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Invitación -10 sept

Nocturno enajenado

Estos anacrónicos poemas fueron conjurados por Roman Dorovna a golpes de silencios desde sus inicios en una fría pocilga de Manizales y a lo largo de muchas pieles de soles en otros ámbitos de la tierra. Roman Dorovna vive los segundos que yo le dejo vivir. Aspira a matarme para tomar el dominio de su vida. Se dice que somos el mismo desde el génesis. Él me acusa de asesinato in útero. Que yo lo tragué a él o lo absorbí. Que él se adhirió a mi alma para sobrevivir. Que si me escanean el alma lo encuentran. Que si me escanean el cuerpo lo hallan como un minúsculo feto alojado en alguna recóndita hendija de mi anatomía. Yo no supe de su vida hasta que mi padre me miró y me dijo su nombre “eres Roman Dorovna”. Mi papá tenía el don de ver las almas ocultas en otros cuerpos. Yo entonces entendí que a veces me mirara en los espejos y no me viera. Eran momentos fugaces de Roman. Su primer poema desconocido fue “Princesita”, muchos silencios después escribió Nocturno enajenado y así a lo largo de su intermitente vida ha escrito poemas y cuentos como asomos y reivindicaciones de su escaso albedrío. Algunos de estos poemas que ahora le publico ganaron el concurso de poesía José Manuel Arango en 1998. Están entremezclados con algunos iguales de vetustos y otros recién paridos. Yo lo quiero como a un hermano, como a mí mismo. Él es el de las rumbas, el de las riñas, el pendenciero, el goleador, el de los dolores de cabeza, el de las faenas gloriosas, el de la palabra fácil. Yo sólo soy un simple médico no digno de desatar sus tenis. 

Boris Ramírez Serafinoff

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Del Infinito al olvido

Conmueve en la obra de Luis Hernán Rincón su persistente exploración de lo que él llama la “Diosa vida”. Multifacético, nos entrega ahora este aventurado atisbo del inefable infinito y su espasmódica huella en la memoria del viento. Una claridad que lo conduce a cultivar las legendarias formas poéticas de la métrica y la rima, hace de impenitente enterrador de ellas al empujarlas hasta la densa apelación de la razón, donde el agua es inasible como el mismo viento. ¿Qué lo mueve a esa indagación entre el infinito y el olvido? ¿Entre la filosofía y las matemáticas, la ontología y el lenguaje? Quizás sea la soledad del cero al iniciar el camino numérico que conduce al abismo, donde caben todos los gozos y desdichas.

Como dice en uno de sus poemas:

Dos almas redondas y solas

se encuentran

se tocan con sus labios,

…  y crean el símbolo

del infinito (…)

 

Una propuesta que nos reta a entrar en ella, navegar hasta sus extremos y detectar nuestras posibilidades de naufragar una y otra vez sin perder el aliento.

Ángel Galeano Higua

Ver texto completo en: https://angelgaleanoh.wordpress.com/2022/02/09/fronteras-de-humo-2/

Sin adiós

Ángel Galeano Higua

El pasado 16 de enero se cumplieron tres años de la dolorosa partida del doctor Roberto Giraldo Molina. Maestro, compañero y amigo entrañable, tenía 75 años y era Egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, donde descolló por sus puntos de vista críticos.

Durante un evento cultural celebrado en Medellín. De pie, izq. a derecha: Carmen Beatriz Zuluaga, Bárbara Galeano Zuluaga, Álvaro Garcés, Roberto Giraldo Molina, Beatriz Velásquez. Abajo: Diana Giraldo, Manolo, Ángel Galeano Higua y Eladio Ospina. (foto archivo El Pequeño Periódico)

Un día, ejerciendo como Jefe del Departamento de Micro y Para, de la Facultad, desconcertó a la comunidad científica al anunciar que se radicaría en el puerto de Magangué, al Sur de Bolívar, con el propósito de dedicar su vida al servicio de los compatriotas de aquella región del país, siguiendo su naturaleza de entrega a los demás, fiel a su juramento hipocrático y aprovechando la oleada utópica de “los descalzos”. (https://fundarteyciencia.wordpress.com/2017/11/29/ser-descalzo-es-una-forma-de-vida/)

