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Cero odios

Fronteras de humo

Presentación del libro
En este enlace: https://www.facebook.com/watch/?v=786237595532533

Fronteras de humo - Ángel Galeano Higua

Como cada año, presentamos algunos de los títulos disponibles en la 14.ª Fiesta del Libro y la Cultura.
Felipe Sánchez Hincapié

Fronteras de humo - Ángel Galeano Higua

2020: año loco, extraño, dramático, insufrible, de crisis y de retos para todos. No se ha acabado todavía y la vida trata de seguir en una “nueva normalidad”, que resulta asfixiante y delirante a la vez. Tras un forzoso parón, la agenda cultural vuelve lentamente a activarse y, en Medellín, algunos certámenes han podido realizarse, aún con ciertas restricciones.

Cuando se pensaba que no iba a realizarse, la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín decidió abrir, como cada año, las puertas de esa ciudad de los libros a la que todos están invitados. Eso sí, su escenario no será el Jardín Botánico, repleto de estantes, libros, gente, alegría y colorido; sino la virtualidad, tan fría y distante, a pesar de lo útil que es. Todo un reto, más cuando las redes sociales se vieron eclipsadas por la abundante oferta cultural durante la cuarentena. Pero era eso o no abrir la ciudad de los libros, así que había que correr el riesgo y, hasta el 11 de octubre, muchos desde sus casas podrán disfrutar de una variada programación artística y cultural. Será una Fiesta del Libro atípica, por supuesto; pero tratará de conservar esa magia que la hace tan especial.

Para Laterales Magazine, que desde su creación ha cubierto la Fiesta del Libro con entusiasmo, tampoco fue fácil adaptarse a una fiesta netamente virtual. Pero nuestro amor por los libros nos hizo aceptar el reto. Y aquí estamos, como cada año, recomendando nuestros imperdibles de la Fiesta del Libro y la Cultura.

Hay poesía, cuento, novela, periodismo; aunque entre estos géneros se destaca uno en especial: el epistolar. Curioso, sobre todo porque hoy las cartas parecen más artículos de museo que de uso cotidiano. Pero es su tono confidente y sincero el que nos impide guardarlas en el cajón del olvido.

Muchos de los libros aquí reseñados trazan una ruta hacia varios países y hasta planetas, mientras otros hacen un recorrido por los recovecos del ser. Además, sus autores han sido viajeros, han ido de un lugar a otro, o han regresado al de sus orígenes. Pero siempre con la palabra como compañera y guía. Puede ser un guiño sutil o fortuito a la temática de este año en la Fiesta del Libro y la Cultura: Las Diásporas. Aunque, si nos ponemos a pensar con calma, las palabras y las historias van y vienen hasta que, por diferentes medios, llegan a un desprevenido lector que se sumergirá en ellas.
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Fronteras de humo, de Ángel Galeano Higua

Editorial: Editorial EAFIT

Un homenaje al arte, eso es lo que hace Ángel Galeano Higua en su nuevo libro de cuentos, por el que se pasean un reportero, una cantante, una bailarina y demás personajes que transitan en un tiempo particular, como si no corrieran las manecillas del reloj; y que están inspirados en sus correrías como cronista. Porque Ángel, como los periodistas que viven por y para el oficio, ha gastado las suelas de sus zapatos para conseguir una buena historia. Dejó la ingeniería electrónica por el periodismo y la literatura, y se unió a “los pies descalzos”, un grupo de médicos y artistas que hacían brigadas de salud y jornadas culturales en el Bajo Magdalena, especialmente en Magangué (Bolívar). Allí, junto a grupo de entusiastas, fundó El Pequeño Periódico, todo un referente del periodismo cultural y alternativo. Presionado por la violencia tuvo que irse a Medellín, donde continuó con el Pequeño Periódico y creó la Fundación Arte y Ciencia y el grupo literario El Aprendiz de Brujo. Así que el arte, la literatura, la música, la danza y el teatro que tanto lo han acompañado en sus viajes y luchas, son el hilo conductor de estas 10 historias escritas en diferentes épocas y sobre las que ni el mismo Galeano se aventura a conceptualizar, porque como bien dice, “he dejado plena libertad a los personajes a quienes seguí en sus inesperados y delirantes caminos como un cronista”.

