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¿Cómo sería Colombia si todas las familias escribieran su historia?

 

El caballo de Álvaro y su prole

Ángel Galeano Higua

Reunir en un libro de cuentos algunos recuerdos de los hijos durante las festividades de navidad, es el ejercicio que ha hecho Álvaro Jiménez Guzmán en Un caballo en la sala, editado por la Fundación Arte & Ciencia de Medellín y presentado en el marco de la 13° Fiesta del Libro que recién ha terminado con éxito.

La familia que dio vida al libro de cuentos de navidad, Un caballo en la sala, comandada por la pluma de Alvaro Jiménez Guzmán, su padre (de camisa azul) al cierre de la Fiesta del Libro. (Foto archivo)

Un caballo en la sala

Cuando el autor me pidió que le acompañara en ese propósito, dos años atrás, mientras almorzábamos en un restaurante de Laureles, comprendí el espíritu que lo imbuía de aglutinar en palabras una época vivida en su familia, con sus hijos, durante lo que antes llamábamos “nochebuena”. Él ya había dado pistas sobre este proyecto cuando en el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo publicamos El traído, cuentos de navidad, que obtuvo en 2013 el premio Vigías del Patrimonio de la Secretaría de Cultura de la Alcaldía de Medellín.

El proyecto consistía en que Álvaro Jiménez entrevistaría a sus hijos sobre el tema navideño y con ese material escribiría los cuentos que darían cuerpo al libro. Con persistencia, dedicó varios meses a ese trabajo que me encomendó editar, labor que asumí con entusiasmo porque consideré desde el primer momento que se trataba de dejar una huella, una herencia en la familia, en los hijos de sus hijos, en sus nueras a quienes también entrevistó.

Con la moderación del poeta, escritor y promotor de lectura, William Rouge, tuvo lugar el lanzamiento del nuevo libro. (foto archivo)

Fue un arduo trabajo de corrección, diseño e impresión que terminó en diciembre

Unas palabras del editor, recalcando sobre la lección que Álvaro Jiménez Guzmán nos ha dado. (foto archivo)

de 2018, justo para que se lo entregara a sus hijos como regalo de navidad.

Más que un libro de cuentos, Un caballo en la sala es un esfuerzo de memoria, no sólo de su familia, sino de una época, una festividad que sobrepasa los meros rituales de creyentes.

Por eso, al cierre de la Fiesta del Libro 2019, en el salón de La Piloto del Orquideorama del Jardín Botánico, vimos con admiración a una familia recogida alrededor de un libro en el que se plasman con intención literaria, sus recuerdos que también nos salpican a los demás. Fue un momento digno, de gran sentimiento, que nos regocijó a quienes estuvimos implicados de alguna manera en su parto.

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Mañana domingo, Un caballo en la sala de La Piloto

Fiesta del libro, Jardín Botánico de Medellín –
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Nos unió “La duda”

Ecos del lanzamiento de un nuevo libro

La palabra hecha fraternidad, júbilo, armonía. Un libro polifónico con que el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo celebró sus primeros 10 años de asombros. Una fiesta dentro de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. Fue muy reconfortante ver a los autores de La duda rodeados por sus lectores, la familia y amigos, que llenaron el Salón Restrepo del Jardín Botánico de Medellín, el martes 10 de septiembre.

El evento se inició con la lectura del Prólogo escrito por el Director Editorial de la Fundación Arte & Ciencia y coordinador del Grupo Literario, Ángel Galeano Higua, una rememoración poética de lo que él denomina los hitos logrados en estos dos lustros de vida. El poeta Eladio Ospina leyó un mensaje en el que saludó el nacimiento de este nuevo libro. En próximos días publicaremos su escrito.

Al cierre del evento, Luis Hernán Rincón, veterano periodista, escritor y gestor cultural de Támesis, quien vino a la Fiesta del Libro con su esposa Merceditas, dedicó unas emocionadas palabras a los asistentes evocando sus años de participación en el Grupo.

La duda, título tomado del cuento escrito por Nubia Amparo Mesa Granda que hace parte del libro, mereció Mención de Honor del Ministerio de Cultura en la modalidad de Antología de cuentos de los talleres literarios del país en 2018.

 

¿Qué es literatura para los autores de La duda?