Gracias a esa decisión pudimos conocerlo en su verdadera dimensión titánica: fundó el Centro Médico de Especialista a orillas del río Magdalena, junto con otros profesionales de la salud llegados de otros lugares del país. Un hito histórico en aquellas remotas regiones, llevando brigadas de salud de alta calidad a los campesinos de la Serranía, los villorrios y poblaciones ribereñas olvidadas por Dios y por los hombres. Donde iba, cundía con su entusiasmo, los niños se arremolinaban para conocerlos, los pescadores asomaban a pie curtido hasta el cobertizo donde hacían sus consultas…

Fue un categórico defensor del medio ambiente en la Guajira donde la explotación de carbón producía enfermedades entre los trabajadores y las comunidades ancestrales. Inició un demoledor debate contra las falacias que, alrededor del Sida, fueron propaladas por las autoridades de salud de los Estados Unidos. Para Roberto Giraldo, el Sida sí existe pero no como lo pintaban. (https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-610926). Reclamó en foros, congresos y conferencias nacionales e internacionales que dijeran la verdad y que mostraran de manera científica la existencia del virus VIH, (https://fundarteyciencia.wordpress.com/2015/04/06/algunas-precisiones-sobre-el-chikunguna/) pues el que circulaba y sigue circulando en todos los medios es una construcción virtual. Exigía que los investigadores no se plegaran a las grandes farmacéuticas, ni a los discursos oficiales, sino que debían mantener total y diáfana autonomía e independencia. https://fundarteyciencia.wordpress.com/2008/11/10/nobel-de-medicina-premio-decandente/)

Recuerdo los auditorios llenos en la Universidad de Antioquia, en la U. del Valle, en la U. del Atlántico, en los congresos de ASMEDAS tanto regionales como nacionales, sus entrevistas, sus publicaciones pulcras y rigurosas. (Ver: https://fundarteyciencia.wordpress.com/2010/06/12/el-sida-si-tiene-cura-2/)  Lo acompañé en sus giras nacionales y grabé todas sus conferencias. Fui su editor. Divulgamos en El Pequeño Periódico la mayor parte de sus ensayos.

De manera especial recuerdo el Encuentro internacional que se realizó en Bucaramanga, con el apoyo de la Universidad de Santander y otras entidades académicas y científicas, al cual asistieron varios premios nobel e investigadores de varios países, entre ellos los doctores Peter Duesberg, Kary B. Mullis y David Rasnick, entre otros. Y los colombianos Hellman Alfonso, Nohra Merino de Villegas y Vladimir Zaninovic y otros más. El Simposio giró en torno a “Sida sin VIH: ¿Mito o realidad?”. (http://free-news.org/cobra01.htm)

La obra que deja un investigador como el doctor Roberto Giraldo es lo que trasciende. Sus libros son hoy testimonio fehaciente de su incisiva búsqueda en beneficio de la salud de los seres humanos. Pero miles de personas de las más diversas regiones y estratos de Colombia y otros países, lo recordarán por su sencillez y disposición en las consultas, en las conferencias, en los diálogos, porque fue un hombre siempre dispuesto al diálogo sin discriminaciones.

El 16 de enero de 2019, justo cuando quería acudir a su sepelio y leer estas palabras sin adiós, ante sus hijos Diana y Andrés, sus nietos, su hermanos y amigos, partí con Carmen Beatriz para Santa Marta donde teníamos un compromiso previo, y no pude conversar con él en esa sentida ceremonia realizada en la Universidad Pontifica Bolivariana de Medellín.

Nos fuimos tristes y durante la estadía en Santa Marta el tema de todos los días fue la película de los recuerdos con Roberto, desde cuando dijo me voy a Magangué en 1980, hasta cuando fuimos a su casa en Rionegro a despedirnos porque se debatía en una lucha arrolladora… Regresamos enfermos, porque como sostenía él: el estrés es la enfermedad más terrible de estos tiempos. Y la tristeza por su partida nos lo demostró.

