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Algunos de los miembros del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, reunidos para celebrar en la Casa de la Cultura de Envigado.

Mis primeros 10 Años

GRUPO LITERARIO EL APRENDIZ DE BRUJO

2008 – 2018

Memoria e imaginación

Podría decirse que la imagen está más relacionada con la memoria, y la palabra con la imaginación. Los diez años del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo los podemos seguir en las fotografías que atesoramos y que conservan los momentos más sublimes. Ahí quedaron congeladas en el tiempo muchas de nuestras aventuras, nuestros viajes: Al nacimiento del río Aburrá, a Támesis, a Venecia, a Envigado, a Magangué, a Mompox, las hermosas veladas de presentación de libros en los auditorios de la ciudad, las intensas jornadas de edición de nuestros libros, las sesiones de los martes y los sábados, y podríamos seguir enumerando momentos.

Son testimonios. La cámara fotográfica ha sido un espía que guarda las evidencias de sus pesquisas, y uno creería que no se puede negar lo que ha registrado.


Pero la historia de nuestro Grupo Literario está en la palabra. La mayor constancia de este encuentro de aprendices y cómplices son nuestras historias, nacidas de la imaginación y del recuerdo. Eso es lo que nos convoca, eso es lo que nos reúne y nos ha reunido por una década. Eso es lo que compartimos hoy, dijo Nubia Amparo Mesa en la apertura del evento conmemorativo en la Casa de la Cultura de Envigado.

Nacimiento del Grupo

Con este libro nació el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo en Noviembre de 2008

El Grupo Literario El Aprendiz de Brujo nació gracias a una decisión que liquidó el programa de Jornadas de Literatura de Comfama, en 2008. Al darlo por terminado cientos de lectores que asistían a las bibliotecas de dicha Caja, quedaron a la deriva. Fue justo en ese momento cuando Ángel Galeano Higua, que atendía desde 1999 varios de aquellos grupos en la ciudad, al ver el deseo expresado por muchos de aquellos lectores de continuar por su cuenta, les propuso crear el Grupo Literario, hecho que sucedió a finales de noviembre de ese año. Bajo su tutoría y aglutinado alrededor del libro Primer Conjuro, editado por la Fundación Arte & Ciencia con escritos elaborados por los 16 cofundadores, irrumpió el nuevo grupo.
En el Prólogo de este primer libro, Ángel Galeano escribió: “Que hermoso ha sido haber participado en este libro que no nos propusimos hacer. Este primer conjuro hecho de palabras que sólo al final calamos como el mejor regalo que podíamos darnos a nosotros mismos. Un regalo de despedida de un programa maravilloso, y un regalo de bienvenida a un nuevo camino que nos sonríe henchido de enigmas y desafíos, y ante el cual, de todos modos, tendremos que batirnos solos. Como al comienzo”.

 

Frutos del aprendizaje

A partir de entonces el Grupo ha publicado 13 libros, entre colectivos e individuales, varios de ellos premiados con Becas de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín como Vigías del Patrimonio y Mención de Honor del Mincultura en Antologías de Talleres literarios. (La duda, cuentos)
Títulos como La palabra se baña en el río, Cuando el río suena, Aoketekete y otros relatos del río, y El traído, cuentos de navidad, son el fruto de un trabajo riguroso y continuo, teniendo como eje central al río que atraviesa la ciudad de Medellín y el Valle de Aburrá.

Con más de 440 sesiones semanales ininterrumpidas, el Grupo Literario cumple su primera década con una Hoja de vida rica en eventos y ejercicios, dos grupos activos, una metodología propia para abordar la lectura de los grandes maestros de la literatura universal, con el Diario Literario como poderosa herramienta de observación y entrenamiento de la palabra, y una estrategia propia de lectura y análisis crítico de los textos creativos presentados por los participantes. El Grupo ha cultivado con paciencia y rigurosidad una sólida escuela editorial de estilo propio, mediante la cual se ha convertido en proveedor de publicaciones como EL PEQUEÑO PERIÓDICO y el Blog de la FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA, además de sus propios libros, en especial de la nueva Colección El Aprendiz de Brujo.

Ha realizado muchas visitas a comunidades dentro y fuera de Medellín, con talleres de lecto-escritura creativa, llevando en donación a sus bibliotecas comunales y de colegios, los libros presentados por los autores mismos.
Es de destacar las celebraciones literarias y culturales realizadas durante el presente año para conmemorar los 10 años: Encuentro de autores españoles y colombianos en alianza con la Corporación FÓRUM DIVERSITARS de Barcelona, España, liderada por el guitarrista clásico Miguel Ángel Sanz.

Y las lecturas en voz alta en diversas universidades como la Universidad de Antioquia, Universidad Libertadores de Cartagena, Normal Superior La Hacienda de Barranquilla, Casa de España en Cartagena, Fiesta del Libro de Medellín, con el auspicio de la Biblioteca Pública Piloto. Merece especial mención el evento realizado el martes 27 de noviembre en la Casa de la Cultura de Envigado, con la presentación del guitarrista antioqueño Johan Sebastian Machado y la presentación de una interesante propuesta audiovisual sobre la utilidad del Diario Literario.

La duda, Mención de Honor de Mincultura 2018. Nuestro próximo libro.

Se hace camino al soñar

El recorrido de esta década es apenas un peldaño del largo camino que los aprendices se proponen realizar.

Aprender haciendo, produciendo lecturas y escritos, “peleando con las palabras”, con las antenas de la curiosidad en alto, una férrea voluntad y la concepción de que escribir y leer son lo mismo en el campo creativo, y que nada es tan grande como inventar un nuevo mundo que nos ayude a soportar éste, controlado por los grandes mercaderes. Que el gran triunfo de un aprendiz no está en la fama, ni el aplauso, ni la bolsa de premios o los halagos que buscan corromper, si no en los descubrimientos de su solitaria faena con las palabras. Esa indoblegable entrega en la cual prima la honestidad consigo mismo.

Con este tesoro adquirido a fuerza de constancia, empezamos otra década que se muestra erizada de adversidades y descubrimientos. ¿Qué más queremos? Es el premio de la vida, asumida como la mejor y más grande aventura, fuente de nuestros escritos. Con nuestro libro La duda, daremos el primer paso en 2019.

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Leer los Clásicos

Los clásicos de un aprendiz

Los martes de tres a seis en Los Colores, tiene lugar un encuentro con la lectura, la historia y el arte. Nos ponemos de acuerdo para abordar un clásico y no es fácil. Que si Shakespeare, que si Conrad, Yourcenar o Harper Lee. Uno a uno vamos escudriñando personajes, oficios y estancias.

Claudia Restrepo Ruiz

Leer con El Aprendiz es una de las mejores experiencias que he vivido como escritora. (Foto archivo) Para más información sobre la autora haga clic en la imagen.

Nubia quiere leer a Hamlet, Álvaro La Odisea, Marta Cecilia Matar un ruiseñor y yo, El corazón es un cazador solitario. Para todos hay tiempo, hay disposición, hay entrega. Enamorarse de los clásicos es una relación de por vida. Sus personajes quedan anclados a nuestro ser y nuestra memoria con sus gestos y maneras. Scout Finch ya lee cuando entra a la escuela. Su padre nos recuerda la integridad. Marlow cabalga El Congo como Ulises su barco antisirenas.

