Prohibido aplaudir
Por Ángel Galeano H.
Leer es más que comprender. Implica transgredir lo leído, diseccionarlo, superarlo. Es, por lo mismo, un acto de intimidad suprema. Silencioso, corrosivo y subversivo. No hay texto sagrado para el verdadero lector. Leer es investigar más allá de los límites, desbordar los parámetros, escandalizarse en la soledad sublime de los hallazgos. Sin espectáculos en voz alta para muchedumbres y sin grandes vitrinas. Es lo más apartado del snobismo y el mercadeo: un asunto del conocimiento existencial.
Con una atmósfera de esta naturaleza, el lector inteligente a contrapelo de la manada, puede construir un nuevo mundo. No está amorfinado por el facilismo, ni por la dispersión del mundo de la imagen y la superficialidad. El doble filo de la cibernautica no ha cercenado en él la región de la locura creativa. El mundo de la producción megaindustrial de antiquijotes y analfabetos ricos en tecnologías, no lo han contaminado. Por eso puede ver lo que los demás no ven detrás del bosque encantado de la publicidad absorbente.
Esa clase de lectores logran titilar con luz propia en esta oscura mezcolanza de la globalización. Y pueden, como lo ha hecho el doctor Roberto Giraldo Molina, mostrar otras facetas del pensamiento que, a primera vista, parecen intolerables y generan rechazo por un prurito de erróneo “instinto de conservación”. “Instinto” inercial que predispone contra lo nuevo, lo revolucionario, lo que desacomoda los espíritus y las mentes incitándolos hacia nuevas aventuras del pensamiento. No importa que a la postre se presenten equivocaciones. ¿Acaso no es en los errores, en las equivocaciones donde se cuece el conocimiento? Aprender es esculcar sin prejuicios los errores. Y eso es lo que, a nuestro juicio, ha hecho este médico antioqueño, hoy residente en Brasil, quien desde hace 30 años se dio a la gigantesca tarea de demoler la teoría oficial del sida y muchas otras “enfermedades modernas incurables”.
Correr el riesgo
Lo recordamos en plena ejecución de su vigilia a orillas del río Magdalena, en el puerto de Magangué, a donde se fue al comienzo de la década de los 80 en busca de un sueño soñado, junto a un puñado de desquiciados como él que quisieron construir un paraíso en la tierra.

"Pero como ocurre con cualquier otro conocimiento, para entender este libro y ponerlo en práctica, se requiere un deseo profundo de querer acercarse a la verdad, respeto por quien escribe y sobretodo mucha humildad para reconocer los propios errores y así conseguir cambiar una idea o un paradigma". Roberto Giraldo Molina
Y cuando se puso de pie para plantar los puntos sobre las íes, abrumó con la sencillez de sus postulados a propios y extraños. Pero no se abre una nueva puerta impunemente, siempre se corren riesgos. El atrevimiento le valió el repudio de algunos miembros de la flor y nata de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, de donde es egresado y donde fue Jefe del Departamento de Microbiología. Enceguecidos muchos de ellos por las teorías dominantes, se burlaron de él y levantaron múltiples obstáculos para que no pudiera difundir sus pesquisas. Era la década de los 90, él ya había regresado de aquellas tierras ardientes pero hospitalarias del Caribe, y detrás del sida se ocultaba una enfermedad más tenebrosa: la del “fanatismo ilustrado”.
Al doctor Roberto Giraldo le cabe en fortuna, el haberse atrevido a desempolvar los “viejos” postulados básicos de la razón y el sentido común en la medicina, a contrapelo de la apreciación utilitarista que hoy predomina en el mundo del mercadeo. En sus conferencias y publicaciones, así como en su página de internet, inicia con un pensamiento de Hipócrates, apelando a la razón, más que a la pasión:
“En Medicina uno no debe prestar atención solamente a la teorización plausible sino a la experiencia junto con la razón. Estoy de acuerdo en que la teorización debe ser probada, siempre y cuando esté basada en hechos y que sistemáticamente haga sus deducciones de lo observado… Pero conclusiones obtenidas sin el concurso de la razón no podrán ser de utilidad; sólo lo podrán ser aquellas obtenidas de los hechos observados”.
Verdades que asustan
“El sida sí existe pero no es una enfermedad infectocontagiosa, ni se transmite sexualmente”. Detrás de esta aseveración tan contundente, hay tal cantidad de información acumulada por el doctor Giraldo, digerida, procesada, que se comprende su desvelo por compartirla. La primera vez que la dijo en un auditorio de la Universidad de Antioquia, donde no cabía un estudiante más, un profesor más, fue un escándalo que espantó a unos y arrancó ovaciones a otros.