Hoy lo recordamos con infinita gratitud. Leyendo su última obra: “Errores fundamentales de la medicina oficial”, nos guiamos durante la pandemia del Covid19 y comprendimos la grandeza de sus pesquisas para no perdernos en el bullicio del pánico con que el mundo fue acorralado.

Cuentos de Navidad

El caballo que abandonó la sala

Y fue a recorrer Córdoba con su galope de historias

Álvaro Jiménez Guzmán

Firmando autógrafos para los estudiantes de El Recuerdo, de Montería

A raíz de la pandemia decidí donar mi libro de cuentos de navidad en varios colegios de Córdoba. La crisis económica que dejó este ciclón de largo aliento me llevó a esa decisión. La única condición para dicha donación era organizar una actividad literaria con estudiantes seleccionados en Montería, Moñitos, San Carlos y Ciénaga de Oro. En Cereté ya había hecho la promoción en 2019, antes de la pandemia. El criterio para esta selección obedeció a relaciones académicas y culturales que tengo hace tiempo en estos lugares.

 

En “El Recuerdo”

En la Institución Educativa “El Recuerdo”, regentado por Diana Eljach Hernández y la Coordinación del profesor Franklin Osorio Galindo, en asocio de los docentes Emma Mogollón Herrera y Carmelo Román Agámez, se realizó el evento en la Biblioteca desde las 8 de la mañana del 12 de octubre, con cuarenta estudiantes seleccionados con anterioridad pese a que era la semana de receso escolar. Días antes envié los libros por correo desde Medellín, de tal suerte que cuando llegué al recinto ya los estudiantes lo conocían. Agradecí el solemne recibimiento, subrayando mi cuna en Cereté. Les dije que íbamos a trabajar sobre cuentos de navidad. Que había un gran clásico de la literatura de navidad: el inglés Charles Dickens, en contra del egoísmo con su personaje avaro Scrooge. Sobre la importancia de ayudar están algunos cuentos sobre duendes que ayudan a Santa Claus a repartir regalos.

Muchos padres se preguntan si es normal que el niño hable solo, que imagine personajes e invente historias, situaciones. La imaginación de los niños es asombrosa, la utiliza para comprender, interpretar y recrear el mundo que le rodea. Su fantasía le ayuda a entender ciertas reglas, a ponerse en el lugar del otro, y a crear un entorno íntimo, lleno de magia, en el que solo él tiene acceso. La imaginación sería algo así como un grandísimo espejo de la realidad en la que vive el niño. Es la base de su creatividad, y, por tanto, debe ser libre y respetada. Y cuando el niño imagina y fantasea, también se divierte y, al mismo tiempo, exterioriza sus propios problemas e inquietudes, en un mundo donde las reglas y las decisiones pertenecen solo a él. El niño controla todo y a todos. Inventa amigos, hermanos, personas imaginarias que normalmente tienen la misma edad que él. Mezcla el sueño con la realidad. Es normal también que el niño intente ocultar ese mundo imaginario a los padres. Esta es la forma que tiene él de proteger su fantasía y alejarla de alguna posible critica. El mundo imaginario del niño solo puede ser motivo de preocupación si continúa persistiendo a lo largo de su desarrollo o si impide al niño a que sea consciente de la realidad en que vive.

Les hablé de El Aprendiz de Brujo, la historia escrita por Johann Wolfgang von Goethe, el famoso escritor y dramaturgo alemán, que ha dado lugar a versiones musicales, como la del francés Paul Dukas. En cine, Fantasías, de Walt Disney. La leímos y les conté de nuestro Grupo Literario en Medellín que había adoptado este nombre porque nos considerábamos aprendices de escritores.

Un estudiante leyó uno de los cuentos de mi libro y luego hicimos un ejercicio escrito, especie de comentario por parte de los alumnos para estimular en ellos la escritura y la lectura.

Hubo comentarios interesantes, no solo sobre el cuento leído, sino sobre otros que los motivaron, ya por el título, ya por la historia. No faltaron las preguntas en torno a los orígenes de las historias, si eran reales o inventadas. Sobre una de las inquietudes referentes al caballo de madera que se mueve en el cuento Un caballo en la sala, me remití al Prólogo con que abro el libro: “En la niñez les damos vida a objetos inanimados para crear seres de mundos fantásticos. Ya mayores recordamos aquellos Entes que solo como infantes podíamos ver o escuchar”.