“La literatura es ese mundo paralelo donde convergen mis ángeles y mis demonios, mis dudas y la posibilidad de respuesta”.   Nubia Amparo Mesa Granda

“Me gusta leer a los maestros de la literatura porque crean mundos que revelan la complejidad de la existencia y la pobreza de la moral, los prejuicios y la realidad humana. En un momento de mi vida, sentí que tenía algo para decir. La escritura fue la forma más natural que encontré para expresarlo, aunque me cuesta redactar una frase. Intento aprender de los maestros. Si logro escribir, algún día, un cuento que conmueva un sólo corazón, ojalá sea el mío, este embrollo de vivir habrá valido la pena”  Leandro Alberto Vásquez Sánchez

“Me atrae la literatura porque me seduce la pluralidad y la posibilidad de escapar”. Diana A.

“La literatura hace más llevadera la vida”.    Claudia Restrepo Ruiz

“Leer ha sido lo más importante que he aprendido en mi vida. Leer le abre a la gente las puertas de la libertad y yo decidí cruzarlas usando la literatura como el alimento más enriquecedor de mi ser”. Giovany Arana Loaiza.

“La literatura me conecta con la vida, la verdadera, no la superflua. Con las letras leídas y escritas viajo, descubro, y me descubro hacia dónde puedo llegar. Leer literatura me libera de ser un autómata, un esclavo del consumo. También tengo conversaciones y nuevos amigos. Participo así de otro mundo, nueva oportunidad de disfrutar”.    Felipe Franco

“Me atrae la literatura porque me descubro en personajes de otros y me oculto en mis escritos. Porque aprendo a mentir las verdades y me encuentro con esa otra que también creo ser”.  Marta Cecilia Cadavid Moreno

“La literatura es mi alimento, mi transformación, es donde me sumerjo para olvidarlo todo”. Ángela María Salazar Álvarez

“La literatura es una manifestación artística de la palabra, con la cual también puedo expresar el drama que nos agobia o rodea, y que si no se contara con un propósito estético no se podría conocer, como la literatura de todos los tiempos”.  Álvaro Jiménez Guzmán

“En el hogar de mi infancia ocurrieron acontecimientos fantásticos que hacían volar el pensamiento. Ahí fui llenando mi baúl con esas historias que hoy plasmo aquí”.   Andrés Osuna Solar

“La literatura desarrolla mi imaginación; puedo volar a mundos desconocidos; la siento como un amigo incondicional que me acompaña sin preguntarme quién soy ni cómo me siento cuando lo busco”.  María Eugenia Velásquez Toro.

“La literatura es una manera de vencer el tiempo y de ser quienes somos a partir de un personaje en una historia”. Hermes Rafael Pineda Santis.

“En la literatura encuentro una fuente inagotable de lectura y escritura, creación y recreación, gracias a las historias contadas con la magia de las palabras, que me hacer sumergir en el mundo de las emociones y los sentimientos, para comprender sin juzgar al ser humano que hay en mí y en el otro que me acompaña en el camino de la vida”.  María Isabel García Osorio.

“La literatura es mi salvavidas. Es mi arte de enloquecer con imaginación y elegancia dando vuelo a historias ciertas e inventadas. Es el mundo al que entré para no volver a salir de él”.  Marisol Gómez Gil.

“La literatura son varias voces que me acompañan en una inspiración, las escucho, ellas se van desvaneciendo quedando una insistiendo que me ocupe de lo que debo escribir”.  Nidya Bedoya Castrillón.

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La duda, Cuentos. Grupo Literario El Aprendiz de Brujo, 120 páginas. Edit. FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA. Impreso en papel ecológico. Valor $30 mil. Puede solicitarlo a: fundarteyciencia@gmail.com o al celular 315 476 8993. Envíos por correo a domicilio. El producto de esta venta se reinvierte en la publicación de otros libros.

 

El agua de arriba

y el agua de abajo

Juan José Hoyos

 

Juan Leonel Giraldo (Foto Arcadia)

Un viejo minero con los brazos mutilados por una carga de dinamita que pasados los años de la bonanza del oro vive solo, aguardando la muerte, en un caserío junto al río Tenche. Una alfarera de Ráquira que se gana la vida fabricando vírgenes grotescas. Una bailadora de cumbia, de más de cien años, que recuerda sus mejores días en Guamal.

