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Antonio Botero Palacio (archivo El Pequeño Periódico)

En 1997 Antonio Botero concedió una entrevista que fue incluida en el libro de reportajes Navegantes de la utopía, editado por la Fundación Arte & Ciencia. Hoy, al cumplirse un año de su partida, reproducimos un fragmento de dicha entrevista como un homenaje a su vida y a su obra.

¿Cuál ha sido el momento más difícil de su vida?

Cuando caí prisionero de las guerrillas de Urrao. Era maestro de escuela de esa población, por allá por el año 1952. Urrao era el centro de la violencia en Colombia. Yo había viajado allí como maestro de escuela y a los quince días de estar ejerciendo, el visitador, lo que hoy llaman jefe de núcleo, me dijo que yo no podía continuar como maestro. Pero si a mí no me han echado, le dije, y yo soy el mejor maestro del mundo. No, nada de eso, usted va a tener que visitar todas las escuelas rurales del municipio porque a mí me da miedo. Le respondí: Don José, le voy a aceptar esa responsabilidad con una condición: yo soy liberal, tengo carné liberal, pero usted me va a conseguir un carné conservador pues de esa forma podré visitar todas las escuelas. Además me debe equiparar mi sueldo de maestro al sueldo que usted devenga como visitador, de lo contrario no acepto. Así, montado en una mula baya, con mis alforjas llenas de provisiones me dediqué a visitar las escuelas, andando por esas zonas de violencia. Llegaba al retén de la policía y del bolsillo derecho sacaba mi carné conservador. Siga Don Antonio, háganos el honor. ¿Quiere que lo escoltemos? No señor, porque me encuentro por allá con la muchachada y me lleva al diablo. Déjenme solo. Más adelante me encontraba con la guerrilla y sacaba mi carné liberal… Don Antonio, por Dios, ¿cómo es que no lo han matado los chulavitas? ¿Quiere que lo escoltemos? No señor, déjeme seguir solo a la escuela… Pero, recuerdo que en cierta oportunidad iba yo por un planito lleno de guayabales hermosos, cuando de pronto me gritaron: ¡Alto! Eran hombres armados tan parecidos a los soldados y tan bien vestidos, que yo decía para mis adentros: ¿serán soldados o será la guerrilla? ¿Cuál de los dos carnés les muestro? ¡Identifíquese!, me gritaron. ¿Saco el liberal o el conservador? La incertidumbre era terrible, porque si me equivocaba caería sobre mí la guillotina. Si era el Ejército y sacaba el carné contrario estaría perdido. Si era la policía y sacaba el liberal, igual suerte correría. De pronto uno de los militares me preguntó para dónde iba. Voy a visitar la escuela de Río Verde. No había terminado mi respuesta cuando gritó, ¡Ah, usted es el esbirro de este gobierno, desgraciado! En ese momento comprendí que tenía que sacar el carné liberal.

  • Tomado de Navegantes de la utopía, Ángel Galeano Higua, 1997, Edit. Fundación Arte & Ciencia.

¡Cuánta falta nos hace!

Ángel Galeano Higua

Se cumplirán dos años de la partida del médico antioqueño Roberto Giraldo Molina, quien dedicó gran parte de su vida a desentrañar los mitos y falsedades oficiales alrededor de enfermedades como el Sida y el cáncer. Hizo una revisión histórica sobre las vacunas y la obra de Pasteur.

Los principios defendidos por Roberto Giraldo Molina sobre microbios, vacunas, sida y cáncer son contrarios y muchas veces antagónicos con los paradigmas de la Medicina Oficial y de la sociedad actual.

