Junio 8, 2006...9:51 pm

Ignorar la realidad no es transformarla

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      “Se dice que el aborto destruye la posibilidad de un Shakespeare, (pero) también de un Macbeth”. En esta frase pendular de Borges podría verse reflejada la complejidad de la ley de despenalización del aborto para casos extremos, aprobada a mediados de mayo por la Corte Constitucional.

       Desconocer la enorme importancia de esta ley es continuar ignorando el mundo en que vivimos. Colombia empieza a “reconocer” el problema al integrarlo a su universo jurídico. Es una reivindicación para la mujer, “no es un fallo contra la vida, es un fallo que respeta la vida, porque aun en las hipótesis que las mujeres que se incluyan en estas circunstancias especiales, pueden decidir tener a sus hijos”, como dijo Jaime Araújo Rentería, el magistrado ponente.

Para que la ley no se convierta en letra muerta es necesaria, en primera instancia, la vigilancia activa de las mujeres, tanto a nivel individual como colectivo, a través de las organizaciones que velan por sus derechos, pues en la reglamentación, en la minuciosidad de su aplicación, puede desdibujársele si no se implementa con acierto. Es inmensurable el trabajo que se debe desplegar en prevención, educación sexual, en garantizar el acceso a los anticonceptivos a toda la población, en disminuir los índices de violencia sexual y asegurar que el aborto, en los casos en que se ha despenalizado, sea accesible para las mujeres que lo decidan autónomamente. El Estado debe garantizar su aplicación.Desde tiempos inmemoriales se viene practicando en Colombia el aborto en los casos especiales que ha considerado la nueva ley y sería aberrante continuar ignorándolos en lugar de incorporarlos a la legislación colombiana. No hacerlo significaría dejar que muchas mujeres, por múltiples razones, sigan acudiendo a las clínicas o lugares clandestinos donde se practica el aborto sin ningún tipo de responsabilidad y poniendo en alto riesgo su vida.En cuanto a los contradictores, el magistrado Araújo Rentería afirmó que respeta las críticas porque en el aborto se cruzan aspectos jurídicos, éticos, religiosos, pero pidió entender que los integrantes de la Corte son juristas de un país laico y deben “fallar en derecho”. “Es muy claro que hay una separación entre Iglesia y Estado”, enfatizó.Nuestra sociedad no puede continuar basándose en dogmatismos que niegan estas facetas del dolor humano, como si al negarlas dejaran de existir en la vida real y todos fuéramos felices. Es lo que de alguna manera dijo el gran escritor caribeño Derek Walcott, “Una cultura basada en la dicha es necesariamente superficial”.Ojalá se suscite el debate a profundidad, pues una ley sin divulgación, sin comprensión, sólo sirve para atropellar o como demagogia. Las discrepancias hacen parte de nuestra naturaleza humana y todos, hombres y mujeres, debemos preocuparnos porque este paso se consolide. “Uno tiene que estar acostumbrado a soportar las opiniones y los puntos de vista más extraños e incluso a sentir un cierto placer en la contradicción…”, nos ha enseñado Nietzsche. Y este tema sí que nos lo exige. 

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