El herbario de plata
Por Ángel Galeano Higua
De entre un enjambre de hojas rumorosas salía el mundo. Cascodevacas en las orejas, acacias en la muñeca, balsos en el cuello… Un mundo de hojas luminosas, verdes y diversas que Patricia Zuluaga ha ido recogiendo durante largos años y que atesora entre las páginas de su libreta de apuntes. Busca una hoja en especial. Una que sea el poema plateado de sus sueños, fruto de sus manos y de su imaginación. Una, que sea un mundo completo. Sabe que el milagro del arte consiste en dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas y que la apariencia es engañosa y deslumbrante.
La biología como apoyo
Cuando estudiaba biología sospechaba que ese acervo de conocimientos que adquiría le sería útil, pero no sabía con exactitud para qué, ni cuándo. Escogió esa área de las ciencias naturales por gusto y sin darse cuenta hizo el camino al revés, pues casi todos los joyeros tienen que hacer un trabajo de investigación cuando escogen un tema de inspiración en la naturaleza, “a mí me queda un poco más fácil porque ubico características que me interesaría resaltar, pues percibo las cosas que vienen de ese conocimiento en biología”.

Collar de colas de oso hormiguero. “Me ha interesado mucho el caso de esta especie que tiene unas adaptaciones en la sabana, para alimentarse de las termitas y las hormigas que son su alimento fundamental”.
No hizo herbario en el colegio, pero sí un álbum con dibujos de animales, recopilación de sistemas y grupos taxonómicos que debía plasmar con mucho detalle en tinta china. Tampoco hizo herbario en la universidad, pero sabe cómo colectar las hojas “porque uno de los trabajos que desempeñé fue una recolección de flora asociada al manglar de la ensenada de Utría”.
Buscando la perspectiva
Desde niña ha tenido predilección por las joyas, “aunque mi mamá no era mujer de engalanarse con exageración, mi papá le regalaba joyas muy bellas y especiales y a mí me gustaba verlas y ponérmelas”.
Conserva bellos recuerdos de su colegio: “era campestre y eso fue lo que más me gustó. En los años 70 era una novedad su arquitectura de pequeñas casitas como aulas y un salón múltiple. Después del almuerzo jugábamos en un bosque de pinos, junto a una quebrada, hacíamos excursiones a las montañas, a las selvas, y vivíamos aventuras con animales y plantas. Bailé joropo llanero, can-can francés y representé a los llanos en un encuentro de regiones de Colombia en el colegio. En el barrio de mi infancia recorríamos solares y terrenos baldíos llenos de arbustos y malezas, nos disfrazábamos para el halloween y pedíamos confites. Montaba en bicicleta”. Tenía diez años cuando hizo un retrato de la familia, “pero me vi ante una encrucijada al tratar de dibujarlos de frente pues no encontraba cómo pintar los pies en perspectiva. Al final los pinté como los vi”.
Incursionó en el arte, se acercó al cine y al dibujo artístico, dejó la biología un tiempo para estudiar restauración de obras de arte en Bogotá y también estudió telares. Buscaba su propia perspectiva de la vida.
La joyería
En 1995 se decidió, “tomé clases de joyería, no porque quisiera aprender la técnica de repetir las piezas que salieran en las sesiones, sino porque quería desarrollar una joyería creativa… No quiero copiar piezas de otros autores, sino crear las mías”.
Desarrollar los propios diseños no es tarea fácil, cada joya es un nuevo mundo. “No puedo decir que ya conozco a fondo el diseño de las joyas, es un proceso no sólo lento, sino detallado y que necesita mayor conocimiento”. En esa búsqueda ha aumentado su dedicación durante el último lustro. “Antes la alternaba con mi profesión de bióloga y esto no me permitía profundizar con la intensidad que quería, en cambio ahora ya estoy dedicada a la joyería, al diseño, que es lo que más me gusta”.
Conjugar
Una muestra de su decisión es el proyecto NOI (Nosotros, en italiano) que ha emprendido en compañía de otras joyeras amigas. Ha encontrado que allí puede conjugar sus conocimientos de la biología con la joyería, “como un gusto por expresar ese amor por los animales y la naturaleza, por las hojas que me inspiran”.
Al conocer las joyas que brotan de sus manos no queda duda de que su inspiración fundamental es la biodiversidad, las relaciones que se entretejen en la naturaleza. Ella hace énfasis en este aspecto de las relaciones que establece una especie animal con su entorno, su ecosistema o su nicho.
Ella ha querido plantear este concepto con el arte y para ello ha tomado al oso hormiguero: “Me ha interesado mucho el caso de esta especie que tiene unas adaptaciones en la sabana, para alimentarse de las termitas y las hormigas que son su alimento fundamental”. Ese conocimiento le dio la posibilidad de realzarlo en las piezas de joyería. “Las piezas de joyería creadas son la cola del oso hormiguero, como parte fundamental que es para él, y un termitero que es el lugar donde él encuentra su alimento. He elaborado un broche de varias colas de oso hormiguero con dos ganchos que permiten usarlo en formas variadas, la persona puede lucir el mismo broche cambiando su configuración a su gusto”.
NOI expone sus joyas en “Zona libre”, una propuesta espacial que funciona en un parqueadero de El Poblado de Medellín, convertido en centro de negocios, almacenes y restaurantes hechos con contenedores que han sido acondicionados con buen gusto. Al ingresar a NOI se despierta nuestra curiosidad al imaginar los largos y azarosos viajes que ese contenedor, ahora adecuado con buen gusto, hizo por mar, aire y tierra, hasta llegar allí, para cumplir su cita con las joyeras que conforman el proyecto NOI: “Somos cinco joyeras con un proyecto de diseño participativo, reunidas con el propósito de crear un espacio activo donde se propicien eventos alrededor del arte y el diseño”.
Los detalles