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Manga, Cartagena (Archivo de El Pequeño Periódico)

 

Escritura dominical

Javier Burgos Cantor

El rito dominical de leer los periódicos en sus ediciones enriquecidas de suplementos literarios, comics y crónicas diversas, marcó para siempre mi memoria: La casa familiar, en la isla de Manga, hace frente a la bahía, avenida Mira-mar. El frente es una terraza como un alcázar, con tres arcadas. En la fachada dos o tres blasones, imitación duques de España, o de Navarra, no sé. Las baldosas del piso están frías y húmedas a causa del sereno, la llovizna de la noche reciente. Ahí nos instalábamos en las mecedoras de madera, las maríapalitos.

Tomábamos un café, después otro café, como en la canción de Piero. El café llega por el corredor que atraviesa la casa desde la cocina, antes de la puerta central que abre al patio, la sombra del follaje de los árboles de mango, al fondo el lavadero con la batea gris de cemento. A pesar de la brisa que viene del mar, el aroma de la bebida es intenso, delicia del olfato antes del primer sorbo.

Niño vendedor de periódicos

Los periódicos llegan en bicicleta. El primero es el local, El Universal. Las pilas de periódicos sobre el manubrio y la parrilla hacen del ciclista un deportista de precisión. El hombre canta y grita en el silencio de la mañana. El Espectador, El Tiempo, los de la capital llegan un poco más tarde, con el primer avión de Bogotá. Agencia Reuter, France Press. Las noticias del mundo. La revolución de Mayo en París, la represión y el asesinato de los estudiantes en la ciudad de Méjico en Octubre del mismo año, el 68. La noticia del asesinato de John F. Kennedy lo escuchamos en la radio, en el garaje de la casa en la que vivíamos antes, al pie de La Popa, la colina con grupa de barco.
La brisa juega con las páginas de los periódicos y las diferentes secciones pasan de mano en mano, ¿ya terminaste con los cuentecitos? Mafalda y Charlie Brown en blanco y negro. En colores y en grande Tarzán el hombre mono y el Llanero Solitario. Los primeros cuentos de Roberto publicados en los Magazines Nacionales. La nota cotidiana del padre en la que fustiga la insidia de las autoridades locales. Pensamiento y vida, así se llama la columna. Uno de los oficios de mi infancia era llevar la página recientemente mecanografiada de la Olivetti de mi padre a los linotipos del periódico, con la recomendación de entregárselos en mano propia a Sabalza, el jefe de los talleres, que la recibiría atento, discretísimo, en overoles manchados y con las manos negras de la tinta con las que armaba las páginas con letras en plomo.

De ahí vengo. Soy la memoria que me constituye. Al frente en la bahía maniobran los barcos: los transatlánticos que van o vienen al Puerto de Bazurto, las lanchas de cabotaje del Canal del Dique, la vía que conduce al río grande. Los barquitos cargados de maderas del Atrato. Los de los contrabandistas y exportadores de marihuana. Los barcos de guerra de la Base Naval, restos de la US Navy de Viet Nam y Corea. Las velas remendadas de los botes areneros calafateados de brea. El ferry con orquesta a bordo que lleva los cachacos a Bocachica, a la salida a altamar. Cómo me gusta mirar los barcos en la bahía, canta el Joe, el cantante que vino de El Cielo, uno de los barrios incrustados en las faldas de La Popa.

Leer los periódicos se convirtió en un rito, sobre todo desde que no volví a la misa. Qué duro encuentro el de mi infancia con la formación religiosa de las Escuelas Cristianas. Misa de siete de la mañana los domingos, camisa blanca y el problema de no saber hacer el nudo de la corbata Tocaba despertar a mi padre y sacarlo de la resaca de un sábado de bohemias para ejecutar el famoso nudo invertido sobre mi cuello… ¡Felizmente no regresé a la misa, creo que mi padre habría podido estrangularme!
A mis cinco años mi padre viaja a España, invitado a una Bienal de Arte a explicar su tesis, “Del humor en la pintura de Velásquez”. Va de Madrid a Málaga y desde allí a París. Escribe y publica una crónica de ese viaje. Durante su estadía en Europa los cuatro hermanos de esa época, dos varones y dos niñas, establecimos reglas y listas de turnos para dormir con la madre.
De España regresa cargado de libros. Para cada uno. A mí me tocaron El Lazarillo de Tormes, anónimo de la Picaresca Castellana, y Platero y yo, un poema triste de un burrito que muere al final. La habitación principal de la casa era la biblioteca. Entrando por el corredor, la primera puerta a la izquierda. Los muros repletos de estantes de libros, excepto la gran ventana que da al jardín y a la bahía enfrente, la luz entra a raudales, como el rumor de las máquinas de los barcos, el choque sordo de las anclas y cadenas contra los cascos.