 

Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo y compartir muchos momentos de sus afanes científicos, lo echamos de menos más que nunca por estos tiempos del Covid-19. ¿Qué diría él sobre la mascarilla? ¿Cuál sería su enfoque respecto a tanta prohibición para relacionarnos con los demás? ¿Cuáles serían sus indicaciones sobre la prolongada cuarentena? ¿Qué nos diría sobre la tan mentada vacuna? Una de sus enseñanzas se condensa en la afirmación de que “El Sida sí tiene cura”. Él sostuvo a lo largo de sus disertaciones y en sus publicaciones (Ver: Errores fundamentales de la medicina oficial, Capítulo 4) que el Sida es “la más grave y severa de todas las inmunodeficiencias adquiridas, siendo este un síndrome tóxico, nutricional y sobre todo emocional, causado por exposiciones múltiples, repetidas y crónicas a una variedad de agentes estresantes para el sistema inmunológico..”. Y que el denominado VIH no es más que una estructura virtual, nunca ha sido aislado y sus creadores, (Premios Nobel de Medicina) “ni siquiera siguieron los pasos establecidos y aceptados internacionalmente para el aislamiento de retrovirus” (Idem)
El hecho de que una persona resulte seropositivo para Sida indica que su sistema inmune está deteriorado, no que lo haya infectado ningún virus.

Roberto Giraldo Molina, dialoga con varios asistentes luego de una conferencia. (Archivo El Pequeño Periódico)


Roberto Giraldo fue un crítico constante y visionario de la medicina oficial, junto a otros investigadores científicos, pero “muchas personas no se han enterado de esto debido a la censura por parte del Departamento de Salud y Servicios Humanos del gobierno de los Estados Unidos, la Organización Mundial de la Salud y la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para el Sida” (idem).

No se detuvo sólo en el Sida, también trabajó con ahínco sobre el cáncer, las vacunas, los mitos inconvenientes contra los microorganismos, trazó una abierta crítica a Pasteur respecto a que los microorganismos nos atacan y son enemigos de los seres humanos. Deslindó caminos con los premios nobel de Medicina cada vez más controlados por los grandes centros de poder farmacéutico. Denunció el desdén con que los gobiernos de Colombia han manejado la salud del pueblo, los recortes presupuestales y las limitaciones asfixiantes a los derechos de los trabajadores de la salud.

Roberto Giraldo con uno de sus nietos


Donde quiera que el doctor Giraldo viajó en el mundo, en nuestras ciudades y pueblos, llevó siempre su voz de aliento, amable pero crítica y sincera contra los poderosos que controlan el negocio de la salud.
Además de sus conocimientos y resultados prácticos para ayudar a los enfermos, sus enseñanzas éticas constituyen un legado fundamental, fruto de su talento y valentía, tan necesarios hoy para enfrentar tanta desinformación oficial sobre el Covid-19.
“El científico descalzo”, como lo llamamos con cariño y admiración quienes hicimos parte de la gesta de los descalzos de la cual él fue protagonista de primera fila, permanece entre nosotros gracias a su obra, a sus publicaciones y al ejemplo de entrega al servicio de los demás.

Medellín, Dic 1 de 2020

Ver: https://fundarteyciencia.wordpress.com/2019/01/13/el-legado-del-doctor-roberto-giraldo-molina/

https://fundarteyciencia.wordpress.com/2015/04/06/algunas-precisiones-sobre-el-chikunguna/

Con el tiempo y la distancia me doy cuenta que la Lengua Materna nos estructura. En estos días difíciles de pandemia en Francia, donde vivo, hay frases que aprendí hace mucho tiempo que llegan solas, sin ningún esfuerzo: “Hasta aquí llegaron las canoas” es una que señala el fin de un período, de un juego, de una botella, de unos amores.