Al finalizar la sesión, la Rectora Diana Eljach, el Coordinador Franklin Osorio y los docentes Emma Mogollón y Carmelo Román, exaltaron la jornada reconociendo los aportes que hice con alegría. Agradecí la acogida, lo diligentes que fueron y su apertura.

En la “Pedro Díaz Barrios”

Viajé en bus a Moñitos al día siguiente por una carretera muy buena de Cereté a Lorica, pero de allí a Moñitos la vía se deteriora de tal forma que siendo un tramo más corto nos demoramos el triple. Allí me esperaba Julio Martínez Godin, amigo de juventud y hoy radicado en ese bello lugar, a quien le enviado una caja de libros con anticipación. Me hospedé en una cabaña de madera y palma, con hamaca. Moñitos es un pueblo de mucho movimiento, con un hermoso muelle turístico, 24 mil habitantes, a orillas del mar Caribe y una temperatura promedio de 34° C. Tiene de vecino a San Bernardo del Viento.

Al evento, convocado a las 3pm en la “Biblioteca Pública Municipal Pedro Díaz Barrios” el 14 de octubre, no asistieron sino doce personas, pues un partido de fútbol entre la selección Colombia y la de Ecuador se interpuso. Sin embargo, la tertulia alrededor del libro resultó muy interesante, pues relacionó los cuentos de navidad con otras temáticas regionales y obras literarias. Intentamos una nueva reunión al día siguiente y de nuevo hubo poca asistencia. Julio Martínez se encargó después de entregarles el libro a estudiantes de varios colegios del municipio. Quedó la motivación para otra visita.

En “San Miguel de Abajo”

La actividad fue en zona rural, en un inmenso colegio de primaria y bachillerato: “San Miguel Abajo”. Buena dotación y un admirable cuerpo de profesores. A través del primo Manuel Francisco Guzmán, profesor de Educación Física, y el Rector, Emilio Florez Guerra, el Coordinador Elder Chevel y los profesores Jorge Pacheco y Lina Bedoya, fue posible realizar un bonito evento con hijos de campesinos. El 19 de octubre, a las 6 de la mañana, en el campero del primo, nos enrutamos llevando los libros desde Cereté. Por el camino recogimos tres profesores. Veinte minutos por vía asfaltada y luego treinta por un camino de herradura, cruzando puentes y charcos. Por lo regular muchos estudiantes llegan a pie, en bicicleta, a caballo o en burro.

Un salón con 35 estudiantes del grado Once. La misma metodología que en El Recuerdo de Montería, presentación del autor, lectura de cuento, ejercicio escrito compartido con los demás, sesión de preguntas y al final, autógrafos. Según las directivas, profesores y estudiantes nunca habían vivido una experiencia como aquella.

 

En la “Madre Bernarda”

El 21 de octubre, a las 10 am, donamos el libro en Ciénaga de oro, un municipio de 70 mil habitantes y a 35 kilómetros de Montería. Lo atraviesa el caño “Aguas Prietas”. Es la tierra del poeta Jorge García Usta. Cuenta con dos organizaciones culturales: Fundación Ambientalista de Córdoba (Funamcor) y Fundación Literaria de Ciénaga (Funlicc).

Jorge Vargas, Técnico en Electrónica, a quien le hice llegar los libros con anterioridad, en asocio con el encargado de la Casa de la Cultura, David Miranda, y el profesor de español, Rafael Padilla, reunieron a 30 estudiantes de la Institución Educativa “Madre Bernarda” con quienes seguimos la metodología los colegios de Montería y San Carlos. El evento fue un éxito gracias al entusiasmo de estudiantes, organizadores y Casa de la Cultura. Excelente participación. Ahora están organizando para diciembre un Festival del Libro, que fortalece mi modesta actividad anticipada.

Con esta última etapa concluí mi periplo de donante de mi libro “Un caballo en la sala. Cuentos de navidad”, luego de una inesperada pandemia que nos dejó lacerada el alma y el cuerpo, después de tantos seres queridos que se fueron para siempre. Con un país devastado, como si hubiese estado en una guerra, creo que, con mi granito de arena, puedo sentirme en posesión de una verdadera esperanza en la reconstrucción del país, porque deseo para el prójimo lo que he deseado para mí y mis hijos.