Atardecer en Cartagena (Archivo El Pequeño Periódico)


También llegó Don Quijote de la Mancha y su autor, Don Miguel De Cervantes. Parece que este último había postulado para venir como funcionario de la Corona Española en América y con más precisión a Cartagena de Indias. Por fortuna nunca lo nombraron y pudo escribir sus libros, tranquilo en Madrid. En los que después sabría que eran sus últimos años, mi padre leía y releía Don Quijote en una edición que Roberto, el hermano mayor le había regalado. En mi memoria, el padre lee a la luz de la lámpara de kerosene, mientras que afuera los alisios azotan la playa y el mar ruge, encabritado.


Nimes, octubre 12 de 2019
burgos.cantor@yahoo.fr

Letras desde Francia

Un día de septiembre como hoy, en 1982, nació en el puerto de Magangué, a orillas del río Magdalena, EL PEQUEÑO PERIÓDICO. Con tal motivo iniciamos la publicación de una serie de escritos de quienes tuvieron que ver con esta empresa periodística. Nuestras primeras entregas están a cargo del médico cartagenero Javier Alonso Burgos Cantor, pionero del periódico en aquellos años en la región momposina de Talaigua y hoy residente en la ciudad de Nimes, Francia.

Diferenciando

Javier Burgos Cantor *

La letra con música entra y no con sangre como pretende la frase perversa. Creo que no le he perdonado al Profesor Rhenals un reglazo que me dio sobre la palma de la mano el primer año de la primaria. Una regla de madera de caoba precisó. No le dije nada a mis padres, yo sabía que no compartían esos métodos, qué carajo va a entrar con dolor, que amor no se escribe con llanto, como canta el bolero.

La memoria es musical. El fenómeno sucede al alba, al despertar. Carlos Fuentes decía que él escribía de sus sueños, sobre todo de los que no se acordaba. Esta mañana me desperté con el eco de la canción: Hay que buscar la forma de ser diferente, dice el coro mientras la banda inventa un ritmo que no se parece a nada de lo que habíamos oído. Dicen que tocan como bestias. En Varsovia nadie me creyó cuando conté que en el Barrio de Lo Amador bailábamos las Sonatas Revolucionarias de Chopin en modo Guaguancó a los altos decibeles del pick up, o del picó, para ser más claros.

El cuento no es querer ser diferente, se trata de constatar que somos distintos. El mestizaje lo vivíamos como se podía. El Padre, Profesor Universitario se vestía de saco y corbata, como Aimé Cesaire en Martinique, como medida de protección a su rol de intelectual. Negros de seda y paño, como dice otra canción. El día que en Cartagena me trataron de “burguitos” le anuncié a mi Padre que ese corral de piedras se había vuelto muy pequeño para los dos. Lo de irse fue un acto premeditado.

Cuando en París, durante mi primera estadía como estudiante me trataron de “métis” –mestizo- regresé a casa buscando un espejo para verificar mi cara. De tanto consultar los libros de Medicina Europeos y Nord americanos de la época, escritos por Blancos para Blancos, se me había olvidado quién era yo y de dónde venía. “el camino que va al Palenque de San Basilio pasa a veces por la Sorbona, como escribió Roberto, mamándonos gallo a los que emigramos.

Vendedor de El Pequeño Periódico. Óleo de Elías Ospina.


El interés por las Medicinas Tradicionales fue un buen pretexto para viajar por una India y una China ancestrales. Antes de esos viajes el ejercicio de la Medicina Rural en Colombia me hizo conocer la Sierra Nevada de Santa Marta, los Indios Koguis, las riberas del Bajo Magdalena y todos esos pueblitos tan parecidos a Macondo.