Ángel nos propone analizar el ritmo, casi el vértigo de Stendhal mientras Sorel come páginas y escala posiciones. Leandro propone una pausa para leer un párrafo con una vegetación que le llamó la atención. Andrés toma notas que no pedimos compartir pero que sabemos llenas de magia y deslumbramiento. Ángela llega con el libro entre las manos, sudando la última frase que leyó, asombrada y alegre por ese compartir la lectura entre colegas. Nunca vamos a la par, cada quién lee a su ritmo. No hay afán, pero sí el sentido de una meta. No hay orden, podemos comenzar por el final. Italo Calvino nos sorprende con su estructura que de nuevo Ángel descose para nosotros: Lean los pares… y el invierno del viajero se hace primavera.

No queremos que nada se nos escape. Le prestamos especial atención a los comienzos, porque no es cierto que ningún buen fin tiene mal comienzo.

Un callejón trae milagros consigo y para recrearlo nos vestimos de árabes y tenemos una cena con arroz de almendras, tahine y tabule. Trasladamos el callejón a una terraza. Hablamos del destino de Hamida y lamentamos que su belleza haya sido su verdugo. Cada clásico es una revelación, un taller en sí mismo, una escuela. Todos ahondan en la naturaleza humana.

¿Cómo los escogemos? Quizás ellos nos escogen a nosotros. Y no sólo la novela es invitada. Hay espacio para la crónica, para el cuento, para la poesía. Sentimos el bálsamo de Aurelio Arturo, y las reflexiones de Una niña mala de Monserrat Ordoñez. El asombro, es innegable, inaplazable, y al final, indestructible.

Compartir los hallazgos de una lectura es como contar un encuentro con un amigo que no veíamos hace tiempo: estamos atentos a la luz, a la descripción del alba, el ocaso y el plenilunio. Desglosamos los colores, la estación, el sonido del ferrocarril. Nos preguntamos por la carpintería de cada autor, por la construcción de estructuras, por el narrador. Allanamos estancias, exprimimos miradas. Tomamos nota para no olvidar. Somos ávidos y dispuestos. Juntos somos fisgones y reveladores. No queremos que nada se nos escape. Le prestamos especial atención a los comienzos, porque no es cierto que ningún buen fin tiene mal comienzo. En la literatura, el comienzo es fundamental. De él se desprende todo lo demás. Tiene que tener la fuerza de un imperio. Y los repasamos en voz alta, para medir las palabras, la cadencia, la musicalidad. Admiramos la poesía en la prosa, porque no puede haber literatura sin poesía, sin belleza. Estamos presentes en el azar y la fortuna, en el destino y la filigrana de cada autor y su obra.

 

Leer para aprender a tejer nuestros escritos

Nuestras lecturas en el Grupo son para aprender a tejer los textos propios. Para soñar. Para viajar, porque la vida es un viaje y la literatura más. Estamos a bordo de un barco con Lord Jim, o cumpliendo una condena con Ulises. Singer visita a Antonapoulos y con ellos aprendemos del lenguaje de las señas.

Compartir los hallazgos de una lectura es como contar un encuentro con un amigo que no veíamos hace tiempo: estamos atentos a la luz, a la descripción del alba, el ocaso y el plenilunio. (Foto archivo)

Clásicos para entender la importancia de los detalles en la construcción de un personaje y una atmósfera. Clásicos para viajar, para detenerse, para soñar despiertos y para equilibrar nuestros deseos de aprender a escribir. Es imposible escribir bien sin leerlos. Lo que los maestros nos han dejado con el tiempo son migas de pan en el gran bosque de la literatura universal. Con detenimientos recogemos las migas y armamos una biblioteca de hallazgos, reflexiones y verdades. Estamos tras los personajes de Dostovieski o acompañando a una madre de un ladrón a reclamar su cuerpo con García Márquez.

No siempre es fácil encontrar los títulos que nos proponemos. Es entonces cuando acudimos a mercaderes de libros antiguos para saciar nuestra curiosidad. Comparamos ediciones y hemos aprendido a detectar las buenas traducciones. No profundizamos en los prólogos porque sentimos que cada obra debe defenderse por sí misma.

Leer con El Aprendiz es una de las mejores experiencias que he vivido como escritora. Los comentarios de todos nutren mi visión. Celebrar el fin de una lectura es como haber vivido otra vida. Siempre está abierta la curiosidad de qué sigue y las propuestas sobre la mesa son todas vencedoras. Lento, sin afán, descubrimos que también podemos ser lo que leemos y para ello, siempre hay que estar dispuestos.

 

claudiaprestrepo@gmail.com

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Publicado en la Edición 102 de EL PEQUEÑO PERIÓDICO, edición impresa.

Abrimos esta ventana para que nuevos autores se asomen y cuenten los avatares que han vivido en la construcción de su obra, los sucesos que los inspiran, la forma en que han asumido el reto de la lectura y la escritura creativa, y cómo han sorteado los problemas para dar vida a sus historias y echar a andar los personajes. El común denominador de los entrevistados será su hilo conector con el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, que este año cumple sus primeros 10 años de vida.
Una bella forma de celebrarlo a través de la voz de los creadores.
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Carné de Aprendiz

¡La pasión de viajar, vivir y escribir!

Entrevista con Juan Felipe Franco Barrera

Ángel Galeano Higua

La vitalidad que irradia Felipe es volcánica. Tanto si se encumbra en el Alto del Cocuy o en el legendario Himalaya, o si se sumerge en las profundidades del Pacífico o en los torrentosos ríos mayores de nuestra geografía. Al mejor estilo de los viajeros en la antigüedad, se lanza por caminos y trochas en busca de nuevos secretos de la naturaleza. Cuevas, desiertos, llanuras, todo lo devora con su poderosa hambre de vivir. De niño juicioso y obediente, mutó en un atrevido soñador que batalla por hacer realidad sus proyectos.

No es un aventurero. Al contrario, sus arrojos están atados a una búsqueda de la expresión estética mediante la palabra y la fotografía. La lectura ha sido uno de los tesoros descubiertos desde temprana edad en el seno de su familia y en el colegio. La escritura se tornó en una necesidad para reforzar y enriquecer su natural inclinación a compartir con los demás. Podría decirse que Felipe ha invertido todos sus esfuerzos en viajar para encontrarse a sí mismo. Y quienes lo conocemos en estas lides de aprendiz de lector y de escritor, podemos dar fe de ello. Ese despliegue de energías para conquistar las montañas colombianas o asiáticas, ese fajarse el traje de buzo para observar a los tiburones, lo lleva a ese otro campo de batalla donde se propone capturar esas vivencias mediante las palabras. Viajar para narrar. Sabe que no puede haber verdadero viaje si no hay narración. Y no sólo con las palabras. Ahí está la fotografía, de la cual echa mano también para atrapar el otro lado de la luz y de la sombra. En todo caso borboteo de imagen. @pipepaseos

La presente entrevista muestra algo de esta avalancha humana llamada Juan Felipe Franco Barrera. Sus cuentos, como él, también buscan su propio camino entre las breñas del tanteo que todo aprendiz debe hacer para acercarse a su objetivo. Un objetivo elusivo y sublime por lo mismo, que está más allá de los aplausos y los halagos. Un aprendizaje a fondo, que nos sirve de ejemplo en un mundo pervertido por la ambición, el egoísmo y la riqueza material. Como todo aprendiz sincero, termina por enseñarnos. Ya nos lo dirán sus escritos, su reto más formidable.