Perfil de Mujer, crónicas y reportajes 30 Años de EL PEQUEÑO PERIÓDICO en el que aparece “El herbario de plata”.
El mundo está lleno de pequeñas alegrías, el arte consiste en saber distinguirlas. Este antiguo pensamiento chino está latente en los trabajos de Patricia Zuluaga y sus compañeras de NOI, y como cada una alimenta su propia vitrina, en la de Patricia vemos un broche inspirado en la hoja de balso, cuyas nervaduras fueron resaltadas por un calado. (Técnica que consiste en cortar lo interior con un hilo de segueta, mientras va dándosele la forma). Lo nuevo en ese diseño son los hilitos de plata atravesados.
Al lado, una pulsera hecha a partir de una hoja de acacia. “Exige más trabajo pues la hoja tiene muchos detallitos… Aquel es el collar hecho con la cola del oso hormiguero que también le dicen oso palmero por su cola, que es como de hoja de palma. Lo hice con un texturado diferente a las piezas anteriores y le saqué brillo con gratas. Esta técnica requiere mucho tiempo ya que cada colita está calada y van ensambladas”.
¿Cuál es tu metal predilecto?
La plata, aunque en la colección del oso hormiguero el termitero tiene fibra de damagua en una de las interpretaciones. La damagua es una corteza de un árbol del Chocó y el Amazonas, es fibrosa y del color de la cabuya, un poco áspera, pero hace juego porque se ve como una tela tejida.
¿Cuáles son tus planes?
Seguir aprendiendo, consolidar una línea de trabajo, un estilo.
¿Seguirás con las hojas de los árboles?
Sí, pero también me inclino por los peces y los pájaros.
¿Sabes desde el comienzo la joya que quieres?
Uno no se imagina toda la pieza desde el comienzo, sino que descubre que puede adicionarle algo. No siempre se logra todo lo imaginado. Muchas veces resulta lo que uno no había pensado.
Patricia Zuluaga se considera una aprendiz de joyería, abierta al conocimiento, a las nuevas exploraciones que traerán nuevas dificultades. Pero ya sabe que el contratiempo es favorable para que brote lo que podría ser ese milagro de descubrir la esencia de las cosas, que sólo se revela ante los ojos del artista.





Es lindo saber que existen personas tan creativas…de una forma natural.
De acuerdo con Ever. La inspiración genuina es difícil de encontrar. Patricia lo logra en joyería con encanto y poder de seducción. Que mujer no quiere lucir diseños así. Hermosa la vision de la artista.