En la Cosmogonía Antigua de la China, nuestro espíritu se escapa durante la noche y rencuentra los Espíritus de los muertos. En la obscuridad de mi inconsciente voy como Ulises al Reino del Hades, “mi Madre me dio un consejo, y yo no lo quise coger, después de mi Madre muerta del consejo me acordé…”

Como el Juan Preciado de Pedro Páramo voy a Comala a buscar a mi padre entre los muertos.


Nimes, domingo 29 de Mars de 2020

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Nota* : El autor es nuestro corresponsal en Francia. Fue miembro del Comité Editorial de EL PEQUEÑO PERIÓDICO.

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En voz alta


 Nace en Medellín una propuesta exquisita para acercarnos a la literatura. El aprendiz de escritor podcast, realizado por la periodista, docente y escritora Nubia Amparo Mesa Granda. En cada episodio podrás acercarte a un nuevo escritor con una de sus historias. Escucharlas es muy fácil, aquí está el enlace: https://podcasts.google.com/feed/aHR0cHM6Ly9hbmNob3IuZm0vcy8yMzVlZmQ1OC9wb2RjYXN0L3Jzcw==


Disponible también en Spotify, Google Podcast, Breaker, Overcast, Pocketcast, Radio Public.

La voz humana es un sello tan característico como las huellas digitales. Por el timbre, el oyente puede descubrir si quien emite es hombre o mujer, niño, joven o viejo, a qué región pertenece, qué emoción le acompaña. Escuchar una voz armoniosa es una experiencia grata que nos permite seguir el hilo de las palabras sin tropiezos, como si nos condujera en un cálido envoltorio, de una forma íntima y cercana.
Medios de comunicación como la radio han ofrecido una amplia gama de voces a través de las cuales se transmiten distintos mensajes: las noticias, los romances, los anuncios, que recordaremos con el mismo tono usado por el locutor. Desde cuando nació la radio en los inicios del siglo XX, sólo con un botón de encendido hemos podido amplificar esas voces que nos acompañan durante horas y nos trasladan a mundos desconocidos y asombrosos.
Pero hoy, en medio de la explosión de las nuevas tecnologías nace una nueva posibilidad de llegar a los oyentes a través de los podcast que se pueden escuchar en diferido. El contenido está almacenado en un servidor y, al igual que en esos tiempos remotos en que las familias se sentaban en la sala a escuchar su programa favorito, nos ofrece la posibilidad de estimular la imaginación generada por las palabras, en cualquier momento del día, a golpe de un clic.
El podcast permite a sus realizadores ofrecer contenido especializado, de tal manera que su audiencia sabrá distinguir ese sello, y seguirlo con la certeza de que se establecerá un vínculo personal entre el oyente y el productor.
En el amplio mundo de los podcast, los amantes de la literatura encuentran numerosas ofertas enfocadas en recomendar libros, resúmenes y crítica sobre las obras, datos biográficos de los autores y lectura en voz alta de los clásicos. En todo caso, lo que permiten estas producciones es sincronizarnos en el goce estético que nos proporciona la literatura, dejarnos hechizar por las palabras y atravesar juntos ese puente que nos conduce a mundos posibles, y nos abre la puerta a la interpretación y la transformación.
La propuesta de El aprendiz de escritor es compartir el trabajo de esos narradores que trabajan incansablemente, con paciencia y sin más pretensión que esculcar en su interior para darle vía a sus dudas y conmociones más profundas, sin pensar en los triunfos y reconocimientos, alejados de patrones y modelos que empobrecerían su creación y sólo alimentarían su vanidad desvirtuando su necesidad de libertad e independencia.

La periodista, docente y escritora Nubia Amparo Mesa Granda, con más de treinta años de experiencia en el medio radial es quien sirve de anfitriona a estas propuestas narrativas que se emiten cada semana.


Los seguidores de esta propuesta han confirmado su alegría de recibirla.
Camilo Arango
Soy fan, sigo los episodios y me emociona cada detalle, imagino la producción. Hermoso. Hoy escucharé esta otra voz que convoca. Gracias por tu sensibilidad, ¡siempre maestra!