 

Juan Felipe Franco Barrera. “Quizás lo más desabrochado de mí es que mi evolución personal consistió en ser poco arriesgado y muy convencional en la infancia y adolescencia, a ser un amante de los deportes de naturaleza, de aventura y adrenalina dicen algunos, y en preferir ser diferente y no seguir las masas en muchos temas cotidianos. De niño nunca me hubiera atrevido a tirarme en ningún vacío, escalar algún pico nevado, bucear un cenote, ni ir a “mochiliar” un país donde ni siquiera se hablara inglés… Pasé de ser de los mejores estudiantes de un colegio católico y disciplinado, a ser un buen estudiante siempre, pero también aprendiz de culturas, idiomas, caminos y rutas casi perdidas… Mis “atrevimientos” más atesorados: excursión a varias cumbres de nevados en Colombia, siendo la más dura el Cocuy. Haber estudiado y publicado sobre energía eólica en Colombia cuando era un tema prácticamente desconocido o quijotesco”. (Foto archivo)

P. ¿Cuál es tu gracia?

R. La intensidad que le pongo a la vida.  Mi conexión con la naturaleza, con los lugares que visito. Dejo un pedacito de corazón en cada lugar.  Me gusta viajar con la mente y mis escritos, invitar a otros a que viajen conmigo a través de las experiencias que plasmo. Quiero imprimir el mundo que veo y siento, en palabras, en bitácoras y en historias que me permitan viajar al leerlas, volar de nuevo con el recuerdo e invitar a otros. Mostrar por dónde paso, y en especial porqué vale la pena conocer, recorrer, saborear ese lugar.

 

P. ¿Y tu desgracia?

R. Que no hayan días de 27 horas, ni fines de semana de 3 ó 4 días. Quiero conocer más lugares, leer más libros, aprender sobre más temas. Ver más paisajes, compartir más culturas e historias, hacer más conjuros en El Aprendiz de Brujo, jeje, hay muchas cosas para hacer por uno mismo y por otros.

 

P. ¿Crees que has avanzado como lector, como escritor?

R. Definitivamente. El haber llegado a este Grupo Literario revivió mi amor por las letras. Avanzo como lector porque conozco obras de grandes maestros y no solo eso: ya son mis maestros, como decimos en el taller “aprender y capturar, de su saber, de su maestría, sus trucos también”.  Semana tras semana aprendo a ver y apreciar de manera diferente las grandes obras.  He adquirido herramientas que vienen de la teoría, de los análisis de textos.  El Diario literario propio y ajeno es una fuente de ideas, discusiones, opiniones constructivas; gracias al Aprendiz soy más consciente de lo que puedo lograr con las letras, que libero esa otra voz de escritor que siempre quise sacar de mí, un contador de experiencias, un cronista de la naturaleza y lugares que ahora visito más consciente; un cronista que narra desde sus capturas pasadas lo que me conmovió.  Tengo ahora el reto de escribir diferente, de acuerdo con mi nueva óptica del mundo.

 

P. ¿Recuerdas el primer libro que leíste?

R. Fue el Manual de los Cortapalos, en sí no es una obra literaria sino un libro didáctico de manualidades, juegos y creatividad.  Esa parte sí me mostró lo que es la lectura: mi primera impresión fue de aprendizaje, creación, y diversión.  Otro libro que me regalaron fue una historia real relacionada con la religión, “Elio y Flora, jóvenes héroes”.  Me impresionó un poco porque tenía que ver con los horrores de la Segunda Guerra Mundial, separación de familias, torturas. En esa historia dos niños pasaron muchos sufrimientos pero al final su fe los salvó. El libro me transportó, me hizo ver diferentes condiciones humanas, entre ellas la bondad y la maldad; también el aspecto histórico y el contexto de la guerra creo me marcaron, pues están dentro de mis temas favoritos hoy.

Aurita Berrío, la tía abuela paterna, ella fue una maestra, líder social, escritora y poeta. Dedicó mucho esfuerzo y amor en que sus sobrinos, alumnos y discípulos tuviéramos valores, en cultivarnos espiritual, humanamente. Nació en San Vicente Ferrer. En la foto junto al mural en que fue incluida en dicha población. (archivo familiar)

Ambos libros me los regaló mi tía abuela paterna Aurita Berrío, ella fue una maestra, líder social, escritora y poeta. Dedicó mucho esfuerzo y amor en que sus sobrinos, alumnos y discípulos tuviéramos valores, en cultivarnos espiritual, humana académicamente. Una mujer adelantada a su época en palabras de muchos, entre ellos su inmolado discípulo jericonano Héctor Abad Gómez.

 

P. ¿Cuándo comprendiste que eras un aprendiz?

R. En todos los campos de mi vida soy un aprendiz, y ésa es de las cosas que me mantiene de verdad vivo. Llegué a ser un Aprendiz, de Brujo, gracias a conocer uno de los libros del grupo: El traído, que fue un gran regalo para mí del colega Álvaro Jiménez Guzmán. Conocer su trabajo, y la posibilidad de contar historias de nuevo.

 

P. Varios de los textos que has compartido en las sesiones del Grupo tratan de viajes ¿A qué se debe?

El traído, cuentos de navidad. Grupo Literario El Aprendiz de Brujo. Diseño de portada, Saúl Álvarez Lara.

R. Una de mis pasiones de vida es viajar. Cuando estoy en contacto con la naturaleza, en una alta montaña, en lo profundo del mar siento una conexión tremenda con esa belleza natural, con la creación.  Comencé a plasmar esas sensaciones y a guardar lo más vívidos posible esos recuerdos a través de una bitácora, en correos para mi familia y amigos cercanos.  Con el tiempo descubrí que tanto ellos como yo podíamos volar y viajar a esos sitios donde estuve de paseo, “mochiliando”, o estudiando gracias a una beca.  Me gusta ir a nuevos sitios, desde pueblos hasta montañas y países, y captar todas las sensaciones que me cause el lugar gracias a mis bitácoras, que ahora estoy transformado en el diario literario.

P. ¿Has publicado ya algún texto? ¿Cuál fue? ¿Cómo brotó?

R. En el periódico del Colegio de la UPB fueron publicados algunos textos.  Un ensayo El gran depredador, donde cuestionaba la depredación que el ser humano ejerce sobre la naturaleza, y como eso es cotidiano en cualquier persona incluso en su vida normal, en la ciudad.  También dos cuentos donde comprendí que la narración corta es mi género favorito “Piedrasnegras” y “Americándida”. El primero un cuento con algo de imaginación, donde una tribu perdida en la amazonía colombiana era descubierta y su tecnología energética y ciencia ecológica eran ejemplo para el hombre blanco; Americándida fue una historia escrita para conmemorar el descubrimiento de américa, allí hago un homenaje a los campesinos, a las tribus indígenas, denuncio ese “descubrimiento” como una violación y barbarie, también resalto la vida de los nuevos mestizos.

Mención de Honor de  Mincultura, 2018.

