Sueños con jaguares
Por Ángel Galeano H.
Antes de abrir la cajita oyó los chillidos. Quería un conejo, pero resultó un gatito con pintas blancas y negras, regalo de sus padres al cumplir 5 años. Esta escena se abre paso en los recuerdos de Isabel Crooke Ellison, cuando su país se reconstruía luego de que la aviación nazi lo sometiera a un largo, sistemático y criminal bombardeo. Pero los ingleses no se rindieron nunca y con su heroica resistencia y posterior reconstrucción, escribieron una de las páginas más bellas de la Historia de un pueblo en defensa de su libertad.
La conocimos en uno de los pueblos más hermosos de Colombia: Barichara, a donde llegó hace poco más de tres décadas, graduada en Historia y Arqueología de la Universidad de Southampton, Inglaterra. Recuerda que en su infancia siempre estaban viajando. Sus padres estudiaron drama (teatro) pero después de la guerra fue difícil conseguir trabajo. En los ratos que la lucha por sobrevivir les dejaba, su padre aprendió a esculpir la piedra y su madre daba clases de pintura. Cuando Isabel tenía 4 años fueron a vivir a una casa grande en las afueras de Londres, con un jardín de rosas, hortensias y árboles. “Ahí empiezan mis recuerdos más claros”. Representaban cuentos de doncellas salvadas por los caballeros del Rey Arturo, luchas entre indios y vaqueros, encantos entre brujos y hadas, se convertían en los seres de los cuentos de Grimm y de Julio Verne. Esas historias nos las contaban nuestros padres antes de acostarnos.
Fue en aquella casa donde le regalaron el gatito, al que llamó Bunny (diminutivo de conejo en inglés), que “llegó a ser el centro de la familia, nos acompañaba a la escuela y a la playa. Murió de viejo, ya estando yo en Colombia”.
Universo en el patio
Su padre tenía el taller en un rincón del jardín. Por la amplia ventana Isabel y sus hermanos, en compañía de sus animales de felpa, lo veían trabajar. Simulaban peleas entre los juguetes para conseguir mejor sitio y “mi papá, en vez de regañarnos y exigir que le dejáramos trabajar, ofreció dulces a “los animalitos”. Desde entonces alineábamos nuestros juguetes y golpeábamos: Somos los niños del asilo de los pobres de Oliver Twist (obra de Dickens), por favor regálenos dulces”. Cansado de los juegos les propuso un trato pero si prometían no molestarlo: les contaría qué hacían esos animalitos por la noche mientras ellos dormían. Salen de casa, dijo. ¿Cómo lo sabes papá? Cuando bajo a la cocina les he visto escabulléndose por la puerta principal. ¿Y para dónde van? Eso se lo cuento si no vuelven a interrumpirme en el trabajo… Y volvió la paz a su taller porque no querían perderse sus historias. De allí surgió la afición de los tres hermanos por escribir cuentos.
A los siete años sirvió de modelo para que los amigos de Keith, su padre, la pintaran. A los diez la familia se fue a vivir a un antiguo pueblo de pescadores junto al mar. Su madre fue nombrada profesora de arte y aprovechaba cualquier momento libre para pintar en la casa, preparaba obras para las exposiciones de verano. La casa siempre olía a trementina. “Teníamos que escapar de mi mamá, pues donde quiera que estuviéramos nos decía: ¡No se muevan!”, para pintarnos.
Colombia, destino inesperado
“A mi padre le fascinaba el arte y la cultura de las tribus de América del Norte. Mientras hojeaba libros sobre esa cultura nació en mí una atracción por la arqueología y la antropología”. Terminando la carrera, su interés desvió hacia suramérica. Empezó a mirar las posibilidades de trabajar en América del Sur: México, costoso y muy nacionalista; Venezuela, no ofrecía contacto con comunidades indígenas; Perú ofrecía potencialidades. Se presentó una opción con la Universidad de los Andes en Bogotá: trabajar como ayudante de un arqueólogo norteamericano en el Vaupés, Colombia.
Llegó a Barichara por referencias. “Es un pueblo pujante y bello por su arquitectura y sus paisajes. El clima es delicioso. Todavía es un pueblo sano”. Una de sus maravillas naturales es el mirador desde donde se puede disfrutar la vista del río Suárez entre las montañas. “Por estas razones ha atrapado la imaginación de muchos pintores, escritores, músicos y escultores”, dice Isabel. Fundada en 1705 por Francisco Pradilla y Ayerbe, Barichara se encuentra a media hora de San Gil y a tres de Bucaramanga. Monumento nacional en 1978, la leyenda habla un árbol florecido en la plaza y por ello se llamó Vara florida. Cuando el árbol se cayó, fue Vara-echada, de donde salió Barichara, que en dialecto guane (derivado del chibcha) significa “lugar para el descanso”. Un legendario camino empedrado conecta a Barichara con Guane (descubierta por Martín Galeano en 1540), cuna inmemorial del Imperio Guane.