Río Magdalena, Brazo de Mompox (Foto archivo El Pequeño Periódico)

Por Javier Burgos Cantor *

Desde mi casa puedo ver pasar los trenes sobre el viaducto, del otro lado del boulevard. El boulevard se llama Sargento Triaire, un militar del ejército de Napoleón que se hizo explotar heroicamente combatiendo a los turcos, como Ricaurte en San Mateo, en átomos volando. Creo que no soy capaz de ese heroísmo, y prefiero, como el cantautor Georges Brassens, “morir por las ideas, pero de muerte lenta”.
Los trenes, como los buses sobre el boulevard pasan vacíos, interrumpiendo por un instante el silencio que se instala sobre la ciudad. De tiempo en tiempo una ambulancia con su estruendosa sirena nos recuerda la hecatombe. He renunciado a la radio y a la televisión para no seguir escuchando malas noticias.
Todo esto parece un naufragio, pero me da tiempo para perder, como la vida misma, que de todas maneras llevo perdida, dixit León De Greiff. La vida iba a enseñarme el origen de la frase: una Ley de la República de Colombia obliga a los estudiantes de Medicina, antes de obtener el Título, de ejercer un año de actividad profesional en un dispensario en el campo, “el año rural”. Esta Ley fue imaginada y defendida por el Doctor Héctor Abad Gómez, Profesor de Medicina y Defensor de los Derechos del Hombre en los años 1970 y 1980, hasta su asesinato en Medellín en 1987. Su hijo Héctor Abad Faciolince se vuelve escritor para contar el enternecedor y terrible relato del asesinato: El Olvido que seremos, del título de un poema del gran Borges que él encuentra en el bolsillo de su padre muerto.

Cartagena de Indias (Foto archivo El Pequeño Periódico)

Terminados mis estudios de Medicina en la Universidad de Cartagena, la Ley me concierne y acudo a la convocación del Secretariado de Salud. El funcionario oficial me comunica que mi nombramiento de Médico Rural es en el Corregimiento de Talaigua Nuevo, en el Sur del Departamento de Bolívar a las orillas del Magdalena, al margen occidental de la Isla de Mompox, el gran delta formado por los dos brazos del río. El funcionario se levanta para mostrarme sobre un mapa la localidad y noto su dificultad para encontrar la localidad de mi destino.

Talaigua Nuevo – Bolívar

“Corregimiento” es un término heredado del tiempo de la Conquista y de la Colonia española cuando el Corregidor se encargaba de corregir, castigar, explotar. El médico se ocupa de la salud de los pueblos de Talaigua Nuevo, de Talaigua Viejo, de Patico y otro pueblecito de cuyo nombre no quiero acordarme, por evocar a Cervantes. El trabajo se efectúa entre el dispensario principal y las consultas prodigadas en los otros pueblitos, una vez cada dos semanas, en un “puesto de salud”, una casita prestada por la comunidad donde toda la dotación consiste en un escritorio, tres sillas, una camilla, un fonendoscopio y un tensiómetro. En cada puesto una “promotora de salud” organiza la lista de consultas. Los pobladores esperan, doblemente pacientes. El vehículo disponible es una bicicleta hasta que me compro un caballo, durante el verano. “todos los pueblos del río Magdalena están deseando, viven deseando, que se repita este fuerte verano, a ver si no se aniegan…”, canta Alejandro Durán, el juglar vallenato…”. Pero esto no puede suceder así, porque entonces dónde iremos a parar…”, continúa la canción. Con las lluvias el río se crece e inunda todo, los sembrados, los caminos y las habitaciones. Las familias esperan que las aguas se retiren encaramados en el zarzo, el espacio inventado entre los aleros bajo el techo de palma.
En la época de lluvias el transporte se hace por el río y por los caminos transformados en rutas fluviales hasta que por los desniveles del terreno la canoa toca fondo y el boga anuncia: hasta aquí llegaron las canoas.
No trato de escribir una biografía. Los biógrafos son simple secretarios, me dijo Vassilis Alexakis, el escritor de la isla de Tinos, en Grecia. Los relatos, los cuentos y la literatura en general, permiten mentir, y se adaptan a los recuerdos de cada quién, para volverse el gran olvido que seremos.