Con el Aprendiz de Brujo publicaremos el libro de antología de cuentos La duda donde estará mi cuento Burbujas al cielo.  En principio fue mi exploración de escribir una historia sobre el buceo, pero en esos días, agosto de 2016, fue la tragedia de 5 buzos que se perdieron en la isla de Malpelo, dos de ellos nunca pudieron ser rescatados.  Ese incidente me conmovió mucho, entonces ese texto se convirtió en un escape a la tristeza por lo sucedido, también quise hacer un homenaje a Carlitos y Erika Vanessa que perecieron en el mar practicando una de las actividades más bonitas que se pueda hacer, el buceo recreativo. Ese cuento se alimenta de mis experiencias, todas muy bellas y de total admiración por la naturaleza marina, así como de la tragedia de esos buzos. Busco mostrar que un buzo es solo un extraño en el ecosistema, que es un visitante bienvenido pero que a su vez debe respetar, comportarse con la humildad necesaria para compartir de manera apropiada con las otras criaturas.

P. ¿Preparas alguna publicación próxima? ¿Podrías adelantar algo?

R. Sí, esto escribiendo sobre dos temas: un relato de viaje, con tintes de blog, parte mochilero, parte turista guiado en China y el Tibet. Es un escrito de retratos de paisajes, de sensaciones, de impresiones sobre un país tan inmenso y milenario; también quiero plasmar mis impresiones sobre la mística del Budismo en su cuna, la fe, los habitantes, los templos y ese marco tan imponente con son los Himalayas y el Everest.

Otros relatos que estoy trabajando se basan en capturas que comenzaron en mi diario literario y que poco a poco tomaron un rumbo de historia. Una visita a la capital de la Salsa y el show Delirio me mostraron unos personajes vibrantes: bailarines caleños, músicos, negras hermosas y picantes, personas que trasmiten su sueño hecho realidad en el escenario. También están los relatos propios de las cosas simples que ocurren en los paseos, que pueden ser peligrosas, o molestas, o simplemente “parte del paseo”, pero que cada uno decide o sufre cómo las vive, así que escribo después de haber capturado momentos en varios muelles casi improvisados y siempre desordenados de lugares turísticos y otros no. Incluyo también episodios de viajes en el exterior, con su encanto, su novedad, pero a la vez las dificultades propias de estar en un lugar y cultura diferente.

 

P. ¿Cuál de tus textos te ha exigido más trabajo? ¿Por qué? ¿Cómo lo superaste?

R. Burbujas al cielo hasta ahora ha sido mi texto más exigente.  La historia no está narrada de manera lineal y fue una primera dificultad de forma. La escribí justo después de la pérdida de los buzos Erika Vanesa y Carlitos en Malpelo, entonces estaba triste y cargado emocionalmente. Poder construir una historia donde mostrara la magnificencia del lugar y del ecosistema, pero a la vez la minúsculo de la humanidad y el riesgo al desafiar esa naturaleza fue rozar varios límites que quise combinar en forma armónica. Lo anterior también fue una liberación de esa pérdida de unos hermanos buzos amantes del mar. El taller literario me aportó mucho con sus comentarios y observaciones, reescribí al menos tres veces el corazón de la historia.  También por la combinación de la temática, entre la parte de admiración por la naturaleza, los acontecimientos del extravío de los buzos en que se basa la historia, y mi recreación escrita al respecto, fueron un rompecabezas que poco a poco resolví. La creación de un solo personaje que representara mi visión del buceo y a su vez los cinco buzos, mover al personaje entre esos dos “mundos” fue difícil, así que por momentos lo escribí como capítulos separados que fui tejiendo de manera gradual.

 

P. ¿Te persigue algún tema en especial?

R. El contacto con la naturaleza, nuevos lugares y culturas me inspiran mucho. Me nace desde muy adentro narrar de lo que veo y siento al visitar lugares nuevos, y también conocidos.  Mi tema natural es trasmitir ese contacto, sea con paisaje, agua de ríos y mar, e invitar a través de palabras e historias a abrirse a nuevas experiencias alrededor de eso.

 

P. Si tuvieras que navegar en la mar 90 días y sólo te permitieran llevar uno de tus textos, ¿cuál llevarías? 

R. El de los pequeños puertos y muelles colombianos, es muy divertido.  Ese “salpicón” de personajes y emociones, afanes, motivaciones e incomodidades por abordar una lancha en medio del colombiano desorden, es gracioso, y navegar 90 días seguro sería una manera de encontrar nuevas situaciones para esa misma historia.

 

P. Para evitar que te obliguen a subir diez veces la piedra de El Peñol si no destruyes uno de tus textos, ¿cuál escogerías?

R. Se llama el Niño de la Caverna. Es una narración donde intenté conectar una evolución personal con los relatos de un viaje, y pues me sentí fracasado en el intento.  Esto también es bueno, uno crece en el Aprendiz de Brujo, así que exponer esa primera versión del escrito y desnudar sus fallos fue enriquecedor.  Pero sí, destruiría esa historia porque intentando conectar elegí una metáfora que no pude resolver.

P. ¿Cómo consideras la relación de tu profesión con la literatura?

R. La relación tomándola a la ligera no es muy evidente. Ahora bien, como ingeniero se vive en una cuadrícula. En mi caso, me aparté un poco de la literatura.  Al acercarme de nuevo con mi participación en el Grupo Literario, puedo incentivar la creatividad con los escritos y oxigenar mis pensamientos. El ejercicio se convierte en un gran estímulo que ayuda y despeja mi ser racional para descansar mi mente, explorar nuevos caminos creativos y para alimentar mi ser de nuevas ideas y sensaciones.  Todo eso resulta en elementos positivos para mi día a día profesional.

Sesión del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo. (Foto archivo)

P. Asistes al Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, ¿por qué?

R. Por sueño de vida, porque aprendo mucho de mis compañeros y de nuestro guía.  Porque es un taller participativo, de total camaradería.  No hay personas de esas que son expertas en ver los “lunares en la pared blanca”. Por el contrario, el ambiente generado por nuestro tutor es de colaboración, sencillez y ganas de crecer juntos.

 

P. Te piden como pasaporte al paraíso terrenal que escribas una autobiografía que no sobrepase cinco renglones, pero que muestre lo más desabrochado de ti… ¿Podrías compartirla?

R. Quizás lo más desabrochado de mí es que mi evolución personal consistió en ser poco arriesgado y muy convencional en la infancia y adolescencia, a ser un amante de los deportes de naturaleza, de aventura y adrenalina dicen algunos, y en preferir ser diferente y no seguir las masas en muchos temas cotidianos. De niño nunca me hubiera atrevido a tirarme en ningún vacío, escalar algún pico nevado, bucear un cenote, ni ir a “mochiliar” un país donde ni siquiera se hablara inglés.

Pasé de ser de los mejores estudiantes de un colegio católico y disciplinado, a ser un buen estudiante siempre y aprendiz de culturas, idiomas, caminos y rutas casi perdidas.