Medellín, noviembre 4 de 2021.

Grupo Literario 

EL APRENDIZ DE BRUJO

INVITA

 

Seguimos la ruta trazada por el doctor Roberto Giraldo Molina desde el punto de vista crítico de la que él denominó «medicina oficial», en su libro «Errores fundamentales de la medicina oficial». Por desgracia el doctor Giraldo se marchó de este planeta antes de la pandemia y no tuvimos su guía clara y sabia.
Compartimos con nuestros lectores este aparte de su tratado con el propósito de seguir ahondando en el estudio y comprensión de lo que la humanidad ha vivido en los dos últimos años de pandemia.

 

Roberto Giraldo Molina: «La literatura científica nos brinda muchos ejemplos de estas “epidemias de histeria”: un simple rumor del peligro de una supuesta epidemia grave, puede convertirse en un delirio colectivo» (Foto Angel Galeano Higua, archivo El Pequeño Periódico)

Epidemias histéricas

Roberto Giraldo Molina

Es muy preocupante ver la forma equivocada en que las autoridades sanitarias analizan y lidian con el asunto de las epidemias (a nivel local) o de pandemias (a nivel mundial).

En lugar de calmar a la población, como indica el conocimiento científico, se crea miedo y ansiedad por la forma como se informa a las personas haciendo énfasis innecesario en los agentes infecciosos y sus modos de transmisión, olvidando por completo las condiciones del posible o posibles huéspedes.

Esto genera un ambiente perfecto para lo que se conoce en el mundo científico como “La Enfermedad Psicogénica Masiva”, también llamada “Epidemia Histérica”, “Histeria Masiva” o “Histeria de las Masas” (Robertson et al 1973; Sirois 1974; Colligan& Smith 1978; Chang &Kee 1983; Elkins et al 1988; Stiehm 1992; Rothman&Waintraub 1995; Jones 2000).

Por ejemplo, la bacteria Escheriquiacoli cuya “peligrosidad” fue anunciada a Europa en el 2011 por la Autoridades Sanitarias, es apenas un chivo expiatorio. Esta supuesta epidemia por un tipo en apariencia “mortal” de E. coli en las verduras de Alemania y que según algunos se originó en España, parece más una represalia de los poderosos corruptos contra los agricultores del país ibérico.

En los Estados Unidos, supuestas epidemias “mortales” con la bacteria Escheriquiacoli, que hace parte de la flora intestinal normal, fueron anunciadas en los últimos años de la siguiente manera: usted se enferma si come uvas de Chile, pero no se enferma si las compra de California. Además, si come espinacas de la Florida en lugar de comprar espinacas de New Jersey, también se enferma.

Para aumentar el miedo y la paranoia pasteuriana (miedo a los microbios), algunos proponen que la E.coli de las verduras europeas fue creada en laboratorios por medio de la ingeniería genética. Por décadas los Estados Unidos, Rusia y otros países gobernados por paranoicos, han intentado fabricar armas microbiológicas sin ningún éxito.

Jamás un virus, bacteria u hongo ataca al ser humano saludable. Toda infección es una consecuencia de adaptación a desequilibrios emocionales que junto con otros factores externos deprimen los mecanismos de defensa del individuo. La guerra contra el pueblo de Irak con el argumento de que su gobierno tenía “armas microbiológicas” no es otra cosa que una disculpa de los gobernantes paranoicos de los Estados Unidos para apoderarse del petróleo y otras riquezas iraquíes, como las históricas de sus museos.

Otro ejemplo: en épocas de dengue, las autoridades sanitarias de todos los países comprometidos, siguiendo las orientaciones de la OMS, hacen énfasis sólo en lo externo, evitar criaderos de mosquitos (Aedes), matarlos con insecticidas y evitar ser picado por ellos con el uso de repelentes, ropa apropiada y mosquiteros. Nadie se preocupa por aumentar la resistencia (defensas) del posible huésped.

