Feeds:
Entradas
Comentarios

Cuando conocimos Lo amador, su primer libro, estábamos ocupados en el Sur de Bolívar persiguiendo un sueño. En las soledades tumultuosas frente al río, sus cuentos se convirtieron en alimento imprescindible. Ahora que él ha iniciado su inesperado vuelo sideral, hemos vuelto a leer estos cuentos y de nuevo hemos sentido esa frescura narrativa que tanto nos alentó.

 

“El cuento es un encuentro repentino con la poesía”

“Lo único que le devuelve la libertad a la prosa es la poesía”

Estas frases de amor que se repiten tanto

Roberto Burgos Cantor

Roberto Burgos Cantor, aprendiendo a escribir.

I
Sucedía ese amanecer húmedo. El salitre venía con el aire y se quedaba enredado en los cabellos, en la piel cada vez que se escurría la sábana. También estaba en la silla al lado de la cama con la lámpara, unos libros y un paquete comenzado de cigarrillos Era uno de los amaneceres más húmedos del mundo. Y el salitre. Lo sentíamos en el piso de baldosas contra los pies descalzos cuando nos levantamos en la oscuridad para buscar el baño del patio. Primero me levanté yo y susurraste que a dónde iba. Después tú, y sucedió lo mismo para darnos cuenta que estábamos despiertos, sin podernos dormir. Parecía la misma sensación de las veces que veníamos del mar y sin sacarnos el agua salada y la arena nos acostábamos desde la tarde.
Toda la noche sentimos los camiones y los perros, los grupos de soldados dando alto y haciendo requisas, los detectives escondidos en la oscuridad silbando para avisar algo, con carreritas de un lado a otro.
Ese amanecer húmedo lo encontraron. Debían ser las seis de la mañana cuando encendiste el radio, aceptando que ya no volveríamos a dormirnos y veíamos la luz por entre las rendijas de la pared de madera. Yo, de espaldas a ti, acostado sobre el lado del corazón, mantenía los ojos cerrados, sin querer abrirlos, sin darme vuelta para abrazarte y saberte allí, preservada. Hacía memoria de los días en que jugando a elegir habíamos venido a vivir en este barrio y cómo escogiste el sitio, una accesoria, así dicen aquí, casa de muchos cuartos pintada de rosado en la pared del frente y con una escalera de piedra para llegar de la calle a la puerta de entrada. En esa altura un aviso con pintura azul: “ARACELY 1era REINA DEL UNIVERSO”, que aún, descolorido, permanece. Lo demás era previsible: el cuarto que da al patio, cincuenta pesos la mensualidad, nada de ruido jovencitos.

____

Reproducido por Ángel Galeano Higua
Grupo Literario El Aprendiz de Brujo

Tomado de: Lo amador, pg. 53 Instituto Colombiano de Cultura – Universidad de Cartagena. 1980

Anuncios

Editorial escrito por Mario Escobar Velásquez con motivo de la creación de la Fundación Arte & Ciencia.

 

De nuestros propósitos

Al consolidarse, mediante la aprobación de sus estatutos por la autoridad competente, nuestra Fundación Arte & Ciencia quiere establecer para la comunidad su razón de ser y delinear los propósitos que la animan.

Integrada por un grupo de ciudadanos ajenos a la política, y dedicados sí a menesteres artísticos o científicos. La Fundación venía gestándose de tiempo atrás. Cada uno de sus integrantes, y todos a una, venían entendiendo lo que suele ser usual en sociedades como la nuestra, cuyo desarrollo armónico es todavía una aspiración, esto es:

Portada de EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 40, cuyo Editorial corresponde al texto fundacional de la FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA.

A) Que el artista meritorio que cumple una función de belleza en cualquier campo no es algo que la sociedad tolera como un añadido, una superfluidad, sino una parte esencial. Porque la belleza ha sido siempre lo equivalente de una civilización. La una no puede ser sin la otra. Entonces La Fundación quiere estimular, apoyar, y poner de manifiesto ante la sociedad, a sus artistas: de todas maneras, y sea cual fuere el modo que tengan de manifestarse.

B) Igualmente en lo que toca a quienes dedican su vida a la ciencia. Tampoco sin ella hay civilización. Y tanto como el artista, el científico suele ser ignorado, inédito, menosvalorado. La Fundación pretende igualmente estimular, apoyar y poner de manifiesto ante la sociedad, a sus científicos: de todas maneras, y sea cual fuere el modo que tenga de manifestarse.

Lo que nos proponemos como entidad hace una tarea ingente. Los integrantes de la Fundación estamos llenos de voluntariosos ideales, que pretendemos cumplir.

Así lo prometemos.