Mis “atrevimientos” más atesorados: excursiones a varias cumbres de nevados en Colombia, siendo la más dura el Cocuy. Haber estudiado y publicado sobre energía eólica en Colombia cuando era un tema prácticamente desconocido o quijotesco en nuestro medio. Una beca en administración de software en India, donde además me volví experto en tomar trenes y rutas cada fin de semana para un lugar nuevo, incluso desconocido para mis profesores y compañeros. Haberme certificado de buzo principiante en Gorgona, en medio de corrientes, tiburones y algún buceo nocturno. Durante la universidad recorrí mucha parte de la costa atlántica y la zona andina en auteco plus, que es una motocicleta fabricada en la India, con estilo Vespa italiana, no exactamente el vehículo más acondicionado ni seguro para ese tipo viajes. Fue un desafío, un aprendizaje, y sobretodo un disfrute y conocimiento de la belleza de nuestro país. Otro tipo de viaje fue una “mochiliada” poco probable en China, con ayuda de una aplicación de mapas en idioma mandarín que apenas pude interpretar, mucha recursividad y sonrisa para comunicarme con los locales… mi desabroche fue convertir mi vida en una aventura que me llena alma y corazón.


 

P. ¿Qué tan importante ha sido para ti llevar un diario literario? (algo de historia de tu experiencia)

R. El diario se convirtió en un polo a tierra de mi vida.  Detenerme cada vez más frecuentemente de la velocidad de la cotidianidad del trabajo, el estudio y cualquier cantidad de distracciones y ocupaciones para dedicarme a respirar, respirar letras, recuerdos, impresiones ha sido muy valioso.

Los diarios también me han enriquecido las ideas, la manera de tomar mis capturas del entorno. He podido constatar que se logra “mantener la mano caliente” porque me ha sido posible escribir de muchos más temas, más impresiones e instantes a mi alrededor, o que escuché, o ví que necesitaba reelaborar y transmitir una alegría, un dolor, un desconcierto.

Por ejemplo, el minicuento Semáforo en gris nació cuando fue atropellado un perrito en la avenida 80. Ese instante y desconocer el desenlace me afligieron mucho y pues logré soltar un poco ese sentimiento a través de un diario literario sobre el acontecimiento.  Después pude convertirlo en un texto bonito y retador al escribirlo en 100 palabras.

 

P. ¿Podrías compartir unos tres o cuatro apuntes cortos de tu diario?

R. Primeros apuntes de semáforo en gris: una moto detenida, también una camioneta y los conductores se bajaron y cargaron al perrito de la calle a la acera.  La mañana gris, amarilla, nublada se tiñó de rojo. La avenida 80 estaba inusualmente embotellada a esa hora un sábado. El semáforo peatonal  no hizo el cambio de verde a amarillo y luego a rojo, cambió a gris. No había pitos ni protestas, la pregunta en el ambiente ¿quién atropelló al peludito?¿se murió el perrito?

Un paseo en Coyoacán: de otro lado, en el atrio de la iglesia, una niña recogía las rosas rojas. Estaban casi de color morado agobiadas por el sol.  La pareja de novios ya había entrado a la iglesia del San Juan Bautista y la puerta cerró. Ellos dejaron tras de sí decenas de flores, que más parecían acompasar el grito de los mendigos, desperdigada por el piso parecían ser su única riqueza. El hombre que fingía una discapacidad miraba de reojo el bolso de un distraído extranjero…

Una captura de un habitante de la calle en la quebrada la Ayurá:  hoy es sábado, los sábados me baño. Es más tranquilo. Me levanto tarde porque la gente no va a sus trabajos, el agua está mas limpia, por eso también lavo mi ropa. Esta semana hizo calor, las semanas anteriores llovió mucho, tanto que volví un día a los matorrales y mi cambuche se lo había llevado la borrasca…

 

Medellín, noviembre de 2018

Río Aburrá

Hambre de río limpio

Álvaro Jiménez Guzmán

Una ciudad que se precia de moderna y civilizada se mide por el rasero de los ríos. Han sido compañeros de viaje de todos los tiempos. En sus orillas floreció la poesía, es decir, la belleza de los sueños. Los ríos son las venas de la tierra, de la piel del planeta, y así se han abierto paso para dejar que corra la imaginación, para tejer la telaraña de culturas y civilizaciones.

Visita al nacimiento del río Aburrá, Alto de San Miguel. Grupo Literario El Aprendiz de Brujo (foto archivo)

Antecedentes de un reto

El río como patrimonio cultural: tal fue el reto que nos planteamos en 2011. El director del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo nos invitó a bañar las palabras en el río. El reto era grande. Debíamos meternos en ese cauce para “cantarle y contar historias de su vado”. Cada uno de nosotros le dio el enfoque para abordar la barca que se pasearía por el río Aburrá durante varios años, en el entendido de que también es un patrimonio natural de la nación por rescatar. Entonces la realidad y la ficción se zambulleron en su atropellada corriente para contar su historia y soñarla.

La realidad que impacta

Era necesario hablar de su origen. Antes de Los dolores del río, con cuya crónica describimos su auge, caída y posibilidades de salvación, recordamos que nació en el Sur del Valle de Aburrá, de una bifurcación de la Cordillera Central, con la inocencia de un ser que debía de recorrer un mundo sano. En su remota infancia y primera juventud, en los cien kilómetros de su extensión hacia el Norte, era limpio, aguas copiosas, con las cuales los indios aburráes regaban las cosechas en épocas de sequía, sus prodigiosas riberas favorecían la cacería, domesticaban curíes y perros mudos, disfrutaban de varios climas y de terrazas aluviales. Transportaban en canoas los excedentes agrícolas para intercambiarlos con otros pueblos del Valle de Aburrá.

Al desmantelar el territorio indígena, los españoles fundaron una población en este valle, y denominaron el río con el nombre de Aburrá. Desde entonces, al amparo y en la orientación de su corriente la frontera urbana no ha dejado de crecer. Han pasado cuatro siglos de aquel villorrio español, y en todo ese tiempo el río ha sido testigo de la transformación urbana.

El puente negro, dibujo de la niña Valeria Jaramillo (Foto archivo)

Y en su paso por la zona industrial, al río se le han vaciado toda clase de materiales contaminantes procedentes de complejas factorías industriales: fenoles, cianuro, mercurio, detergentes, colorantes, plomo y desechos de cañerías por venas putrefactas y malolientes, y cadáveres humanos. Está vivo y sano de la cabeza al cuello, pero el resto del cuerpo está enfermo. Las ciudades no solo invadieron sus laderas, sino que se expandieron por todos los recovecos del valle. Las basuras atascan sus quebradas.

El río sufrió la rectificación de su cauce para que las edificaciones urbanas imperaran en sus dominios y los trenes vociferaran en su rostro el advenimiento de la gran industria. Como dijo Tomás Carrasquilla: “Has perdido tus movimientos, como el montañero que se mete en horma, con zapatos, cuello tieso y corbatín trincante”. (El río. Crónica de Tomás Carrasquilla. Obras completas).

Luis Hernán Rincón, poeta y miembro del Grupo, lo describió como “el espinazo del Valle”. Y desde su “atalaya óptima” se zambulle dentro de sí para revelar lo que lleva del río. No solo su enfermedad sino, en especial, su canalización. Luego señala que la presión por apropiarse de tierras para el desarrollo condujo a la canalización del río, y afirmar en definitiva que “la canalización del río Aburrá seguirá sirviendo para colectar y botar lejos de la ciudad lo que en ella arrojemos al río”. (Río Aburrá: el espinazo del Valle. Luis Hernán Rincón. La palabra se baña en el río).

Las consecuencias más recientes pudimos apreciarlas cuando fue suspendido el servicio de transporte del Metro desde Envigado hasta La Estrella, pues al ser canalizado adquirió mayor energía, velocidad y capacidad de arrastre y profundidad, socavando sus orillas. No pasaba así, cuando conservaba su arborización y vegetación natural.