El único presidente santandereano que ha tenido Colombia es Aquileo Parra, oriundo de Barichara, líder del liberalismo radical, de quien sus pobladores se muestran orgullosos: la casa donde nació es Casa Museo y la principal biblioteca lleva su nombre.
Isabel Crooke Ellison es una de las artistas que llegaron allí para vivir, es decir, para prestar sus servicios como médica, antropóloga, historiadora, y desarrollar su talento como pintora, ceramista y escritora. ¿Cómo pueden darse tantas expresiones en una persona? Sin duda a su talento y a su mente abierta, su imaginación desmesurada, su vocación de servicio, su corazón generoso y la búsqueda constante de la belleza que brilla en sus ojos azules de felino.
Sueños con jaguares
Y hablando de felinos, su afinidad con ellos se reavivó en los años de convivencia con los Murui- Muinane (indígenas Huitotos del bajo Putumayo), con quienes aprendió algunos secretos de sus tradiciones cuando, recién llegada a Colombia, se integró con el Instituto Colombiano de Antropología. De sus experiencias con las comunidades indígenas, vio la necesidad de estudiar medicina para poder servirles mejor, estudios que adelantó en la Escuela Juan N. Corpas. Y después, cuando como médica visitaba las comunidades indígenas en las brigadas de salud, se presentó otra ventaja de ser no sólo mujer sino también médica. Como mujer, no representaba ninguna amenaza, como médica podría establecer una relación con el sacerdote – médico tradicional, fuera payé, mamo, chaman o jaibaná, de igualdad. Y aún mejor, “establecida mi posición para con el sacerdote-médico de la comunidad, las mujeres, más detallistas y dispuestas a charlar y comentar la cotidianidad, estaban felices contándome cosas que como antropóloga me hubiera costado muchos meses averiguar”.
Aquellas experiencias vitales fueron asimiladas por su gran sensibilidad. La marcaron. Recogió con amor y respeto los mitos, cuentos y leyendas que los indígenas conservaban celosamente y los escribió en su libro Sueños con jaguares, que ella misma ilustró bellamente. En cuanto a sus encuentros con jaguares, “me vi cara a cara con una pantera negra que había bajado a tomar el agua de un pozo. Sin darme cuenta llegué a la orilla, el susto fue grande pero por fortuna estaba al otro lado del laguito”. Se vigilaron mutuamente por un momento. “Su mirada fue triste, y poco después, con un rugir casi de dolor, se volteó y se perdió entre el rastrojo”. Fue tal la impresión que luego escribió este poema:
El jaguar
El viejo jaguar se asomó
entre la fronda jaspeada
y en la laguna apacible
empezó a saciar su sed.
Del otro lado de las aguas
yo temerosa, lo miraba:
él, con ancestral percepción
me observó con magnífico desdén.
Su rugir majestuoso
hizo cimbrar el eco del ayer perdido.
Y el Dios Jaguar, el Sol Jitoma
y el alma del iya+gma *
se esfumaron para siempre
en el follaje.
(*) hombre sabio o capitán entre los Murui
Las vidas del jaguar
“Mis otros encuentros con jaguares vivos fueron con sus sombras, el rugir en la lejanía, una huella, o los mismos chamanes que, según ellos, tenían la capacidad de convertirse en esos felinos”. Un día, cuando vivía con los murui-muinane, llegó la noticia de que el chamán de un pueblo cercano, por ese tiempo enemistado con el nuestro, estaba enfermo y cojeando. “¡Lo supe!, gritó el capitán, yo vi un jaguar andando furtivamente no lejos de aquí y le disparé. Quedó herido. Eso le enseñará a ese brujo a no molestarnos”, dijo.
El gato es un ser con quien Isabel Crooke se siente de tú a tú. Como alma gemela. Quizás por eso los indígenas vieron en ella la enigmática y poderosa imagen del jaguar, animal sagrado. “Su pelo y sus ojos son de gata”, le dijeron los indígenas. Y tienen razón, también nosotros al verla hemos percibido una gata en sus ademanes, y en sus ojos azules el brillo enigmático y vivaz de los felinos.