Carlos Carmona
Muchas gracias, Nubia, por compartirnos estas historias, en tu hermosa voz! Un abrazo!

Guadalupe Moreno
Gracias por compartir tan hermosas historias. Tu voz es tan dulce y melodiosa.

Angela Penagos
Bien bella manera de contar

Anita Cadavid
Está sensacional Felicitaciones.

En el episodio cinco escucharemos el cuento El duermevela luminoso del escritor colombiano Ángel Galeano Higua ilustrado por Ana María Oquendo Mesa. (Clic sobre la ilustración)







Nuevo libro Perlas de aprendiz – Apuntes de Diario


El Heródoto interior


Ángel Galeano Higua


Si se nos diera la oportunidad de escribir un diario conformado por una sola palabra infinita y continua, sin signos de puntuación, enganchada su grafía sin fisura alguna, ajena a la fragmentación y los títulos, urdida como un todo compacto e impenetrable, comprenderíamos mejor la inmensidad del lenguaje, del silencio y la interpretación.

Para los aprendices que transitamos el camino del arte de la palabra, un diario literario de esta naturaleza sería más que una herramienta hermética. Se nos revelaría como confidente incorruptible, lubricante de la memoria, laboratorio de transgresiones. Tal ejercicio sería, por necesidad, un baluarte de la observación y un tallador de soledades.

El diario surge como una recomendación para quienes ingresan al Grupo Literario, con la advertencia de que sin interiorizar su utilidad es imposible cultivarlo. No es sólo un receptáculo de tanteos enriquecido con tachones y subrayados, desordenadas confesiones reales o ficticias. Es también brújula y exploración, testimonio del desencanto y la ilusión, fruto del largo camino de la condensación.

Perlas de Aprendiz es un muestreo de las pequeñísimas joyas personales que varios aprendices han seleccionado de sus diarios, en un acto de sencilla confrontación con ellos mismos. Un riesgo valioso para su aventura y un acto de valentía inspirado en el juego creativo. 

Ellos saben que el tiempo es el escultor que pule las últimas aristas y que la persistencia es una virtud que se adquiere. Si se les diera la oportunidad de labrar ese diario con una sola palabra continua, serían una expresión viajera del Heródoto interior que los conjura con el ejemplo de sus pergaminos infinitos, y la vida no alcanzaría para descifrar la parrafada de miles de hojas resultantes.

Ser su editor me enorgullece y siento gratitud hacia ellos por permitirme, en tiempos de confinamiento planetario, vivir a su lado durante varios meses la experiencia de enhebrar este collar de trece perlas.


Autores

Leandro Alberto Vásquez Sánchez

Nubia Amparo Mesa Granda

Diana Patricia Álvarez Betancur

Giovany Arana Loaiza

Andrés Osuna Solar

Juan Felipe Franco

María Eugenia Velásquez

María Isabel García Osorio

Francisco Pinzón Bedoya

Hermes Rafael Pineda Santis

Ángela María Salazar Álvarez

Álvaro Jiménez Guzmán

Nidya Bedoya Castrillón

 

Nuevo libro de El Aprendiz de Brujo


En próximos días entrará en circulación el libro Perlas de aprendiz, constituido con apuntes de diario de trece autores participantes del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo de Medellín.
Se trata de una breve selección de los diarios literarios que cada autor lleva como herramienta de aprendizaje. Son fogonazos que cada uno considera significativos de su ejercicio en el arte de las palabras.
El nuevo libro, fruto del trabajo colectivo en lo que va corrido del presente año, en especial durante el confinamiento por la pandemia del Coniv-19, hace parte de la Colección El Aprendiz de Brujo en pequeño formato: “Letras móviles y marginales, ágiles historias… para el disfrute de sus lectores en movimiento que gustan de leer en cualquier lugar y a la hora signada por la imaginación”.
Perlas de aprendiz se suma a otros títulos de la colección, como La muñeca de sal, de Nubia Amparo Mesa Granda. Gambeta, de Leandro Alberto Vásquez Sánchez. Papá, de Claudia Restrepo Ruiz. La llegada del Chiminigagua, de Álvaro Jiménez Guzmán. La ninfa del aguá, de Andrés Osuna Solar. Los niños de Aquitania, de Ángel Galeano Higua.