Un domador de potros salvajes que con un puñado de hombres maneja las 17 mil reses y los 6 mil caballos de una hacienda. Un obrero sin trabajo que dedica su vida a amaestrar pájaros en un barrio de Barranquilla. Un cosechero de café, ya viejo, que se hace famoso jugando al trompo y el balero en las plazas de los pueblos del Quindío y el Valle.

Un arriero de Sonsón. Un “tejedor de oro” de Mompox. Un contador de cuentos del río Micay. Un músico que hace coplas y bandolas en un pueblo perdido en los llanos del Casanare. Una mujer wayú que ejerce el oficio sagrado de palabrera en las salinas de Manaure.

Estos son algunos de los personajes de “Aguas abajo”, el libro de crónicas de Juan Leonel Giraldo que acaba de publicar el grupo Random House en su colección de literatura, una sabia decisión editorial que prueba una vez más que el buen periodismo narrativo siempre es literatura.

Digo personajes, y en realidad hablo de héroes de carne y hueso nacidos en regiones tan distintas y distantes de Colombia como la costa Pacífica, el río Magdalena, las montañas de Antioquia o los llanos Orientales; hombres y mujeres con oficios sencillos o heroicos que, como el agua que mueve las ruedas hidráulicas, son “agua de abajo”, es decir, la que empuja la rueda con su fuerza: los campesinos que siembran la tierra, los obreros, los artesanos, los pescadores, los vaqueros, los mineros, los bogas de nuestros ríos, los músicos que alegran nuestras fiestas…

El libro es un canto a la diversidad de Colombia. Son 25 crónicas escritas y reescritas entre 1975 y 2018 y algunas de ellas publicadas originalmente en las revistas Diners, Credencial y Teorema. Leyéndolas, uno siente correr por sus páginas las voces y las vidas atadas al agua que empuja la rueda del molino. También respira el aire de verdad que siempre sopla en toda gran obra narrativa.

Las historias de “El agua de abajo” fueron escritas por un periodista formado desde temprano en el oficio de narrar, primero cuando era niño, escuchando las novelas que su madre le leía en voz alta cuando él todavía no sabía leer y, después, cuando ya era periodista de El Tiempo, leyendo maestros como John Reed, Jack London, Joseph Mitchell, James Agee, Isaak Bábel, Truman Capote y Bruce Chatwin.

De ellos, Giraldo aprendió el valor de la escucha y del respeto por el Otro. La importancia de la paciencia y la inutilidad de la velocidad. También aprendió a sumergirse en los ambientes y en las vidas de los personajes: abandonarse al placer de no quedarse con ellos unas horas, sino varios días, y hablar sin afanes. Ir a la realidad con la mente y el corazón abiertos para poder observarlo todo como si uno lo viera por primera vez, para captar todos los detalles… En otras palabras: abandonarse a la sabiduría del corazón. Comprender que no hay un método que enseñe a ver y a sentir. Que cada historia y cada personaje son un misterio.

Ya no es fácil encontrar en nuestros periódicos historias tan bien contadas y tan bellamente escritas como las de “El agua de abajo”. Por eso este es un libro que nos reconcilia con la mejor tradición y el legado más precioso de los mejores escritores del periodismo narrativo colombiano.

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Reproducido por Ángel Galeano Higua, El Pequeño Periódico.

Estamos en la Fiesta del Libro de Medellín

Prólogo

Un discreto faro

Ángel Galeano Higua

 

Diez años son una significativa tajada de vida que nos estimula a mirarnos en el claroscuro espejo de nuestro camino. Hemos sido caballos indómitos y furiosos, turpiales y felinos, agua detractora y ciudad agazapada. Impelidos por dos, tres historias que no cesan, nos empecinamos en cultivar el arte de la palabra.

Hemos sido piedras y torrentes, árboles y viento. Dioses engreídos, convencidos de que la palabra que plasmábamos era inmortal. Pero bastaba un parpadeo para que nuestro apetito no concordara con la hambrienta necesidad de expresarnos. Los castillos se desplomaban y no teníamos más fortaleza para la jornada siguiente que la endemoniada terquedad de nuestras angustias. Piedra o torrente, no hemos sido más que un lametazo de fuego con ínfulas de incendio.

