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Archivos de la categoría ‘Editoriales’

Buscar lo esencial ¿Qué es lo esencial de la vida? Algunos dicen que la muerte. La dignidad, reclaman otros. ¿Y dónde queda la libertad? Ah, sí, la libertad: sublime sueño. Pero no faltará quien piense en el respeto, sin respeto es imposible vivir civilizadamente. ¿Y qué me dicen de la comunicación? El mundo sin comunicación [...]

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Más que un acto de fe En cierta oportunidad el escritor Pedro Gómez Valderrama se dio a la tarea de formar una antología bajo el nombre de Colombia es una tierra de leones (tomado de un soneto de Rubén Darío), con textos de autores extranjeros en los cuales había alguna referencia a nuestro país, a [...]

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Editorial 95

  Vuelta al puerto de la memoria “Aquella cabeza que creaba, que vivía de la vida superior del arte, que reconocía y se había habituado a las exigencias sublimes del espíritu, esa cabeza fue arrancada de mis hombros. Quedaron la memoria y las imágenes que yo he creado pero que aún no he materializado… Sin [...]

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EDITORIAL El muchacho dibujaba al Gato Félix cuando recibió un balazo en la espalda. El hecho, muy publicitado, está por desentrañarse. Pero la noticia nos ha llevado a pensar, no sólo en el grado de vulnerabilidad que vivimos, sino lo que puede significar expresarse a través de los muros. En Colombia hubo una época en [...]

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Editorial Un deshollinador realizaba su trabajo en la chimenea de un alto edificio, cuando un movimiento en falso le hizo perder el equilibrio y rodar por el tejado hacia el vacío. Durante la caída observó un cartel con una palabra mal escrita y mientras descendía en picada se iba preguntando por qué a nadie se [...]

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En todas las esferas de la vida, la globalización resquebraja y pulveriza las individualidades, las costumbres, los ritos y el sentido del gusto, dicta las formas de vida y hasta las de morir. Los grandes mercaderes uniforman la dieta, imponen sabores, colores, tallas, moldes, estilos, sonidos, olores. Suele decirse que lo que no se consiga en los centros comerciales, no existe. De igual manera nos han vendido la idea de que aquello que no esté en internet, tampoco existe. Son los embustes “modernistas” con que pretenden arrasar cualquier vestigio autónomo o expresión de identidad. (Editorial)

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Mientras las bombas caían, el grupo conversaba, leía, brindaba. El lugar era pequeño, estaban casi apretujados, parecía una aglomeración pero no lo era. No se tocaban, se cuidaban de rozarse siquiera. Tocarse podría resultar peor que las bombas. La represión del tacto era la máxima norma. Aquello no era diplomacia, era la hipocresía como estilo de vida. Todos hablaban con todos, en eso eran democráticos, pero se cuidaban de expresar las fobias que alguno generara a los otros, bien por sus ideas, rango socio económico o por ser inmigrante… Y afuera caían las bombas.

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Las ciudades también tienen su olor, como los seres vivos, como las flores o la tierra mojada. Pero no es homogéneo, varía de acuerdo al área. Unos son los olores en la periferia y otros en el centro. Unos en el corazón y otros en las venas. Como el río que atraviesa el Valle de Aburrá y que nos hemos encargado, durante generaciones, de envenenar y modificar su olor, aunque por épocas actuemos hipócritamente adornándolo con lucesitas mentirosas que lo ocultan como algo vergonzoso.

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Hablar del sentido del oído es hablar de la música que también nos llega con las palabras. Este es el tema de la presente edición y nuestro propósito es motivar una mayor conciencia sobre lo que representa el oído para el ser humano, para su supervivencia, su capacidad de comunicación, sus propuestas estéticas.

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A quienes no quieren ver a su alrededor el mundo que se incendia, o que se ahoga, quienes han escogido ese encerramiento que es más ceguera del alma, del corazón, que otra cosa, quizás los mueve el miedo a relacionarse y a ser testigos oculares de sí mismos y de su entorno. Consideran que la evasión, que conduce a la indolencia, a la indiferencia, los protege. Pero si el barco en que viajan se hunde, ellos también sucumbirán. Cierto es que no hay más ciego que aquel que no quiere ver.

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