Por Francisco Pinzón
Podría escribirse con pausas
con oscuros debates al olvido
y músicas de otros vientos y molinos
Sería una alusión al delirio
a los arrepentimientos
y hasta a esos tiempos en que se rumorea
lo que de tanto repetir hemos confundido
Parecería una décima estrecha
de saldos y haberes
de despedidas y luchas
de bienvenidas y dejos
de nostalgias infinitas
Podría pensarse en una cantata
novelesca y amañada
de todo aquello que –a lo lejos-
se pierde en la faz de lo escondido
Ritmos famélicos y otros no tanto
cadencias de remembranzas
pasadas por el filtro más humano
y por el de esa forma selectiva de memoria
que tenemos… al amarnos
Me diría de felicidades
y tendría ocultas las estrofas
de esos tiempos de moliendas
de tiritares fríos y consejas
y de todo lo que se enterró
y no brillará más
aun con el paso de los siglos
La canción mía de los años idos
no tendría Sabina ni Serrat
ni otros cantores que hemos conocido
sólo sería como un ronroneo contra el viento
con ese sabor a acordeón y a cencerro
a esa caja y a esa guacharaca
a esa voz alta de timbre de lamento
y a ese grito de “¡Ay hombe!”
que vaga por mi alma…
confundido aquí en el pecho
Gracias Ángel por esa deferencia, gracias a tu grupo de “diseñadores” de esperanzas, gracias a ese espíritu de lucha por las letras
Un abrazo a quienes pasen por este sitio y me lean