(Texto escrito por Mario Escobar Velásquez por encomienda de los miembros fundadores de la Fundación Arte & Ciencia, octubre 12 de 1993 y publicado a manera de Editorial en EL PEQUEÑO PERIÓDICO No. 40) Archivo general Sala Antioquia de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín.

 


Con este libro nació la FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA en 1993. Después de esta obra el catálogo cuenta en la fecha con 80 títulos publicados.

 

Perfil de Mujer

Perfil de Mujer

Habitante de una casa sin paredes

Leandro Vásquez Sánchez (*)

Al conversar con Luz Elena Ibarra me pareció estar bajo un torrente. Sus historias sobre las violencias del país, los desarraigados, los movimientos sociales y comunitarios fluían con una fuerza que amenazó derribarme.

Luz Elena hoy vive en La Cruz, un barrio hermano de La Honda, en Medellín. (Fotografías de Leandro Vásquez)

La Violencia

Nació en 1949 en Liborina, Occidente de Antioquia. Un año después de El Bogotazo. Su papá era liberal y su mamá, conservadora. Cuando las hordas de asesinos arremetían, las mujeres se resguardaban en su casa. Por temor, el papá se llevaba a Luz Elena para el bosque. Allá no se atrevían a preparar ni siquiera alimentos por miedo a que el humo o el fuego los delatara.

Le contaron que su mamá preparaba tapetusa. Como ella sabía oraciones, cuando los militares inspeccionaban, no veían las plantas de caña de azúcar con que hacían el aguardiente, sino pencas de sábila. Su primer esposo le había enseñado los sortilegios. Cuando él no tenía dinero, se convertía en caballo y le pedía a un amigo que lo vendiera. Por desgracia, un día atraparon a la mamá de Luz Elena. Por eso, ella nació en la cárcel.

De su cuello, cuelga una camándula de cuentas traslúcidas. En el velorio de mi abuelo recitó de memoria los “Misterios gloriosos” cuando guardábamos un silencio tenso. Aprendió el rosario de su mamá. Recuerda que el día que la Junta Militar derrocó al dictador Rojas Pinilla, obligó a la familia a levantarse a las once de la noche para rezar por el general. La personalidad de su mamá era compleja. También los juntaba en el patio, todos los días, a las dos de la tarde, y les hablaba de Marx, Mao, María Cano y las luchas por el voto femenino.

 

El desarraigo

Una de tantas reuniones de capacitación de líderes comunitarias en Medellín.

Vivió en Aparatadó, Belén de Bajirá, La Dorada Caldas, Barranquilla, Puerto Berrío, Currulao, Chigorodó, Bucaramanga y otros lugares. Paseó por las ferias de todo el país, junto a su compañero, haciendo fotografías. En el Cauca estuvo con los Liberadores de la Madre Tierra. En La Rochela, Santander, reclamó por el paradero de doce jueces ejecutados. En Popayán, con la Ruta Pacífica de las Mujeres, defendió los acuerdos de paz. En Segovia, participó en la conmemoración de la masacre de 1988. Su casa no tiene fronteras, es un camino que recorre impulsada por el destino y las luchas por la dignidad de los seres humanos.

En el año 2.000, llegó a Medellín acosada por la violencia, después de vivir en Urabá. No conoció suelo más fértil que ese. En su patio cosechaba los mejores alimentos. La riqueza estaba tirada por ahí, los bananitos pequeños no nos los comíamos, afirmó. La exuberancia de la tierra, también fue su desgracia. Una tarde los paramilitares llegaron con notarios a bordo y los obligaron a entregar sus parcelas a precios insignificantes. Luz Elena asistió a una reunión en la que Carlos Castaño les dijo que mañana le entregaban el dinero a las viudas, es decir, asesinarían a los hombres. Y si ellas no querían vender, también las desaparecerían.

Arribó a La Honda, Comuna tres, un barrio que hace pocos días celebró sus veinte años de existencia. Allá estaban entregando solares a quienes participaran en los convites para construir las viviendas. Un día hacíamos la casa de un amigo y al otro, la mía, dijo. Fue terrible vivir la persecución de la fuerza pública a sus hijos. Imaginaban que pertenecían a grupos armados, sólo porque eran desplazados. Además, las bandas querían reclutarlos. A veces me pedían un trapito y sacaban los revólveres para limpiarlos. Me les planté y les dije que no volvieran. Mis hijos no empuñarán un arma, concluyó con bravura.