Albarrada de Mompox (foto archivo El Pequeño Periódico)

El agua para uso doméstico viene directamente del río. “el día que yo me vaya, quién se acordará de mí? solamente la tinaja por el agua que bebí.” Cada rancho tiene su tinaja, el recipiente de barro donde el agua se aclara gracias a un poco de alumbre que deposita las impurezas en el fondo. Las lámparas de kerosene de luz temblorosa se enfrentan al gran manto de la noche. De vez en cuando se enciende una unidad eléctrica descomunal, ávida de combustible, y la fábula mentirosa que es un regalo personal de la Gobernadora. a pagar en cuotas periódicas, durante las elecciones. No hay alternativa, siempre “se elige” la misma.
Las enfermedades son las mismas, parasitosis, anemias, desnutrición. Hay que interpretar los síntomas, de la rama a la raíz. Comprendí con la práctica, que las enfermedades del pueblo tienen su origen en un sistema de explotación del hombre por el hombre. Aunque esté yo aquí repitiendo la repetidera. Mientras tanto, el año que duraba la medicatura rural había pasado. Por primera vez desde que estaba en el pueblo, un télex llegaba a tiempo, indicándome el final del contrato: decidí quedarme, alquilé una casa en la placita principal y Talaigua tuvo su flamante y primer galeno privado, “el médico del pueblo” le decían, para distinguirlo del oficial que fué nombrado inmediatamente en mi remplazo.
Los corregimientos de esa ribera del río quieren desde hace mucho tiempo constituirse en una nueva entidad administrativa, un Municipio. Con este fin se organiza un “movimiento cívico independiente” que se reúne cada semana en el atrio de la iglesia, frente al río. La reunión es pública, abierta a todos y el problema principal consiste en evitar que los lugartenientes de los dos partidos tradicionales desenvainen los machetes.
En esa época apareció Ángel Galeano Higua en mi casa. Entró por la puerta del campo, siempre abierta durante el día y que a través de un zaguán da acceso al patio interior, donde dos corredores en L, rodean un árbol de tamarindo, unos helechos, dos ciruelos y una pareja de loros que se balancean de rama en rama con estropicio. Ángel viene de Medellín y el sigilo de los hombres de la montaña lo ayuda en su oficio de reportero. Trae una cámara fotográfica y un proyecto casi listo en el corazón, El Pequeño Periódico. La foto capta la escena: el médico, de rodillas cura las úlceras varicosas del viejo campesino sentado en una mecedora de mimbre. La foto acompañará nuestro primer reportaje: “La salud del pueblo no se cura con pastillas”.

Nimes, 9 de Abril de 2020

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  • Javier Burgos Cantor, corresponsal de El Pequeño Periódico en Francia.

Cero odios

Fronteras de humo

Presentación del libro
En este enlace: https://www.facebook.com/watch/?v=786237595532533

Fronteras de humo - Ángel Galeano Higua

Como cada año, presentamos algunos de los títulos disponibles en la 14.ª Fiesta del Libro y la Cultura.
Felipe Sánchez Hincapié

Fronteras de humo - Ángel Galeano Higua

2020: año loco, extraño, dramático, insufrible, de crisis y de retos para todos. No se ha acabado todavía y la vida trata de seguir en una “nueva normalidad”, que resulta asfixiante y delirante a la vez. Tras un forzoso parón, la agenda cultural vuelve lentamente a activarse y, en Medellín, algunos certámenes han podido realizarse, aún con ciertas restricciones.

Cuando se pensaba que no iba a realizarse, la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín decidió abrir, como cada año, las puertas de esa ciudad de los libros a la que todos están invitados. Eso sí, su escenario no será el Jardín Botánico, repleto de estantes, libros, gente, alegría y colorido; sino la virtualidad, tan fría y distante, a pesar de lo útil que es. Todo un reto, más cuando las redes sociales se vieron eclipsadas por la abundante oferta cultural durante la cuarentena. Pero era eso o no abrir la ciudad de los libros, así que había que correr el riesgo y, hasta el 11 de octubre, muchos desde sus casas podrán disfrutar de una variada programación artística y cultural. Será una Fiesta del Libro atípica, por supuesto; pero tratará de conservar esa magia que la hace tan especial.