Y osciló el péndulo que obnubila la razón: la pasión con que se asume esta afirmación del doctor Giraldo. Ni una ni otra le sirven a la ciencia (tampoco al Arte). Ni el aplauso, que no deja pensar, ni el rechazo que niega la comunicación. En alguna ocasión fue invitado a la Universidad de Granada, España, a exponer sus tesis. En el salón de exposiciones científicas había un sólo aviso: “En este lugar se prohíbe aplaudir”. Estaba pues, en su elemento. Iba a ser escuchado con la razón, no con el mero sentimiento ni el impulso. La fría razón, con que se deben rumiar las ideas, sin importar su procedencia.
Un libro para cerrar un ciclo
En diciembre el doctor Giraldo estará de visita en Medellín, donde hará un conversatorio para presentar su nuevo libro titulado: Sida y estrés oxidativo, bases científicas para una interpretación de la seropositividad y del sida como aumento de estrés de oxidación.
Será una excelente oportunidad para escucharlo y meditar sobre sus planteamientos. Para hacer el ejercicio que implica un verdadero conversatorio, escucharlo e interactuar con él. Con frecuencia se olvida que los autores también se alimentan de las dudas y contradicciones de quien los oye.
P. ¿Qué ha motivado este nuevo libro?
R. Lo escribí como respuesta a un pequeño grupo de aparentes disidentes y activistas del sida de Argentina, España y Perú, que en marzo de este año hicieron un escándalo internacional vía internet, intentando desacreditar mis investigaciones y puntos de vista sobre el sida. Esta polémica puede verse en mi página de internet (www.robertogiraldo.com).
Con este libro, que tiene más de 900 referencias científicas, espero cerrar este capítulo sobre el sida. Claro que continuaré ayudando a los seropositivos y a los pacientes con sida de todo el mundo, pero por ahora estoy escribiendo sobre los aspectos psicosomáticos del cáncer, de las enfermedades autoinmunes y de otras muchas de las llamadas enfermedades mortales.
P. ¿Por qué dice que son aparentes disidentes?
R. Se trató de un grupo de unas diez personas muy vociferantes, para las cuales el sida no existe, y ser seropositivo en las llamadas pruebas para VIH no tiene ningún significado. Esto es grave, pues las personas seropositivas que siguen esos planteamientos no toman las precauciones necesarias y posibles para prevenir y tratar el sida. Desde hace dos décadas vengo sosteniendo que el sida sí existe y que ser seropositivo es un indicativo indirecto de desgaste del sistema inmunológico, principalmente por exceso de estrés de oxidación.
P. Cuál es su opinión sobre el reciente informe que ha presentado la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el cual se ha afirma que la enfermedad está bajo control y que tiende a bajar.
R. No trae nada nuevo, ni mucho menos que sea de beneficio para los seropositivos o para las personas con las manifestaciones clínicas del sida. Al contrario, en él predomina la falta de esperanza. Por ejemplo, cuando afirman que no existe una vacuna, millones de pacientes siguen sin tratamiento y las donaciones han decrecido a causa de la crisis económica.
P. ¿Podría pensarse que el sida ya no está en las prioridades de la OMS?
R. Así es. Parece que ya el sida no es de mucho interés para la Organización Mundial de la Salud (OMS), ni para la ONUSIDA, ni para el Ministerio de la Salud de los Estados Unidos, y lógicamente ni para las compañías farmacéuticas que ya saturaron el mercado posible con sus toxícimos medicamentos anti-retrovirales, para destruir un virus (VIH) cuya existencia jamás ha sido demostrada científicamente. Así en 2008 le hayan dado el Premio Nobel a Luc Montagnier y a Francoise Barre-Sinoussi del Instituto Pasteur por descubrir “un virus fantasma”. Un Premio más de tantos otros que otorgan a la falta de ética y a los científicos corruptos contemporáneos.
Tomado de EL PEQUEÑO PERIODICO No. 95 (edición impresa en circulación)


Estoy interesada en comprar los libros que ha escrito el Doctor Roberto Giraldo. ¿Es posible comprarlos aquí en España? Si alguien puede informarme lo agradezco.
Mi nombre es TERESA REJAS, mrejasreal@gmail.com
Muchísimas gracias
Muy interesante. Respetado Angel, qué bella introducción. Ese tema tratado de esa manera me parece atrevido e interesante y a su vez desafiante. No sé mucho del tema pero me has clavado una espina que no se quedará ahi. Voy a documentarme un poco más… Qué bueno será devorarme ese libro.