escrito por él, se puede percibir la grandeza de su propósito, el valor de ir contra la corriente y la claridad de su incesante batalla contra la perversión del mundo, los corruptos que controlan la salud y la educación y todas la órbitas de la sociedad.

Desde este espacio de la FUNDACIÓN ARTE Y CIENCIA y EL PEQUEÑO PERIÓDICO rendimos homenaje a quien fuera uno de nuestros más entusiastas colaboradores. Muchas de sus enseñanzas nos dieron luces para no desmayar. Continuaremos inspirados por su ejemplo y seguiremos fieles a la divulgación de su obra. Nunca trató de matizar sus descubrimientos, al contrario, con la franqueza de quien sabe que la honradez debe ser íntegra, los expuso sin ambages ante los más variados públicos.

 

Roberto Giraldo Molina, “Por el mejoramiento de la salud y de las condiciones de vida de los habitantes del planeta”. (Foto archivo)

Errores fundamentales de la medicina oficial

Academia y Ciencia:

Dos asuntos completamente diferentes

Roberto Giraldo Molina

Los conceptos descritos en este libro sobre microbios, vacunas, sida, cáncer y medicina de alma, son contrarios y muchas veces antagónicos con los paradigmas de la Medicina Oficial y de la sociedad actual.

Para entender esta aparente incongruencia, es necesario comprender que el “académico” o persona que trabaja o escribe en el ambiente educativo oficial, en la gran mayoría de las veces, justifica sus investigaciones, ideas y opiniones haciendo referencia a documentos existentes en libros oficiales o en artículos publicados por las llamadas “revistas indexadas o científicas”.

Sin embargo, el auténtico científico va más allá, no se limita a aceptar lo publicado en escritos y documentos oficiales. Él consigue aprender incluso de personas sin títulos académicos, escucha a todo el mundo, usa en forma permanente su percepción, su intuición y su sentido común, para saber si algo tiene validez científica, es decir, si es Bueno, Bello y Verdadero.

Pero por desgracia, todavía hoy en día, la política y los puntos de vista de las instituciones oficiales y de las personas corruptas que las dirigen, están por encima de las verdades científicas.

En la década de los años 80, cuando expliqué en documentos, conferencias y artículos que lo se conocía como Virus de la Inmunodeficiencia Humana, VIH, no era, no había sido, ni podía ser la causa del Sida, muchos médicos, amigos y académicos me preguntaban ¿dónde había leído eso? Significando que personas con mis apellidos y con mi origen colombiano, no teníamos derecho a intuir y percibir lo bueno y lo verdadero de aquella enfermedad.

Si leyeran este libro, muchos académicos me atacarán con furia. Sólo espero que algún día Dios los ilumine para darse cuenta de sus errores y del grave daño que causan.

Escribí este libro para ayudar a mis semejantes, cumpliendo así con mi juramento hipocrático. Es además, un granito de arena que se une a muchas personalidades, asociaciones e instituciones de todo el mundo que luchamos para salvar a nuestro planeta y a todos los seres de la creación, de la corrupción rampante.

 

Se ha vendido en el día de hoy el último ejemplar de Las siete muertes del lector, editado y publicado por la Fundación Arte & Ciencia en 2006 e impreso en los talleres litográficos de L. Vieco e Hijas Ltda de Medellín. El tiraje fue de 1000 ejemplares. Entonces la presentación estuvo a cargo de la escritora y editora Claudia Ivonne Giraldo. El evento tuvo lugar en el Auditorio Manuel Mejía Vallejo de la Biblioteca Pública Piloto. Reproducimos con gratitud el texto leído por Claudia Ivonne. El diseño de la portada fue obra del artista y escritor Saúl Álvarez Lara.

“Un valioso esfuerzo”

Claudia Ivonne Giraldo Gómez

Cada vez que un escritor presenta un nuevo libro, sus amigos y colegas asistimos a una ceremonia similar a la que hoy nos congrega, que no por común deja de ser significativa. He asistido a muchas en que la gente atesta este querido auditorio de la Biblioteca, otros auditorios; otras, menos ruidosas en las que al autor o autora, los acompañan un puñado de familiares y otro de buenos amigos. Cambian las obras y los autores, pero siempre, un oficiante y el autor repiten los gestos y hasta las palabras de tantos y tantas que desde hace siglos se esfuerzan por hilar una obra que tenga arraigo en sus posibles lectores, se esfuerzan por comunicar, acto sin el cual, la escritura no tendría sentido.