Grandes desafíos

En el 2001, cerca del lugar de su nacimiento, se erigió una especie de clínica de conservación: El Refugio de Vida Silvestre y Parque Ecológico Recreativo, en el Alto de San Miguel, vereda La Clara. Así lo declaró el Concejo del Municipio de Caldas para proteger los recursos naturales de este ecosistema estratégico del Valle de Aburrá. Hoy, el municipio de Medellín es propietario de 814 hectáreas de esta riqueza biológica, que constituye el 60% del área natural protegida. Y a través de la Secretaría del Medio Ambiente, se desarrollan actividades de educación ambiental para la conservación, protección y mantenimiento de dicho refugio, para evitar se muera el río Aburrá en su propia cuna.

Puesta en escena gráfica sobre el río. Grupo Literario El Aprendiz de Brujo (Foto archivo)

Empresas Públicas de Medellín han erigido una segunda clínica para la regeneración del río que ya no tiene oxígeno para los organismos vivos: la Planta de San Fernando, ubicada en una zona de 14 hectáreas del municipio de Itagüí. Hace parte de la primera etapa del plan de saneamiento del río. La segunda etapa la constituye la Planta de Tratamiento de aguas residuales de Bello, en proceso de construcción. Su objetivo específico: que el caudal del agua sucia que entra por las tuberías afluentes salga limpia de acuerdo con los requerimientos mínimos de nuestra legislación ambiental.

Como efecto socioambiental ya empiezan a desaparecer, en el Sur del Valle, los malos olores del río. Pero desde Bello hasta Barbosa, el vaho maloliente sigue intacto. Se espera que desaparezca cuando la Planta de Bello entre en operación. Ojalá no esté lejano el día en que hagamos una fiesta como la que hicieron en Londres, en 1978, cuando volvieron a pescar en el río Támesis.

Sueños en torno al Aburrá

Soñar el río se impuso como una necesidad. Aún bajo la oscuridad de su cauce, los aprendices de escritores crearon universos literarios que lo reivindican como parte de sus historias. Este proyecto cultural del Grupo Literario le mereció el premio, en cuatro versiones,

Amanecer - Luis Berrío, óleo - De la Exposición "El río de la vida", 2012.

Amanecer – Luis Berrío, óleo. Del libro Cuando el río suena, Grupo Literario El Aprendiz de Brujo (foto archivo)

el Programa Vigías del Patrimonio de la Secretaria de Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Medellín Sumergirse en su misterio, hizo que nuestro director Ángel Galeano Higua, expresara en el prólogo de Cuando el río suena: “Ser río. Fluir todo el día, toda la noche, como el universo mismo. Alargarse, enroscarse, zigzaguear, ser angosto pero también ancho… Ser río. Fluir dentro y fluir fuera. Oxigenar los meandros de la vida. Fluir y huir de la brutalidad humana que arroja tantas porquerías industriales y miserias consuetudinarias. Ser río. Actuar como río. Explorar el gran misterio de deslizarse dentro de sí mismo como corriente libérrima”.

aljiguz@une.net.co

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Apuntes de Diario

Apuntes de Diario

Campo de práctica

Nubia Amparo Mesa Granda

El diario literario se alimenta de sueños, acontecimientos, lecturas, deducciones, anticipaciones. Nos permite darles cauce a los pensamientos y las emociones. Para un aprendiz de escritor es como un campo de entrenamiento donde ejercita su capacidad narrativa.

Son las seis de la mañana. Dejo la cama y abro la ventana de la sala. Es mi rutina, un ritual para saludar el día. Miro el cielo y trato de entender su lenguaje. Qué dicen las nubes cuando son densas, o las más frágiles, o las que se han teñido de color rosa. Hoy el cielo está limpio de nubes y cuando descorro la cortina, una gran farola suspendida en el espacio me deslumbra con su luz. Busco mi celular y obturo para capturar esa imagen y deleitarme mirándola una y otra vez.
Fue un acto reflejo estimulado por el deseo de constatar los momentos vividos. Ahora escribo sin mirar la fotografía. Hurgo en mi memoria para reconstruir el instante. Busco cada palabra, intento una secuencia, trato de encontrar el significado de la acción.
Párrafo y fotografía son un intento. Constituyen mi diario. En el caso de la fotografía solo realicé un encuadre y di un clic. Pero, cuando escribo registro datos, fechas, nombres, y plasmo mis ideas, fantasías y experiencias. Lo hago, no sólo con la intención de guardar recuerdos y dejar un testimonio de vida, sino como un ejercicio que me abre hacia la literatura, donde no sólo es importante qué decir, sino cómo decirlo. En algún momento podrá convertirse en materia prima para una obra.
El diario literario permite la dispersión de ideas y de temas. Podría decirse que cabe todo: la expresión de un pensamiento que cruzó como una ráfaga, la vivencia que más te conmovió en el día, el registro de una conversación, la descripción de una escena, el esbozo de un personaje. En ese sentido, el diario literario no se rige por los principios de la veracidad, no constituye un documento histórico en sí, aunque devela las visiones del autor y se sirve de sus experiencias para construir una imagen del mundo..

Una experiencia

Sesión especial del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo. (Foto de Ángel Galeano Higua)

En el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, cada integrante lleva su diario y lo comparte en las sesiones semanales. De esta manera el autor no sólo escribe para sí. Al leerlo para otros deja de ser a la vez narrador y narratario y pasa a involucrar al lector en sus disquisiciones, aceptando sus interpretaciones.
Es un momento crucial en las sesiones que realiza el Grupo cada semana. Quien comparte algo de su diario, al hacerlo en voz alta, evalúa asuntos de ritmo, repeticiones, palabras innecesarias, y con la ayuda de los demás descubre problemas de coherencia y de precisión que no fueron percibidos en el momento de escribir, puesto que en el diario prima la espontaneidad para expresar ideas y retratar situaciones.
“Al atrevernos a llevar un diario nos convertiremos en cronistas de nuestra propia vida, lo que nos permitirá hacer un seguimiento de nosotros mismos, aprender de errores pasados, probar con nuevas metáforas, seguir el pulso de nuestra existencia”, dice Ángel Galeano Higua, coordinador del Grupo, escritor, editor y periodista, quien, como los demás, despliega toda su capacidad de escucha para “pillarse” algún obstáculo en la comprensión de la idea o la palabrería que opaca la belleza de una frase.
Mantener esa rutina de escribir en el diario se ha convertido, para los integrantes del grupo, en parte de su método para mejorar la capacidad narrativa. “Llevar un diario, ha sido, para mí, una salvación inequívoca, una manera de nombrar mi mundo, de reinventarlo”, expresa Claudia Restrepo Ruiz, quien además de libretas de apuntes ha utilizado su blog como soporte para mantener el ejercicio constante de la escritura.
Llevar el diario literario exige continuidad. De esta manera el aprendiz de escritor comprende, como lo plantea Ángel Galeano, que no hay que despreciar nada de lo que vemos, oímos o palpamos, lo que sucede a nuestro alrededor, incluidos nuestros pensamientos.
Para Marta Cecilia Cadavid Moreno, aprendiz de escritora e integrante del Grupo, el diario equivale a la libreta de bocetos de un pintor. “El ojo del escritor que lleva un diario nunca deja pasar los detalles que observa a su paso: una rosa que brota en las orillas de una quebrada o el agua que corre encarcelada debajo de una calle”. Para ella, esos retazos de ciudad, las reflexiones que plasma y las historias que le cuentan o que presencia, son materia prima de la literatura.

