
En el epílogo el autor cierra y echa candado a una historia donde la realidad y la ficción se confunden y nos sobresaltan.
Al final de la inocencia – Antonio Botero Palacio
El incierto viaje de un hombre acosado por los odios políticos, se constituye en la columna vertebral de esta novela. Obligado, busca un pedacito de país, lejos de su Antioquia querida, donde pueda vivir. Esa errancia impuesta a quien con tanta devoción se había preparado como maestro de escuela, se amortigua a orillas del río Magdalena.
Los recuerdos de infancia es lo único que posee, con ellos alimenta su esperanza y se planta en las ardientes sabanas del Sur de Bolívar como un ser útil, desplegando su vocación de maestro que no es otra que la de servir a los demás. Nada fácil resulta ser ciudadano en una Colombia que no ha dejado de morir y resucitar.
Al final del camino, cuando cree cerrados todos los capítulos centrales de su vida, recibe la inesperada visita de quien, habiendo fallado el disparo medio siglo atrás, cae de rodillas apabullado por el peso de su culpa. Tanto el maestro como su frustrado asesino, requirieron de toda la vida para encontrarse de nuevo, frente a frente.
La Fundación Arte & Ciencia, después de doce años de haber publicado por primera vez esta novela, entrega hoy una segunda edición que incluye un epílogo con que el autor cierra y echa candado a una historia donde la realidad y la ficción se confunden y nos sobresaltan.
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Ciento uno - Claudia P. Restrepo Ruiz
Antonio sufre el trastorno bipolar. Es decir, está enfermo de la mente. Para muchos esta enfermedad corresponde al mundo moderno, pero es tan antigua como la humanidad. En esta novela, la autora, con un lenguaje sencillo y salpicado de humor, le sigue el paso al personaje que sufre el trastorno hasta tejer un cuadro con las experiencias aportadas por él mismo. El hombre siente que lo abruma la filosofía pero es incapaz de pensar con profundidad. Todo lo agobia, la comida, el sexo, la soledad, el psiquiatra, la compañía de su mujer. La idea de la muerte lo persigue de tal manera que elabora una lista de las formas como quisiera morir y que van desde un tiro en la cabeza hasta la hipotermia, la inanición o una descomunal borrachera. También considera la posibilidad de conseguir el almohadón de plumas de Horacio Quiroga. Como no puede dormir, Antonio recurre a la técnica de contar las ovejas que saltan una cerca de alambre. Pero hay una oveja, la última, que se niega a saltar, le discute, se rebela. Un excelente recurso que nos pone sobre aviso del talento de la autora para desarrollar un monólogo que se convierte en eje central de la obra. Cuando el personaje es consciente de su trastorno se cura. Antes de descubrir un mundo nuevo a los lectores, la autora lo ha descubierto primero, entregándonos una obra literaria que es esencialmente una investigación. En Ciento uno la realidad parece ficción y los personajes se pierden y rescatan a través del amor.
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Lo banal – Juan Felipe Ospina Villada
“Cuando miro las nubes casi siempre estoy solo”, así comienza uno de sus cuentos este joven autor, y quizás en esta frase esté retratando a los demás personajes que conforman este libro. Se nota una búsqueda desde adentro que plantea un mapa de relaciones íntimas, llenas de momentos difíciles y soledades que parecen resolverse, pero que son eso, apariencia. La soledad está presente en casi todos los cuentos y las atmósferas nocturnas suelen incrementar esa sensación. Escritos de manera ágil, con frases cortas, el autor va hilvanando historias que desembocan en finales sorprendentes. Como en el caso de Crimen, cuento en el que el punto de vista está en el bebé que nace y es él quien narra el momento en que cortan su cordón umbilical… “Luego todo es olvido y llanto”.