Para Laterales Magazine, que desde su creación ha cubierto la Fiesta del Libro con entusiasmo, tampoco fue fácil adaptarse a una fiesta netamente virtual. Pero nuestro amor por los libros nos hizo aceptar el reto. Y aquí estamos, como cada año, recomendando nuestros imperdibles de la Fiesta del Libro y la Cultura.

Hay poesía, cuento, novela, periodismo; aunque entre estos géneros se destaca uno en especial: el epistolar. Curioso, sobre todo porque hoy las cartas parecen más artículos de museo que de uso cotidiano. Pero es su tono confidente y sincero el que nos impide guardarlas en el cajón del olvido.

Muchos de los libros aquí reseñados trazan una ruta hacia varios países y hasta planetas, mientras otros hacen un recorrido por los recovecos del ser. Además, sus autores han sido viajeros, han ido de un lugar a otro, o han regresado al de sus orígenes. Pero siempre con la palabra como compañera y guía. Puede ser un guiño sutil o fortuito a la temática de este año en la Fiesta del Libro y la Cultura: Las Diásporas. Aunque, si nos ponemos a pensar con calma, las palabras y las historias van y vienen hasta que, por diferentes medios, llegan a un desprevenido lector que se sumergirá en ellas.
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Fronteras de humo, de Ángel Galeano Higua

Editorial: Editorial EAFIT

Un homenaje al arte, eso es lo que hace Ángel Galeano Higua en su nuevo libro de cuentos, por el que se pasean un reportero, una cantante, una bailarina y demás personajes que transitan en un tiempo particular, como si no corrieran las manecillas del reloj; y que están inspirados en sus correrías como cronista. Porque Ángel, como los periodistas que viven por y para el oficio, ha gastado las suelas de sus zapatos para conseguir una buena historia. Dejó la ingeniería electrónica por el periodismo y la literatura, y se unió a “los pies descalzos”, un grupo de médicos y artistas que hacían brigadas de salud y jornadas culturales en el Bajo Magdalena, especialmente en Magangué (Bolívar). Allí, junto a grupo de entusiastas, fundó El Pequeño Periódico, todo un referente del periodismo cultural y alternativo. Presionado por la violencia tuvo que irse a Medellín, donde continuó con el Pequeño Periódico y creó la Fundación Arte y Ciencia y el grupo literario El Aprendiz de Brujo. Así que el arte, la literatura, la música, la danza y el teatro que tanto lo han acompañado en sus viajes y luchas, son el hilo conductor de estas 10 historias escritas en diferentes épocas y sobre las que ni el mismo Galeano se aventura a conceptualizar, porque como bien dice, “he dejado plena libertad a los personajes a quienes seguí en sus inesperados y delirantes caminos como un cronista”.

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Manga, Cartagena (Archivo de El Pequeño Periódico)

 

Escritura dominical

Javier Burgos Cantor

El rito dominical de leer los periódicos en sus ediciones enriquecidas de suplementos literarios, comics y crónicas diversas, marcó para siempre mi memoria: La casa familiar, en la isla de Manga, hace frente a la bahía, avenida Mira-mar. El frente es una terraza como un alcázar, con tres arcadas. En la fachada dos o tres blasones, imitación duques de España, o de Navarra, no sé. Las baldosas del piso están frías y húmedas a causa del sereno, la llovizna de la noche reciente. Ahí nos instalábamos en las mecedoras de madera, las maríapalitos.

Tomábamos un café, después otro café, como en la canción de Piero. El café llega por el corredor que atraviesa la casa desde la cocina, antes de la puerta central que abre al patio, la sombra del follaje de los árboles de mango, al fondo el lavadero con la batea gris de cemento. A pesar de la brisa que viene del mar, el aroma de la bebida es intenso, delicia del olfato antes del primer sorbo.