No fue difícil organizarse. En Urabá ya habían construido tejido. En Medellín, fundaron Latepaz (Líderes hacia adelante por un tejido humano de paz). Ahí conoció a Ana Fabricia Córdoba, la líder asesinada dentro de un vehículo de servicio público. Las dos venían desplazadas de Urabá, eran vecinas y se hicieron amigas de andanzas y compañeras de luchas. En la organización ayudaban a quienes llegaban desplazados. Les conseguían comida, albergues temporales y brindaba capacitación sobre las rutas de atención, que ya conocían por haber arribado antes a la ciudad. Ahora, Luz Elena participa en la creación de un documental sobre Ana Fabricia, un testimonio de una vida atribulada por todas las violencias del país, un grito que desde el infinito nos advierte que la muerte no es posible.

La Cruz

Encuentros semanales de las madres de los desaparecidos en el Parque de Berrío de Medellín, actividades lúdicas simbolizando la búsqueda y la espera de sus seres queridos.

Luz Elena vive en La Cruz, un barrio hermano de La Honda. Una vez subí por una carretera empinada, en un bus cargado de bultos de mercado y pasajeros taciturnos. Mientras yo rogaba en silencio para no despeñarnos, ellos miraban por la ventana, impávidos ante el esfuerzo del vehículo para trepar la loma. Los ranchos de madera y las casas de ladrillos estaban aferrados al cerro, desperdigados entre árboles, plantas y pasto. Después de abandonar la parte más poblada, subimos una montaña pelada, escarpada y silenciosa, poblada de viviendas que parecían ocupadas por fantasmas que eran dueños de los perros famélicos que nos recibieron. Lo más alto estaba coronado por una cruz. Fue hace tanto que no sé si la última parte es un recuerdo o así es como imagino la Comala de Juan Rulfo.

A pesar de que en el barrio viven más de diez mil personas, la administración municipal de Medellín todavía lo cataloga como un asentamiento subnormal y zona de alto riesgo. Las políticas públicas hacen más difícil la vida de sus pobladores. Luz Elena pertenece al Comité por la Defensa y Transformación del Territorio. Ellos no hablan de zonas de alto riesgo, sino de alto costo. Creen que es urgente invertir en el fortalecimiento de los cimientos y el mejoramiento de las viviendas en estos territorios. Las comunidades están dispuestas a ofrecer su trabajo para respaldar este tipo de propósitos. No quieren reubicaciones, sino reasentamientos en sitio. El barrio es una gran familia. El vecino me presta el pasaje, en la tienda me largan una libra de panela. Puedo hacer empanadas y tengo clientela, dijo Luz Elena. Cuando son desarraigados, se quedan solos, tienen que empezar de nuevo.

A Luz Elena hace tres meses la sacaron de la casa que arrendaba. Se fue a vivir a un lote suyo, pero la vivienda se había desplomado. La Corporación Convivamos le prestó una carpa. Las compañeras de la Red de Mujeres Populares la ayudaron a levantar una casa de madera, en la que puede escuchar la lluvia sin que la moje. Tiene una vivienda en Liborina que heredó de su hermana, pero se niega a dejar de lado los afectos, los sueños y las esperanzas forjadas durante dieciocho años de trabajo comunitario. Prefiere vivir donde está. Por lo menos en su jardín puede sembrar cebolla, pimentón, orégano y cúrcuma. Además, habita la ciudad: hogar con techo de nubes, estrellas, soles y lunas.
No es la primera vez que tiene dificultades, ni son las más difíciles que enfrentó. Le duele ver a su familia desperdigada. Cuando habla de ellos, se le nota en los ojos tristes y los labios contraídos, pero confía en que todos tienen la templanza para librar sus propias batallas.

Sara Isabel cuenta con la fortuna de que la habita la fuerza de varias generaciones de mujeres sobrevivientes de la guerra.

Su hijo vive en una habitación del centro de la ciudad. El otro, en Liborina. Luz Elena sólo está con su hija Chavela. Como habitaban una carpa, a Sara Isabel, su nieta, la internaron para protegerla. Cuando Chavela estaba embarazada de ella, caminaban desde La Cruz hasta la Universidad de Antioquia para asistir a un diplomado de servicios públicos y pobreza.

Al nacer, la acostaban sobre el pupitre. Cuando apenas caminaba, marchaba el Día Internacional por los Derechos de las Mujeres de la mano de su mamá y su abuela. Era tal su tenacidad que en el movimiento la apodaron Resistencia. Ahora tiene diez años. Exige sus derechos en el salón de clase. Ya es una activista, dijo Luz Elena con orgullo. Sara Isabel cuenta con la fortuna de que la habita la fuerza de varias generaciones de mujeres sobrevivientes de la guerra. Que no le falte el valor para liberarse de cualquier lastre y caminar por la casa sin paredes que le dejará su abuela.