Las enfermedades se nos presentan como terribles, peligrosas y poderosas, que llegan de “afuera” de la persona, a través de mosquitos, bacterias, virus u hongos, que, como en las guerras, nos invaden por tierra, mar y aire… o que nos son transmitidas por otras personas dando la idea de que tenemos que desconfiar de todos y de todo, pues hasta nuestros padres, hermanos, esposos, hijos, etc., pueden ser la fuente de un agente infeccioso fatal. Todo esto genera un clima de insoportable persecución y paranoia y, entonces, para defender al público de los supuestos “invasores mortales”, interviene el “ejército” de los laboratorios farmacéuticos con sus tóxicos arsenales de medicamentos y vacunas.

La literatura científica nos brinda muchos ejemplos de estas “epidemias de histeria”: un simple rumor del peligro de una supuesta epidemia grave, puede convertirse en un delirio colectivo. En esta forma, las personas de internados, monasterios, ejércitos, seminarios, colegios, universidades, pueblos, ciudades, países y continentes pueden enfermar al escuchar un rumor o una información irresponsable de las autoridades con relación a alguna enfermedad o epidemia real o artificial (Robertson et al 1973; Sirois 1974; Chang & Kee 1983; Elkins et al 1988; Stiehm 1992; Rothman y Waintraub 1995; Jones 2000).

Los mismos estudiantes de medicina y de otras profesiones de la salud, se sugestionan tanto que pueden generar con sus mentes las enfermedades que estudian.

Por lo tanto, la divulgación por los medios de comunicación de una supuesta epidemia, como fue el caso de la “Gripa de los cerdos” en el año 2009, puede ser suficiente para crear una epidemia o una pandemia artificiales. Parece no ser otra cosa que utilizar el poder de la sugestión de las personas para satisfacer los intereses económicos de las compañías de medicamentos o los intereses macabros de las sectas secretas como la Trilateral, los Iluminati, el Club Bilderberg y otros (Giraldo 2009). A ese objetivo colabora el miedo a los microbios que por mucho tiempo se ha venido transmitiendo de generación en generación, gracias a la influencia nefasta de Pasteur en la sociedad contemporánea.

Las personas que usan los tapabocas recomendados por las autoridades de la Salud Pública para protegerse o proteger a otros de microorganismos, son las que tienen un mayor riesgo de enfermar debido a que los usan por miedo, y es de conocimiento científico que el miedo es un potente inmunosupresor que debilita al sistema inmune y a los demás mecanismos de defensa (Kiecolt-Glaser & Glaser 1988; Glaser & Kiecolt-glaser 1994; Ader 2007).

Muchas de las epidemias de las últimas décadas, no son más que “epidemias de histeria” creadas por organismos nacionales e internacionales de la Salud Pública con dudosas intenciones. Todo indica que esta situación en lugar de mejorar va a empeorar. Es una autentica psicosis social o “socionoia”, término creado por el Dr. Norberto Keppe para la enfermedad psíquica que afecta a un grupo social (Keppe 2002b).
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Tomado del libro Errores fundamentales de la medicina oficial, Pg. 61-63. Proton Editora. 1a Edición 2018.

Ángel Galeano Higua y Esteban Carlos Mejía, durante la presentación del libro «No miraré su rostro». (Foto de Bárbara Galeano Zuluaga)

No miraré su rostro puede ser la última batalla de un hombre contra el agravio. El repudio contra un destino impuesto de manera violenta. Es el último bastión de resistencia digna que le queda a una familia, a una comunidad contra la muerte no natural.

Ante la imposibilidad de resarcir la vida cortada de manera abrupta, sólo queda el acto poderoso de no mirar los despojos, porque así tampoco mira a los despojadores. De no reconocer, de no validar el desenlace fatal inducido. Es la acusación y la condena a la que tienen derecho los hijos de las víctimas. Y más que de víctimas de la violencia armada de cualquier grupo legal o ilegal, hablo de quienes son sacrificados “por accidente” y que no les es permitido el adiós, ni a sus deudos el duelo. Hablo de quienes sin estar enfermos siquiera, les es dictaminado el fin de su viaje por este planeta por un desconocido. De aquellos que son separados de su familia, de su comunidad para siempre, sin que nadie responda ante nadie porque la justicia es un mamarracho que sirve de comodín a los poderosos.