Al dibujarlos a ellos, Isabel se dibuja a sí misma y eterniza el recuerdo de aquel gatito que chillaba en la caja, cuando era niña. Ese maullido le sigue alentando a través del pincel y del color azul, que es su predilecto, y que muchos han podido disfrutar en sus exposiciones.
Integración Ciencia y Arte
Hay una mezcla de tus quehaceres de ciencia y arte (antropología, medicina, pintura, cerámica) ¿Consideras que puede llegarse a un punto en que ambas, ciencia y arte, sean lo mismo?
Lo dudo. Pero, sin duda, ambas son estrechamente relacionadas, en la misma forma que el cerebro es un órgano completo pero a la vez, posee dos hemisferios, el izquierdo que maneja el arte y el derecho que maneja la ciencia. A veces funcionan aparte, a veces unidos. El hombre y la mujer se unen y nace un hijo. Es como una unión breve entre la ciencia y el arte. Pero el concepto que nace, toma su propio rumbo, tal como el niño que crece y se aparta de sus padres.
El arte involucra las diferentes ramas de las actividades creativas: la música, las artes plásticas, la literatura… Sin embargo, la música, la perspectiva y la ley de la sección dorada en la pintura, nacieron de la matemática (del griego, aprender). El uso del barro y su reacción al calor, la preparación de los engobes, los esmaltes, conocimientos fundamentales para la cerámica, surgieron de la química (alquimia). A partir de la física, el estudio de las cosas naturales y la interrelación de la materia y la energía, nació la fotografía. Y el médico, dedicado a la ciencia o práctica de tratar o prevenir enfermedades, debe ser capaz de examinar a su paciente, no solamente como un ser enfermo, sino como una persona, miembro de una cultura específica. Y es precisamente por esta incapacidad o desconocimiento del fondo cultural de sus pacientes, que los médicos, egresados de las universidades citadinas entran en conflicto con los enfermos del campo o de las comunidades indígenas, o hasta en Inglaterra, con la población inmigrante de Asia y África.
En el transcurrir de la historia, se dice que la mujer ha estado en desventaja con el hombre. ¿Cómo te ha ido en este aspecto? ¿Puede haber una ciencia y arte femeninas?
Desafortunadamente, la misma tradición cristiana, donde el sentimiento de culpa está en el origen de la condición femenina, siempre ha implicado que la mujer se encuentra en un estado de desventaja con el hombre.
Sin embargo, desde el momento en que las sociedades matriarcales de muchos de los cazadores y recolectores, fueron suplementadas por las sociedades patriarcales de agricultores y guerreros, apareció el miedo al poder femenino y la necesidad de inventar restricciones para con la mujer.
Y en nuestro medio machista, es siempre muy difícil dar órdenes a los hombres, en todas las esferas de la vida. La mujer hábil aprende a manipular la situación para que el varón haga lo que ella quiera, convencido que fue de su propio ingenio. Desafortunadamente, en nuestro medio las mujeres siguen siendo muy “machistas”, aceptando su papel inferior dentro de la sociedad. No soy feminista. Hombres y mujeres somos biológico-químico y mentalmente diferentes. En la misma forma en que el arte y la ciencia necesitan la una de la otra para avanzar, así debe ser la relación entre los hombres y las mujeres, como encontramos entre tantas sociedades indígenas antes de ser contaminadas por el mundo blanco. Sí existiera el respeto entre los sexos, seguramente la sociedad occidental progresaría mejor.
Y precisamente, fue durante mis estadías con comunidades indígenas, cuando experimenté ciertas ventajas de ser mujer. Un ejemplo, divertido por sí, fue cuando mi esposo Horacio Calle Restrepo y yo estábamos trabajando con los murui-muinane. El, en contra de las advertencias del capitán, un día salió a cacería solo y se perdió. Vivimos en una comunidad patriarcal y patri local formado por los miembros del clan Faiyajene. A pesar de quererlo mucho, él no pertenecía a su sangre. Yo tampoco, como todas las mujeres casadas con los miembros varones del grupo. Todas fueron de clanes diferentes y yo hice frente común con las forasteras. Horacio se perdió durante 3 días. La vieja esposa del capitán, la eminencia gris detrás del trono, cuando las búsquedas parecían resultar infructuosas, me dijo muy cariñosamente que no me preocupara, podría casarme con unos de los jóvenes del grupo y quedarme dentro de la comunidad. Afortunadamente, mi esposo apareció poco después.