EL PEQUEÑO PERIÓDICO, Edición 102, pág. 4 y 5. Septiembre de 2018

_____

(*) Leandro Vásquez Sánchez es periodista egresado de la Universidad de Antioquia, miembro del Comité Editorial de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, autor de innumerables crónicas y reportajes algunos de los cuales hacen parte del libro Perfil de Mujer, publicado por la FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA. Obtuvo el Premio Nacional de cuento convocado por el periódico Qué Hubo en 2017 con el cuento Calle sol. Autor del libro Gambeta, de la Colección El Aprendiz de Brujo.

 

Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.

____

Carné de Aprendiz

“No existo sin el Arte”

Entrevista con Diana Patricia Álvarez

Ángel Galeano Higua

Desde hace muchos años acostumbro conservar ciertos textos de los participantes en las sesiones literarias, tal vez por un prurito de editor que sin darme cuenta he cultivado. De Diana tengo varios, entre los que destaco uno fechado en octubre de 2002, en el cual ella se aventura en la exploración de un cuento leído en el grupo (¿Aló?, ¿Aló?) que recrea la intrincada atmósfera de violencia que cayó sobre Medellín en las décadas de los 80 y 90. Lo que atrajo mi atención fue el enfoque que ella hizo, no del aspavientoso retumbar de las bombas de los narcos, ni el espectacular traqueteo en las noches malditas, sino del silencio, que “tiene voz propia y juega un papel importante en este texto, es un personaje… Para mí, dice Diana, el silencio es un refugio, es el artífice de lo que nunca queremos escuchar…”.

En estos tres lustros Diana ha consolidado su búsqueda en el Arte, que marca su horizonte. En especial la música, hermanada con la palabra a través de la literatura. Por eso halla música en los silencios de ese cuento y la sigue hallando en las lecturas que hacemos de los grandes maestros. Por ese sendero, nada angosto, ha venido soltando sus escritos y alimentándose con lecturas sobre grandes compositores. La pintura, el cine, la fotografía son fundamentales en su diario vivir y los cultiva con la misma devoción.

Sus escritos suscitan asombro por su condensada fuerza, no es amiga de despilfarrar las palabras. Lo que tiene que decir procura hacerlo con el máximo de síntesis, incrementando la tensión. Los silencios deben estar ahí, jugando su prodigioso papel. “Significar sin palabras”. Sin pausas no hay voz, no hay sonido, no hay Arte. Si no tiene algo nuevo que decir, prefiere callar. Por eso en algunas preguntas de este entrevista no debe extrañarnos su silencio. (Cuando le pedí que reconsiderara dar alguna respuesta, me dijo: “Esas preguntas no las respondo porque apenas estoy empezando el proceso, aún no he enfrentado esos dilemas”). De esta afirmación se desprende también su convencimiento de que se halla en constante proceso de aprendizaje. Esa actitud la aparta de todo engreimiento y la impele por el silencioso camino de la curiosidad. Una voz así, suave y tierna, pero profunda y musical, enriquece el proceso de aprendizaje del Grupo.

 

Diana Patricia Álvarez. “El Arte ahhh… la vida. No me pienso, ni existo, sin el Arte. He sido y seré una rebelde”. (Foto archivo)

 

P. ¿Cuál es tu gracia?
R. Vivir mis experiencias con la mirada curiosa y espontanea del niño, con la pasión, el ímpetu y la rebeldía de la juventud. Tener la fortuna de estar siempre rodeada de maestros, que comparten sus saberes, me dejan ser y potencian mi individualidad.

P. ¿Y tu desgracia?
R. Vivir en resistencia entre lo sensible y lo racional con proyectos ambiciosos en el universo del arte, entre el deseo de conocer y experienciar las diversas manifestaciones y no contar con el tiempo para realizarlos, porque el campo laboral me consume.

P. ¿Consideras que has avanzado como lectora, como escritora?
R. He avanzado, porque cada proceso trae consigo mejoras, puedo darme cuenta del avance en mis ejercicios de escritura porque se han convertido en un acto más consiente, más responsable.

Conversando sobre un escrito de Diana en una sesión sabatina: “tengo facilidad para producir asociaciones sonoras cuando leo”.

P. ¿Cuándo comprendiste que eras una aprendiz?
R. Cuando descubro que el que me enseña es un maestro, en ese momento asumo otra postura, la de la esponja.

P. Hay cierta predilección en tus publicaciones por los textos cortos. ¿Qué piensas de ello?

R.