No miraré su rostro va más allá de un acto reivindicativo y silencioso, una forma interior de alimentarse para no sucumbir, de recogerse en un viaje interior necesario, sosteniendo el rostro vivo de aquellos seres que nos trajeron al mundo y no se nos permitió despedirlos. Una enfermedad tiene sus ventajas, por ejemplo, permite hacerse a la idea de que el paso por el planeta está en juego. Da tiempo para digerir una despedida, para celebrarlo como un viaje ineluctable. Pero cuando es un zarpazo lo que reemplaza a la enfermedad, no hay tiempo para el adiós… Se trata de otra enfermedad social más mortífera que cualquier otra infección o pandemia.

Mirar el rostro del padre, de la madre en el ataúd puede ser un acto de morbosidad, algo masoquista que incentiva el dolor y la resignación, con el cual el común de las personas se laceran y autoflagelan muy a la manera de un dogma derrotista, un fanatismo.

¿Se debe celebrar la muerte violenta? En Colombia esa es la maldición. No hay noticia diaria que no se regodee con ella en todas sus formas. El hastío que produce tanta mortandad llegará a un límite que desbordará todo cálculo. Y los pregoneros de la maldad serán devorados por el mismo monstruo que echaron a andar.

Entonces llegará la oportunidad para la inteligencia, para los millones de colombianos que queremos reconstruir este país. El pesimismo quedará aplastado. Los odios que al mundo envenenan desaparecerán. Los tenebrosos amantes de la guerra perderán todos sus privilegios y quedarán a merced de esa verdad tan aplazada: “la ley de la compensación es inexorable”.

Estas y mil cosas más me embargaron cuando mi padre murió en una avenida de Bogotá y tres semanas después mi madre, que se negó a dejarlo solo por allá, en esas lejuras del cosmos. Ella murió por amor, dijo uno de mis hermanos. Ese aire le faltaba y se fue a respirarlo junto a su esposo. No pudimos hacerles duelo. Entonces no tuve paz y me vi obligado a corroborar quiénes eran mis padres, cómo era posible que se marcharan así, de esa forma. Quise saber muchas cosas más de ellos, cómo se conocieron, qué batallas tuvieron que soportar para criarnos a mí y nueve hermanos más. Me dediqué a esa indagación que aún no termina y no tuve otra forma de sobrellevar el desasosiego que escribiéndola. Es un pequeño ejercicio de la historia de una familia, de un barrio sometido al fanatismo, de una ciudad perdida en su propia búsqueda. Lo que vi, lo que creo que vi, lo que soñé y lo que perdí…

La escribí para mi hija Bárbara, pensando en que la memoria debe continuar su arado. Ella, que ha sido una de mis más grandes maestras de la vida, junto con Carmen Beatriz, su madre. Que me han dado las lecciones que nadie más podría darme… Y ahora con María Paz, la hija de mi hija, la vida se ha convertido en nuestra alegría más grande. Ellas tres son mi soporte fundamental, mis referencias más trascendentales. Me leen y me critican, me ayudan, me soportan y me dejan ayudarlas… ¿Cómo no dedicarles a ellas este ejercicio? ¿Y a mis hermanos, con quienes estuvimos unidos hasta el nefasto día y hoy constituimos una tribu dispersa?

Por supuesto ese viaje al pasado me estremeció, me mostró el valor, la dignidad, pero también la monstruosidad y la violencia dogmáticas que han reinado en nuestra sociedad. De eso estamos hechos y por eso es imposible una literatura, un arte, un pensamiento neutrales.

He escrito una historia hecha de varias historias, siguiendo a los personajes que se agigantaron, tomado nota de su viaje, de sus sueños y algarabías, de sus costumbres y resquemores. He intentado, como dice Onetti: “mentir bien la verdad”. Si lo logré o no, será cosa que el tiempo y ustedes, lectores incisivos, determinarán.

Medellín, octubre 1 de 2021

Fiesta del Libro – Jardín Botánico

Auditorio Aurita López.