Cada obra, a su manera, se alza por encima de la ola de su generación, y peldaño a peldaño, construye un nuevo episodio, un paso adelante en ese proceso de pensarnos, recrearnos, representarnos y construirnos, que es el trabajo en el que ha estado empeñada la Humanidad. El libro que hoy tengo el honor de presentarles, Las siete muertes del lector de Ángel Galeano Higua, es un valioso ejemplo de este esfuerzo. Se trata de ocho textos, escritos en primera persona la mayor parte de ellos, que recogen las reflexiones de Ángel sobre diversos asuntos, especialmente sobre los que tienen que ver con lo que de verdad ama: la lectura, la escritura y la enseñanza.

El autor y Claudia Ivonne Giraldo. (Foto archivo)

Se trata de ocho textos algunos de los cuales han aparecido en El PEQUEÑO PERIÓDICO, y en los que Ángel ha experimentado diferentes muertes también, pero en las que la pasión por la palabra lo salva y lo vivifica: en Las siete muertes del lector, ensayo que da título al libro, plantea cómo, frente a la lectura, a los jóvenes lectores especialmente los asedian distintas trampas mortales para su pasión y gusto por los libros y por sus historias. La lectura rápida indigesta, es una clara y contundente crítica a los métodos para leer rápido y fácil, es decir, una crítica a la rapidez, que se opone desde todo punto de vista a la lectura placentera. En Sin Dios ni ley, Ángel también defiende los espacios de los Talleres literarios como libres y abiertos, no formales y lúdicos, en oposición a quienes quieren encasillarlos y plantean un método único para dictarlos. La vergüenza de escribir, es un interesante texto sobre la construcción de su novela, El río fue testigo, texto que tiene la cualidad de ser honesto y conmovedor, pero que al mismo tiempo guarda esa emocionada lucidez de quien habla de su propia obra y de sus dificultades, a un amigo querido, a un discípulo, y no a un gran público anónimo ávido de novedades. El texto que introduce su trabajo sobre Débora Arango, La venganza que incendia, tiene el tono amoroso y apasionado de quien ama, y se ve que Ángel ama mucho a Débora, su trabajo, todo lo que una mujer de esa estatura espiritual significa y seguirá significando para todos nosotros. Finalmente, el texto, Literatura y periodismo: ¿Frontera borrosa?, es un inteligente ensayo sobre un asunto que la nueva literatura colombiana ha puesto sobre el tapete, y que es necesario pensar con seriedad, con la seriedad que Ángel le imprime a la reflexión.

Un inolvidable profesor del bachillerato me escribió, justo un 15 de agosto de hace años, hablando de su oficio:

Permanece el profesor en contacto, codo a codo, con las generaciones que han seguido a la suya…y aprende, a través de las lecturas y el estudio, los datos acerca de las generaciones que ya pasaron. Este contacto es el contacto con la Historia y con la angustia: el hombre flota sobre la nada, aunque detrás de las cosas haya dioses…

A ese profesor lo recordé en dos textos hermosos que quiero resaltar del libro: Escoja su propio viaje, una lección de ética y de valor comunitario, y en Eliseo encantado, en el que el escritor le gana al cronista, para ponerme a tono con su artículo, y nos hace ver a ese contertulio, a ese Eliseo ido y presente, encantado, recordado.

Saúl Álvarez Lara, diseñador de la portada del libro, espera que le firmen su ejemplar. (foto archivo)

Es pues un libro corto pero no por ello superficial o vano. La escritura de Ángel Galeano Higua, sencilla, directa y clara, demuestra aquí también, como en el resto de su obra, una sabiduría dada por el ejercicio de pensar a solas y de tener el valor de rebatir conceptos que nuestra sociedad ligera y chata, acata como innegables. Pero lo que me conmueve realmente es la honestidad de estos textos, sin pose intelectual, sin afectaciones innecesarias. El tono es el del maestro, el maestro que ama profundamente su trabajo, que ama profundamente a sus alumnos. La claridad, virtud del filósofo, es también virtud del maestro que se queda en nuestra memoria, junto con su palabra, dando sombra a través de los años, como diría Cortázar de un buen cuento, de un cuento amado.

Libro para muchachos y muchachas, libro para lectores avezados y para desprevenidos lectores, libro que debieran leer en los colegios, especialmente los maestros, a quienes puede servirles el contacto que este maestro y escritor ha hecho con las generaciones pasadas y con las generaciones que le siguen como si se tratara de una playa generosa y dispuesta a grabar algo más que signos en la arena.

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Texto leído por la escritora y editora Claudia Ivonne Giraldo en el auditorio Manuel Mejía Vallejo de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, el 15 de agosto de 2006.