P. ¿Has publicado ya algún texto?
R. No he publicado.

P. ¿Te gustaría publicar uno de tus escritos?
R. Apenas estoy en proceso de aprendizaje. En estado de absorción.

P. ¿Cuál de tus textos te ha exigido más trabajo? 

R. … (no responde)

Los ensayos que realicé en el semestre (“Literatura y artes visuales”), fueron planteados bajo una óptica musical.

P. ¿Te persigue algún tema en especial?
R. Sí, el mundo sonoro.

P. Como estudiosa de la música, cómo consideras esa relación con la literatura.
R. La relación es muy pertinente porque ese componente musical me acerca más a la obra escrita, subraya compresiones, hay un período de la música que representa donde se codificaba el sonido para producir emociones, es un significar “sin palabras“, como decía Mendelssohn. Recuerdo que uno de los seminarios que tomé de mi licenciatura se llamaba “Literatura y artes visuales”, los ensayos que realicé en el semestre fueron planteados bajo una óptica musical, tengo facilidad para producir asociaciones sonoras cuando leo, por ejemplo reflexioné a Alicia en el país de las maravillas en relación a la música contemporánea, Alicia en el umbral al nivel de la sensibilidad, que cambia o desaparece para eventualmente volverse perceptible desde otro ámbito con elementos que son comunes que se pueden reconocer pero que están dispuestos de manera diferente, que pueden hacer por tanto que signifiquen o no, que operaran una apertura para la lectura y la experimentación.

P. Si tuvieras que aguardar en un bote sobre aguas tranquilas y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías?

R.

P. Para evitar que te condenen a conducir sin salario un bus urbano en Medellín si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías?

R.

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?
R. Porque hay resonancias en mí que se conjugan con los intereses de los miembros del grupo. Tienen activo el deseo de escribir.

P. Te piden como pasaporte al paraíso terrenal que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?
R. El Arte ahhh… la vida. No me pienso, ni existo, sin el Arte. He sido y seré una rebelde.

 


 

P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario? 
R. Me ha permitido hacer pescas milagrosas. Antes dejaba escapar pensamientos, ahora tengo dónde resguardarlos.

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?
R.Sus recuerdos enceguecen por un instante la pregunta por el código.
– El río pasa en calma, la corriente se lleva su mirada.

– Unos cuantos fragmentos y vestigios de sí mismo lo hacen desdibujar sus huellas.

– No ha retirado su mirada de la inscripción que está abierta, el sonido emerge de allí, rompe con lo codificado, extrae y pulveriza toda relación mental. Hay una cierta grafía sonora que no consigue plasmar en una partitura.

La última página

Última página de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, No. 102. Ya está en circulación la edición impresa.

Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.

____

Carné de Aprendiz

“Ya me atrevo a superar la poesía”

Entrevista con Francisco Pinzón Bedoya

Ángel Galeano Higua

 

Cuando me entrevisté por primera vez con el ingeniero Francisco Pinzón Bedoya, en la cafetería del edificio El Paraninfo de la Universidad de Antioquia, él acariciaba un proyecto de libro de poesía que quería que la Fundación Arte & Ciencia le publicara. Desde ese momento percibí en sus textos una sensibilidad musical. Leí sus versos, avanzamos durante varias reuniones y alcancé a proponerle dos ilustraciones para la portada del libro, elaboradas por Saúl Álvarez Lara. Era el año 2004 (si mal no lo recuerdo). Pero cuando íbamos a entrar de lleno en el proceso de edición, después de cinco meses de relecturas y conversaciones, él desapareció. Aún conservo las bellas portadas de Saúl. Aquella primera experiencia me anunció a un hombre tímido, riguroso y que necesitaba tiempo. Pasaron 15 años para encontrarnos de nuevo, pero esta vez no venía con versos, sino con otro propósito muy definido: quería aprender a narrar, a escribir cuentos.

La poesía sin estética no lo convencía y creía, como Stevenson, que la prueba de fuego de la poesía está en la prosa. De esta forma ingresó al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo que se reúne los sábados, y se entregó por completo a la aventura de aprender a leer y a escribir de nuevo, que son las máximas búsquedas del Grupo. Le atrapó la propuesta de llevar un Diario literario, de atreverse a leer con otros faros a los grandes maestros y de explorar con mirada crítica los propios ejercicios escritos y los de los demás. Y este aprendiz cayó bajo el embrujo de esa libertad de leer y escribir sin los patrones academicistas, desbaratando títulos, escarbando primeros y últimos párrafos, torciéndoles el camino a los personajes para jugar a nuevos destinos, y probando nuevos desenlaces. En esa fragorosa atmósfera desmitificadora, se ha atrevido a compartir varios de sus escritos que llenan de entusiasmo sus ojos y despiertan el interés de los contertulios.