Niño vendedor de periódicos

Los periódicos llegan en bicicleta. El primero es el local, El Universal. Las pilas de periódicos sobre el manubrio y la parrilla hacen del ciclista un deportista de precisión. El hombre canta y grita en el silencio de la mañana. El Espectador, El Tiempo, los de la capital llegan un poco más tarde, con el primer avión de Bogotá. Agencia Reuter, France Press. Las noticias del mundo. La revolución de Mayo en París, la represión y el asesinato de los estudiantes en la ciudad de Méjico en Octubre del mismo año, el 68. La noticia del asesinato de John F. Kennedy lo escuchamos en la radio, en el garaje de la casa en la que vivíamos antes, al pie de La Popa, la colina con grupa de barco.
La brisa juega con las páginas de los periódicos y las diferentes secciones pasan de mano en mano, ¿ya terminaste con los cuentecitos? Mafalda y Charlie Brown en blanco y negro. En colores y en grande Tarzán el hombre mono y el Llanero Solitario. Los primeros cuentos de Roberto publicados en los Magazines Nacionales. La nota cotidiana del padre en la que fustiga la insidia de las autoridades locales. Pensamiento y vida, así se llama la columna. Uno de los oficios de mi infancia era llevar la página recientemente mecanografiada de la Olivetti de mi padre a los linotipos del periódico, con la recomendación de entregárselos en mano propia a Sabalza, el jefe de los talleres, que la recibiría atento, discretísimo, en overoles manchados y con las manos negras de la tinta con las que armaba las páginas con letras en plomo.

De ahí vengo. Soy la memoria que me constituye. Al frente en la bahía maniobran los barcos: los transatlánticos que van o vienen al Puerto de Bazurto, las lanchas de cabotaje del Canal del Dique, la vía que conduce al río grande. Los barquitos cargados de maderas del Atrato. Los de los contrabandistas y exportadores de marihuana. Los barcos de guerra de la Base Naval, restos de la US Navy de Viet Nam y Corea. Las velas remendadas de los botes areneros calafateados de brea. El ferry con orquesta a bordo que lleva los cachacos a Bocachica, a la salida a altamar. Cómo me gusta mirar los barcos en la bahía, canta el Joe, el cantante que vino de El Cielo, uno de los barrios incrustados en las faldas de La Popa.

Leer los periódicos se convirtió en un rito, sobre todo desde que no volví a la misa. Qué duro encuentro el de mi infancia con la formación religiosa de las Escuelas Cristianas. Misa de siete de la mañana los domingos, camisa blanca y el problema de no saber hacer el nudo de la corbata Tocaba despertar a mi padre y sacarlo de la resaca de un sábado de bohemias para ejecutar el famoso nudo invertido sobre mi cuello… ¡Felizmente no regresé a la misa, creo que mi padre habría podido estrangularme!
A mis cinco años mi padre viaja a España, invitado a una Bienal de Arte a explicar su tesis, “Del humor en la pintura de Velásquez”. Va de Madrid a Málaga y desde allí a París. Escribe y publica una crónica de ese viaje. Durante su estadía en Europa los cuatro hermanos de esa época, dos varones y dos niñas, establecimos reglas y listas de turnos para dormir con la madre.
De España regresa cargado de libros. Para cada uno. A mí me tocaron El Lazarillo de Tormes, anónimo de la Picaresca Castellana, y Platero y yo, un poema triste de un burrito que muere al final. La habitación principal de la casa era la biblioteca. Entrando por el corredor, la primera puerta a la izquierda. Los muros repletos de estantes de libros, excepto la gran ventana que da al jardín y a la bahía enfrente, la luz entra a raudales, como el rumor de las máquinas de los barcos, el choque sordo de las anclas y cadenas contra los cascos.

Atardecer en Cartagena (Archivo El Pequeño Periódico)


También llegó Don Quijote de la Mancha y su autor, Don Miguel De Cervantes. Parece que este último había postulado para venir como funcionario de la Corona Española en América y con más precisión a Cartagena de Indias. Por fortuna nunca lo nombraron y pudo escribir sus libros, tranquilo en Madrid. En los que después sabría que eran sus últimos años, mi padre leía y releía Don Quijote en una edición que Roberto, el hermano mayor le había regalado. En mi memoria, el padre lee a la luz de la lámpara de kerosene, mientras que afuera los alisios azotan la playa y el mar ruge, encabritado.