Más allá de lo íntimo

Muchos escritores, que lograron categoría de grandes, llevaron un diario durante toda su vida y admitieron que este tuvo una influencia fundamental sobre su creatividad. Para algunos como Guidé, quien mantuvo el hábito durante sesenta años, tenía una connotación de intimidad. Hablaba en él de sus evoluciones espirituales, del despertar de los sentidos y de los momentos de dolor. En cambio, Anaís Nin expresaba que de él podía “extraer ciertos descubrimientos que pueden ser fácilmente incorporados a otros tipos de escritura”.
En todo caso, el diario permite la expresión individual sobre el mundo por medio del lenguaje. Quien lleva un diario logra transponer su pensamiento y llevarlo a una nueva categoría en la cual pueden entrar otros con la capacidad de leer y entender su código. Y entonces, esa vida narrada se convierte en un tributo a lo efímero de la vida vivida.

nubiamesa456@gmail.com

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Invitado Especial

Invitado Especial

El guitarrista que quiso ser invisible

Leandro Vásquez Sánchez

Miguel Ángel Sanz sólo pudo ser guitarrista. No se imagina desempeñando otro oficio. Sin la música su vida sería insoportable. Cree que también es indispensable para los otros seres humanos. Como el agua, el oxígeno y los nutrientes. La belleza, la música, la poesía salvan vidas, dice. Ese ideario lo practica con un entusiasmo casi religioso. Por eso se propuso cruzar el Atlántico para presentar en Colombia un recital con poemas colombianos.

Maestro Miguel Ángel Sánz. En la parte trasera del Instituto donde estudió, vivía un lutier de guitarras clásicas que cuando las terminaba le pedía el favor de probarlas. Era tal la fascinación por esos instrumentos recién construidos, que escapaba de las clases para ir a visitarlo. (Fotografía de Ángel Galeano Higua)

 

Una vocación inquebrantable

Taller de lutier en Barcelona que fabrica las guitarras que Miguel Angel Sánz prefiere. (Foto Angel Galeano Higua)

Su primera guitarra la heredó de su abuelo. Como no sabía tocar, sólo pasaba el pulgar por sus cuerdas. Estaba desafinada de tal manera que producía un acorde perfecto mayor. No tenía que hacer ningún esfuerzo para lograrlo. Pero la guitarra siguió destemplándose. El primer ejercicio fue buscar, otra vez, ese sonido. Así comenzó a explorar los rudimentos del instrumento.

Obtuvo a lidias el título de bachiller y maestro de guitarra. En la parte trasera del Instituto donde estudió, vivía un lutier de guitarras clásicas que cuando las terminaba le pedía el favor de probarlas. Era tal la fascinación por esos instrumentos recién construidos, que escapaba de las clases para ir a visitarlo.

Durante el servicio militar obligatorio, dirigió la banda de guerra porque sabía más de música que su superior. Cuando formaban las unidades, Miguel Ángel decía: a la orden mi coronel, sin novedad en la banda. Para hacer ese reporte necesitó tres meses. Cada capitán hacía lo mismo con su compañía, pero ellos necesitaron quince años de carrera para ganar ese privilegio. Miguel Ángel también fue cornetín de órdenes. Era una satisfacción tocar ese instrumento y ver al coronel ponerse firmes, cuenta.

Gastó mucho dinero en el cuartel, sobre todo en comida. Sus padres se lo mandaban. Buscó un trabajo para devolvérselo. Cuando en una empresa de transporte, dijo que quería el empleo para comprar un piano, lo descartaron. Pero su historia llegó a oídos del gerente de la compañía, quien, para sorpresa de todos, lo contrató. Lo hizo porque el gerente siempre quiso ser músico. Al terminar el contrato, le insistió para que se quedara y se convirtiera en su secretario. Te triplico el sueldo, lo retó. Señor Álvarez, no puedo seguir, yo soy músico, ya trabajé lo suficiente para comprar el piano. Cuatro años después, Álvarez entraba con su esposa a la ópera y lo reconoció en un pasillo: ¡Miguel, qué tal! Bien, gracias, ahora soy profesor en el Conservatorio Superior de Música. Se despidieron con un apretón de manos.

 

La última página

Los poemas de La última página lo impulsaron a entablar un diálogo. El lenguaje que Miguel Ángel eligió para comunicarse fue la música. La guitarra era la intérprete de las sensaciones que le despertó esa relación. Durante varios días sintió cómo emergía en él una tonada. A veces creía que era una pieza de algún otro compositor. Pero no, era la obra que cobraba vida. Por eso, al principio sólo escribió las partituras para cinco poemas. No los eligió guiado por un método. Fue sólo enamoramiento. Había otras poesías que merecían vestirse con la seda de la música, pero debían madurar, reclamar ellas mismas un lugar en su pensamiento.

Entendió que la belleza ya estaba en el poema. Un exceso de protagonismo de la música traicionaría la relación que pretendía establecer. Se corría el riesgo de mancillar los versos. La guitarra sólo debía servir para acompañarlos. Pero con la música, el poema cobró una nueva dimensión. Fue el encuentro de dos niños que desvestían El trompo de Rubén Darío Lotero, trepaban al árbol y espantaban los pájaros de Miguel Méndez Camacho o jugaban a que uno era la Eurídice de Lucía Estrada y el otro la muerte acechando. Al recital se sumaron otros poemas del mismo libro. Los de Pedro Arturo Estrada, Tatiana Guardiola, Jorge Debravo, Luis Hernán Rincón, Álvaro Julián Moncada y Héctor Rojas Herazo. Acompañados por los versos de los catalanes Álex Martínez, Joan Margarit y Miquel Martí i Pol.

 

Medellín, vedetes y poesía

(Izq. a der.) Los poetas Rubén Darío Lotero y Eladio Ospina. El guitarrista Miguel Ángel Sánz y el poeta Álvaro Julián Moncada (de sombrero) y el niño Miguel Alfonso Sánz Contreras. Biblioteca del Jardín Botánico de Medellín (Foto archivo)

El guitarrista me confesó que todavía no termina de leer La última página. Quiere volver a su casa en Cerdanyola del Vallés para hacerlo. Inició la lectura, pero le reclamaba abandonar los afanes. Exigía degustar todos los matices. No intentó finalizarla. Su cansancio físico y mental se lo impedían. El trabajo con La última página no sólo exigía leer o componer las partituras de guitarra. Implicó planear los recitales en Barcelona y en Colombia. Lo obligó a emprender un agotador trabajo administrativo y de gestión junto a las instituciones que lo apoyaron. Pero desde el principio supo que valdría la pena.

En Cartagena y Barranquilla el recital superó las expectativas. Lo mismo que en Medellín, realizado en el auditorio del edificio de Extensión de la Universidad de Antioquia. Poco antes de iniciarse, Ángel Galeano me presentó a Miguel Ángel Sanz, a su esposa, a su hijo y al poeta Pedro Arturo Estrada, quien llevaba una gorra campera negra. A este último le preguntamos cómo iba el Festival Internacional de Poesía de Medellín, uno de los eventos más sonados en la ciudad y que acontecía esa misma semana. Nos contó que este año lo “mejor” eran las poetisas invitadas. Parecían elegidas en un casting. Y nos mostró una revista que lo confirmaba, casi un catálogo de modelaje.