En la presente entrevista nuestros lectores podrán percibir en qué va la riqueza de su búsqueda, el ahorro de palabras para ensanchar las sugerencias y su alegría de aprender a aprender, porque no quiere “olvidar de dónde vengo y qué soy”.

 

Francisco Pinzón Bedoya. “Tolimense de hechura Caribe. Ingeniero en ejercicio durante más de 40 años, desde Bucaramanga hasta Medellín donde echo raíces. Soy el resultado de una búsqueda de ser en letras y en pétalos, como expresión de mi sensibilidad profunda, además de padre, esposo y buen amigo de muy pocos. Amante de la salsa, el son, el vallenato clásico, y el ron o el whisky”.

 

P. ¿Cuál es tu gracia?
R. Tomo riesgos, asumo la vida como llega y pongo un sello en lo que escribo y enfoco: poesía y belleza. En imágenes, navego por el ensueño de la mirada distinta de las flores que me rodean. A eso le sumo mi compromiso conmigo mismo y mi espontaneidad para compartir.

P. ¿Y tu desgracia?
R. No saber tocar un instrumento musical: mínimo, la guitarra, y no cantar como yo quisiera, mi voz nunca tuvo el tono de mi voluntad. Hubiera querido musicalizar algunas de mis poesías, ya que me precio de tener un excelente oído.

P. ¿Crees que has avanzado como lector, como escritor? ¿Por qué?
R. Como lector aún mantengo el mismo ritmo de siempre y debo disponer de más tiempo, que ya llegará, Aún no avanzo como quisiera para ser más universal. Lo que sí tengo claro es que debo ser selectivo.

Poema de Francisco Pinzón Bedoya publicado en la edición 96 de EL PEQUEÑO PERIÓDICO e incluido en la antología La última página, con motivo de los 30 años del periódico.

Como escritor, ya me atrevo a superar la poesía, a abordar el relato y el ensayo, aunque persigo con limitaciones el cuento y mucho más lejos, para un mañana, la novela. No me limito sólo a lo que me gusta pues he empezado a tocar temas a los que le huía por temor o dolor, como la muerte o el suicidio.

P. ¿Cuál fue el primer libro que te impactó?
R. En 1975, el primer volumen de Archipiélago Gulag del escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn. Es una ironía porque es un conjunto de historias sobre la represión en la URSS, conseguido a través de los compañeros de la Juventud Comunista (Juco) en la universidad, como el gran boom que desenmascaraba al otro imperio. Gulag es miedo y todo lo que estar bajo el régimen conllevaba. Lo curioso es que del impacto sólo recuerdo el dolor que me transmitieron esas torturas que ahora se parecen a las que padecieron los detenidos de los campos de concentración nazis o los que se padecen en Guantánamo.

P. ¿Cuándo comprendiste que eras un aprendiz?
R. Desde mucho tiempo atrás en mi desarrollo profesional, pero como escritor desde que me atreví a mis 41 años a escribir poesía. Creo que siempre he sido un aprendiz, explorador, escudriñador, desentrañador. Ha sido una dedicación de tiempo completo. Leo de manera selectiva y me doy el permiso de dejar de leer aquello que no me mueve ni me enriquece. Desde este año, he ingresado en un plan estructurado para aprender a ser cada vez un mejor aprendiz, en donde no haya textos vedados ni altares o dioses que no se puedan analizar, desmembrar y hasta copiar, para los fines de ser un escritor.

P. En casi todos los textos que has compartido en las sesiones del Grupo se nota una lucha entre las figuras poéticas y la narración. ¿A qué se debe?
R. Soy un poeta de tiempo completo, romántico, ensalmador, amante, travieso, curioso y atrevido. Quiero aprovechar eso para relatar y contar, bajo la esperanza de llegar a textos bellos, bajo el supuesto de que podré pronto disponer de más tiempo para ello. La lucha es que me mueven las estructuras descontaminadas de reglas y de miradas que consideren el lector, ahora, como narrador debo tener en cuenta: para qué, por qué, para quién, y qué y cómo escribo. Por ello, quiero adquirir más capacidades para contar tanto de lo que aún tengo por decir, de lo que sé y de lo que no sé.

De su libro Sentires en mí menor

P. ¿Has publicado ya algún texto narrativo?
R. Sólo aquellos que autopublico en mi blog pero hasta ahora, en libros, sólo mi poesía. En algunas revistas internacionales he hecho ensayos sobre algunos otros temas, pero la narración no es algo nuevo, sólo que debo enfrentarlo porque hasta ahora me ha sido esquiva, por no decir que difícil. Tengo varios intentos que seguiré puliendo o destrozando, no lo sé. Debo lograrlo, sé que puedo.