Nos urge aprender a leer y a escribir porque algo nos carcome y queremos contarlo, a sabiendas del mundo que se nos viene encima. Al cabo de esta aventura, las palabras, que sufrieron tanto con nosotros, llegan temblando, sudorosas, algunas trepan las cúspides de nuestras fantasías y las más quedan tendidas a la vera del camino. Hoy nos detenemos un momento para explorar las pisadas con que hemos hollado la década y descubrimos, entre jubilosos e incrédulos, que tenemos un pequeño botín de cinco hitos que constituyen nuestro tesoro, disfrutado en común, producto de nuestra experiencia. No lo hemos deslustrado en ninguna pasarela, permanece ahí, entre nosotros, algo tosco, refugiado en el natural desorden, luminoso y enhiesto como un discreto faro.

Hitos, sí, hitos que van desde el Diario Literario, hasta el carácter de nuestras sesiones, pasando por el rastreo y saqueo de obras maestras, el ejercicio de edición y luego la crucial decisión de publicar, con todos los retos que ello implica. Cinco mojones que señalan la ruta trasegada por el Grupo Literario El Aprendiz de Brujo.

El Diario Literario es nuestra primera conquista. Banco de detalles y atrevimientos, aventura de la observación que nos convierte en cronistas de nuestras propias andanzas, reales e imaginadas. En cada sesión salta a la palestra alguien atrevido para compartir fogonazos de su Diario que suscitan el derroche de una deliciosa e intensa conversación. Sólo quienes hayan adquirido el hábito de llevar el Diario podrán dar fe de sus íntimas ventajas.

La segunda victoria la constituyen las sesiones semanales. Encuentros, entrecruces de inquietudes éticas y estéticas, ejercicios, certezas, asombros. Alrededor de una mesa, formidable campo de batalla, nos vemos las manos libres e inquietas tomando nota. No hay cátedra ni consejos, sólo regocijo de aprendices que comparten sus pesquisas. No somos un taller, ni un club de amigos. No tenemos clases ni profesor, somos aprendices. La puerta permanece abierta, no hay reglamento. Nada es obligatorio, la libertad es el motor que ruge y nos sostiene alrededor de la obra, centro supremo de nuestro viaje. Porque sin viaje no hay narración y sin obra nada sublime nos distingue.

Cada tanto escogemos una obra maestra, de esas que iluminan la literatura universal, la exploramos, intentamos percibir su espíritu, detectar sus enigmas, asomarnos a su arquitectura y saquear sus técnicas, con la pretenciosa tentación de aplicarlas en nuestros escritos. En ese trance descubrimos que algunos de esos grandes no lo son tanto y que otros, en cambio, atrincherados en la periferia, se agigantan para nuestro asombro. Tal nuestro tercer pilar. Asumimos que cada obra es un universo único, abierto a nuestra curiosidad, donde aprendemos a leer de nuevo.

Los escritos que ponemos como un barquito sobre la mesa y que no hacen parte del Diario Literario, son sometidos a las más despiadadas tempestades de la lectura crítica. Haciendo a un lado los prejuicios del gusto, no hay signo, vocablo, giro o personaje que no viva la dura prueba, configurando nuestro cuarto logro. Todo es ganancia, en especial para el autor, quien al terminar la sesión se marcha con su escrito enriquecido de anotaciones y tachaduras, restos de su embarcación que sólo él sabrá salvar del naufragio.

A la voz de publicar, todos los resortes se tensan. Como un organismo en alerta máxima, el Grupo profundiza la revisión, la relectura y búsqueda de la perfección, aunque sabemos que ella no existe. La perseguimos con esmero porque el autor debe entregar lo mejor de sí. Desde el título y el párrafo de arranque, hasta la frase final. Que nuestros lectores arriben al último renglón sin sentirse timados, tal es el máximo galardón que perseguimos y constituye nuestro quinto hito. Que la historia que entregamos contenga la fuerza explosiva que vislumbrábamos y esté contada con arte. Publicamos nuestras obras sin depender de nadie más que de nuestros propios recursos. Con paciencia hemos tejido una red de lectores directos que hoy bordea el medio millar, sin contar aquellos que nos siguen en las redes. El producto de la venta de los libros, oferta que nosotros mismos pregonamos, lo reinvertimos en nuevas obras.

Han pasado diez años entre titubeos e ilusiones. A veces, caballos enfebrecidos. Otras, elefantes parsimoniosos, constantes. Hemos sido fuego y llama, locos y mentirosos, tiernos y apasionados, demonios y ángeles, enfermos de literatura, la única enfermedad que nos alivia.