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Los pasos del exilio – María Teresa Ramírez Uribe
Me complace presentar Los pasos del exilio, una obra ágil donde el tema es el exilio de una familia colombiana. Podemos seguir paso a paso las ilusiones y desengaños de este grupo familiar enfrentado a un medio desconocido. Muchas historias paralelas van incidiendo en estos personajes: traiciones de socios, imprevistas actitudes de aparentes amigos, y todo el entorno de una ciudad donde los hijos estudian, el padre ve disminuir su trabajo como odontólogo y la mujer que narra mantiene la vida de hogar. Pero dos elementos perturban cada vez más este cuadro. Por un lado, la presencia de la quijada de un mastodonte, extraída de la costa Caribe colombiana y perteneciente al pleistoceno, que actúa como un elemento maligno enturbiando y dañando todos los proyectos de esta familia; y por el otro lado, una crisis económica que llevaría a España a la recesión y a mirar cada vez con ojos más críticos a esos “sudacas de mierda”, según la expresión de una vecina. La muerte de Pablo Escobar y el clima de zozobra e inseguridad que los obligó a irse del país, cierra este recuento, dándonos la ilusión de que de ahora en adelante las cosas serán mejores para todos. Con un cabal conocimiento de los lugares y el carácter de sus personajes, la autora ha mezclado con habilidad el realismo y las fuerzas paranormales provenientes de la más remota prehistoria, que tejen los hilos de esta narrativa bien lograda. Juan Gustavo Cobo Borda
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El condenado y otros cuentos – José Xedroc
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El hombre muere y sobre esa muerte debe morir otra vez. Y así en una cadena infinita. Lo fusilan. Cae. Aparece de nuevo en el calabozo. Lo vuelven a fusilar. Esa muerte incesante, ese morir sin morir, es el auténtico calvario. Los verdugos lo saben pero el perdón no está en su lenguaje, ni la clemencia. Ni mucho menos la justicia. Siguen fusilándolo en una delirante atmósfera que los enceguece hasta llegar a olvidar las razones del ajusticiamiento.
Esta metáfora, nada extraña para nosotros, es llevada al extremo en el mejor de los estilos por este joven y talentoso escritor, José Xedroc, quien se atreve a jugar con historias donde la realidad se teje y se desteje a sí misma, como si naciera y renaciera sin tregua. El condenado es su primer libro de cuentos y quien lo lea experimentará, seguramente, la alegría de estar frente a una nueva y fresca promesa de la narrativa de nuestro país.
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Primer conjuro – Grupo Literario “El Aprendiz de brujo”
Este libro trae el respiro de un camino largo y zigzagueante. Cada renglón es el fruto intensas jornadas, en la cuales la fuerza se ha ido afincando con pasión bajo un primer embrujo, porque ha sido escrito siguiendo la ruta suprema de la búsqueda.
Es un primer rayo de luz contra el obscuro silencio, una invocación a la vida. Hay juego y hay dolor, porque la vida es una mezcla azarosa. No es sólo fiesta ni alegría, como suelen afirmar los “promotores de lectura”. Las palabras que palpitan en cada página de este libro son un santo y seña inicial de un puñado de aprendices dispuestos a labrar su propio conjuro, porque se decidieron a expresar sus sueños y sus infiernos con la palabra.
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A la Tierra vuelvo… y sigo - Luis Hernán Rincón Rincón – Colección Poetas Anónimos
Alguien labra, verso a verso, su silencio profundo. Su respiración de agua y tierra y sol. Alguien libera, calladamente, sus paraísos y sus infiernos, los recoge en su horno solitario y los somete a la prueba de sus altas temperaturas espirituales. Alguien lee sus propios poemas en el rincón de su mirada. Anónimo, alguien camina a nuestro lado esculcándolo todo. Sin descanso, labra y labra su exploración del tiempo.
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Árboles de leche - William Rouge - Colección Poetas Anónimos
El poeta se debate y rebate. Husmea el origen: “Desde antes de ser mundo yo ya soy en tu desnudez”. El silencio era líquido pero una sed lo agobia desde antes de nacer: la “de que me llames tuyo”. Todo es oído, danza, feto, pezón, pelvis por abrirse, “milagros en tus Guayacanes de leche Madre”. Luego rueda por Sudamérica, entre el desierto y el mar, página en blanco para los recuerdos de viaje. Busca “la palabra que no se detiene” en un continente que semeja una autopista sin señales, donde siempre viajamos en la noche, en tránsito a cosecha de milagros. Árboles de leche es un libro bifronte que mana su propio ritmo y sus matices. Búsqueda íntima que gotea en el útero materno y en el corazón polvoriento del desierto, hermano de las olas incansables, donde el autor escuchó la respiración del mundo.