P. ¿Preparas alguna publicación próxima? ¿Podrías adelantar algo?
R. Preparo un libro de poesía erótica y otros de talantes diversos donde vuela algún título ya, con la alegría de mi editorial y la mía propia. De un tiempo para acá derivo por textos en italiano y quiero traducirlos, poco a poco voy regalándome belleza que otros han dejado para mis ojos.

P. ¿Cuál de tus textos te ha exigido más trabajo? 
R. Hay un texto narrativo que lo he escrito como 17 veces y siempre me queda “cojo”, y en parte porque quiero ser un buen Aprendiz de Brujo a ver si lo exorcizo y lo logro como yo me imagino que debe quedar. El primer borrador nació en 2001 y aún le hago versiones. No lo he superado, sigo viviendo con mi personaje y su historia allá a la orilla del mar Caribe.

P ¿Te persigue algún tema en especial?
R. Sí, varios ligados entre sí: el mar, el amor, el erotismo, la piel, y algunas reflexiones para trascender cosechadas en mis 62 años de vida. De igual manera, mi familia ampliada y mucho de lo que me rodea y me hace feliz o infeliz o me es indiferente, sobre ello también quiero escribir.

P. Si tuvieras que viajar por los desiertos de La Guajira durante un mes y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías?
R.Esos patios de mi viejo”, poema que narra la historia de mi familia en Santa Marta, para no olvidar de dónde vengo y qué soy.

P. Para evitar que te obliguen a hacer de arriero por los caminos ancentrales de Antioquia durante medio año, si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías?
R. Algunos de mis primeros poemas rimados de hace veintitantos años. Ellos me hacen recordar esas épocas en que crecía al lado del siglo de oro español y otros más, que me llenaron de “cantaítos y gorjeos” que ya nada me dicen.

En una sesión sabatina del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo (foto archivo)

P. ¿Cómo consideras la relación de la poesía con la literatura?
R. Siempre he considerado que la poesía es parte de la literatura, entendiendo ésta como el arte de la expresión escrita o hablada, donde creo que la lírica, la narrativa y el teatro forman parte de ella; bajo conceptos universales de estética y alegría. En cualquiera de las clasificaciones que se hagan siempre estará presente la poesía como expresión suprema de lo bello. Lo que sí tengo claro es que poesía sin estética, no existe o no es poesía.

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?
R. En un principio, asistir fue la disculpa para tener un ámbito en el cual compartir mis letras y obtener algún tipo de retroalimentación. Ahora, ya parte de un colectivo con aspiraciones mayores, soy un seguidor con ojos de asombro que disfruta del talento de tanta gente en cada sesión, como un niño con su regalo escaso e irrepetible que pidió durante tantas navidades.

P. Te piden como pasaporte al paraíso terrenal que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?
R. Tolimense de hechura Caribe. Ingeniero en ejercicio durante más de 40 años, desde Bucaramanga hasta Medellín donde echo raíces. Soy el resultado de una búsqueda de ser en letras y en pétalos, como expresión de mi sensibilidad profunda, además de padre, esposo y buen amigo de muy pocos. Amante de la salsa, el son, el vallenato clásico, y el ron o el whisky.

 


 

P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario? (algo de historia de tu experiencia)
R. Libertad de decir, en el momento en que llegan las ideas o las inquietudes, sin barreras ni restricciones ni reglas preconcebidas. Es un repositorio de chispazos y ocurrencias. Como es personal pues no está sujeto a ninguna mirada, a ningún juicio. Materia prima de escritos mayores o ideas que se gestan.

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?

R. Aquí van…

Ellos llegan y tocan un timbre ruidoso: ¿está el doctor? Las respuestas varían entre un sí y uno no, y un para qué lo necesita. Es una variedad de rostros, toses y necesidades. Las dos señoras jubiladas que desesperan y en turnos salen a la calle a fumar o a llamar por celular, hablan todo el tiempo. Una pareja dispareja parecían como hermanos, hasta que una caricia cuando uno de los dos entró al consultorio delató la afinidad. La señorita que atiende la recepción, recién bañada, tiene una cara de aburrimiento que pronto cambia por una auténtica de “no me importa ni lo uno ni lo otro”, cobra, devuelve, hace pasar a los pacientes, atiende tres teléfonos que no paran de sonar, y abre y cierra la puerta a distancia con un ruido que hiere los oídos. La pareja vuelve a sentarse porque el otro como que también tiene cita. Se ponen más melosos o cariñosos y hay que voltear a mirar para otro lado. Sólo yo escribo y escribo, tal vez en un afán de mover la mano y dejar que algo quede de esta espera que llena de desespero mi cuerpo, porque debo ir a mi taller de escritura y el doctor no llega, ya tiene 66 minutos de retraso.