Este libro es una muestra de dichos desbordes y embelecos. Somos estas palabras con las que nos embriagamos en la mar de nuestros desfogues. Recíbelas, amable lector, es cuanto tenemos.

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La duda, Cuentos. Nuevo libro del Grupo Literario El Aprendiz de Brujo editado por FUNDACIÓN ARTE & CIENCIA. Ya está en circulación. La presentación oficial se hará en el marco de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. Con este libro el Grupo Literario obtuvo Mención de Honor del Mincultura en 2018.

 

El Sur de Alejandro

Un libro que cumple su necesario deber con la memoria. Nos refresca con aquellas jornadas cívicas de comienzos del año 1978, cuando los compatriotas del Sur del país batallaban contra las tropelías e injusticias del gobierno. Un paro cívico que enaltecía al país en esas páginas de nuestra historia que no debemos olvidar.

Aquí el texto de presentación por ahora.

Prólogo

El amor patrio, en esta época de capitalismo corporativo y globalizado, podría parecernos anacrónicamente provinciano. ¿A quién le importa el humilde lugar de nuestra oriundez, cuando las imágenes de estrellas con la marca de Shakira o Barack Obama están a nuestro fácil alcance mediante casi ubicuos aparatos electrónicos? ¿Cómo comparar la atracción de vestigios históricos y locales como romerías a Las Lajas, u otras peregrinaciones, con los espectáculos de la Copa Mundial o el concurso de Miss Universo, transmitidos en todos los colores y una alta definición que excede la agudeza del ojo humano? Bueno, respondiendo a mis propias preguntas con toda literalidad y en el orden de proponerlas, el quién es Alejandro García Gómez y el cómo es a través de la palabra escrita e impresa.

Alejandro García Gómez (Foto Archivo El Pequeño Periódico)

Hay que admirar la terquedad obligatoria para insistir en mantener la tradición de un periodismo íntegro y honrado, lo que es el firme imprimatur de este escritor. Radicado con esposa e hijos en Medellín, cuando vuelve al Departamento de Nariño de su origen, no deja de reflexionar por escrito sobre sus experiencias en viajar a lugares tan diversos como el selvático Putumayo del interior y el afrodescendientemente inflexionado Barbacoas en la costa. Y lo que escribe no se limita a una descripción turística de las superficies de Plazas de Armas o volcanes activos que se le presentan. El periodismo de García Gómez siempre va cargado de puntillosa investigación histórica que descubre los antecedentes de fenómenos contemporáneos como la huelga en Túquerres de 1978 y los motines instigados por Los Clavijos de 1800, tanto así que el lector a veces está tentado a preguntarse ¿en cuál siglo se hicieron estos viajes, el de nuestros días o el de tiempos coloniales? Es más, el interés en el pasado no obedece a un deseo nostálgico por recuperar una juventud perdida, la del país o la del autor. Estas crónicas van entretejidas con consideraciones relevantes a la situación actual del país, desde las seis décadas de guerrilla, pasando por los problemas del narco-paramilitarismo, hasta el cuestionable Plan Colombia.

Con estas palabras de apreciación por la viva práctica de un oficio quizás en vías de extinción, le recomiendo, compañero lector, estos textos bajo la poética rúbrica de Sur, donde las rocas secretamente florecen (Crónicas). He quedado impresionado con el aire refrescante que se respira en torno a su narración y el espíritu reformador que la motiva. Estos textos demuestran que no todo es corrupción, egoísmo y violencia, y su mera existencia debe ser fuente de esperanza para toda persona racional y decente. Al costado del periodismo serio, el amor patrio permanece.

Jonathan Tittler

Profesor Emérito de Literatura y Cultura Colombianas
Rutgers University, U.S.A.
New Jersey, U.S.A., noviembre de 2014.

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La Alcaldía Municipal de Pasto, en la administración del doctor Pedro Vicente Obando Ordóñez, presenta la “Colección de Autores Nariñenses”, cumpliendo una de las metas del plan de desarrollo “Pasto educado constructor de Paz” y dentro del programa “Pasto territorio creativo y cultural” de la Secretaría Municipal de Cultura a cargo del maestro José Aguirre Oliva.

Diseño de portada: Rosa María Gómez Cano – Fotografía Portada: Alejandro García Gómez.

Agradecimientos especiales del autor al Archivo de la Universidad de Antioquia y al Banco de la República, seccional Pasto.