Y después, cuando como médica visitaba las comunidades indígenas en las brigadas de salud, se presentó otra ventaja de ser no solamente mujer sin también medico. Como mujer, no representaba ninguna amenaza. Como medica podría establecer una relación con el sacerdote – médico tradicional, fuera payé, mamo, chaman o jaibanà, de igualdad. Y aún mejor, establecida mi posición para con el sacerdote- médico de la comunidad, las mujeres, siempre más detallistas y dispuestas a charlar y comentar las cosas de la cotidianidad estaban felices contándome cosas que como antropólogo simple me hubiera costado meses para averiguar.
Las ventajas y desventajas de vivir en Barichara.
Aunque los Baricharas vendieron felizmente sus casas y sus terrenos a los “visitantes” poco a poco fue más y más aparente las diferencias entre los pueblerinos y los “platudos” de afuera.
A pesar del hecho que los mismos inmigrantes trajeron beneficios al pueblo a través de la construcción, las empresas, la hotelería y los restaurantes y el nivel de vida de los Baricharas mejoró considerablemente, casi inconscientemente surgió un resentimiento contra los de afuera. Hace falta urgentemente, un dialogo intercultural para buscar un reconocimiento en cuanto a las diferencias y sus necesidades, entre los dos grupos. Hasta es palpitante un intento de parte del mismo gobierno municipal a buscar la forma de desterrar a los “Patiafueras”. Ignora las normas en cuanto el control del ruido, las defensa del medio ambiente, la construcción. Y si un patiafuera se queja, la respuesta es frecuentemente: “Si no le gusta, váyase… quien le invitó en el primer lugar.”
___
EXPOSICIONES COLECTIVAS
II SALON BAT DE ARTE popular
Biblioteca Luis Ángel Arango
Bogotá 2007
CIEN AÑOS DE SOLEDAD
Arte y Mujeres en Barichara
Casa de la Cultura
Barichara-Santander 2005
TEJIDOS
Arte y Mujeres en Barichara
BIBLIOTECA TURBAY
Bucaramanga 2005
X ANIVERSARIO GRUPO DIEZ
Galería La Otra Banda
Universidad de los Andes
Mérida, Venezuela 2005
CIUDAD COLECTIVA
Holos: Exposición artística
Instituto Municipal de Cultura
Bucaramanga, Colombia 2004
TEJIDOS
Arte y Mujeres en Barichara
Casa de la Cultura
Barichara, Colombia 2004
EL AGUA
Arte y Mujeres en Barichara
Casa de la Cultura
Barichara, Colombia 2003
LA TIERRA
Casa de la Cultura
Barichara, Colombia 2002
V CONCURSO NACIONAL DE PINTURA
Banco Ganadero
Bogotá, Colombia 1997
PRIMER SALÓN DE DIBUJO DEL ORIENTE COLOMBIANO
Museo de Bellas Artes
Bucaramanga, Colombia 1994
OCHO ARTISTAS GUANENTINOS
Casa Fiscal de Santander
Bogotá, Colombia 1991
NATURALEZA EN TRES DIMENSIONES
Casa de la Cultura Custodio García Rovira
Bucaramanga, Colombia 1991
OCHO ARTISTAS GUANENTINOS
Salón FUSADER
Bucaramanga, Colombia 1990
EXPOSICIONES INDIVIDUALES
MITOS COLOMBIANOS
Representante Concejo Británico al
XXVII Festival Internacional de la Cultura.
ICBA – Tunja, Colombia 1999
MYTHS AND LEGENDS
Galería “World Culture”
Sussex, Inglaterra 1998
EL AMANECER DEL HOMBRE
Casa de la Cultura Custodio Rovira García
Bucaramanga, Colombia 1995
SONIDOS DEL MOVIMIENTO
Biblioteca Municipal Gabriel Turbay
Bucaramanga, Colombia 1989
RECONOCIMIENTOS
Primer Puesto
PRIMER SALÓN DE DIBUJO DEL ORIENTE COLOMBIANO
Museo de Bellas Artes
Bucaramanga, Colombia 1994










Señores: Fundación Arte y
Ciencia.
Reciban un cordial y caluroso
abrazo.
Hace unos días caminando por Perú tuve la grata sorpresa de encontrarme con el libro Arboles de leche del señor William Rouge, de su colección de poemarios de autores inéditos. El encuentro
con este texto por su contenido, diagramación, forma y diseño fue muy bello; bueno pues me gustaría saber cómo me pongo en contacto con ustedes y cuáles son los requerimientos para hacer una pequeña publicación de mis poemas con ustedes, aunque no soy un autor totalmente inédito pues publico habitualmente con periódicos y revistas, para mi sería un placer poder realizar un pequeño poemario con ustedes.
Agradeciendo su atención.
Javier Rabiarte
Pd: ¿El correo que aparece en la publicacion no sirve?