Nimes, octubre 12 de 2019
burgos.cantor@yahoo.fr

Letras desde Francia

Un día de septiembre como hoy, en 1982, nació en el puerto de Magangué, a orillas del río Magdalena, EL PEQUEÑO PERIÓDICO. Con tal motivo iniciamos la publicación de una serie de escritos de quienes tuvieron que ver con esta empresa periodística. Nuestras primeras entregas están a cargo del médico cartagenero Javier Alonso Burgos Cantor, pionero del periódico en aquellos años en la región momposina de Talaigua y hoy residente en la ciudad de Nimes, Francia.

Diferenciando

Javier Burgos Cantor *

La letra con música entra y no con sangre como pretende la frase perversa. Creo que no le he perdonado al Profesor Rhenals un reglazo que me dio sobre la palma de la mano el primer año de la primaria. Una regla de madera de caoba precisó. No le dije nada a mis padres, yo sabía que no compartían esos métodos, qué carajo va a entrar con dolor, que amor no se escribe con llanto, como canta el bolero.

La memoria es musical. El fenómeno sucede al alba, al despertar. Carlos Fuentes decía que él escribía de sus sueños, sobre todo de los que no se acordaba. Esta mañana me desperté con el eco de la canción: Hay que buscar la forma de ser diferente, dice el coro mientras la banda inventa un ritmo que no se parece a nada de lo que habíamos oído. Dicen que tocan como bestias. En Varsovia nadie me creyó cuando conté que en el Barrio de Lo Amador bailábamos las Sonatas Revolucionarias de Chopin en modo Guaguancó a los altos decibeles del pick up, o del picó, para ser más claros.

El cuento no es querer ser diferente, se trata de constatar que somos distintos. El mestizaje lo vivíamos como se podía. El Padre, Profesor Universitario se vestía de saco y corbata, como Aimé Cesaire en Martinique, como medida de protección a su rol de intelectual. Negros de seda y paño, como dice otra canción. El día que en Cartagena me trataron de “burguitos” le anuncié a mi Padre que ese corral de piedras se había vuelto muy pequeño para los dos. Lo de irse fue un acto premeditado.

Cuando en París, durante mi primera estadía como estudiante me trataron de “métis” –mestizo- regresé a casa buscando un espejo para verificar mi cara. De tanto consultar los libros de Medicina Europeos y Nord americanos de la época, escritos por Blancos para Blancos, se me había olvidado quién era yo y de dónde venía. “el camino que va al Palenque de San Basilio pasa a veces por la Sorbona, como escribió Roberto, mamándonos gallo a los que emigramos.

Vendedor de El Pequeño Periódico. Óleo de Elías Ospina.


El interés por las Medicinas Tradicionales fue un buen pretexto para viajar por una India y una China ancestrales. Antes de esos viajes el ejercicio de la Medicina Rural en Colombia me hizo conocer la Sierra Nevada de Santa Marta, los Indios Koguis, las riberas del Bajo Magdalena y todos esos pueblitos tan parecidos a Macondo.

En la Cosmogonía Antigua de la China, nuestro espíritu se escapa durante la noche y rencuentra los Espíritus de los muertos. En la obscuridad de mi inconsciente voy como Ulises al Reino del Hades, “mi Madre me dio un consejo, y yo no lo quise coger, después de mi Madre muerta del consejo me acordé…”

Como el Juan Preciado de Pedro Páramo voy a Comala a buscar a mi padre entre los muertos.


Nimes, domingo 29 de Mars de 2020

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Nota* : El autor es nuestro corresponsal en Francia. Fue miembro del Comité Editorial de EL PEQUEÑO PERIÓDICO.