 

Las estrellas cautelosas

El compositor Miguel Ángel Sánz en la Universidad de Antioquia, 2018 (Foto Ángel Galeano Higua)

Miguel Ángel esperaba la llegada de los poetas. Estaba vestido de negro. Su esposa, de blanco. Cuando le tendí la mano a Miguel Alfonso, su hijo, miró al suelo. Dudó en extendérmela, no muy seguro de presentársele a un adulto con un apretón. Olvidó decirme su nombre.

Llevaba gafas, vestía un short, un morral del Fútbol Club Barcelona y un reloj de bolsillo que compró en Medellín porque, a su abuelo, le gustan esas cosas. Participó en el recital desde el comienzo. Una vez su padre escribía la música, podían abordarlo en casa y pedirle que declamara cualquier poema. Gracias a su memoria prodigiosa, no tenía que leer. ¿Sabes qué hacía yo a tu edad? Jugar fútbol en la calle, le dijo Ángel Galeano.

El encuentro con los poetas fue delirante. Padre e hijo presenciaron cómo las voces recogidas en unas cuantas letras, leídas, declamadas y soñadas, vestidas y desvestidas con la música, se hacían personas. Los culpables de su enamoramiento de la poesía colombiana y su periplo por el país, estaban ahora frente a ellos. No imaginaron que la voz de Julián Moncada fuera tan frágil como sus versos, ni que la paciencia de Luis Hernán Rincón igualara a la de los asteroides de El río sin agua. Después de enseñar música, componer, realizar giras por Europa y África, tocar con orquestas, bandas sinfónicas y músicos destacados, Miguel Ángel sintió que estaba delante de unas verdaderas estrellas, no del rock, sino de la poesía. Cuando Miguel Alfonso los saludó, las manos le sudaban.

 

El trompo y el niño

Al comienzo el público esperaba el recital en silencio. Miguel Ángel se sentó con la espalda recta y la guitarra entre las manos, apenas apoyada en el muslo de su pierna izquierda. Ángel Galeano era uno de los rapsodas. Su voz fue recia, profunda y calma, como el rumor de un mar lejano. La de María Cecilia Estrada, invitada a leer los poemas de Lucía Estrada y Tatiana Guardiola, en cambio, era una huida tensa.

Padre e hijo en pleno recital en el Auditorio principal del Edificio de Extensión de la Universidad de Antioquia. (Foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

La guitarra serpenteaba tras sus pasos. Antes de recitar, Pedro Arturo Estrada contó la historia del maestro José Manuel Arango, a quien alguien le pidió que le permitiera ponerle música a sus poemas a lo cual él respondió: Yo creí que ya tenían.
Me sorprendió cuando Ángel Galeano llamó al escenario a Miguel Alfonso. Es mi hijo, le contó el guitarrista al público mientras ambos sonreían. Lo invitó a participar del recital porque no tenía otra forma de agradecerle su colaboración en los ensayos. Además, su presencia daba un mensaje: la poesía es para compartir, no hay que ser adulto o especialista. El niño de diez años se paró a un lado del atril. Con una mano sostuvo el micrófono y la otra la guardó en el bolsillo. Miguel Ángel introdujo El trompo con un vals, un giro, como el del juguete. Luego Miguel Alfonso declamó, con su voz tersa: Vestir el trompo con delgado hilo/ y en un envión/ desvestirlo… Sacó su mano del bolsillo y lanzó el trompo invisible. La música produjo un golpe, como el de la cuerda al liberar la peonza. Esbelta bailarina de lisas caderas/ danzando libre/ sobre un tacón. Terminó. La música decayó. El juguete también se detuvo, poco a poco, en nuestro pensamiento. Ambos sonríen. Arremetieron los aplausos enternecidos y los ¡bravo, bravo, bravo! emocionados por la presencia angelical de Miguel Alfonso. El niño tendió la mano para que le agradecieran a su padre. Miguel Ángel sabía que él no era importante, pudo hacer su trabajo tras bastidores y nada cambiaría. Quiso ser invisible, como la música. Señaló a Rubén Darío Lotero, el autor, a quien de verdad le debíamos ese estremecimiento. Fue un privilegio redirigirle esa ovación. El niño balanceó su cuerpo, nervioso, hizo una venia y se sentó de nuevo entre el público.

lavasquez1188@gmail.com

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Publicado en la edición impresa de El Pequeño Periódico No. 102.

Cuando conocimos Lo amador, su primer libro, estábamos ocupados en el Sur de Bolívar persiguiendo un sueño. En las soledades tumultuosas frente al río, sus cuentos se convirtieron en alimento imprescindible. Ahora que él ha iniciado su inesperado vuelo sideral, hemos vuelto a leer estos cuentos y de nuevo hemos sentido esa frescura narrativa que tanto nos alentó.

 

“El cuento es un encuentro repentino con la poesía”

“Lo único que le devuelve la libertad a la prosa es la poesía”

Estas frases de amor que se repiten tanto

Roberto Burgos Cantor

Roberto Burgos Cantor, aprendiendo a escribir.

I
Sucedía ese amanecer húmedo. El salitre venía con el aire y se quedaba enredado en los cabellos, en la piel cada vez que se escurría la sábana. También estaba en la silla al lado de la cama con la lámpara, unos libros y un paquete comenzado de cigarrillos Era uno de los amaneceres más húmedos del mundo. Y el salitre. Lo sentíamos en el piso de baldosas contra los pies descalzos cuando nos levantamos en la oscuridad para buscar el baño del patio. Primero me levanté yo y susurraste que a dónde iba. Después tú, y sucedió lo mismo para darnos cuenta que estábamos despiertos, sin podernos dormir. Parecía la misma sensación de las veces que veníamos del mar y sin sacarnos el agua salada y la arena nos acostábamos desde la tarde.
Toda la noche sentimos los camiones y los perros, los grupos de soldados dando alto y haciendo requisas, los detectives escondidos en la oscuridad silbando para avisar algo, con carreritas de un lado a otro.
Ese amanecer húmedo lo encontraron. Debían ser las seis de la mañana cuando encendiste el radio, aceptando que ya no volveríamos a dormirnos y veíamos la luz por entre las rendijas de la pared de madera. Yo, de espaldas a ti, acostado sobre el lado del corazón, mantenía los ojos cerrados, sin querer abrirlos, sin darme vuelta para abrazarte y saberte allí, preservada. Hacía memoria de los días en que jugando a elegir habíamos venido a vivir en este barrio y cómo escogiste el sitio, una accesoria, así dicen aquí, casa de muchos cuartos pintada de rosado en la pared del frente y con una escalera de piedra para llegar de la calle a la puerta de entrada. En esa altura un aviso con pintura azul: “ARACELY 1era REINA DEL UNIVERSO”, que aún, descolorido, permanece. Lo demás era previsible: el cuarto que da al patio, cincuenta pesos la mensualidad, nada de ruido jovencitos.

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Reproducido por Ángel Galeano Higua
Grupo Literario El Aprendiz de Brujo

Tomado de: Lo amador, pg. 53 Instituto Colombiano de Cultura – Universidad de Cartagena. 1980