Los libros y los niños

Los niños de Moñitos leen

Nos ha llegado desde Moñitos, Córdoba, este escrito del bibliotecario Julio Martínez Godin sobre la lectura, que con mucho gusto compartimos con nuestros lectores. 

Julio Martínez Godin

Algún día, unos niños del barrio Santa Lucía me preguntaron qué gusto encontramos los adultos en los libros. Mi respuesta no fue espontánea. Una sonrisa antecedió a esa incógnita que tenían los pequeños. Primero, les dije, los libros no son solo para adultos, también son para niños y jóvenes y en el caso de ustedes, cuando se lee el primer libro completo, se encuentra la respuesta a su pregunta sin saber si estamos respondiendo ante la realidad de las cosas.

Era una de mis sesiones como promotor de lectura y en esa ocasión portaba un ejemplar de La metamorfosis, de Kafka, y uno de los niños, al observar la carátula con la ilustración de la mosca, fue directo al grano y preguntó:

  • ¿Cómo puede un hombre convertirse en una mosca?  El profesor de español también tiene ese libro y un día estuvo hablando de él.
  • Es eso, le contesté, la magia de la literatura. Convierte cosas irrealizables por la naturaleza en ficciones, es decir, en realidades mágicas, en cosas que son imposibles de concebir en la vida real.
  • O sea que los autores son magos.
  • Son una especie de magos, que tienen el poder de cambiar la realidad por algo más bonito o más feo, por algo que no existe en la realidad. Y lo vemos en las fábulas, donde los animales hablan como nosotros y piensan como nosotros.
  • ¿Ustedes, algún día han visto un perro hablando, o un gato, o una gallina?

Las risotadas infantiles fueron al unísono la apertura de un espacio para seguir hablando de libros.

La señora Rina nos había prestados sus sillas y su terraza para la sesión de promoción debajo de un árbol de Zaragoza, que abundan en el pueblo. Unos periquitos que estaban sobre sus ramas, parecían entender el diálogo y movían sus cabecitas con sumo interés.

  • Será que ellos entienden lo que estanos hablando, profesor. Preguntó uno de los niños.
  • Es posible, le contesté. Escribiré un cuento y los pondré a hablar, como Pombo, Esopo o La Fontaine, que son los más grandes fabulistas de la literatura universal.  
  • Los autores se parecen a Dios, dijo el mayorcito. Dios creó todo de la nada y todo le salió bien menos el diablo y las brujas.
  •  Un autor, en el siglo catorce, creó un infierno, hizo un viaje a él y conoció a mucha gente en ese infierno, de la mano de una mujer a quien amaba demasiado y había muerto. Ese autor se llama Dante, un italiano que se inmortalizó con su obra.

Antes que los norteamericanos viajaran a la luna en 1969, Julio Verne, otro autor francés en el siglo diecinueve, viajó a la luna en un cohete en un libro que se llama De la Tierra a la Luna y este mismo autor le dio la Vuelta a la Tierra en Ochenta Días, todo gracias a la literatura y su magia.

  • Los libros nos brindan la oportunidad de viajar a muchas partes y nos dan la oportunidad de conocer mundos de los que jamás hemos oído hablar. Y podemos viajar a través del tiempo y remontarnos a las épocas de los reyes, los guerreros, los dioses y hasta charlar con los extraterrestres.

Al día siguiente, encontré a los niños en la biblioteca municipal en compañía de la bibliotecaria que estaba encantada de su visita. Los llevó a la sección de literatura infantil donde conocieron los libros de las aventuras de Tom Sawyer, de Rafael Pombo y a Juan Sábalo, el libro escrito por Leopoldo Berdella un escritor cereteano que poco vivió para su inmortalidad.

Así, el valor de la lectura y su importancia en la formación del hombre, adquiere un estatus parecido al de las plantas: las semillas se siembran y se riegan cuando emplazan a aparecer hasta convertirse en árboles gigantes del pensamiento creativo.

Promocionar la lectura entre los niños, jóvenes y adultos, es contribuir al crecimiento del concepto estético del hombre, de la maravillosa magia de la creatividad y la satisfacción de ingresar en mundos inimaginables, pero hermosos, un mundo al que Borges llamó la realidad creativa del cerebro humano.

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