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En voz alta


 Nace en Medellín una propuesta exquisita para acercarnos a la literatura. El aprendiz de escritor podcast, realizado por la periodista, docente y escritora Nubia Amparo Mesa Granda. En cada episodio podrás acercarte a un nuevo escritor con una de sus historias. Escucharlas es muy fácil, aquí está el enlace: https://podcasts.google.com/feed/aHR0cHM6Ly9hbmNob3IuZm0vcy8yMzVlZmQ1OC9wb2RjYXN0L3Jzcw==


Disponible también en Spotify, Google Podcast, Breaker, Overcast, Pocketcast, Radio Public.

La voz humana es un sello tan característico como las huellas digitales. Por el timbre, el oyente puede descubrir si quien emite es hombre o mujer, niño, joven o viejo, a qué región pertenece, qué emoción le acompaña. Escuchar una voz armoniosa es una experiencia grata que nos permite seguir el hilo de las palabras sin tropiezos, como si nos condujera en un cálido envoltorio, de una forma íntima y cercana.
Medios de comunicación como la radio han ofrecido una amplia gama de voces a través de las cuales se transmiten distintos mensajes: las noticias, los romances, los anuncios, que recordaremos con el mismo tono usado por el locutor. Desde cuando nació la radio en los inicios del siglo XX, sólo con un botón de encendido hemos podido amplificar esas voces que nos acompañan durante horas y nos trasladan a mundos desconocidos y asombrosos.
Pero hoy, en medio de la explosión de las nuevas tecnologías nace una nueva posibilidad de llegar a los oyentes a través de los podcast que se pueden escuchar en diferido. El contenido está almacenado en un servidor y, al igual que en esos tiempos remotos en que las familias se sentaban en la sala a escuchar su programa favorito, nos ofrece la posibilidad de estimular la imaginación generada por las palabras, en cualquier momento del día, a golpe de un clic.
El podcast permite a sus realizadores ofrecer contenido especializado, de tal manera que su audiencia sabrá distinguir ese sello, y seguirlo con la certeza de que se establecerá un vínculo personal entre el oyente y el productor.
En el amplio mundo de los podcast, los amantes de la literatura encuentran numerosas ofertas enfocadas en recomendar libros, resúmenes y crítica sobre las obras, datos biográficos de los autores y lectura en voz alta de los clásicos. En todo caso, lo que permiten estas producciones es sincronizarnos en el goce estético que nos proporciona la literatura, dejarnos hechizar por las palabras y atravesar juntos ese puente que nos conduce a mundos posibles, y nos abre la puerta a la interpretación y la transformación.
La propuesta de El aprendiz de escritor es compartir el trabajo de esos narradores que trabajan incansablemente, con paciencia y sin más pretensión que esculcar en su interior para darle vía a sus dudas y conmociones más profundas, sin pensar en los triunfos y reconocimientos, alejados de patrones y modelos que empobrecerían su creación y sólo alimentarían su vanidad desvirtuando su necesidad de libertad e independencia.

La periodista, docente y escritora Nubia Amparo Mesa Granda, con más de treinta años de experiencia en el medio radial es quien sirve de anfitriona a estas propuestas narrativas que se emiten cada semana.


Los seguidores de esta propuesta han confirmado su alegría de recibirla.
Camilo Arango
Soy fan, sigo los episodios y me emociona cada detalle, imagino la producción. Hermoso. Hoy escucharé esta otra voz que convoca. Gracias por tu sensibilidad, ¡siempre maestra!

Carlos Carmona
Muchas gracias, Nubia, por compartirnos estas historias, en tu hermosa voz! Un abrazo!

Guadalupe Moreno
Gracias por compartir tan hermosas historias. Tu voz es tan dulce y melodiosa.

Angela Penagos
Bien bella manera de contar

Anita Cadavid
Está sensacional Felicitaciones.

En el episodio cinco escucharemos el cuento El duermevela luminoso del escritor colombiano Ángel Galeano Higua ilustrado por Ana María Oquendo Mesa. (Clic sobre la ilustración)