Y uno queda suspendido en una mirada de asombro frente a letras que son impactantes, no sólo por la belleza, la pulcritud y la precisión para describir el movimiento y la atmósfera de un cuento, sino por la creatividad de imaginar adjetivos preciosos en lugares impensables desde las formas que oigo desde mis reminiscencias del Caribe hasta otras llenas de vida y del espíritu del escritor. Sólo fomentan una pulsión por seguir leyendo y por atrapar las enseñanzas de esos grandes que me han precedido. El siempre presente Nobel 1982 y hasta otros como Bolaños, Daniel Pennac o Manuel Mejía Vallejo.

Imágenes en movimiento rondan mis recuerdos: Juancho y sus gritos mientras se tiraba de la volqueta sin parar, cargada de arena mojada recién sacada de la quebrada Tamacá, para atrapar por el cuello una gallina a la orilla del carreteable, y el consiguiente grito de “¡Hágale, Patrón!”; las chivas del señor Espejo subidas en los árboles y comiéndose todo a su alrededor con su olor almizclado característico, donde la bolitas de caca eran el denominador común; la vida fluyendo en la calle con el golpe de la tapa de una carretilla ofreciendo desde pan fresco y caliente hasta la música de la dulzaina o del xilófono anunciando el servicio de sacarle filo a los cuchillos y a las tijeras, cuyos artesanos mi padre odiaba porque “¡Lo único que hacen es dañarles el filo porque no usan piedra sino un esmeril! ¡Esos ni siquiera de eso saben! ¡Charlatanes, tumbadores!”

Veo sombras alteradas en el piso brilloso de la calle después de la lluvia de toda la tarde. Ya casi anochece. De pronto, por un movimiento de humanos detectado por la mirada periférica del rabillo del ojo, me sobresalto. ¿Por qué sólo sombras de personas si no está transitando nadie? ¿Será que algunos la han perdido? ¿Es posible que hayamos llegado a esos extremos? He de revisar esos sonidos que llegan en la noche, de risas y de llantos, provienen de alguien, no vaya a ser que se queden pedidos en este aire sin dueño.

Medellín, agosto 24 de 2018

Expedición Palabra

Editorial

Leemos y escribimos para buscarnos, porque no nos hallamos en la sociedad de hoy. Vamos al cine o al teatro, recreamos la mirada en las exposiciones o viajamos en la música. Nos buscamos a través del Arte que incluye también la palabra.
No nos vemos en la ciudad por más que la trasegamos. Y la recorremos justo para ello, esculcamos cuanto vericueto vemos pero son enormes las presiones desde todos los ángulos contra la individualidad. La intimidad, resguardo del individuo, se ha tornado en espectáculo, en mercancía. Lo importante son las minucias intrascendentes y frívolas, y no la obra que se lega. Si no hay obra tenemos que inventarla.
La masificación es avasalladora y no nos conecta con los demás sino en lo previsto por esos centros de poder. La masificación es domesticación, que no se corresponde con esa búsqueda de aire propio que pretendemos en las jornadas de lectura y escritura. Vivir la propia vida es sospechoso, mal visto, peligroso como dice Guimaraes, en algún lugar de su gran sertón. Quizás sea esta la razón que nos impele a publicar esta nueva edición del periódico.
Después de una pausa de cinco años y animados por la efervescencia creciente de contar lo que vemos e imaginamos, y aprovechando que el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo cumple sus primeros 10 años, henos aquí de nuevo en la palestra impresa. Nos ha sorprendido la gran acogida de nuestros lectores y amigos, cuando les anunciamos el propósito de retomar el hilo de esta aventura llamada EL PEQUEÑO PERIÓDICO.
Durante el lustro que ya pasó, nuestra presencia fue virtual y mantuvimos comunicación constante con cientos de lectores. Ahora, como se nos ha hecho imposible continuar así, retornamos a la palabra impresa en el papel, olorosa a tinta y esfuerzos, jubilosa y a la vez contundente, no efímera como en la pantalla, ni tan distante e impersonal.
Se trata de un ejercicio para responder a la avalancha de escritos y proyectos atesorados en el Grupo Literario, semillero y baluarte del periódico. Sentimos que llegó el momento de compartirlos. Y así como hemos escrito en las redes sociales sobre diversos asuntos culturales y sociales, y entregado nuevos libros de cuentos, crónicas y relatos, así mismo entregamos en esta ocasión la Edición 102, jalonada por ese espíritu de expedición hacia la palabra recogida en este riesgoso oficio que es vivir.